Declaración de la Iglesia de Base de Madrid
Como miembros de la Iglesia de Jesús, y sintiéndonos portadores de su Espíritu, que nos impulsa a vivir en amor y esperanza, deseamos expresar nuestro sentir a propósito de la NOTA que la Comisión para la Doctrina de la Fe de la Conferencia Episcopal Española le ha hecho llegar al teólogo Juan José Tamayo.
Nos parece legítima la preocupación de nuestros obispos por tutelar y promover la doctrina cristiana. Pero, de igual modo, consideramos obligación moral suya suponer que los teólogos, cuando realizan su labor, proceden con idéntica preocupación. No dudamos que todos ellos, y en este caso Juan José Tamayo, tienen el mérito de dedicar tiempo, esfuerzo e investigación a lograr que la doctrina cristiana resulta más transparente e inteligible para la cultura y gente de nuestro tiempo. En este sentido, nuestros obispos debieran reconocer la labor de nuestros teólogos con agradecimiento y en la seguridad de que contribuyen poderosamente a clarificar, sustentar y potenciar la fe de la comunidad eclesial.
Sólo desde este espíritu mutuo de confianza y reconocimiento, puede ejercerse con edificación la misión de tutelar y promover la doctrina cristiana como también la de preservar su libre y leal investigación. Estos dos polos libertad y fidelidad- deben caminar juntos, tratando de avanzar siempre hacia una mejor formulación de la doctrina cristiana, sin menoscabar para nada las necesarias normas del diálogo que permiten discernir y acordar conjuntamente los resultados de los nuevos avances bíblico-teológicos y científicos.
Desde esta metodología, dictada por un amor confiado y vigilante, constatamos que ciertos procedimientos hechos realidad en el caso actual de Juan José Tamayo- y seguidos contra no pocos teólogos, muestran un autoritarismo inadmisible desde una ética humana y desde el espíritu del Evangelio. Tal autoritarismo suele actuar con desconfianza, ver o crear errores donde no los hay, prejuzgar ligeramente y tomar decisiones unilaterales que, en última instancia, perjudican a la Iglesia entera. La búsqueda de la verdad debe estar guiada por el amor, la cercanía, el respeto, la confianza y la disponibilidad de una y otra parte a escuchar , aprender, ampliar perspectivas y rectificar cuando el caso lo requiere.
Somos conscientes de la complejidad y dificultad de presentar para nuestro tiempo, bajo lenguaje y formulaciones nuevas, ciertas verdades tradicionales de gran importancia. Pero, estamos igualmente convencidos de que el cambio de los contextos históricos y los avances de la metodología e investigación científicas, imponen la necesidad de reinterpretar no pocas verdades recibidas, sin negar su contenido esencial y logrando así una nueva, legítima y más adecuada formulación.. Es el caso de los dos puntos doctrinales especiales:divinidad y resurrección de Jesús, que se imputan a Juan José Tamayo.
Subrayamos:
Lo que Tamayo afirma sobre la Divinidad y la Resurrección de Jesús no es sino que lo que otros teólogos vienen escribiendo y enseñando con responsable fundamentación.
Ciertamente, se proponen nuevos planteamientos que no coinciden del todo con los más tradicionales, pero esto es lo que , desde él método y espíritu antedichos, se debiera discernir, dialogar y acordar entre una y otra parte, tratando de salvaguardar la fidelidad a la enseñanza de Jesús y su fiel seguimiento por parte de la Iglesia. Desgraciadamente, esto es lo que no se suele hacer, impidiendo con ello una puesta al día de la Tradición , sembrando inútiles conflictos en la Iglesia y deparando sufrimientos a muchas personas, que bien pudieran ahorrarse.
Nos parece de justicia comunicar a nuestros obispos que, desde lo que acabamos de decir y desde una lectura atenta de su NOTA, no aparecen razones, ( nosotros no las descubrimos), que hagan creíble las graves afirmaciones que en ella vierten sobre Juan José Tamayo: "La aportación del autor no es sino una versión renovada del antiguo error arriano",."Las conclusiones de Juan José Tamayo son incompatibles con la doctrina de la Iglesia", "En los últimos años, el autor ha seguido en sus publicaciones teológicas y manifestaciones públicas una trayectoria que le aparta de la comunión eclesial, lo cual es incompatible con la condición de teólogo católico".
Tales afirmaciones, indemostradas, son hechas fuera de todo diálogo, con el consiguiente daño para el autor y con el quebrantamiento de la imagen auténtica de la Iglesia. ¿Cómo se pueden lanzar al viento estas afirmaciones sin que preceda el diálogo con el autor y sin que se aporten públicamente razones que las sustenten? ¿Qué se quiere decir cuando se afirma que Tamayo se aparta de la comunión eclesial ? ¿Supuesto, no concedido, que se hablara de apartamiento en ciertos puntos doctrinales, es razón suficiente para concluir con ello que la persona se aparta de la comunión eclesial?
Para nosotros es muy probable que se trata de un problema de legítimo pluralismo teológico contra la pretensión de una necesaria uniformidad doctrinal y, entonces, lo correcto es proceder a una clarificación mediante el diálogo, que permita discernir aquello en que, sin romper la comunión, es lícito disentir, y sin que ello implique otros aspectos íntimos y totales de la persona y a la que, con obvia prepotencia, se la condena como culpable de apartamiento de la comunión eclesial.
La NOTA no da pruebas de estas afirmaciones, no las ha contrastado con el autor y, sin embargo, las hace públicas como ciertas, propiciando así el que muchas personas las den como válidas con la consiguiente subestima y desconfianza hacia el autor.
Ante un hecho demasiado repetido en nuestra Iglesia, consideramos que el procedimiento que se suele seguir para el examen de la doctrina de teólogos, debiera modificarse profundamente, con arreglo por lo menos a los siguientes puntos: deponer la unilateral decisión de juzgar una obra teológica sólo por cuenta de la comisiones romanas o episcopales, reconocer al autor el derecho a saber quién le acusa y de qué, agradecerle de entrada la aportación de su labor teológica a la iluminación y consolidación de la fe del pueblo de Dios, ofrecerle las ayudas pertinentes para una exposición adecuada de su pensamiento, proceder a la clarificación de ciertos puntos controvertidos con el trabajo y aportación de teólogos no sólo de las curias sino del ámbito internacional y de diversas tendencias, no pronunciar sentencia alguna condenatoria mientras la doctrina examinada no revista grave importancia ni se disponga de pruebas suficientemente documentadas, admitidas por teólogos de una y otra parte.
De esta manera, podrá quedar salvaguardada la libertad y pluralismo de la investigación teológica, la creación de un clima donde desaparezca todo signo de autoritarismo, desconfianza y hostilidad y se implante otro desde la necesidad de buscar todos lo mismo y aportar con libertad y humildad los diferentes puntos de vista que favorezcan el anuncio y la credibilidad del Evangelio.
Iglesia de Base de Madrid
Comisión Gestora
Madrid, 14 de enero de 2003