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Dado el acoso implacable que sufrimos hoy quienes intentamos
oponernos de algún modo al sistema político, social y económico
que no quiere dejar ni un resquicio fuera de su pensamiento único
y de su sitema global, sería una cobardía y una claudicación
callar este 20 de noviembre, pero sería también ponérselo fácil,
caer en su trampa, el exponernos a que nos machaquen.
Hay
que asumir las realidades objetivas, que para desgracia de
nuestro momento pintan bastos, y cuando se quiere encarcelar al
presidente del parlamento vasco por defender la libertad de
expresión de un tercio de su ciudadanía en su propio
parlamento, cuando se amenaza con el uso terrorista de la fuerza
militar española preventivamente contra lo que el imperio
considere una amenaza, siguiendo la estela protectora de lo que
hace impúnemente el propio gobierno Bush, o su aventajado retoño
israelí, hay que ser firmes en las convicciones pero
inteligentes en las tácticas.
Y
este próximo 20 de Noviembre lo más hábil se nos ocurre que
sea una demostración lo más cívica posible, con gente de
todas las edades, que señale, desde la abundante evidencia histórica
sobre el caso, que el franquismo fue genocida, que sus herederos
en el gobierno actual de España lo quieren ocultar, que ese
fascismo enlaza con el actual, tanto de los tolerados grupos
nazis callejeros como de las institucionales presencias
ofensivas de los símbolos que ensalzan en nuestras calles a los
asesinos, y que unos y otros se dan la mano con el neofascismo
del imperio yanki y sus aliados, pisoteando permanentemente
cualquier vestigio de legalidad internacional.
Se
trataría de unir un espectro amplio, de denuncia sobre estos mínimos,
recuperando la memoria histórica, tan maltratada por el poder
pero tan activa y tan aceptada por la mayoría de la población,
por mucho que les pese a los de siempre. Desde este enfoque no
hay además un problema de dimensión: los pocos, lo
testimonial, es tan digno como lo masivo, y evitamos así el
riesgo de quedar además de apaleados reducidos a ser
presentados como grupos marginales, en el peor sentido de la
palabra: ajenos a la realidad social, a la voluntad de los
grupos sociales amplios con los que queremos conectar.
Estropeémosles la foto que esperan: la de la "kale
borroka en el Rastro". Es más fácil y más eficaz.
Salud
y a ello.
Izquierda
Castellana.
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