IGOR
MERA URIARTE/EUSKADIKO GAZTERIAREN KONTSEILUA - CONSEJO DE LA JUVENTUD DE
EUSKADI
Decir que la situación de los jóvenes con respecto al empleo es muy negativa
no es nada nuevo, y es más, casi todo el mundo se pondría de acuerdo en eso.
Los problemas se suscitarán tras el análisis de la situación y las propuestas
que se hagan para solucionar el problema. Ese es el momento en el que cada cual
se retrata. Retrato en el que hace pocas semanas el Consejero Azkarraga no ha
salido nada favorecido, por lo menos a mi entender.
El mismo tuvo una comparecencia en la Comisión de Trabajo y Asuntos Sociales
del Parlamento de Gasteiz en la que dijo que con respecto al empleo la situación
más preocupante es la de las personas entre 16 y 24 años. La tasa de paro
juvenil es superior al 22% (25% en el caso de mujeres jóvenes), unos seis
puntos por encima de la europea. Tan preocupante o más que las tasas de
desempleo son las tasas de inestabilidad laboral. 8 de cada 100 nuevos contratos
son temporales y si bien las tasa de temporalidad laboral está situada entorno
al 30%, en el caso de las personas jóvenes ésta se duplica holgadamente.
Hasta aquí compartimos análisis con la Consejería del Gobierno Vasco, el
primer problema surge con lo que no se dice. Lo que no se dice son cuestiones
como las dobles escalas salariales que se aplican en muchas empresas y por las
que las personas jóvenes cobran menos, y además tienen menos derechos que el
resto de la plantilla. Tampoco se habla de la preocupante proporción de la
contratación a través de las ETT's y que genera la existencia de dos tipos de
personas trabajadoras en las empresas. No se cita la siniestralidad laboral y su
relación con la precariedad en el empleo. Respecto a la situación de la mujer
se publican datos genéricos, pero nada se dice sobre las discriminaciones
cotidianas que las mujeres sufren en los trabajos (puestos de responsabilidad,
impedimentos para desarrollar sus planes de vida con libertad,...) y que
constituyen un problema de gran envergadura. Tampoco se nos dice nada sobre la
realidad de las personas inmigradas en la economía sumergida, en el servicio
doméstico, en la construcción,....
También divergimos con respecto al análisis de las causas que originan está
situación. Por una parte se nos dice que se hacen pocos contratos a tiempo
parcial y que existe poca rotación en el empleo. Parece ser que ante la
precariedad laboral y el desempleo el Gobierno Vasco ha dado con la fórmula mágica:
empeorar aún más las condiciones laborales, más temporalidad y peores
condiciones salariales También se nos habla de que la formación no se acomoda
del todo a las necesidades de las empresas. Será extraño, pero es que todavía
hay gente que creemos que la educación y la formación no tienen que tener como
objetivo exclusivo la inserción en el mercado laboral. O es que quieren ustedes
que el sistema educativo público sea quien le resuelva todos los problemas
formativos a las empresas privadas. Mucho hablan de solidaridad y de promocionar
otro tipo de valores entre las personas jóvenes, pero cuando se trata de
mercado laboral lo único que nos proponen es que compitamos con nuestras compañeras
para estar más y mejor formadas y que así seamos contratadas.
También se habla de que la situación de la economía ha perjudicado
enormemente al colectivo juvenil. Por que no se dice también que en los últimos
años los beneficios empresariales van en una carrera ascendente sin límites, o
que los gastos originados por el personal son cada vez menos importantes en las
cuentas empresariales. Supongo que eso no interesa, que no le gustaría mucho a
Confebask.
Las propuestas del Departamento de Trabajo y Asuntos Sociales del Gobierno Vasco
para hacer frente a la situación son igual de descorazonadoras que el análisis
que hacen de la misma: formación para el empleo e impulso de la contratación a
tiempo parcial. Dónde quedan conceptos como el derecho al trabajo, las 35 horas
o menos, la redistribución de la riqueza, los derechos humanos y la dignidad de
las personas. Descuiden, sigan ustedes escudándose en que no tienen
competencias de cara a regular las relaciones laborales, esto es lo que les
salva de no tener que hacerse fotos, en las que a buen seguro resultarían aún
menos favorecidos.