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JUVENTUDES |
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-EL
COLABORACIONISMO-
Mendiatik Continuación desde el 23 de Julio --------------------------------------------------------------------------------
En 1955 , y ``por orden del Rey", Don Javier de
Borbón Parma, cesó como Jefe- Delegado de la Comunión Tradicionalista de
España Don Manuel Fal Conde, que venía siéndolo desde tiempos de la 2ª República.
Fal Conde, de procedencia integrista, representaba una línea de gran dignidad
y valor frente a Franco. Por ello- según los documentos del embajador nazi en
España-, sólo la existencia de miles de requetés armados le salvó de morir
fusilado. Estuvo desterrado y confinado varios años. Era Dirigente de un
partido de oposición contra una Dictadura fascista y no un diplomático para
colaborar en ese régimen.
En 1957 Don Javier dirigía un llamamiento a intervenir en ese mismo régimen``para
sacar las consecuencias políticas de la Cruzada".
Arauz de Robles fue el primero en declararse juanista, Sáenz Díez se fue
eclipsando en una postura semiintegrista semicapitalista, el Sr. Hernando de
Larramendi dimitió por ser totalmente contrario a la políca de colaborar con
el Régimen, Zamanillo fue tomando importancia por su prestigio de haber sido
Delegado Nacional de Requetés y haber estado confinado en Extremadura durante
la postguerra, y fomentó todo lo que pudo -que fue mucho- la entrega del
Carlismo a Franco, José Mª Valiente, que llegó a ser Jefe Delegado de Don
Javier en España, argumentaba que el Carlismo no iba a estar eternamente en la
oposición y puesto que había intervenido esforzadísimamente en la Guerra debía
intervenir también en el régimen salido de ella.
Se decía que había ciertos síntomas de aperturismo postotalitario - forzado
por el desastre económico y por la derrota del Eje nazi fascista - y que había
que aprovechárlos. Se inculcaba en los carlistas el culto incondicional a las
gloriosas abstracciones tales como el 18 de Julio, la Cruzada o el espíritu
del Movimiento Nacional, y se les trasladaba así a una actitud de guardia
cerrada en un plano distinto a las preocupaciones del hombre de los años 60,
por debajo del folclore propagándistico de mitos, fútbol, toros y palabrería
beata y perversa: vivienda, carestía, crisis económica, corrupción, represión
contra los antifranquistas, miles de presos políticos, cientos de míles de
emigrantes.
Había toda una constelación de colaboracionistas de segunda fila. Por
ejemplo, José Mª Codón, nombrado por el dictador Consejero Nacional del
Movimiento y Procurador en Cortes y que, en los años 60, quiso fundar en
Burgos el Tercio de Requetés Generalísimo Franco. A Miguel Fagoaga, Jefe
Regional Carlista de Castilla la Nueva y cargo destacado en Secretaría
Nacional del Movimiento, se debe un ``logro"sintomático "del
colaboracionismo, la apertura de una red nacional de círculos carlistas
inscritos como Asociaciones del Movimiento en Secretaría General de F.E.T. y
de las J.O.N.S. con el nombre de Círculos Culturales Juan Vázquez de Mella.
Había militares a la vez carlistas y franquistas, gentes de prestigio por
haber mandado Tercios de Requetés. Permanecían un poco alejados de la política
activa, si bien contribuían económicamente a las necesidades carlistas y lucían
su presencia en Misas y Recepciones que organizaba la Comunión Tradicionalista
Carlista. En esa situación estaban los generales Pérez- Salas y Redondo. El
General Redondo era miembro de altos organismos de la Justicia Militar de
Franco y dedicó a éste el libro `` El Requeté", que escribió en
colaboración con Juan de Zavala y Castella, Director General de Prisiones.
Más discretamente pro tradicionalista fue el bilaureado Teniente General
Varela, que cuando la guerra 1936-1939 redactó la Ordenanza del Requeté,
inspiradas en el Credo Legionario. Esta discreción no evitó que en Agoto de
1943 los falangistas lanzasen bombas de mano contra una concentración carlista
en Bilbao, en la Basílica de Begoña, a la que asistía Varela. Hubo muertos y
muchos heridos y se produjo o provocó una crisis que sirvió a Franco para
desprenderse de elementos pro nacis e irse aproximando a los aliados ,que ya
iban ganando la 2ª Guerra Mundial.
La discreta simpatía de altos jefes militares servía a los carlistas para una
difusa sensación de amparo pero no evitó que, desde 1939 a 1957, se produjésen
muchos ataques falangistas contra actos carlistas.
La mayoría delos Tenientes Generales eran monárquico-juanistas pero temblaban
ante Franco y antes que monárquicos eran partidarios de sus prebendas y
privilegios.
Se hablaba de promesas de Ministerios o Gobiernos Civiles, pero lo cierto es
que los tradicionalistas desiganados para altos o medianos cargos políticos
salieron, en su casi totalidad, del sector acomodado, monárquicos beatos pro
juanistas ligados al capitalismo industrial o terrateniente o a cuerpos de élite
profesional, como los Oriol, Iturmendi, Arellano, Castiella, Arauz de Robles.
Una vez más, el Carlismo fue el bombero de la Reacción. El Régimen le guiñaba
el ojo y la Comunión Tradicionalista Carlista de España tragaba y así se
evitaba muchos sinsabores y la burguesía subida en el machito se sentía
protegida. Pero, incluso en aquellas condiciones, aquello no era monolítico,y
la base carlista, entonces muchos millares de personas, se sentía antifascista
y antifranquista.
La asimilación del colaboracionismo, sobrepasando al de la Iglesia y sin
obtener las ganancias de ésta, por los carlistas era impulsada por la Familia
Real y ayudada por la militarización, es decir por una pujante organización
activista del Requeté.
En Sueca (Valencia )en un acto al que asístían las hijas de Don Javier Mª
Teresa y Cecilia, que no se retiraron del acto, Zamanillo dijo que el Carlismo
estaba dispuesto a luchar otra vez junto a la Falange, el Ejército y el Clero,
y en Madrid en una Fiesta de los Mártires de la Tradición dijo publicamente
" Nosotros estamos con Franco".
En la reunión de Munich, en 1962, de fuerzas antifranquistas no comunistas, el
Carlismo no participó y se sumó a la posterior ofensiva franquista contra
dichas fuerzas.
El problema de la actuación política no clandestina durante el Régimen de
Franco, como el de todo entrismo -por ejemplo el de Largo Caballero o del Rey
Carlista Don Jaime en los primeros tiempos de la Dictadura de Primo de Rivera o
la socialdemocracia en el sistema capitalista o el de cierta forma de
anarcosindicalismo en las elecciones sindicales o el de las primeras comisiones
obreras en el Sindicalismo Falangista o el de partidos comunistas en frentes
mayoritariamente no obreros o el del silencio de muchas izquierdas ante el
estalinismo-, es complejo y dífícil. No se pueden juzgar circunstancias
pasadas con criterios actuales, si bien había entonces mucha gente que lo tenía
claro y que por ello estaba en la cárcel. Hay un principio ético y un modo de
proceder, pero mala cosa es abordar el tema con una postura cobarde,
entreguista y blanda. Habría que ver qué postura adoptaría el Partido
Socialista en un Régimen Comunista que le permitiese legalizar algunas
posibilidades de actuar.
De todas formas faltó un análisis serio de los hechos sociales y económicos
base del Régimen y de su relación real con la oligarquía procedente del
sistema canovista. Este análisis ya habría llevado a la conclusión de que el
Régimen era una reacción de la oligarquía y en ella desembocaría. Y que sería
estúpido esperar que ese régimen fuese a parar a un Sistema Federativo de
Instituciones Autodeterminadas, incluidos auténticos Sindicatos Obreros no
toleradores de tráfico de mano de obra y desmontaje de la red capitalista para
dar paso a unas instituciones de economía socializada, bienes comunales y
autogobierno de comunidades libres.
Tal vez sea más útil que olvidar o maquillar estas viejas y dolorosas
historias extraer de ellas reflexiones y conclusiones luz hacia el futuro.
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