Las elecciones generales de Marzo de 2004 supusieron el final de un ciclo político, iniciado en 1996, con la llegada del PP y de José Maria Aznar a la gobernación del Estado.
La
etapa política en la que el PP controló el gobierno del Estado, se
caracterizó a grandes rasgos por: ·
Un aumento de la servidumbre hacia los EEUU en lo referente a la
política Exterior. ·
Una fascistización global, en lo referente a la política hacia
el interior del propio Estado, que afectó a todos los ámbitos de la
vida, desde las reformas legislativas y administrativas, pasando por la
cuestión mediática, la educación, el papel de la Iglesia... ·
Un tremendo aumento de la economía negra, criminal y
especulativa. Ese círculo cuyos eslabones principales son el narcotráfico,
la prostitución, el tráfico de personas y la especulación urbanística,
todo ello enmarcado con la correspondiente corrupción. Este fenómeno
se vió muy, muy impulsado en ese período. Esas
líneas de actuación que se corresponden perfectamente con el proyecto
político y los intereses socio-económicos que el PP representa, fueron
generando progresivamente, un cada vez mayor malestar en amplios
sectores de la opinión pública de los diversos Pueblos del Estado. Algunas
cuestiones concretas de especial significación, como la participación
española en la invasión imperialista de Irak, el caso del Prestige, o
las reformas de la educación, polarizaron este rechazo social y
dinamizaron amplísimas movilizaciones en contra del gobierno del PP,
que en el caso de Madrid fueron de una magnitud desconocida desde hacia
muchos años. Finalmente,
la actuación del gobierno presidido por Jose Mª Aznar, manipulando sin
el menor escrúpulo, la autoría de los atentados de Madrid del 11 de
Marzo de 2004, acabó por condicionar que una mayoría social exigiese
un cambio de gobierno. La
llegada al gobierno de Zapatero, no es pues a diferencia de lo que
ocurrió con Felipe González en 1982, fruto exclusivo de unas maniobras
de salón para llevar adelante el programa del bloque dominante español,
en aquel momento muy unificado alrededor de una única estrategia, que
el PSOE con Felipe Gónzalez a la cabeza, tenían que llevar adelante: Reestructuración
industrial y agraria, consolidación del ingreso en la OTAN, que se había
producido durante el bienio negro de Calvo Sotelo, ingreso en el Mercado
Común-Unión Europea... No,
la llegada de Zapatero al gobierno, se produce en buena medida como
consecuencia de una fuerte movilización social en contra del gobierno
de la derecha fascista española, y como fruto también de una división
de cierta importancia dentro del bloque dominante español, preocupado
por la deslegitimación progresiva del Régimen entre sectores amplios
de la sociedad, y con visiones diferentes en cuanto a la estrategia a
seguir para reproducir su sistema de dominación. Por
un lado esta la fracción del bloque dominante español más vinculada
al PP, con importantísimos apoyos en la Iglesia, en el sector del
capital más vinculado a la economía especulativa, a un sector muy
amplio de la judicatura, y de otras estructuras del aparato de Estado,
que simple y llanamente quieren más de los mismo, de lo que se dió
entre 1996 y 2004. Por
otro lado está, la fracción del bloque dominante español más
vinculada al PSOE, al PNV y a CIU, que consideran que es necesario
introducir cambios en el Régimen político actual, para que este
recupere parte de la legitimidad perdida, y asi poder despejar el
horizonte para los próximos años. Naturalmente
esa voluntad de introducir cambios, no es fruto de ganas de iniciar
aventuras políticas, sino de dar solución, precisamente a los
problemas políticos que el actual Régimen viene arrastrando desde los
inicios de la transición, y que el Aznarato no hizo más que agudizar. Entre
esos problemas, están el llamado problema Catalán y el problema Vasco. En
cuanto al tema Catalán y su nuevo estatuto, ya hemos visto los
resultados. En
cuanto al tema Vasco, las cosas son mucho más complejas para el
gobierno español, en Euskadi hay un fuerte movimiento popular, con un
alto grado de organización que difícilmente se va a dejar engañar o
ningunear. El
gobierno español, se verá obligado si quiere que el actual proceso de diálogo
tire para adelante, a construir un escenario donde sea posible una auténtica
negociación política, y a dejar abiertas algunas expectativas que
alimenten ese proceso. El
gobierno no es el Estado, y el gobierno actual no representa a todo el
bloque dominante español, que a diferencia del año 1982, como decíamos
antes, estaba unificado alrededor de una única estrategia. Hoy esta
significativamente dividido. No
hay que minusvalorar el poder interno, ni las conexiones internacionales
con las que cuenta la fracción que representa el PP, en sintonía con
el imperialismo Yanky, y un sector cada vez más influyente del
imperialismo europeo, por tanto no hay que despreciar su capacidad de
intervención y su futuro. En
cualquier caso, el marco político que se abre en estos momentos, es del
mayor interés, no solo para Euskadi sino para el conjunto de Pueblos
del Estado y desde luego para Castilla. El
objetivo del gobierno es solucionar “el conflicto vasco” con las
menores reformas del “estatus político actual”, y que además estas
sirvan para consolidar el Régimen en lo esencial. Pero
este proceso que se empieza a poner en marcha puede generar, una
dinámica democrática, que desde el movimiento popular
castellano, tendríamos que saber potenciar y aprovechar para el avance
de nuestra propia lucha. En
Castilla no existe burguesía castellanista, por otro lado, ninguna de
las dos fracciones actuales del bloque dominante español, tiene
proyecto político alguno específico para nuestra tierra, es por ello
que no tienen ninguna dificultad entre el PSOE y el PP para ponerse de
acuerdo en las reformas de los estatutos de autonomía que afectan a las
cinco comunidades castellanas: Castilla y León, La Rioja, Castilla-La
Mancha, Madrid y Cantabria. Reformas
que van en el camino de condenar a la subsidariedad política a nuestra
tierra, así como a ratificar su división territorial y a la negación
de nuestra identidad como pueblo. Por
otra parte esos procesos de reformas estatutarias tampoco suscitan
especial interés entre la opinión pública en general, y las clases
populares castellanas en particular. Entre otras razones porque las
instituciones autonómicas en Castilla, se visualizan como instituciones
de bajo nivel político y solo útiles para cubrir la nómina de
centenares de políticos profesionales, en gran parte corruptos y casi
todos incompetentes, visión subjetiva que se corresponde
sustancialmente con la realidad objetiva. La
fuerte influencia del españolismo en nuestra sociedad, y la pequeña,
aunque progresiva influencia del castellanismo, condicionan que nuestra
gente esté a veces más pendiente de lo que ocurre en Cataluña o
Euskadi de lo que ocurre en la propia Castilla. En
este campo de las reformas estatutarias es sin embargo necesario, que
desde la IzCa, sepamos aprovechar esta coyuntura para dar un paso
adelante, en la denuncia del total abandono de Castilla por parte del
Estado Español. Para
ello hace falta una política de alianzas audaz, hay que saber sumar el
mayor número de fuerzas políticas, sociales, sindicales, culturales,
etc en esta tarea. Hay
que rechazar todo sectarismo, todo narcisismo político, que nos impida
hacer ese trabajo de construcción de un auténtico movimiento popular
castellano, plural y con capacidad real de incidir en nuestro propio
futuro, de cambiar la historia que ya nos tienen escrita desde el bloque
dominante español, que en lo referente a Castilla si que están
esencialmente de acuerdo sus dos fracciones fundamentales. Castilla
va a salir muy mal parada de todos los procesos de reformas políticas y
sociales, puestas en marcha en el Estado Español y en el marco de la
Unión Europea, si las clases populares no lo impedimos. Hablar
de la última oportunidad de un Pueblo, siempre pude parecer un poco
exagerado, pero realmente Castilla esta asistiendo seguramente a la
historia, de la que puede ser su última oportunidad. Castilla
tiene inmensas potencialidades, pero su pertenencia y su
condicionamiento al Estado Español, le impide desarrollar esas
potencialidades, y la condena a un papel absolutamente subsidiario en lo
político y de colonia interior en lo económico. Castilla
necesita como agua de Mayo su soberanía, su plena capacidad de decisión. Una
Castilla libre y soberana, nos permitirá poner en marcha aquellas
actuaciones políticas, sociales, económicas e internacionales que
realmente, que objetivamente, interesan al Pueblo Trabajador Castellano. No
podemos dejar pasar esta oportunidad, vamos a construir castellanismo,
vamos a dar voz a Castilla. Tenemos
que dar un paso real en la construcción de la autodeterminación, o lo
que es lo mismo en la articulación de nuestras fuerzas populares
propias. Castilla
ahora, o quizás nunca. Castilla
7 de julio de 2006 |
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