Daniel Tercero
Artículo publicado en el diario digital Siglo XXI
Ahora nos
enteramos que el Gobierno de la Restauración de 1875 pactó con
los últimos carlistas la rendición de éstos. Y también hemos
sabido ahora, según publicó el pasado domingo un diario
catalán, que los últimos líderes ‘rebeldes’ recibieron
suculentas cantidades económicas por entregar las armas con
las que combatían en la que se considera Tercera Guerra
Carlista o Tercera Guerra Civil española del siglo XIX, entre
1872 y 1876.
Una serie de
documentos que están a punto de salir a la luz –y que este
pasado fin de semana se anunció su incorporación al Archivo
Nacional de Cataluña (ANC)- demuestran que el Gobierno español
pactó con los líderes carlistas de 1875 el fin de la guerra a
cambio de preservar los grados militares, la seguridad de que
no se abrirían expedientes disciplinarios a los jefes
carlistas y compensaciones monetarias. Antonio Cánovas del
Castillo presidía el Gobierno y el general Antonio Dorregaray
estaba al frente del ejército carlista de la zona del
Maestrazgo (zona centro).
La negociación, según la documentación que se hace pública
ahora, se mantuvo en secreto y participó activamente un
abogado llamado Josep Vilaseca i Mogas, además de los,
también, catalanes Manuel Duran i Bas y Josep Mañé i Flaquer,
todos designados por el Presidente Cánovas del Castillo.
Ahora, los descendientes de Vilaseca i Mogas, que han
continuado con la abogacía y eran poseedores de una gran
cantidad de cartas y documentos de su antepasado, preparan los
documentos para entregarlos al ANC, y así poder ser
consultados por todos los investigadores e historiadores que
lo deseen.
La historia oficial dicta que la Tercera Guerra Carlista
terminó, en la zona centro, tras la victoria de Cantalavieja
(Teruel) por el general Martínez Campos el 6 de julio de 1875,
con 2.000 prisioneros carlistas. Sin embargo para los
carlistas, de la época y de la actualidad, la derrota de
Catalavieja es conocida como la “traición del Centro”. Desde
las filas carlistas se tenía el convencimiento que Dorregaray
y sus jefes militares habían sido protagonistas de una
deslealtad, aunque no se sabía ni el cómo ni el por qué.
Incluso hasta el final definitivo de la Tercera Guerra
Carlista, 27 de febrero de 1876, la sombra de la traición
acompañó siempre a todas las escaramuzas y enfrentamientos
entre los dos ejércitos.
130 años después la historia se conoce tal y como fue. De
momento. Se podría pensar que esta historia –el siglo XIX, las
guerras civiles o carlistas- se está reescribiendo en estos
momentos, pero lo cierto es que nunca se acabó de escribir. La
verdad, si es esta que ahora acontece, es la única que puede
cerrar la Historia. Por lo tanto, en este caso, la paz
carlista no se está reescribiendo sino que se está contando
por primera vez.
Sirva este ejemplo para comprobar cómo de manera sistemática
la historia de los sucesos la escriben y relatan los
vencedores o mejor parados, y la verdad suele salir siempre a
flote, a la luz pública. ¿Cuántas historias nos quedarán por
saber de la Historia? ¿Será esta versión la definitiva en el
caso de la Tercera Guerra Carlista? La verdad dirá.