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La destrucción del patrimonio cultural de Iraq Global Policy Forum (VIII)
Global Policy Forum
(www.globalpolicy.org),
junio de 2007 “Las fuerzas de la Coalición han levantado campamentos [militares] en lugares arqueológicos vulnerables y han destruido ciudades históricas durante sus operaciones militares. A pesar de las muchas peticiones provenientes del mundo entero, los ocupantes han dejado los yacimientos arqueológicos de Iraq a merced de los ladrones, mostrando un grave desprecio hacia las leyes internacionales. Los saqueadores han expoliado docenas de yacimientos importantes, y el expolio continúa día tras día.”
“Ocurren cosas. […] La libertad es desordenada.” “Ocurren cosas. […] La libertad turba.” Donald Rumsfeld, Secretario de Defensa estadounidense [1] Durante la guerra y la ocupación, la Coalición [tropas de ocupación] ha sido incapaz de proteger el incomparable patrimonio cultural de Iraq dejándolo a merced de saqueadores y ladrones de arte. La Biblioteca Nacional y el Museo Nacional, junto con otras muchas instituciones culturales importantes, resultaron gravemente dañadas y fueron saqueadas durante los primeros días de la ocupación. Desde entonces, la Coalición ha levantado campamentos [militares] en lugares arqueológicos vulnerables y ha destruido ciudades históricas durante sus operaciones militares. A pesar de las muchas peticiones provenientes de todo el mundo, los ocupantes han dejado los yacimientos arqueológicos de Iraq a merced de los ladrones, mostrando un flagrante desprecio hacia la legalidad internacional. Los saqueadores han expoliado docenas de yacimientos importantes, y el expolio continúa día tras día [2]. Advertencias y consejos antes de la invasión En vísperas de la invasión de marzo de 2003, asociaciones profesionales y personalidades académicas se pusieron en contacto con las autoridades de Washington y Londres para advertir de los peligros [de la invasión] para el patrimonio cultural de Iraq. Ocho mil años de historia en el fértil valle de Mesopotamia han creado algunos de los tesoros culturales y yacimientos más importantes del mundo en el territorio que hoy es Iraq. Este rico legado incluye las colecciones de magníficos museos y bibliotecas, así como edificios históricos, ciudades antiguas y centenares de yacimientos arqueológicos importantes. Algunos de los principales expertos en Arqueología, Arte e Historia del mundo advirtieron de los daños [inflingidos] durante las operaciones militares y, especialmente, del peligro de los saqueos en el período de posguerra [3]. En enero de 2003, una delegación de expertos, directores de museos, coleccionistas de arte y anticuarios se reunieron con responsables del Pentágono para hablar de las consecuencias de la invasión [4]. Señalaron que el Museo Nacional de Bagdad era el lugar más importante del país [5]. McGuire Gibson, de la Universidad de Chicago y uno de los miembros de la delegación, fue en dos ocasiones al Pentágono para discutir las medidas precautorias que la Coalición debería adoptar [6]. En las semanas que precedieron a la guerra, él y sus colegas enviaron diversos correos electrónicos de recordatorio a los mandos militares [7]. Más tarde declaró: “[…] Creí que se me había garantizado que protegerían las excavaciones arqueológicas y los museos” [8]. Al aproximarse el conflicto, el Instituto Arqueológico de América [EEUU], el Consejo Internacional de Museos, el Comité Internacional del Escudo Azul (International Committee of the Blue Shield [de la UNESCO]) y otras organizaciones profesionales hicieron advertencias públicas y aportaron información específica complementaria sobre los tesoros culturales [iraquíes] que había que proteger [9]. Recordaron a los dirigentes estadounidenses y británicos sus responsabilidades a la luz de la legislación internacional, en particular según la Convención de la Haya para la protección del patrimonio cultural en caso de conflicto armado de 1954 [10]. Presionaron para que la protección de los lugares de interés cultural y de las instituciones culturales de Iraq fuera la máxima prioridad de las fuerzas de ocupación [11]. Pero un grupo de marchantes y ricos coleccionistas de arte, que actuaban por puro interés personal, también asesoraron en sentido opuesto a quienes planificaron la guerra. El Consejo Estadounidense del Patrimonio Cultural [The American Council for Cultural Property], fundado a finales de 2002 y con la atención puesta en el arte y las antigüedades de Oriente Próximo, vieron la guerra como una oportunidad para que el patrimonio cultural de Iraq llegase a los compradores internacionales [12]. Ashton Hawkins, presidente de esta institución, acogió con satisfacción “[…] la legítima dispersión de los objetos culturales a través del mercado”, argumentando que “[…] es una de las mejores maneras de protegerlos” [13]. Antes de la guerra, y de nuevo en abril de 2003, miembros del Consejo se reunieron con responsables del Departamento de Estado y del Pentágono [14]. El Consejo mantenía estrechos vínculos con el gobierno Bush, y uno de sus dirigentes era miembro del Comité asesor del patrimonio cultural del Presidente. El nuevo grupo de presión expuso que se deberían cambiar las leyes de Iraq para permitir nuevas excavaciones y más exportaciones de objetos de arte de valor. El grupo llegó a ofrecer asistencia técnica al gobierno de Iraq y a los museos para la posguerra [15]. A las organizaciones académicas afectadas les inquietó este nuevo cabildo. Muchos investigadores eran de la opinión de que el comercio y el coleccionismo de antigüedades incitaban al saqueo y a la destrucción de los yacimientos arqueológicos, así como al robo en los museos [16]. Dominique Collon, del Museo Británico, al comentar a principios de 2003 las presiones del cabildo de coleccionistas, afirma: “[…] Esas son precisamente el tipo de cosas que incitan al saqueo. Una vez que tengan la bendición estadounidense, habrá un mercado para esas antigüedades y se abrirá la veda. Lo último que queremos es justificar el saqueo.” [17] El saqueo inicial Las tropas que tomaron Bagdad y otras ciudades iraquíes a principios de abril de 2003 no hicieron nada para proteger los lugares de interés cultural. No hicieron nada para protegerlos y ni siquiera evitaron los actos de pillaje y destrucción cuando ciudadanos preocupados [por la situación] se lo pidieron [18]. Puesto que las instituciones culturales más importantes se encontraban ubicadas en dos zonas pequeñas, los mandos militares podrían haber tomado medidas sencillas, como las adoptadas para salvaguardar el ministerio de Petróleo iraquí. Varios [soldados en] carros de combate y destacamentos de soldados de infantería estacionados en las cercanías podrían haber intervenido [para evitar los saqueos] pero afirmaron que las órdenes recibidas les impedían actuar [19]. A falta de un ejército iraquí o de una fuerza policial [local] efectiva, la Coalición expuso los tesoros culturales de Iraq a un gran peligro y a un daño prácticamente seguro. Los ataques contra los lugares que conforman el patrimonio cultural [de Iraq] se iniciaron inmediatamente después de la caída del antiguo régimen como parte del saqueo y de la destrucción generalizada de edificios gubernamentales y de otros objetivos. Tal y como habían alertado los expertos en Arte, el saqueo se produce, por lo general, cuando el orden público se desmorona, incluso en ciudades como Montreal y Nueva York [20]. En Iraq, los saqueadores parecen haber actuado por distintas motivaciones: algunos expresaban su cólera contra el antiguo régimen; otros eran ladrones de barrio; varios saqueos parece que fueron organizados por grupos políticos (como quienes quemaron los archivos de la época de Sadam Husein en el Museo Nacional); otros eran ladrones de objetos artísticos bien organizados que sabían lo que buscaban. Con posterioridad, el investigador jefe estadounidense especuló con la posibilidad de que los ladrones pudieran tener “pedidos” por adelantado de marchantes internacionales. Como prueba de ello, [está el hecho de que] cortaron cabezas de esculturas de piedra muy pesadas con sierras especiales y robaran exclusivamente las piezas más valiosas [21]. Mientras los ladrones de arte se llevaron objetos de exposición de talla mundial, libros singulares y otros materiales de gran valor, los saqueadores de barrio se llevaron ordenadores, impresoras, fotocopiadoras, materiales de conservación, aparatos de iluminación, muebles, alfombras, generadores y aparatos de aire acondicionado. Algunos, incluso, arrancaron los cables de las paredes y se llevaron puertas y ventanas. Por diversos motivos, los saqueadores provocaron incendios dejando todo absolutamente devastado tras de sí [22]. Muchos iraquíes sensatos se arriesgaron y se esforzaron para evitar el saqueo y proteger el patrimonio cultural en peligro. El personal de las instituciones trasladó los objetos más valiosos a almacenes subterráneos o a búnkeres especiales [23]. Mientras Bagdad sufría los ataques aéreos, e incluso después de que empezara el saqueo, se tomaron medidas de rescate de las piezas. Un imán consiguió almacenar parte de las colecciones de la Biblioteca Nacional en la mezquita local de Haq para mantenerlas a salvo [24]. Los voluntarios trasladaron miles de libros y manuscritos por las calles a pesar de que los saqueadores armados podían haberlos atacado en cualquier momento. El imán también ayudó al personal de la Biblioteca a soldar una puerta de acero contra incendios para evitar más saqueos [25]. Tan pronto como se difundieron las noticias de la destrucción cultural, las instituciones culturales internacionales y los grupos de expertos renovaron sus peticiones al ejército de la Coalición y a los dirigentes civiles. En Iraq, el personal y los responsables de las instituciones culturales también hicieron llamamientos urgentes para pedir protección, tanto a los soldados de las cercanías como a los oficiales del cuartel general ubicado en el Hotel Palestina [26], pero los mandos militares tampoco actuaron con rapidez. El 11 de abril, en el momento álgido del saqueo, Donald Rumsfeld, secretario de Defensa estadounidense, desdeñó los informes de la devastación cultural procedentes de Bagdad considerándolos inoportunos y exagerados [27]. Los daños se prolongaron durante días [28]. Tres miembros del Comité Asesor del Patrimonio Cultural de la Casa Blanca dimitieron, casi de inmediato, para protestar por la irresponsabilidad del gobierno estadounidense. “[…] La tragedia no se ha evitado debido a la dejadez de nuestra nación”, escribió en su carta de dimisión Martin Sullivan, presidente del Comité [29]. Pérdidas detalladas de manuscritos, archivos y bibliotecas. La Biblioteca Nacional de Iraq sufrió dos incendios —el 10 y el 12 de abril—, que dañaron gravemente la parte principal de la fachada del edificio [30]. Los saqueos e incendios dañaron aproximadamente una cuarta parte del total de la colección de libros, incluidos libros y periódicos únicos. El fuego consumió hasta el 60% de los documentos de los reinos otomano y hachemí, y la casi totalidad de los archivos gubernamentales de la época más reciente se convirtieron en humo [31]. Prácticamente toda la colección de mapas y fotografías quedó destruida [32]; las cenizas y el hollín dañaron la mayor parte de las colecciones restantes [33]. Otras bibliotecas importantes de Bagdad también sufrieron daños. El edificio de manuscritos de la Biblioteca Nacional soportó daños muy considerables debido al fuego y al saqueo, pero los bibliotecarios y los ciudadanos del vecindario consiguieron poner a salvo sus colecciones en un búnker especial [34]. Los ladrones expoliaron y quemaron parcialmente las colecciones de manuscritos de la Beit al-Hikma (La Casa de la Ciencia) [35]. El fuego dañó gravemente la Biblioteca de Fondos Religiosos. Los conservadores del museo pusieron a salvo la mayor parte de las colecciones de manuscritos, a pesar de que [los saqueadores] robaron más de mil y quemaron más de quinientas [36]. Un número sin determinar de diversas bibliotecas de Bagdad sufrieron saqueos, entre ellas la de la Academia Iraquí de Ciencias, la de la Universidad al-Mustansiriya y la de la Facultad de Medicina [37]. La biblioteca de la Facultad de Artes de la Universidad de Bagdad quedó reducida a cenizas en su totalidad [38]. Fuera de Bagdad, donde la protección ofrecida por las fuerzas de la Coalición fue igualmente inexistente, se produjeron catástrofes similares. La Biblioteca central de la Universidad de Basora ardió, con la pérdida de al menos el 70% de sus colecciones. Otras bibliotecas universitarias y municipales de esa ciudad sufrieron un destino similar [39]. Los vándalos expoliaron la Biblioteca central de la Universidad de Mosul, que perdió más de un tercio de sus colecciones [40]. Pérdidas en museos y daños en edificios históricos Entre el 10 y el 12 de abril, ante la pasividad de las fuerzas de la Coalición, los saqueadores atacaron en tres ocasiones el Museo Nacional [iraquí]. En total, los ladrones se llevaron entre 14.000 y 15.000 objetos de arte, entre ellos monedas, esculturas, cerámicas, objetos de metal, fragmentos arquitectónicos, tablas cuneiformes y la mayor parte de la colección del Museo de los valiosos sellos cilíndricos de la época sumeria [41]. La famosa Dama de Warka de alabastro, datada alrededor del año 3.100 a.C., desapareció, junto a otras 40 piezas de renombre mundial. El 16 de abril, cuatro días después de que terminara el saqueo, las fuerzas de la Coalición, al fin, decidieron proteger los edificios [42]. Afortunadamente, los conservadores del museo habían trasladado muchos objetos de la colección a refugios seguros antes de la guerra y las piezas estaban prácticamente intactas. El museo perdió la mayor parte de sus catálogos y archivos de ordenador, lo que incluye registros únicos de excavaciones arqueológicas. Fuera de Bagdad, saqueadores y ladrones atacaron otras importantes instituciones, entre ellas el Museo de Mosul donde robaron centenares de piezas, entre las que se encuentran 16 piezas asirias de bronce de las puertas de la ciudad de Balawat (siglo IX a.C.), así como relieves y tablas cuneiformes de arcilla provenientes de importantes lugares como Nínive y Nimrud [43]. También desaparecieron libros únicos, mapas y manuscritos [44].
Los saqueadores, dañaron o destruyeron algunos de los
edificios históricos más hermosos de Iraq y barrios de la ciudad
antigua. En Bagdad, las tropas estadounidenses fueron incapaces de poner
fin a las 12 semanas de pillaje en el antiguo centro cultural y
administrativo de la ciudad, una zona en la que se encuentra el palacio
abasí del siglo XII; la Madrasa [escuela religiosa] de al-Mustansiriya
del siglo XIV; la mezquita Saray del siglo XVI; el zoco de al-Saray, un
hermoso mercado cubierto donde se vendían libros antiguos; y el centro
administrativo de al-Saray, del siglo XIX [45]. Los ladrones
saquearon e incendiaron varios edificios llevándose muebles,
instalaciones, puertas, ventanas, paneles de madera de las paredes y
baldosas del suelo. Desmontaron todo, incluso los elementos
arquitectónicos [46]. Durante varios meses los ladrones robaron
libremente, ladrillo a ladrillo, los Qishla (cuarteles) otomanos
de Bagdad [47]. Según concluye un informe de Blue Shield
(Escudo azul), a lo largo de las muchas semanas de pillaje: “[…] Los
llamamientos al Comité Cultural de la Autoridad Provisional de la
Coalición (APC, [primera administración de ocupación]) fueron
infructuosos” [48].
Saqueo de yacimientos arqueológicos Los yacimientos arqueológicos de Iraq incluyen más de 150 ciudades y antiguos poblados sumerios, así como las últimas grandes capitales de Babilonia, Nimrud y Nínive. En total hay alrededor de 12.000 yacimientos arqueológicos en el país [49]. Los especialistas señalaron a las autoridades de la Coalición que el saqueo destruyó los restos arqueológicos, que son la auténtica base para la comprensión de la historia antigua. Los restos sólo pueden interpretarse tras una cuidadosa excavación y la conservación de los hallazgos llevada a cabo por arqueólogos profesionales [50]. La Coalición apenas ofreció protección significativa en los yacimientos por lo que los saqueadores se pusieron a ‘trabajar’ de inmediato. Miles de iraquíes de la zona, muchos de ellos aparentemente a sueldo de ladrones de objetos de arte, bajaron a los yacimientos armados con palas e incluso con excavadoras para buscar monedas valiosas, sellos cilíndricos, cerámicas, tablas de arcilla, piedras talladas y otros objetos [51]. Los saqueos más colosales se produjeron en la zona sur donde se encuentran los yacimientos más antiguos [52]. En octubre de 2003, un oficial bien informado del ejército comentó que aunque la APC había contratado a 1.675 vigilantes iraquíes para proteger 3.000 yacimientos: “[…] Estaban mal entrenados y equipados” y “[…] Tenían escasa formación en materia de seguridad, instrumentos de comunicación o vehículos” [53]. En noviembre de 2003, el Dr. John Malcolm Russell, uno de los consejeros culturales de la APC, declaró sin rodeos que para la Coalición, “[…] La protección de los yacimientos arqueológicos no es una prioridad” [54]. Con el paso del tiempo, los saqueadores se fueron organizando cada vez mejor y de manera más desvergonzada. En alguno de los principales yacimientos, los ladrones ‘contrataron’ a centenares de personas para hacer el trabajo y los transportaban en autobuses desde las ciudades de la zona. El gobierno iraquí ha prestado muy poca atención a este problema. Su presupuesto para [contratar] guardias de seguridad para proteger los lugares arqueológicos lleva sin fondos desde mediados de 2006, a pesar de que el coste de una protección adecuada sería, probablemente, de no más de tres o cuatro millones de dólares [55]. En septiembre de 2006, McGuire Gibson declaró a The Washington Post: “[…] En algunos yacimientos se ha producido un saqueo a escala industrial; han desaparecido algunos de los yacimientos arqueológicos sumerios más importantes” [56]. El Fondo para los Monumentos del Mundo comentó amargamente que los yacimientos arqueológicos de Iraq: “[…] Están devastados por saqueadores que trabajan día y noche para abastecer un mercado internacional de arte hambriento de antigüedades” [57]. Ocupación y destrucción cultural Las operaciones militares de la Coalición han dañado gravemente lugares históricos, edificios emblemáticos y cascos antiguos de las ciudades. [Las operaciones militares] Han tenido un impacto particularmente negativo en los barrios antiguos, entre ellos la mayoría de los de la zona centro de la ciudad santa de Nayaf, destruida en un enfrentamiento entre las fuerzas de la Coalición y las fuerzas irregulares del Ejército del Mahdi en agosto de 2004. En noviembre de 2004, los bombardeos de [las fuerzas de] la Coalición destruyeron 65 mezquitas en el ataque contra Faluya; los ataques aéreos y terrestres redujeron a escombros edificios antiguos en Tal Afar, Ramadi, Samarra y otras muchas ciudades. En algunos casos, las fuerzas de la Coalición han causado daños graves e irreparables en importantes yacimientos arqueológicos. El ejército estadounidense ha construido bases [militares] en las ruinas de la antigua Babilonia y de Ur. En Babilonia, los constructores utilizaron maquinaria pesada para el movimiento de tierras para la construcción de un helipuerto, instalaron depósitos de combustible, levantaron muros de hormigón y cavaron al menos una docena de zanjas profundas; cerca de un teatro griego construido por Alejandro de Macedonia descargaron toneladas de grava para construir aparcamientos de vehículos militares [58]. Las tropas polacas acamparon en Babilonia (conocida como Campo Alpha) desde septiembre de 2003 hasta enero de 2005. , publicó un informe muy cáustico sobre la totalidad de los daños ocasionados [59]. Halló sacos terreros —para la construcción de parapetos militares— llenos de materiales arqueológicos (extraídos con palas excavadoras en el yacimiento) en los que podían encontrarse fragmentos de piezas, huesos y ladrillos antiguos. Partes de los edificios antiguos se han venido abajo [60]. Especialistas internacionales y dirigentes iraquíes suplicaron a los mandos militares estadounidenses pero el campamento no se evacuó hasta el 15 de enero de 2005. Posteriormente, el gobierno polaco pidió perdón por su complicidad [en los hechos] Negligencia y ausencia de medidas de protección durante la ocupación Durante los primeros días de la ocupación, y como respuesta a las críticas públicas al saqueo, los gobiernos de EEUU y Reino Unido anunciaron que tomarían medidas contundentes para recuperar las piezas robadas del Museo Nacional, restaurar los daños sufridos en la Biblioteca Nacional y revitalizar la cultura iraquí ‘que había estado tan abandonada durante la época de Sadam Huseín’. El Departamento de Estado, la Agencia de Ayuda al Desarrollo de EEUU [USAID, en sus siglas en inglés], la Biblioteca del Congreso, el Museo Británico y el British Council, todos, pusieron en marcha programas especiales [62].. Incluso, el Pentágono, el FBI y el Servicio de aduanas y protección fronteriza de EEUU se implicaron [en los proyectos]. El 15 de abril de 2003, tres días después de las primeras noticias sobre el saqueo, el Museo Británico convocó una rueda de prensa para prometer el apoyo de la comunidad internacional y de Reino Unido para ayudar al expoliado Museo Nacional de Bagdad. Irónicamente, durante la conferencia de prensa una llamada telefónica vía satélite realizada al presidente del Consejo de Antigüedades iraquí revelaba que el Museo seguía sin protección y expuesto a más saqueos [63]. Tras las protestas de los especialistas y el bochorno en Downing Street, las tropas de la coalición consiguieron finalmente, al día siguiente, asegurar el museo. Más tarde, Washington envió agentes del FBI y responsables del servicio de aduanas a Bagdad para seguir la pista de los objetos robados en el Museo Nacional. Matthew Bogdanos, coronel del Cuerpo de Marines estadounidense, se hizo cargo de la campaña de recuperación que comenzó en las barriadas vecinas. Entretanto, los clérigos iraquíes denunciaban el expolio cultural e insistían en que se restituyeran los objetos robados. Al final, gracias al esfuerzo internacional se recuperaron más de cinco mil objetos (se volvieron a comprar o se confiscaron en las aduanas) [64]. Pero en octubre de 2003, sólo seis meses después, los mandos militares cambiaron de destino a Bogadnos y la búsqueda de los objetos del Museo dejó de ser prioritaria. Durante los primeros días de la ocupación, la APC también nombró consejeros especiales para asuntos culturales. John Agresto, el nuevo responsable de enseñanza superior de la APC, pidió que se destinaran 1.200 millones de dólares para revitalizar las universidades iraquíes pero, al desvanecerse rápidamente el entusiasmo oficial, en el presupuesto de 2004 sólo consiguió nueve millones de dólares [65]. Cuando en 2005 [John Agresto] se marchó, su puesto quedó sin cubrir [66]. René Teijgeler, un holandés nombrado consejero ejecutivo de cultura, con responsabilidad en bibliotecas y museos, corrió un destino similar. El presupuesto de la APC era tan insignificante que Teijgeler no pudo ni siquiera empezar a afrontar los asuntos urgentes. Está claro que Paul Bremer, presidente de la APC, tenía poco interés en la materia. Cuando en 2005 Teijgeler se marchó tampoco fue sustituido [67]. La Biblioteca del Congreso [de EEUU] propuso un plan de ampliación para una nueva Biblioteca Nacional así como un programa de formación para bibliotecarios iraquíes que se elaboró durante una misión especial a Bagdad en octubre de 2003 [68]. Los expertos de Washington decidieron que la nueva biblioteca se alojara en un precioso y moderno edificio construido junto al Tigris que había sido el Club de oficiales en la época de Sadam Husein. La APC aplaudió la idea y se informó debidamente a la prensa estadounidense pero, al final, Bremer cedió el club de oficiales a otros candidatos y prácticamente toda la ayuda estadounidense prometida para restaurar la Biblioteca Nacional se quedó en nada. En diciembre de 2003, Saad Eskander tomó posesión como nuevo director de la Biblioteca Nacional. Habían transcurrido ocho meses desde los incendios y saqueos y el edificio se encontraba todavía “en un estado ruinoso”. “[…] No había dinero ni agua ni electricidad; no había papel ni lápices ni muebles,” informó posteriormente [69]. En 2004, la APC asignó a la Biblioteca Nacional un presupuesto anual de sólo 70.000 dólares para cubrir todos los gastos, incluidas las reparaciones, la compra de mobiliario y de los nuevos equipos [70]. Tras un año en el puesto, Eskander afirmó: “[…] El equipo de la Biblioteca del Congreso parece haber olvidado sus promesas” [71]. En 2003, USAID, la agencia de desarrollo [estadounidense], lanzó con gran fanfarria cinco proyectos para dar su apoyo a las bibliotecas, museos y a los programas de antigüedades iraquíes. Con la financiación de USAID varias universidades aceptaron colaborar en la formación de los bibliotecarios iraquíes y del personal de los museos, en la promoción de la investigación sobre aspectos legales, en la organización de los recursos en Internet para los especialistas y en otros proyectos. Tras unos inicios prometedores y con los proyectos de formación ya en marcha, USAID fue incapaz de seguir financiando el programa después del primer año y la mayoría de los proyectos fracasaron [72]. Con el embajador John Negroponte, las prioridades cambiaron a favor de la “seguridad”. La cultura, insuficientemente financiada como estaba, sufrió algunos recortes en el presupuesto. Los británicos hicieron unos cuantos alardes para impresionar pero en la práctica apenas hicieron nada para solventar la catástrofe cultural. El 29 de abril, como respuesta a las protestas públicas por la primera oleada de saqueos, Tessa Jowell, ministra de Cultura [británica] prometió que su gobierno aportaría 1,5 millones de libras esterlinas [casi 20 millones de euros] para la protección de los yacimientos arqueológicos pero la promesa enseguida se olvidó y el gobierno de Reino Unido nunca llevó a cabo tal programa [73]. En 2003, el British Council —el servicio cultural británico— anunció que estaba recogiendo libros para enviarlos a Iraq con el objetivo de sustituir algunas de las colecciones dañadas. Las universidades inglesas donaron miles de libros y revistas pero no se hizo ningún esfuerzo para evaluar lo que se podría necesitar en Iraq ni en cómo hacer llegar los materiales a las bibliotecas iraquíes [74]. Finalmente, el [British] Council envió a Bagdad 25 toneladas de libros vía Amman donde languidecieron en un depósito durante muchos meses. Todavía no está claro dónde terminaron los libros o si fueron útiles para los lectores iraquíes o para las bibliotecas arrasadas por el saqueo Últimos acontecimientos El Museo Nacional ha recuperado algunas de sus colecciones pero la institución nunca se ha recuperado. Donny George, presidente del Consejo Estatal de Antigüedades y del Patrimonio de Iraq y director del Museo Nacional, huyó a Siria en agosto de 2006 y desde allí envió su dimisión [76]. Antes de huir de Iraq, ordenó que sellaran con hormigón las puertas del Museo Nacional para protegerlo de futuros saqueos. George consideró “intolerable” la permanente incapacidad de los dirigentes iraquíes y del ejército estadounidense para proteger los yacimientos arqueológicos [77]. En Bagdad, el ministerio de Cultura no ha anunciado sus planes para reabrir el Museo. Rodeado de hierbajos, el Museo se esconde ahora tras unas puertas metálicas, sacos de arena y rollos de alambre de espino, otro símbolo más de la enmarañada ocupación [78]. La historia de la Biblioteca Nacional es triste y apenas esperanzadora. Saad Eskander, su director, ha intentado reconstruir la institución a pesar de la negligencia estadounidense y británica. Con pequeñas ayudas de la República Checa y de dos ONG, y con el apoyo presupuestario del gobierno iraquí, Eskander consiguió reparar los daños del edificio de la biblioteca, aumentar el personal y empezar la difícil tarea de rehacer el catálogo y de restaurar los objetos dañados [79]. En su equipo de trabajo, multiétnico y apolítico, hay sunníes, shiíes y kurdos, entre otros. La biblioteca consiguió ordenadores y acceso a Internet gracias a la ayuda italiana y japonesa y ha sido capaz de mantenerla abierta al público de manera regular [80]. Pero la Biblioteca no ha escapado a la violencia del Bagdad ocupado ni ha tenido una protección adecuada. Eskander ha colocado en Internet un escalofriante blog en el que narra el asesinato de varios miembros de su equipo y del atentado con coche bomba de una importante editorial [81]. Conclusión Según las Convenciones de Ginebra, las fuerzas de ocupación deben garantizar el orden público y evitar el saqueo. Más concretamente, las Convenciones de La Haya y de Ginebra exigen que se proteja el patrimonio cultural de la destrucción y del expolio, y prohíbe que [éste] se utilice como apoyo de las acciones militares. La Convención para la protección del patrimonio cultural en caso de conflicto armado (1954) especifica, además, que la potencia ocupante debe tomar las medidas necesarias para proteger y preservar los bienes culturales del país ocupado y debe evitar o poner fin a “[…] Cualquier tipo de robo, pillaje o apropiación indebida, y a cualquier acto de vandalismo contra los bienes culturales”. La Coalición ha ignorado y violado esas leyes internacionales, lo que ha provocado un daño enorme e irreparable al patrimonio cultural de Iraq y de toda la humanidad.
Notas de los autores y de IraqSolidaridad:
1. US Department of Defense, News Briefing by
Secretary of Defense Donald Rumsfeld and GeneralRichard Meyers, 11
de abril de 2003; véase, Sean Loughlin, “Rumsfeld on Looting in Iraq”
CNN, 12 de abril de 2003.
Véase en IraqSolidaridad:
Harvey
Thompson: Dañado el sitio arqueológico de Babilonia. Ocupación y
vandalismo cultural en Iraq
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Texto original en inglés en: Harvey Thompson: Dañado el sitio arqueológico de Babilonia. Ocupación y vandalismo cultural en Iraq * Octava parte del informe de marzo de 2007 “War and Occupation in Iraq”, elaborado por ‘Global Policy Forum’ como balance de los cuatro primeros años de ocupación de Iraq, y que IraqSolidaridad está editando en castellano en sucesivas entregas, las siete primeras de ellas: Informe de ‘Global Policy Forum’ (I): Las bases de EEUU en Iraq y la nueva embajada en Bagdad Informe de ‘Global Policy Forum’ (II): Uso de armas indiscriminadas y especialmente dañinas en Iraq Informe de 'Global Policy Forum' (III): Detenciones y cárceles: Absoluta indenfensión de los presos Informe de 'Global Policy Forum' (IV): Malos tratos y torturas a prisioneros Global Policy Forum (VI): Matanzas, asesinatos y atrocidades por parte de los ocupantes II): Desplazados y mortalidad: una aguda crisis humanitaria
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