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JUVENTUDES |
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El 20 de diciembre de 1968 Franco expulsó del país
a don Carlos de Borbón Parma, días más tarde haría lo mismo con su padre D.
Javier y dos de sus hermanas. Los titulares de la dinastía carlista fueron acusados
de extranjeros que se habían entrometido en la política española. En 1 936 cuando
don Javier de Borbón Parma ordenó a los requetés que se unieran al movimiento
militar contra la República nadie lo consideró extranjero. La razón que dio el
gobierno al ser interpelado en las Cortes por los cuatro procuradores carlistas fue
que don Javier y don Carlos presidieron un acto político en el monasterio de
Valvanera en el que «incurrieron en manifestaciones contrarias al orden público que
rozaban facultades potestativas del Poder estatal».
El Carlismo respondió con responsabilidad
a este acto dictatorial y denunció la provocación que suponía como una abierta
incitación a una escalada de violencia, advirtiendo al gobierno que no confundiera
la sensatez y la responsabilidad con la debilidad. Cerrada la vía legal que iniciara
unos años antes el carlismo volvió a la ilegalidad. Pero en la oposición siempre
estuvo, a pesar de los intentos fallidos de colaboracionismo por algunos de sus
miembros que sucesivamente abandonarían el carlismo o serían expulsados del mismo. El primer enfrentamiento entre Franco y el carlismo ocurri6 el 20 de diciembre de 1 936. Este día las milicias fueron unificadas y sujetas al Código de Justicia Militar y Fal Conde, Jefe Delegado de la Comunión Tradicionalista, hubo de exiliarse a Portugal ante la amenaza de ser fusilado, acusado de intentar dar un golpe de estado contra Franco. La verdadera causa fue la intención de Fal Conde de organizar una academia militar para la formación de oficiales de los tercios de requetés. Consultado Franco sobre esto no opuso objeción alguna. Su actitud cambió el 19 de diciembre después de su entrevista con el desprestigiado exjefe carlista Conde de Rodezno, más tarde ministro de Franco y miembro del Consejo Privado de don Juan de Borbón. En abril de 1937 Franco completó la maniobra de anulación del carlismo, como fuerza política y militar, con una medida política, el decreto de Unificación y una medida militar, la reorganización de las brigadas navarras colocando al frente de ellas jefes africanistas y mezclando los batallones de requetés con otros de otra procedencia que los desbordaran cuantitativamente de forma que no se pudieran sublevar. El carlismo perdió su fuerza militar y, a la vez, sus locales, su prensa, toda la documentación y demás medios materiales. Los pocos carlistas que aceptaron la unificación Rodezno y su grupo (que harían compatible su lealtad a Franco y a don Juan de Borbón) y algunos de procedencia integrista fueron expulsados de la Comunión Tradicionalista por don Javier de Borbón que calificó de « facciosas» las maniobras de Rodezno para sumarse a la Unificación. Más tarde don Javier sería expulsado de España tras haberse entrevistado con Franco al cual manifestó la total discrepancia de( carlismo con la Unificación y los rumbos totalitarios de carácter nazi del nuevo estado.
En octubre de 1937 se
sucedieron numerosas detenciones de carlistas en Burgos, San Sebastián, Vitoria y
Pamplona por las manifestaciones antifranquistas organizadas por la AET (estudiantes
carlistas) el día 12 «Festividad de la Raza».El clima de enfrentamiento y de oposición continuó: cierre de círculos carlistas
(en Barcelona y Pamplona hubo disparos entre la policía y los carlistas), sucesivas
denuncias de carácter fascista y de la corrupción de( régimen, negativa de los
carlistas a alistarse en la División Azul, intento de crear una unidad carlista que
combatiera junto a los aliados, colaboración con la resistencia francesa para pasar
información a Inglaterra, y la misma participación de don Javier en la resistencia
(detenido por los alemanes fue acusado de comunista y encarcelado en Dachau).
La represión también fue continua:
detenciones, encarcelamientos, destierros, prohibiciones y multas. En 1. 942 tuvo
lugar el atentado de Begoña organizado por la jerarquía falangista. Al finalizar la segunda guerra mundial, una vez liberado y restablecido don Javier, éste declaró que, en caso de una nueva guerra civil, los carlistas no lucharían en el bando franquista.
La cerrada oposición del carlismo, su total negativa a participar en la construcción
del nuevo estado, la intransigencia de su dirección cambió a finales de los
cincuenta. Se inició así una nueva etapa política mal llamada colaboracionista, en
la que el carlismo intentó luchar por sus objetivos utilizando la vía legal en la
medida que esto fuera posible. En 1 966 la situación se endureció, la policía por orden del Ministro de la Gobernación suspendió, mediante el uso de la fuerza, el Congreso Nacional Carlista. Se hizo una declaración en la que se afirmó estar en la oposición; Le Monde (14 de febrero) informó de lo sucedido, en una nota aparte informó de que los estudiantes carlistas habían hecho frente común con socialistas y democristianos en los últimos incidentes universitarios. Un mes más tarde la AET de Cataluña participaría en la constitución del SDEUB; la primera hoja volante informando a la población de Barcelona sobre la actuación policías en «la Caputxinada» apareció el 10 de marzo e iba firmada por la AET, en ella se denuncia las maniobras del gobierno en contra de los principios de libertad y democracia «propugnados siempre por el carlismo» y los métodos de actuación nazi que Carrero Blanco y Alonso Vega han impuesto a la policía.
El grado de radicalismo político y social en
que se había situado la AET es bien evidente en sus boletines regionales; en uno de
ellos afirma «bendito sea el comunismo que apoya una vida más digna». Entre las
prohibiciones de este año destaca la de Villareal, comunicada el día anterior, la
policía cortó carreteras y vías de acceso, los choques entre policía y carlistas
se sucedieron durante todo el día. El discurso de uno de los oradores se iba a
referir a la petición de fueros para el País Valenciano, libertades democráticas
para todo el pueblo español, y cese de las represiones políticas. Al acto de
Montejurra asisten por primera vez un grupo de observadores de partidos de izquierda;
los oradores pidieron ayuntamientos democráticos y sindicatos libres, piden también
que se ponga fin al castigo impuesto a Vizcaya y Guipúzcoa mediante la devolución
de las competencias forales a sus diputaciones. Respecto a su organización interna, en los años anteriores a la expulsión de 1 968, el rasgo más acusado es el continuo cambio en sus dirigentes y en las estructuras organizativas con la finalidad de conseguir una estructura organizativa unificada y democrática capaz de adaptarse rápidamente a una situación de ilegalidad y clandestinidad.
Se van anulando a aquellos que son partidarios de pasar de la moderación a la
colaboración con el régimen. Los cambios más significativos son el cese de
Zamanillo en 1 962 como Secretario General, el de Marquez de Prado en 1 965 como
Delegado Nacional de Requetés, y la dimisión de José María Valiente a fines de 1
967 como Jefe Delegado consciente de que se le ha reducido el poder paulatinamente.
En el Reglamento de Régimen Interno
aprobado en 1963 se señalan como órganos de gobierno de la Comunión
Tradicionalista: a) la Jefatura Delegada con la Secretaría General, b) la Junta
Nacional, c) el Consejo Nacional. Los dos primeros órganos son de nombramiento
regio. La Secretaría General coordina las ocho organizaciones en que se estructura
el carlismo. De ellas dos son legales, la Hermandad de Antiguos Combatientes (50.000
afiliados en 1 966), y la red de Círculos Culturales Vázquez de Mella, que se rigen
por sus propios estatutos, además de los Círculos Vázquez de Mella existen otros
de distinta denominación (en 1968 el Presidente de la Junta Suprema afirmarla que el
carlismo contaba con cerca de 300 círculos en toda España). Las otras seis
organizaciones son: Requetés, AET, Cultura y Difusión, Margaritas y Pelayos, Acción
Social, y Hacienda. No existe ninguna organización específicamente juvenil a nivel
estatal, los jóvenes se integran en la AET, en los requetés, o en el MOT
(Movimiento Obrero Tradicionalista creado en 1965). Exceptuando Hacienda las otras
cinco organizaciones cuentan con un delegado Nacional, Requetés y AET gozan de plena
autonomía y cuentan con una estructura propia a todos lo niveles. Esta situación
comenzará a cambiar en 1965 con la creación de la Junta de Gobierno y del
Movimiento Obrero Tradicionalista. En 1966 se producen varios cambios con la
finalidad de crear una estructura más eficaz y simplificada, dando a los jefes políticos
provinciales más autoridad y haciendo de ellos los únicos responsables de la
actividad política en todos los órdenes. Tales cambios fueron: 1 ) disolución de
las Delegaciones Nacionales y Regionales de Requetés, AET, MOT, y Margaritas, 2) de
los jefes provinciales dependerán todas las organizaciones, 3) en sustitución de
las Delegaciones Nacionales se crean los Consejos Asesores de Requetés, MOT,
Universitario, Margaritas, y de la Jefatura Delegada. En la práctica estos cambios
supusieron la desaparición de la organización de Requetés, inservible para lucha
política, y la pérdida del control del carlismo por parte de Valiente. El poder
real estará ahora en la Secretaría General. La AET y el MOT seguirán organizando
sus propios Congresos Nacionales, aunque perdieron la autonomía organizativa.
1968 será una año de notable actividad
carlista tanto en su aspecto externo como interno. A los actos que anualmente se
celebran, Montejurra, Montserrat, Quintillo, Begoña, lsusquiza, Haro, Caminreal,
Tres Roures, Villareal, etc, vienen a sumarse, entre otros, los celebrados en Palma
de Mallorca, Burgos, Valladolid, Liria, Zarauz, Santo Toribio de Liébana y Valvanera.
De ellos, uno supera los cien mil asistentes, dos los veinte mil y uno los diez mil.
Como características de estos actos señalamos que son autorizados, la autorización
la solicita la Hermandad de Antiguos Combatientes de Tercios de Requetés, entidad
que formalmente organiza el acto, o la junta directiva del círculo local
correspondiente, una parte de los actos suele estar dedicado a los antiguos
combatientes a los que se les suelen imponer condecoraciones carlistas, motivo
aparente del acto (aunque a veces da la impresión de que se pretende
reorganizarlos), los oradores suelen centrar su exposiciones en los siguientes
puntos: lealtad a la dinastía carlista, denuncia del inmovilismo político del régimen,
la esperada apertura con la promulgación de la ley Orgánica del Estado ha sido una
farsa, el carlismo no tiene más fines que los estrictamente políticos, necesidad de
implantar el sufragio universal para la elección de todos los cargos públicos,
defensa de una estructura federal del estado, necesidad de constituir el carlismo con
un movimiento renovador o revolucionario ya que los programas deben ser adaptados a
las necesidades históricas, hay que construir una España sin clasismo social,
cambio revolucionario en las estructuras agrarias, participación de los trabajadores
en los consejos de administración de las empresas (cogestión).
En el aspecto interno se organizan dos
grupos de actividades, los cursillos para la promoción de la juventud carlista y los
cursillos para la formación de dirigentes del MOT. Los primeros se organizaban en régimen
de internado durante tres o cuatro días en grupos de cuarenta asistentes, desarrollándose
tres grupos de temas: socioeconómico, organización del carlismo y la acción política.
En ellos se incide en que el fin del carlismo es conquistar el poder, el carlismo
prefiere la república antes que la instauración de la monarquía alfonsina
capitalista y aristocrática, el movimiento de las comisiones obreras está creando
en España una verdadera conciencia social, la causa fundamental de la crisis del régimen
es su inmovilismo político. A estos cursillos, al menos, asistieron unos mil jóvenes
carlistas.
El temario de los cursillos del MOT se
centra fundamentalmente en la necesidad por parte de los trabajadores de superar las
estructuras liberalcapitalistas empleando todos los medios a su alcance «sin otro límite
que la ley de Dios». La socialización que se propugna no se limita al nivel económico
sino que se extiende a todos los campos de la actividad social. Hay que destacar que
la argumentación que se utiliza para atacar el sistema capitalista es básicamente
religiosa: la explotación del hombre por el hombre rompe los planes de Dios, el
sentido de la historia consiste en que la clase obrera al construir la nueva sociedad
restaura el plan de Dios. La única crítica que se hace al marxismo en este temario
es que haya renegado de ser un movimiento genuinamente obrero y que esté dirigido
por intelectuales burgueses. La respuesta del régimen ante esta situación no se hizo esperar, el primer acto que estaba programado para septiembre en Covadonga fue prohibido alegando razones sanitarias y arquitectónicas, e incluso poniendo en duda la representatividad como Delegado regional de Asturias de la Hermandad de Antiguos Combatientes de la persona que solicitó la autorización. El mismo Jefe Provincial de Sanidad de Madrid que autorizó la exhumación de los restos de Mella la suspendió doce dias más tarde. El dos de septiembre el Director General de Arquitectura se trasladó a Covadonga y paralizó las obras de perforación. El Sr. Arzobispo aceptó esta medida cuando cincuenta dias antes la autorizó oralmente, obteniéndose después el permiso por escrito de la Secretaria Cancillería del Arzobispado. La comunicación del gobernador civil fue tajante: «No habiendo traslado de los restos, no ha lugar a la celebración de los actos para los cuales solicitaba autorización». A pesar de la prohibición el día ocho se celebró un acto político en Cangas de Onís con más de dos mil quinientos asistentes.
El 15 de diciembre tuvo lugar el acto político en el monasterio de Valvanera
presidido por Don Javier y Don Carlos, entre los asistentes se contaban más de dos
centenares de oficiales de Tercios de Requetés. En este acto se reconoció a la
Rioja como región del País Vasco-Navarro en la estructura organizativa territorial
del carlismo, se criticó duramente al régimen, y se denunció el paso atrás que
significaba el Estatuto Orgánico del Movimiento.
La expulsión de los Borbón Parma sucedió
la semana siguiente. Hubo manifestaciones de protesta en las principales ciudades
españolas. En Pamplona doce policías resultaron heridos durante los enfrentamientos
y se efectuaron varias detenciones. En Bilbao la policía disparó para poder detener
a varios carlistas. A partir de ahora no se solicitará ningún tipo de autorización
para los actos políticos que se organicen. De estos actos, principalmente Montejurra,
Quintillo y Montserrat, saldrán duras condenas públicas contra el régimen y se darán
a conocer las nuevas formulaciones de los principios ideológicos carlistas y la línea
táctica.
Estas nuevas formulaciones se realizarán
en los tres Congresos del Pueblo Carlista celebrados durante esta etapa. El Congreso
se concibe como el supremo órgano del partido. Se constituye con los compromisarios
elegidos en las Asambleas Populares Carlistas lo cuales son portadores del mandato
imperativo de estas, no pudiéndose tomar acuerdos sobre cuestiones que previamente
no se hayan debatido en las mismas. Posteriormente deben dar cuenta de su gestión en
el Congreso ante la asamblea que los eligió. En el primero de ellos celebrado en
diciembre de 1970, Don Javier expone en un documento, tal vez el más importante de
la reciente historia del carlismo, el estado en que se encuentra la evolución ideológica
del mismo y su pensamiento sobre la Revolución Social, el Pacto, el Poder, la
Libertad, las estructuras de la libertad y la Monarquía.
La tendencia más a la izquierda del partido (Fuerzas
Activas Revolucionarias Carlistas) celebró su propio Congreso en enero de 1972. En
el documento elaborado en éste se incluye un corto análisis sobre la historia del
carlismo en el que se define el sentido histórico de este como la defensa de las
libertades y reacción popular contra la burguesía ascendente, afirmando que, al
estar el carlismo compuesto en su mayoría por personas de poca cultura y escasa
formación, ha sido manejado y controlado por «ilustres caciques» mediante la
manipulación del hecho religioso. Afirman que se consideran como no monárquicos ni
dinásticos y califican de circunstancial el hecho de que en la dirección del
Partido Carlista haya personas miembros de «una determinada familia», hecho que no
debe considerarse como condicionamiento ni hipoteca cara al futuro, a la vez que
manifiestan su repulsa a cualquier tipo de «culto a la personalidad».
Respecto a la meta estratégica, esta
queda definida como la estructuración de la Federación de Repúblicas Socialistas
Ibéricas, incluyendo en el término Ibéricas, además de los pueblos sometidos al
Estado Español, los territorios peninsulares sometidos al Estado Portugués y los
territorios vasco y catalán sometidos al Estado Francés. Tal Federación debe
formarse en un proceso de integración voluntaria de los diferentes pueblos, y debe
entenderse como un primer paso y un medio hacia un mundo socialista.
Como principios rectores del proyecto se
presentan la libertad política y la justicia. La libertad política se entiende como
la libertad social, la libertad de los grupos sociales, que precede a la libertad
personal, no para restringirla sino para darle un sentido comunitario. Se reconoce
por tanto el principio de autodeterminación de los pueblos, pero sin simplificarlo a
la definición burguesa que la ha reducido al derecho a constituirse en estados
independientes. La justicia no debe conducir solamente a la redistribución de los
bienes materiales, sino también a la redistribuci6n de los bienes de la cultura y la
responsabilidad política. La democracia debe extenderse a toda la actividad humana,
y no restringiese a la emisión de un voto en un momento dado.
El proyecto es presentado como la
alternativa a la sociedad capitalista avanzada que puede dar solución plena a las
aspiraciones y demandas de los trabajadores, y definido como socialismo de autogestión
global, basado en la decisión plena del pueblo en todas las decisiones de la vida
colectiva. El modo de producción socialista es definido por las siguientes características: a) propiedad social de los medios de producción, b) administración de los mismos por los trabajadores que los explotan directamente, c) consideración de la empresa como asociación de productores con derechos iguales sobre las decisiones y los beneficios independientemente de su tarea concreta, d) planificación de la economía en función de la satisfacción de las necesidades reales de la sociedad.
Cambiar la estructura y el carácter del Estado burgués significa concebir al Estado
Socialista como un instrumento al servicio de la voluntad del pueblo mediante la
creación de un triple sistema de estructuras de libertades y participación
comunitaria, escalonadas desde el municipio a la Federación, que hagan posible la
autogestión ideológica por los partidos políticos de masas, la autogestión económica
y la autogestión municipal y de las nacionalidades por el sistema foral-federal,
donde cada poder de cualquier nivel cuente con facultades plenas para tomar
decisiones y resolver problemas que afecten exclusivamente a su ámbito
correspondiente. La Monarquía se concibe como el instrumento que mantiene la unidad federal dentro de la diversidad y pluralidad de los pueblos. Al ser socialista representaba la garantía de la continuidad revolucionaria, y al ser federal actuará de árbitro equilibrador de las distintas fuerzas que libremente integren la federación. En la formulación de su línea táctica el Partido Carlista rechaza la alternativa de la democracia formal, dado que esta significa el mantenimiento de las mismas estructuras socioeconómicas del régimen y, por lo tanto, sólo un cambio en el modo de dominación del capitalismo en el que la burguesía seguiría ejerciendo su dictadura de clase mediante su control de los medios de producción y de comunicación. Propone, pues, dos tipos de unión de las fuerzas de oposición. Uno, la alianza democrática, unión amplia de todas las fuerzas democráticas sin discriminación, basada en el siguiente programa mínimo: derrocamiento del régimen fascista, establecimiento de las libertades democráticas, constitución de un gobierno provisional donde estuvieran representadas todas las fuerzas de la oposición que garantizara el ejercicio de estas libertades durante el período constituyente. Se deja bien claro que se opondrían a que tal alianza programara de antemano cualquier solución sin la participación del pueblo, y que no renunciaba a ningún presupuesto ideológico pese al riesgo de tener que enfrentarse con sus aliados una vez conseguidos los fines de la alianza. El otro pacto, denominado Frente Democrático Revolucionario incorporarla a todas las fuerzas socialistas.
El Partido Carlista participó en la mayoría de las plataformas de la oposición
constituidas durante este período, incorporándose a la Junta Democrática de España
en septiembre de 1 974, haciendo constar públicamente su posición táctica. En
enero de 1975 se retiraría de la misma por tres razones: 1 ) La dirección de la
Junta está en manos de los grupos burgueses que forman parte de ella, 2) la Junta no
ha modificado su carácter centralista ya que sigue sin reconocer el derecho de
autodeterminación de los distintos pueblos del Estado Español, 3) La Junta no es un
organismo abierto ya que ha rechazado el ingreso en ella de fuerzas y organismos que
lo han solicitado.
También se aclaró su posición respecto
a sus relaciones con la Iglesia Católica y la opinión que tenía de su Jerarquía
en España. Declara que, aunque compuesto en su totalidad por católicos, no es
confesional, por lo cual no está comprometido con las opciones temporales de la
Iglesia Jerárquica Española, sino más bien cree que estas no responden a un
verdadero sentir cristiano. Considera la postura de esta Jerarquía como ambigua y
colaboracionista con el régimen, colaboración que no sólo ataca el principio de
libertad religiosa, sino a los principios de la propia Iglesia Católica y del
cristianismo; con su apoyo moral, y su silencio ante los atropellos y crímenes, la
Iglesia se ha constituido en la iglesia de los vencedores y no en la de todos. Creemos necesario señalar que en el interior del Partido Carlista se formaría una organización de carácter muy radical en su actuación ya que efectuaría varios atracos a entidades bancarias y a empresas que se mostraron intransigentes en los conflictos laborales habidos, caso de la fábrica de embutidos Pamplonica SA de Pamplona, que sufrió un intento el 2 de julio de 1 971. La finalidad de estas acciones, consideradas como acciones de resistencia y expropiaciones, era claramente política, como afirmaría uno de los miembros de esta organización (Grupos de Acción Carlista, GAC) en el Consejo de Guerra que lo juzgaba, en primer lugar ayudar a los exiliados carlistas, después ayudar económicamente a los obreros de la fábrica en aquellos momentos en huelga y en tercer lugar allegar fondos pars3 lo GAC.
La primera acción conocida consistió en un lanzamiento de
octavillas en la madrugada del 7 al 8 de septiembre de 1968 en las que se hacían
alusión a la actuación de la Comisión organizadora de los juegos florales de Sangüesa
de nombrar reina de los mismos a la hija del entonces Ministro de Información. Sus
acciones más sonadas fueron el intento, frustrado, de asalto al reemisor de
Berberana con la finalidad de conectar un aparato que permitiera la interferencia de
una cinta magnetofónica durante el discurso de fin de año del general Franco (30-1
2-1 970), el asalto a Radio Requeté de Pamplona donde se colocó una cinta magnetofónica
que fue oída durante seis minutos, contenía un manifiesto y el himno carlista
Guernicaco Arbola (2-5-71) y la colocación de un artefacto explosivo de escasa
potencia en los talleres del diario El Pensamiento Navarro (23-8-71).
El régimen además de los medios
habituales de represión, detenciones, prohibiciones, multas, embargos, registros y
cierre de locales, torturas, amenazas y condenas de prisión, utilizó el silencio,
la desinformación, la calumnia y puso en marcha, sucesivamente, varias maniobras
para crear un carlismo paralelo obediente a las directrices de Franco y para
confundir a la opinión pública sobre la naturaleza política del carlismo y sobre
las personas que, por voluntad de los carlistas y de acuerdo con las normas de sucesión
tradicionales de la Monarquía Española, eran los auténticos titulares de la
legitimidad carlista. La maniobra se probó con cierto éxito en los años cuarenta
presentando a Carlos de Habsburgo (miembro de la organización austríaca de milicias
denominada Heimwher dirigida por el príncipe Starhemberg) como titular de la dinastía
carlista. Las sucesivas maniobras con la colaboración de personalidades
tradicionalistas no tuvieron tanto éxito, sirviendo algunas de ellas como tema
jocoso en algunas de las publicaciones carlistas. Los sucesivos fracasos de tales
maniobras y la frustración que debió engendrar en el régimen y en las «personalidades
tradicionalistas» es, posiblemente, una de las causas que motivaron la última de
tales maniobras anticarlistas,«la operación reconquista» en el acto de Montejurra
de 1976, así como también la toma de Montejurra, Estella y los accesos a esta por
las fuerzas policiales en 1 977.
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