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TEOLOGÍA DE LA LIBERACIÓN:
UN NUEVO MARCO DE ENTENDIMIENTO EN CLAVE DIALÓGICA
Y DE JUSTICIA SOCIAL
Es cierto que la historia de la iglesia cristiana bien podría contarse como una historia de desencuentros, polémicas y rupturas. Ya en sus inicios, el primer concilio, en Jerusalén, enfrentó a Pedro, Pablo y Bernabé con los llamados judaizantes, cercano a los cuales estaba Santiago, por la cuestión de si debía o no obligarse a los gentiles conversos a guardar los mandamientos judíos (Hch 15). Y en los siglos posteriores, las discusiones en la joven iglesia no dejaron de sucederse, sobre todo relativas a las tres Personas de la trinidad: Arrio “versus” Atanasio, Nestorio “versus” Cirilo, Agustín de Hipona “versus” Pelagio. Por no mencionar el cisma de Oriente o la Reforma Protestante. Sin embargo, a finales del siglo pasado tuvo lugar una nueva forma de entender la teología que ha revolucionado a toda la iglesia cristiana: la teología de la liberación. Y es que, a diferencia de las demás disputas teológicas mencionadas, esta vez no se trata de una cuestión de dogmas, la teología de la liberación lo que propone es un cambio total de paradigma a la hora de hacer teología. La teología de la liberación surge en Latinoamérica en el siglo pasado a raíz de la experiencia de la pobreza absoluta de las poblaciones obreras, indígenas, de los “sin tierra” y “sin techo”. El resultado es la propuesta de revolucionar la forma de hacer teología: ahora se trata de leer la Escritura desde la perspectiva de la liberación de estos oprimidos. Este es precisamente el significado revolucionario de esta nueva teología: no se trata de una teología genitiva más como pueda ser la Teología Política o incluso la Teología de la Muerte de Dios; es toda una nueva hermenéutica a la hora de hacer teología. Así, se practica una interpretación de la Biblia en la que se busca el significado implícito del texto en clave de liberación y no en sentido literal, admitiendo las influencias históricas, sociológicas y contextuales que pudieron influir en la redacción de dicho texto pero no en el mensaje inspirado implícito mencionado. De este modo, ciertos aspectos de las Escrituras en sentido machista, homófobo o violento se ven como aspectos formales y contextuales pero no como contenidos inspirados por el Espíritu Santo. Asimismo, se entiende a la totalidad de la iglesia cristiana como depositaria del mensaje cristiano, y no sólo a la jerarquía eclesiástica, lo que supone la necesaria democratización de las estructuras de poder en la iglesia y la incorporación de pleno derecho de las mujeres y los oprimidos en la misma. La teología de la liberación bebe además de las Teorías de la Dependencia desarrolladas en Latinoamérica e incluso del marxismo, admitiendo el materialismo histórico como clave de interpretación de la injusticia social hacia los más desfavorecidos. Así, la teología de la liberación ha dado a luz a la teología indígena, la teología feminista o la teología ecologista. El mensaje es claro: no se puede predicar el mensaje cristiano (teología) sin un compromiso activo con la justicia social (liberación; que es más que mera “libertad”, pues “liberación” connota un sentido material de “librarse” de la opresión en todas sus manifestaciones: económica, política, de género, étnica o medioambiental). Y va más allá: el mensaje cristiano no se realiza en el plano teórico-especulativo, sino precisamente en esa actividad de compromiso ético y político con los oprimidos y las oprimidas del planeta. De este modo, la teología de la liberación se abre al diálogo y la unidad de acción con todos aquéllos y aquéllas que desde sus planteamientos particulares estén también dispuestos y dispuestas a erradicar la opresión de este mundo (independientemente de sus convicciones particulares: ateas, agnósticas o de otras confesiones no-cristianas). Cuando estudiaba filosofía en la Universidad de Granada tuve el honor y la satisfacción de acudir a una conferencia de uno de los padres de la teología de la liberación, Leonardo Boff, quien ante la presencia simultánea de cristianos y marxistas en su acto, nos resumió así lo que acabo de decir: “Hoy día el enemigo de la fe cristiana no es el ateísmo o el marxismo, sino la indiferencia ante la injusticia”. En nuestro país el principal teólogo de la liberación es Juan José Tamayo, de la Asociación de Teología Juan XXIII y del movimiento cristiano-ciudadano “Somos Iglesia”. Apuesta este teólogo y sus asociaciones por un nuevo Concilio cristiano que asuma la necesaria renovación de la iglesia cristiana en clave de liberación, admitiendo una lectura más flexible y menos literal de las Escrituras y los dogmas, y asumiendo las aportaciones de la democracia, el marxismo, el feminismo, el ecologismo y los movimientos sociales dentro de la iglesia cristiana, con las consiguientes reformas en la forma de administrar el poder y organizar la jerarquía en la propia iglesia. Un proyecto de puesta al día que a J. J. Tamayo ya le ha costado la condena y el ostracismo de los sectores más rancios y conservadores de la iglesia católica, como también le sucedió al propio Leonardo Boff, que tuvo que acudir en pleno siglo XX ante un tribunal inquisitorial a dar explicaciones de sus ideas. El compromiso práctico de la teología de la liberación es manifiesto en Latinoamérica, donde muchos laicos y sacerdotes se arriesgan e incluso dan sus vidas por la defensa de los pobres y oprimidos ante los más ricos y sus paramilitares. Muchas parroquias de Latinoamérica funcionan como auténticas asambleas de base donde se ejerce la igualdad de clase y la democracia directa. Y en el Foro Social Mundial contra la globalización neoliberal su presencia y participación viene desde los inicios del propio Foro. También en nuestro país la teología de la liberación está presente junto a los más pobres, pues de hecho participa en la denuncia y el boicot a los productos fabricados en el tercer mundo con esclavitud infantil, en la campaña 0,7 y +, contra la deuda e(x)terna o contra la guerra en Irak, en todas ellas mano a mano con otras personas con otras ideas diferentes pero unidas y unidos por un objetivo común: la JUSTICIA SOCIAL. ANDRÉS CARMONA CAMPO. Portavoz del Grupo Municipal de Izquierda Unida-Izquierda de Castilla La Mancha de Alcázar de S. Juan y profesor de Ética y Filosofía.
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