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La
lengua de Castilla ya tiene nombre: castellano y no español.
Hace unos veinte siglos, el Imperio Romano había culminado la
conquista de la Península Ibérica. Después de la invasión,
los romanos intentaron colonizar el territorio. Para ello,
necesitaban que la población asimilara su civilización, ideas
y costumbres. La tarea de transmisión de la ideología del
Imperio se hacía imposible si no se hablaba la misma lengua. Y
es que, la historia, la cultura de un pueblo van unidas a su
lengua.
Los
pueblos peninsulares ya tenían historia, culturas y lenguas
propias. El imperio impuso el latín en su afán de hacer suyo
un territorio que no les pertenecía. Pero, el latín aprendido,
poco tenía que ver con el que hablaban y escribían los
eruditos romanos. Se había transmitido la lengua incorrecta que
hablaban coloquialmente soldados y colonos. Además, nuestros
indígenas mezclaban este latín con su propia lengua, a través
de la cual habían aprendido a conocer su mundo y a comunicarse
con él. De esta mezcolanza surgieron, en el mismo momento de la
romanización, las distintas hablas romances.
Allá
por el siglo X, aparecieron los primeros escritos en romance. La
falta de conocimientos del latín y el hecho de que ya no se
pensase ni se sintiese en dicha lengua, llevó a los pocos
ilustrados de la época a expresar lo cotidiano en su lengua románica.
En estos primeros romances, se sitúa el germen del castellano.
Surgió en las montañas de Santander, en la frontera oriental
del reino asturiano.
Dos
siglos antes, había aparecido por primera vez en un documento
la palabra «Castilla» para designar un espacio que abarcaba
desde la parte sur de los Montes Cantábricos hasta Villarcayo.
Esta
lengua emergió en una zona de confluencias de distintos
pueblos. Es por ello, que en el castellano antiguo se distinguen
tres zonas de influencia: el habla de la montaña cántabra, con
algunos rasgos vascos; el habla navarro-riojana y la burgalesa.
Castilla
tenía ya por aquellas fechas, la suficiente entidad social,
cultural y política para que los reinos vecinos, por
conveniencia y no por imposición, aceptasen poco a poco sus
modelos lingüísticos. En los siglos siguientes, la expansión
del castellano fue fruto de una sociedad abierta, arriesgada,...
se propagó aceptando, asimilando, dando participación....
fundió sus raíces con el burgalés, con el toledano de origen
mozárabe, con el leonés.... Como consecuencia de un idioma que
evoluciona, cada nueva generación -conglomerado de hablantes
con distintas modalidades- abandona unos rasgos y adquiere
otros.
La
lengua castellana es obra de integración. "Se hace lengua
hablándola,... se habla creando". La lengua, como algo
vivo, reflejo de la realidad de sus usuarios, no puede darse por
constituida definitivamente. Castilla no es la misma hoy que
hace 100, 500, o 1000 años y espejo de esto es el castellano.
Hasta
finales de la Edad Media, el castellano, ya considerado como
lengua oficial de Castilla, continuaba formándose libremente;
con el único objetivo de servir de instrumento de comunicación
a sus hablantes y escritores. Fue a partir del
"descubrimiento de América" cuando nuestra lengua es
utilizada como instrumento de dominación. Poco después, el 18
de agosto de 1492, aparece nuestra primera gramática titulada
"El arte de la lengua castellana". El propósito
principal de su autor, Antonio Nebrija, fue la fijación de la
lengua para hacer de ella un riguroso instrumento de comunicación
y creación. Pero también vio su utilidad como instrumento de
dominación política. Así, decía Nebrija: "la lengua es
ante todo un instrumento de cultura, pero también un
instrumento al servicio de la corona"; "siempre la
lengua fue compañera del Imperio". En estos términos, el
vencedor impone las leyes al vencido, y junto con éstas, su
lengua.
Transcurriendo
los siglos XVI y XVII, aparecen los primeros documentos que
emplean el término "español" para referirse a la
lengua hablada en "España". Tal uso llegó de Europa.
Pero, por aquel entonces, la palabra "España" no tenía
el sentido político que hoy se le atribuye. Con él se aludía
a toda la Península Ibérica, incluido el "Reino de
Portugal". Sugería más bien una referencia geográfica.
El
españolismo, como doctrina política, no surge hasta el siglo
XVIII y aún en el siglo XIX no tiene bien perfilados sus límites
geográficos como nación. Tal nombre se aplicaba a nuestra
lengua por simplificación. De hecho, "la Real Academia de
la Lengua", desde su fundación en 1713, aunque contagiada
de un españolismo bien notorio, llamó castellano a nuestro
idioma hasta el año 1923, fecha en que ya Castilla era un país
sometido al caciquismo.
La
consolidación de la doctrina política española, centralista y
uniformadora, se lleva a cabo intentando convertir en nación única
un espacio plurinacional. Pero, una nación, un pueblo, para ser
identificado como tal, necesita de una cultura, una tradición....
una lengua. "España" nunca existió como pueblo. Fue
la alianza de terratenientes y oligarcas la que creo un mercado
unificado y a ese emporio comercial y político quisieron darle
el nombre de España.
Este
estado artificial, creado por intereses, necesitaba parecer una
nación. Al no existir, no tenía ni cultura, ni lengua, ni
historia. Donde antes coexistían distintos pueblos que
conservaban sus propias leyes e instituciones, sus propias
culturas y lenguas, crearon una administración centralizada y
anuladora de toda diferencia. En su ideario, las culturas de los
distintos pueblos, y con la castellana a la cabeza, se
convierten en españolas. Y, como una nación siempre tiene una
lengua que la identifica, no podían permitirse la convivencia
de distintos idiomas. Se apropiaron del castellano para
utilizarlo como instrumento de dominación política. Los mismos
intereses que habían llevado a estos oligarcas a imponer una
nación artificial, les guiaron para cambiar de nombre a la
lengua usurpada.
Las
distintas lenguas del "Estado español" se
prohibieron. Parecía que ahora la historia no era algo vivido,
reflejo de la realidad de un pueblo, sino algo que se inventaba
según conviniera. La historia de nuestra lengua, de nuestro
pueblo, pasaba de la creación a la invención: de Castilla a
España, del castellano al español. Castilla se convirtió en
una víctima más del españolismo, pero quizá fue la peor
parada. Además de anular nuestra cultura, nos arrebataron ese
elemento comunicador y creador que da cohesión e identidad a un
pueblo. Identificaron nuestra lengua con intereses que nada tenían
que ver con el pueblo castellano.
Desde
la «oficialidad», se intenta justificar el nombre de
"lengua española" con alegatos que contradicen lo que
defienden. Según estos defensores del "español", la
lengua de Castilla se convirtió en española al traspasar sus
fronteras, por no ser excluyente; ya que se habla en muchas
comunidades políticas distintas, se utiliza el "español"
en vez del castellano como convergencia que pueda garantizar la
comunicación. Pero, si, según ellos, "España" es
"una de esas 20 comunidades políticas" que utilizan
nuestra lengua, las 19 restantes no son "españolas".
La mayoría de esas comunidades políticas son americanas; y, América
no es "España". A no ser que se denomine "lengua
española" por un intento de proseguir con la colonización,
ahora en lo idiomático, como forma de transmitir una ideología
y unos intereses.
Así,
cuando se independizaron algunas repúblicas americanas, existía
un miedo a la fragmentación del "español", como había
ocurrido con el latín a la caída del Imperio Romano. ¿A que
respondía tanto temor ante la posibilidad de que cada pueblo
adoptase libremente su fomia de expresarse?.
Desde
los tiempos modernos, el Imperio devoró Castilla. Una de sus
armas fue nuestra lengua, utilizada por los colonizadores para
imponer su poder. A decir verdad, la lengua "española"
no cruzó fronteras, las asaltó. Se obligaba a los distintos
pueblos a comunicarse en un idioma que no era el suyo. Ellos,
muy a su pesar, contribuyeron al enriquecimiento del castellano.
Ya
es hora de desenmascarar a los que tanto daño nos han hecho y
nos están haciendo. Reflexionemos sobre nuestra historia y
distingamos lo creado por nuestro pueblo y lo inventado para
dominamos. Hoy, nuestra lengua es utilizada por los medios
oficiales "españoles" como un instrumento más, junto
a otros, como la atomización y división de Castilla en varias
comunidades autónomas, para la negación del propio hecho
nacional castellano y de nuestra identidad como pueblo.
Como
nacionalistas castellanos, no creemos que nuestra cultura,
nuestra lengua, sea superior a la de ningún otro pueblo; pero,
la lengua castellana es nuestra historia pasada, presente y será
la futura. Nuestra obligación es defender el patrimonio de
nuestra tierra. El castellano seguirá evolucionando con
nosotros, con nuestro pueblo, y con todos los que respetándolo
quieran utilizarlo como instrumento de comunicación y creación.
José
Luis de las Heras
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