Los paises que adopten la moneda única -el euro- en 1.999 se comprometen a mantener politicas presupuestarias de ajusto permanente en el futuro

El Tratado de la Unión Europea definió un ambicioso proyecto de construcción de un espacio económico y monetario como profundización y continuación del proceso de integración de las economías europeas iniciado en la década de los cincuenta. El objetivo declarado de la UEM no es otro que promover un crecimiento económico sostenido en Europa.

Las dificultades y contradicciones del proceso de convergencia hacia la UM deben analizarse, a la luz de los objetivos declarados y que, de ignorarse en el momento de adoptar decisiones, vaciarían de contenido y sentido el objetivo de la moneda única. Nos debemos oponer, por tanto, a aquellos planteamientos que elevan el instrumento de la moneda única al rango general de objetivo o fundamento.

El proceso dirigido a crear un espacio monetario único puede constituir un avance en la consecución de los objetivos antes reseñados siempre que se realice de forma realista y no se considere un proceso aislado e independiente de la situación de las economías comunitarias y europeas en general. Desde Izquierda Unida nos oponemos a toda construcción de Unión Monetaria que antes no haya considerado la Unión Fiscal y Presupuestaria.

La creciente interrelación de las economías comunitarias en el seno del mercado único interior plantea el problema de la necesidad de un espacio social y económico integrado que agrupe a economías cuyo nivel de productividad y capacidad competitiva son sustancialmente diferentes. Para alcanzar este objetivo, I.U. propone que se module el esfuerzo de los países miembros de acuerdo con su capacidad económica, de mayor a menor atraso relativo del que parten y de sus diferencias en términos reales de convergencia.

Debe considerarse la influencia perniciosa que políticas mecánicas de convergencia ocasionan sobre la recuperación de la economía y el empleo e indirectamente sobre los ingresos públicos y el saneamiento de las finanzas publicas (deuda y déficit), con el consiguiente deterioro del bienestar social.

Los países que adopten la moneda única -el euro- en 1.999 se comprometen a mantener políticas presupuestarias de ajuste permanente en el futuro, mediante la ratificación de un pacto de estabilidad que, además, establecerá un conjunto de sanciones para aquellos países que superen el nivel máximo de déficit publico acordado.

Para los países que se queden al margen, se establece un nuevo SME, con el fin de evitar devaluaciones competitivas frente a los países del euro, se propone que sus monedas coticen en bandas de fluctuación del 15% y caso de sufrir dificultades pueden ser apoyados por el Banco Central siempre que se acaten los denominados contratos de convergencia.

En definitiva, este acuerdo consolida para el futuro las duran condiciones de ajuste macroeconomico en las que se desenvolverán las economías europeas. No solo se exige un gran esfuerzo inicial para acceder a la moneda única, sino que las perspectivas se agravan una vez alcanzada la unión monetaria, tanto para los países que se integren en el primer momento como para los países que no lo hagan.

La constitucionalizacion en el tratado de la autonomía de los bancos centrales, a los que se les encomienda el diseño y la aplicación de la política monetaria con el objetivo primordial de luchar contra la inflación, y al margen de cualquier control democrático; la política fiscal, restringida a alcanzar el equilibrio presupuestario formulado en términos de déficit excesivo, limitan sobremanera la capacidad de intervenir sobre la política económica.

¿Qué funciones retendría entonces en materia presupuestaria un hipotético parlamento federal e incluso los parlamentos nacionales? ¿puede concebirse que el órgano de poder representante del pueblo vea recortadas sus facultades precisamente en aquella materia, la económico financiera, a la que debe su origen histórico?.

De lo anterior podemos extraer la siguiente conclusión: el problema del atraso relativo de los países débiles de la Unión y la lucha contra el desempleo y la marginación, la consecución de un espacio económico y social integrado en Europa solo puede alcanzarse mediante un esfuerzo coordinado de todos los países, impulsado desde la Comunidad, que anteponga la voluntad política de construir Europa con criterios solidarios, dado prioridad a los elementos económicos reales sobre los monetarios.

Incorporar un modelo de desarrollo económico que tenga presente los limites ambientales y que tienda a satisfacer las necesidades básicas (materiales y culturales) del conjunto de la población. En definitiva cambiar las prioridades de política económica para conseguir un bienestar verdaderamente sostenible.

¿Qué es lo que va a ocurrir y cuando?

Antes del 1º de enero de 1.998

El Instituto Monetario Europeo (IME) habrá completado la especificación de los reglamentos, la organización y la logística que permita al BCE realizar sus tareas (antes del 31/12/96).

La Comisión, el IME y el Consejo habrán preparado la legislación pertinente, que entrara en vigor el 1º de enero de 1.999, sobre el establecimiento del Euro como moneda de derecho propio y el lanzamiento de las operaciones del BCE (antes del 31/12/96).

La Comisión y el IME examinaran las legislaciones de los Estados Miembros para asegurarse de que corresponden a los requisitos de la UEM establecidos en el Tratado.

Desde el 1º de enero de 1.998 al 1º de enero de 1.999

El Consejo Europeo (compuesto de Jefes de Estado y de Gobierno) decide, tan pronto como sea posible en el transcurso del año 1.998, cuales van a ser los Estados Miembros participantes.

Los Jefes de Estado y de Gobierno de los Estados Miembros de la UEM designan la Junta Ejecutiva del BCE y establecen la fecha de introducción de los billetes y monedas Euro.

Se llevan a cabo los preparativos finales para el lanzamiento del BCE y del Sistema Europeo de Bancos Centrales (SEBC), incluyendo la adopción de la legislación secundaria necesaria y el ensayo del marco de la política monetaria.

Desde el 1º de enero de 1.999 al 1º de enero de 2.002.

El 1º de enero de 1.999 los Estados Miembros de la UEM fijaran irrevocablemente los tipos de conversión de las monedas y entra en vigor la legislación mediante la cual se establece el estatuto legal del Euro.

A partir del 1º de enero de 1999, el SEBC define y ejecuta la política monetaria en Euros junto con las operaciones de cambio de divisas; los estados miembros de la UEM emitirán nueva deuda publica en Euros.

El 1º de enero del 2.002 el SEBC pondrá en circulación los billetes Euros y empezara a retirar de la misma los billetes nacionales, mientras que los estados miembros de la UEM harán lo mismo.

Las repercusiones de la moneda única en el sector bancario.

La repercusión de la UEM sobre el sector bancario europeo.

Los efectos de la Unión Económica y Monetaria sobre el sector bancario europeo serán tanto positivos como negativos.

Entre los primeros podemos destacar el ahorro potencial en los costes; beneficios potenciales gracias al mejoramiento de los resultados económicos en Europa y un posible aumento de la demanda para la banca de inversión y los servicios de mercado de capitales.

Entre las repercusiones negativas figuran las siguientes:

Sin embargo, quizás la mayor repercusión de la UEM sobre el sector bancario proceda de la aceleración de las actuales tendencias a una mayor competencia y a no recurrir a intermediarios, lo cual ha reducido los márgenes de los bancos e incrementado el numero de fusiones transfronterizas.

La desreglamentación, la privatización y el desarrollo del mercado de capitales, han generado en la mayor parte de Europa una dura competencia entre los bancos en este ultimo decenio, acarreando con ello una disminución en los márgenes bancarios y a menudo en la clasificación crediticia de los bancos. En su mayor parte, el fenómeno del aumento de la competencia se ha confinado en cada país, salvo para las grandes sociedades bancarias. Actualmente la banca europea de minoristas es en gran parte nacional en su naturaleza, con una multitud de barreras que limitan el que la clientela recurra a los servicios transfronterizos de banca. La moneda única cambiara esto al ampliar repentinamente el tamaño del mercado. Sobre este particular la moneda única tendrá mayor repercusión sobre los mercados bancarios nacionales que las diferentes directivas europeas que se han aprobado para crear el mercado único.

Productos como la financiación del consumo, las tarjetas de crédito y los prestamos hipotecarios serán algo que los bancos podrán exportar mas fácilmente a otros países.

Los mercados crediticios se ampliaran, lo cual alentaría a los negocios y a las empresas pequeñas y medianas a puentear a sus bancos y entrar directamente en los mercados de capitales y deudas, también debería incrementar la competencia transfronteriza para los depósitos, con una estrategia de precios más agresiva tendente a atraer fondos de un banco a otro.

En la actividad bancaria general, los mercados monetarios y de obligaciones regionales y el comercio de derivados basado en los instrumentos de la deuda local perderán posiblemente importancia a medida que los negocios se transfieran a los grandes centros de capital.

Se ha pronosticado también que el mercado único acelerará la tendencia de consolidación que ya esta teniendo lugar en el sector de los servicios financieros de Europa. Hasta ahora la mayor parte de los acuerdos de fusión y cooperación, especialmente en la banca de minoristas, han tenido lugar en el ámbito nacional.

La UEM abrirá el camino a un numero mucho mas importante de fusiones transfronterizas. Una competencia mas abierta basada en los precios hará que se establezcan primas para controlar los costes. Aunque quedan muchas cuestiones pendientes respecto a la compatibilidad del sistema jurídico, esto no detendrá la tendencia a las fusiones bancarias en la UEM.

Así pues, en opinión de los banqueros europeos es posible que la UEM conozca tanto una continuación como una intensificación de la actual tendencia de la gestión del "ratio" en la banca. Esta tendencia se orienta a la consecución de una mayor eficiencia en los costes mediante la reducción del empleo y de los niveles de costes (principalmente costes salariales y no salariales), la introducción de nuevas tecnologías y servicios que ahorran trabajo (por ejemplo los centros de llamada) y la consecución de mayores economías de escala mediante fusiones y/o alianzas.

Una repercusión adicional en el sector bancario será la disminución de los actuales niveles de apoyo estatal a los bancos que tienen problemas.

La creación de la UEM tendrá como resultado una menor intervención gubernamental en el sector financiero, especialmente en lo que se refiere a la asistencia financiera a bancos con dificultades. La cláusula del tratado de Maastricht de "no sacar a flote" va a significar con la UEM que los gobiernos tendrán menos capacidades e incentivos para respaldar a los bancos en dificultades en el enorme mercado único.

El empleo en la banca.

Ha habido muy pocas tentativas para cuantificar la repercusión que la moneda única tendría sobre la situación del empleo en la banca. En base a algunos cálculos iniciales sobre la repercusión a largo plazo, los sindicatos afiliados a la Euro-FIET (Federación Internacional de Empleados y Técnicos) temen la perdida de mas de 200.000 puestos de trabajo en el sector bancario. Un calculo oficioso realizado por analistas independientes señala que se podrían perder hasta 500.000 empleos.

Por otra parte, no estamos al corriente de ninguna investigación que se haya realizado y que prediga que la moneda única vaya a crear puestos de trabajo en el sector financiero o en cualquier otro sector, bien al contrario, recientemente el Economista Jefe del Banco Central Alemán (Bundesbank) Otmar Issing aseguraba en una columna en el diario económico alemán Handesblatt "Expandir la esperanza de que la unión monetaria aliviará considerablemente el problema del desempleo, es hacer pesar falsas promesas en el inicio de la UEM".

Se pueden identificar cuatro sectores en los que habrá perdidas potenciales de puestos de trabajo, a saber:

En la mayoría de los análisis sobre la moneda única no se ha tratado aun la repercusión que estas perdidas de empleo tendrían sobre estos grupos de trabajadores.

No se debe de aceptar la respuesta de que las perdidas de empleo quedarían compensadas con la creación de nuevos puestos de trabajo gracias a la moneda única y al mejoramiento de los resultados económicos que aportaría el mercado único. El tan alto y duradero nivel de desempleo en toda Europa muestra que esta respuesta es simplista e incierta.

La repercusión de la moneda única sobre los empleados de banca.

Incluso con la mejor preparación, la introducción final de la moneda única creara muchisima confusión.

Los empleados bancarios tendrán un enorme trabajo que realizar, destacando las siguientes tareas:

En gran medida el personal de ventanilla o de mostrador es el que más ha de aguantar la inevitable confusión y frustración que sentirá la clientela.

Para hacer frente a esta situación los bancos tendrán que garantizar no solamente que estén listas las instalaciones técnicas y de ordenadores, sino que además dispongan del adecuado numero de personas con los conocimientos pertinentes.

La reciente experiencia de los bancos en Europa nos indica que este no será el caso, y que por consiguiente los bancos no tendrán la plantilla pertinente y adecuadamente formada para hacer frente a las necesidades enunciadas.

En los últimos cinco años se han reducido significativamente las plantillas de los bancos europeos para ahorrar costes. Esto ha afectado negativamente al servicio que se presta a la clientela, así como también la capacidad del personal de ventanilla o mostrador para tratar adecuadamente las preguntas y quejas que presenta él publico. Si el personal bancario tienen ya dificultades para cumplir con su actual carga laboral, consideramos que será casi imposible cumplir también con la enorme cantidad de trabajo suplementario que generara la introducción de la moneda única.

Tampoco hay que olvidar que la mayoría de los bancos en Europa han reducido significativamente los presupuestos y las actividades en materia de formación profesional. Ponemos en tela de juicio la disposición de los bancos para proporcionar los recursos de formación que se necesitaran dentro de muy poco tiempo.

Coste de la introducción de la moneda única.

Se han realizado diferentes cálculos sobre lo que costaría la introducción de la moneda única. La patronal agrupada en la Federación Bancaria de la Unión Europea considera que el coste para el sistema bancario seria por lo menos de entre 8 a 10 mil millones de ECU. Mientras que otras estimaciones de Bancos en el Reino Unido, Francia, Alemania y España han proyectado unos costes de entre el 2 al 3% de los gastos generales fijos al año durante los tres primeros años del tiempo marcado como previsto en el calendario. Nosotros estamos preocupados por saber quienes son los que van a tener que pagar todos estos gastos.

Muchos bancos de toda Europa han pedido apoyo financiero a la Comisión Europea y a los gobiernos nacionales para hacer frente a los costes de la transición. Hasta ahora estas solicitudes han quedado sin respuesta, siendo poco probable que se conceda algún tipo de ayuda.

Si este coste corresponde asumirlo a los propios bancos, y parece razonable que así sea, nuestra preocupación se sitúa en que los mismos traten de recuperar este dinero procediendo a:

Como quiera que sea, el coste que para los bancos tenga la implantación de la moneda única trataran de hacerlo recaer injustamente sobre los trabajadores, que son a quienes les reportara menos beneficios y son los que menos pueden permitirse pagar este coste.

Además, la introducción de la moneda única requerirá la conversión de todas las cuentas monetarias especificadas en los contratos de empleo a su equivalente en euros. Esta conversión que afectara a todos los contratos de trabajo y no solamente a los del sector bancario, creara inevitablemente mas dificultades de las que se prevén.

Los efectos que la introducción de la moneda única y la tercera fase de acompañamiento de la UEM tendrán sobre los 60.000 trabajadores de los bancos centrales provocan una gran incertidumbre.

La UEM plantea muchos interrogantes acerca de la serie tan compleja de relaciones que van a existir entre los bancos centrales nacionales, los gobiernos nacionales, el Banco Central Europeo, el Parlamento Europeo y los sindicatos que representan a los trabajadores en los bancos centrales.

Que funciones se concederán al Banco Central Europeo y cuales seguirán siendo las prerrogativas de los bancos centrales nacionales; como y donde se va a acuñar la moneda y que ocurrirá con aquellos empleados de los bancos centrales en Europa que se ocupan ahora de esta tarea; será necesario repatriar la moneda única de un país a otro; hasta que punto se va a respetar el principio de la subsidiariedad; como se trataran las cuestiones relativas al reconocimiento de la representación y la actividad sindical.

Algunas reflexiones a modo de conclusión.

Se tendrían que revisar los actuales reglamentos y procedimientos nacionales y europeos en relación con las fusiones y adquisiciones, de manera que se tengan en cuenta las consecuencias que todo ello pueda acarrear en el ámbito de lo social, del empleo, de la clientela y de la comunidad donde se vive.

La izquierda politica y social deberia presionar, para forzar a los gobiernos a un dialogo donde ver el papel y las interacciones que pudiera haber entre la política fiscal, monetaria y laboral en la UEM.

Seria necesario analizar con mas detalle las consecuencias que para el empleo va ha tener la introducción de la moneda única. La sobrecarga de trabajo que generara en el momento de la introducción así como los puestos de trabajo que se perderán después como consecuencia de las tareas concretas que dejaran de realizarse.

Como parte de la introducción de la moneda única se deben debatir las medidas que se podrían tomar para paliar los efectos negativos sobre el empleo, proporcionar protección social y formación profesional a los trabajadores. Los costes de la ejecución se deberían repartir entre los que se beneficien de la moneda única y no al contrario.

Es imprescindible reconocer una dimensión social a la UEM. Los responsables del Banco Central Europeo y los funcionarios gubernamentales europeos han de reconocer los derechos legítimos de los sindicatos a la información, consulta y negociación sobre los cambios que están teniendo lugar dentro del sistema bancario.

Septiembre 1.997