JUVENTUDES  CARLISTAS

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Joxe Mari,semblanza de un exiliado carlista

José Mª Iparragirre

Con el esperpéntico abrazo de Vergara en 1839, que para los carlistas supuso la impuesta y traicionera opresión del oso, los txapelgorris Navarros, fuimos doblemente vendidos por el maldito Maroto, ya que no solo se comerció con nuestra dignidad, y la de nuestros muertos, sino que con él se sirvió en bandeja de plata la soberanía del Estado Vasco, del Reino de Navarra, al Estado centralista “liberal”. No en vano nuestros batallones, junto a otros, renegaron del cambalache y, en el Puy de Estella está el panteón en honor de Guergue, Sanz, García, Uriz y Carmona, algunos de los mandos leales que fueron fusilados por aquel canalla.

A resultas de esa primera felonía, más de 28000 carlistas traspasaron con heroica dignidad la frontera, unos forzados por el destierro, y otros voluntariamente, no dejándose comprar por las mil bagatelas dispuestas al efecto. Y mientras estos, con el recuerdo respetuoso y entrañable de sus Pueblos, afrentaban las penurias del hambre y el exilio por no renunciar a sus respectivas nacionalidades, a sus Libertades, a sus Fueros, ni a romper el pacto con el Rey que los había jurado, otros muchos como Maroto, eran vanamente enriquecidos por el Estado centralista, como pago a su traición, entre el desprecio general del Pueblo llano. Desprecio que la mayor de las veces les hacía mudarse con sus caudales hacia lugares distantes donde no fueran reconocidas sus vergüenzas, e incluso en el caso de Maroto, a huir con su botín a otro país, entonces tan remoto como Chile de donde procedía su esposa, sin que ello le librara de que hasta en ese viaje le fuera negado el desembarco en Uruguay nada más ser detectada su indeseable presencia por simpatizantes carlistas.

Uno de tantos, entre aquellos otros honrados exiliados, fue nuestro compañero Joxé Mari, nacido en Agosto de 1820, en Altzola etxea de Villareal de Urrechua, siendo enseguida trasladado con su familia a Madrid, donde esta pretendía que en San Isidro el Real siguiera los pasos de San Francisco Javier, pero no era ese su destino sino el luchar y bregar por la causa de los Fueros.

Escuchó la voz del “Tio Tomás”, y se escapó de casa muy joven para alistarse voluntario con los txapelgorris del 1º de Gipuzkoa, batallón en el que luchó y resultó herido en Arrigorriaga. Desterrado en 1839, se refugió en Francia durante 9 años, en los que el bardo siguió, con su potente voz y su guitarra, defendiendo las Libertades, esta vez las del Pueblo Francés, corriendo la misma suerte y teniendo también que abandonar ese país apresuradamente, y recorrer cantando, Suiza, Italia, Alemania, Inglaterra..., hasta que en 1853 se produjera el indulto que le permitió regresar a Euskal Herria y componer el himno carlista por excelencia, el Gernikako Arbola, himno que junto a la Marcha de Entrada a Cortes compartimos todos los navarros de nación.

La canción, que fue muy aplaudida en su estreno madrileño, hacía saltar chispas en las aparentes cenizas de las conciencias forales, y eso provocó que lo encarcelaran en Tolosa y un nuevo destierro, decidiendo en 1858 embarcar para la Argentina acompañado de su novia Ángela Querejeta. Allí se casó, y quedó esta con unos tíos, marchando él a Uruguay empleado por su primo Ordoñana como aparcero en unas perdidas fincas que desde entonces fueron llamadas “del Trovador”, más tarde bajo la protección del Dr. Durañona en el campo “Las Maulas”, y así alternando distintas labores como el pastoreo, o –la pulpería- que muy escasamente le permitieron vivir y criar a sus ocho hijos, fueron pasando los años sin abandonar nunca su bohemia afición a la guitarrica.

En 1876 el conocimiento de la Ley de derogación de Fueros, promulgada por los “liberales”a resultas de la 3ª rota carlista, le hizo enloquecer, sumiéndose en la amargura y el desconsuelo que, entre sollozos que no podía reprimir, le llevaran a la tumba el 6 de Abril de 1881, a los sesenta años, en la Venta Zozabarro de Ezkio, tras ser repatriado a Euskal Herria mediante los fondos recaudados en suscripción pública por sus paisanos, contando en esos últimos años con una pensión asignada por las Diputaciones Forales. Su cuerpo desde el 5 de Abril de 1981 descansa en el mausoleo Askatasun egarria, franqueado por los escudos de los 6 Herrialdes.

Fue un vasco auténtico, hombre heterodoxo y rebelde, amante de las Libertades, generoso, parrandero y derrochon, cuyo entusiasmo y encanto personal le hicieron suplir sobradamente su escasa formación musical que pudo haber aumentado junto al maestro Duprez con unos estudios a los que no estaba dispuesto. Contó a lo largo de su vida con grandes amigos como Cabrera, el marqués de La Rochejaquelein o el periodista andaluz Enrique Romero Jiménez, que a temporadas le dispensaron su protección, mientras otros más cercanos, pero adinerados, como su viejo amigo Nicolás de Soraluce, y su primo Domingo Martínez de Ordoñana, nunca le llegaron a aceptar por el ardoroso amor a las libertades lejos de convencionalismos y ataduras materiales que, no solo cantaba, sino que predicaba con su propia vida.

Ese doloroso camino por el que transitan los desterrados, alejados de lo que más quieren, de la familia, de los amigos, de la comunidad a la que pertenecen, de su tierra y de su Pueblo, precisamente por resistirse a que fuerzas extrañas decidan sus destinos impidiendo su natural evolución desde su propia idiosincrasia, es una senda que modernamente abrimos los carlistas como pioneros y fundadores de las primeras Euskal Etxeas y Casals Catalans en Las Españas Americanas, en la sexta merindad Navarra, en el Rosselló y en tantos otros lugares; Centros Vascos, Navarros o Catalanes que no son sino una continuación ininterrumpida, ahora suponemos apartidista o pluripartidista, de aquellos Círculos Carlistas, en los que se mantenía la llama del amor a nuestras Patrias, a nuestras culturas, a nuestras tradiciones; en el caso de los vascos, a nuestra nación Navarra/ Euskal Herria, casa común de nuestro Pueblo, y a nuestras soberanas libertades forales, y donde todo el que respetaba esos valores, para nosotros sagrados, era bienvenido y acogido.

Centros, que a través ya de muchas generaciones se han constituido en hogar y punto solidario de cuantos, en defensa de las Libertades de los Pueblos, nos hemos visto forzados a marchar por esas espinosas trochas, junto a aquellos paisanos que buscando mejores horizontes también pasaron el charco huyendo de una pobreza que hicieron aún más insoportable los que intentaron acabar con nuestros comunales.

Desde esta Nafarroa regida ahora por los navarreros de siempre con capital en Madrid y diputados en Canarias, a los que pese a nuestra humildad numérica de hoy no nos cansamos de enfrentar, os mandamos un fuerte abrazo a todos y en especial a los amigos de Valencia (Carabobo) y Barcelona (Anzoategui) de la fraternal República Bolivariana de Venezuela, con los que, el que firma, compartió el exilio en la década de los 70, por luchar como tantos otros, como siempre y como ahora, contra la tiranía, el centralismo y la “democracia orgánica” impuesta por el dictador de turno, y en defensa de que sean los ciudadanos de cada Nación los que recuperando su libertad y su soberanía, decidan cada cual a través de su Pueblo, democráticamente, sin ingerencias ni imposiciones, su futuro, y desde soluciones federativas o confederales voluntariamente acordadas, se pueda restablecer, con respeto mutuo, una convivencia fructífera, solidaria, cordial y pacífica para todos.

Patxi Ventura

 

¡Gora Euskal Herria! ¡Vivan Las Españas!

 

 

 

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