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PROPUESTA ANTIMILITARISTA (1991)

DESOBEDIENCIA CIVIL Y AUTODETERMINACION:

PROPUESTA ANTIMILITARISTA PARA UNA ESTRATEGIA POPULAR AUTODETERMINADA Y AUTODETERMINANTE

El panorama político presente a comienzos de los 90 presenta nuevas interrogantes y expectativas cuya resolución parece determinante para el conjunto de la década. Tomando en consideración el presente desarrollo de una serie de cuestiones básicas ( el nuevo orden internacional, las perspectivas de los movimientos sociales y la demanda insatisfecha de autodeterminación ) y analizando las tendencias actuales, pretendemos aportar una propuesta, al conjunto del movimiento popular y sectores que cuestionan el presente estado de cosas, que nos permita ponernos a la altura de las circunstancias.

Intentamos, de esta manera, globalizar una concreta práctica antimilitarista y, en esa misma medida, insertarla en un contexto estratégico superior, partiendo de la nueva coyuntura internacional y haciendo una referencia explícita aquí y ahora, en Euskalherria

UN NUEVO ORDEN INTERNACIONAL

Los cambios en el Este contienen un efecto contradictorio sobre una estrategia antimilitarista en el Oeste.

Ciertamente, la crisis de los países del Este y sus previsibles consecuencias sobre el desarme, refuerzan los argumentos antimilitaristas. La amenaza del invasor comunista empieza a perder sentido y con ello la coartada del Ejército como defensor frente a potencias extranjeras hostiles. Aumentan las condiciones para dejar al descubierto otro tipo de finalidades (control del enemigo interior, exportación de la guerra al tercer mundo,... ) y desplaza la confrontación al punto en el que realmente siempre ha estado: Norte/Sur y no Este/Oeste.

Sin embargo, el desmantelamiento del "socialismo real" está provocando un significativo crecimiento de las mentalidades e ideologías conservadoras (en el sentido amplio del término) tanto en el Este como en el Oeste. La crisis se vive (mejor dicho, se quiere hacer vivir) como el fin de los conflictos, de las disidencias, de las utopías. De todas ellas. Por ello, cualquier movimiento subversivo, aunque no tenga ninguna conexión con el proceso histórico del Este, va a encontrar frente a sí el aumento de una ideología dominante hostil.

Del mismo modo, la Guerra del Golfo Pérsico, con su dimensión de conflicto Norte/Sur, el liderazgo indiscutible de EEUU, el pobre papel de la URSS y el apoyo de las sociedades occidentales a la escalada belicista en defensa de sus privilegios económicos, apunta una confirmación de las tendencias más negativas que veiamos surgir tras el derrumbe del "socialismo real".

LA GLOBALIDAD DESDE EL ANTIMILITARISMO

Una estrategia antimilitarista profunda no puede, ni debe, dimitir de su globalidad, ni perder de vista que su horizonte es una sociedad alternativa.

Los actuales procesos de distensión no deben confundir los objetivos centrales del antimilitarismo. En este sentido, luchar por un sistema de defensa social constituye ciertamente una reivindicación prioritaria. Pero ello en la medida que tal sistema exprese la existencia de una sociedad ya organizada o prefigurada de forma alternativa.

La militarización de la sociedad no es un problema técnico, formal, que se resuelve con otros mandos militares, otros Estados, otras fronteras. Desmilitarizar una sociedad supone quebrar todas las violencias consolidadas y todos sus parientes mayores y menores: el autoritarismo, la delegación permanente, el patriarcado, la apropiación individual del esfuerzo colectivo, el expolio del medio ambiente, las castas dirigentes, etc.

Desmilitarizar la sociedad implica organizar la convivencia sobre la solidaridad, recuperar la relación armónica y colectivacon la naturaleza, la cooperación y la igualdad. Respetar las identidades colectivas diferenciadas. Diluir el poder en el seno de la sociedad.

Y una sociedad así definida no surge de cualquier proceso de lucha. Sólo si hoy el tejido y los grupos más vivos de la sociedad civil protagonizan la estrategia del cambio, la sociedad de mañana se articulará bajo los principios antes señalados.

ANTIMILITARISMO EN EUSKALHERRIA: DESOBEDIENCIA CIVIL Y AUTODETERMINACION

Asumir hoy una estrategia antimilitarista en Euskalherria conduce, en un contexto muy contradictorio, a luchar por la autodeterminación bajo la perspectiva del protagonismo de la sociedad civil vasca.

Describamos, en primer término, este contexto contradictorio.

A) Nos encontramos así con un bloque reformista que no cuestiona la contrucción social vigente, el modelo de desarrollo, ni la legitimidad del Estado. Se establece así un modelo de construcción nacional dominante que pasa por el mantenimiento de la legalidad vigente y el actual estado de cosas. En este marco, el reconocimiento de la autodeterminación no tiene más contenido que el de intentar vaciar su potencial contenido de lucha. Las luchas sociales y algunas formas de disidencia se intentan asimilar vaciándolas de contenido y, además, existe una progresiva criminalización de la disidencia política que cuestiona las bases de esta dinámica.

B) Por otra parte, la lucha armada de ETA y la priorización estratégica de KASHB respecto de la misma es hoy un callejón sin salida y, desde un prisma antimilitarista global, muy difícilmente asumible. Perpetuándose más allá de las circunstancias que le dieron su origen e impulso social, la lucha armada padece un desfase anacrónico fruto de la inercia y rigidez propias de toda dinámica militar. Así, la persistencia de ETA en sus acciones armadas no acumula ya fuerzas en su favor, ni contradicciones en el bloque dominante. Se ha reforzado la legitimidad del bloque político dominante (central y autonómico) y el aislamiento social del MLNV es cada vez más patente. La negociación política con ETA es un objetivo que va perdiendo progresivamente contenidos.

Por otro lado, la "milización" de KASHB, provocada en última instancia por la inevitabilidad de la defensa cotidiana de ETA, está perfilando un nuevo modelo de sociedadEstado, sólo territorialmente distinto del actual. En este sentido, sus proyectos estatutarios encajan con su preocupación casi exclusiva por la formalización de un nuevo (pero viejo) poder político.

A pesar de las dos premisas anteriores y de la polarización que conllevan, tan perjudicial para los movimientos sociales, en Euskalherria hoy, existe un clima y prácticas más favorable a la disidencia civil que en otros territorios. Como ejemplo actual e inmediato, y no precisamente el único, la notable diferencia cuantitativa en la insumisión a la mili respecto a otras nacionalidades o territorios de dentro y fuera del Estado.

A partir de estas consideraciones, optamos por un proceso de construcción nacional que, teniendo como eje aglutinador la autodeterminación, y con unos determinados rasgos, haga viable una nueva sociedad vasca alternativa. Veamos estos rasgos.

Partir del supuesto, contemplado anteriormente, de que la sociedad que surja mañana estará predeterminada por los medios para obtenerla que pongamos hoy en marcha. Así, resulta imprescindible que la concreción futura de la autodeterminación no se exprese en un marco jurídico institucional de autogobierno, si dicho nuevo marco se halla despegado, "nuevamente" separado, de la sociedad; pues, en tal caso, nada realmente importante habremos conseguido. Y dicha distancia persistirá si hoy no es el conjunto (o la mayoría) de la sociedad la que asume, sin limitaciones impuestas, el protagonismo de la lucha por el cambio.

Dicho de otra forma, la lucha por la autodeterminación no puede centrarse en el logro de un precepto legal que posibilite el ejercicio de un voto, sino que, más bien, será una lucha autodeterminada y autodeterminante la que pueda ser capaz de generar una dinámica de construcción social y de lucha que lleve al reconocimiento legal de una expresión popular. La ley va detrás de la realidad.

La autodeterminación es un punto de referencia vertebrador, pero no es el único objetivo ni, en el fondo, el central. Ciertamente hay buenas y serias razones para exigir una plena autodeterminación. La convicción en la democracia participativa. El derecho a la diferencia. El carácter expansivo y aglutinante de la reivindicación. Y la mayor probabilidad de construir una sociedad más libre en el marco de Euskalherria.

Pero retengamos esta última afirmación. El objetivo central de un antimilitarismo global no es levantar nuevas fronteras, sino, como hemos visto y difinido, nuevas sociedades. Ello hace imprescindible que la desobediencia civil hoy adopte medios de lucha, sea asumida por grupos sociales y se inserte en frentes de conflicto de forma tal que diseñe ya en su seno la nueva sociedad en el eventual marco de autogobierno.

Esto supone que la defensa de ese nuevo marco y el proceso de consecución del mismo no son dos cosas distintas, sino parte de una misma dinámica de lucha y organización. Es la voluntad popular y no un nuevo poder militar la mejor defensa de la voluntad popular. Por ejemplo, la insumisión al servicio militar supone, aun de forma parcial, un ejercicio de la autodeterminación por parte de un colectivo social y desde una perspectiva política, superando las limitaciones e incluso la represión impuesta por la ley. Una dinámica generadora de nuevos procesos y conciencia antimilitarista.

ESTRATEGIA POPULAR AUTODETERMINADA Y AUTODETERMINANTE

Entrando en términos más precisos, los siguientes puntos deben subrayarse:
  • La consecución de ese nuevo marco exige una nueva estrategia capaz de superar en la práctica el marco de la legalidad vigente, de generar nuevas contradicciones al sistema y facilitar una dinámica de lucha potenciadora de nuevas experiencias y alternativas organizativas y de poder popular. Y esa estrategia pasa por la desobediencia civil.

  • La desobediencia civil representa un desafío directo y abierto a la legalidad y, por ello, la fuerza eticopolítica de su mensaje deriva
    en gran parte de ese estilo transparente y de la asunción consciente, por parte de sus protagonistas directos, de las consecuencias que puedan derivarse de tal actitud. Se entiende así la importancia de contar con una amplia base social y la complicidad de los diferentes sectores de la sociedad civil. No hay que olvidar que se trata nada menosque de forzar la voluntad del Estado central, y para ello no son suficientes "los de toda la vida", ni los métodos "de toda la vida".

  • Es necesario, por tanto, implementar acciones de desobediencia civil que involucren a sectores sociales y políticos del bloque dominante en Euskalherria, para abrir grietas en esa situación, incorporar a nuevas personas y grupos a ese proceso y limitar los intentos de deslegitimación social de la lucha que el bloque dominante pretende. Ese ha sido el ejemplo y acierto de la insumisión. Es más, en una determinada fase del proceso, deberíamos llevar a todas o parte de las instituciones a asumir (que no protagonizar) la desobediencia.

  • Es más necesario todavía impulsar la reconducción de los sectores sociales y políticos del MLNV hacia una estrategia plena y exclusiva de desobediencia civil y no sólo en aquellos frentes ligados a la exigencia de la autodeterminación. El cese de la lucha armada de ETA es una condición determinante para que tal planteamiento estratégico sea realmente efectivo. Dos razones avalan esta afirmación. Una de fondo: una desobediencia realmente prefiguradora tal y como antes la hemos descrito, se sostiene y crece cuando es protagonizada por conjuntos civiles desmilitarizados (en el sentido organizativo del término), antisectarios y con derecho y práctica interna a la disidencia. Y en KASHB, cuya presencia militante en el tejido social es hoy clara para impulsar con posibilidades de eficacia la desobediencia civil, tales rasgos organizativos son objetivamente inviables mientras siga supeditada a un "frente militar". Otra estratégica: no es posible superar la polarización y coordinar mínimamente una práctica de desobediencia civil entre los grupos del MLNV y los sectores "moderados" y parainstitucionales mientras ETA siga actuando.

  • Es más necesario todavía impulsar la reconducción de los sectores sociales y políticos del MLNV hacia una estrategia plena y exclusiva de desobediencia civil y no sólo en aquellos frentes ligados a la exigencia de la autodeterminación. El cese de la lucha armada de ETA es una condición determinante para que tal planteamiento estratégico sea realmente efectivo. Dos razones avalan esta afirmación. Una de fondo: una desobediencia realmente prefiguradora tal y como antes la hemos descrito, se sostiene y crece cuando es protagonizada por conjuntos civiles desmilitarizados (en el sentido organizativo del término), antisectarios y con derecho y práctica interna a la disidencia. Y en KASHB, cuya presencia militante en el tejido social es hoy clara para impulsar con posibilidades de eficacia la desobediencia civil, tales rasgos organizativos son objetivamente inviables mientras siga supeditada a un "frente militar". Otra estratégica: no es posible superar la polarización y coordinar mínimamente una práctica de desobediencia civil entre los grupos del MLNV y los sectores "moderados" y parainstitucionales mientras ETA siga actuando.

  • Desobediencia civil hoy, defensa social mañana.

    Luchar por la abolición del Ejército español hoy y rechazar la construcción de un ejército vasco mañana. Y ello no sólo por razones de fondo; porque, insistimos, no nos guste ningún ejército, sino también por razones estratégicas. Porque resulta absurdo pensar que un hipotético Ejército vasco (¿de dónde ha surgido ese ejército?) pueda derrotar a un atacante Ejército español, ayudado probablemente además en tan descabellado supuesto por tropas de la OTAN. Pero no es impensable que desista de su propósito si sabe que se va a encontrar en la nueva Euskadi una defensa social organizada desde (no para) la sociedad, que le va a impedir en la realidad asentar y ejercer su poder militar.

SI, PERO ...

Hay que ser conscientes de las contradicciones y limitaciones presentes en esta propuesta, así como de las dificultades para su desarrollo, someramente descritas, habida cuenta la actual coyuntura. Las dificultades de esta estrategia son grandes, pero probablemente sea la única posible.

Dos grandes tendencias deben romperse.

  • Por parte del bloque dominante, su exclusivización institucional y su desconfianza hacia la sociedad civil. Algunas determinadas acciones de desobediencia inevitablemente se enfrentarían a instituciones o normas del poder autonómico.

  • Por parte del MLNV, el cambio supone una cierta deslegitimación de la estrategia histórica de ETA. Y ésto es extremadamente difícil, no sólo por razones políticas, sino por el inmenso campo afectivo y mítico que existe en torno a ETA. Además el giro también exigiría una profunda crítica y revisión de las estructuras y sobre todo de las actitudes de los organismos del MLNV. Y ello tampoco parece fácil.

Sin embargo, sí está claro que una y otra estrategia la institucional y la militarno van a lograr la consecución de los objetivos que hemos definido a lo largo de este documento. Y la desobediencia civil es un camino que, creemos, debe ser explorado como recurso para superar la actual disyuntiva entre integración y progresivo aislamientocriminalización y recrear una alternativa hegemónica al actual estado de cosas.

En Ulía, Donostia, a 17 de Febrero de 1991



ASAMBLEA NACIONAL DEL KONTZIENTZI ERAGOZPEN MUGIMENDUA M. O.C. DE EUSKALHERRIA

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Created on 01/12/2006 04:55 PM by admin
Updated on 01/13/2006 01:40 AM by admin
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