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Quienes lucharon contra la dictadura desde su comienzo
hasta su terminación merecen no sólo respeto, sino
también admiración y apoyo. Por eso es inaudito que
las víctimas del franquismo, quienes han sufrido
torturas e interminables años de cárcel tengan que
sufrir la humillación de pasar diariamente por delante
de los símbolos franquistas y comprobar que están en
los mismos sitios, como en los tiempos en los que el sádico
general regía con mano despótica los destinos del
Estado. Los hijos y familiares de los cientos de miles
de fusilados no merecen semejante oprobio.
Como consecuencia de la acción de protesta
antifascista, fueron detenidas cinco personas: Luis
Ocampo, Paulino Reyero, Juan Carlos Gómez, José
Antonio de Torre y Diego Estébanez. Las cuales salieron
24 horas después, tras prestar declaración en los
juzgados de Plaza de Castilla.
Durante la estancia en la Comisaría de Moratalaz, sede
de la Brigada de Información, se trató a los detenidos
como peligrosos enemigos del Estado. Varios de ellos han
declarado que notaron cómo los agentes tienen educación
fascista. Ninguno de los detenidos políticos fue objeto
de malos tratos tipificados en el código penal. Pero
todos ellos recibieron un trato desconsiderado.
Los policías estuvieron curioseando las agendas
personales, lo cual es una intromisión en la vida
privada de los detenidos y un atentado contra su
intimidad, sin relación ninguna con los hechos
investigados.
Las detenciones fueron más largas de lo necesario y se
utilizó la detención preventiva como un elemento de
castigo para que estuvieran 24 horas privados de
libertad.
Por otra parte, mientras estaban detenidos en comisaría
un "madero" silbaba el "Cara al
sol", con intención de provocarles.
Fueron despertados a las dos de la mañana para tomarles
las huellas dactilares y hacerles las fotos de la ficha
policial con el único objeto de interrumpirles el sueño.
Desnudan a los detenidos con la excusa de que pueden
esconder algún objeto entre sus ropas, pero la realidad
es que lo hacen para humillarlos.
Todas estas cosas siguen poniendo de manifiesto que
aquello que la policía considera un "buen trato a
los detenidos" sigue siendo un trato poco acorde
con un sistema democrático.
Al salir en libertad los cinco detenidos manifestaron a
las decenas de personas que se habían concentrado ante
los juzgados de la Plaza de Castilla, que les agradecían
su presencia y que también agradecían mucho los
numerosos testimonios de solidaridad que habían
recibido de diversos colectivos antifascistas de Madrid
y de otras partes de Castilla, lo cual les da ánimos
para afrontar el juicio en su día y para seguir
peleando juntos desde ya por la desaparición de todos
los símbolos fascistas de Castilla.
Por último empuñaron un pendón morado que se hallaba
unido a una bandera republicana tricolor y lo ondearon
en señal de respeto hacia quienes perdieron la vida en
la Guerra Civil combatiendo contra el fascismo.
El ayuntamiento neofranquista de Alvarez del Manzano ha
valorado en un millón de pesetas los gastos de la
limpieza de la estatua del dictador. Cantidad que a
todas luces parece exagerada y de la que la letrada
Doris Benegas ha comentado con ironía que "por ese
precio va a haber muchas empresas que querrán
participar en la limpieza". Por su parte Izquierda
Castellana se pregunta a cuánto ascienden los daños
morales de soportar la presencia de estos símbolos
fascistas en las ciudades.
En estos momentos lo que verdaderamente se debate es si
el régimen español es capaz de saldar sus deudas con
el pasado fascista o si va a poder más el
"corazoncito" del PP, partido que se siente íntimamente
unido a sus orígenes franquistas.
IZQUIERDA CASTELLANA
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