Asimilismo
y Confederación.
Jesús
Etayo Zalduendo
-
La Voz de Navarra-
"La
justicia y la paz están en la confederación" Jesús
Etayo
He de completar lo que ayer dije acerca del españolismo confederal de Navarra.
Recordará el lector cómo afirmé repitiendo la frase felicísima de la Diputación
del Reino en 1820, que nuestro Reino y el de Castilla, de los siglos XVI al XIX tenían
un mismo rey físico, pero distintos reyes legales. Éste, el monárquico, era el único
vínculo de la unión de ambos reinos. Claro está que Castilla, o la España
castellana, como dicen algunos escritores catalanes, por su mayor extensión, por
tener, en su territorio, enclavada la Corte de Las Españas y por un secular espíritu
conquistador e imperialista se desbordaba en intentos asimilistas. Pero las Cortes de
Navarra, siempre vigilantes y conscientes del derecho, de la personalidad propia de
nuestro viejo Reino protestaron de tamaños abusos.
Ejemplo : en 1576 los tres Estados designaron a don Miguel de Mauleón por embaxador
y mensajero para exponer ante la Sacra, Católica y Real Majestad del rey don Felipe,
los agravios perpetrados contra los fueros. Semejantes embajadas habían sido
encomendadas anteriormente y muchas veces, observándose siempre que las
reclamaciones pasaban a deliberación del Consejo Real de Castilla. Nuestras Cortes
venerandas no pudieron, debieron ni quisieron consentirlo. Y dijeron, por tanto, a
Miguel de Mauleón: <<Adviértase también al mensajero, que no admita remisión
de los dichos agravios y negocios al Consejo Real de Castilla, porque... no se pueden
tratar en Consejo de Justicia de Castilla sino que su Majestad en persona los
provea>>.Manifestaban así, y lograban, nuestras Cortes, que Navarra fuera
Reino propio y soberano de por sí. No enderezaban sus reclamaciones al Rey de
Castilla. Las elevaban , confiadamente al rey de Navarra, aunque el rey de Navarra y
el rey de Castilla fueran la misma persona física.
Acaso se objete a todo esto que el trascrito y otros muchos textos semejantes se
refieren a época próxima a la conquista de Navarra, cuando para consolidarla, era
precisa esa conducta según los consejos de Maquiavelo. En efecto, el primero de los
principios que el político florentino aconsejó, en el capítulo V de los
"Discursos sobre Tito Livio" para gobernar << las ciudades o los
reinos que, antes de su conquista se regían por leyes propias >>, era el
dejarlos regirse << con sus propias leyes >> . Pero si eso pudo ser
verdad -y yo creo que lo fue- en la táctica de Fernando el Católico y en la de sus
sucesores próximos no había razón para que lo fuera en tiempos más cercanos a los
nuestros en los que no podían, en el Centro, temer movimientos desconfederacionistas.
Y el hecho es que, en esencia y en accidente, en fondo y en forma, hasta entrado el
siglo XIX, que, en cronología histórica, es nada más que antes de ayer, el
principio principalista o confederalista, que es lo mismo , de Navarra con los reinos
hispánicos, vive y se afirma y sustenta igual que en los tiempos de don Fernando.
Y ese principio es el que puede, es el único que puede, resolver cabalmente el todavía
jamás solventado problema constitucional de España. Y los demás problemas
constitucionales del mundo también. Mayorías y minorías, conquistadores y
conquistados sólo piensan, respectivamente, en asimilismo y separatismo para sus
malestares y anhelos. La concepción estrecha y uniformista de la soberanía inspira
tales extremos igualmente ineficaces. La justicia y la paz están en la confederación.
Los formidables problemas de raza y de lengua que agitan al mundo, no remedian con
dominadores imperialismos; ni, tampoco, con separatismos, que, por justificados que
parecen, no serían posibles ni convenientes.