Los paramilitares y el
Estado colombiano
El asesinato de Iñigo Eguiluz ha hecho saltar a los medios de comunicación el accionar de los paramilitares en Colombia, como si de un suceso aislado se tratara.
Hace escasamente un mes desde el COSAL denunciábamos la presencia en Oviedo del Presidente de Colombia, Andrés Pastrana. Aprovechándose -en el peor sentido de la palabra- de la concesión de un premio al Instituto Lingüístico Caro y Cuervo, Pastrana paseaba por nuestra ciudad del brazo del Ministro de Asuntos Exteriores de Rusia, el mismo día que en Chechenia la aviación rusa bombardeaba un hospital y en Colombia, en el río Neguá los paramilitares asesinaban a dos campesinos.
En esta misma zona del Chocó, el sacerdote José Luis Maza y el cooperante vasco Iñigo Egiluz de la ONG Hirugarren Mundua ta Bakea fueron asesinados
Esta acción tiene un componente especial. Es de resaltar que cuando las víctimas son campesinos y gente humilde, los militares tratan de confundir, presentando la acción como de la guerrilla y el gobierno, intentando ponerse por encima del bien y del mal, se presenta también como víctima pillado entre dos fuegos, los paramilitares y la guerrilla.
Esta vez la denuncia ha sido clara: fueron los paramilitares.
El objetivo es claro. Al igual que sucede en Chiapas, el gobierno y los militares no quieren testigos molestos, ya sean sacerdotes comprometidos, miembros de ONGs o de organizaciones de Derechos Humanos y con este crimen les advierten de la suerte que correrán los que se atrevan a llegar.
Tratarán ahora de hacer ver que la justicia funciona.
Por enésima vez insistimos. Los paramilitares son creados, impulsados, sostenidos y protegidos por el Estado. Las amenazas, los desplazamientos de la población y asesinatos son acciones que buscan amordazar la boca del país que no se calla y rechaza la política social y económica que Pastrana ha puesto en práctica desde el comienzo de su mandato, de una dureza inusitada en aplicación de los planes de privatización y de diversas medidas antisociales bajo mandato del FMI.
El gobierno español
y la Comisión Europea, pondrán el grito en el cielo reclamando
el esclarecimiento de estos hechos; pero después, seguirán siendo
cómplices del socio colombiano, apoyando sus políticas de hambre,
masacres, desplazamientos y exilio de miles de personas en Colombia.