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IU DICE QUE EL GOBIERNO NO PUEDE CEDER A LAS PRESIONES DE LA IGLESIA 13-11-2005 El coordinador general de IU, Gaspar Llamazares, dijo hoy que el Gobierno "no puede ceder a esta presión predemocrática y preconstitucional de la Iglesia", en referencia a la movilización de ayer contra la Ley de Educación, y le animó a avanzar en la separación entre Iglesia y Estado. En declaraciones a Efe-televisión, Llamazares consideró que esa manifestación "resulta un chantaje inaceptable que el Gobierno no puede aceptar" y agregó que la jerarquía eclesiástica "pretende quedarse con el santo y con la limosna". A su juicio, la Iglesia quiere "la financiación del Estado, que es muy importante, y regular no sólo la enseñanza de la religión, sino la enseñanza a quienes no quieren religión", y pretende "seleccionar a los alumnos en la enseñanza concertada". Precisó que lo que debe de hacer el Gobierno es avanzar en la separación entre Iglesia y Estado, "en un estado aconfesional, aclarando las fuentes de financiación de la Iglesia", y "dejar claro que en la enseñanza pública quien gobierna es la sociedad y no la jerarquía eclesiástica". Para Llamazares, "las familias deciden, y luego el Gobierno garantiza que en la enseñanza pública hay formación, no confesión, que es en las iglesias". Sobre la presencia en la manifestación de obispos y miembros del PP, destacó la "coincidencia entre sotanas y el PP, una coalición muy conservadora en nuestro país". Insistió en que "tienen toda la financiación prácticamente del Estado, tienen la enseñanza de la religión, una financiación privilegiada en la enseñanza concertada, pero quieren más y chantajean mediante este tipo de intervenciones al Gobierno democrático". "No se puede aceptar -continuó- un chantaje preconstitucional, que pretende más privilegios todavía, y lo que debe hacer el Gobierno es, frente a la exigencia de privilegios, que prevalezca la justicia y la mejora de nuestra educación". En su opinión, eso significa "financiar mejor a la educación pública, separar claramente la enseñanza de la religión de la formación y obligar a que la enseñanza concertada integre a los ciudadanos, a los niños, independientemente de su clase social". Para Llamazares, detrás de esta actitud de la Iglesia y de la derecha hay "un intento de clasificar a la sociedad ante un clasismo social que se intenta trasladar también a la educación pública".
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