En este pequeño gran país llamado Catalunya, los
aficionados a los bocadillos y a las salsas lo tenemos cada vez más complicado:
cada vez que se juntan Carod y Maragall automáticamente el pan sube dos duros.
Lo de este par es difícil de entender a primera vista. No se si acaso fueron
compañeros de facultad o hicieron la mili juntos, porque si no no se entiende
ese flechazo entre los dos. Ese defenderse a capa y espada (aunque siempre vigilándose
las respectivas espaldas por lo que pueda ser), y eso que Josep Lluis no se
puede decir que sea un angelito de los que se estan quietecitos y calladitos en
la sala de espera del pediatra.
Con todas las trastadas que le ha hecho, ahí
los tenemos codo con codo, "imposible el alemán", de viaje por estos
mundos de Dios, cual dos nuevos Indivil y Mandonio, Daoiz y Velarde, Galán y
García, Hernández y Fernández o Pepe Gotera y Otilio.
Dar a conocer Catalunya al exterior es una loable acción que entra dentro de
las prerrogativas del President de nuestra Generalitat. Darnos a conocer en
Israel y Palestina, promover acuerdos comerciales con ellos, honrar a las víctimas
-judías- del Holocausto nazi e invitar a los presidentes israelí y palestino a
un encuentro con dirigentes mundiales a celebrar próximamente en Barcelona,
parecía un muy buen programa de festejos... hasta que aparecieron ellos.
Que a este viaje vaya el President de la Generalitat -nuestro máximo
representante institucional- es normal y hasta deseable, la presencia del
Conseller Castells puede ser entendida en clave de contactos con sus homólogos
israelís y palestinos, y como miembro del Govern de Catalunya. Ahora bien,
alguien me podría explicar a qué o a quien representaba el señor Carod-Rovira.
Dudo que sea por su condición de exconseller en cap, para eso podría haber
asistido el actual Conseller en Cap Josep Bargalló (con o sin corbata),
militante del mismo partido del señor Carod-Rovira. Y si se me apura hasta el
mismísimo señor Artur Mas a.k.a. "caracartón" como lider del
principal partido de la oposición (cargo, por cierto, reconocido
institucionalmente). Pero bueno, sea como fuere, hasta allí se encaminó este
inefable trio, con su cámara de usar y tirar en el bolsillo.
Y con ellos llegó el escandalo. En el primer acto protocolario a realizar, cual
vampiro huyendo de los ajos, plantón de Carod por no hallarse presente la
Senyera catalana y sólo ondear las baneras española e israelí. Siendo
benevolentes podríamos pensar que había sido un patinazo del equipo de
protocolo israelí que había conseguido herir el corazoncito y la sensibilidad
del alma del pobre Carod. Pero al día siguiente, en la ofrenda floral de
Catalunya a las víctimas del Holocausto, nueva bronca en los tendidos por parte
de ¿lo adivinan?, como no, el señor Carod-Rovira. En este caso porque junto a
la cinta con los colores de la Senyera, estaban los de la rojigualda.
Y llegados a este punto yo ya no entiendo nada. Porque a ver: Carod se queja el
segundo día de aquello que exigía en el primero (o sea de la presencia de las
dos banderas) ¿en que quedamos?¿ponemos las dos, una de las dos o ninguna?¿colocamos
sólo la del Barça y así todos contentos?. Por otro lado no soy ducho en
cuestiones de protocolo y de diplomacia internacional, pero mucho me temo que en
cualquier acto en el exterior, deberá ondear la bandera del país visitante (en
este caso la Senyera) y, mal que pudiera pesarnos, la de su estado, en este caso
la española, dado que la Generalitat no deja de ser el representante del Estado
en Catalunya (o al menos eso se pretende).
Si hubiese sido un error por parte
del equipo de protocolo israelí, la obligación de los representantes de la
Generalitat hubiera debido ser la de solucionarlo lo más deprisa posible y de
la manera más discreta, y la obligación del señor Carod, dado su papel de
invitado gorrón en la fiesta, de callarse, silbar y mirar hacia otro lado
mientras se solucionaba el desaguisado. Pero, ete aqui, que aparece en la tele
un señor, portavoz del gobierno israelí que, en un perfecto castellano, nos
dice no entender el porqué del comportamiento de la delegación catalana, dado
que unos días antes a su estelar aparición, un equipo de la Generalitat viajó
hasta allí para concretar todos los detalles de agenda y protocolo del viaje.
Alucina vecina.
Y después ya más desinhibidos, pues nada, a hacer el turista un rato por el
Santo Sepulcro. El espinoso tema de la corona, por obvio, cae por su propio peso
(aunque Carod, más cauto, prefirió no probar lo del peso y, por si las moscas,
sostuvo la corona no con la cabeza sino con su mano), aunque cabe decir que eso
de ver a todo un President de la Generalitat de Catalunya con una cámara de
usar y tirar en ristre, acabó de dar el tono patético a la escena. Pero
hombre, si sabía que iba a hacer el turista, al menos podría haberse llevado
una cámara de casa, aunque fuera la de la primera Comunión! (Respecto a este
esperpéntico y lamentable episodio, como católico me gustaría hacer un
inciso: encuentro de un muy dudoso gusto que a la puerta del Santo Sepulcro se
pueda vender una réplica de la corona de espinas con la que martirizaron a
Nuestro Señor y rogaría a la comunidad franciscana que vela por ese lugar que
presione todo lo posible para que desaparezca ese tipo de merchandising).
Pero no todo ha de ser negativo. El trio lalalá tambien ha conseguido cosas. Ha
conseguido unir a las tres mayores religiones monoteístas en su contra. Ha
conseguido que, por fin, Catalunya salga de su ostracismo, y sea conocida y se
hable de ella en el mundo entero. Ha conseguido, en fín, que en este pequeño
gran país llamado Catalunya, haya crecido de una manera desorbitada el número
de andorranos.
Roger de Llúria