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JUVENTUDES |
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-Navarra nación- -Pro libertate patria, gens libera state...-
Viene esta digresión a cuento de un artículo de Ángel Pascual (EL PAÍS, edición
País Vasco, 23-05-2003) titulado “El imposible nacionalismo navarro”, en el que
el autor, que también, como es lógico, tiene su propia trayectoria, posee la virtud
de hacernos pensar en unas cuantos cosas, al margen de que estemos de acuerdo o no
con sus planteamientos.
Debo confesar que al leer el título, supuse que se referiría a la supuesta
imposibilidad de articular alguna corriente política favorable a la consideración
de Navarra como nación. Craso error. Aludía a la imposibilidad para la Unión del
Pueblo Navarro, la sucursal navarra del Partido Popular, de constituirse como partido
nacionalista navarro. Naturalmente. Para ser nacionalista, la principal premisa es
considerar a algo como nación y para UPN aquí no hay más nación que España,
luego en todo caso estaríamos hablando de un partido nacionalista español, o, con
mayor precisión, de la sucursal regional de un partido nacionalista español, es
decir, el PP.
Personalmente considero que Navarra es una nación, pero no me considero
nacionalista. Estoy de acuerdo con Pascual cuando afirma que un partido nacionalista
necesita “un enemigo en el que reconocerse de forma continuada”. Esa ha sido la
trayectoria del nacionalismo aranista y la del nacionalismo español, basados ambos
en la construcción como naciones de entidades que antes no lo habían sido. Para
unos Euzkadi, una supuesta confederación de comunidades forales dotadas de una
suerte de independencia originaria. Para los otros España, considerando éstos a lo
que no era sino una amalgama de territorios sometidos por Castilla a lo largo de la
historia, más o menos cohesionados por el centralismo posterior de la monarquía y
del franquismo, como una unidad avant la lettre, “unidad de destino en lo universal”.
En el caso de Navarra no podemos hablar de construcción de ninguna nación, porque
ésta ya existe, bien es verdad que mutilada y cercenada en su territorio y su
soberanía. Navarra es hoy un territorio residual con una soberanía también
residual, por eso no resulta propio hablar de construcción de la nación navarra,
sino en todo caso de su reconstrucción.
Afirma Pascual que UPN, a quien define, creo que con mayor propiedad, como partido
regionalista, nació “en 1979, lo que ya
se sabe, como escisión de la UCD por considerar que éstos eran unos tibios en la
defensa del régimen foral”. Suele decirse que no hay peores mentiras que las
verdades a medias. Hagamos memoria y repasemos la hemeroteca.
La UCD se constituye en Navarra fundamentalmente a partir de tres partidos que eran
poco más que cuadrillas de amigos, pero bien relacionados con los autores de la
llamada transición. El Partido Demócrata Liberal de Jesús Aizpún, hijo del histórico
Rafael Aizpún, Acción Social Democrática y Foral, de Jaime Ignacio del Burgo, hijo
del no menos histórico Jaime del Burgo, y la Agrupación Popular Navarra, de José
Joaquín Sagredo.
Jaime Ignacio del Burgo en 1976 expresaba (Punto y Hora de Euskal Herria, nº 11/15
septiembre 1976) que “sólo el pueblo navarro tiene derecho a decidir si acepta o no la
existencia de un poder político supranavarro, intermedio entre Navarra y el Estado
Español. Mientras tanto sólo la Diputación Foral y el Consejo Foral, cuya
representatividad democrática confiamos sea plena en las próximas elecciones,
constituyen los únicos órganos propios de poder. No se olvide que cualquier
alteración del “status” de 1841 tan sólo puede hacerse mediante nuevo pacto
suscrito por la representación legítima de Navarra, encarnada por la Diputación
Foral como heredera y depositaria de la soberanía foral del pueblo navarro”.
Por su parte el autor del artículo de referencia, Angel Pascual, actuando como
portavoz del Comité de Navarra del Partido Comunista de Euskadi, planteaba (Punto y
Hora de Euskal Herria, nº 12/30 septiembre 1976) que “a
partir de la conquista de las libertades habrá de discutirse la vinculación o no de
Navarra a Euskadi, federada ésta en el Estado español. Los comunistas navarros
defenderemos y batallaremos porque esta integración se produzca en el futuro más o
menos inmediato”.
En las elecciones escasamente democráticas del 15 de junio de 1977, UCD obtuvo tres
diputados de los cinco que le correspondían a Navarra, los otros dos se los llevó
el PSOE. La debilidad, en Navarra, de las fuerzas favorables a la reunificación de
los cuatro territorios peninsulares de Euskal Herria, sorprendió a todos, puesto que
su presencia social había sido incomparablemente mayor. Eso, unido a la nefasta
actitud prepotente del nacionalismo vasco y a la sombra de ETA, supuso el pistoletazo
de salida para el soi-dissant navarrismo, que no es sino nacionalismo español, cuya
tarta en Navarra, como en el pasado, acuerdan repartirse liberal-conservadores (UPN)
y liberal-progresistas (PSN).
La oportunidad para ello se presentó con la inclusión en la constitución de 1978,
mediante una negociación entre Adolfo Suárez y el PNV, de la disposición
transitoria cuarta, que contemplaba la posibilidad de incorporación de Navarra a un
futuro ente autónomo vasco. En desacuerdo con esto, Jesús Aizpún abandona en 1979
la UCD y funda Unión del Pueblo Navarro. Las elecciones de ese año le dan un escaño
en el Congreso de Madrid, que arrebata no a UCD, que mantiene sus tres escaños, sino
al PSOE. En las elecciones al Parlamento de Navarra celebradas poco después,
triunfaría también UCD, siendo nombrado Jaime Ignacio del Burgo presidente de la
Diputación Foral, todavía no era Gobierno de Navarra. Tendría que dimitir en 1980
por una acusación de prevaricación, de la que en 1984 sería exculpado por los
tribunales. Entremedio, en las elecciones de octubre de 1982, la UPN de Aizpún,
coaligada con la AP de Fraga Iribarne, conseguiría dos diputados, por tres del PSOE,
no obteniendo representación UCD, que se desmorona. De esa manera, Jaime Ignacio del
Burgo recalaría en UPN, que más adelante se conformaría como la sucursal navarra
del Partido Popular.
Hoy podemos afirmar que ambos proyectos, los enunciados en 1976 por Jaime Ignacio del
Burgo y por Ángel Pascual, han fracasado. El primero al no haber conseguido alcanzar
el objetivo último de toda acción política que, más allá de victorias
coyunturales, no puede ser otro que resolver los conflictos existentes sin generar
otros nuevos, eliminar la injusticia y conseguir el bienestar material y espiritual
de todos los ciudadanos, sin excepciones de ningún tipo. A la realidad me remito. El
segundo porque el planteamiento de “integración en Euskadi” obviamente resulta
ajeno a la voluntad navarra.
A mi juicio, ha llegado el tiempo de forjar nuevos retos y enmendar viejos errores,
llevando las aguas al cauce del que nunca tenían que haber salido, que no es otro
que el de la reconstrucción nacional, política y territorial del Reino de Navarra.
Ni entes supranavarros, puesto que el sujeto político es Navarra, ni inclusiones de
Navarra en nada, sino reconocimiento de que todos los vascos somos navarros.
Fernando
Carlos Sánchez Aranaz.
Artículo
publicado en la revista Nabarralde
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