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JUVENTUDES |
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Bofetadas y principios Dale un sorbo al calimocho y discute de política. No te cortes. Sí, el mundo lo dirigen hijos de puta, esos tipos que aparecen en la tele con su pelo engominado y su rostro estúpido y su mirada vacía, ¡Son los jefes! Ellos pueden decidir cosas que no podrías llegar a imaginar. Las bombas caen sobre Bagdad y miles de trocitos de niños salpican aceras y paredes, pero ellos siguen ahí arriba con sus cochazos y mansiones. Es una cuestión de clase, ¿no?. MARX debería estar de actualidad. Enciendes la tele y te bombardean con noticias y reportajes de bodas de infantas y modelos y empresarios y baronesas... Y lo ponen todo de un modo tan alegre e inocente que lo ves normal, agradable incluso, “ah, mira Magdalena de Suecia, ¡qué guapa está con ese abrigo de piel!” “Pero señora, ¿no se da cuenta de que usted se ha pasado la vida trabajando para vivir en un pisucho y sufrir un hijo yonqui mientras esa ha vivido como una reina desde que nació?”. No te dejes convencer por los adultos, ellos llevan décadas trabajando y sufriendo a sus jefes, y su FELICIDAD depende de cosas grises y extrañas. Pobres viejos atrincherados. La mayoría de ellos fueron jóvenes revolucionarios a su manera, unos vivieron la música y otros leyeron a Marcuse, pero tenían sangre en las venas y VIDA en el cerebro, luego, la rutina se filtró por sus poros y los ablandó. Es la historia del mundo, malgastada y desperdiciada por masas de individuos que se comportaron como niños borrachos jugando a indios y vaqueros, y la cosa continúa hoy, camuflada por las maravillas de la democracia y el mercado, engendros barnizados por publicidad idiota y toneladas de programas de televisión y películas de Hollywood muertas, sin alma. Pero sí, tenemos libertad en muchos aspectos, una libertad mayor que hace cincuenta años, una libertad mayor que en las dictaduras de aquí y allá. Pero la estructura, aunque esté coloreada de rosa, sigue enferma, podrida. La clase baja existe y está bien pisoteada, bien amarrada al infierno, al trabajo mal pagado y a los pisos pequeños y caros y a los albergues con inmigrantes y vagabundos que nadie sabe de dónde han salido. Hoy en día los espacios de ocio son los centros comerciales y los megasupermercados donde puedes elegir, democráticamente, entre yogurt de arándano, de ciruela, de chocolate o de maracullá mientras paseas entre los pósters del último disco de la última rubia artificial de California. Esto, por sí solo, no es el infierno, a nadie le hace daño mirarle el culo a Cristina Aguilera mientras mete un yogur de melocotón en la cesta de la compra, el problema llega cuando el ser humano, presionado por la fuerza de las circunstancias a trabajar para consumir, renuncia a sus sueños y a su imaginación para encontrar una felicidad prefabricada que se supone perfecta, culminante en la historia, la democracia de mercado y supremacía global de la “cultura” entendida como rápida, de consumo espectacular e instantáneo, la cultura del MacDonalds extendida al cine y a la música e incluso a la literatura, y de ahí a la SOCIEDAD. Porque no es sólo una idea fatalista de los nuevos “intelectuales de izquierda”, aquello de que el hombre común occidental es un zombi consumidor sin entrañas, pero recapacita y date cuenta de que la televisión piensa por las masas, razona por mucha gente, produce ideología lo suficientemente monótona como para adormecerte; mucha información, poca acción. Lo que tampoco sería demasiado dramático si se redujese a eso, a la banalidad... Lo que pasa es que los de arriba hacen a los de abajo partícipes de las crueldades que se les ocurren, sus enormes negocios multimillonarios y sus guerras y golpes de estado y multinacionales en África y miles de cosas más que sabéis de sobra, ¿verdad?. Políticos, políticos y grandes empresarios caminando cogidos de la mano por un mundo hecho cenizas y pisoteado por ejércitos yanquis y complejos Nike con niños desnutridos que vomitan jugos gástricos mientras cosen balones para que millonarios en calzoncillos den pataditas en un campo de césped. ¡¡Puaaaaaghh!! La esclavitud rebosa energía en el Tercer Mundo, está en plena forma, bien montada, bien engrasada, bien alimentada con sacos de trigo U.S.A y empresas de seguridad que apuntan a la cabeza de campesinos colombianos cuyas tierras han sido expropiadas por Texaco y British Petrolium.
Un país construido por comités y asambleas y cosas verdaderamente socialistas y auténticas, libres por fin, en las que los que tienen las manos llenas de cayos puedan tomar parte de su destino, tengan una libertad mayor que la que les otorga el mercado y sus mentiras, un miserable voto cada cuatro años para designar al chupatintas que regirá tu vida porque sí. Oh, sí, no es tan difícil o utópico, en serio, lee sobre socialismo, estudia a Marx y los socialistas checos y yugoslavos, que rebosan elementos imaginativos y justos y reales que te pueden abrir los ojos. La autogestión se puso en práctica una vez, y las cosas fueron bien, las personas pudieron decidir en todo lo referente a su empresa o fábrica o universidad, y el mosaico social, cultural e ideológico fue vasto y plural, pero no vale la pena engordar el artículo, descúbrelo tú mismo, en la biblioteca o en internet o donde puedas, échale un vistazo a las cosas que inventó Tito, desmárcalas del régimen y mézclalas con los mejores elementos que tenemos aquí y ahora, te saldrá algo por lo que quieras luchar, estudia la revolución rusa y mayo del 68 y la Nueva Izquierda de los sesenta y verás qué es la revolución, con el ecologismo y la autogestión y miles de ideas más, estructuradas y bien preparadas para dar el salto al terreno práctico. Porque antes de destruir algo, tienes que saber qué construir después, si no, la revolución son guerras civiles y cuchillos en el estómago, hambrunas y dictadores. Dale un sorbo al calimocho y piensa, ve películas y viaja y aprende idiomas, cata la literatura y haz preguntas jodidas a profesores y padres del conocimiento, abofetea al burgués todo lo que puedas, continuamente, porque cuanto más poseemos, más nos negamos a pensar, expolia a lo ricos y verás cómo serán los primeros en hablar de izquierdismo, no te ablandes, hombre, muchos jóvenes marxistas lo dejaron todo cuando sus manos se llenaron de billetes, evita eso. La potencia, el potencial humano, los recursos, la cantidad de riqueza del mundo, tan abundante como mal repartida; todos conocemos datos del tipo: “la fortuna sumada de las diez personas más ricas del mundo equivale a una vez y media los ingresos de todos los países subdesarrollados juntos”. No desprecies las grandes ideas por considerarlas irrealizables, no renuncies, no te ablandes, resiste, zambúllete en el fértil y completo mundo de las revoluciones sociales y sus pilares de democracia real y demás historias, que el dinero no lo es todo, no te dejes engañar, la gente puede y debe amueblar su vida, rearmarse como individuo, plantar cara a la basura, no dejarse cazar... No es moralina cursi, tío, no tienes más que pensarlo. Pero es duro, es muy duro ver cómo las cosas han tomado una forma tan lógica que cualquier idea gorda parece descabellada, es duro ver cómo la historia desfila ante nuestros ojos llena de barbaridades, cómo sigue siendo malgastada por los mismos idiotas en busca de notoriedad deseosos de poder escribir sus memorias algún día, engañando a las masas con cada vez más facilidad... Pasa lo que pasa y Bush es el presidente más votado de la historia, la nación elegida por Dios para salvar el mundo goza del apoyo de decenas millones de catetos ciegos, quéjate y te pasarán por la cara el “ha sido elegido democráticamente” para que digas: “jooooder, ¿ése es el tío más poderoso del mundo?” y vomites angustiado. La IZQUIERDA está débil, convaleciente, casi enterrada, irreconocible, derrotada... Parece que los de la gomina han ganado la partida... Pero siempre existe la posibilidad de reunir los trozos de sentido común de la gente y dar salida a esa infelicidad cotidiana que no se sabe de dónde viene, esa insatisfacción que suscita preguntas sin respuesta que quedan suspendidas en el aire mientras vamos a trabajar o desayunamos o vemos la tele, la imaginación de millones de personas NORMALES Y CORRIENTES que desean colaborar y dar salida a sus ideas en foros y asambleas en fábricas y empresas y universidades. Porque ya lo dijo Gramsci: “Al pesimismo de la razón, hay que oponer el optimismo de la voluntad”. Mucho que pensar, que hacer y que organizar. Y algunos, inquietos, se preguntan: ¿se quedará esto en el tintero o saldrá alguna vez a golpear las estructuras del mundo? Yo, mientras tanto, escribo cosas y le doy tragos al calimocho. Escrito por Argemino Barro.
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