Castilla, la unidad en base a la identidad popular.


Obtenido de: Foro Castilla Libre
07/04/05

 

Para empezar, decir que estos comentarios que voy a exponer son a título personal, con el único afán de contribuir modestamente al controvertido tema de la territorialidad de Castilla de cara el importante papel que puede tener un proyecto castellano de futuro al que puedan adherirse las provincias que libre y democráticamente así lo consideren y pensando en una futura Europa de las nacionalidades.

A mi modo de ver la problemática de la territorialidad de Castilla es debido a varios factores. Entre ellos influye una excesiva identificación de la población hacia "lo provincial", demarcación de relativa reciente creación (Decreto de Javier de Burgos de 1833) pero que por diversas cuestiones han calado hondo entre la población (con anterioridad la identificación de la población hacia "lo comarcal" era lo existente, y de ahí lo montañés, manchego, riojano, alcarreño, charro, etc, como ejemplos de marcada identidad comarcal). Aceptando la demarcación provincial uno se pregunta ¿cómo pudo llegar a tener tanto éxito "lo provincial"?. Sin duda que esto se ha debido al empeño de los diferentes gobernantes a los que les interesó especialmente promocionar ese sentimiento provincial que pudo contribuir más fácilmente a la unidad del Estado que un sentimiento "nacional" diferenciado, y en el caso concreto de Castilla si esta tierra hubiera conservado un profundo sentimiento de identidad hubiera puesto en serio riesgo la existencia de la propia España. Como algunos opinan, el aumento de conciencia nacionalista en Castilla sería el principal problema que se le podría plantear a España y de esto han sido conscientes tanto los gobernantes del Estado español como los nacionalismo más asentados (Cataluña y Euskadi).

De ahí el empeño por parte del Estado de que Castilla no se mueva, de que Castilla no sea consciente de su carácter nacional. Esta ha sido la principal razón, a mi juicio, de la pérdida de la identidad nacional del pueblo castellano, una cuestión que no podemos achacar toda la culpa a los castellanos, sino al Estado al que le ha interesado tomar prestada la identidad de alguien (Castilla y Andalucía fundamentalmente) para poder crear una identidad que no existía como tal, la española, hasta el punto de que han conseguido que en buena manera los castellanos asumieran y que además estos se convirtieran en garantes de esa españolidad. Como diría alguno, primero te roban la cartera, te dejan sin un duro, secuestran tu identidad y después quieren que les defiendas y te pongas en su lugar, así de triste, un ejemplo claro de "síndrome de Estocolmo". Y en cambio ¿qué ha proporcionado España a Castilla?: despoblación, subdesarrollo y agonía como manifestara hace años el escritor Andrés Sorel. Sólo se salvó de la quema, como único territorio castellano Madrid, debido a su posición de privilegio como capital del Estado, el resto ya veis como quedó, ese es el precio que ha pagado Castilla por no poner en jaque al Estado.

Esto ha traído como consecuencia que el ciudadano castellano, por regla general, es primero de su provincia, y después castellano. Y este es el principal problema que surge cuando a finales de los años 70 y primeros de los 80 se constituye el estado autonómico y que afectó a la definición del territorio castellano. Este sentimiento provincial contribuyó a la desconfianza hacia otro tipo de organización territorial, tanto entre la ciudadanía como entre la clase política. Debido a esto el territorio de origen castellano se subdividió en cinco comunidades autónomas, pero podrían haber sido más toda vez que hubo intentos de constituirse más autonomías uniprovinciales. El momento político era especialmente delicado (operación Galaxia, 23-F), donde desde círculos de ultraderecha se veía con muy malos ojos la creación de un estado autonómico y esto podía hacer peligrar la democracia recientemente conseguida, razón que aceleró la constitución de las autonomías y que la formación de estas no se viera desde esos círculos como una amenaza a la "sacrosanta" unidad de España. En esa época los políticos no quisieron, no supieron o no se atrevieron a enfrentarse a una organización basada en federaciones o nacionalidades. Y así quedó como quedó, donde se constituyeron autonomías sin una nítida identidad "regional" ni por supuesto "nacional", y donde intervinieron más los asuntos económicos y el miedo que tenían las oligarquías locales a perder su preponderante posición de privilegio ante una nueva administración.

Pero esto en la actualidad cuando el debate de la organización territorial del Estado está en pleno auge, donde se habla de un futuro diferente en clave federal, y ante uan posible y futura Europa de las nacionalidades, estos territorios creados en muchos casos "para salir del paso", por cuestiones coyunturales del momento, por aspectos económicos, por rivalidades provinciales, por miedo a nuevos centralismos, por empecinamiento de los políticos locales, o por cuestiones de Estado, sin haber tenido en cuenta que el futuro podría ser de otra forma, lo que nos lleva a pensar que en cierta manera las 17 comunidades autónomas actuales difícilmente pueden ser trasladables a otro tipo de organización europea. Y estamos últimamente viendo ejemplos de como se empieza a hablar de "euroregiones" más amplias que las actuales autonomías, de la España "plurinacional", de enumeraciones de lo que son o no son nacionalidades o regiones, de "estado federal", etc, es decir de un mirar más allá, un quitarse la venda provincialista, autonomista y españolista.

Es de destacar que el éxito que tuvo el sentimiento provincial ha tenido un nuevo impulso con las provincias que que consiguieron convertirse en autonomías uniprovinciales. Parece claro que a nivel de identidad popular el paso de "lo provincial" a "lo autonómico-uniprovincial" era mucho más fácil de recorrer que el de construir identidad popular de "federación" o "nacionalidad" partiendo de "lo provincial", y la gran dificultad para que los ciudadanos pensaran en un proyecto común de progreso compartido con otras provincias donde todas pusieran de su parte.

Digamos que las autonomías uniprovinciales han jugado con ventaja respecto a las no uniprovinciales a la hora de que sus ciudadanos haya aumentado su identidad, debido a la herencia provincialista que viene de lejos, solamente había que cambiar el nombre de "lo provincial" por "lo autonómico" y ya estaba creada la nueva identidad.

En la actualidad algunas organizaciones que se autodenominan "nacionalistas" de estas provincias se vanaglorian del sentimiento autonomista existente en su tierra, pero no se dan cuenta de que en el fondo es el mismo sentimiento que ya existía promovido en épocas pasadas (provincianismo) pero llamándolo de otro modo (autonomismo, regionalismo, nacionalismo), es decir estos nuevos movimientos asumen la herencia provincialista de otros tiempos como nueva identidad y se adjudican sin darse cuenta los méritos de lo conseguido por el franquismo. Además manifestan con orgullo que su pueblo no es castellano porque la mayoría de la población no se siente castellana (es decir se siente de su provincia, como antes, como en el resto) y que sus habitantes mayoritariamente apoyaron la formación de su comunidad autónoma. Yo soy de los que dicen sí al derecho de autodeterminación pero con una cierta lógica. También los habitantes de otras provincias tienen una plena identificación con su provincia y hubiera apoyado lo mismo si es les hubiera dado la posibilidad de formar una autonomía, incluso las comarcas, todos se hubieran apuntado a ese nuevo invento, ¿quién iba a renunciar a semejante caramelo?, asumirían la nueva banderita, cambiarían la pegatina de "I love mi provincia" por el de "I love mi autonomía" en el coche, el que antes era alcalde o concejal ahora tendría la posibilidad de ser consejero, cargo evidentemente más goloso, etc, etc, y luego asistiríamos a la aparición de un nuevo nacionalismo y hasta un independentismo radical, y seguramente también tendrían su "aval" histórico, con rigor o sin rigor, siempre se podrá rastrear en una parte de la historia que con una particular visión abra una puerta a la búsqueda de la diferenciación con el vecino de al lado.

Estas situaciones pueden seguir produciéndose debido a que se sigue sin admitir a nivel de Estado la existencia del hecho nacional castellano, al afán provincialista de políticos locales, la actitud ante nuevos centralismos autonómicos, o el abandono que sufren ciertos territorios, puede desembocar en la aparición de nuevos fenómenos de este tipo.

Pero, volviendo al tema que nos ocupa, habría que hacerse una pregunta: ¿qué es Castilla?. Para intentar aclarar este interrogante y contribuir en lo posible a la definición del territorio castellano pensando en un futuro visto desde otros puntos de vista, un asunto que parece clave es el tema de la "identidad popular". ¿Quiénes se identifican como castellanos? y ¿quién no y por qué no?.

Por aquí se puede empezar a entender muchas cosas y se puede empezar a plantear la unidad de Castilla en varias velocidades, donde las diferentes provincias libre y democráticamente decidan federarse a otras con el fin de construir un futuro común ante nuevas situaciones. Como decía el escritor Luis López Álvarez nadie nos puede garantizar que el Estado español vaya a ser una realidad perpétua, y los castellanos tenemos que empezar a construir nuestra casa por lo que pueda venir, y aquí siempre tendremos la historia de nuestro lado, no necesitamos inventarnos nada, aunque algunos utilizando interesadas o sesgadas versiones de la historia hayan tenido que rastrear en lo más profundo en la búsqueda de elementos diferenciadores pero esto, a la larga, se caerá por su propio peso, si verdaderamente pretendemos construir una Europa de las nacionalidades.

Y es que si atendiéramos únicamente a las diferencias muy difícilmente se podrían establecer los límites de cualquier nacionalidad e idénticos problemas tendrían las naciones catalana, vasca o andaluza, por poner un ejemplo, y de esta forma volveríamos a las comarcas y a las provincias. Un ejemplo muy significativo es el de Escocia, donde desde las tierras altas del norte a la mitad sur existen diferencias tanto históricas, étnicas, religiosas y lingüísticas, y nadie duda de que ambas tierras son Escocia, o el ejemplo de Occitania donde en su gran extensión están perfectamente definidas las regiones que lo conforman (Aquitania, Languedoc, Auvernia, Provenza...) con su propia identidad regional, sus diferencias paisajísticas, su gran raigambre histórica, etc, pero son conscientes de que forman parte de un ente superior que es Occitania.

Pues bien, desde instancias oficiales autonómicas siempre se ha mirado el beneficio más inmediato, pero no se han parado a pensar que caminamos sin retorno hacia una Europa para la que posiblemente las autonomías españolas serán una mera anécdota de un momento concreto de la organización territorial del Estado, sin una compatibilidad posible de trasladar en una nueva Europa de las nacionalidades y no de los estados. Y es que resulta muy difícil de imaginar el papel que pueden ocupar comunidades autónomas uniprovinciales como Madrid, Cantabria o La Rioja en una futura Europa entendida de otra forma, en la que territorios de la entidad de Baviera, Castilla, Occitania, Inglaterra, Escocia, Aragón, Flandes, Países Catalanes, Andalucía, País Vasco, Bretaña, y otros tantos puebos, pueden o deben tener un peso específico en otra forma de entender la realidad europea.

Haciendo un repaso a los distintos territorios o provincias que en principio pueden tener un origen o una asimiliación a "lo castellano", desde mi punto de vista habría que tener en cuenta algunas consideraciones:
Primero estarían un conjunto de provincias donde el sentimiento de identidad castellana en principio no tendría dudas, hayan pertenecido a un reino o a otro en unas épocas u otras, y serían en mi opinión once: Ávila, Burgos, Palencia, Segovia, Soria y Valladolid (en la Castilla norte), y Albacete, Ciudad Real, Cuenca, Guadalajara y Toledo (en la Castilla sur). En estas provincias hay un claro sentimiento provincial (como en la mayoría) pero sus ciudadanos son conscientes claramente de que son además castellanos, y este sentimiento está más o menos asentado en el sentir mayoritario (algunos podrán argumentar una cierta identidad manchega, pero ese sentimiento es plenamente comarcal o regional entendido sólo como elemento geográfico y no histórico, como el que pueden tener los habitantes de la Tierra de Campos, sin por ello dejar de ser castellanos).

Otro segundo grupo de provincias serían aquellas en las que modernamente han influido otros aspectos para una cierta pérdida de identidad castellana pro solapamiento ante una nueva situación administrativa, y me refiero a Madrid y a La Rioja. En la primera de ellas el hecho de ser la capital del Estado y con posterioridad convertirse en comunidad autónoma, y en la segunda este último hecho. Estas situaciones han creado entre su población en el fondo un "no saber que somos" y a que esa reciente nueva denominación de su provincia haya derivado en un alejamiento de sus verdaderas raíces castellanas y un reimpulso a la identidad provincial o regional. Pero en estas provincias no ha podido surgir un marcado madrileñismo o riojanismo con una argumentación solvente por esa evidencia de fondo de su auténtica castellanidad, de esa conciencia que pervive de que "somos o fuimos castellanos".

Desde cualquier punto de vista histórico, no puede haber ninguna duda de que Madrid es parte esencial de la Castilla sur, de la que conocimos como Castilla la Nueva, y su carácter cosmopolita no es óbice para que su esencia sea castellana y se convierta en el verdadero motor que contribuya a la unidad castellana (un caso similar puede ser el de Barcelona, y sin embargo nadie duda de su catalanidad), donde a su población le iría mejor si se preocuparan en ser menos madrileños y más castellanos y empezaran a mirar de reojo a España, como señalaba el escritor y guionista Ray Loriga en un reciente artículo en diario "El País".

Respecto a La Rioja (cuyo nombre en realidad es el de una de las comarcas de la antigua provincia de Logroño), esta provincia puede ser región autónoma, pero de Castilla, porque por lógica nunca podrá llegar a tener otro tipo de estatus federal o nacional diferenciado de Castilla ante una Europa de las nacionalidades. Quizás en estas provincias los sectores más conscientes de esta realidad y mirando al futuro deberían incidir en una labor pedagógica para hacer ver a sus habitantes que serán madrileños o riojanos, que serán comunidades o regiones autónomas, pero que además son castellanos y en realidad forman parte de un ente superior que es Castilla.

En un tercer grupo estaría Cantabria (la antigua provincia de Santander) donde tras convertirse en comunidad autónoma uniprovincial, el asunto de la identidad sería similar a Madrid y La Rioja pero con alguna diferencia. Aquí sus ciudadanos han asimilado con más fuerza el carácter autonómico (este es el más claro ejemplo de lo que mencionaba antes sobre la mayor facilidad para que un sentimiento provincial se convierta en regional) por esa peculiaridad geográfica y climatológica que les diferencia del resto de las provincias castellanas, y a ciertos elementos que algunos toman como diferenciadores con Castilla cuando en realidad ahí está la esencia de "lo castellano", la del origen de Castilla, y así lo ha puesto de manifiesto la historia desde siempre (salvo las nuevas reinterpretaciones de la historia que desde una visión cantabrista subrayan únicamente los aspectos diferenciadores). Si bien una parte de la población cántabra es consciente de que además de cántabros en el fondo también "son castellanos" o "fueron castellanos", también es cierto que hay un sentimiento mayoritario hacia "lo cántabro" impulsado desde las instancias oficiales autonómicas. Por otra parte desde el resto de Castilla se sigue manteniendo ese sano anhelo de la castellanidad de Cantabria a los que consideramos "hermanos" (el propio presidente cántabro Revilla también denominó como "hermanos" a los castellanos en su última visita a Castilla y León), y este sentimiento hacia Cantabria desde el resto de las provincias es de amistad y hermandad sincera, que incluso lleva a que muchos sintamos algo muy especial por la tierra cántabra, un poc lo que sienten el resto de ciudadanos vascos hacia Navarra. No obstante, y teniendo en cuenta la realidad de ese sentimiento cántabro, esto me lleva a pensar que en el caso de Cantabria las posturas favorables a la unidad de Castilla deberían plantearse de forma diferente, olvidándose de situaciones enfrentadas y apelar a la colaboración entre administraciones, entre formaciones políticas, entre asociaciones, entre los ciudadanos, es decir trabajr en la búsqueda de un futuro mejor qeu beneficiaría, juntos o separados, tanto a Cantabria como al resto, y el futuro nos dirá a todos cual es el mejor estatus para ambas tierras, toda vez que el progreso tanto de unos territorios como de otros pasa irremediablemente por las buenas relaciones y la colaboración mutua, hay muchos intereses en común y estos son incluso más evidentes para Cantabria.

Un cuarto grupo de provincias sería el constituido por Zamora y Salamanca. Si bien es cierto que estas dos provincias formaron parte del antiguo Reino de León, la población mayoritaria de estas dos provincias (siempre habrá alguna excepción) ha percibido la similitud de unas tierras y otras en todos los aspectos, en definitiva la identidad popular mayoritaria es hacia "lo castellano". Salamanca se vanagloria de ser el más claro referente cultural de la lengua castellana y sobra comentar la idea de castellanidad de Salamanca que tienen sus habitantes y que permiten pensar que sus ciudadanos muy difícilmente quieran renunciar a esa castellanidad, ellos no encuentran diferencias con sus vecinos vallisoletanos y abulenses. De todas formas con el fin de evitar toda suspicacia desde posiciones leonesistas podría ser conveniente la celebración de un referéndum en ambas provincias que ratificara este sentimiento.

Por último estaría el asunto de la provincia de León, donde parece bastante claro que la mayoría de su población no se siente castellana. Aquí entra en juego el nombre del antiguo reino que ha conservado esta provincia y que tanto poso ha dejado en ella. Como manifestaba en 1995 el sociólogo de origen zamorano Antonio Hernández Sánchez: "el leonesismo, por ejemplo, se basa en que su tierra presenta una serie de características que la distinguen claramente de Castilla. Para ellos, se trata de una "provincia-región", que tuvo en el pasado vida histórica singular y que actualmente se caracterizaría por perfiles económicos y sociales propios. En este sentido, la realidad la percibían desde la introversión y lo propio lo perciben en sentido exclusivo, todo ello basado en actitudes egocéntricas. Habría una notoria incapacidad para advertir y sintonizar con las identidades semejantes en provincias próximas. Las actitudes alocéntricas estarían disminuídas en este sentido. Se trata, en definitiva, de una mentalidad localista de corte provinciano, que contempla los problemas desde el punto de vista particularista". Así se manifestaba este sociólogo. No hay más que decir, esto nos da respuesta a muchas cuestiones sobre la peculiar forma de actuar del leonesismo, ese conseguir las cosas echando la culpa al vecino, ese cegarse con el "enemigo" equivocado, y de ahí la incomprensión que del leonesismo tienen los auténticos movimientos de liberación popular. En fin ellos sabrán, pero con facilidad encontrarán otro "enemigo" imaginario cuando no puedan echar la culpa a Valladolid y a los castellanos. Aceptando esta realidad leonesa y por tanto desde posiciones que buscan una unidad territorial castellana creo que se tiene que olvidar definitivamente a esta provincia y que ellos decidan su futuro. Bien es cierto que alguna comarca leonesa como Tierra de Campos (comarca compartida con Palencia, Valladolid y Zamora) se podría plantear un problema respecto a que sus ciudadanos quisieran la unidad a Castilla toda vez que en principio parece poco razonable una ruptura de la identidad comarcal de la Tierra de Campos y esto podría ser un tema que podría surgir.

Mención aparte estarían otros territorios o comarcas con ciertas peculiaridades. Por un lado la comarca de Requena y Utiel (perteneciente a la provincia de Valencia) y el Condado de Treviño (perteneciente a la provincia de Burgos).

Respecto al Altiplano de Requena y Utiel parece claro que esta comarca comparte culturalmente las raíces castellanas y que en una parte de su población hay también un cierto anhelo de su castellanidad, una castellanidad amenazada al encontrarse bajo una administración autonómica que lógicamente fomenta su lengua propia. En este caso también sería razonable buscar la solución a los problemas de esta comarca, si desean incorporarse a Cuenca o por el contrario prefieren continuar en la provincia de Valencia, si bien aquí las cuestiones puramente económicas pueden desnivelar la balanza a favor de éstas en detrimento de las raíces culturales e históricas. No obstante de seguir perteneciendo a Valencia sería conveniente que desde dicha administración se respetara la singularidad y la cultura castellana de esta comarca.

Estas mismas cuestiones son el eje de la problemática con respecto al Condado de Treviño. Si bien desde ciertas posiciones estrictamente históricas parece evidente que Treviño siempre perteneció a Castilla, no se puede obviar el hecho de que el ser un territorio integrado en el corazón de la provincia de Álava y además a pocos kilómetros de la capital vasca, con la que mantienen una plena relación comercial y social, ha motivado que sus habitantes prefieran pertenecer a lo que está más cerca, y este es un sentimiento en parte lógico, el vecino rico le tienes al lado y los tuyos están más lejos y además no te facilitan las cosas (por esta razón alguien llegó a decir que los treviñeses tienen el corazón en Burgos y la cartera en Vitoria). Además un territorio inserto en un país que cuenta con una lengua propia (el euskera) bloque en cierta medida las aspiraciones profesionales de los ciudadanos treviñeses si no deciden aprender esta lengua. Sin duda a los treviñeses el futuro se les pone más fácil perteneciendo al País Vasco que a Castilla, si bien aquí han tenido mucha culpa los distintos gobernantes castellanos y estatales que han olvidado los problemas de los ciudadanos del condado y no se han preocupado nunca (ahora parece que empiezan a enterarse) de crear una gran infraestructura administrativa, educativa y de servicios, unas inversiones y proyectos modernos que conviertan a esa "puerta europea de Castilla" que es Miranda de Ebro, en ese referente que cumpliera con todos los requierimientos de la población de las comarcas del norte de Burgos y a su vez de la población treviñesa. Y como esto no se ha hecho por dejadez pues naturalmente los treviñeses lo han buscado en el País Vasco. En este caso concreto también sería conveniente a mi modo de ver la celebración de un referéndum que aclare la situación como ha venido pidiendo buena parte de la población del condado, si bien aquí la polémica estaría servida porque es sabido que Treviño cada día es más vasco y menos castellano ya que en el condado, por su cercanía, cada día instalan su residencia más ciudadanos de Vitoria y este hecho podria hacer cuestionarse la verdadera legitimidad de una consulta popular de este tipo. En fin un asunto bastante espinoso pero que por el bien de sus ciudadanos debe resolverse cuanto antes, aceptando la voluntad de la ciudadanía, porque tomar posturas intransigentes respecto a Treviño no conducirían a nada. Lo que si deberíamos reclamar los castellanos es que nuestros gobernantes trabajen para que Miranda de Ebro se convierta a todos los niveles en ese centro vital para todas las comarcas del norte burgalés.

En definitiva y para acabar, creo que asumiendo la pérdida general de identidad del pueblo castellano, por las cuestiones aquí apuntadas, sería más factible empezar a pensar en la unidad castellana. Pero esta pérdida de identidad de algunos territorios no puede suponer un freno, nadie es imprescindible y menos si no tiene ilusión en participar en un proyecto común de futuro para la nación castellana. Ya habrá otros momentos, otras situaciones, en las que quizás los ciudadanos de ciertos territorios tendrán que hacer una reflexión sobre a donde van o hacia donde camina su tierra, y posiblemente ese momento esté más cerca de lo que algunos se imaginan.

Saludos a tod@s