1. Romanticismo económico y socialismo utópico

Marx agrupaba a los economistas en cuatro categorías (1). En primer lugar, decía, están los "fatalistas" que, a su vez se dividen en otras dos categorías, los clásicos y los románticos. Los clásicos (Smith y Ricardo) representan a la burguesía en ascenso y demuestran que el capitalismo es un modo de producción superior al feudalismo, al que debe suceder inevitablemente. Por el contrario, los románticos, cuyo máximo exponente fue el economista suizo Sismondi, muestran sobre todo el lado negativo del capitalismo, sus lacras, sus miserias y, en consecuencia, afirman la superioridad del feudalismo sobre el capitalismo: quieren dar marcha atrás a la historia. Las otras dos, la humanitaria y la filantrópica, propias de los socialistas utópicos como Saint-Simon, Fourier y Owen, confunden la ciencia con la moral; quieren el capitalismo pero sin sus consecuencias, sin sus miserias, sin la lucha de clases. Los clásicos ponían el acento en la producción; los románticos y demás en el consumo. Pero sin embargo, todas estas corrientes tenían un punto común: consideraban que la producción se regía por leyes "naturales", eternas, independientes de la voluntad de los hombres, mientras que el consumo y la distribución son artificiales", modificables ya que en ellas intervienen los hombres: "La forma capitalista de producción es excelente y puede subsistir; pero la forma capitalista de distribución no vale nada y debe abolirse. A estos absurdos se llega cuando se escribe de economía sin haber comprendido siquiera la relación necesaria existente entre producción y distribución" (2). La gran aportación de Marx a la ciencia consistió en demostrar que todas esas leyes (tanto las de la producción como las de la distribución) no eran naturales sino sociales y, por consiguiente, históricas: no solamente se podían modificar sino que inexorablemente se modificarían.

Marx se consideraba heredero de los primeros, de los economistas clásicos, mientras que calificó de utópicos a todos los demás, especialmente a aquéllos que confundían la realidad económica con sus deseos. La crítica de Engels contra Dühring contenía ese mismo reproche: Dühring "transporta toda la teoría de la distribución del terreno económico al de la moral y el derecho, es decir, del terreno de los hechos materiales al más movedizo de las opiniones y los sentimientos. No tiene ya necesidad de estudiar ni de probar; le basta con declamar, exigir que la distribución de los productos del trabajo se regule, no según sus causas reales, sino como a él le parece justo y moral (...) Esa invocación a la moral y al derecho no nos hace adelantar un paso en la ciencia; la ciencia económica no puede ver en la indignación moral, por justificada que sea, un argumento, sino solamente un síntoma; su tarea consiste más bien en mostrar que los abusos sociales que se notan son los consecuencias necesarias de la forma de producción subsistente, al mismo tiempo que los signos de su disolución inminente, y descubrir en el seno del movimiento económico que se disgrega los elementos de una nueva organización futura de la producción y del cambio que pondrá fin a esos abusos" (3). El socialismo utópico de los economistas respondía a un incipiente desarrollo del proletariado como clase.

Sismondi a comienzos del siglo XIX expuso vivazmente en sus obras todas las lacras del capitalismo, teniendo gran influencia entre los utopistas, como Proudhon en Francia y Rodbertus en Alemania. En los utopistas, la lucha de clases entre la burguesía y el proletariado se sustituye por un conflicto puramente cuantitativo: la desigualdad entre ricos y pobres; el capitalismo no es para ellos un sistema de producción basado en la explotación de la fuerza de trabajo, sino en un reparto injusto de la riqueza. Los utopistas se centran en que la plusvalía no es más que trabajo no retribuido, pero de ahí sólo alcanzan a reclamar una mejor distribución, un reparto igualitario. Este es también el punto de partida de las teorías del subconsumo, que Sismondi adoptó de los fisiócratas: como los capitalistas no consumen toda la plusvalía y acumulan una parte, la oferta supera a la demanda, la producción crece más que el consumo. Al no obtener en forma de salario una parte mayor del valor creado por el trabajo, se comprime la capacidad adquisitiva del mercado, que no es capaz de absorber toda la producción. La pauperización del proletariado está en la base de las tesis románticas y utopistas: hay que mejorar la distribución, elevar el nivel de vida de la clase obrera para ampliar el mercado y evitar las crisis.

Los románticos describen el capitalismo no como un sistema económico destinado a acumular y producir plusvalía, sino destinado a satisfacer las necesidades sociales por medio de la fabricación de mercancías, su distribución y su venta. Sustituyen una contradicción económica principal, la que se da entre el proceso de trabajo y el proceso de valorización, por una contradicción secundaria, la que se verifica entre la producción y el consumo, o dicho de otro modo, contradicción producción-mercado, producción-realización, producción-circulación, producción-distribución. De ahí derivan todas las teorías subconsumistas, de la contracción de los mercados y de las dificultades de realización. Para Marx "la verdadera ciencia de la economía política comienza allí donde el estudio teórico se desplaza del proceso de circulación al proceso de producción" (4). Pero para los románticos, la burguesía invierte su dinero no con el fin de obtener un beneficio, no para valorizar su capital, sino para prestar un servicio al consumidor,para producir las mercancías que demanda. Sus ideas se apoyan en la supuesta dependencia de la producción respecto del mercado y la circulación. Estas ideas engendraron un retroceso hacia el viejo mercantilismo (5) que se prolonga hasta la actualidad, siendo Keynes uno de sus máximos exponentes. Según Sismondi, el capitalismo restringe el mercado interior como consecuencia de la pauperización, de la distribución desigual de la riqueza. Para evitar la superproducción y extender el mercado hay que mejorar la distribución, evitar las injusticias y elevar el nivel de vida del proletariado. Sismondi decía que se diferenciaba de Smith en que éste no era intervencionista, mientras él reclamaba el control, la regulación, la planificación, centrada en la distribución.

Sismondi se caracterizó por la defensa de la pequeña producción y por poner en primer plano la distribución, en lugar de la producción. De aquí a afirmar que la producción está determinada por el consumo no había más que un paso, que Sismondi y todos sus seguidores no vacilaron en dar, fundamentando así sobre una base totalmente equivocada sus teorías sobre el subconsumo. La Economía Política empezaba a dar un giro, asumiendo lo peor de los fisiócratas (el subconsumo) y de los mercantilistas (la preocupación central por los mercados). Por el contrario, para Marx y Engels, en la contradicción entre la producción y el consumo, la producción es el aspecto dominante: "La distribución, en rasgos generales, resulta siempre de la situación de la producción y del cambio en una sociedad determinada, así como de los antecedentes históricos de dicha sociedad, de tal suerte que, cuando conocemos estos últimos, podemos inferir con precisión la forma de distribución que existe en la sociedad" (6). Ciertamente el capitalismo es una unidad dialéctica de producción y consumo; pero es sobre todo una unidad dialéctica entre el proceso de trabajo y el proceso de valorización. Dentro mismo de la producción capitalista se desenvuelve una contradicción entre el proceso de trabajo y el proceso de valorización, donde la valorización es el aspecto dominante. Esta ha sido una de las cuestiones que más han tergiversado los revisionistas del pensamiento de Marx, promoviendo nuevas variantes del mercantilismo. Por ejemplo, Hilferding extrae todo su análisis económico del ámbito de la producción y la explotación, poniendo el acento en la circulación monetaria y en los aspectos financieros; así, consideraba que las crisis son perturbaciones de la circulación y consisten en la escasez de ventas (7). El rastro de este tipo de concepciones neomercantilistas llega hasta el día de hoy y son las más extendidas entre los intelectuales. Actualmente un economista norteamericano tan influyente como Sweezy sigue escribiendo: "El proceso de la producción es y debe seguir siendo, independientemente de su forma histórica, un proceso destinado a producir artículos para el consumo humano. Cualquier intento de alejarse de este hecho fundamental representa una huida de la realidad y debe concluir en una quiebra teórica". Por eso no duda en afirmar que su teoría de la crisis (que confunde con la de Marx) es aceptable también para los economistas burgueses. Según él, Marx "supone que la crisis no es el resultado sino más bien la causa de un déficit de demanda efectiva. La dificultad, por consiguiente, no reside en ningún sentido en la escasez de mercados. sino en una distribución insatisfactoria (desde el punto de vista capitalista) del ingreso entre los que perciben salarios y los que perciben plusvalía"(8). Vincula la producción al consumo y se desliza por la misma pendiente que Keynes: la demanda efectiva, el despilfarro, el subconsumo en definitiva. Por ello conviene insistir en las repetidas opiniones de Marx al respecto a fin de no caer en este tipo de errores "muy peregrinos", como él mismo los calificaba (9):

"La producción de plusvalía es la finalidad propulsora de la producción capitalista, el nivel de la riqueza no se gradúa por la magnitud absoluta de lo producido, sino por la magnitud relativa del producto excedente" (10).

"El motivo propulsor y la finalidad determinante del proceso de producción capitalista son, ante todo, obtener la mayor valorización posible del capital, es decir, hacer que rinda la mayor plusvalía posible y que, por tanto, el capitalista pueda explotar con la mayor intensidad la fuerza de trabajo" (11).

"La producción capitalista no es ya producción de mercancías, sino que es, sustancialmente, producción de plusvalía (...) Por tanto, el concepto del trabajo productivo no entraña simplemente una relación entre la actividad y el efecto útil de ésta, entre el obrero y el producto de su trabajo, sino que lleva además implícita una relación específicamente social e históricamente dada de producción, que convierte al obrero en instrumento directo de valorización del capital" (12).

"En el régimen capitalista de producción, el proceso de trabajo no es más que un medio para el proceso de valorización; del mismo modo, la reproducción es simplemente un medio para reproducir como capital, es decir, como valor que se valoriza, el valor desembolsado"(13).

"Como un fanático de la valorización del valor, el verdadero capitalista obliga implacablemente a la humanidad a producir por producir y, por tanto, a desarrollar las fuerzas sociales productivas y a crear las condiciones materiales de producción, que son la única base real para una forma superior de sociedad cuyo principio fundamental es el desarrollo pleno y libre de todos los individuos" (14).

"El capitalismo queda destruido por su base al sentar la premisa de que el motivo propulsor es el disfrute y no el enriquecimiento" (15).

"Al desarrollarse la producción capitalista. la escala de la producción es determinada en grado cada vez menor por la demanda directa de productos y en grado cada vez mayor por el volumen del capital del que el capitalista individual dispone, por el impulso de valorización de su capital y por la necesidad de la continuidad y la extensión de su proceso de producción. Con ello, crece necesariamente, en cada rama especial de producción, la masa de productos que aparecen en el mercado bajo forma de mercancías o buscan comprador. Aumenta la masa de capital plasmada durante más o menos tiempo bajo la forma de capital mercancías Aumentan por tanto, las mercancías almacenadas" (16).

"El proceso capitalista de producción consiste esencialmente en la producción de plusvalía, representada por el producto sobrante o por la parte alícuota de las mercancías producidas en que se materializa el trabajo no retribuido. No debe olvidarse jamás que la producción de esta plusvalía - y la reversión de una parte de ella a capital, o sea la acumulación, constituye una parte integrante de esta producción de la plusvalía- es el fin directo y el motivo determinante de la producción capitalista. Por eso no debe presentarse nunca ésta como lo que no es, es decir, como un régimen de producción que tiene como finalidad directa el disfrute o la producción de medios de disfrute para el capitalista. Al hacerlo así, se pasa totalmente por alto su carácter específico, carácter que se imprime en toda su fisonomía interior y fundamental" (17).

La contradicción económica fundamental del capitalismo, en consecuencia, únicamente puede situarse en el interior del proceso de trabajo y valorización, no entre la producción y el mercado. Precisamente la diferencia entre el capitalismo y los precedentes modos de producción radica en que, mientras sus antecedentes se basaban en la mera circulación de mercancías M-D-M, el capitalismo se basa en la circulación D-M-D', donde D'=D+ D. Lo razonaba Marx de esta forma: "El ciclo M-D-M arranca del polo de una mercancía y se cierra con el polo de otra mercancía, que sale de la circulación y entra en la órbita del consumo. Su fin último es, por tanto, el consumo, la satisfacción de necesidades o, dicho en otros términos, el valor de uso, Por el contrario, el ciclo D-M-D' arranca del polo del dinero para retornar por último al mismo polo. Su motivo propulsor y su finalidad determinante es, por tanto, el valor de cambio" (18). La circulación M-D-M supone un cambio final cualitativo; la circulación D-M-D' supone un cambio meramente cuantitativo: ese cambio de valor D'=D+ D es la plusvalía, el incremento de valor que constituye el nervio de todo el sistema capitalista: "El proceso de vida del capital -escribió Marx- se reduce a su dinámica de valor que se valoriza a sí mismo" (19).El capitalismo, por tanto, no es fundamentalmente un sistema de producción de valores de uso, un sistema de satisfacción de necesidades, sino de valorización, de creación de valor de cambio y de plusvalía. La producción está dominada por Ias necesidades de valorización, de acumulación.

Por contra, las posiciones de Sismondi sobre el subconsumo eran simétricas a las de Malthus: la producción crece en progresión aritmética, mientras la población lo hace en progresión geométrica (20). Este desfase entre producción y consumo es lo que, según Malthus, justifica la existencia de "terceros", de sectores sociales intermedios o improductivos, que no son ni la burguesía ni el proletariado y que con su despilfarro absorben la superproducción capitalista (21). Malthus daba la vuelta al problema: la causa de la miseria es que no llega para todos porque existe superpoblación. Las posiciones de Malthus enlazaron con la ley de la fertilidad decreciente de la tierra de Smith y Ricardo. Esta ley suponía el incremento constante de los precios de los productos agrícolas y de las materias primas, respecto de los cuales, los salarios disminuían, lo que a su vez engendraba el pauperismo de la clase obrera y la reducción sistemática de su nivel de vida con el transcurso del tiempo. Por esta vía, el subconsumo de Sismondi coincide con el subconsumo de los malthusianos: "De esta teoría de Malthus es de donde nace toda esa concepción sobre la necesidad de que exista y se desarrolle sin cesar el consumo improductivo, concepción que tiene un celoso propagandista en este apóstol de la superpoblación por falta de medios de sustento" (22). Frente a la producción por la producción de la burguesía Malthus opone el consumo por el consumo, "la glorificación de la sociedad inglesa con sus terratenientes, su estado y su Iglesia, sus clases pasivas. sus recaudadores de impuestos, sus diezmos, su deuda pública, sus bolsistas, sus verdugos, sus sacerdotes, sus lacayos" (23).

No podemos extrañarnos de que Keynes considerara a Malthus un precursor de sus teorías de la "demanda efectiva" y el subconsumo. La superpoblación es el hermano gemelo del subconsumo. Donde Sismondi veía un desfase entre la producción y el consumo, Malthus vio un desfase entre la producción y la población. Por supuesto, la ley de Malthus es una ley "natural" que está más allá del alcance del hombre, lo mismo que la ley de la fertilidad decreciente de la tierra: no se puede hacer nada por impedir ese desfase entre la producción y la población. La miseria no deriva del capitalismo sino de la naturaleza Superpoblación significaba paro, bajos salarios, pauperismo, etc.

Malthus no aportó nada original a la Economía Política, de modo que Marx en El capital apenas se preocupa en discutir sus afirmaciones y únicamente subraya su continuidad con respecto a Sismondi y su teoría del subconsumo. Marx demostró que las barreras a la producción no eran naturales sino sociales, que provenían de las relaciones de producción capitalistas. Para él no existe un exceso absoluto de fuerza de trabajo sino relativo, lo que llama ejército industrial de reserva, que es imprescindible para la acumulación: "La producción de una población sobrante relativa, es decir, sobrante con relación a las necesidades medias de explotación del capital, es condición de vida de la industria moderna (...) A la producción capitalista no le basta, ni mucho menos, la cantidad de fuerza de trabajo disponible que le suministra el crecimiento natural de la población. Necesita, para poder desenvolversedesembarazadamente, un ejército industrial de reserva libre de esta barrera natural" (24).

Para demostrarlo, Marx expone el caso de Irlanda a mediados del siglo XIX, donde como consecuencia del hambre de 1846 y la emigración en masa durante las décadas siguientes, perdió la tercera parte de la población, retrocediendo más de cuarenta años hasta 1800. Sin embargo, esto no afectó ni al capital global del país ni a la superpoblación relativa: a pesar de la emigración masiva "la producción de superpoblación relativa ganó la partida a la despoblación absoluta" (25). La población había descendido de ocho a cinco millones y, a pesar de todo, el trabajo escaseaba, los jornales eran muy bajos y la miseria no se había reducido. Demostraba así que el capitalismo no puede funcionar sin el ejército industrial de reserva y sin miseria, que el pauperismo no es la causa de la crisis del capitalismo sino, más bien al contrario, condición indispensable para su buen funcionamiento.

Los románticos no comprendieron que la diferencia entre la producción y el consumo no conduce al subconsumo, sino a la acumulación, que es la base del funcionamiento del capitalismo. Negar la acumulación es negar el progreso del capitalismo: "Sería difícil expresar con más relieve y nitidez -escribió Lenin- la tesis fundamental del romanticismo y de la concepción pequeñoburguesa acerca del capitalismo. Cuanto más rápidamente aumenta la acumulación, es decir, el excedente de la producción sobre el consumo, tanto mejor, enseñaban los clásicos (los cuales) formularon la tesis absolutamente correcta de que la producción crea su propio mercado, determina el consumo. Y nosotros sabemos que Marx ha tomado de los clásicos esta concepción de la acumulación (...) Los románticos sostienen precisamente lo contrario, cifran todas sus esperanzas en el débil desarrollo del capitalismo y claman porque este desarrollo sea detenido" (26).

Todos los posicionamientos económicos del romanticismo y sus epígonos tienen la misma naturaleza clasista, si bien unas veces, ponen el acento en la pequeña propiedad campesina y otras en la pequeña burguesía urbana. Y la pequeña burguesía siempre se ha considerado a sí misma como el prototipo de la humanidad; por eso todas sus variantes ideológicas se presentan como liberadoras de "toda" la humanidad (27). El capitalismo arrincona y arruina la pequeña propiedad, y sus paladines tienen que defenderla tratando de dar marcha atrás a la historia.

notas:

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  1. Miseria de la Filosofía, Júcar, Madrid, 1974, pg. l92.
  2. Engels: Anti-Dühring. Ayuso, Madrid, 3 Ed., 1978, pg. 209.
  3. Anti-Dühring, cit, pgs. 174 y 168.
  4. El capital. Crítica de la Economía Política, Fondo de Cultura Económica. México. 1973, III-20, pg. 325.
  5. Según Marx, el mérito de los fisiócratas consistió en centrar el análisis económico en la producción y no en la circulación, como habían hecho los mercantilistas (Historia crítica de la teoría de la plusvalía, Brumario, Buenos Aires, 1974, tomo I, pg. 29).
  6. Engels, Anti-Dühring, cit., pg. 171.
  7. El capital financiero, Tecnos, Madrid, 1963, pgs. 268 y 281.
  8. Teoría del desarrollo capitalista, Fondo de Cultura Económica, México, 1974, pgs. 192, 174-175 y 173.
  9. Teorías de la plusvalía, tomo II, pg. 28.
  10. El capital, I-7, pg. 175.
  11. El capital, I-11, pg. 267.
  12. El capital, I-l4, pg. 426.
  13. El capital, I-21, pg. 476.
  14. El capital, 1-22, pg. 499.
  15. El capital, II-4. pg. 107.
  16. El capital, Il-6, pg. 128.
  17. El capital, III-15, pgs. 242-243.
  18. El capital, 1-4, pg 106.
  19. El capital, 1-9, pg. 248.
  20. Primer ensayo sobre la población, Alianza Editorial, Madrid, 1993, pg. 53.
  21. Marx, Teorías de la plusvalía, tomo II, pg. 123.
  22. Marx, Teorías de la plusvalía, tomo II, pg. 115.
  23. Marx, Teorías de la plusvalía, tomo II, pgs. 121-122.
  24. El capital, I-23, pgs. 536-537.
  25. El capital, I-23, pg. 599.
  26. "Para una caracterización del romanticismo económico", en Obras Completas, tomo II, pg. 139-140.
  27. Engels: "Del socialismo utópico a1 socialismo científico", en Marx-Engels: Obras Escogidas, Ayuso, Madrid, 1975, tomo II, pg. 116.

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