EL PP Y LA CONSTITUCIÓN

Con todo esto de las Autonomías, el llamado Plan Ibarretxe, ERC en Cataluña o la propuesta de reformar el Estatuto de Autonomía de Andalucía, el PP se cierra en banda hablando de la Constitución y “secuestrándola” como si fuera suya y él su máximo defensor a ultranza. Sin embargo, y si no perdemos la memoria, que es lo que nos permite no repetir los errores cometidos en el pasado, no estaría de más pegarle un repaso a nuestra historia reciente a ver qué ha opinado históricamente el PP de la Constitución, de esta Constitución de la que dice estar tan orgulloso y que se supone que son los demás quienes la ponen en peligro.

Para empezar, recordemos que el PP durante la transición española se llamaba AP, Alianza Popular, y que era una formación política fundada por personalidades procedentes del franquismo, ministros de Franco algunos de ellos como Fraga Iribarne, con la intención de influir desde el franquismo en la naciente democracia, manifestando que la Reforma Política española no debía ir más allá de una reforma más o menos amplia de las Leyes Fundamentales del Movimiento Nacional franquista, pero no más. Hay que destacar que desde sus inicios fue una coalición con escaso éxito, de hecho, en las elecciones de 1977 a Cortes Constituyentes sólo obtuvo el 8,42% de los votos y 16 escaños, menos, por ejemplo, que el PCE, que recogió el 9,28% y 20 diputados.

En virtud de estos resultados, participó en la elaboración de la actual Constitución Española, si bien su papel se limitó a enmendarla para frenar los elementos progresistas que el PSOE y el PCE intentaban introducir. Y de hecho, en algunas ocasiones, AP se ausentó de los debates sobre la Constitución mostrando su desacuerdo con la misma, y gran parte de la Constitución está hecha sin su participación, pues la mayor parte de nuestra Ley de leyes está hecha por el consenso alcanzado, principalmente, entre UCD, PSOE y PCE. Y es de notar que los debates sobre las Autonomías fueron los más difíciles, razón por la cual todavía arrastramos las consecuencias de los mismos. Así como también es de destacar que el PNV quedase fuera de la comisión redactora de la Constitución, con lo cual no se favoreció su integración y esto “legitima” también a los nacionalistas vascos hoy en día que no entiendan la Constitución como suya si desde el principio se les excluyó del consenso en su elaboración (en el referéndum, la mayoría en el País Vasco se abstuvo, como pidió el PNV durante la campaña). Es interesante percibir porqué no participaron. Y es que, el PSOE no estuvo de acuerdo en que en la Comisión redactora hubiera un representante del PSP, Partido Socialista Popular de Tierno Galván, y si se excluía al PSP había que excluir también al PNV que le correspondía la misma representación, con lo cual, por este acaparamiento del PSOE contra uno de sus partidos “hermanos” (al que trató de “primo”) se inició la discriminación del nacionalismo vasco con respecto a la Constitución.

Cuando finalmente el texto constitucional estuvo redactado y se votó en las Cortes, UCD, PSOE, PCE y los catalanes votaron a favor (excepto Jesús Aizpún de UCD que se abstuvo), el PNV se abstuvo a pesar de haber sido discriminado, y también el diputado de ERC, y 5 diputados de AP votaron ¡en contra! (Fernández de la Mora, Jarabe Payá, Martínez Emperador, Pedro de Mendizábal y Federico Silva) junto con la representación vasca de Euzkadiko Ezkerra. Así pues, resulta que durante la transición, AP no sólo intentó poner trabas al proyecto de Constitución, sino que algunos de sus diputados incluso la votaron en contra, lo cual les pone más en contra de la Constitución que incluso al PNV, que por lo menos se abstuvo.

De hecho, durante la campaña electoral los dirigentes de AP se dividieron entre los que pedían el “Sí” y los que claramente pedían el “No” a la Constitución, de un modo más radical que el nacionalismo vasco que se limitó a postular la abstención (y la consiguió en el País Vasco) y no el voto negativo. Este rechazo de AP a la Constitución se percibe incluso en los escritos del mismísimo Sr. Aznar en aquellos años en los que decía textualmente:
“Durante este bienio (1977-9), en efecto, no ha habido un Parlamento que merezca tal consideración. Baste pensar al respecto, cómo fueron aprobados en bloque apartados, artículos, capítulos y títulos del texto constitucional sin que se desarrollase un solo debate ante los españoles (…) Todo este cúmulo de circunstancias, amén de las agotadoras y desesperantes campañas publicitarias, como la reciente de la Constitución, son motivo más que sobrado para la existencia de una sensación generalizada de indiferencia y de hastío ante los asuntos públicos (…) Tal como está redactada la Constitución, los españoles no sabemos si nuestra economía va a ser de libre mercado o, por el contrario, va a deslizarse por peligrosas pendientes estatificadoras y socializantes, si vamos a poder escoger libremente la enseñanza que queremos dar a nuestros hijos o nos encaminamos hacia la escuela única, si el derecho a la vida va a ser eficazmente protegido, si el desarrollo de las autonomías va a realizarse con criterios de unidad y solidaridad o prevalecerán las tendencias gravemente disolventes agazapadas en el término nacionalidades, y así un sinfín de transcendentales temas”. Artículo publicado en "La Nueva Rioja"(23-2-79)


Obviamente, no es entusiasmo por la Constitución lo que destila la pluma de nuestro Ex-Presidente. ¿Cómo se atreve ahora a ir con la cabeza alta defendiendo la Constitución? ¿No le da vergüenza un cinismo tan evidente? ¿A qué juegan con nosotros?

FJ

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