CONFLUENCIA ENTRE SOCIALISMO Y ECOLOGISMO

 

Rosa Barahona

3 febrero 2010

La situación real del Planeta no admite ya más dilaciones ni titubeos por parte de las fuerzas sociales. La pasada cumbre de Copenhague y su esperpéntico espectáculo final (Capitalismo Global = 10 / Planeta Tierra = 0) debe marcar un necesario punto final, las organizaciones ecologistas, que han demostrado su capacidad de organización y de lucha desde hace mucho tiempo, deben apartarse definitivamente de la expectativa reformista, de la expectativa de que los poderes políticos tomen alguna medida para frenar la destrucción de la Naturaleza, de la cual el Cambio Climáticos es una manifestación entre otras.

  Si consideramos seriamente la historia debemos admitir que el socialismo, desde sus difusos orígenes entre los siglos XVIII y XIX, ha estado preocupado y ha hecho múltiples propuestas sobre el problema ecológico generado por el modo de producción capitalista. No puedo tratar aquí detalladamente este tema, pero si recordar como la búsqueda de la armonía entre el hombre y la Naturaleza fue una idea fundamental entre los primeros socialistas (los “socialista utópicos” según Engels), de un modo muy destacado en Charles Fourier, más también en Cabet, Weitling y otros. William Morris, quien se sumó al marxismo, escribió páginas inolvidables en este sentido, léase el comienzo de Noticias de ninguna parte (1890) como ejemplo.

  El socialismo no es una escuela filosófica ni una marca política, el socialismo, en su realidad concreta, es el arma ideológica de los trabajadores, de todos los que vivimos de vender nuestra fuerza de trabajo. Plantear esto claramente fue uno de los grandes logros de Marx, al menos desde el Manifiesto comunista (1848). La lucha de clases en el capitalismo, como modo de producción dominante, determina no solamente la lucha económica sino también la política y la ideológica. Los trabajadores deben crear sus propias organizaciones y deben dotarse de sus propias ideas para superar al capitalismo, para empezar a producir el socialismo.

  El hecho de que Marx fuera el primer teórico socialista que explicara el verdadero carácter del capitalismo (de un modo claro con el libro primero de El capital, 1867) y de que fuera un organizador imprescindible para el primer movimiento socialista internacional (Asociación Internacional de Trabajadores, 1864), no significa que se pueda ni se deba obviar otras tradiciones y tendencias que son también plenamente socialistas porque luchan contra el capitalismo y aspiran a una sociedad superior, en definitiva a una nueva civilización. Y evidentemente estoy señalando al anarquismo.

  En la obra de Marx y de Engels, una obra compleja, realizada en el corazón de las durísimas luchas sociales de su época, hay pasajes que nos muestran su preocupación por los problemas ecológicos, especialmente algunas páginas del libro primero de El capital, por ejemplo el siguiente pasaje del capítulo octavo:

 

En su impulso desmedidamente ciego, en su hambre de plus-trabajo, hambre feroz, hambre propia de fiera corrupta, el capital derriba no solo los límites extremos morales de la jornada de trabajo, sino también los meramente físicos. Usurpa el tiempo necesario para el crecimiento, el desarrollo y la conservación sana del cuerpo, se apodera del tiempo requerido para consumir aire libre y luz del sol, araña roñosamente el tiempo de comer y, si puede, lo incorpora al proceso de producción mismo, de modo que las comidas se administren al trabajador como mero medio de producción, como el carbón a la caldera de vapor y sebo y aceite a la maquinaria.

 

  Podríamos rastrear muchas otras citas de El capital, de los Grundrisse y de algunas otras obras donde Marx se muestra muy alejado del “productivismo” del que tantas veces se le ha acusado. También citas de Engels en Contribución al problema de la vivienda (1870) y en otros textos.

  En definitiva Marx consideraba al capitalismo destructor tanto de los hombres y mujeres como de la naturaleza física y de la relación “ecológica” entre ellos. Hay que recordar que en El capital insiste en que toda fuerza productiva en el capitalismo es también una fuerza destructiva. Bien es cierto que ni él ni Engels pudieron profundizar más en toda la problemática ecológica, al igual que en muchos otros temas, dado que estaban imbuidos de la aspiración de dotar al movimiento obrero de un instrumento de análisis científico de la sociedad, de una dialéctica concreta y de un programa político.

  Pero sin duda la agresión contra la Naturaleza estaba ya en marcha desde la primera revolución industrial, esto era ya muy evidente en Gran Bretaña, la “fábrica del mundo”, donde desde el último tercio del siglo XVIII las transformaciones en la propiedad agraria, enclosures, y en las técnicas de producción (nuevos cultivos, introducción de maquinaria) no solo habían expulsado a millones de campesinos hacia los centros fabriles convirtiéndolos en proletarios, sino que habían cambiado drásticamente el paisaje inglés talando bosques y liquidando otros espacios naturales.  La velocidad de la revolución industrial fue avasalladora: en 1740 Gran Bretaña producía 20.000 toneladas anuales de hierro y en 1850 dos millones, la mitad de la producción mundial; en 1800 consumía 10 millones de toneladas de carbón y en 1850, 45 millones. En todos los sectores: el textil, el ferrocarril, la construcción, etc. el aumento de la producción fue realmente impresionante. Entonces fue cuando empezó la emisión masiva a la atmósfera de CO2, CFCs, CH4 y vapor de agua que, multiplicándose con el consumo masivo de hidrocarburos desde principios del siglo XX y la energía nuclear desde su segunda mitad, han generado, según los científicos más serios, la lluvia ácida, el efecto invernadero, la destrucción de la capa de ozono y finalmente el trastorno radical del clima que hoy sufrimos.

  William Morris escribió páginas desgarradoras sobre la destrucción de la Naturaleza y aspiró al “retorno” del hombre a ella, el movimiento artístico que fundó, Arts and Crafts, es buen ejemplo de ello, pero esto no le impidió sumarse al socialismo y coincidir con el marxismo. La idea de retorno a la Naturaleza no es ni mucho menos una idea burguesa sino que está íntimamente implicada en los primeros pasos del socialismo como una de sus aspiraciones para una sociedad nueva.

  Las idea de armonía y  retorno a la Naturaleza fueron recogidas con sumo interés por el anarquismo desde sus orígenes bakuninistas y esto, que es una realidad histórica y una gran virtud del anarquismo, casi nunca ha sido reconocido por las diferentes tendencias marxistas, desde la socialdemocracia de los primeros tiempos al comunismo ortodoxo, el trotskismo, etc. demasiado enfrascados en su historia en la estrategia política. Pero lo cierto es que muchos pensadores anarquistas han realizado una labor realmente admirable, y en bastantes casos pionera, en los estudios ecológicos. No es anecdótico que un número apeciable de los intelectuales que en el siglo XIX se sumaran al movimiento libertario fuera geógrafos ya que en aquellos momentos, antes de la formación de la Ecología como ciencia, era la Geografía la única ciencia positiva que se planteaba los problemas medioambientales en su globalidad. Geógrafo y anarquista fue Élisée Reclus, uno de los fundadores de la geografía regional y autor de algunas obras clave como El arroyo (1880) y la amplísima obra histórico-geográfica El Hombre y la Tierra (1905 -1908). Por su parte Piotr Kropotkin, el revolucionario ruso inspirador del anarcocomunismo, fue también un destacado geógrafo, explorador y naturalista publicando en su juventud trabajos destacados desde el punto de vista científico como Investigación sobre la era glaciar (1876) y dirigiendo la exploración de regiones de Siberia y Asia Central, sus estudios naturales estuvieron muy presentes en sus obras posteriores. Sin intentar ser exhaustiva he de citar también, en el estado español, a Anselmo Lorenzo, uno de los verdaderos fundadores del socialismo en este país, quien formo parte del núcleo madrileño originario (P.Iglesias, F. Mora , J. Mesa) que recibió a Paul Lafargue y la difusión del marxismo, si bien más tarde se orientó a posiciones libertarias, Lorenzo es el ejemplo más evidente del origen común de las dos tradiciones, y fue autor de obras de divulgación donde se recogen muchas ideas hoy totalmente vigentes en el Ecologismo como El banquete de la vida (1900). Francisco Ferrer Guardia, el gran pedagogo asesinado por el estado en 1909, fundó La Escuela Moderna dentro de cuyos objetivos tenían un papel muy destacado el estudio y respeto hacia la Naturaleza. Y así podríamos citar a muchos más como el doctor Puerta, difusor del Higienismo y militante cenetista, muerto en 1937.

  En todas estas ideas se encuentra el origen del Ecologismo, a partir de los años 60 del siglo XX, y así ha sido reconocido por destacados activistas. El ecologismo hunde sus propias raíces en el origen del socialismo, pero la desunión de unos y otros (comunistas, anarquistas y ecologistas, entre ellos y dentro de sus propias organizaciones) ha facilitado el camino al enemigo común, no solo el avance destructivo del capitalismo global sino el surgimiento de sectas que se reclaman “ecologistas” sin cuestionar en ningún momento al capitalismo, sino con el objetivo inconfeso de justificarlo y preservarlo. Este ecologismo vulgar e hipócrita es el que informa los programas de los partidos políticos, tanto del P.P. como, lamentablemente del P.S.O.E. En este sentido es en el que plenamente se puede hablar de un pseudo-ecologismo burgués.

  La formación de partidos políticos ecologistas, los famosos verdes de los años 80 y 90, quienes llegaron a jugar un papel parlamentario tan importante en Alemania, ha resultado un verdadero fiasco, una versión embellecida, o enverdecida, del hipócrita reformismo de toda la vida. Y Manuel Sacristán, un marxista que se acercó sincera y fraternalmente al ecologismo, ya lo predijo claramente (léanse sus artículos en la revista Mientras Tanto de la primera mitad de los 80.)

  Pero ya está bien, ya no podemos aguantar más, ni la Tierra puede esperar más. Nos dirigen a un abismo de difícil cuantificación. Los científicos más fiables valoran el umbral de no retorno, si este no se ha rebasado ya, y esto en cuanto a la destrucción de la Biosfera, el Cambio Climático, el agotamiento de los recursos fósiles y la producción de energía nuclear. Si a esto sumamos la generación de especies genéticamente modificadas… Manuel Vázquez Montalbán dijo que las peores anti-utopias del siglo XX, 1984 de Orwell, Un mundo feliz de Huxley, etc, se estaban cumpliendo pero “en peor”, no tenemos por menos que darle la razón.

  Como se ha repetido en diversos lugares el capitalismo productivista ha muerto, pero también con él el socialismo productivista que se le parecía como un hermano gemelo. La experiencia de la URSS y del mal llamado socialismo real, incluido el caso Chernobil, nos indican hasta qué punto aquel era un falso camino, un camino sin retorno, paralelo al del mundo capitalista.

  La confluencia entre socialismo y ecologismo no es solo urgente sino inevitable, pero inevitable desde un punto de vista dialéctico, es decir algo que no queda más remedio que se produzca pero que quizá no llegue a darse. Como la propia Revolución cuya previsión nunca Marx dio por infalible (no era adivino ni jugó a ello), también el habló de la posibilidad de la derrota total, del caos social, de la permanente subsunción real de los trabajadores en el capital…

  No soy utópica en este sentido, los obstáculos, las barreras interpuestas subjetivamente entre nosotros pueden llegar a parecernos infranqueables, pero de lo que si estoy convencida es de que los dirigentes del capitalismo (económico, político e ideológico) no van a dar ningún paso real. Solamente la confluencia entre socialismo y ecologismo, confluencia de sus fuerzas sociales reales, podría ser un acto que impusiera un salto de fase dialéctico en el proceso de destrucción de la Naturaleza.