La
sociología del carlismo
catalán durante la guerra de los "matiners".
IGNACIO
JAVIER CASTÁN ANDOLZ,
IES
Ramón José Sender, Fraga (Huesca).

Resumen:
Además de sus componentes dinásticas y políticas, el carlismo
parece tener también el carácter de un movimiento de reacción popular ante la
transición desde una sociedad tradicional a otra caracterizada por unas relaciones
de producción capitalistas. Campesinos afectados por la desamortización o por la
apropiación burguesa de los comunales, artesanos arruinados por la competencia de
las manufacturas industriales e incluso obreros en paro a causa de la crisis del
textil pudieron encontrar en el carlismo
un cauce para expresar de forma organizada y violenta su descontento. En el presente
articulo se procede al análisis de las bases sociales del carlismo
catalan a lo largo de un conflicto específicamente centrado en esta
tierra (la segunda guerra, también llamada de los "matiners")
para tratar de dilucidar en que medida crisis económica y traumas generados por la
transición pudieron favorecer su adscripción a la causa de D. Carlos
Palabras clave: Carlismo,
"Matiner", Cataluña, Sociología, partidas, artesanado, campesinado.
Abstract:
Beyond its dynastic and political features, carlism seems to have also the character
of a moviment of popular reaction against the transition from traditional society to
a new one characterized by capitalist production relationships. Farmers affected by
"desamortización" or bourgeois appropiation of comunlands, craftsmen
broken by competition of industrial manufacture, and even workmen unemployed because
of the crisis in the textile industry, could find in carlism a way to an organized
and violent expression of their anger. The present article proceeds to the analysis
of the social support to Catalan
carlism along a conflict which centers specifically in that region (the second war,
also called the "matiner" war), and try to dillucidate up to which level
the economical crisis and traumas generated by transition could favour popular
adscription to "Carlos VI" cause.
Key words: Carlism, "matiner" Catalonia, Sociology, Guerrilla
groups, Farmers, Craftsmen.
Cuando en 1846 el carlismo,
fracasada y extinta la vía negociadora que habían abierto los intentos balmesianos
de una reconciliación dinástica por la vía del frustrado matrimonio entre Luis
Carlos de Montemolín e Isabel II, opta por un nuevo llamamiento a las armas, éste
tendrá una muy desigual respuesta en los distintos territorios españoles. Tanto en
Navarra como en las provincias vascas, auténtica patria del carlismo
durante la guerra de los Siete Años, como en Galicia o Aragón, Andalucía,
Extremadura o Castilla los alzados serán pocos y sus esfuerzos rápidamente
neutralizados, en la mayoría de los casos, por la rápida respuesta gubernamental.
Puede afirmarse que, en puridad, será Cataluña la única excepción a la norma. El
único lugar donde el alzamiento cuaja y se consolida. La nueva patria del carlismo.
La segunda guerra carlista es, por ende, un conflicto
fundamentalmente catalán.
Pero ¿por qué? No parecen existir razones ideológicas o religiosas que permitan
establecer profundos distingos entre este país y las restantes zonas del estado español.
Sí que es fácil, sin embargo, apreciar claras particularidades catalanas en otros
aspectos. Por ejemplo el de la creciente presión demográfica. Según Josep Iglesies
entre 1834 y 1860 la población catalana aumentó desde 1.041.222 habitantes hasta
1.637.842, un crecimiento claramente superior al del conjunto de España, en cuyo
total pasó porcentualmente de representar el 8,56% al 10,67%[1].
Y mayor presión demográfica significa, invariablemente, incremento de las tensiones
sociales si no lleva aparejado un crecimiento de recursos similar. No parece que
fuera este el caso de Catalunya. En 1846-47 se produce en todo el orbe capitalista
una crisis económica generalizada que, dentro de la Península Ibérica, incide
especialmente sobre una Cataluña individualizada por el doble carácter de su economía
(con una incipientes transformaciones burguesas, pero con una estrecha dependencia de
la agricultura tradicional). Esta crisis se verá además agravada por las malas
cosechas de 1846, que provocaron la escasez de cereales y otros productos
alimenticios básicos.
En algunas comarcas de la Cataluña prepirenáica y
pirenáica la carestía de productos alimenticios esenciales resulta además agravada
por el deterioro de las estructuras económicas agrarias provocado por la anterior
contienda (Primera guerra carlista) que de forma intermitente y larvada había venido
manteniéndose tras Vergara, entre 1840 y 1846. Esta situación llevará, por
ejemplo, en el Solsonés a una situación de suma indigencia a numerosas familias, lo
que provocará que en mayo de 1847 el capitán general de Catalunya, Manuel Pavía,
preocupado por que el hambre pueda empujar a algunos ciudadanos a buscar la soldada
en las filas carlistas, intentará paliarla, al menos parcialmente, a costa de su
propio bolsillo al hacer entrega al obispo de la diócesis de Solsona de una donación
de una suma de 4.000 reales, específicamente destinada a ayudar a los elementos más
necesitados a causa de la hambruna[2].
La crisis fabril aparece, por otro lado, claramente
descrita en los diversos trabajos de investigación de carácter económico y de
alcance local realizados en municipios eminentemente industriales, como es el caso de
Sallent, estudiado por Ferrán Sánchez i Agustí[3].
A tenor del mismo, en la citada localidad del Llobregat, a pesar de que entre 1840 y
1850 la actividad industrial fue vigorosa, no faltan las quejas empresariales ante la
disminución de la demanda, agravada por el incremento del contrabando: "Se verán
precisados los fabricantes a cerrar sus fábricas (...) dicha paralización procede
del mucho contrabando y de las medidas librecambistas gubernamentales (.../...) y lo
que es aún más sensible que tantas familias que trabajan en esta industria que no
les es fácil ocuparse en otro oficio por haberse dedicado exclusivamente toda su
vida a aquella, quedarán sin un bocados de pan y por consiguiente a una suma miseria
pudiendo aquí seguirse fatales resultados", entre los que expresamente se
menciona que la juventud en paro se pase a los matiners.
Según el estudio de Sánchez i Agustí , en fin, el año 1847 resulta en Sallent
especialmente apocalíptico al coincidir la mencionada crisis del textil con los
efectos de la epidemia de gripe que ocasionó 68 defunciones, sobre un censo de 2654
almas.
En Cataluña en su conjunto, sobre crisis y presión
demográfica inciden, a su vez, otros factores relacionados con el proceso de
transición desde una economía de antiguo régimen a otra de carácter capitalista,
o con la definición, a través del Código Civil realizado entre 1843 y 1851 bajo la
inspiración de Francisco García Goyena, de un modelo de estado liberal español más
centralizado que perjudica instituciones del derecho catalán
como son la Legítima, la Enfiteusis y la " Rabassa Morta". En este
contexto jurídico se verifican las reformas financieras de Mon y Santillán, que
implican la implantación de un nuevo sistema fiscal probablemente bastante más
gravoso para el pequeño y mediano campesinado de Cataluña.
Una de las más significativas reformas que el nuevo
modelo de estado burgués conlleva es la introducción en Cataluña del sistema de
quintas que había de generar un lógico rechazo agravado además por el hecho de
privar a las economías domésticas de una fuerza de trabajo imprescindible en estos
momentos especialmente críticos.
Si en este contexto que hemos descrito, un movimiento
político lograra convertirse en expresión de la resistencia a la transición, dando
además a esta resistencia a la transición, dando además a esta resistencia un carácter
violento, sería fácil explicarse que a través de él pudiera canalizarse un
descontento más social que político.
Considerando que el carlismo
había operado, tras la abdicación del pretendiente y el acceso a su cúpula de Luis
Carlos de Montemolín un radical giro ideológico, o cuando menos estratégico, que
podría resumirse en la postergación de los sectores más ultramontanos y en el
triunfo de elementos más populistas, tal vez deberíamos preguntarnos en qué medida
el alzamiento de 1846 no es, en el caso del espacio rural catalán,
antes que nada, un verdadero movimiento social, una forma de reacción popular frente
a un proceso de transición traumático y percibido como una clara agresión.
Pero contestar a tales cuestiones pasa, necesariamente,
por un análisis sociológico del carlismo
catalán en la década de los cuarenta del pasado siglo; un análisis que
lejos de limitarse al carlismo
dirigente se acerque a las bases de este movimiento. Realmente interesante sería, así
mismo, acceder al estudio del otro carlismo,
del no combatiente, del estrictamente social, que prestaba a los matiners
un imprescindible apoyo económico y también moral. Pero tal cual es el estado de
nuestros conocimientos en el presente, quiero en este artículo limitarme a analizar
a los luchadores carlistas, o al menos a aquellas personas que por haber sido
represaliadas políticamente desde el bando gubernamental, constan de un modo u otro
como tales, y me propongo a hacerlo mediante el estudio de los integrantes de la
agrupación de combate característica de esta segunda guerra: las partidas.
Las partidas
No fue la de los matiners
una guerra entre grandes ejércitos, como lo había sido el anterior conflicto
carlista. El eco relativamente escaso del llamamiento a las armas obligó al carlismo
a adoptar la táctica de la lucha de guerrillas, eludiendo los enfrentamientos a
campo abierto con unas fuerzas gubernamentales siempre muy superiores en número y
armamento. El instrumento de tal planteamiento táctico, al igual que durante la
guerra del francés o el levantamiento de los "malcontents" fueron las
partidas; estas unidades cuyo número de integrantes era siempre reducido, actuaban
bajo la dirección de un cabecilla caracterizado por un alto grado de autonomía en
sus decisiones respecto al mando central, al que no siempre acataba. Se componían de
combatientes naturales del país y, más concretamente, de la zona geográfica en que
operaban, lo que les otorgaba la indudable ventaja del conocimiento del terreno y,
presumiblemente, el apoyo de las poblaciones locales que les liberaba de las
preocupaciones relacionadas con la intendencia e incrementaba su eficacia.
Aparecieron por toda Cataluña a raíz del alzamiento
de otoño de 1846, aunque algunas existían ya con anterioridad, bien por haber
mantenido izada la bandera de "la causa" tras Vergara, bien por provenir de
bandas de salteadores que entre las dos guerras hallaron en el bandolerismo una forma
eficaz de capear la crisis económica y las dificultades de reinserción social y
laboral post-bélica. Del estudio de sus jefes, pero sobre todo del de sus
integrantes, intentaremos extraer elementos susceptibles de explicar qué les movía
a combatir, de donde procedían social y geográficamente hablando, cómo influyeron,
en fin, fenómenos tales como la crisis o las quintas en su decisión de tomar las
armas. Intentaré, en resumidas cuentas, saber si puede considerarse el alzamiento
"matiner" en Cataluña, por su volumen y por sus causas un movimiento
social de reacción frente a una transición forzada y traumática.
Los "cabecillas"
Al frente de las partidas cabría distinguir entre dos
tipos de jefes. Por una parte los líderes de aquellas formaciones que, por motivos
ideológicos o económicos se habían mantenido con las armas en la mano durante el
periodo entre ambas guerras. Por otra, los viejos combatientes que manteniéndose
leales a la causa de D.Carlos, optaron tras el Convenio de Vergara por el exilio
francés y que ahora regresan, con grados militares diversos, al frente de partidas
embrionariamente estructuradas tras los Pirineos y reforzadas, una vez en territorio catalán,
con nuevos efectivos.
Entre los primeros, además de numerosos jefecillos de
bandas de "salteadores de caminos", que hubieron de ser dificultosamente
reducidos a obediencia e incluso a veces, represaliados por los comandantes en jefe
carlistas, cabe destacar a los Tristanys, comenzando por Mosen Benet, cuya partida,
alzada en el Solsonés en 1838 nunca desapareció por completo, enlazando con 1846.
Sus sobrinos, que habían combatido a su lado como capitanes, tomaron el relevo tras
su muerte, manteniendo viva la lucha en aquella comarca hasta bastante después de
concluida esta segunda guerra. Otro lugarteniente de Mosen Benet que formaría después
partida propia es "El Guerxo de la Ratera".
En muchos de estos casos -aunque no desde luego en el
de los Tristanys- el bandolerismo como medio de repuesta a la crisis, aparece detrás
de la negativa a dejar las armas de unos jefes de partidas que, naturales de las
comarcas donde operaban, encontrarían fuertes dificultades de reinserción laboral
una vez concluida la guerra.
La relación de los segundos -o sea, de los jefes
venidos del exilio- sería numerosa, comenzando por el propio Ramón Cabrera, que se
había hecho prácticamente inexpugnable en el Maestrazgo a fines de la anterior
contienda, o por Borges cuya fidelidad a las ideas legitimistas le llevaría no solo
a participar en la dos guerras carlistas sino a defender también el "viejo
orden", después de finalizadas estas, sobre el suelo italiano, donde fue a
morir defendiendo Nápoles frente a los Camisas Rojas de Garibaldi. También habían
tenido mando en tropa durante la contienda de los Siete Años Castells y Torres de
Sanahuja, su segundo, que ya se habían significado como defensores de la monarquía
tradicional y de "el rey solo" en el conflicto de 1822 contra el trienio y
en el levantamiento de los "malcontents", en 1827.
En todos estos casos "la firme adhesión a los
conflictos tradicionales", el odio al liberalismo, "la lealtad a la causa
de D.Carlos", parecen ser el motor principal que empuja a estos líderes al
combate. De origen mayoritariamente catalán,
sabrán conectar a la perfección con los hombres que nutrirán sus partidas, a las
que aportan su indiscutible carisma y su experiencia militar y organizativa.
El contingente humano de las partidas
Lo que podríamos denominar como "lealtad a la
causa" hizo empuñar las armas a alguno de los excombatientes de la Primera
Guerra. Se habían negado a aceptar las relativamente generosas condiciones impuestas
por los vencedores en 1839, optando por el exilio. Ahora, cuando aquel a quien
consideraban su "rey legítimo" les requería, se aprestaban a responderle
y entraban en España, generalmente como jefes de partida.
Pero este concepto de fidelidad que mueve a los
cabecillas no resulta de recibo para los contingentes de tropa de las partidas, para
los "matiners".
No era, ni mucho menos, el exilio carlista tan numeroso como lo serán los
combatientes de la Segunda Guerra en Cataluña, algunos de los cuales, como más
adelante veremos al estudiar sus edades, eran prácticamente niños en la década
previa y mal pudieron por tanto, haber nutrido entonces las filas que defendieron los
supuestos derechos al trono de D.Carlos María Isidro.
Pero ¿cuántos eran los "matiners"?
¿Cómo distribuían sus efectivos?. Solo sabiéndolo podremos analizar en qué
medida fue marginal o general el fenómeno de "echarse al monte" tras el
llamamiento de 1846.
Aunque no existen relaciones totalmente fiables al
respecto, dos autores, Pírala[4]
y Camps Giró[5],
han realizado estudios de los efectivos de las partidas procedentes de los informes
dados sobre las mismas por las autoridades isabelinas. Ambos estudios, alejados en el
tiempo, difieren entre sí y parecen responder a la situación a lo largo de 1847.
A.Pirala, a mediados del pasado siglo (1853-56) intentó
en su obra "Historia de la guerra civil y de los partidos liberal y carlista",
un primer recuento de los efectivos "matiners"
y de su distribución por partidas. Es el siguiente:
|
PARTIDAS
|
EFECTIVOS
|
|
Vilella
|
300
|
|
"Boquica"
|
260
|
|
Hermanos
Tristany
|
250
|
|
Marcelí
Gonfaus, "Marçal"
|
250
|
|
Bozo
|
230
|
|
Castells
|
300
|
|
Borges
|
200
|
|
Clenchu
|
200
|
|
Torres
|
190
|
|
Caletrus
|
190
|
|
Griset
de la Cabra
|
180
|
|
Cendros
|
180
|
|
Cor
de Roure
|
160
|
|
"Currutaco"
|
160
|
|
Estartus
|
150
|
|
Guerxo
de la Ratera
|
120
|
|
Antón
de la Puda
|
90
|
|
Pau
Mañe
|
70
|
|
Estallade
|
70
|
|
Llucifer
|
60
|
|
Carrofa
|
50
|
|
Blanco,
"El Comediant"
|
40
|
|
Cabet
de Seros
|
40
|
|
Jubany
|
40
|
|
Altamira
|
40
|
|
Poca
Roba
|
40
|
|
Galart
|
30
|
|
Pío
|
20
|
|
Gironella
|
20
|
|
Estevet
de Sallent
|
20
|
|
Gravat
|
10
|
La suma de estas cifras del censo de Pirala nos daría
unos efectivos totales de 3950 matiners.
El de Camps Giró, realizado con algo más de un siglo
de posterioridad y mediante métodos más fiables de investigación, aparece como
sigue en "La guerra dels matiners
i el catalanisme polític :
|
JEFES
DE PARTIDA
|
EFECTIVOS
APROXIMADOS
|
|
Ramón
Vilella
Joan Griset
Currutaco
|
de 300 a 320 matiners
|
|
Estartus
Climent Brau
José Puig "Boquica"
Climent
Marçal
Josep Juvany
Isidre de Marata
Ramón Arbucias
|
En
torno a los 200 matiners
|
|
Bartomeu
Posas
Josep Pou, "Bou o Pep Milisera"
Josep Borjas "Borgetes"
L´Estudiant de Grau
|
150
matiners
|
|
Miquel
Vila, "Caletrus"
Masdefiol, "Anton de la Puda"
Sellares
Josep Martí, "L´Hereu Lladre"
|
de
120 a 140
|
|
Torres
de L´Espluga de Francolí
Ferrer i Tabertet
Pau Mañé
Puiggugut
Mirats de Santa Olna
|
de
80 a 100
|
|
Joan
Castells, "Gravat de L´Ase"
Josep Sucarrats, "Corda Ronse"
Manuel Musell de L´Hostal Nou
Jaume Monserrat
|
menos
de 80
|
Este censo supone el hallazgo de unos efectivos
superiores en un 25% a los aportados por Pírala. Ninguno de los dos autores tiene en
cuenta a la partida de Mosén Benet Tristany -cuyos efectivos máximos rondaron los
300 hombres- ya extinta, como tal, en 1847, pero que continúa activa bajo la dirección
de su sobrino, Rafael Tristany. Tampoco aparece la facción de Ros d´Eroles, que
supera los 150 guerrilleros, en tanto que otras, como la de "Guerxo de la
Ratera" aparecen con unos efectivos claramente estimados a la baja al
complementarlos con otras fuentes[6].
Cotejando ambos censos, así como datos de otras
procedencias[7],
se podría elaborar una aproximación al número de combatientes montemolinistas en
Cataluña en 1847 y los primeros meses del siguiente año:
18
grandes partidas, con un promedio de 220 guerrilleros.
12 partidas de tamaño medio, con un promedio de 150 guerrilleros.
22 pequeñas partidas, con un promedio de 60 guerrilleros.
Esto supondría unos efectivos totales bastante mayores
que los censados por Pírala o Camps Giró, que se aproximarían a los 7000 hombres aún
antes del incremento producido con la llegada de Cabrera (este último llegará a
reunir en su cuartel general de Vidrá a 5000 carlistas en mayo de 1848). Claro que
tal relación se refiere a un periodo relativamente extenso, a lo largo del cual se
produjeron bajas, defecciones y altas. Nunca habría, por tanto, antes de Junio de
1848, 7000 "matiners"
combatiendo, pero el número total de los que alguna vez engrosaron las partidas bien
podría aproximarse a éste. En cualquier caso, los altibajos en el nº de efectivos
no resultaron excesivamente significativos.
La entrada de Ramón Cabrera en Cataluña, a principios
del verano del 48, provocó, tal como decíamos más arriba, una ola de nuevas
adhesiones al bando "matiner", que según un informe de Capitanía General
de Barcelona llegaría a alcanzar entonces unos efectivos cercanos a los 10000
hombres.
La procedencia geográfica de los "matiners"
Tal y como ya demostró Camps Giró, los combatientes
de la Segunda Guerra carlista fueron sobre todo catalanes, puesto que solo en Cataluña
el llamamiento a las armas de Luis Carlos de Montemolín adquirió características
de conflagración generalizada. No obstante también hubo combatientes de otras
partes del estado español entre 1846 y 1849. Evaluar porcentualmente el origen geográfico
de los guerrilleros carlistas nos permitirá saber la importancia del caso catalán
en el conflicto general de un modo más preciso.
Cuando en 1849, liquidada la guerra, el gobierno del
partido moderado concede una amplia amnistía política a través del Decreto de
Aranjuez del 8 de Junio, la autoridades consulares españolas en Francia redactarán
listas de acogidos que se avienen a realizar el preceptivo juramento de fidelidad a
la reina Isabel II. En estas listas se especifican los lugares del territorio español
donde los amnistiados pretenden establecer su residencia; considerando elevada la
probabilidad de que tal lugar de destino coincida con aquel en que residían antes de
exiliarse, el estudio de estas listas nos permitiría proceder al análisis arriba
propuesto.
Tanto Camps Giró[8]
como Josep Carles Clemente[9],
han estudiado las listas de amnistiados correspondientes al Registro de Perpiñán
(Registro de 46 páginas, legajo M-1897: "Espagnols réfugies rentrant dans leur
patrie par suite de L´Amnistie du 8 de Juin 1849"). El censo alcanza un total
de 1496 amnistiados, entre los que la procedencia política carlista es
abrumadoramente mayoritaria:
|
Carlistas
|
1396
(es decir,el 95%)
|
|
Progresistas
y republicanos
|
22
|
|
Otras
procedencias
|
51
|
El lugar en el que estos amnistiados pretenden
establecer su residencia nos habla claramente de que la de los "matiners"
ha sido, fundamentalmente, una guerra catalana, pues catalanes son, en efecto, el
86,5% de los mismos y el 94,72% de los que se declaran carlistas (1204). Aunque en
ello influya el hecho de provenir estas listas de un registro francés cercano a la
frontera con Cataluña, como es el de Perpiñán, las cifras no dejan de ser
elocuentes.
Yo he completado estos estudios con el del legajo 8.128
de la Sección de Estado del Archivo Histórico Nacional, que recoge los datos
referentes a otros 339 exiliados carlistas, procedentes de los consulados españoles
en Bayona y Perpiñán, con mención, en este caso, de sus localidades natales, lo
que nos permite completar con datos más diversos, y también más seguros, la
distribución geográfica de muchos de los combatientes carlistas de la segunda
guerra. A saber:
|
REGION
|
NÚMERO
|
PORCENTAJE
|
|
Cataluña
|
162
|
45%
|
|
Navarra
|
37
|
11%
|
|
Aragón
|
33
|
9,5%
|
|
Madrid
|
33
|
9,5%
|
|
País
Vasco
|
20
|
6%
|
|
Castilla
y León
|
19
|
5,5%
|
|
Castilla-La
Mancha
|
9
|
2,5%
|
|
Andalucía
|
7
|
2%
|
|
Valencia
|
7
|
2%
|
|
Rioja
|
4
|
1%
|
|
Baleares
|
3
|
0,8%
|
|
Cantabria
|
3
|
0,8%
|
|
Galicia
|
1
|
0,2%
|
|
Extremadura
|
|
10,2%
|
Si confrontamos esta distribución con la que,
procedente del registro de Perpiñán han estudiado Giró y Clemente, vemos que en
ella desaparece la práctica unanimidad de la presencia catalana para mostrar también
la incorporación al fenómeno de otras zonas como Aragón y Navarra. De todos modos
los carlistas catalanes siguen representando casi la mitad del total de amnistiados,
lo que refuerza la visión de una contienda carlista centrada fundamentalmente en
Cataluña.
Dentro del ámbito catalán
podemos desglosar, a su vez, la siguiente distribución comarcal:
|
COMARCA
|
NÚMERO
|
|
Barcelonés
|
26
|
|
Noguera
|
14
|
|
Bergadà
|
10
|
|
Osona
|
7
|
|
Gironés
|
7
|
|
Garrotxa
|
7
|
|
Bages
|
5
|
|
Alt
Empordà
|
5
|
|
La
Selva
|
4
|
|
Segrià
|
4
|
|
Urgell
|
4
|
|
Cerdanya
|
4
|
|
Baix
Cinca
|
4
|
|
Pla
d´Urgell
|
3
|
|
Solsonés
|
3
|
|
Pallars
Sobirà
|
3
|
|
Ripollés
|
3
|
|
Baix
Empordà
|
3
|
|
Anoia
|
3
|
|
Conca
de Barberà
|
3
|
|
Montsià
|
3
|
|
Vallés
Occidental;
|
3
|
|
Baix
Ebre
|
2
|
|
Vallés
Oriental
|
2
|
|
Llitera
|
2
|
|
Pla
de l´Estany
|
2
|
|
Garrigas
|
2
|
|
Maresme
|
2
|
|
Vall
d´Aràn
|
1
|
|
Alt
Camp
|
1
|
|
Baix
Camp
|
1
|
|
Alta
Ribagorça
|
1
|
|
Terra
Alta
|
1
|
|
Priorat
|
1
|
|
Segarra
|
1
|
|
Pallars
Jussà
|
1
|
En suma, si dejamos a parte el Barcelonés que por ser
la zona más intensamente poblada es también la más representada, encontramos una
distribución bastante homogénea en la que la práctica totalidad de las comarcas
catalanas aportan combatientes al carlismo,
pero eso si, con una especial incidencia del fenómeno en algunas zonas como el
Bergadà, Osona, el Gironés, la Garrotxa y, sobre todo, la Noguera. Sería
interesante comprobar, mediante estudios económicos a escala comarcal si la
incidencia de la crisis de 1846 fue mayor en estas comarcas que en el resto de Cataluña,
o si las consecuencias de la transición hacia una sociedad capitalista resultaron
aquí más violentas. Se trata de saber si las zonas que nutrieron de combatientes
las filas del de Montemolín eran, realmente, las más pobres de Cataluña o bien,
como afirma Josep Fontana, las más empobrecidas por crisis y transformaciones
burguesas.
En cualquier caso, el hecho de que aparezcan
guerrilleros "matiners"
de la práctica totalidad de las comarcas catalanas parece cuestionar la existencia
de una relación directa entre zonas rurales especialmente deprimidas y militancia
carlista. La incidencia de crisis y transición habrá de rastrearse en la
procedencia laboral y, por ende, social de los miembros de las partidas. Geográficamente,
Cataluña en su totalidad y no algunas de sus comarcas en concreto, se nos presenta
como la patria del carlismo
en esta segunda guerra.
El origen laboral y social de los "matiners"
En tanto carezcamos de detallados estudios sobre la
incidencia de la crisis en las comarcas catalanas de mayor presencia "matiner",
habrá que recurrir a otro tipo de métodos para evaluar en qué medida la propia
coyuntura económica y las reacciones frente a los desequilibrios ocasionados por la
transición burguesa contribuyen directamente a engrosar las filas de las partidas
carlistas.
La metodología que aquí propongo es un análisis de
la procedencia laboral y, por tanto, social de estos "matiners"
para a partir del mismo comprobar si los oficios reflejados con preferencia son también
los supuestamente más afectados por la desintegración de las relaciones de producción
características del Antiguo Régimen o los más agredidos por las crisis agrícola y
fabril.
El principal problema procede de que son,
lamentablemente, muy escasos los documentos donde datos como la ocupación laboral
aparecen reseñados, y por tanto el estudio de los mismos ha de ser tomado con las
precauciones propias del menguado volumen de la marca estadística resultante.
Para la comarca de La Noguera contamos con uno de estos
infrecuentes documentos; se trata de una relación de 29 vecinos presuntamente
incorporados a las filas del pretendiente, de los cuales se cita nombre, edad y
oficio[10].
De su lectura extraemos las siguientes procedencias:
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Labradores
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14
|
|
Jornaleros
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4
|
|
Pequeños
artesanos
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8
(cinco de los cuales son, concretamente, alpargateros)
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escribano
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1
con el grado de oficial
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Músico
|
1
|
|
"quinto
desertor"
|
1
|
De una rápida lectura podemos deducir el claro
predominio agrícola (labradores y jornaleros) de los carlistas de esta comarca, si
bien no debemos tampoco dejar de tener en cuenta la presencia de ocho pequeños
artesanos, cuya decisión probablemente parte de motivaciones distintas a las de los
primeros.
Pocos años después, en octubre de 1855, y a raíz de
un nuevo levantamiento matiner, más localizado en las comarcas de la Cataluña
prepirenáica, y conocido como "guerra de los Tristanys", el ayuntamiento
de Balaguer informa al gobierno superior político de Lleida sobre los vecinos del
municipio que han tomado parte en las partidas carlistas; la similitud con los datos
de 1849 es palpable, lo que viene a incidir en las características arriba reseñadas:
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Labradores
y jornaleros
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17
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Artesanos
|
8
|
|
Estudiantes
|
1
|
|
Escribanos
|
1
|
|
Músicos
|
1
|
|
Sin
profesión alguna
|
2
|
Otra comarca que cuenta para esta época con un censo
de características similares es la del Solsonés[11].
En este caso la distribución es la siguiente:
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Jornaleros
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14
|
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Artesanos
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8
|
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Pastores
|
5
|
|
Labradores
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4
|
|
Estudiantes
|
2
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Cedaceros
|
1
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Las similitudes con la distribución comarcal de La
Noguera son obvias. Predominio agrícola y, dentro de este sector, de la mano de obra
no propietaria (integrada por jornaleros y pastores). También, como en La Noguera,
es significativa la marca de artesanos (9 en total) y tan apenas apreciable la
presencia de sectores acomodados: dos estudiantes que, con toda probabilidad, son
seminaristas.
El Baix Cinca, una comarca ya aragonesa, pero de
evidentes concomitancias económicas y culturales con la Cataluña Ponent, nos aporta
igualmente los datos de dedicación laboral de una serie de vecinos de Fraga
detenidos en 1845, pocos meses antes del inicio del conflicto matiner, por participar
en un motín de signo carlista en el que se entonaron diversos himnos y se dieron
vivas a D.Carlos