3. La lucha contra el revisionismo desde el propio revisionismo: Kautsky

Los ataques de Bernstein desataron una fuerte polémica dentro de la socialdemocracia alemana, aunque no ocurrió lo mismo con los demás revisionistas, cuyos escritos pasaron más desapercibidos Esto condujo a que las posiciones económicas fundamentales de los revisionistas quedaran en un segundo plano, insuficientemente rebatidas. Bernstein no fue expulsado del Partido, a pesar de las peticiones que se lanzaron en ese sentido. Su crítica resultó puramente formal y en ella no intervinieron el conjunto de militantes obreros de la socialdemocracia. Puede decirse que dentro de la socialdemocracia, la polémica no fue más allá de los escarceos entre los intelectuales que componían la dirección del Partido. Aunque las posiciones de Bernstein hubieran resultado triunfantes, eso en modo alguno hubiera cambiado el rumbo de los acontecimientos, porque no se combatió el núcleo de las posiciones económicas de los revisionistas y se soslayaron sus consecuencias estratégicas y tácticas, Todo quedó como una polémica meramente teórica. reservada a los jefes socialdemócratas. El Partido, por su parte, seguía aferrado a las viejas concepciones lassalleanas y utopistas que venían de atrás y que no acababan de erradicarse. En contra del criterio de Marx y Engels, se había autodisuelto en 1878 por la promulgación de las leyes de excepción y únicamente su facción parlamentaria había asegurado su continuidad. Cuando en 1890 volvió o reanudarse la actividad partidaria, su funcionamiento estaba ya lastrado por la experiencia. Los jefes tenían miedo a nuevas leyes de excepción si adoptaban la vía revolucionaria; los militantes no estaban acostumbrados a intervenir activamente en los debates y a ser protagonistas en las discusiones. Toda esta situación condujo a que la socialdemocracia alemana se estancara en el reformismo, que es la vertiente práctica y concreta del revisionismo. El imperativo ético de hundir el capitalismo se reconvertía en el más cercano de modificarlo para mejorado.

El ejemplo más expresivo de las posiciones teóricas y prácticas de la socialdemocracia alemana se personifica en Kautsky, el marxista más influyente a comienzos de siglo. Kautsky fue uno de los primeros en salir al paso del revisionismo y defender una supuesta "ortodoxia" marxista. Esta actitud, por una parte, fue meramente superficial y temporal, porque Kautsky acabó abrazando posteriormente todas y cada una de las posiciones del revisionismo, de manera explícita, es decir, acabó como un "renegado", como le llamó Lenin. Pero incluso analizando sus primeras posiciones ideológicas contra el revisionismo, se observa que Kautsky se atiene a los aspectos secundarios y los pone en primer plano para destacar sus diferencias con Bernstein, mientras soslaya los principales, en los que adopta una actitud muy ambigua.

La postura de Kautsky resultó, por tanto, inicialmente centrista: consideraba la ley del derrumbe como el "punto capital" de la crítica de Bernstein (52) pero no la admitía. Sin embargo, tampoco admitía la viabilidad ilimitada del capitalismo y para "demostrarlo" recurrió, como alternativa, a los propios revisionistas, tomando prestada de ellos una singular versión subconsumista. Decía Kautsky: "La forma de producción capitalista se hace imposible desde el momento en que el mercado no se extiende en la medida en que la producción, es decir, que el exceso de producción se hace crónico.

"(...) He aquí una situación de lo cual, si se presenta, resultará inevitablemente el triunfo del socialismo. "Se ha de llegar a tal situación si la evolución económica continúa progresando como hasta aquí, porque el mercado exterior, lo mismo que el interior, tiene sus límites, en tanto que la extensión de la producción es ilimitada (...). La forma de producción capitalista llegará a ser insoportable no tan sólo para los proletarios, sino también para la masa de la población, en cuanto la posibilidad de la extensión del mercado no responda a las necesidades de la extensión de la producción, que nacen del aumento de la población industrial, del crecimiento del capital, de los progresos de las ciencias aplicadas" (53).

Por tanto, el subconsumo no lo concibe Kautsky como una mera oscilación cíclica coyuntural, a las que también se refiere, sino como un colapso definitivo de todo el sistema capitalista mundial, lo que otorga al socialismo un carácter insoslayable más allá de la mera postulación utópica. En efecto, más adelante continúa razonando Kautsky: "Demostrar que la superproducción llega a ser crónica e irremediable, no es profetizar que muy pronto ha de sobrevenir una enorme crisis universal de donde brote la sociedad socialista triunfante como nuevo fénix que renace de sus cenizas.

"Esta superproducción crónica acaso tenga un proceso tardío. No sabemos cómo ni cuándo ocurrirá. Y hasta reconocería de buen grado que puede dudarse de su realización tanto más fácilmente cuanto más rápida sea la marcha del movimiento social. La superproducción crónica irremediable representa el límite extremo más allá del cual no puede subsistir ya el régimen capitalista; pero otras causas pueden hacerle sucumbir antes. Hemos visto que la concepción materialista, al lado de la necesidad económica, admite otros factores de la evolución social, factores que se explican por las condiciones económicas, pero que son de naturaleza moral y espiritual, y que agrupamos bajo la fórmula de 'lucha de clases'. La lucha de clases del proletariado puede ocasionar la caída de la forma de producción capitalista antes de que llegue ésta al período de descomposición. Si el demostrar que la superproducción se hará crónica no es predecir la gran crisis universal, tampoco es profetizar que el régimen capitalista acabará de esta o de la otra manera. Pero es importante aquella indicación, porque al fijar un término extremo a la duración de la sociedad capitalista actual, se hace salir al socialismo de las regiones nebulosas en que tantos socialistas le creen, nos aproximamos a él, y le convertimos en un objeto político tangible, necesario. Ya no se trata de un sueño que se realizará acaso dentro de quinientos años, o que acaso no se realizará nunca" (54).

Por tanto Kautsky diferencia claramente dos tipos de crisis, las coyunturales y las estructurales: esta última es "la crisis" por antonomasia, la última, la del colapso definitivo de todo el sistema capitalista a escala planetaria, porque "si la superproducción es general, la quiebra lo será también" (55), Esto es algo que diferenciará a Kautsky de los seguidores posteriores de las teorías subconsumistas: según él, es una crisis que no tiene remedio (56). Kautsky trató así de mantener el tipo, de guardar las apariencias, pero no explicó en absoluto por qué y de qué modo esa crisis fatal de subconsumo llevaba al derrumbe del capitalismo, En realidad, el subconsumo sí tiene remedio (y muy sencillo, por cierto) y no puede conducir al hundimiento del capitalismo como sistema de producción. El subconsumo ni siquiera puede explicar algo tan trivial como los ciclos económicos capitalistas, las fases de auge y depresión, porque éstas son periódicas, mientras el subconsumo es permanente. En suma, como escribió Marx, "es una perogrullada decir que las crisis surgen de la falta de consumo solvente o de consumidores capaces de pagar. El sistema capitalista no conoce ninguna clase de consumo que no sea solvente, si se exceptúan los pobres de misericordia y los 'granujas' " (57).

Más importante aún es tener en cuenta cómo, lo mismo que Bernstein, rompe la unidad dialéctica entre lo objetivo y lo subjetivo en la revolución. A pesar de que alude tanto a lo subjetivo (la lucha de clases) como a lo objetivo ( el subconsumo como límite extremo del capitalismo), en su exposición ambos contrarios no aparecen unidos sino separados: los factores económicos coexisten con los "demás factores" y aparecen independientemente unos de otros, de modo de que los "demás factores" pueden adelantarse en el tiempo a los económicos y, por tanto, surgir al margen de ellos. El mecanicismo de este tipo de concepciones queda al descubierto, por más que trate Kautsky de encubrirlas aludiendo a esos "otros factores" que la concepción materialista también "admite" en forma de lucha de clases y que son -según él- de naturaleza moral y espiritual.

En consecuencia, la crítica de Kautsky al revisionismo se plantea en lo sustancial, desde dentro del revisionismo. A estas conclusiones cabía llegar ya en 1899, cuando Kautsky aparece enfrentado a Bernstein. Naturalmente conforme avance el nuevo siglo, las posiciones se definirán todavía más claramente, sobre todo tras el estallido de la Primera Guerra Mundial, Fue entonces cuando quedó perfectamente claro no ya solamente que la posición de Kautsky no era diferente de la Bernstein, sino que todos los revisionistas no eran más que agentes de la burguesía entre las filas obreras.

notas:

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  1. La doctrina socialista, Fontamara, Barcelona, 2 Ed., 1981, pg. 73. El título original en alemán es "Bernstein und das sozialdemokratische". Es interesante el comentario de Lenin a este trabajo en Obras Completas, tomo IV, pgs. 196-197.
  2. La doctrina socialista, cit., pg. 207.
  3. La doctrina socialista, cit., pg. 211.
  4. La doctrina socialista, cit., pg. 213.
  5. La doctrina socialista, cit., pg. 215.
  6. El capital, II-20, pg. 366.

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