JUVENTUDES  CARLISTAS

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La sociología del carlismo catalán durante la guerra de los "matiners".  

IGNACIO JAVIER CASTÁN ANDOLZ, 

IES Ramón José Sender, Fraga (Huesca).
 

Resumen: Además de sus componentes dinásticas y políticas, el carlismo parece tener también el carácter de un movimiento de reacción popular ante la transición desde una sociedad tradicional a otra caracterizada por unas relaciones de producción capitalistas. Campesinos afectados por la desamortización o por la apropiación burguesa de los comunales, artesanos arruinados por la competencia de las manufacturas industriales e incluso obreros en paro a causa de la crisis del textil pudieron encontrar en el carlismo un cauce para expresar de forma organizada y violenta su descontento. En el presente articulo se procede al análisis de las bases sociales del carlismo catalan a lo largo de un conflicto específicamente centrado en esta tierra (la segunda guerra, también llamada de los "matiners") para tratar de dilucidar en que medida crisis económica y traumas generados por la transición pudieron favorecer su adscripción a la causa de D. Carlos
Palabras clave: Carlismo, "Matiner", Cataluña, Sociología, partidas, artesanado, campesinado.

Abstract: Beyond its dynastic and political features, carlism seems to have also the character of a moviment of popular reaction against the transition from traditional society to a new one characterized by capitalist production relationships. Farmers affected by "desamortización" or bourgeois appropiation of comunlands, craftsmen broken by competition of industrial manufacture, and even workmen unemployed because of the crisis in the textile industry, could find in carlism a way to an organized and violent expression of their anger. The present article proceeds to the analysis of the social support to Catalan carlism along a conflict which centers specifically in that region (the second war, also called the "matiner" war), and try to dillucidate up to which level the economical crisis and traumas generated by transition could favour popular adscription to "Carlos VI" cause.
Key words: Carlism, "matiner" Catalonia, Sociology, Guerrilla groups, Farmers, Craftsmen.

     
Cuando en 1846 el carlismo, fracasada y extinta la vía negociadora que habían abierto los intentos balmesianos de una reconciliación dinástica por la vía del frustrado matrimonio entre Luis Carlos de Montemolín e Isabel II, opta por un nuevo llamamiento a las armas, éste tendrá una muy desigual respuesta en los distintos territorios españoles. Tanto en Navarra como en las provincias vascas, auténtica patria del carlismo durante la guerra de los Siete Años, como en Galicia o Aragón, Andalucía, Extremadura o Castilla los alzados serán pocos y sus esfuerzos rápidamente neutralizados, en la mayoría de los casos, por la rápida respuesta gubernamental. Puede afirmarse que, en puridad, será Cataluña la única excepción a la norma. El único lugar donde el alzamiento cuaja y se consolida. La nueva patria del carlismo.
     La segunda guerra carlista es, por ende, un conflicto fundamentalmente catalán. Pero ¿por qué? No parecen existir razones ideológicas o religiosas que permitan establecer profundos distingos entre este país y las restantes zonas del estado español. Sí que es fácil, sin embargo, apreciar claras particularidades catalanas en otros aspectos. Por ejemplo el de la creciente presión demográfica. Según Josep Iglesies entre 1834 y 1860 la población catalana aumentó desde 1.041.222 habitantes hasta 1.637.842, un crecimiento claramente superior al del conjunto de España, en cuyo total pasó porcentualmente de representar el 8,56% al 10,67%[1]. Y mayor presión demográfica significa, invariablemente, incremento de las tensiones sociales si no lleva aparejado un crecimiento de recursos similar. No parece que fuera este el caso de Catalunya. En 1846-47 se produce en todo el orbe capitalista una crisis económica generalizada que, dentro de la Península Ibérica, incide especialmente sobre una Cataluña individualizada por el doble carácter de su economía (con una incipientes transformaciones burguesas, pero con una estrecha dependencia de la agricultura tradicional). Esta crisis se verá además agravada por las malas cosechas de 1846, que provocaron la escasez de cereales y otros productos alimenticios básicos.
     En algunas comarcas de la Cataluña prepirenáica y pirenáica la carestía de productos alimenticios esenciales resulta además agravada por el deterioro de las estructuras económicas agrarias provocado por la anterior contienda (Primera guerra carlista) que de forma intermitente y larvada había venido manteniéndose tras Vergara, entre 1840 y 1846. Esta situación llevará, por ejemplo, en el Solsonés a una situación de suma indigencia a numerosas familias, lo que provocará que en mayo de 1847 el capitán general de Catalunya, Manuel Pavía, preocupado por que el hambre pueda empujar a algunos ciudadanos a buscar la soldada en las filas carlistas, intentará paliarla, al menos parcialmente, a costa de su propio bolsillo al hacer entrega al obispo de la diócesis de Solsona de una donación de una suma de 4.000 reales, específicamente destinada a ayudar a los elementos más necesitados a causa de la hambruna[2].
     La crisis fabril aparece, por otro lado, claramente descrita en los diversos trabajos de investigación de carácter económico y de alcance local realizados en municipios eminentemente industriales, como es el caso de Sallent, estudiado por Ferrán Sánchez i Agustí[3]. A tenor del mismo, en la citada localidad del Llobregat, a pesar de que entre 1840 y 1850 la actividad industrial fue vigorosa, no faltan las quejas empresariales ante la disminución de la demanda, agravada por el incremento del contrabando: "Se verán precisados los fabricantes a cerrar sus fábricas (...) dicha paralización procede del mucho contrabando y de las medidas librecambistas gubernamentales (.../...) y lo que es aún más sensible que tantas familias que trabajan en esta industria que no les es fácil ocuparse en otro oficio por haberse dedicado exclusivamente toda su vida a aquella, quedarán sin un bocados de pan y por consiguiente a una suma miseria pudiendo aquí seguirse fatales resultados", entre los que expresamente se menciona que la juventud en paro se pase a los matiners. Según el estudio de Sánchez i Agustí , en fin, el año 1847 resulta en Sallent especialmente apocalíptico al coincidir la mencionada crisis del textil con los efectos de la epidemia de gripe que ocasionó 68 defunciones, sobre un censo de 2654 almas.
     En Cataluña en su conjunto, sobre crisis y presión demográfica inciden, a su vez, otros factores relacionados con el proceso de transición desde una economía de antiguo régimen a otra de carácter capitalista, o con la definición, a través del Código Civil realizado entre 1843 y 1851 bajo la inspiración de Francisco García Goyena, de un modelo de estado liberal español más centralizado que perjudica instituciones del derecho catalán como son la Legítima, la Enfiteusis y la " Rabassa Morta". En este contexto jurídico se verifican las reformas financieras de Mon y Santillán, que implican la implantación de un nuevo sistema fiscal probablemente bastante más gravoso para el pequeño y mediano campesinado de Cataluña.
     Una de las más significativas reformas que el nuevo modelo de estado burgués conlleva es la introducción en Cataluña del sistema de quintas que había de generar un lógico rechazo agravado además por el hecho de privar a las economías domésticas de una fuerza de trabajo imprescindible en estos momentos especialmente críticos.
     Si en este contexto que hemos descrito, un movimiento político lograra convertirse en expresión de la resistencia a la transición, dando además a esta resistencia a la transición, dando además a esta resistencia un carácter violento, sería fácil explicarse que a través de él pudiera canalizarse un descontento más social que político.
     Considerando que el carlismo había operado, tras la abdicación del pretendiente y el acceso a su cúpula de Luis Carlos de Montemolín un radical giro ideológico, o cuando menos estratégico, que podría resumirse en la postergación de los sectores más ultramontanos y en el triunfo de elementos más populistas, tal vez deberíamos preguntarnos en qué medida el alzamiento de 1846 no es, en el caso del espacio rural catalán, antes que nada, un verdadero movimiento social, una forma de reacción popular frente a un proceso de transición traumático y percibido como una clara agresión.
     Pero contestar a tales cuestiones pasa, necesariamente, por un análisis sociológico del carlismo catalán en la década de los cuarenta del pasado siglo; un análisis que lejos de limitarse al carlismo dirigente se acerque a las bases de este movimiento. Realmente interesante sería, así mismo, acceder al estudio del otro carlismo, del no combatiente, del estrictamente social, que prestaba a los matiners un imprescindible apoyo económico y también moral. Pero tal cual es el estado de nuestros conocimientos en el presente, quiero en este artículo limitarme a analizar a los luchadores carlistas, o al menos a aquellas personas que por haber sido represaliadas políticamente desde el bando gubernamental, constan de un modo u otro como tales, y me propongo a hacerlo mediante el estudio de los integrantes de la agrupación de combate característica de esta segunda guerra: las partidas.

Las partidas
     No fue la de los matiners una guerra entre grandes ejércitos, como lo había sido el anterior conflicto carlista. El eco relativamente escaso del llamamiento a las armas obligó al carlismo a adoptar la táctica de la lucha de guerrillas, eludiendo los enfrentamientos a campo abierto con unas fuerzas gubernamentales siempre muy superiores en número y armamento. El instrumento de tal planteamiento táctico, al igual que durante la guerra del francés o el levantamiento de los "malcontents" fueron las partidas; estas unidades cuyo número de integrantes era siempre reducido, actuaban bajo la dirección de un cabecilla caracterizado por un alto grado de autonomía en sus decisiones respecto al mando central, al que no siempre acataba. Se componían de combatientes naturales del país y, más concretamente, de la zona geográfica en que operaban, lo que les otorgaba la indudable ventaja del conocimiento del terreno y, presumiblemente, el apoyo de las poblaciones locales que les liberaba de las preocupaciones relacionadas con la intendencia e incrementaba su eficacia.
     Aparecieron por toda Cataluña a raíz del alzamiento de otoño de 1846, aunque algunas existían ya con anterioridad, bien por haber mantenido izada la bandera de "la causa" tras Vergara, bien por provenir de bandas de salteadores que entre las dos guerras hallaron en el bandolerismo una forma eficaz de capear la crisis económica y las dificultades de reinserción social y laboral post-bélica. Del estudio de sus jefes, pero sobre todo del de sus integrantes, intentaremos extraer elementos susceptibles de explicar qué les movía a combatir, de donde procedían social y geográficamente hablando, cómo influyeron, en fin, fenómenos tales como la crisis o las quintas en su decisión de tomar las armas. Intentaré, en resumidas cuentas, saber si puede considerarse el alzamiento "matiner" en Cataluña, por su volumen y por sus causas un movimiento social de reacción frente a una transición forzada y traumática.

Los "cabecillas"
     Al frente de las partidas cabría distinguir entre dos tipos de jefes. Por una parte los líderes de aquellas formaciones que, por motivos ideológicos o económicos se habían mantenido con las armas en la mano durante el periodo entre ambas guerras. Por otra, los viejos combatientes que manteniéndose leales a la causa de D.Carlos, optaron tras el Convenio de Vergara por el exilio francés y que ahora regresan, con grados militares diversos, al frente de partidas embrionariamente estructuradas tras los Pirineos y reforzadas, una vez en territorio catalán, con nuevos efectivos.
     Entre los primeros, además de numerosos jefecillos de bandas de "salteadores de caminos", que hubieron de ser dificultosamente reducidos a obediencia e incluso a veces, represaliados por los comandantes en jefe carlistas, cabe destacar a los Tristanys, comenzando por Mosen Benet, cuya partida, alzada en el Solsonés en 1838 nunca desapareció por completo, enlazando con 1846. Sus sobrinos, que habían combatido a su lado como capitanes, tomaron el relevo tras su muerte, manteniendo viva la lucha en aquella comarca hasta bastante después de concluida esta segunda guerra. Otro lugarteniente de Mosen Benet que formaría después partida propia es "El Guerxo de la Ratera".
     En muchos de estos casos -aunque no desde luego en el de los Tristanys- el bandolerismo como medio de repuesta a la crisis, aparece detrás de la negativa a dejar las armas de unos jefes de partidas que, naturales de las comarcas donde operaban, encontrarían fuertes dificultades de reinserción laboral una vez concluida la guerra.
     La relación de los segundos -o sea, de los jefes venidos del exilio- sería numerosa, comenzando por el propio Ramón Cabrera, que se había hecho prácticamente inexpugnable en el Maestrazgo a fines de la anterior contienda, o por Borges cuya fidelidad a las ideas legitimistas le llevaría no solo a participar en la dos guerras carlistas sino a defender también el "viejo orden", después de finalizadas estas, sobre el suelo italiano, donde fue a morir defendiendo Nápoles frente a los Camisas Rojas de Garibaldi. También habían tenido mando en tropa durante la contienda de los Siete Años Castells y Torres de Sanahuja, su segundo, que ya se habían significado como defensores de la monarquía tradicional y de "el rey solo" en el conflicto de 1822 contra el trienio y en el levantamiento de los "malcontents", en 1827.
     En todos estos casos "la firme adhesión a los conflictos tradicionales", el odio al liberalismo, "la lealtad a la causa de D.Carlos", parecen ser el motor principal que empuja a estos líderes al combate. De origen mayoritariamente catalán, sabrán conectar a la perfección con los hombres que nutrirán sus partidas, a las que aportan su indiscutible carisma y su experiencia militar y organizativa.

El contingente humano de las partidas
     Lo que podríamos denominar como "lealtad a la causa" hizo empuñar las armas a alguno de los excombatientes de la Primera Guerra. Se habían negado a aceptar las relativamente generosas condiciones impuestas por los vencedores en 1839, optando por el exilio. Ahora, cuando aquel a quien consideraban su "rey legítimo" les requería, se aprestaban a responderle y entraban en España, generalmente como jefes de partida.
     Pero este concepto de fidelidad que mueve a los cabecillas no resulta de recibo para los contingentes de tropa de las partidas, para los "matiners". No era, ni mucho menos, el exilio carlista tan numeroso como lo serán los combatientes de la Segunda Guerra en Cataluña, algunos de los cuales, como más adelante veremos al estudiar sus edades, eran prácticamente niños en la década previa y mal pudieron por tanto, haber nutrido entonces las filas que defendieron los supuestos derechos al trono de D.Carlos María Isidro.
     Pero ¿cuántos eran los "matiners"? ¿Cómo distribuían sus efectivos?. Solo sabiéndolo podremos analizar en qué medida fue marginal o general el fenómeno de "echarse al monte" tras el llamamiento de 1846.
     Aunque no existen relaciones totalmente fiables al respecto, dos autores, Pírala[4] y Camps Giró[5], han realizado estudios de los efectivos de las partidas procedentes de los informes dados sobre las mismas por las autoridades isabelinas. Ambos estudios, alejados en el tiempo, difieren entre sí y parecen responder a la situación a lo largo de 1847.
     A.Pirala, a mediados del pasado siglo (1853-56) intentó en su obra "Historia de la guerra civil y de los partidos liberal y carlista", un primer recuento de los efectivos "matiners" y de su distribución por partidas. Es el siguiente:

 PARTIDAS

 EFECTIVOS

 Vilella

 300

 "Boquica"

 260

 Hermanos Tristany

 250

 Marcelí Gonfaus, "Marçal"

 250

 Bozo

 230

 Castells

 300

 Borges

 200

 Clenchu

 200

 Torres

 190

 Caletrus

 190

 Griset de la Cabra

 180

 Cendros

 180

 Cor de Roure

 160

 "Currutaco"

 160

 Estartus

 150

 Guerxo de la Ratera

 120

 Antón de la Puda

 90

 Pau Mañe

 70

 Estallade

 70

 Llucifer

 60

 Carrofa

 50

 Blanco, "El Comediant"

 40

 Cabet de Seros

 40

 Jubany

 40

 Altamira

 40

 Poca Roba

 40

 Galart

 30

 Pío

 20

 Gironella

 20

 Estevet de Sallent

 20

 Gravat

 10


     La suma de estas cifras del censo de Pirala nos daría unos efectivos totales de 3950 matiners.
     El de Camps Giró, realizado con algo más de un siglo de posterioridad y mediante métodos más fiables de investigación, aparece como sigue en "La guerra dels matiners i el catalanisme polític :

 JEFES DE PARTIDA

 EFECTIVOS APROXIMADOS

 Ramón Vilella
 Joan Griset
 Currutaco

 
 de 300 a 320 matiners
 

 Estartus
 Climent Brau
 José Puig "Boquica"
 Climent
 Marçal
  Josep Juvany
 Isidre de Marata
 Ramón Arbucias

 En torno a los 200 matiners

 Bartomeu Posas
 Josep Pou, "Bou o Pep Milisera"
 Josep Borjas "Borgetes"
 L´Estudiant de Grau

 150 matiners

 Miquel Vila, "Caletrus"
 Masdefiol, "Anton de la Puda"
 Sellares
 Josep Martí, "L´Hereu Lladre"

 de 120 a 140

 Torres de L´Espluga de Francolí
 Ferrer i Tabertet
 Pau Mañé
 Puiggugut
 Mirats de Santa Olna

 de 80 a 100

 Joan Castells, "Gravat de L´Ase"
 Josep Sucarrats, "Corda Ronse"
 Manuel Musell de L´Hostal Nou
  Jaume Monserrat

 menos de 80


     Este censo supone el hallazgo de unos efectivos superiores en un 25% a los aportados por Pírala. Ninguno de los dos autores tiene en cuenta a la partida de Mosén Benet Tristany -cuyos efectivos máximos rondaron los 300 hombres- ya extinta, como tal, en 1847, pero que continúa activa bajo la dirección de su sobrino, Rafael Tristany. Tampoco aparece la facción de Ros d´Eroles, que supera los 150 guerrilleros, en tanto que otras, como la de "Guerxo de la Ratera" aparecen con unos efectivos claramente estimados a la baja al complementarlos con otras fuentes[6].
     Cotejando ambos censos, así como datos de otras procedencias[7], se podría elaborar una aproximación al número de combatientes montemolinistas en Cataluña en 1847 y los primeros meses del siguiente año:

18 grandes partidas, con un promedio de 220 guerrilleros.
12 partidas de tamaño medio, con un promedio de 150 guerrilleros.
22 pequeñas partidas, con un promedio de 60 guerrilleros.


     Esto supondría unos efectivos totales bastante mayores que los censados por Pírala o Camps Giró, que se aproximarían a los 7000 hombres aún antes del incremento producido con la llegada de Cabrera (este último llegará a reunir en su cuartel general de Vidrá a 5000 carlistas en mayo de 1848). Claro que tal relación se refiere a un periodo relativamente extenso, a lo largo del cual se produjeron bajas, defecciones y altas. Nunca habría, por tanto, antes de Junio de 1848, 7000 "matiners" combatiendo, pero el número total de los que alguna vez engrosaron las partidas bien podría aproximarse a éste. En cualquier caso, los altibajos en el nº de efectivos no resultaron excesivamente significativos.
     La entrada de Ramón Cabrera en Cataluña, a principios del verano del 48, provocó, tal como decíamos más arriba, una ola de nuevas adhesiones al bando "matiner", que según un informe de Capitanía General de Barcelona llegaría a alcanzar entonces unos efectivos cercanos a los 10000 hombres.

La procedencia geográfica de los "matiners"
     Tal y como ya demostró Camps Giró, los combatientes de la Segunda Guerra carlista fueron sobre todo catalanes, puesto que solo en Cataluña el llamamiento a las armas de Luis Carlos de Montemolín adquirió características de conflagración generalizada. No obstante también hubo combatientes de otras partes del estado español entre 1846 y 1849. Evaluar porcentualmente el origen geográfico de los guerrilleros carlistas nos permitirá saber la importancia del caso catalán en el conflicto general de un modo más preciso.
     Cuando en 1849, liquidada la guerra, el gobierno del partido moderado concede una amplia amnistía política a través del Decreto de Aranjuez del 8 de Junio, la autoridades consulares españolas en Francia redactarán listas de acogidos que se avienen a realizar el preceptivo juramento de fidelidad a la reina Isabel II. En estas listas se especifican los lugares del territorio español donde los amnistiados pretenden establecer su residencia; considerando elevada la probabilidad de que tal lugar de destino coincida con aquel en que residían antes de exiliarse, el estudio de estas listas nos permitiría proceder al análisis arriba propuesto.
     Tanto Camps Giró[8] como Josep Carles Clemente[9], han estudiado las listas de amnistiados correspondientes al Registro de Perpiñán (Registro de 46 páginas, legajo M-1897: "Espagnols réfugies rentrant dans leur patrie par suite de L´Amnistie du 8 de Juin 1849"). El censo alcanza un total de 1496 amnistiados, entre los que la procedencia política carlista es abrumadoramente mayoritaria:

 Carlistas

 1396 (es decir,el 95%)

 Progresistas y republicanos

 22

 Otras procedencias

 51


     El lugar en el que estos amnistiados pretenden establecer su residencia nos habla claramente de que la de los "matiners" ha sido, fundamentalmente, una guerra catalana, pues catalanes son, en efecto, el 86,5% de los mismos y el 94,72% de los que se declaran carlistas (1204). Aunque en ello influya el hecho de provenir estas listas de un registro francés cercano a la frontera con Cataluña, como es el de Perpiñán, las cifras no dejan de ser elocuentes.
     Yo he completado estos estudios con el del legajo 8.128 de la Sección de Estado del Archivo Histórico Nacional, que recoge los datos referentes a otros 339 exiliados carlistas, procedentes de los consulados españoles en Bayona y Perpiñán, con mención, en este caso, de sus localidades natales, lo que nos permite completar con datos más diversos, y también más seguros, la distribución geográfica de muchos de los combatientes carlistas de la segunda guerra. A saber:

 REGION

 NÚMERO

 PORCENTAJE

 Cataluña

 162

 45%

 Navarra

 37

 11%

 Aragón

 33

 9,5%

 Madrid

 33

 9,5%

 País Vasco

 20

 6%

 Castilla y León

 19

 5,5%

 Castilla-La Mancha

 9

 2,5%

 Andalucía

 7

 2%

 Valencia

 7

 2%

 Rioja

 4

 1%

 Baleares

 3

 0,8%

 Cantabria

 3

 0,8%

 Galicia

 1

 0,2%

 Extremadura

 

 10,2%


     Si confrontamos esta distribución con la que, procedente del registro de Perpiñán han estudiado Giró y Clemente, vemos que en ella desaparece la práctica unanimidad de la presencia catalana para mostrar también la incorporación al fenómeno de otras zonas como Aragón y Navarra. De todos modos los carlistas catalanes siguen representando casi la mitad del total de amnistiados, lo que refuerza la visión de una contienda carlista centrada fundamentalmente en Cataluña.
     Dentro del ámbito catalán podemos desglosar, a su vez, la siguiente distribución comarcal:

 COMARCA

 NÚMERO

 Barcelonés

 26

 Noguera

 14

 Bergadà

 10

 Osona

 7

 Gironés

 7

 Garrotxa

 7

 Bages

 5

 Alt Empordà

 5

 La Selva

 4

 Segrià

 4

 Urgell

 4

 Cerdanya

 4

 Baix Cinca

 4

 Pla d´Urgell

 3

 Solsonés

 3

 Pallars Sobirà

 3

 Ripollés

 3

 Baix Empordà

 3

 Anoia

 3

 Conca de Barberà

 3

 Montsià

 3

 Vallés Occidental;

 3

 Baix Ebre

 2

 Vallés Oriental

 2

 Llitera

 2

 Pla de l´Estany

 2

 Garrigas

 2

 Maresme

 2

 Vall d´Aràn

 1

 Alt Camp

 1

 Baix Camp

 1

 Alta Ribagorça

 1

 Terra Alta

 1

 Priorat

 1

 Segarra

 1

 Pallars Jussà

 1

 En suma, si dejamos a parte el Barcelonés que por ser la zona más intensamente poblada es también la más representada, encontramos una distribución bastante homogénea en la que la práctica totalidad de las comarcas catalanas aportan combatientes al carlismo, pero eso si, con una especial incidencia del fenómeno en algunas zonas como el Bergadà, Osona, el Gironés, la Garrotxa y, sobre todo, la Noguera. Sería interesante comprobar, mediante estudios económicos a escala comarcal si la incidencia de la crisis de 1846 fue mayor en estas comarcas que en el resto de Cataluña, o si las consecuencias de la transición hacia una sociedad capitalista resultaron aquí más violentas. Se trata de saber si las zonas que nutrieron de combatientes las filas del de Montemolín eran, realmente, las más pobres de Cataluña o bien, como afirma Josep Fontana, las más empobrecidas por crisis y transformaciones burguesas.
     En cualquier caso, el hecho de que aparezcan guerrilleros "matiners" de la práctica totalidad de las comarcas catalanas parece cuestionar la existencia de una relación directa entre zonas rurales especialmente deprimidas y militancia carlista. La incidencia de crisis y transición habrá de rastrearse en la procedencia laboral y, por ende, social de los miembros de las partidas. Geográficamente, Cataluña en su totalidad y no algunas de sus comarcas en concreto, se nos presenta como la patria del carlismo en esta segunda guerra.

El origen laboral y social de los "matiners"
     En tanto carezcamos de detallados estudios sobre la incidencia de la crisis en las comarcas catalanas de mayor presencia "matiner", habrá que recurrir a otro tipo de métodos para evaluar en qué medida la propia coyuntura económica y las reacciones frente a los desequilibrios ocasionados por la transición burguesa contribuyen directamente a engrosar las filas de las partidas carlistas.
     La metodología que aquí propongo es un análisis de la procedencia laboral y, por tanto, social de estos "matiners" para a partir del mismo comprobar si los oficios reflejados con preferencia son también los supuestamente más afectados por la desintegración de las relaciones de producción características del Antiguo Régimen o los más agredidos por las crisis agrícola y fabril.
     El principal problema procede de que son, lamentablemente, muy escasos los documentos donde datos como la ocupación laboral aparecen reseñados, y por tanto el estudio de los mismos ha de ser tomado con las precauciones propias del menguado volumen de la marca estadística resultante.
     Para la comarca de La Noguera contamos con uno de estos infrecuentes documentos; se trata de una relación de 29 vecinos presuntamente incorporados a las filas del pretendiente, de los cuales se cita nombre, edad y oficio[10]. De su lectura extraemos las siguientes procedencias:

 Labradores

 14

 Jornaleros

 4

 Pequeños artesanos

 8 (cinco de los cuales son, concretamente, alpargateros)

 escribano

 1 con el grado de oficial

 Músico

 1

 "quinto desertor"

 1


     De una rápida lectura podemos deducir el claro predominio agrícola (labradores y jornaleros) de los carlistas de esta comarca, si bien no debemos tampoco dejar de tener en cuenta la presencia de ocho pequeños artesanos, cuya decisión probablemente parte de motivaciones distintas a las de los primeros.
     Pocos años después, en octubre de 1855, y a raíz de un nuevo levantamiento matiner, más localizado en las comarcas de la Cataluña prepirenáica, y conocido como "guerra de los Tristanys", el ayuntamiento de Balaguer informa al gobierno superior político de Lleida sobre los vecinos del municipio que han tomado parte en las partidas carlistas; la similitud con los datos de 1849 es palpable, lo que viene a incidir en las características arriba reseñadas:

 Labradores y jornaleros

 17

 Artesanos

 8

 Estudiantes

 1

 Escribanos

 1

 Músicos

 1

 Sin profesión alguna

 2


     Otra comarca que cuenta para esta época con un censo de características similares es la del Solsonés[11]. En este caso la distribución es la siguiente:

 Jornaleros

 14

 Artesanos

 8

 Pastores

 5

 Labradores

 4

 Estudiantes

 2

 Cedaceros

 1


     Las similitudes con la distribución comarcal de La Noguera son obvias. Predominio agrícola y, dentro de este sector, de la mano de obra no propietaria (integrada por jornaleros y pastores). También, como en La Noguera, es significativa la marca de artesanos (9 en total) y tan apenas apreciable la presencia de sectores acomodados: dos estudiantes que, con toda probabilidad, son seminaristas.
     El Baix Cinca, una comarca ya aragonesa, pero de evidentes concomitancias económicas y culturales con la Cataluña Ponent, nos aporta igualmente los datos de dedicación laboral de una serie de vecinos de Fraga detenidos en 1845, pocos meses antes del inicio del conflicto matiner, por participar en un motín de signo carlista en el que se entonaron diversos himnos y se dieron vivas a D.Carlos