¿ESPAÑOLES
Y REVOLUCIONARIOS EN EL SXXI?.Es momento de clarificación
ideológica.
Si algo nos enseña
el largo proceso de resistencia política contra el intento de
imposición del Régimen post-franquista,
Monárquico-Borbónico, es que esa articulación
de la resistencia sólo tiene un camino eficaz, partir de la
identidad específica de cada una de las realidades nacionales
hoy dominadas por el Estado Español.
L@s revolucionari@s,
no podemos confundir la flexibilidad, la comprensión
dialéctica de la realidad con la ambigüedad y/o el
eclecticismo.
L@s revolucionari@s,
tenemos la obligación de investigar y conocer la realidad que
nos rodea, sacar conclusiones operativas de ese conocimiento y ser
capaces de elaborar estrategias claras y firmes; y tácticas
adecuadas a cada coyuntura política concreta.
El ámbito de
organización de las fuerzas de la revolución, el
ámbito de organización de las fuerzas populares, es
una cuestión estratégica de primer orden y sobre ella
hay que tener tremenda claridad, no se puede adoptar una posición
de ''ya veremos'', ''las cosas son cambiantes'',''dependerá
de...''. Eso es puro oportunismo ideológico, o en el mejor de
los casos confusionismo total.
Esas consideraciones
sirven para una cuestión táctica, que ciertamente es
variable y depende de la coyuntura, pero no es válida para
resolver una cuestión estratégica de primer orden.
Si comprendemos el
carácter opresor e imperialista del proyecto nacional
español, si comprendemos que el Estado Español
tiene como objetivo principal garantizar el mantenimiento de ese
proyecto.
Si comprendemos que obviamente hay un proyecto nacional-español, de carácter opresor para el conjunto de Naciones y Pueblos existentes bajo su jurisdicción, y que nos toca sufrir día a día.
Si comprendemos que ese proyecto nacional-español tiene un claro carácter de clase y de género, es decir es el proyecto nacional-estatal que sirve esencialmente a los intereses de la gran burguesía española y a sus diversos instrumentos de dominación.
Si comprendemos estas cuestiones, deberíamos de asumir que en los Pueblos del Estado Español es imposible avanzar en la construcción de un movimiento popular, sin vincular la lucha por los derechos nacionales con la lucha social y la lucha de género. Eso es la lucha de clases en nuestro marco.
Si comprendemos
que los aparatos armados del Estado y especialmente la doctrina
militar del ejército español y su reflejo en la
constitución de 1978, tienen como finalidad casi exclusiva el
mantenimiento de ese proyecto nacional-imperial, aún en
contra de la opinión mayoritaria de los Pueblos hoy
dependientes del Estado.
Si comprendemos que
no puede haber avances serios en la lucha de clases y de género
en los diversos Pueblos del Estado sin romper ese cinturón
represivo que significa el Estado Español.
Si comprendemos que
la experiencia de la llamada ''izquierda revolucionaria estatal''
(P.T., M.C., L.C.R...) en los años setenta y primeros de los
ochenta, es decir cuando se inicia el proceso de resistencia a la
maniobra de imposición del actual Régimen
post-franquista, que contó con el apoyo de la
socialdemocracia europea y del imperialismo yanki especialmente a
través de la CIA, fue simplemente patética, a pesar de
la gran base militante de la que partían esas organizaciones,
pero con unas direcciones absolutamente incapaces de elaborar una
estrategia alternativa a la del bloque dominante español, con
el que colaboraba en estrecha alianza la izquierda española
reformista especialmente el PCE, convirtiéndose de hecho en
legitimadores, también la llamada izquierda revolucionaria
española, eso si desde posiciones hipercríticas, del
proceso de reforma política del Régimen Franquista.
Las posiciones del
PCE de claudicación son bien conocidas, no ya durante la
transición si no bastante antes, durante la última
etapa del franquismo, baste recordar por ejemplo la condena ante la
eliminación de Carrero Blanco, o la oposición frontal
a cualquier tipo de movilización popular para impedir la
ejecución de Salvador Puig Antich en 1974 o la de los tres
militantes del FRAP y dos de ETA el 27 de septiembre de 1975.
Quizás son
menos conocidas y por eso es más necesario recordarlas, las
claudicaciones de esa autodenominada ''izquierda revolucionaria
española'', que aceptaba entrar en cualquier migaja de
negociación que el bloque dominante español les
ofrecía, como por ejemplo las famosas preautonomías,
legitimando de facto todo el proceso de reforma.
Mientras los
movimientos nacional-populares, los movimientos patrióticos,
especialmente en Euskal Herria y Galicia, se enfrentaban en la calle
con el Sistema y su proceso de transmutación, exigiendo un
auténtico y real proceso democrático, es decir de
ruptura con el Franquismo.
Pues bien, si se
conoce y se comprende suficientemente todo eso, desde el campo
revolucionario no se puede seguir mareando la perdiz, sobre el marco
principal de construcción de las fuerzas de la revolución.
El análisis
teórico-político objetivo y la experiencia de la lucha
en estos últimos treinta años, nos da una respuesta
clara, contundente, a esa pregunta.
El marco principal
es el de cada Nación, el de cada Pueblo del Estado Español.
Salvo que ante esta
nueva oportunidad de conseguir una ruptura política con este
Régimen heredado del Franquismo, se quieran volver a
cometer los mismos errores que en los primeros años de la
transición, pero esto ya sería muy grave, en aquel
caso se pudo achacar en parte a la inexperiencia, al
desconocimiento, pero en esta ocasión sólo se podrá
achacar a la mala fe, a la intención de desviar al movimiento
popular de su auténtico camino. Eso sí aunque se haga
con una fraseología tremendamente izquierdista,
anticapitalista y obrerista, que eso también ya lo hemos
vivido; y desde luego hay auténticos expertos en esas
artimañas.
Son aquellos que
reclaman medidas cuanto más radicales mejor en la teoría
y en el verbo, pero que en la práctica no hacen nada
significativo para impedir que el bloque dominante actual se
salga con la suya. En el segundo quinquenio de los años
setenta, nos hablaban de la socialización total, de acabar
con toda opresión y explotación, vamos del ''paraíso
terrenal'', pero en la práctica su actividad legitimaba
estratégicamente la imposición del Régimen
Borbónico que aún hoy sufrimos.
En los últimos
tiempos estamos asistiendo a una ofensiva ''del españolismo
de izquierdas'', con una cierta sutileza, adoptando formalmente
alguno de los valores de los movimientos nacional-populares, sin
entrar en el fondo del asunto. Y el fondo del asunto es lo que antes
señalábamos por un lado y por otro la concepción
del derecho de autodeterminación, no como una cuestión
formal sino como un proceso de autoorganización y de
acumulación de las propias fuerzas populares.
No hay que olvidar
por supuesto que los diversos Pueblos del Estado tenemos un enemigo
común inmediato, el Estado Español y el bloque
dominante al que sirve; y esa realidad requiere un importante grado
de coordinación y apoyo mutuo entre las diferentes luchas
nacional-populares, para conseguir resultados determinantes, pero
partiendo de la soberanía de cada una de ellas, no mediante
el intento de imposición de una estrategia única y
uniformizadora que históricamente se ha demostrado inútil
desde el punto de vista revolucionario.
Hoy la situación
social y política en Castilla, en el Estado Español y
en general a nivel internacional, esta llena de dificultades pero
también de posibilidades.
A nivel
internacional el proyecto imperialista, hoy aún hegemónico,
sufre serios reveses.
En Latino América, con dificultades, pero va avanzando la construcción de un bloque antiimperialista, patriótico y libertario, que ya no es solo de Resistencia, si no de construcción de una auténtica alternativa.
El Estado Español,
esta demostrando cada vez con más evidencia su carácter
de eslabón débil del capitalismo europeo occidental,
el gobierno de Zapatero en su proceso de derechización no
conseguirá si no la desafección de cada vez más
sectores populares de las diversas naciones del Estado, al actual
Régimen.
En Castilla los
movimientos sociales están demostrando un gran vigor y una
gran capacidad de respuesta en cuestiones parciales pero cada vez
mas en cuestiones globales, que cuestionan al Sistema como tal, el
movimiento antifascista es un buen ejemplo de lo que decimos.
Por otro lado por
primera vez en nuestra historia reciente como Pueblo, estamos
asistiendo a un proceso de debate y a una progresiva compresión
en el movimiento popular, de Castilla como formación social
especifica, y por tanto sujeto de una estrategia revolucionaria
propia.
Hay que confiar en
la gente, en su capacidad de lucha, en su capacidad de comprensión
y de apoyo a una linea justa de trabajo.
Pero para que la
gente luche y apoye una línea clara de trabajo, tiene que
existir esa táctica y esa estrategia clara. Si se siembra
confusión y desconfianza entre las propias fuerzas, no se
puede recoger nada bueno.
Desde la IzCa, y
esperamos que desde el conjunto del movimiento popular castellano,
nos movemos sobre la base de estos planteamientos ideológicos
y políticos, la situación no esta para perder el
tiempo en debates de salón.
Por supuesto esta
filosofía política impregna toda nuestra actividad,
incluyendo la lucha contra el fascismo y contra la Monarquía.
En la lucha contra
el Régimen Monárquico nos deberíamos de
encontrar tod@s l@s antifascistas, y ese debería de ser un
gran objetivo táctico para los movimientos populares de las
diversas naciones del Estado.
En la lucha por la República ciertamente las cosas ya no son exactamente igual, la lucha por el cambio republicano, si realmente queremos llevarlo adelante tendrá que partir precisamente de la realidad de los movimientos populares de cada nación.
Posiblemente en el
SXIX cuando se estaba configurando el actual proyecto nacional
español, hubo la opción de construir tal proyecto con
un contenido político de otras características menos
reaccionarias.
La realidad histórica hoy es que la construcción de ese proyecto nacional, fue hegemoneizado por las fuerzas de la reacción, hoy ya es demasiado tarde para replantearse su reconstrucción desde otra perspectiva.
El Régimen
Franquista fue la expresión nítidamente fascista del
proyecto nacional español.
El actual Régimen Monárquico – Borbónico es la expresión de todo lo lejos que puede llegar la organización democrática y social bajo un proyecto nacional – español.
Volviendo con la interrogante que daba título a este artículo: ¿Se puede ser español y revolucionario en el SXXI?. Hacerse esta pregunta es similar ha hacerse la siguiente ¿Se puede ser imperialista y revolucionario a la vez?. Obviamente la respuesta es no.
Luis Ocampo.
Castilla
20 de noviembre de 2008