La Haine inició un debate al que pusieron por título "El republicanismo en el siglo XXI", figura tan de moda en estos tiempos, pero que creemos muy acertada en este caso, ya que uno de los objetivos sería dilucidar qué puede ofrecer el republicanismo 70 años después, así como ver qué se puede/debe renovar y actualizar de este concepto. Este texto es del compañero Luis Ocampo, y si pinchas en la imagen de arriba puedes acceder a otros textos (Carlo Frabetti, Gustavo Roig, Ángeles Maestro, Iñaki Gil de San Vicente, Agustín Morán y Crespo).
El marco republicano no es ninguna varita mágica que sirva para
resolver todos los problemas, simplemente crea un escenario en el que
los movimientos populares tienen un mayor margen de juego y por tanto el
bloque dominante está más a la defensiva. Por supuesto que bajo el régimen
republicano, la lucha política, la lucha social, la lucha de genero
tienen que seguir En
primer lugar, quiero agradecer a la Haine su invitación a participar en
el debate que han organizado sobre republicanismo en el Estado Español,
en el Siglo XXI. Creo
que es conveniente hacer algunas consideraciones precisamente sobre
estos dos ejes que enmarcan la reflexión: el geográfico, entendida la
geografía en su sentido político, y el temporal. El
Estado Español es el instrumento para el ejercicio del poder del bloque
dominante español, actualmente ocupa la Península Ibérica, excepto
Portugal y las Islas Baleares en territorio Europeo, el archipiélago
Canario, Ceuta y Melilla en territorio Africano. Hasta
no hace mucho tiempo, históricamente hablando, 1898, ocupaba también
Cuba y Puerto Rico en el Atlántico, además de las Filipinas y de otros
dos archipiélagos menores, las Marianas y las Carolinas, en el Pacífico.
Estos dos pequeños archipiélagos eran de gran trascendencia estratégica
como bases carboneras para la navegación marítima y por tanto muy
codiciadas por las potencias emergentes. El
actual bloque dominante español y su Estado, tal como hoy lo conocemos,
se conformó en lo fundamental con la Iº Restauración Borbónica en la
figura de Alfonso XII y ocupaba el conjunto de territorios que acabamos
de describir. El
Estado Español contemporáneo, se refunda siguiendo la tradición con
un planteamiento de Estado Imperial, aunque su Imperio esté en franco
deterioro, aunque sea un imperialismo fracasado. Esa concepción de
Estado Imperial, no multinacional, cuando objetivamente es ésta última
característica la principal desde hace varias generaciones. Curiosamente
ese rasgo “objetivo” de Estado multinacional es subjetivamente
rechazado hasta la histeria por el bloque dominante español y sus
aliados, incluyendo entre estos a la llamada izquierda española. Esta
realidad dual y contradictoria entre lo objetivo y lo subjetivo explica
una buena parte del comportamiento de éste Estado en la actualidad y en
los últimos ciento treinta años, así como las doctrinas políticas en
las que basan sus actuaciones sus principales instituciones,
especialmente las armadas, y muy especialmente el ejército. La
noción de imperio, fue asimilándose con la Iº Restauración a la noción
de nación española. Antes el planteamiento era relativamente
distinto. Este proceso se vió bruscamente intensificado con la pérdida
de los restos del Imperio español en el Caribe y en el Pacífico. La
Guerra Hispanoamericana de 1898 pone muy claramente de manifiesto la
doctrina militar dominante en el ejercito español. En contra de los tópicos
al uso, la armada del Atlántico, acababa de ser renovada, pero la
armada que se compró estaba esencialmente orientada a combatir la
rebelión de los patriotas cubanos, eran pues barcos tipo cañoneras
ligeras, estaban para costear el perímetro de las Islas de Cuba y de
Puerto Rico y desde esa posición bombardear las poblaciones rebeldes,
estaban por tanto especialmente concebidas para la contra insurgencia. La
armada americana, era una armada concebida para la guerra contra otra
potencia extranjera, no contra su propia población, y es por ello que
la distancia de tiro era completamente asimétrica entre una y otra
armada: la Yanki compuesta de barcos acorazados con artillería de largo
alcance, la española de barcos ligeros con artillería de más corto
alcance. Esa
doctrina militar de organizar el ejército, no como un instrumento de
defensa exterior, sino como un instrumento de represión hacia la propia
población, es decir, como una policía a lo bestia, desgraciadamente
sigue siendo la esencia principal de la doctrina militar del ejército
español. No
hay que extrañarse pues que, desde hace mas de 100 años, el ejército
español haya saldado sus escasas intervenciones fuera de las fronteras
de la península con rotundos fracasos. El
Estado Español es el instrumento de dominación y de organización que
el bloque dominante español utiliza para imponer su proyecto nacional y
de clase: España. Proyecto
que niega, como proyecto imperialista que es, los derechos nacionales de
los diversos pueblos sobre los que tiene jurisdicción. Por supuesto a
esa dominación nacional, añaden la explotación de clase y la dominación
de género. La
configuración del Estado Español actual, tal como decíamos, la
podemos situar en el siglo XIX, en 1876 con la Iº Restauración Borbónica,
después de la caída de la Iº República, manu militari, a través del
golpe militar del General Pavía el 12 de enero de 1874. Ciertamente
hay muchos elementos previos que también influyen en la configuración
del Estado Español contemporáneo, pero la articulación del bloque
dominante español en lo fundamental, es muy similar a la que se
configura en ese momento histórico: -
Las alianzas de clase que configuran ese bloque dominante. No
deja de ser curioso, que el gran debate hoy, entre las dos fracciones
principales del bloque dominante español, la que representa el PSOE en
alianza con las burguesías de Euskadi y Cataluña por un lado y la que
representa el PP por otro, en lo que se concierne a la reforma del
Estado, se refiera exclusivamente a la transformación de ese concepto
subyacente de Estado Imperial, por el de un Estado
nacional-multiregional, sin renunciar al proyecto nacional español y
sin reconocer cabalmente los derechos nacionales de los diversos pueblos
del Estado. La
propia realidad actual, y con ello entramos en la otra dimensión, la
temporal, la propia realidad del siglo XXI, condiciona que un Estado
Imperial español autónomo, sea simple y llanamente una estupidez,
absolutamente inviable. Pero ojo, de la misma forma que el Estado
franquista, podía aparecer en los años 50 o 60 como un contra sentido
histórico y sin embargo supo incorporarse al proyecto imperial
occidental con la especial colaboración de los yankis y con el
correspondiente respeto de todas las potencias occidentales hacia su
funcionamiento interno, la derechona española, busca articularse en el
gran proyecto Imperial yanki, como un Subimperio, totalmente dócil y
subordinado en lo exterior, pero con autonomía para gestionar a su
gusto su propio territorio. Ello fue palpable durante el gobierno de
Aznar. Estamos
en la época de la globalización neoliberal, del neoimperialismo, del
neofascismo. Dos proyectos compiten y colaboran, colaboran y compiten en
ese escenario, la UE y los EE.UU. El gobierno actual del PSOE y la
fracción del bloque dominante a la que representa, es más favorable a
la integración y al fortalecimiento del proyecto neoimperial europeo.
Ello condiciona de alguna manera una cierta modernización de la
doctrina política del Estado Español que debe dejar de lado sus ensueños
imperiales autónomos para convertirse en un estado-nacional europeo,
con un cierto reconocimiento de su evidente diversidad interna. La
pretensión no va mas allá, otra cosa es hasta donde el movimiento
popular empuje. Esa
tradición de Estado Imperial español, es una de las características
que hacen hoy por hoy, completamente contradictorio un planteamiento
organizativo revolucionario que reproduzca el planteamiento organizativo
estatal. No parece muy coherente reproducir en el esquema organizativo
revolucionario, el esquema organizativo territorial del bloque
dominante. Ello supone, además, en la práctica concreta, renunciar al
ejercicio práctico de la autodeterminación, que no es otra cosa, desde
el punto de vista revolucionario, que la autoorganización de las
fuerzas populares propias en cada nación, es decir, la construcción
progresiva del poder popular. El
tremendo fracaso, hasta su total liquidación, durante la transición de
las llamadas fuerzas de la izquierda revolucionaria estatal, que habían
llegado a tener durante los últimos años de la dictadura una
importante masa militante y una significativa presencia social, tal como
fueron los casos del PTE, ORT y MC, es una clara expresión de la
imposibilidad de construir un proyecto coherentemente revolucionario
sobre la base de su estructuración organizativa estatal. Evidentemente
este no fue el único factor que influyó en el fracaso de los proyectos
de las organizaciones señaladas. En
el caso del PCE, no podemos ni tan siquiera incluirlo en el concepto de
fuerzas políticas con voluntad subjetiva revolucionaria, porque desde
mucho antes de la muerte de Franco venían desarrollando una política
en la práctica real, favorable a una salida pactada con los llamados
“sectores aperturistas” del régimen franquista. Por
el contrario fueron las fuerzas políticas rupturistas de ámbito
nacional, con una grandísima importancia cuantitativa y cualitativa en
Euskal Herria. Pero también en otros pueblos del Estado aunque fuera en
una medida cuantitativa o cualitativa menor, las que consiguieron
articular proyectos de resistencia de carácter político durante la
transición. En
el caso de Galicia el movimiento nacional-popular al final de los años
setenta y hasta el final de los años ochenta tuvo unos planteamientos
políticos y una práctica de clara oposición al proyecto de Reforma
política del franquismo y aunque en los últimos tiempos haya moderado
e institucionalizado su proyecto, ciertamente sigue siendo algo muy
distinto de lo que supone por ejemplo IU, y de ello se deriva también
un diferente trato por parte del Sistema. En
otras naciones del Estado, las fuerzas auténticamente democráticas y
rupturistas se articularon también aunque sea en una medida mucho
menor, alrededor de proyectos nacional-populares revolucionarios El
bloque dominante español desde su constitución ha tenido dos formas de
articular políticamente su régimen de dominación: la monarquía, o
directamente la dictadura militar. Y en ocasiones, como ocurrió con la
dictadura de Primo de Rivera, fusionando ambos regímenes. Históricamente
han preferido el sistema monárquico-parlamentario que les dota de una
mayor legitimidad interna y externa. Pero cuando las contradicciones
sociales y políticas se agudizan, cosa que ha ocurrido con cierta
frecuencia, recurren sin complejos a las dictaduras militares. Así
ocurrió con la liquidación de la Iº República, en el espacio
comprendido entre que esta es derribada y se completa la Iº Restauración
Borbónica. Así ocurrió con la dictadura de Primo de Rivera a partir
de 1923, como forma de intentar controlar la gran agitación social y
política del momento. Así
ocurrió con el alzamiento militar-fascista del 17/18 de julio de 1936
contra el gobierno del Frente Popular que finalmente, ante la tremenda y
heroica resistencia de los diversos Pueblos del Estado, muy
especialmente del pueblo de Madrid, se transforma en el primer gran
choque en Europa, entre fascismo y antifascismo. Además de la gran
transcendencia que va a tener este conflicto en sí mismo, va a tener
una grandísima repercusión internacional. El
“NO PASARAN” que gritaba el pueblo de Madrid sigue siendo en una
gran parte del mundo, el grito emblemático de la resistencia
antifascista y antiimperialista. El
bloque dominante español, al menos hasta ahora, no ha dado para más.
El regimen republicano ha sido siempre rechazado por ellos, precisamente
por encarnar un sistema más democrático, en el que no se encuentran a
gusto porque es un escenario demasiado abierto para su limitada
capacidad de juego político. El
bloque dominante español necesita un Estado especialmente autoritario
para reproducir su sistema de dominación. No
hay que olvidar que, por diversas razones, el Estado Español, es el
eslabón mas débil del capitalismo occidental y en el único en el que
a medio plazo son posibles transformaciones políticas de profundo
calado. Por
el contrario, los diversos movimientos populares en el Estado Español
han tenido en la República una referencia muy importante para la lucha
por la transformación política, para el avance social, para la
democratización en su sentido más profundo. Obviamente
el marco republicano, no es ninguna varita mágica que sirva para
resolver todos los problemas, simplemente crea un escenario en el que
los movimientos populares tienen un mayor margen de juego y por tanto el
bloque dominante está más a la defensiva. Por supuesto, que bajo el régimen
republicano, la lucha política, la lucha social, la lucha de genero
tienen que seguir. CASTILLA
Y EL REPUBLICANISMO Los
orígenes: “Estando
juntos en ayuntamiento llamados por voz de pregonero público de la
dicha ciudad (Ciudad Rodrigo) según tenemos costumbre de nos ayuntar...
de un acuerdo parescer hicimos comunidad e al tiempo que se hizo se
nombraron ciertos diputados para que entendiesen en la adminsitración e
gobernación de la dicha ciudad.”
Cita
de “Las Comunidades de Castilla. Una primera Revolución Moderna” de
José Antonio Maraval.
“A
pesar de esta repetida insurrecciones no habido en España hasta el
presente siglo revoluciones serias, exceptuando la guerra de la Junta
Santa (la revolución comunera) en tiempos de Carlos I, o Carlos V, como
lo llaman los alemanes. “Debeís
saber, Sr, que el rey es un servidor de la nación. Así empezaron las
hostilidades entre Carlos I y las ciudades. A consecuencia de las
intrigas del rey estallaron en Castilla numerosas insurrecciones, se
constituyo la Santa Liga de Ávila y las ciudades unidas convocaron
Cortes en Tordesillas, de donde partió el 20 de octubre de 1520 una
“protesta contra los abusos” dirigida al rey y en contestación a la
cual éste privó de sus derechos personales a todos los diputados
reunidos en Tordesillas.
Carlos
Marx, España Revolucionaria, publicado en el New York Daily Tribune
1854
La
Revolución Comunera en Castilla es, el primer movimiento maduro,
republicano, en su sentido literal y por su contenido. El color morado
de la bandera republicana, lo es por el reconocimiento a la historia de
la Revolución Comunera. Recordamos que el pendón morado era el
estandarte de los comuneros en su lucha contra el proyecto imperial de
Carlos I. El
Pacto Federal Castellano de 1869 en el que se recoge un proyecto
institucional para las diecisiete provincias castellanas, en el contexto
del movimiento republicano que acabará cristalizando en la 1ª República,
también recoge la tradición comunera. Así, al final de su texto dice: “La
sangre de los Padilla, Bravo y Maldonado que corren por vuestras venas y
el ardimiento de que guardan memoria estos pueblos de las comunidades,
garantizan el éxito de nuestras aspiraciones y deseos” Igualmente
ocurrirá con la II República y la resistencia antifascista. Hoy
en Castilla y en el siglo XXI, no podemos, al menos no debemos, plantear
la lucha por la República al margen de nuestra identidad y de nuestra
historia. La
lucha por la República tiene que ser fundamentalmente la lucha contra
la Monarquía, por que sin derrotar a esta no habrá república alguna. Esta
lucha tiene que recoger todas las sensibilidades ideológicas y
sociales: la libertaria, la socialista, la comunera en la que por cierto
caben todas las tradiciones y corrientes revolucionarias de nuestro
pueblo. Y todas las identidades nacionales, pero partiendo de dos
criterios básicos y complementarios: la autodeterminación como proceso
de autoorganización de cada pueblo y la soberanía de cada nación para
articular su proyecto propio. Todo ello más allá de la lucha común
que deberemos recorrer conjunta y coordinadamente en contra del enemigo
común, la monarquía borbónica. Ya
cunde en toda Castilla Milquinientos
veintiuno, Versos
del poema de Los Comuneros, de Luis López Álvarez. Luis
Ocampo, Izquierda Castellana Castilla,
3 de abril. |
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