JUVENTUDES  CARLISTAS

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 -EL COLABORACIONISMO-


August 10, 2004

 Mendiatik

Continuación desde el 23 de Julio

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En 1955 , y ``por orden del Rey", Don Javier de Borbón Parma, cesó como Jefe- Delegado de la Comunión Tradicionalista de España Don Manuel Fal Conde, que venía siéndolo desde tiempos de la 2ª República.

Fal Conde, de procedencia integrista, representaba una línea de gran dignidad y valor frente a Franco. Por ello- según los documentos del embajador nazi en España-, sólo la existencia de miles de requetés armados le salvó de morir fusilado. Estuvo desterrado y confinado varios años. Era Dirigente de un partido de oposición contra una Dictadura fascista y no un diplomático para colaborar en ese régimen.

En 1957 Don Javier dirigía un llamamiento a intervenir en ese mismo régimen``para sacar las consecuencias políticas de la Cruzada".
Fal Conde fue sucedido por unos órganos colegiados, tipo Secretariado Nacional Tradicionalista o Junta Suprema, para los que fueron nombrados, por el Rey, José Mª Valiente Soriano, José Luis Zamanillo, Juan Sáenz Díaz, José Mª Arauz de Robles y Luis Ignacio Hernando de Larramendi.

Arauz de Robles fue el primero en declararse juanista, Sáenz Díez se fue eclipsando en una postura semiintegrista semicapitalista, el Sr. Hernando de Larramendi dimitió por ser totalmente contrario a la políca de colaborar con el Régimen, Zamanillo fue tomando importancia por su prestigio de haber sido Delegado Nacional de Requetés y haber estado confinado en Extremadura durante la postguerra, y fomentó todo lo que pudo -que fue mucho- la entrega del Carlismo a Franco, José Mª Valiente, que llegó a ser Jefe Delegado de Don Javier en España, argumentaba que el Carlismo no iba a estar eternamente en la oposición y puesto que había intervenido esforzadísimamente en la Guerra debía intervenir también en el régimen salido de ella.

Se decía que había ciertos síntomas de aperturismo postotalitario - forzado por el desastre económico y por la derrota del Eje nazi fascista - y que había que aprovechárlos. Se inculcaba en los carlistas el culto incondicional a las gloriosas abstracciones tales como el 18 de Julio, la Cruzada o el espíritu del Movimiento Nacional, y se les trasladaba así a una actitud de guardia cerrada en un plano distinto a las preocupaciones del hombre de los años 60, por debajo del folclore propagándistico de mitos, fútbol, toros y palabrería beata y perversa: vivienda, carestía, crisis económica, corrupción, represión contra los antifranquistas, miles de presos políticos, cientos de míles de emigrantes.

Había toda una constelación de colaboracionistas de segunda fila. Por ejemplo, José Mª Codón, nombrado por el dictador Consejero Nacional del Movimiento y Procurador en Cortes y que, en los años 60, quiso fundar en Burgos el Tercio de Requetés Generalísimo Franco. A Miguel Fagoaga, Jefe Regional Carlista de Castilla la Nueva y cargo destacado en Secretaría Nacional del Movimiento, se debe un ``logro"sintomático "del colaboracionismo, la apertura de una red nacional de círculos carlistas inscritos como Asociaciones del Movimiento en Secretaría General de F.E.T. y de las J.O.N.S. con el nombre de Círculos Culturales Juan Vázquez de Mella.

Había militares a la vez carlistas y franquistas, gentes de prestigio por haber mandado Tercios de Requetés. Permanecían un poco alejados de la política activa, si bien contribuían económicamente a las necesidades carlistas y lucían su presencia en Misas y Recepciones que organizaba la Comunión Tradicionalista Carlista. En esa situación estaban los generales Pérez- Salas y Redondo. El General Redondo era miembro de altos organismos de la Justicia Militar de Franco y dedicó a éste el libro `` El Requeté", que escribió en colaboración con Juan de Zavala y Castella, Director General de Prisiones.

Más discretamente pro tradicionalista fue el bilaureado Teniente General Varela, que cuando la guerra 1936-1939 redactó la Ordenanza del Requeté, inspiradas en el Credo Legionario. Esta discreción no evitó que en Agoto de 1943 los falangistas lanzasen bombas de mano contra una concentración carlista en Bilbao, en la Basílica de Begoña, a la que asistía Varela. Hubo muertos y muchos heridos y se produjo o provocó una crisis que sirvió a Franco para desprenderse de elementos pro nacis e irse aproximando a los aliados ,que ya iban ganando la 2ª Guerra Mundial.

La discreta simpatía de altos jefes militares servía a los carlistas para una difusa sensación de amparo pero no evitó que, desde 1939 a 1957, se produjésen muchos ataques falangistas contra actos carlistas.

La mayoría delos Tenientes Generales eran monárquico-juanistas pero temblaban ante Franco y antes que monárquicos eran partidarios de sus prebendas y privilegios.
En los años 1955-1965 los carlistas celebraban actos conjuntos con los gobernadores, los jefes de Policía y la Falange. Incluso con asistencia de Infantas como Mª Teresa de Borbón Parma.

Se hablaba de promesas de Ministerios o Gobiernos Civiles, pero lo cierto es que los tradicionalistas desiganados para altos o medianos cargos políticos salieron, en su casi totalidad, del sector acomodado, monárquicos beatos pro juanistas ligados al capitalismo industrial o terrateniente o a cuerpos de élite profesional, como los Oriol, Iturmendi, Arellano, Castiella, Arauz de Robles.

Una vez más, el Carlismo fue el bombero de la Reacción. El Régimen le guiñaba el ojo y la Comunión Tradicionalista Carlista de España tragaba y así se evitaba muchos sinsabores y la burguesía subida en el machito se sentía protegida. Pero, incluso en aquellas condiciones, aquello no era monolítico,y la base carlista, entonces muchos millares de personas, se sentía antifascista y antifranquista.

La asimilación del colaboracionismo, sobrepasando al de la Iglesia y sin obtener las ganancias de ésta, por los carlistas era impulsada por la Familia Real y ayudada por la militarización, es decir por una pujante organización activista del Requeté.
La declaración del Estado, en la Ley Orgánica, como Monarquía Católica, Tradicional, Social y Representativa, fue un gran apoyo para la tésis colaboracionista. Con ese motivo el Rey y la Jerarquía Carlista dirigieron telegramas de felicitación a Franco en tanto que ello representaba la esperanza de cierta liberalización, la redacción de alguno de estos telegramas no llegó al mínimo de dignidad exigible a un partido de fuera del Régimen si éste era una dictadura.

En Sueca (Valencia )en un acto al que asístían las hijas de Don Javier Mª Teresa y Cecilia, que no se retiraron del acto, Zamanillo dijo que el Carlismo estaba dispuesto a luchar otra vez junto a la Falange, el Ejército y el Clero, y en Madrid en una Fiesta de los Mártires de la Tradición dijo publicamente " Nosotros estamos con Franco".

En la reunión de Munich, en 1962, de fuerzas antifranquistas no comunistas, el Carlismo no participó y se sumó a la posterior ofensiva franquista contra dichas fuerzas.
Por aquellos años el Carlismo ofreció a los Gobernadores franquistas requetés para patrullar contra huelgas mineras, maniobras subversivas o movimientos obreros clandestinos.

El problema de la actuación política no clandestina durante el Régimen de Franco, como el de todo entrismo -por ejemplo el de Largo Caballero o del Rey Carlista Don Jaime en los primeros tiempos de la Dictadura de Primo de Rivera o la socialdemocracia en el sistema capitalista o el de cierta forma de anarcosindicalismo en las elecciones sindicales o el de las primeras comisiones obreras en el Sindicalismo Falangista o el de partidos comunistas en frentes mayoritariamente no obreros o el del silencio de muchas izquierdas ante el estalinismo-, es complejo y dífícil. No se pueden juzgar circunstancias pasadas con criterios actuales, si bien había entonces mucha gente que lo tenía claro y que por ello estaba en la cárcel. Hay un principio ético y un modo de proceder, pero mala cosa es abordar el tema con una postura cobarde, entreguista y blanda. Habría que ver qué postura adoptaría el Partido Socialista en un Régimen Comunista que le permitiese legalizar algunas posibilidades de actuar.

De todas formas faltó un análisis serio de los hechos sociales y económicos base del Régimen y de su relación real con la oligarquía procedente del sistema canovista. Este análisis ya habría llevado a la conclusión de que el Régimen era una reacción de la oligarquía y en ella desembocaría. Y que sería estúpido esperar que ese régimen fuese a parar a un Sistema Federativo de Instituciones Autodeterminadas, incluidos auténticos Sindicatos Obreros no toleradores de tráfico de mano de obra y desmontaje de la red capitalista para dar paso a unas instituciones de economía socializada, bienes comunales y autogobierno de comunidades libres.

Tal vez sea más útil que olvidar o maquillar estas viejas y dolorosas historias extraer de ellas reflexiones y conclusiones luz hacia el futuro.

 

 

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