Montejurra
1976
Floren
Aoiz,el nieto del "Templau"
Lo
que no se dice es que, en los pueblos más carlistas de Navarra, comenzando por
Artajona y Mendigorria, no hubo fusilamientos...
Lo recuerdo como si fuera ayer. No había cumplido 10
años, pero siempre quedó en mi recuerdo que en la
misma fecha en que nacía mi primer sobrino Montejurra
se había convertido en un infierno. No hizo falta que
lo conociera por los medios de comunicación. Hubo allí
gente cercana cuyos relatos pude escuchar. Y es que ni
los críos podíamos ser ajenos a aquella conmoción.
Ahora está de moda decir que la violencia política
es inútil, confundiendo soñar un mundo sin violencia
política y vivir en el mundo de los sueños. La
violencia de Montejurra en «aquella fría mañana con
niebla y llovizna», como la recuerda el dirigente
carlista Pérez Nievas, fue muy útil, aunque sólo
para quienes la cometieron o estaban parapetados detrás
de los asesinos, que no es lo mismo pero es igual. El
carlismo no cuadraba con el modelo de reforma que se
estaba pactando a espaldas del pueblo. La reforma no
fue sólo conchabeo y pactos, fue también puro terror
para quien no se sometía. Los franquistas estaban en
1976 en plena reconversión de la mano de algunos
antiguos rupturistas y necesitaban hacer comprender a
la sociedad que habría la reforma que ellos querían
o no habría nada. La letra con sangre entra, y la
letra del guión reformista iba a adornarse con mucha,
mucha sangre.
El carlismo quedó herido de muerte en aquella mañana
triste. La violencia tuvo efecto, vaya que si lo tuvo.
Pero el enemigo a batir no se limitaba al carlismo.
Había que atemorizar al movimiento popular, sembrar
el pánico, in- quietar al pueblo y agarrar las
voluntades de la burguesía. De ahí el BVE, los
guerrilleros de Cristo Rey. No paraban: de día
uniformados de noche incontrolados. Es imposible
olvidar los luctuosos Sanfermines de 1978, y muchos más
muertos en actuaciones policiales o parapoliciales. No
se podía permitir que los vascos estropearan la
reforma. Navarra, en especial, la vieja provincia
laureada por su julio de 1936, se había convertido en
territorio comanche, y debía ser sometida a toda
costa.
Los muertos de Montejurra deberían pesar en muchas
conciencias. Y no hablemos de hacer justicia: estamos
en la monarquía diseñada por el dictador. ¿Brindarán
en su honor en la boda? A fin de cuentas, de bien
nacidos es ser agradecidos. ¿Cómo era la frase,
atado y bien atado? Pues eso. -