JESÚS Y EL FANATISMO RELIGIOSO


La llegada de la primavera es una fecha muy significativa para muchas religiones: las religiones paganas solían celebrar entonces la llegada de esta estación que marca la aparición de los primeros frutos, simbolizado en el mito de Démeter, diosa de la agricultura y portadora de las estaciones, y su hija Perséfone; la primavera simboliza en este mito el reencuentro de Perséfone y Démeter, cuando la tierra flocere por esa alegría. También para el judaísmo la primavera es importante, y no en vano celebran en estas fechas su fiesta principal: la pascua o pesah que simboliza su huída de Egipto liderados por Moisés. Y también el cristianismo celebra alrededor de la primavera su fiesta principal: la muerte y resurrección del Dios-Hombre Jesucristo. Independientemente de que fuera o no un dios, lo cierto es que Jesús de Nazaret fue un gran hombre. Por eso en estas fechas es conveniente reflexionar sobre él y sus enseñanzas, se crea o no en su religión. Y es que muchas de las enseñanzas de Jesús de Nazaret tienen un valor universal válido para creyentes y no creyentes, de unas religiones y de otras o de ninguna. Y una de estas enseñanzas de gran valor para todos y todas es el rechazo que Jesús de Nazaret mostró hacia el fanatismo. Jesús de Nazaret no fue un fanático religioso, y de hecho criticó el fanatismo de su época, criticando así toda forma posterior de fanatismo, y de hecho él mismo fue víctima del fanatismo religioso. La paradoja es que posteriormente algunos de sus seguidores se han comportado de un modo fanático en el nombre de Jesucristo, algo que él mismo hubiera repudiado.


Un ejemplo de lo dicho nos lo da el pasaje evangélico del arresto de Jesús de Nazaret, que podemos leer, por ejemplo, en el Evangelio de Mateo, capítulo 26 y versículos del 47 al 56 (Mateo 26, 47-56). Ahí leemos: <<Entonces se acercaron, le echaron mano y arrestaron a Jesús. Uno de los que estaban con Jesús echó mano a la espada, la desenvainó y de un tajo le cortó la oreja al criado del sumo sacerdote. Jesús le dice: “Envaina la espada: quien empuña la espada a espada morirá. ¿Crees que no puedo pedirle al Padre que me envíe enseguida más de doce legiones de ángeles?”>> Sabemos por el pasaje paralelo a este del Evangelio de Juan que quien usó la espada para defender a Jesús de Nazaret fue el apóstol Pedro (Juan 18, 10-11). La moraleja está clara: el propio Jesús de Nazaret está en peligro y sin embargo se niega a usar la violencia para defenderse. Y el resultado todos y todas lo sabemos: fue arrestado, condenado y muerto en la cruz. Y en ningún momento usó la violencia para evitarlo. Cuando Pilatos interroga a Jesús le pregunta: “¿Eres tú el rey de los judíos?” y Jesús le contesta: “Mi reino no es de este mundo; si fuera de este mundo mi reino, mis servidores habrían peleado para que no me entregaran a los judíos. Ahora bien, mi reino no es de aquí”. Y después de oír esto es cuando Pilatos dice: “No encuentro en él culpa alguna”. (Juan 19, 33-38). Y por si quedara alguna duda del profundo pacifismo y no-violencia del mensaje cristiano original, el sermón del monte nos las aclara todas. Allí enseñó Jesús de Nazaret que “habéis oído que se dijo ‘ojo por ojo, diente por diente’. Pues yo os digo que no opongáis resistencia al malvado. Antes bien, si uno te da un bofetón en la mejilla derecha, ofrécele la izquierda (…) Habéis oído que se dijo: ‘Amarás a tu prójimo y odiarás a tu enemigo’. Pues yo os digo: Amad a vuestros enemigos, rezad por los que os persiguen. Así seréis hijos de vuestro Padre del cielo” (Mateo 5, 38-45). Es pues evidente que Jesús de Nazaret no fundó una religión con intenciones políticas, y que nunca dio orden ni mandato de convertir al cristianismo a la fuerza a las personas de otras religiones o de ninguna, ni mandó quemar a herejes en hogueras, ni hacer cruzadas ni guerras santas.

Sin embargo, todas estas cosas se han hecho históricamente en nombre de Jesús: tras la conversión del emperador Constantino al cristianismo esta religión se hizo oficial y persiguió con violencia a las religiones paganas del imperio romano; durante el medievo miles de personas murieron condenadas por la Santa Inquisición; cuando los españoles colonizaron América persiguieron y acabaron con las religiones propias de ese continente; los reyes católicos persiguieron y expulsaron a judíos y musulmanes de la península; durante siglos en España la religión católica ha sido la única oficial y se han prohibido las demás, y durante el franquismo las religiones no-católicas y al increencia también eran perseguidas en nuestro país. Toda una enorme contradicción, que Jesús fuera víctima del fanatismo religioso de su época y que luego algunos de sus seguidores hicieran lo mismo.


Podríamos pensar que todo esto es algo tan sólo del pasado y que ya no ocurre. Tres ejemplos de actualidad me llevan a pensar que no, y a pensar que el fanatismo religioso sigue vigente en la mentalidad de algunas personas. Un ejemplo es el fanatismo violento y terrorista de algunos integristas islámicos. Bien es cierto que el islam no reconoce a Jesucristo como Dios pero sí se le considera un maestro moral y se le tiene reverencia por su autoridad ética. Sin embargo, algunos islamistas no dudan en rodearse el cuerpo de explosivos para luchar contra quienes consideran infieles y reos de muerte. Ejemplos dramáticos como los del 11-S o el 11-M están en la memoria de todas y todos. Como este ejemplo es tan evidente de fanatismo pasaré a los otros dos.


El segundo ejemplo es la polémica que se ha originado por la publicación de unas caricaturas de Mahoma, el profeta del islam, por parte del periódico danés Jyllands-Posten. Vamos a dejar de lado las implicaciones políticas de todo esto aunque las hay y son muy importantes: recuérdese que este periódico es de tendencias xenófobas e islamofóbicas y que la publicación de estas viñetas ha sido una provocación premeditada al mundo islámico, pues meses antes pretendieron publicar otras alusivas al cristianismo y no lo hicieron finalmente porque entendieron que pudiera verse como una provocación a ojos del cristianismo, pero, entonces, ¿no valía también este mismo razonamiento para el islam? Además, la crisis entre Irán y EEUU, y el conflicto permanente en Palestina, han avivado la polémica de las caricaturas, que han sido usadas por líderes fanáticos islámicos para encender la cólera contra Occidente, precisamente lo que buscaba y ha logrado el Jyllands-Posten. Pero dejando esto de lado, la cuestión es que hay unas caricaturas de un líder religioso: ¿debe entenderse cabalmente como una provocación que deba responderse atacando las embajadas de los países que las han reproducido? Una caricatura es una sátira y una mofa de algo o alguien con la que se quiere mostrar que no se está de acuerdo con lo caricaturizado o con la que se expresa una critica a su contenido.

Quien hace una viñeta humorística de un líder religioso está diciendo que no cree en sus doctrinas, que le parecen ridículas, o que le parecen falsas o incluso peligrosas. ¿Tiene derecho a hacerlo o debe autocensurarse o ser censurado por respeto a esas creencias que pretende criticar/ridiculizar? Desde una perspectiva fanática debería autocensurarse y si no, ser censurado y si se puede físicamente eliminado. Pero desde una perspectiva laica y tolerante (que es lo mismo) ninguna creencia puede limitar la libertad de expresión. Y es que las caricaturas se dirigen en este caso a unas creencias, y las creencias como las opiniones son criticables, objetables y ridiculizables desde la libertad de expresión. Debe distinguirse una creencia de un hecho: los hechos están ahí, son como son y negarlos o transformarlos es mentir, manipular o injuriar, y eso no es amparable en la libertad de expresión, y ridiculizar hechos es como quitarles importancia, y es también mentir o falsear la realidad: por eso no está bien el concurso de caricaturas sobre el Holocausto judío que ha promocionado un periódico de Irán (curioso, precisamente el país que pretende desarrollar armas químicas) porque eso es como decir que el holocausto no ocurrió o que no fue tan grave como dice la Historia. Pero las creencias no son hechos, son eso, creencias, y por tanto son criticables e incluso ridiculizables: creer que el dios Zeus se convirtió en toro para tener relaciones sexuales con Europa es un derecho, pero también es un derecho pensar que eso es ridículo o absurdo, y podría expresarse esto con una viñeta humorística; pero mutatis mutandi, lo mismo pasa con creencias como que María concibió siendo virgen, que Jesucristo anduvo sobre las aguas o que resucitó después de morir, o que el ángel Gabriel se le apareció a Mahoma o el ángel Moroni a Joseph Smith fundador de la iglesia de los mormones. El límite a la libertad de expresión está en el respeto a las personas y a la verdad (comprobable mediante hechos y experimentos) pero no está en la susceptibilidad de cada cual: quien decide tener unas creencias o mantener una opinión debe estar dispuesto también a que otros no la crean o la vean ridícula, y a que lo digan públicamente.


El tercer ejemplo de fanatismo se ha dado hace poco aquí en España, concretamente en Madrid. Allí, y en teatro Alfil, el humorista y crítico Leo Bassi está representando una obra llamada “La Revelación” en la que critica al monoteísmo en general, y por tanto también al catolicismo. En un país civilizado y laico esto no tendría mayores consecuencias ni problemas, pues no pasa nada si alguien critica las ideas o creencias de los demás: las religiones durante siglos han dicho que el ateísmo es fuente de inmoralidad y maldades, y que un/a ateo/a no es una persona de fiar, y lo siguen diciendo, y los ateos y las ateas no responden con violencia a esas críticas e insultos a sus personas por no creer en ninguna religión. Sin embargo, Leo Bassi y el teatro Alfil vienen sufriendo las consecuencias del fanatismo religioso y político por expresar libremente sus opiniones: pintadas en la fachada del teatro, concentraciones de grupos de extrema-derecha ante el teatro, insultos y amenazas que han llevado a Leo Bassi a tener que llevar escolta, y el día 1 de marzo la colocación de una bomba casera en el teatro. De nuevo, el fanatismo religioso contra la libertad de expresión y el laicismo. Un fanatismo religioso cuyas víctimas son las libertades pero también muchas personas, y una de ellas fue el propio Jesús de Nazaret, uno de los principales críticos del fanatismo y la intolerancia. Aprender de su ejemplo de respeto, paz y no-violencia podría ser un buen antídoto contra el fanatismo religioso, político o de otro tipo.


Andrés Carmona Campo, profesor de Filosofía

VOLVER AL MENU