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Crónicas de Iraq Traducido del inglés para IraqSolidaridad por Paloma Valverde "El Dr. Hamdi confirma que la mayoría de la población de al-Qaim -unas 150.000 personas- abandonó la ciudad, y que solo los incapacitados y aquellos que prefirieron quedarse permanecen aún en su interior. También indicó que muchas de las víctimas que él había tratado eran mujeres y niños, un dato ya avanzado hacía tres días por la cadena 'al-Arabiya'. El Dr. Hamdi nos explica que las familias no tienen tanto miedo de los bombardeos, de los combates o de los morteros como lo tienen de la toma de la ciudad por las fuerzas estadounidenses e iraquíes [de la Guardia Nacional], algo que muchas familias también mencionan."
La carretera que lleva hasta Anaa, a 360 kilómetros al oeste de Bagdad, estaba misteriosamente vacía el 29 de septiembre de 2005. Restaurantes, bares, tiendas y mercados de las ciudades a lo largo del camino hacia Anaa estaban todos cerrados. Normalmente están a rebosar de viajeros, trabajadores y conductores, porque es la ruta internacional que lleva hacia las fronteras de Iraq. Sabíamos que estaba previsto un ataque masivo contra al-Garbiya [área oeste del país], pero el vacío absoluto daba miedo. El conductor nos explicó que la gente prefería estar dentro de sus casas en tales situaciones. Ahora hay 1.500 familias refugiadas en esta ciudad nueva y moderna de Anaa (la vieja ciudad fue sepultada bajo el Eúfrates cuando se construyó una presa en los años 80). El Comité de Ayuda Humanitaria de Anaa ha informado que hay 7.450 familias de al-Qaim y alrededores diseminadas en distintas ciudades y pueblos del oeste y en el desierto [1]. Los informes del Comité de Ayuda Humanitaria de Anaa indican que unos pocos cientos de familias continúan aún sitiadas en al-Qaim; no pueden salir por distintas razones. Algunos tienen familiares discapacitados (hay muchos más ahora en al-Qaim), no tienen dinero para desplazarse y prefieren seguir bajo las bombas antes que vivir en un campamento de refugiados... Muchas familias no pueden salir, como la familia de Abu Alla, por ejemplo, cuya casa fue dañada a principios de año: su mujer perdió la vista en ese ataque y no pudieron abandonar la ciudad porque su esposa y su suegro fueron tiroteados otra vez esta última semana. Como resultado de ello, la mujer de Abu Alla fue herida en el abdomen y ahora está hospitalizada; no la pueden dejar abandonada. Hacemos un llamamiento a la sociedad internacional para exigir que a esas familias se les dé la oportunidad de abandonar la ciudad antes de que sea devastada. La gente que sigue allí no son necesariamente combatientes: simplemente no pueden salir. Refugiados Quienes sí pudieron salir están ubicados en diversos lugares: en la zona de denominada de los Proyectos, 2.500 familias; en Okashat, 950; en Fheida, 500; en una fábrica de fosfatos, 400; en la fábrica de cemento, 350; en Tiwan, 400; en Anaa, 1.500; en, Raihana 100; en, Hasa 200; en Jbab, 125; en Nhaiya, 100; y en Maadhid, 75. Esas familias ocupan edificios públicos, colegios, oficinas de empresas, etc. Muchos viven en tiendas de campaña donadas por el Comité de Ayuda Humanitaria. Los que mejor suerte han corrido han sido quienes tenían amigos o familiares en cuyas casas poder alojarse. Muchos de ellos necesitan cuidados médicos, los niños y jóvenes no van al colegio -ya el año pasado perdieron el curso-, y las mujeres están teniendo terribles dificultades para mantener a sus familias en unas condiciones imposibles. El Centro de Jóvenes de Anaa se ha convertido en un campamento de refugiados. 45 familias viven en tiendas de campaña, 17 dentro del edificio. Raja Yasin, una viuda originaria de Basora, que se casó y tuvo 10 hijos en al-Qaim dice: "Si no huimos de aquí nos matarán las bombas. Ahora no tenemos nada. Necesitamos mantas y comida". La familia de Raja es tremendamente pobre. Sólo cuenta con su hijo adolescente para alimentar a la familia. Pero Raja está contenta de haber podido huir con su familia. La señora Jamis, otra madre de ocho hijos y esposa de un profesor de instituto, no está en mejor situación:
Pero ella tampoco está cómoda en el campamento:
- "¿Cómo
sabe usted eso?", le pregunto. La familia Khamis no recibió ni la ración de comida ni el sueldo durante los dos meses anteriores al último ataque. Um Saddam, otra madre de familia de mediana edad, con nueve hijos, abuela de seis y con dos hijas casadas, estaba furiosa:
En el edificio del Centro de Jóvenes dos mujeres estaban intentando hacer pan. La masa se les cayó de las manos. "Es la harina que podemos conseguir aquí, hacemos lo que podemos para hacer la masa, pero es imposible", dice una de ellas. La familia de Mahdi, de 18 miembros, vive aquí. Muchos de ellos están enfermos. "Mi padre tiene 80 años; está completamente paralizado, como puede usted ver", indica Mahdi. Un hombre anciano estaba tumbado en la cama con tubos por todo el cuerpo, intentando decir algo. - "¿Necesita algo?" Retiro la cámara. La madre de Mahdi tiene un tumor en el pecho, pero no puede ir a Bagdad a recibir tratamiento. Diana, la hija de Mahdi, llamada así por la princesa, es una niña preciosa de nueve años. - "La cabeza se le mueve de forma involuntaria, como ve. Los médicos dicen que es debido al reumatismo, pero empeoró después del ataque. Por eso yo creo que todo es psicológico." Hablé con Diana; al principio sus movimientos involuntarios eran muy bruscos, después se relajó un poco y empezó a hablar del colegio y se calmó completamente; los movimientos bruscos desaparecieron. Muchos enfermos en el campamento necesitan inmediata atención médica, especialmente los niños, pero las familias están atrapadas en el campamento. Y después, el ataque, que finalmente empezó el 1 de octubre; y después un segundo ataque sobre Hadiza, conocida como La Puerta del Río. Todas las carreteras estaban completamente cortadas. Al-Qaim, desierta El Dr. Hamdi al-Alusy, director del Hospital General de al-Qaim, estaba en Anaa, reunido con el Dr. Walid Jawad, director del Hospital General de Anaa, lógicamente para hablar sobre lo que se podía hacer respecto a los refugiados y la próxima invasión de al-Qaim. El Dr. Hamdi confirma que la mayoría de la población de al-Qaim -unas 150.000 personas- abandonó la ciudad, y que solo los incapacitados y aquellos que prefirieron quedarse permanecen aún en su interior. También indicó que muchas de las víctimas que él había tratado eran mujeres y niños, un dato ya avanzado hacía tres días por la cadena [de televisión] al-Arabiya. El Dr. Hamdi nos explica que las familias no tienen tanto miedo de los bombardeos, de los combates o de los morteros como lo tienen de la toma de la ciudad por las fuerzas estadounidenses e iraquíes [de la Guardia Nacional], algo que muchas familias también mencionan:
El Dr.Walid nos informa que su hospital no puede abarcar el tremendo número de refugiados: "Estamos recibiendo entre 500 y 600 enfermos al día", señala. "No tenemos esa capacidad. No tenemos cirujano, anestesista, medicamentos ni material para las urgencias, jarabe para los niños, material de laboratorio, etc. Y ahora en Anaa en cada casa viven entre tres y cinco familias". Durante la hora que estuvimos de visita en el despacho del Dr. Wali los enfermos no dejaron de entrar y salir. La mayoría de ellos eran de al-Qaim o de Rawa, otra ciudad iraquí situada al oeste, que fue testigo de uno de los peores asaltos tres meses atrás. Una joven de 18 años, Sabreen, cojea, necesita que la operen y rehabilitación. Es una de las cinco mujeres trabajadoras de la fábrica textil que fue atacada entonces por las tropas estadounidenses, que hiriendo a todo el mundo. El Dr. Walid la envió a un cirujano amigo suyo en Ramadi [la capital de la provincia] para que la examinara. Desplazados de Rawa En el instituto de Anaa hay 14 familias refugiadas; la mayoría de ellas provienen de Rawa. Han convertido las aulas en dormitorios, cuarto de estar y cocina. Los pupitres se usan como mesas de cocina y friegan los platos y lavan la ropa en el exterior. No hay que decir que todas las escuelas de las zonas atacadas están cerradas. Pero en Anaa la situación está relativamente tranquila; las escuelas funcionan, pero solo se utilizan dos o tres aulas y el resto se han dejado para que puedan alojarse las familias refugiadas. Hace cuatro meses conocimos en Fowad Khleif a un anciano de Rawa cuya casa había sido volada desde el interior, sus cuatro hijos detenidos; lo perdieron todo. Ahora, en el instituto de Anaa, una anciana grita amargamente diciendo que no le importa que volaran su casa o que quemaran sus muebles, solo está preocupada por sus cuatro hijos detenidos hace cuatro meses, dos de ellos en Campo Bucca [en Um Qasr, Basora] y los otros dos en Abu Ghraib. Resultó ser que ella es la mujer de Fowad, la madre de sus cuatro hijos detenidos. Lleva tres meses viviendo en el instituto con su nieto y sus nueras. Lo más triste de estas familias es que no saben por qué se enfrentan a este destino. Aala Ahmad, una adolescente de 15 años, no entiende por qué las tropas estadounidenses tomaron la casa de su familia, la ocuparon y los echaron de allí, solo porque desde ella se divisa toda la ciudad de Rawa: "No nos dejaron volver, dijeron que necesitaban volver con frecuencia", dice. Aala ha perdido el último curso del colegio. Um Ismael, una madre de seis hijos, no entiende tampoco por qué las tropas estadounidenses volaron la puerta de su casa cuando estaba abierta: "Lo registraron y destruyeron todo, y no encontraron nada. Ni siquiera había un hombre para detener. ¿Qué vamos a hacer ahora?". No pude darle una respuesta. Las familias con las que pasamos nuestra primera noche en Anaa estaban en un edificio vacío en construcción bastante grande, una casa de dos pisos. Su dueño, un abogado de una conocida familia, quiso que fuera nuestra casa. Su esposa la limpió de animales muertos, restos de materiales de construcción, basura..., arregló el agua, la luz y puso alfombras sintéticas en el suelo, algunas telas viejas sobre los huecos de las ventanas, pero todavía no está bien para vivir. Por la noche los murciélagos hacen incursiones, los huecos de las ventanas dejan pasar un aire helado, las escaleras no tienen pasamanos, etc. Afaf, una profesora y madre de cuatro hijos, describe lo que ocurrió:
Afaf estaba especialmente triste porque su hijo había perdido el examen de fin de curso: "Si fuera vago, no me importaría, pero es uno de los mejores. No quiero que pierda todo el año". Todas esas familias tienen motivos parecidos para huir. Pero todos están de acuerdo en una cosa: temen la próxima invasión iraco-estadounidense. "Tenemos hijas de las que preocuparnos. Todo se puede arreglar excepto el deshonor". Tienen miedo de que los invasores puedan secuestrar a sus hijas. "Vimos lo que ocurrió en Tal Afar. Detuvieron a los hombres, dejaron solas a las mujeres y cortaron las carreteras. No queremos encontrarnos en esa situación", dice Afaf.
Nota de IraqSolidaridad: 1. Véase en IraqSolidaridad: Iniciativa de apoyo sanitario a Iraq |
Iniciativa de apoyo sanitario a Iraq
* Texto y fotos (relacionadas con el texto) remitidos por su autor a la CEOSI. ![]() ![]() ![]() ![]() ![]() ![]() ![]() ![]() ![]() ![]() |
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