Primera Parte

 

LA MODERNIDAD

Si Engels en este pasaje dice, que en 1789 la nobleza se había vuelto irreal, porque había perdido la esencia, razón de ser o justificación histórica de su existencia como “realidad efectiva”, cual fue la de vivir a expensas de los campesinos reducidos a la condición de siervos. Obviamente con esto no quiso significar que el feudalismo se volvió irreal en ese momento, sino bastante antes: cuando el estamento burgués en Francia —incluidos los campesinos libertos— presentó por primera vez batalla contra la nobleza, no en el terreno político sino económico, creciendo en número hasta convertirse en la población más numerosa del Estado feudal, en la misma medida en que la burguesía acumulaba capital explotando trabajo ajeno en las ciudades, tanto directamente (asalariada) como indirectamente (campesina y artesana).

En un segundo momento, a medida que la nobleza se iba empobreciendo relativamente, la burguesía se vio coartada o esquilmada por miles de privilegios feudales de tipo corporativo-artesanal, así como por obstáculos aduaneros —locales y provinciales— convertidos en verdaderos cepos de la nobleza para impedir la libre expansión de la producción capitalista nacional.

En un tercer momento, cuando la burguesía francesa tomó conciencia de que semejante situación política se había enquistado, decidió acabar con su enemiga social:

<<Pero no adaptando la situación económica, como quería el señor Dühring —pues esto precisamente es lo que durante años intentaron en vano la nobleza y la corona— sino a la inversa: destruyendo el viejo y podrido nobiliario político, para crear una situación política en la cual la nueva “situación económica” pudiera existir y desarrollarse (según lo exigía su esencia, la explotación de trabajo ajeno)>>. (F. Engels: “Antidühring” Seccción II Capítulo 2 La teoría de la violencia y el poder. Lo entre paréntesis nuestro)

En Inglaterra, la batalla revolucionaria de la burguesía contra la nobleza decadente, comenzó de la misma forma en que acabó, es decir, a diferencia de lo sucedido en Francia —cuya burguesía fue relativamente más débil— la inglesa, más poderosa, logró asimilar económicamente a la Nobleza y a su aparato de poder que, así quedó intacto, aunque definitivamente subyugado al poder económico y político burgués. Esta situación se desencadenó cuando la industria lanera localizada en Flandes comenzó a demandar lana, y los nobles terratenientes británicos económicamente venidos a menos por la presión sobre el campo de la industria capitalista urbana, empezaron a perder su esencia social feudal —y, por tanto, su propia realidad efectiva— cuando decidieron transformar sus tierras de labor bajo el régimen de servidumbre, en enormes pastizales para ovejas, “liberando” a sus siervos que, de tal modo expulsados, debieron emigrar en masa a las ciudades para ir a engrosar el ejército de asalariados baratos. (Ver: en K. Marx: “El Capital” Libro I Cap. XXIV: La llamada acumulación originaria)

Si el principio activo o causa formal del capitalismo consiste en explotar trabajo ajeno para los fines de acumular capital, y el progreso de las fuerzas productivas están ahora mismo dejando a la burguesía sin posibilidad de conservar su esencia social, ¿dónde está la causa eficiente del Postmodernismo? En esta crucial situación contradictoria entre la subsistencia del capitalismo en franca pérdida de su esencia, y la esencia teóricamente prevista de la nueva sociedad socialista, todavía sin posibilidad política de existencia en tanto que tarda en apoderarse de la conciencia de las mayorías sociales explotadas, encargadas de hacer realmente posible lo históricamente necesario.

De momento, lo que caracteriza a la filosofía postmoderna es que “critica” al capitalismo, pero es una crítica negativa en tanto se muestra incapaz de elaborar una alternativa política frente a la burguesía, lo cual contribuye a mantener aletargada la conciencia política de los explotados y el actual status quo en la sociedad, que tal es la encrucijada y el drama histórico de nuestro tiempo. Como si se viera confirmada la ley de la física según la cual la resultante de dos fuerzas de igual magnitud que tiran en sentido contrario es nula. En tal sentido, los filósofos postmodernos carecen de lo que —según más adelante veremos—, su reputado mentor definió como “voluntar de poder”.

¿Qué es, pues, o en qué consiste la filosofía postmoderna según sus resultados políticos? Ni siquiera en una masturbación del pensamiento, porque para eso es preciso tener en mente el objeto ideal del acto, como sucedió con los utopistas del siglo XVIII. Pero los filósofos postmodernos carecen de tal objeto ideal. ¿Por qué? Porque forman parte ideológica y política constitutiva de la burguesía decadente todavía en el poder y no pueden ni quieren romper con ella. El postmodernismo es, por tanto, de momento, un onanismo del pensamiento en sí mismo, sin el objeto pensado manifiesto, donde poder encontrar virtualmente reconocida, homologada y gratificada, la acción de pensar como guía para la acción práctica transformadora de lo existente que les justifique. Es un pensar crítico para nada, pero que, como parte de una misma totalidad que critica sin romper con ella, la confirma en su existir.

En su obra: “La Condición Postmoderna”, Lyotard dice que en toda sociedad han existido totalidades o centros legitimadores de carácter espiritual —que él denomina “metarrelatos”—, en torno a los cuales se cohesionaron las distintas clases sociales propias de cada período. Así, en las sociedades precapitalistas, los metarrelatos del esclavismo y el feudalismo fueron respectivamente de carácter mítico y religioso, en tanto que bajo la modernidad capitalista ocuparon su lugar los metarrelatos de la Razón Ilustrada.

¿Cuales fueron los “metarrelatos” de la Modernidad?, pues fueron dos: el burgués de la Ilustración que vio la luz en el Siglo XVIII con la Revolución Francesa, y el marxista, cuya realización política los teóricos postmodernos han querido ver en el llamado “socialismo realmente existente” del stalinismo. Éste haber querido ver el marxismo a través de la lente stalinista, no fue una visión que los teóricos de la postmodernidad alcanzaron por convicción intelectual y voluntad política propia, sino por inconfesable aquerenciamiento práctico en la fracción político-institucional burguesa de izquierdas, chupando alternativamente de dos tetas: la de los presupuestos con que se financian los aparatos ideológicos del Estado burgués allí donde estos señores han difundido tales ideas, y la del plusvalor obtenido por el capital de la industria periodística y editorial en todo el Mundo.

 

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