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JUVENTUDES |
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ANTE ESTA GLOBALIZACIÓN:
¡AUTOGESTIÓN!
Los términos global y “globalización” empezaron a ser usados
en las facultades económicas de Harvard, Columbia, Stanford y otras universidades de
EEUU a principios de los años 80. Numerosas obras publicadas en estos centros, y la
prensa económica y financiera anglosajona fue el vehículo utilizado para dar a
conocer masivamente estas palabras. Existe una cierta confusión por el uso
indistinto de las expresiones “globalización”
y “mundialización”, realidades que son distintas una de la otra. Al decir
globalización nos referimos a la última fase del capital, que apunta a una expresión
universal para mantener y aumentar sus ritmos de beneficios y ganancias, que
subordina los valores humanos y la conservación del planeta al crecimiento económico. “Mundialización” define el
sentimiento de pertenencia a un mundo común, en el que estamos relacionados de una u
otra manera, y al que tenemos que prestar toda nuestra atención para conservarlo en
toda su riqueza y diversidad. En definitiva, hacerlo un lugar en le que la vida sea
posible para todos.
Tras finalizar el periodo de crecimiento económico que se puso en marcha
al acabar la II Guerra Mundial, se desató una crisis estructural del sistema que dio
origen al neo-liberalismo, es decir a una nueva dominación del viejo
capitalismo de siempre, que tuvo como principales exponentes a Reagan y Thatcher. El neo-liberalismo
es la máxima expresión política e ideológica de la globalización, y se ha
convertido en un dogma, en el modelo único en el que se inspiran todos los países
capitalistas, y puesto en marcha en muchas ocasiones por gobiernos autodenominados
“socialistas”.
El neo-liberalismo se basa en tres pilares fundamentales: la “libertad
económica”, la “libertad política” y la “libertad de
mercado”.
La “libertad económica” es entendida como la libre
competencia y la supresión de las barreras aduaneras y proteccionistas, lo que
conlleva la libertad de movimientos de las multinacionales para imponer en todo el
mundo sus reglas. La pequeña empresa es incapaz de competir con las empresas
transnacionales, que debido a su volumen y a su mayor nivel tecnológico producen más
barato. Esta política hace que las empresas puedan instalarse en aquellos países
que ofrecen una mano de obra y materias primas más baratas, y mayores ventajas
fiscales.
La “libertad política” es sinónimo de democracia formal. Sólo
hay sitio para quienes aceptan el sistema y las reglas de juego. Pero las medidas
neo-liberales al ser implantadas en la sociedades generan rechazo y violencia, que
dan lugar al nacimiento de fuerzas alternativas de oposición, que rápidamente son
criminalizadas o manipuladas por gobiernos de turno, quedando marginados de la vida
política oficial del país. Se busca la representación y no la participación, se
subordina la política a la economía.
La “libertad de mercado” lleva en la lógica neo-liberal el
desmantelamiento de los sistemas de protección social y la privatización del
sector público. Cuando hay pérdidas las grandes empresas piden la ayuda del Estado,
pero cuando hay beneficios se reparten entre una minoría privilegiada.
A la par que el fin del periodo de prosperidad económica de las
posguerras, ha habido varios hechos que han logrado hacer creer a mucha gente en todo
el planeta que la única salida del callejón en le que se encuentra el mundo es la
globalización: el estrepitoso hundimiento de la URSS y el resto de la burocracias
socialistas del Este, la revolución tecnológica, la desregulación de los
movimientos internacionales del capital, la mundialización de la producción,
la aparición de nuevas formas de explotación del trabajo y la apertura de las
economías nacionales de los pueblos más pobres.
La caída de todo el bloque soviético, hizo que de horma apresurada se
proclamase la imposibilidad de construir una sociedad socialista, es decir, un modelo
alternativo al capitalismo. Lo que se hundió fue una burda caricatura del
socialismo, pues no puede haber socialismo donde no hay JUSICIA, LIBERTAD,
y DEMOCRACIA PARTICIPATIVA. Por si fuera poco en la antigua URSS y en los países
del Este se ha restaurado de nuevo el capitalismo y la economía de mercado. Esta
restauración se ha producido en base a distintos conflictos armados y al robo de las
arcas del estado a manos de antiguos dirigentes de sus aparatos burocráticos.
La revolución tecnológica ha venido dada por el desarrollo de
las redes informáticas y las nuevas técnicas de la información, que han hecho que
nazcan nuevas ramas de la producción y nuevas mercancías. La informática, la
telecomunicaciones, la microelectrónica, o la robótica -nuevas tecnologías-
están presentes en la actividad económica y sus aplicaciones en la investigación,
la ciencias, la salud o la comunicaciones, han modificado la cultura y la técnica de
nuestra sociedad, dando lugar a sectores de producción nuevos y a productos que
antes no existían. Internet juega un papel fundamental en este campo.
La desregulación de los movimientos internacionales del capital producen
que el dinero tenga una libertad de acción total, como nunca jamás lo había tenido
anteriormente. Los Estados nacionales son incapaces de controlar y regular por medio
de sus bancos centrales los imponentes movimientos de capital, que pueden dar
lugar a desestabilizar los mercados de divisas, las tasas de interés y de cambio y
un largo etcétera. Han perdido el monopolio para alterar ellos mismos los mercados.
Se
busca instalar las empresas y las fábricas allí donde mayores beneficios se
obtengan y más rápidamente, teniendo a numerosos países bajo la amenaza de
trasladar estas industrias si se producen reivindicaciones pidiendo mejoras
salariales o disminución de horas de trabajo.
La mundialización de la producción conlleva la formación de oligopolios
que dominan completamente la economía mundial. Las empresas transnacionales se
organizan como empresas globales para intervenir en todo el mundo y preparadas para
resistir cualquier tipo de competencia. La producción se deslocaliza, y se da el
caso de que de algunos productos – los automóviles por ejemplo- se fabrican las
piezas en diversos países, para conseguir menos costos y más beneficios.
La aparición de nuevas de explotación del trabajo es debido a que ahora
ya no se utiliza el modelo “taylorista” de rígida disciplina,
jerarquización de responsabilidades y control de los ritmos de producción, sino que
se ha pasado al modelo “toyotista”, en el que se trabaja en equipo para
involucrar a los trabajadores en la marcha de la empresa, se fomenta la polivalencia
del trabajador y se buscan especialistas con un nivel alto de mecanización. Si el
primer modelo – a pesar de ser injusto- hacía que existiese una solidaridad hacia
la empresa, el segundo, incentiva la competencia y la rivalidad entre los
trabajadores.
La apertura de las economías nacionales de los pueblos más pobres se
nos ha intentado hacer creer que serviría para que estos alcanzasen niveles
parecidos a loas de los países
desarrollados, pero en realidad demuestra que esto es una falsedad. Según la ONU, en
más de un centenar de países, la renta per cápita es hoy más baja que hace quince
años, eso lleva a que 1.600 millones de personas vivan ahora peor que en los años
80. El abismo entre los países ricos y los pobres se ha duplicado. La realidad de
la globalización es que 258 millonarios disponen de una renta anual superior a la
renta conjunta del 45% de los habitantes de la tierra, 4000 millones de personas
viven con menos de 2 dólares diarios, el 20% de la humanidad no tiene suficiente
para comer, más de 1.500 millones de personas no disponen de agua potable, las
enfermedades infecciosas continúan causando una de cada cuatro muertes en le mundo,
el 50% de los niños menores de 15 años morirán de SIDA en África meridional y 400
millones de niños se ven empujados a trabajar para sobrevivir.
Resumiendo, podemos afirmar que la globalización neo-liberal se
caracteriza por la concentración del poder y la riqueza en unas pocas manos, la
movilidad del capital, la combinación de la tecnología más moderna con la mano de
obra más barata y la obediencia ciega la único fin que justifica todos los medios:
la obtención rápida de beneficios económicos cada vez mayores. Esto implica también un proyecto ideológico, político y social, proyecto totalmente enfrentado a la filosofía tradicional del CARLISMO, por lo que tenemos que declararnos beligerantes contra la globalización neo-liberal. No se trata de corregir lo que algunos califican como excesos, hay que atacar de raíz todo este fenómeno monstruoso, que genera de manera implacable marginación, miseria y explotación para millones de seres humanos y para pueblos y naciones.
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