JUVENTUDES  CARLISTAS

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-De cuando la disciplina se pervierte en sumisión borreguil-

Agosto 13 2004 

Mendiatik

Muchos carlistas, a los que no les hacía falta ser marxistas para no ser carquistas, aguantaron, contra viento y marea, en las organizaciones activas del Carlismo uniendo su persistente antifranquismo a una actividad de propaganda de la Familia Real. Aguantaban porque creían que la disciplina era vital y sin mezclarse en perseguir izquierdistas. Se les ordenaba hacer cosas concretas y no se les decía por qué ni para qué. Metían impresos en sobres y no sabían qué decían esos impresos, se les ordenaba estar a tal hora en tal sitio e iban porque para eso eran requetés, vendían periódicos como ``Siempre" o `` 18 de Julio" porque eran prensa carlista y punto.

Estamos hablando de un partido político que en aquellos años movía a más de cien mil personas y era España y años 60 del siglo XX.

Les unía, disciplinaba y manipulaba la sensación de ser como un ejército contra todos, un ejército necesitado de ciega disciplina para sobrevivir en una larga travesía por el destierro y una adhesión férrea a la Dinastía Carlista como nexo para sobrevivir, una Familia Real mítica a la que se creía vinculada y comprometida por un Pacto inquebrantable. La Dinastía con su leyenda o realidad de legitimidad proscripta imantaba la voluntad de los carlistas hasta el punto de pasar a segundo término el condicionamiento social de ese Pacto.

Fenómenos parecidos, de ciegas discplinas, jerarquismos exorbitantes y manejo del militante como un número o un borrego a quien una camarilla moviliza o desmoviliza a capricho o utilidad de intereses contrarios a la razón de ser del partido, se daban también en otros partidos y así iba formándose la pactada Segunda Restauración y la corrupción de la política.

Tales manejos suelen producir, tarde o temprano, la muerte agónica del colectivo, suplantado por una Nueva Clase de mandarines, una nomenklatura - como en la Europa del Este o en las izquierdas tragonas de capitalismo- de caciques, nuevos señoritos emborrachados de viejas ambiciones, paniaguados del Poder, crueles proxenetas de sí mismos, asesinos del espíritu crítico, tramposos arribistas, mafiosos de distintos colores. El Evangelio, Pacto Inicial o Manifiesto, la razón de ser , son prostituidos y el partido, organizacón o Iglesia pasa aser escabel para la dictadura de una élite o secta.

Tal corrupción podría ser dificultada si el militante hubiera preferido el riesgo de profundizar en la razón de su militancia a la comodidad de no plantear problemas refugiándos en la irracionalidad de sumisiones incondicionales.


 

 

 

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