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Villalar,
recordar para construir.
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| Realizado
por: |
Izquierda
Castellana-Madrid |
| Obtenido
de: |
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| 01/06/05 |
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Mil
quinientos veintiuno
y
en abril para más señas,
en
Villalar ajustician
quienes
justicia pidieran...
(Primeras
estrofas del Canto de Esperanza, canción popular rescatada del olvido
por el Nuevo Mester de Juglaría)
Desde
hace 3 décadas, año tras año, decenas de miles de personas acuden a
Villalar de los Comuneros cada 23 de abril a celebrar el día de
Castilla, un día que recuerda la derrota de los ejércitos comuneros,
capitaneados por Padilla, Bravo y Maldonado, frente a las tropas
imperiales de Carlos V.
La
represión posterior a la batalla fue muy grande, y durante mucho tiempo
no se pudo reconocer públicamente el mérito y la valentía de los
comuneros y comuneras. Much@s de ell@s fueron ejecutad@s, otr@s
perdieron sus bienes, y en general tod@s fueron vilipendiad@s
injustamente por los vencedores.
No
sería hasta el siglo XIX cuando su recuerdo comenzaría a evocar de
nuevo grandes simpatías, de entre las que cabe destacar los batallones
autodenominados comuneros que resistieron al fascismo durante la Guerra
Civil. O la utilización en toda Latinoamérica del término
"comunero" para referirse a aquellas iniciativas que defienden
la soberanía popular.
Las
celebraciones en la campa de Villalar comenzaron en 1976. Durante los
primeros años, las concentraciones fueron reprimidas y disueltas por la
guardia civil a caballo; pero a pesar de ello, continuaron año tras año
gracias a la perseverancia popular, cristalizando finalmente en lo que
hoy las instituciones denominan como Día de la Comunidad Autónoma de
Castilla y León.
Habían
pasado 5 siglos, pero la Revuelta comunera permanecía viva, instalada
en el imaginario colectivo castellano como todo un referente, como una
gesta a recordar, como una lucha digna y valiente. Y esa es la razón de
que hoy en día el 23 de abril se continúe celebrando.
Comunes
el sol y el viento,
común
ha de ser la tierra,
que
vuelva común al pueblo,
lo
que del pueblo saliera.
(Dicho
comunero)
Allá
por el siglo XVI, Castilla era famosa por su producción lanera; pero la
lana, lejos de beneficiar a aquell@s que la trabajaban, era exportada a
Flandes, donde se tejían lujosos paños para el consumo de unos pocos
privilegiados. La Corte castellana robaba del pueblo sus riquezas, a la
vez que exigía nuevos impuestos para financiar los sueños imperiales
de Carlos V.
¿Quién
está legitimado para gobernar? ¿El emperador, de forma absoluta, o el
conjunto o común de las ciudadanas y ciudadanos? Esta cuestión, que
continúa siendo vigente, surgió durante el período revolucionario de
las Comunidades de Castilla. Y l@s comuner@s lo tuvieron claro, y así
defendieron "que el reino mande sobre el rey, y no el rey sobre el
reino". Y llevaron a la práctica este principio de soberanía
popular, tomando medidas para proteger y desarrollar la industria
nacional, y subiendo los impuestos a las exportaciones de lana merina
con el fin de que la materia prima no saliese de Castilla.
La
concepción política de l@s comuner@s resulta ser especialmente
interesante. La alternativa comunera apostaba por la participación del
común en los asuntos públicos, de tal modo que durante los años de la
guerra, la resistencia al poder se organizó desde abajo. Haciendo honor
al dicho "nadie es mas que nadie", las asambleas de vecinos y
vecinas fueron los órganos desde los que se eligió a l@s portavoces y
a l@s jefes militares. La revolución se extendió de las ciudades al
campo en forma de movimiento antiseñorial, movimiento que reclamó a
los nobles las tierras robadas, esas tierras comunales que aseguraban la
subsistencia y un acceso colectivo a los recursos naturales en función
de las necesidades de cada un@.
En
la Revolución de las Comunidades participaron prácticamente todas las
ciudades castellanas, tanto las que hoy pertenecen a Castilla y León
como las Castellano-manchegas, así como Madrid y las demás poblaciones
importantes de la Meseta. Por lo tanto, la propuesta comunera (y su
recuerdo mediante la celebración del 23 de abril) es un patrimonio de
tod@s l@s castellan@s, y no sólo de aquell@s que viven en la zona
norte. Muchos de los intereses que actualmente amenazan la cultura
castellana son precisamente los mismos que se encuentran tras la defensa
del desmembramiento del territorio castellano en Comunidades Autónomas.
Pero a pesar de estos esfuerzos, que tratan también de convertir el 23
de abril en una feria vacía de contenido, las fiestas de Villalar
continúan siendo sentidas como propias por gentes de las distintas
provincias, y su carácter reivindicativo y político es una realidad
innegable.
El
hecho de que exista una zona de acampada cercana a las carpas facilita
la afluencia de la juventud, que es sin duda la principal protagonista
de la noche del 22: este año, miles de mozos y mozas acudieron a los
distintos conciertos organizados en las diferentes carpas. Un ejemplo más
del contenido comprometido de las fiestas es el acto de encuentro y
solidaridad con jóvenes de otros pueblos del estado organizado en la
carpa de la Izquierda Castellana por las JCR (Juventudes Castellanas
Revolucionarias).
Amaneció
el 23 de abril, y desde horas tempranas, se empezó a notar la masiva
afluencia de familias y gente de todas las edades. Los actos políticos
se sucedieron durante todo el día, así como las manifestaciones y
ofrendas florales al monolito erigido en homenaje a los Comuneros y
Comuneras. En la carpa de la Izquierda Castellana pudimos presenciar la
presentación del manifiesto "Castilla necesita tener voz
propia" (más información en la pagina web www.vozpropia.tk), así
como el tradicional acto de Solidaridad entre pueblos y trabajadores en
lucha, en el que intervinieron, además de Doris Benegas, Fernando
Camejo (Consejero político de la embajada Cubana), Toni Strubell
(Presidente de la Comisión de la Dignidad de Cataluña, que agradeció
a l@s nuev@s comuner@s su apoyo a la legítima reclamación del pueblo
catalán de aquellos documentos requisados por el ejército Franquista,
hoy depositados en el archivo de Salamanca) Tomaron también la palabra
Javier (venido desde el Condado de Treviño), Cristina (en representación
de l@s trabajadores en lucha de Tecdis), Lourdes (por la Coordinadora
contra el Narcotráfico del barrio vallisoletano de Pajarillos), y
finalmente Elena (en representación de Mujeres Castellanas).
Durante
todo el día, la actividad política compartía protagonismo con la música
y la cultura popular: jotas, danzas de paloteo, danzas de cinta,
conciertos de música tradicional castellana (entre los que destacar a
grupos como Mayalde, La Musgaña y Almacantara), dulzaineros segovianos,
agrupaciones musicales de gaiteros venidos desde León y Galicia,
juglares, zancudos, malabaristas, y un largo etc. Además, la campa
albergaba numerosas y variadas muestras artesanales y gastronómicas. En
definitiva, todo un regalo para la vista y el olfato, para los paladares
y los oídos.
Pocas
veces tenemos oportunidades como ésta para juntarnos y celebrar nuestra
cultura, nuestra identidad o nuestras raíces. El capitalismo
globalizado se expande, y a la par que conquista militarmente, impone de
forma silenciosa los valores del Occidente más consumista. Los pueblos
lejanos son pisoteados, y sus exóticas culturas se empaquetan para ser
vendidas como artículos del cínico consumo falsamente cosmopolita y
multicultural; y aquellas culturas más cercanas, las propias, también
sufren, y con ellas nosotr@s: sufren la ignorancia y la ridiculización.
Quien
sabe si las cigüeñas
han
de volver por San Blas
si
las heladas de Marzo
los
brotes se han de llevar.
Si
las llamas comuneras
otra
vez crepitarán
cuanto
más vieja la yesca
más
fácil se prenderá
(Estrofas
del Canto de Esperanza)
Como
hemos visto, el pensamiento comunero puede resultar atractivo para tod@s
aquell@s que no creemos en las élites ni en la defensa de la jerarquía
frente al poder de las bases, frente a la soberanía del común de las
ciudadanas y ciudadanos. Por lo tanto, cada 23 de abril no se conmemora
únicamente una derrota, la derrota de Villalar, sino más bien la
propia existencia del Movimiento Comunero, su capacidad para articular
un proyecto político y social progresista, revolucionario para su época.
Se conmemora de este modo la capacidad humana de llevar a la práctica
nuevas formas de organización política, basadas en la democracia
directa y en la participación, nuevas formas de organización económica
y social que hagan retornar el principio de la soberanía política al
conjunto de las clases populares.
Más
aún hoy día. La Reforma de la Constitución y de los Estatutos de
Autonomía está en marcha. El proceso político que originó la
Constitución monárquica de 1978 y los Estatutos de Autonomía hoy
vigentes, tuvo graves déficits democráticos. Y la forma del estado
(monarquía-república) y la composición nacional del mismo no son ni
mucho menos cuestiones zanjadas.
La
utilización interesada de las tensiones territoriales puede conducir a
una peligrosa situación de enfrentamiento entre pueblos (los sucesos en
torno al archivo de Salamanca, o la situación de Treviño constituyen
desgraciados ejemplos); frente a ello, la apuesta por la amistad y la
solidaridad, de la que Villalar es ejemplo, se hace más necesaria que
nunca para caminar hacia la construcción de un marco de relaciones
horizontales desde el reconocimiento de los derechos políticos de todos
y cada uno de los pueblos del estado español. Porque nadie es más que
nadie...
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