Esperemos que algún día ...

Seamos capaces de vivir sin distinguir razas ni países.


15/03/06
David Sánchez


           El otro día en el barrio se formó lo que solemos llamar una reyerta callejera. Concretamente el viernes pasado por la noche. No se si ha salido en las noticias o algo por el estilo, probablemente no, ya que el barrio de Simancas, como otros barrios obreros está abandonado incluso por la prensa. 

            Yo no observé prácticamente nada; cuando llegué la policía estaba escoltando hacia la boca de metro a al menos veinte sudamericanos para evitar que ciento y pico chavales del barrio los lincharan. Algo asustado me metí en el bar de la esquina a tomar algo, como suelo hacer los viernes a esas horas. No me hizo falta preguntar qué es lo que había pasado, pues todo el mundo estaba comentando la jugada. Espeluznante lo que oí. 

            Parece ser que todo comenzó cuando un grupo reducido de sudamericanos comenzaron a meterse con otro grupo más reducido aún de chavales del barrio. Así (no me preguntéis el motivo exacto, ya que en el bar había muchos motivos) los sudamericanos comenzaron a pegar a los muchachos. Estos a su vez, hicieron un llamamiento y aparecieron más chavales del barrio (lo que no sabían los de fuera es que no estaban tratando precisamente con hermanitas de la caridad) que comenzaron a linchar a los “sudacas”. Salieron corriendo y al poco aparecieron cosa de cien ecuatorianos y demás gente del sur americano. No se sabe de dónde, pero de todas partes salían chicos de raza blanca de todos los barrios colindantes y se armó una guerra impresionante. Según dicen, uno de los chicos del barrio llevaba una catana al estilo samurai. 

            Mientras tomaba la caña escuché comentarios de todo tipo por parte del “muy respetable vecindario”: estos sudacas quieren tomar este barrio y no lo van a conseguir; estamos artos de sudacas, son gentuza; estos chavales son unos macarras, pero son los que están salvando el barrio de tanta mierda; vas en el metro y no hay más que panchitos… 

            Yo no sé que pensar. Parece ser que la gente está harta de tratar con sudamericanos y todos, absolutamente todos, son mal educados, no se adaptan a vivir en este país, deberían dejar sus asquerosas costumbres en su tierra. Comentarios como “nosotros cuando fuimos a Alemania nos tuvimos que adaptar a lo que había” son cosa de todos los días. 

            Vuelvo a repetirme, no sé que pensar. No sé dónde queda el civismo y la educación. Yo vivo en el mismo barrio y no tengo esos problemas. Tengo vecinos ecuatorianos y de demás países sudamericanos y no he notado la sensación de que se van a quedar con el barrio. A mí me saludan en la escalera del portal. Cuando voy en el metro, casi todos los que van son españoles (el porcentaje de extranjeros en este país todavía es pequeño, digan lo que digan) y los extranjeros que hay no se meten con nadie. 

            El caso es que en esta reyerta o pelea, o guerra de razas o como queráis llamarla, fue herido de arma blanca un chaval. Como decían mis muy queridos vecinos en  el bar, era un sudamericano, era uno de ellos; qué curioso, uno de ellos. El caso es que el muchacho murió al día siguiente. Pero no importa, era uno de ellos. 

            No tengo ni la más remota idea (ya que no soy psicólogo, sociólogo ni nada por el estilo) de si un sudamericano es malo, es más malo que un español de raza blanca. Supongo que cuando una persona es mala, no atienda a razas ni a denominaciones de origen. No se si la persona que murió era mala o era buena. Espero que por lo menos, nos sirva a todos de lección. Posiblemente algún día, seamos capaces de vivir todos sin distinguir razas ni países, aunque por los absurdos rencores que se están creando entre la gente de a pié, creo que nos va a costar algún trabajo extra.

 Castilla - Madrid (Simancas) a 25 de enero de 2006.