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| LAS PROTESTAS CONTRA BOLONIA Y LA “RADICALIDAD BURGUESA” |
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| viernes, 17 de noviembre de 2006 | |
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El día 16 de noviembre de 2006 se producían unos sucesos lamentables en la Universidad Autónoma de Madrid. Con motivo de la Huelga Europea de estudiantes, piquetes violentos insultaban a otros estudiantes, destruían infraestructura universitaria y creaban un ambiente de hostilidad hacia el movimiento contra los acuerdos de Bolonia. La declaración de Bolonia es el peor ataque a la educación pública que se han realizado en la historia de la Unión Europea. Bajo un maquillaje de tímida mejora educativa (que ni si quiera se especifica en que términos se va a desarrollar), se inicia la entrada masiva de capital privado en la universidad y consecuentemente de la intrusión de directivos de estos organismos en los órganos de gobierno y gestión universitaria .En la práctica empresas de diversas procedencias pueden influir en los planes de estudio y crear una educación a la medida de las necesidades de los empresarios (que no de la sociedad como se viene diciendo). Esto, si tomamos un poco de perspectiva, no nos debería extrañar dado el proceso de mercantilización de todos los servicios públicos en Europa. Los servicios dejan de ser pensados para servir al ciudadano y se diseñan para crear beneficios al tejido empresarial, da igual que hablemos de gas, telefonía, educación o sanidad.
La situación es grave y la movilización es necesaria, pero estos grupos no hacen otra cosa que causar reacción negativa entre los jóvenes que podrían ser aliados en la lucha contra la Europa del Capital. Pero ¿que mueve a estos grupos a comportarse de esta manera? Si bien el uso de la acción directa es defendible en muchos casos, estos grupos se dedican a criticar y reventar la actividad de los movimientos sociales (incluso de corte autónomo o anarquista, supuestamente más cercano a ellos).
En sus medios de comunicación predican la ortodoxia ideológica, la violencia como fin en sí mismo y la acción desde el “ghetto”, es decir se condenan a permanecer como movimiento minoritario mientras critican y acosan al resto de organizaciones.
Muchos jóvenes de ideologías muy diversas empezamos a ver a estos grupos como agentes del sistema. Tengan o no razón en sus postulados, han conseguido destruir o impedir la realización de muchos proyectos. Algunas asambleas de estudiantes, okupas etc. son ahora solo un espacio de diálogo sordo entre personas que piensan exactamente lo mismo lejos de la riqueza de ideas de antaño.
La intrusión del sistema en estos grupos, es evidente ya sea por infiltraciones o por sus propias contradicciones. En casos de desalojos de centros sociales la policía se ha visto beneficiada por el ambiente de enfrentamiento que causan adolescentes radicalizados con más ganas de divertirse que de cambiar algo.
La radicalidad se demuestra con el trabajo y la interacción constante para extender e intercambiar ideas. Independientemente del método, la única manera de causar un cambio es implicar a la gente que va a participar de él. La radicalidad se legitima cuando el que la ejerce ha trabajado para explicar por que la utiliza. El uso gratuito de métodos que causan reacción en el resto de la comunidad no solo es inútil sino que es un reflejo de la mentalidad burguesa de estos jóvenes que son incapaces de desarrollar una lucha efectiva contra el sistema porque, en realidad, solo quieren jugar a ser radicales y no se atreven a serlo. |
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