JUVENTUDES  CARLISTAS

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  -Las Tres Convivencias- 

El Socialismo de Autogestión es la estructura que el Carlismo propone en este momento histórico. La autogestión se ha de dar en las tres comunidades en las que vive el hombre; comunidades interrelacionadas pero distintas: convivencia en el marco de la vecindad, convivencia en el marco del trabajo y convivencia en el marco de las comunidades ideológicas o políticas.

La vecindad se entiende desde el municipio al país y a los estados supranacionales. El Carlismo, a lo largo de toda su Historia, ha defendido este concepto democrático de participación de abajo a arriba en la comunidad de los pueblos y sostiene que, de escalón en escalón, son las comunidades las que tienen que federar en las actuaciones comunes, para resolver, al final, el problema del pueblo, y de todos los pueblos. En ese sentido puede decirse que el Carlismo defiende la autogestión a todos los niveles: municipal, comarcal, regional, nacional e internacional, siempre teniendo en cuenta que cada una de estas comunidades debe aunar a las comunidades interiores y ayudar a las demás comunidades exteriores. En el caso concreto de nuestro país, los pueblos que constituyen Las Españas son realidades históricas y humanas que en nombre del principio de Libertad se tienen que respetar y potenciar, dando a estas realidades un sentido solidario. Estas comunidades desarrollarían su capacidad propia de promoción al servicio de las demás comunidades y así se fortalecería políticamente la unidad de Las Españas mediante la hermandad de sus pueblos.

En cuanto a la convivencia en el marco laboral, la empresa debe ser una comunidad del trabajo. Por lo tanto, sus únicos responsables legítimos han de ser los propios trabajadores. En este aspecto, el carlismo no reconoce el concepto capitalista de propietario, sino solamente el concepto socialista de responsable de la actividad comunitaria de la empresa. El Carlismo propone el concepto de autogestión de la empresa como punto de partida de la autogestión económica de toda la sociedad. En cuanto al Sindicato, el carlismo lo considera un instrumento intercomunitario o interempresarial que permite federar a las empresas en una labor coherente, de forma que la planificación económica tenga una base en la Empresa y permita configurar una visión general de la economía. Por ello, el Carlismo propone un Sindicato por cada rama de la producción para que haya coherencia en la planificación económica. De este modo, el Sindicato no se considera como un medio reivindicativo y de lucha, ya innecesaria, sino como un medio comunitario de todo el mundo del trabajo, para realizar la autogestión de las propuestas de planificación. Las decisiones de planificación son políticas, y por tanto es preciso tomarlas a niveles políticos, pero las propuestas de planificación tienen que apoyarse sobre la base de unas propuestas sindicales para que correspondan al anhelo de los trabajadores y a la realidad de las empresas. De este modo, se puede realizar la autogestión de todo lo económico con la participación de los trabajadores.

Por último, la autogestión política se realizaría a través de los partidos populares, sustituyendo progresivamente una democracia de delegación por una convivencia política nueva, fundada en sectores populares de auténticos militantes responsables, esto es, a través de sus partidos de masas de participación política popular autentica. El voto tiene que ser una afirmación consciente y responsable, por el compromiso del militante ante su comunidad política, y de esta ante la comunidad federal. Esto será posible cuando la vida política de la colectividad se mueva guiada, no por intereses que defender, sino por objetivos a alcanzar. De este modo, la autogestión política sería un hecho, porque el conjunto de las opiniones políticas e ideológicas de base popular del país estarían realmente representadas.

Este es el concepto que de la organización de la Sociedad tiene el Carlismo, concepto que brinda a Las Españas y a los españoles con vocación de servicio a su país.

 

           

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