NECESIDAD Y POSIBILIDAD DEL COMUNISMO 1. CARTA QUE DA ORIGEN AL DOCUMENTO 2. PRIMERA CUESTIÓN PLANTEADA 2.1. Necesidad y posibilidad en la naturaleza y en la sociedad 2.2. Origen histórico y fundamento lógico de la relación entre necesidad y posibilidad 2.3. Necesidad y posibilidad abstracta en Aristóteles y en Marx 2.4. Necesidad histórica y posibilismo reformista del capitalismo 2.5. Fundamento científico de la necesidad histórica del socialismo 2.5.a. Premisas y método 2.5.b. Los límites objetivos a la inversión en capital constante 2.5.c. Incidencia desigual de la fuerza productiva en el desarrollo de los sectores económicos 2.5.d. Fundamento de la ley de la tendencia decreciente de la tasa de ganancia 2.5.e. Ley y tendencia 2.5.f. Ley de la acumulación y jornada colectiva de labor 2.5.g. Productividad del trabajo, COC y Tasa de ganancia 2.5.h. Formación de la tasa de ganancia media y aumento en la COC 2.5.i. Capital virtual y sobreincremento en la COC 2.5.j. Verificación de la tendencia al descenso en la tasa de ganancia. 2.5.k. Otras formas del capital para saltar sobre sus propios límites 2.5.l. Conclusión 2.6. Posibilismo real del proletariado ante la necesidad histórica del socialismo 2.6.a. De la anarquía capitalista de la producción a la planificación socialista 2.6.b. Centralización de los capitales y socialización objetiva del trabajo 2.6.c. ¿Qué es y en qué consiste la socialización objetiva del trabajo? 2.6.d. La socialización objetiva del trabajo supone la asignación irracional de los recursos 2.6.e. Necesidades ilimitadas Vs. jerarquía y autolimitación de las necesidades. 2.6.f. ¿Quién crea las necesidades bajo el capitalismo? 2.6.g. Libertad del consumidor Vs. tiranía de la producción capitalista 2.6.h. Mercado y planificación respecto de la asignación racional de recursos y del desarrollo humano. 3. SEGUNDA CUESTIÓN PLANTEADA 3.1. Acerca del presunto derrumbe automático del capitalismo 4. TERCERA CUESTIÓN PLANTEADA 4.1. La solución al problema subjetivo de hacer posible lo necesario, está comprendida históricamente en la necesidad objetiva cada vez más evidente y acuciante de esa posibilidad 4.2. Los asalariados, clase revolucionaria fundamental. Premisa lógica 4.3. Los asalariados, clase revolucionaria fundamental. Premisa material 4.4. Sin Partido Revolucionario no hay probabilidad de hacer posible la necesidad histórica del socialismo 5. CUARTA CUESTIÓN PLANTEADA 5.1. Voluntad de la burguesía y determinación objetiva de la lucha de clases 5.2. Del mito kantiano de "la paz perpetua" a la realidad del "complejo militar industrial" y la guerra permanente CARTA QUE DA ORIGEN AL DOCUMENTO From: "ana garcia To: Sent: Monday, January 13, 2003 3:58 PM Subject: La necesidad histórica del comunismo en el pensamiento marxista LA NECESIDAD HISTÓRICA DEL COMUNISMO Estimados GPM: Soy una estudiante de filosofía, que descubrió hace unos meses vuestra web. No he leído la totalidad de vuestros trabajos, pero creo que sí los suficientes como para tener una idea clara de vuestras posiciones filosóficas y políticas, que creo que se resumen en la polémica que mantuvisteis con Rafael Plá y el posterior trabajo titulado "Hegel, Marx y la dialéctica", así como en el trabajo dedicado al estudio de las crisis capitalistas. No soy marxista, aunque soy militante de las juventudes socialistas de España, y por ello estoy interesada en el estudio del pensamiento socialista. El motivo de mi e-mail es preguntaros vuestra opinión acerca de lo que siempre he considerado el punto débil de la filosofía marxista, que es la tesis de la necesidad histórica del comunismo. No soy en absoluto una experta en marxismo, pero en la medida de lo que lo conozco, a mi entender, el marxismo propone la superación del capitalismo y la instauración del socialismo y luego del comunismo, como un acto político del proletariado y sus aliados, cuando se da un determinado grado del desarrollo de las fuerzas productivas, es decir, que la revolución proletaria es un acontecimiento que requiere del concurso de un factor subjetivo que sería la organización política del proletariado, y un factor objetivo que sería un determinado desarrollo de las fuerzas productivas, así como una situación de crisis que sirviera para que el proletariado ya no confiase en el capitalismo y por ello luchase para su superación. Dadas estas suposiciones, que no sé si consideraréis correctas dentro del marxismo mis preguntas serían: > 1. Si es imprescindible un acto político revolucionario subjetivo para instaurar la sociedad socialista y comunista, ¿Cómo se puede afirmar la necesidad histórica objetiva del comunismo, si éste es sólo puede ser el resultado de un acto subjetivo? > 2. En la medida en que comprendo el trabajo sobre las crisis, me parece que mantenéis que el capitalismo llegará inevitablemente a su derrumbe fruto de sus contradicciones internas, en el momento en que les sea imposible a los capitalistas producir mercancías sin obtener plusvalía, pero ¿excluís la posibilidad de que el capitalismo encuentre siempre mecanismos para sobrevivir? A ese respecto me parece muy aleccionadora la lección de la crisis financiera en Argentina, dado que en ese caso, las grandes empresas han salido del atolladero de la falta de beneficios haciéndoselos pagar a los pequeños ahorradores, lo que a mi juicio significa que no puede haber una crisis "definitiva" del capitalismo, que siempre encuentra una salida a la ausencia de beneficios. > 3. Deduzco de vuestros razonamientos que suponéis que llegará un momento en que la situación de crisis será tan agobiante que los asalariados se verán forzados a organizarse para derribar el sistema capitalista, pero ¿puede mantenerse que esto sucederá necesariamente si la organización política de > un grupo social es por definición subjetiva, es decir no necesaria? > 4. Si la respuesta a la anterior pregunta es no: ¿adónde pensáis que el capitalismo conduce si se abandona a sí mismo? ¿a una nueva guerra mundial, como he deducido de alguno de vuestros trabajos? ¿no es posible que las potencias imperialistas puedan llegar a acuerdos que eviten la guerra? Aunque, como he dicho, no soy marxista, sí que me interesan, como militante socialista, la historia del pensamiento socialista, y como estudiante de filosofía, la corriente filosófica que marcó el siglo XX, por ello espero vuestra respuesta, sea en vuestra página ó en mi correo PD. no tengo inconveniente en que publiquéis mi e-mail Gracias y saludos "No hay fuerza más irresistible que la de una idea cuando le llega su hora" Víctor Hugo. Estimada Ana: Deseamos sepa usted disculpar la demora en responder a su inquietud respecto del concepto de "necesidad histórico-objetiva del comunismo". Somos un grupo muy pequeño de asalariados autodidactas que, además, adolecemos de un acentuado desarrollo teórico desigual entre nosotros, condición que, la verdad sea dicha, no hacemos todo lo que pudiéramos por superar. Desde setiembre del año pasado, esto es, tres meses y doce días antes de que recibir su e-mail, estábamos en la elaboración de un documento como parte del debate que venimos sosteniendo con el "Buró Internacional por la Construcción del Partido Revolucionario" (BIPR), acerca de la situación abierta en Argentina desde el 20 de diciembre de 2001 (a fines de febrero de este año, debimos suspender esa tarea para ponernos a explicar la reciente intervención de la coalición británico-norteamericana en Irak, que acabamos de publicar). Ahora mismo, una vez redactada, estamos en pasar al website la contrarréplica que ya remitimos al BIPR. PRIMERA CUESTIÓN PLANTEADA "Si es imprescindible un acto político revolucionario subjetivo para instaurar la sociedad socialista y comunista, ¿Cómo se puede afirmar la necesidad histórica objetiva del comunismo, si éste es (y) sólo puede ser el resultado de un acto subjetivo?" Necesidad y posibilidad en la naturaleza y en la sociedad Usted nos pone ante una cuestión que vulnera el principio aristotélico de no-contradicción, en el sentido de que "nada puede ser y no ser simultáneamente" ("Metafísica" III, 2, 996b 30). Por lo tanto, lo que es, es necesario y no tiene posibilidad de ser otra cosa, del mismo modo que, lo que no es, resulta imposible. Esta es una de las nociones más uniformes y sólidamente establecidas en la tradición filosófica predominante. Ahora bien, para Aristóteles, lo que hace que las cosas sean lo que son, es la sustancia. Y esta sustancia, es inmutable, permanece igual a sí misma. Es la esencia necesaria. Ahora bien, si la esencia es el carácter de las cosas, lo que las distingue a unas de otras, su sustancia, es el demiurgo, el sujeto que hace posible la esencia de las cosas, su necesidad. Aristóteles, contra Platón, inauguró así la lógica ontológica, donde el objeto es al mismo tiempo sujeto, aunque, coincide con el idealismo platónico en que este sujeto es pura actividad del espíritu divino, supraterrenal: SUJETO. Y no podía ser de otra manera, condicionados como estaban ambos por una sociedad atrasada, donde la naturaleza no podía ser dominada más que a través de la imaginación y cuyas relaciones de producción fijaron la idea y el sentimiento de desprecio por toda actividad práctico sensible reservada a los esclavos. "Dios –decía Aristóteles- es la inteligencia de la inteligencia, el pensamiento del pensamiento" (Op. Cit.: XII, 9 1074b 30 ss.). Por lo tanto, la sustancia es lo absoluto e intemporal que permanece eternamente idéntico a sí mismo. De esta concatenación de pensamientos se desprende que el principio de no-contradicción está originariamente informado por el concepto de identidad de la Sustancia absoluta, u objetividad, con el SUJETO absoluto y por la dualidad platónica entre esta Sustancia absoluta o divina, esto es, el SUJETO por excelencia, y las sustancias objetivadas por él en el mundo humano. Según esta interpretación, lo necesario –y, por tanto, racional, objetivo y verdadero- emana del SUJETO, de la divinidad o Sustancia primera idéntica a sí misma, que no puede ser imposible. Todo lo demás, producto de la pura subjetividad humana, no puede ser racional-necesario ni objetivo, sino contingente y aparente. Kant, con su absoluta oposición e irreductibilidad de la sustancia absoluta –a la que denominó "noumeno"- respecto de los productos de la razón humana o "fenómenos", restauró la dualidad platónica en la relación profana sujeto-objeto, de modo que, si la subjetividad no puede crear más que apariencias o fenómenos, no puede ser necesaria, ni real, ni, por tanto, verdadera. Y en estas estamos. Fue Hegel quien intentó superar esta dualidad del pensamiento entre lo divino y lo humano, entre la objetividad divina sustancial y la subjetividad humana insustancial. En la "Enciclopedia" § 115, decía que este principio de "no-contradicción" vale para la lógica del entendimiento de las cosas estáticas, abstraídas de su movimiento y, por tanto de su temporalidad. De ahí que, le opusiera la lógica de la "razón especulativa", según la cual, "toda cosa se contradice en sí misma". Está lógica sería el principio activo de todo movimiento y de toda vida, el fundamento de la lógica dialéctica. Pero por ser producto de una actividad del pensamiento que no tuvo por objeto la realidad, sino las distintas interpretaciones de la realidad que antes de él habían sido, la lógica dialéctica hegeliana fue una dialéctica especulativa, reflejo de reflejos que no pudo emanciparse del principio de la identidad de la sustancia divina de Aristóteles. La única diferencia está en que Aristóteles parte de un SUJETO ya constituido en la esfera supranatural y suprahistórica, mientras que, para Hegel, ese SUJETO es una constitución histórica. Hegel historiza la sustancia divina, la vuelve inmanente al desarrollo del pensamiento y de la realidad mundana. Para eso la ha debido concebir como una unidad contradictoria, deduciendo que la más originaria es la contradicción entre el ser genérico, universal o indeterminado, lo que simplemente ES, sin ser algo concreto, y la pura nada, relación que contiene la fuerza de la cual surge lógicamente el devenir, el movimiento de esa sustancia contenida en aquella contradicción, la más originaria. El "Big Bang" de Hegel es, pues, el momento del estallido del pensamiento sustancial indeterminado que, pugnando históricamente por determinarse acaba por romper el huevo de su unidad con la nada para ir progresando en sucesivas determinaciones discontinuas, primero como "ser ahí" –el de la etapa de la recolección- que no tiene aun puesta su esencia (el pensamiento en Hegel; trabajo en Marx); luego deviene dialécticamente como "ser en sí", que tiene puesta su esencia pero aun no puede reconocerse en ella; más tarde como primera forma del "ser para sí", que alcanza el reconocimiento de su esencia, pero como un reflejo en otro esencialmente afín, igual o equivalente a él; finalmente, de esta relación esencial, surge el "concepto", que es el ser del pensamiento que ya no es según otro, que no se reconoce o refleja en otro de su misma esencia, que no necesita de nadie para ser sí mismo, porque ha pasado a ser autónomo, autosuficiente, a determinarse objetivamente por sí mismo, deviniendo ya totalidad de sujeto-objeto, sustancia consciente de lo que es y hace: ser y representación. <> G.W.F. Hegel: "Enciclopedia" § 160. Lo entre paréntesis es nuestro) En el concepto, pues, el sujeto, la subjetividad, el pensamiento, el trabajo, está en relación biunívoca de sustancia con su objeto, con su objetividad (según Hegel), con la realidad (según Marx). En esta relación conceptual, no hay ya contradicción sino identidad de contenidos. De lo contrario, no podría haber autoconciencia de nada y el ser humano regresaría a la condición de "ser ahí" natural en que permanece el resto de los seres no humanos. Tal es la génesis y el fundamento de la ciencia. Esta secuencia dialéctica resumidamente expuesta aquí, nos indica que, cuando cualquier ser tiene puesta su esencia necesaria, ya tiene la posibilidad de autodeterminarse según ella; pero, mientras no se den las condiciones necesarias para ello, ésta será una posibilidad meramente abstracta; cuando estas condiciones se hacen presentes, la posibilidad abstracta se convierte en posibilidad real, antesala de su autodeterminación necesaria que convierte a ese ser en una realidad efectiva autoconsciente. El oro amonedado es, evidentemente, la autodeterminación universal del valor, el valor que se expresa por su sustancia materializada en el oro. La cosa que, en sí y por sí, es valor. Pero desde que el ser del oro permaneció soterrado, hasta que el trabajo socialmente necesario le puso su esencia social por primera vez; y desde ese momento hasta que asumió la representación universal del valor de ultima instancia, han pasado más de dos mil años. Sin embargo, hubo de pasar mucho tiempo como ser en sí, como simple valor de uso para quienes lo extrajeron por primera vez y empezaron a manufacturar, no importa como, donde ni cuando. Pero desde esas operaciones más originarias, el ser del trabajo sobre el oro ya confirió a este metal la posibilidad de llegar a ser la autodeterminación concreta y universal de la sustancia social: el trabajo enajenado, contenida en todas las mercancías. Esto ocurrió cuando ese universo de mercancías delegó en la sustancia natural del oro, la representación de la sustancia social: el tiempo de trabajo, contenida en todas las demás mercancías. Esa posibilidad abstracta se convirtió en real, cuando se dieron las condiciones objetivas para ello, esto es, cuando el desarrollo de las fuerzas productivas dejó atrás la economía de subsistencia y generalizó los intercambios internacionales, eligiendo al oro para esa representación o signo universal del valor, precisamente por ser el metal incorruptible y de relativamente poco peso específico, capaz de contener la más grande magnitud de valor (de trabajo social incorporado) en la menor masa de materia. Se disipa así, dialécticamente, la aparente contradicción eleática entre lo subjetivo y lo objetivo que sugiere el principio aristotélico de "no-contradicción" entre el ser y el no ser en la sociedad de clases, que es motivo de su preocupación. Origen histórico y fundamento lógico de la relación entre necesidad y posibilidad Lo que pasa es que, esta inquietud suya, obliga a meditar y juzgar no sólo sobre un solo concepto: el de necesidad -intrínseco al de verdad, dado que es axiomático que lo objetivamente necesario sea verdadero- sino sobre dos en relación: el de necesidad y el de posibilidad, que, a su vez remite a la relación entre realidad aparente y realidad esencial. Esto se explica porque no se trata de conceptos relativos a la naturaleza, -donde todo lo que es, ocurre por ciega necesidad, es verdadero y resulta inmediatamente posible- sino de conceptos relativos a la sociedad. Y aquí, está claro que lo no necesario, lo falso, también tiene posibilidad de ser, de adquirir patente de verdad. Esto ha sido así desde el mismo momento en que el advenimiento de la propiedad privada esclavista coincidió con la familia monogámica, las clases sociales y el Estado, dando pábulo a los sofistas, mercenarios del lenguaje dedicados a presentar lo falso como verdadero. En la sociedad capitalista, la sofistería reside en los parlamentos y en la retórica de los políticos institucionalizados. Como en tiempos de la Grecia clásica, el fetichismo de la mercancía determina la posibilidad real de que los vendedores consigan el falso extremo de que las cosas no "valgan" tanto por lo que son, como por lo que los potenciales clientes crean que son. Y a fuerza de hacer que lo verosímil reemplace a lo verdadero, el culto a la "imagen" -principio activo que hace a la industria auxiliar de la publicidad- se apodera de todas las relaciones sociales derivadas de las fundamentales entre patronos y obreros, incluidas las relaciones de poder entre los candidatos de distintos colores políticos en disputa por el voto de los electores, convertidos así en ocasionales clientes que alternan la venta de su voluntad política a cambio de las renovadas ilusiones de unos u otros. Marx hablaba de esta posibilidad real y existencia de lo falso o no necesario, a propósito de la práctica teórica: <> (K.Marx: "El Capital" Prólogo a la primera edición alemana.) El origen de la cultura del trabajo coincidió con la cooperación como relación social de producción basada en la propiedad colectiva de los medios de producción, que configuró la etapa histórica del "comunismo primitivo". En este período, la producción estaba directamente determinada por las necesidades colectivas, y entre el acto esencial de la creación y lo creado no había ninguna mediación social y, por tanto, ninguna ruptura epistemológica. Para captar la esencia de las cosas, quienes vivieron durante aquella etapa histórica no tuvieron necesidad de pasar por los vericuetos de la metafísica tradicional ni por la dialéctica hegeliana; para aquellas gentes, la contradicción dialéctica entre el ser "puesto" que "parece" y al mismo tiempo se oculta y "brilla" en el "parecer" carecía por completo de sentido, porque la esencia o razón de ser puesta por el trabajo social en cada ser producido, era directa e inmediatamente percibida como una unidad de concepto y sustancia que Hegel atribuye a la Idea. Esto era así porque los distintos actos de la producción colectiva eran actividades directa y conscientemente decididas por quienes las ejecutaban: <> (K.Marx: "El Capital" Libro I Cap. I punto 4) La tarea del pensamiento tendente a superar la determinación de la sensibilidad mediante la determinación abstracta de la esencia "puesta" al interior del "ser inmediatamente determinado", como tránsito hacia la determinación del concepto, se presentó a la conciencia universal como problemática filosófica, cuando el desarrollo de la fuerza productiva del trabajo social pudo crear excedentes de magnitud suficiente para dejar sin sentido social a la economía de subsistencia, dando pábulo a la propiedad privada, a las clases sociales y al Estado. Pero en este momento, el trabajo social, la esencia social de las cosas, pasó a adoptar cada vez más el carácter de trabajo enajenado. Mal podía, por tanto, expresarse por sí mismo, alcanzar la categoría hegeliana del concepto, como relación de identidad entre el pensamiento y el ser, reflejo de la relación entre el trabajo y su producto. Y es que la determinación histórica inmediata de la propiedad privada fue la mercancía y el mercado; como consecuencia de la generalización del comercio, la relación de identidad conceptual entre producción y consumo típica de las sociedades primitivas autosuficientes, dejó de ser inmediata y directa para pasar a ser mediada por el mercado o esfera de la circulación. El mercado hizo que los distintos trabajos de cultivar, hilar, tejer, etc. dejaran de ser actos directamente decididos en cuanto a quienes los ejecutan, cómo y por cuanto tiempo según las necesidades colectivas. La economía del tiempo de trabajo dejó de ser algo consciente para los productores directos expropiados de las condiciones objetivas de su trabajo. La propiedad privada y su consecuencia inmediata, el mercado, desestructuraron aquella relación social originaria, directa y consciente entre los distintos productores comunitarios. Al pasar a mediar o intermediar la relación social entre los productores y entre producción y consumo, la mercancía determinó que los distintos trabajos dejen de ser directa e inmediatamente sociales en tanto quienes los ejecutan quedan convertidos en agentes de la producción independientes los unos de los otros, solamente relacionados entre sí a través del intercambio de sus productos en el mercado. De este modo: 1) quiénes producen, 2) qué tipo o clase de bienes, 3) durante cuanto tiempo, 4) cómo y 5) qué cantidad, es una realidad que pasa a ser determinada no por los productores directos sino por el mercado, a través del intercambio o la confrontación de sus productos, donde las relaciones sociales entre las personas se cosifican y las cosas se relacionan como personas... ¿Por qué pasa esto? Porque "quienes" deciden sobre el curso de la sociedad de clases no son los productores directos; ni siquiera quienes "mandan" sobre el trabajo colectivo, sino las cosas que ellos fabrican u ordenan fabricar. En la sociedad de clases, el mercado determina que sean las cosas las que pasan a relacionarse como personas. No es el sujeto propietario el que lleva su mercancía al mercado, sino que la mercancía es la que le lleva a él. El sujeto –sea amo o esclavo, señor o siervo, capitalista o asalariado- ya no tiene voluntad propia. Ahí son las mercancías las que se relacionan como personas, y las personas como cosas; hay una inversión total del mundo real. Pero es una inversión real, no es una locura psicológica sino social, no es una enajenación mental sino real. La locura individual de índole psicológica, es un subproducto necesario de la enajenación real social generalizada. Hasta tal punto de que la realidad social y hasta física de los propietarios del producto, depende de que su mercancía se realice, esto es se venda, adquiera reconocimiento social en el mercado: <> (Ibíd. Lo subrayado es nuestro) Si los productos del trabajo no son reales -o, para decirlo en términos hegelianos- no son "realidades efectivas"- desde el momento mismo de su producción, sino que adquieren realidad recién cuando se "exponen" en el mercado, su valor, esencia o razón de ser ("se vende: razón aquí") tampoco puede surgir directamente del carácter cualitativo, concreto y útil del trabajo social ni de la correspondiente materia igualmente cualitativa de su producto. Tal como en el ser inmediato de la lógica idealista, la razón o valor económico de un producto del trabajo, está completamente ausente en la cualidad de su ser útil a la sociedad. Por lo que sirve, por su valor de uso, no se puede inferir lo que vale; es decir, no se puede determinar su esencia social; del mismo modo que, lo que vale, no encierra un solo átomo de utilidad, de valor de uso; por lo que vale un producto del trabajo no se infiere la cualidad de su ser útil inmediato. La inmediatez de la sensibilidad y la esencia son dos seres distintos. Desde el punto de vista mercantil, pues, en la materia o cualidad de la mercancía no hay ni pizca de esencia social o valor económico; el valor de uso sólo funge como soporte material de su valor de cambio o "esencia" social. Es el ser inmediato de la etapa premercantil, que la mercancía ha superado pero todavía conserva aun cuando ya como inesencial; por su parte, el valor o "valor de cambio" es lo esencial de la mercancía; es valor en tanto tiempo de trabajo abstracto, que no contiene ni un sólo átomo de materia ni de utilidad social. En este sentido, lo esencial: el valor y lo inesencial: el valor de uso de la mercancía, son dos seres existentes extrínsecos al interior de una misma unidad mercantil. El reflejo en el pensamiento abstracto de esta relación social enajenada, se traduce en este discurso filosófico: <<...el ser en contraposición con la esencia, es lo inesencial. Frente a la esencia tiene la determinación de lo superado. Sin embargo, por cuanto se comporta, frente a la esencia, sólo como un otro en general, la esencia no es propiamente esencia, sino sólo otra existencia determinada, es decir, lo esencial (...) De este modo la esfera de la existencia se halla puesta como base ("soporte material" del valor: Marx).....>> (G.W.F. Hegel: "Ciencia de la lógica" Libro II Cap. 1. Lo entre paréntesis es nuestro) Cfr: http://www.nodo50.org/gpm/1dialéctica8.htm Necesidad y posibilidad abstracta en Aristóteles y en Marx Aristóteles distinguía entre dos definiciones de lo posible. La definición negativa y la definición positiva. Lo posible es de naturaleza lógica negativa cuando se refiere a lo necesariamente falso o innecesario. Lo posible es de naturaleza lógica positiva, cuando se refiere a lo necesariamente verdadero o necesario. Cuando lo posible se funda en una necesidad, se convierte en potencial, virtual o abstracto. Dentro de la definición de "naturaleza lógica positiva", Aristóteles formuló dos teoremas fundamentales propios de esta noción de lo posible: 1) la reducción de lo posible a lo no imposible y 2) la determinación de lo posible por lo necesario, en el sentido de que lo necesario debe ser lógicamente posible. Aristóteles presentó estos dos teoremas en "De Interpretatione": <> (Op. Cit. 13, 22b 28 ss.) Y en "Metafísica" Aristóteles volvió sobre este mismo teorema de reducir lo posible a lo imposible en la siguiente forma: <> (Op.cit: Como decíamos antes, en el orden natural, lo posible, está subsumido en lo necesario. Dicho de otro, modo: lo necesario es objetivamente posible por sí mismo, sin mediación de ninguna subjetividad. La necesidad de que los cuerpos graviten unos sobre otros según su masa respectiva, se hace inmediatamente posible. ¿Qué posibilidad tiene un cerdo o un burgués de hacer algo que no sea lo mismo y objetivamente necesario a su esencia como especie consumada? Ninguna. El cerdo hace inmediatamente posible la finalidad de su vida comiendo todo lo que le dan o pilla por ahí, mientras el burgués, hace inmediatamente posible el hecho consustancial a su clase, de engordar socialmente metabolizando trabajo ajeno. La única diferencia entre un cerdo y cualquier burgués, radica en que, a su necesidad objetiva de ser necesariamente como es, la burguesía le da un carácter jurídico: el derecho natural, que pretende consagrarla como universal y eterna (en el que se comprenden los llamados "DD.HH."), y un carácter político: el Estado "democrático" de derecho". Según este razonamiento, los burgueses, como los cerdos, no tienen posibilidad alguna de ser más que lo que han llegado a ser por necesidad "histórico-natural", con cuyo proceso vital -según la ley anunciada por Hegel, de que "todo lo que nace merece perecer"- acaba la prehistoria de la humanidad, donde el trabajo, como categoría social-natural, sujeto a necesidades (el proletariado a las comprendidas en su salario histórico, la burguesía a las de la acumulación bajo la forma de valor-capital) es superado por el trabajo social libre. La relación esencial entre necesidad y posibilidad, pues, deviene así un problema que sólo tenemos los seres humanos objetivamente condicionados y, al mismo tiempo, potencialmente libres, lo cual incluye la posibilidad real de llegar a serlo. Y toda potencialidad objetiva e históricamente condicionada -como la del trabajo por esa cosa-fetiche llamada capital- encierra necesariamente una contradicción, en este caso, entre la necesidad histórica presente o actual de la especie humana -condicionada por el capital (incluidos los burgueses)- y la posibilidad -aun abstracta - de realizarse como tal especie objetivamente incondicionada. Y los únicos seres humanos singulares cuya esencia contiene la potencialidad de hacer realmente posible lo necesario a la especie humana universal, somos los asalariados, el componente humano de las fuerzas sociales productivas. Lo dicho hasta aquí no es un presupuesto filosófico, sino el corolario de una investigación científica, cual es, el de que la potencialidad humana de los asalariados para cumplir la tarea de emancipar a la humanidad de sus condicionamientos histórico-naturales, está en la contradicción entre la tendencia hacia la incondicionalidad histórico-objetiva de las fuerzas sociales productivas, y sus propios condicionamientos históricos, el último de los cuales es el capitalismo . De este modo, así, como el arado de hierro, el alfabeto y la moneda, superaron el condicionamiento de la sociedad esclavista, la generalización de la energía hidráulica, la imprenta y la brújula, trascendieron los condicionamientos de la sociedad feudal hacia el capitalismo; del mismo modo, la tendencia irresistible de las fuerzas productivas a la generalización de la robótica, la revolución en las telecomunicaciones y la biotecnología, ya han dejado el condicionamiento capitalista del trabajo sin razón de ser. En sentido hegeliano, el capitalismo, de "realidad efectiva", ha pasado a ser, una "realidad actual", un simple existente, porque, al perder su razón de ser, ya no depende de sí mismo, sino de lo que el proletariado esté dispuesto a hacer con él, de su tardanza en tomar conciencia de la necesidad de trascenderle históricamente hacia el socialismo. De ahí que este sistema de vida sólo subsista; al haber perdido toda racionalidad histórica, ha dejado de ser por sí mismo, ya no es una "realidad efectiva" pasando a ser algo innecesario, contingente, que puede seguir sobreviviéndose a sí mismo o dejar de ser y existir en cualquier momento. Esta es la posibilidad de lo necesario vista desde el polo conservador de la relación dialéctica, es decir, desde la perspectiva del capitalismo: Cfr.: http://www.nodo50.org/gpm/1dialectica91.htm. El curso de esa investigación científica ha sido descrito por Marx en el momento en que se aprestaba a realizar su exposición: <> (K.Marx: "Contribución a la crítica de la economía política". Prólogo. Enero de 1859. Lo entre corchetes es nuestro) La necesidad de esta revolución social, pues, viene determinada por el "choque" entre las fuerzas productivas de la sociedad que pugnan por desarrollarse, y las relaciones de producción capitalistas dominantes que constituyen una traba a ese desarrollo. La evidencia más sangrante de esta traba al desarrollo de las fuerzas productivas dentro del capitalismo, es el paro estructural masivo, contrapartida social de la ingente masa de capital sobrante o improductivo en manos de las fracciones burguesas más poderosas, en pugna hoy día con el empleado por las fracciones nacionales medias. La tendencia histórica del gran capital va en el sentido de apoderarse de los capitales medios residuales para darles empleo productivo (de producción de plusvalor) en condiciones técnicas de mayor desarrollo relativo. Necesidad histórica y posibilismo reformista del capitalismo Esto explica la invasión en Santo Domingo (1963) y los golpes de Estado en Brasil (1964), en Indonesia (1965), en Chile (1973), en Argentina (1976), en Bolivia (1981), así como la desintegración política por medios bélicos (léase guerra fría) de la ex URSS y sus satélites en Europa del Este (1989/91), seguida, mas recientemente, de la intervención armada y desintegración política de la antigua Yugoslavia, y ahora de Irak. Todo ello dentro de la tendencia universal a las privatizaciones de las empresas estatales en países con "modelos" de acumulación preconizados por la IIª Internacional, que hizo suyos el stalinismo desde los años 30 del siglo pasado, y que florecieron en el occidente capitalista durante la onda larga expansiva del capitalismo, desde la segunda post guerra mundial hasta 1971. Durante todo este período, esa corriente política de la pequeñoburguesía en el movimiento obrero, fue la que preparó a un ejército de teóricos y expertos económicos formados en las universidades del sistema, que, montados sobre una tasa de ganancia al alza sostenida, y al influjo de la "Teoría general... de Keynes", se empeñaron a fondo en la tarea de desacreditar las investigaciones y los resultados científicos de Marx. Estos apologetas del "capitalismo con rostro humano" le objetaban haber basado sus estudios en el capitalismo liberal del siglo XIX, cuando parecía que la tesis de la anarquía capitalista centralizadora del capital presidida por la ciega ley del valor -que Marx entendió de ineluctable cumplimiento- había sido definitivamente superada por los logros del "Estado capitalista empresario del bienestar", con sus políticas económicas "redistributivas" y sus "empresas mixtas", cuyos paradigmas en Alemania, Francia y Suecia, fueron el caballo de batalla de formaciones políticas "comunistas" y socialdemócratas en el mundo entero, con experiencias de gobierno en numerosos países del llamado "tercer mundo", como Egipto, Indonesia, Argelia, Libia, Irak, Siria, Yemen, Angola, Méjico, Argentina, Chile, Perú, Bolivia, Paraguay, etc., las últimas en Guatemala y El Salvador, simultáneas al recrudecimiento de la guerrilla colombiana intentando reincidir en el mismo sentido. En realidad, la presunta "iustitia distributiva" dentro del capitalismo consagrada por los reformistas, no fue un "milagro" de la política económica implementada por los Estados empresarios, sino producto de la necesidad histórica del capitalismo presidida por la ley de la acumulación, en condiciones de aumento más que proporcional de la demanda de trabajo respecto de los medios de producción (Maquinaria, edificios, materias primas y auxiliares) empleados durante la reconstrucción europea y Japón, en el contexto de la conversión a la economía de paz de la economía de guerra. Estas condiciones del licenciamiento de los soldados y su reincorporación al trabajo con un acervo de capital constante y variable esquilmados por los destrozos de la guerra, están comprendidas en el supuesto que Marx desarrolla en el punto 1, capítulo XXIII, Libro I de "El Capital": "Demanda creciente de fuerza de trabajo, con la acumulación, manteniéndose igual la composición orgánica del capital": <> (Op. Cit.) Cosas como ésta no son motivo de preocupación para los "socialistas democráticos" europeos. Sería como hablar de la soga en casa del ahorcado. Si usted se va a la calle Ferráz donde se levanta el edificio de ese partido, y rasca un poco en su fachada, verá que sale sangre. Es la de los "mártires" de la guerra civil y los muertos de la Segunda Guerra Mundial. La socialdemocracia europea rompió las líneas políticas conservadoras para acceder a los respectivos gobiernos en sus países después de la guerra, como los alemanes rompieron la "Línea Maginot" para ocupar Francia durante la guerra: pasando por encima de los cadáveres que cubrían esas líneas. Esta es la verdad histórica. Esta es la verdad histórica sobre la génesis de los "Estados del bienestar". Pero una vez reiniciado el proceso de acumulación, con el paulatino aumento de la masa de capital en funciones, al que, por efecto de la competencia se le fueron incorporando los adelantos tecnológicos aplicados a los armamentos, el consecuente aumento en la composición orgánica del capital fue acercando el horizonte de una nueva crisis de superproducción absoluta de capital, que se puso de manifiesto en 1971, inmediatamente después de la inconvertibilidad del dólar. Ante la acelerada disminución del plusvalor global producido respecto del creciente capital invertido (como resultado de la cada vez más alta composición orgánica del capital en funciones, determinada por la fuerza productiva del trabajo aplicada sobre medios de producción más eficaces y costosos), la disminución en el aumento de la oferta en el mercado de medios de producción (máquinas, edificios, materias primas y auxiliares) determinó mecánicamente la disminución relativa de la demanda de salarios en el mercado de trabajo, que comenzó a crecer menos que el aumento del capital constante y de la población asalariada; así la creciente formación de un capital ocioso, fue la contrapartida del ejército laboral de reserva, ahora bajo la forma inaudita o inédita de paro estructural masivo. Esta evidencia empírica no hizo más que poner a cada cual en su sito, demostrando que el posibilismo estatal reformista, presentado como un determinismo histórico hegeliano del Estado sobre la sociedad civil y de la política económica sobre la economía política, no fue más que un relativismo histórico transitorio comprendido en el desarrollo espasmódico periódicamente interrumpido de la acumulación, bajo el principio activo del capitalismo – consistente en apoderarse de la mayor cantidad posible de trabajo necesario, para convertirlo en excedente- que dio pleno sentido científico a la "ley general de la acumulación capitalista" que Marx enunció y demostró en "El Capital". (Ver: Libro I Cap. XXIII). Insistimos, el posibilismo reformista desde los años 50 se inscribe en la barbarie de la Segunda Guerra mundial, comprendida en la necesidad histórica objetiva del capital, dadas las condiciones particulares de la post guerra. No fue un producto de la política económica de los reformistas, sino de la economía política del capitalismo. Así, mientras los socialdemócratas tipo PSOE lastraban definitivamente el marxismo y toda política revolucionaria, a la vista de un sistema de vida que parecía colmar para siempre los sueños económicos de obreros y patronos, mientras ellos cabalgaban alegremente por la superficie de la sociedad a la grupa del Estado burgués, la Ley general de la acumulación capitalista "trabajaba" en el subsuelo de la sociedad para alumbrar la necesidad histórica de la centralización y unidad internacional de los capitales anunciada por Lenin en 1914. Esta es la diferencia entre el "socialismo democrático" y el socialismo revolucionario, entre la política como arte de lo posible y como arte de hacer posible lo objetivamente necesario. De ahí que, hechos -por su pragmatismo- al curso de lo necesario, se encargaron de cogestionar todas las consecuencias de la nueva realidad: paro masivo permanente con tendencia secular al crecimiento incesante y aumento criminal en los ritmos de trabajo, con sus secuelas de estrés asociado al aumento espectacular de los accidentes de trabajo y a la sociología de las drogas como válvula de escape hacia la muerte prematura de buena parte de la juventud, previamente condenada a la destrucción de su voluntad y de su inteligencia, además de exponerles a pasar simultáneamente por el infierno de enfermedades como la cirrosis, el delirium tremens, la arteriosclerosis, diversos tipos de cáncer, SIDA y accidentes de tránsito, entre otras noxas sociales determinadas por la exigencia de que los empleados suplan el lucro cesante de los que han sido arrojados al paro, trabajando más horas, con mayor celeridad y por el más bajo salario que sea posible. Para hacer artísticamente posible esta realidad de "progreso" saltando sobre el límite de la capacidad física y mental de los explotados, fueron "necesarias" sucesivas reformas laborales que los "socialistas democráticos" se encargaron de legislar y cogestionar en todo el mundo. ¿Se ha preguntado usted de qué naturaleza es la "necesidad" histórica de esta realidad y qué razón asiste a nadie para contribuir a que sea posible? No descartamos la probabilidad de, que, haciéndose esta pregunta, haya llegado usted a gente como nosotros. En estos tiempos y viniendo de donde viene, si fuera producto de una inquietud genuina, esta iniciativa suya sería casi un milagro y una honra para su persona. Fundamento científico de la necesidad histórica del socialismo Como usted habrá podido observar en: http://www.nodo50org/1crisis1.htm nuestra exposición sobre "La teoría marxista de las crisis capitalistas", se basa en la "Ley de la tendencia decreciente de la tasa media general de ganancia." A continuación, abundamos sobre los fundamentos de esa teoría y algunas observaciones empíricas actuales que la confirman, repitiéndonos en lo que ya hemos elaborado y publicado en una conversación con el compañero Alberto en torno a la misma problemática. Cfr.: http://nodo50org/gpm/1ff_pp_tasa_ganancia.htm a) Premisas y método Sobre el tema que nos plantea, empezamos por decir que nosotros partimos de la premisa real en cuanto a que la magnitud de plusvalor no puede exceder la extensión de la jornada laboral media. En tal sentido tomamos el ejemplo que Marx expuso en el capítulo XV del libro III apdº 2 de "El Capital", respecto de que, aun cuando pudiera trabajar las 24 horas del día sin hacer otra cosa, un obrero no produciría en ese tiempo límite absoluto más plusvalor que 12 compañeros suyos trabajando sólo dos horas. Marx presentó este ejemplo para ilustrar que la tasa de plusvalía tiene unos límites físicos infranqueables, puesto que la jornada de trabajo individual no puede extenderse más allá de las 24 horas. En realidad, no puede ir más allá del tiempo en que el obrero medio sea capaz de desplegar su fuerza física y mental sin merma ni menoscabo para lo que produce, teniendo en cuenta el grado de intensidad en el esfuerzo al que se le somete. Otra premisa de la que es preciso partir, se refiere a que el salario está en relación inversamente proporcional a la ganancia, es decir, que al aumentar uno disminuye la otra y viceversa, y que el límite mínimo que el capitalista debe invertir en salarios, está determinado por el mínimo histórico que el obrero necesita para la reproducción de su fuerza de trabajo en condiciones de uso para un rendimiento óptimo (necesidades que varían en cada momento y lugar). El límite máximo está también objetivamente determinado, ya que todo aumento del salario sólo es posible en tanto no disminuya la masa de plusvalor que haga descender la tasa de ganancia hasta un punto en que el capitalista entre en perdidas e inicie el proceso de desinversión. Teniendo en cuenta estos elementos, comprobaremos que la jornada de trabajo, el valor de la fuerza de trabajo y la ganancia, fluctúan dentro de unos márgenes estrictamente acotados. Si nos salimos de ellos, en cualquier supuesto con visos de realidad, estaremos violando las leyes del propio capital y los resultados a que lleguemos serán engañosos y totalmente faltos de veracidad científica. En "El Capital", Marx utilizó el método explicativo de las aproximaciones sucesivas, partiendo de la categoría más simple –la mercancía- para ir haciendo posible la comprensión de las categorías más complejas en el conjunto del sistema capitalista en funcionamiento, de ahí que, cuando explica la ley de la tasa de ganancia y su tendencia decreciente -incluidos los dos capítulos que hablan de las causas que contrarrestan la ley y el desarrollo de sus contradicciones- no se pueda dar el tema por zanjado, ya que a continuación de esos capítulos sigue incorporando conceptos, como la ganancia comercial, el crédito, la renta territorial etc, como si fueran piezas de un puzzle que van aproximando y verificando los conceptos más simples, como el de "valor de uso", "valor de cambio", "valor", "dinero", "división del trabajo", etc., en la medida en que se las va encajando hasta conformar la idea de totalidad. Ahora bien, para determinar el carácter científico de la tendencia decreciente de la tasa de ganancia, es necesario considerar cuestiones fundamentales como las siguientes: b) Los límites objetivos a la inversión en capital constante Por supuesto que toda nueva inversión en una mejora tecnológica tendrá por condición la garantía de un rédito proporcionalmente mayor a la inversión realizada. Pero, juntamente con eso, cada capitalista debe decidir no sólo en función de sus posibilidades reales de inversión, es decir, si la acumulación se lo permite, sino según el carácter específico de cada proceso de producción. Así como sucede con el salario y el plusvalor, la tasa de acumulación también está férreamente determinada. En tal sentido, cada capitalista sólo incrementará su inversión en trabajo muerto [Capital constante (Cc)], cuando el monto de esa inversión sea inferior, no ya al valor del trabajo vivo que va a desplazar o reemplazar [representado en la suma de Capital variable (Cv) + Plusvalor (P) = producto de valor contenido en la jornada de labor entera], sino al valor de la fuerza de trabajo contenido en la parte de la jornada de labor en que lo gasta y reproduce, representado en el Capital variable (Cv), es decir, a los salarios, independientemente del valor añadido o mayor cantidad de productos a obtener con el nuevo proceso de trabajo más productivo . Decíamos que para introducir una mejora técnica, al mismo tiempo que considera los aspectos que acabamos de mencionar, cada capitalista relativiza esas potencialidades productivas a las características técnicas del proceso de producción según las determinaciones del mercado. No es lo mismo producir rosquillas que relojes de oro, y la capacidad de un productor medio es de magnitud inferior a la de un oligopolio. Todo esto entra a la hora de hacer concordar el desarrollo de la fuerza productiva del trabajo con la composición orgánica del capital social global en cada momento preciso del proceso de acumulación. Para correlacionar estas dos categorías fundamentales no se puede simplemente suponer según el "sentido común". c) Incidencia desigual de la fuerza productiva en el desarrollo de los sectores económicos Otra cuestión de importancia no menor. El aumento de la productividad del trabajo afecta más al sector I productor de las máquinas-herramientas, que al sector II productor de bienes de consumo final. Por lo tanto, esa desvalorización de las mercancías, afecta sobre todo a las de consumo productivo, es decir, al Capital Constante (Cc), por lo que, el costo en máquinas, materias primas y auxiliares, también desciende -y más que proporcionalmente- con el aumento en la productividad del trabajo social. Esta es una de las causas que contrarrestan la tendencia histórica al descenso en la tasa de ganancia. Y esto viene a cuento de que, desde los tiempos de Marx, la parte de la composición del valor del producto global que corresponde a los elementos del capital constante (Cc), es notoriamente mayor respecto del correspondiente al trabajo vivo: <> (K. Marx: "El Capital " Libro II Cap. XX) d) Fundamento de la ley de la tendencia decreciente de la tasa de ganancia Teniendo en cuenta, además, que la tendencia al aumento en la composición orgánica del capital se expresa en que el capital variable crece históricamente en términos absolutos, pero disminuye tendencialmente respecto del incremento en el valor del capital constante empleado, el hecho de que el menor valor relativo de lo producido en mercancías de consumo final descienda más que proporcionalmente respecto del contenido en las mercancías que componen el consumo productivo o capital constante, la reproducción del capital global se torna cada vez más improbable, dado que a medida que la productividad del trabajo va abatiendo o disminuyendo la parte de la jornada de trabajo necesario disponible, la posibilidad de seguir avanzando en la misma línea se hace cada vez más dificultosa, porque el capital acumulado crece más rápidamente que el plusvalor. Para explicar esto último, supongamos una jornada de trabajo de diez horas diarias y una tasa de plusvalía del 100%, la parte de trabajo necesario o salario equivale a 5 horas y otras 5 al plusvalor o trabajo excedente. Es decir, que el obrero trabaja media jornada de labor (50%) para él y la otra media (50%) para el capitalista: 1/2 + 1/2 = 2/2 = 100% A partir de estas condiciones, supongamos que la productividad del trabajo se duplica. Ahora, para reproducir su fuerza de trabajo, para vivir un día completo, el asalariado deberá trabajar 1/4 de jornada, la mitad que antes; y eso es lo que le pagará el capitalista. Pero le seguirá haciendo trabajar las mismas horas convenidas en el contrato de trabajo: <> (K. Marx: "El Capital" Libro I Secc. Cuarta Cap. X) La diferencia entre 1/2 y 1/4 = 1/4, corresponde a la transformación de trabajo necesario en excedente a raíz del incremento en la fuerza productiva del trabajo. En este punto del proceso, el capitalista se habrá apropiado 1/4 de jornada más respecto del plusvalor de origen que era de media jornada = 2/4 y que ahora pasa a ser de 2/4 + 1/4 = 3/4. Ahora, para vivir un día, el asalariado debe trabajar 3/4 de jornada para el patrón y sólo 1/4 para él. Si observamos esto más detenidamente, veremos que la fuerza productiva del trabajo se ha duplicado, pero el plusvalor sólo se ha incrementado en 1/4 de la jornada laboral, sólo ha reducido el remanente de trabajo necesario en esa fracción. Esto es así, porque la proporción en que la fuerza productiva del trabajo incrementa el valor del capital, depende de la relación originaria entre trabajo necesario y trabajo excedente: <> (K. Marx: "Grundrisse" III) ¿Por qué debe ser así? Porque, como sucede con toda proporción, la magnitud en que puede variar el tiempo de trabajo excedente respecto del trabajo necesario, está condicionada o limitada por la magnitud total de la jornada laboral, el 100%. Si sobre la primera consideramos una segunda duplicación de la fuerza productiva del trabajo, el salario, que se había reducido ya a 1/4, disminuirá ahora a la mitad, a 1/8 de la jornada laboral, mientras que el plusvalor ascenderá de 3/4 ó 6/8 a 7/8 = 0,25, esto es, menos que antes, que era de 1/4 a 3/4 = 0,50. En el límite, si el salario o trabajo necesario se hubiera reducido ya a 1/1.000 = 0,001, la plusvalía total sería 999/1.000 = 0,999. Es decir, que para aumentar el plusvalor en menos de una milésima de tiempo, el capital debería aumentar la productividad del trabajo mil veces más. Y si sobre esta progresión la fuerza productiva se multiplicara por 1000, el trabajo necesario descendería a 1/1.000.000 del día de trabajo, mientras que el plusvalor aumentaría en 1/1.000 - 1/1.000.000 o sea 0,001 - 0,000001 = 0,0000999 ó 999/1.000.000. En este caso, para aumentar el plusvalor en 0,0000999 de tiempo, la productividad del trabajo debería multiplicarse un millón de veces. De esto se desprende que, cuanto mayor sea al plusvalor ya capitalizado y, por tanto, menor la fracción de la jornada de trabajo necesario o salario del obrero que resta capitalizar, tanto menor será el incremento del plusvalor que el capital obtendrá del progreso de la fuerza productiva del trabajo. El plusvalor aumenta, pero en proporción crecientemente menor al desarrollo de la fuerza productiva del trabajo: <>. (K. Marx: Op. Cit.) Tal es la situación siempre bajo el supuesto de una jornada de labor constante. Pero el caso es que, con el aumento en la composición orgánica del capital, esto es, con la utilización de más y mejores máquinas, el trabajo físico y mental por unidad de tiempo aumenta su ritmo y se intensifica, porque así lo exige la máquina. En general, la producción de plusvalor relativo consiste en poner al asalariado en condiciones de producir más plusvalor con el mismo gasto de energía vital en el mismo tiempo. La intensificación del trabajo consiste en producir más con un mayor gasto de fuerza de trabajo por unidad de tiempo. Por lo tanto, intensidad y extensión del trabajo se contradicen lógicamente dando pábulo a la ley según la cual la eficiencia de la fuerza de trabajo está en razón inversa al tiempo en que opera, pero esta ley no se resuelve como en la física, sino históricamente, a instancias de la lucha de clases: <> (K.Marx. Op.cit.) La demanda efectiva o satisfecha por aumento de salarios determinada por la ley del valor para la jornada de trabajo más intensiva, para cada patrón no supuso una causa contrarrestante a la lógica objetiva del capital tendente a convertir todo el trabajo necesario posible en excedente a los fines de la acumulación, pero sí para el conjunto de la burguesía, porque el número alarmante de accidentes de trabajo amenazó con esquilmar la fuerza de trabajo con el consiguiente perjuicio económico para la burguesía en su conjunto, lo cual indujo en Marx a anunciar la siguiente previsión: <> (K. Marx: Ibid.) Dado que la lucha económica entre obreros y patronos está presidida por la ley general de la acumulación capitalista, respecto de la cual a los asalariados sólo les cabe la función contestataria o defensiva frente a la permanente ofensiva e iniciativa explotadora de la burguesía, lo que hace a la postre esta contradicción entre extensión e intensidad del trabajo, es acelerar la tendencia al derrumbe del sistema capitalista, porque la violenta aceleración de los ritmos para producir más plusvalor por unidad de tiempo, ha ido siempre por delante de las noxas sociales y la no menos violenta respuesta de los asalariados. Según esta lógica objetiva, en el hipotético caso -para muchos hoy día inimaginable- de que el tiempo durante el cual se reproduce el valor de la fuerza de trabajo en la sociedad se redujera a un segundo, esto supondría la práctica generalización de la robótica al proceso productivo, donde la relación de intercambio entre capital y trabajo desaparecería como fundamento absoluto de la producción capitalista en casi todas las ramas de la industria, junto con el valor, los precios de las respectivas mercancías, el dinero y las categorías sociales mismas de burguesía y proletariado, que así quedarían carentes por completo de sentido económico, social y cultural. Pero a semejante realidad sólo pueden llegar los asalariados negándose a sí mismos para convertirse en productores libres asociados, si es que mucho antes de esto no demuestran como asalariados conscientes ser capaces de echar a los burgueses del poder político y administrar la transición hacia la nueva sociedad sin clases de ese futuro científicamente previsto. e) Ley y tendencia Mientras tanto, a una creciente valorización capitalista del trabajo necesario, corresponde, por un lado, una creciente concentración de los Medios de Producción en pocas manos; por otro lado, el menor número absoluto y relativo de explotadores -cuyo fondo de consumo tiende necesariamente a reducirse a medida que progresa la acumulación y el trabajo necesario remanente se hace más y más pequeño-, deben disputarse el cada vez más irrisorio plusvalor relativo producido por una aristocracia obrera cada vez más exigua, respecto de un mayor numero de asalariados en paro que la burguesía no puede explotar por falta de capital disponible y que por la misma carencia de trabajo excedente debe mantener en condiciones cada vez más paupérrimas , ratificando así, hasta el extremo de negarse a sí misma como clase explotadora, que no es capaz ni merecedora de dirigir la sociedad, tal como lo anunciaron Marx y Engels en 1848: <> (K.Marx-F.Engels: "Manifiesto comunista" I) En el intento de comprobar si lo que hemos dicho hasta aquí es verdad, es necesario considerar una condición fundamental de la producción del plusvalor relativo asociado a la productividad del trabajo, como es el hecho de que es parte proporcional de una jornada laboral que tiene un límite físico absoluto o infranqueable que, teóricamente, no puede sobrepasar las 24 hs. del día. En segundo lugar, hay que tener en cuenta que la sociedad capitalista sólo está dispuesta a ampliar la escala de la producción, cuando la mejora que introduce en su capital constante, cuesta menos que la mano de obra (tiempo de trabajo necesario) que reemplaza. En este sentido, hay que reparar en que, si se toma como objeto de estudio el comportamiento de la tasa general de ganancia, no se trata de lo que hace o está dispuesto a hacer un capitalista cualquiera sino de lo que puede hacer el capital social global. "La humanidad no se propone nunca nada que no pueda alcanzar". Este aforismo de Marx está inspirado en el principio burgués de que toda mejora tecnológica está condicionada a que su coste sea menor que el trabajo necesario que reemplaza. Si la mejora en productividad cuesta más que los salarios que deja de pagar, no se justifica, no se invierte en ella y no se aplica. Dadas estas condiciones, cuanto más desarrollado esté el capital y la fuerza productiva del trabajo, cuanto más plusvalor haya capitalizado ya la burguesía, cuanto menos trabajo necesario le deje la jornada de labor para convertir en excedente, y, por tanto, cuanto mayor sea la parte de plusvalor adicional invertido en capital constante respecto de la parte invertida en capital variable, menor deviene el incremento de plusvalor respecto del incremento del capital acumulado. El resultado de esta lógica es que, en la etapa del capitalismo tardío, el capital acumulado crece más rápidamente y en mayor proporción de lo que aumenta la producción de plusvalor, por lo que la tasa de acumulación tiende históricamente a ser más alta que la tasa de plusvalor. Este fenómeno explica la sobreacumulación de capital, cuyo fundamento absoluto está en el hecho de que la suma absoluta en la que el capital incrementa su valor mediante un aumento determinado de la fuerza productiva del trabajo, depende de la fracción dada del día de trabajo, (jornada cuya duración es el límite absoluto del plusvalor y del capital mismo), de la parte alícuota que representa el trabajo necesario. Por lo tanto, para determinar la variación en la tasa de ganancia, hay que considerar que cuanto mayor sea la fracción de trabajo necesario ya convertida en trabajo excedente, tanto menos trabajo necesario puede la burguesía apropiarse en el futuro desarrollando la fuerza productiva del trabajo; dicho a la inversa, cuanto menor sea ya la fracción de la jornada de labor correspondiente al tiempo de trabajo necesario que queda por capitalizar, tanto más valor en capital constante deberá emplear en desarrollar la fuerza productiva para convertir esa fracción ya reducida del trabajo necesario, en una parte cada vez menor de plusvalor. O sea: dada la proporción en que va disminuyendo el trabajo necesario respecto del excedente ya capitalizado, tanto menos queda por capitalizar y más difícil se vuelve la valorización del capital en esa proporción cada vez más reducida de trabajo necesario. Si se procede de acuerdo con el principio activo del capital basado en el progreso de la fuerza productiva del trabajo, el plusvalor aumenta en términos absolutos, pero menos que el capital invertido en producirlo. Precisamente porque con cada aumento -por ejemplo, al doble- de la productividad, el plusvalor aumenta sólo en 1/4 de la jornada de labor. Esto quiere decir que por cada aumento porcentual de plusvalor a expensas del trabajo necesario, siempre hace falta un aumento proporcionalmente mayor de la fuerza productiva y, por tanto, de la inversión en capital constante respecto del variable. Por lo tanto, si se supone que el plusvalor aumenta bastante más que proporcionalmente respecto de la Composición Orgánica del Capital (C.O.C.), esta diferencia no debe atribuirse al progreso de las fuerzas productivas, sino a una mayor intensificación del trabajo, lo cual no sólo invalida su resultado, sino el propio planteo del problema que se quiere resolver. En su investigación sobre la tendencia decreciente de la tasa de ganancia, Marx incluye seis causas que contrarrestan la ley, pero no dice que sean las únicas, sino las más generales. Existen otras, como por ejemplo el papel que juega la creciente aceleración en el metabolismo del capital, haciendo que un mismo capital rote más veces en una misma unidad de tiempo, consiguiendo que la masa de plusvalía obtenida en un mismo año, sea mayor y por lo tanto mayor la ganancia, incluso, circunstancialmente en algún periodo de tiempo, puede llegar a ser mayor este crecimiento en la ganancia que el descenso como consecuencia de una mayor Composición Orgánica del Capital (C.O.C.) Pero esto no invalida la tesis central de Marx, en cuanto a que la ganancia es directamente proporcional a la tasa de plusvalía o explotación, e inversamente proporcional a la Composición Orgánica del Capital (C.O.C). El hecho de que existan causas contrarrestantes, incluso contradictorias y a veces neutralizantes, no invalida la ley general, "dándole simplemente el carácter de una tendencia". La calificación de tendencia no implica indeterminar el comportamiento de la tasa de ganancia, porque para Marx todas las leyes sociales se desarrollan tendencialmente. Su presentación lineal sólo tiene propósitos ilustrativos en las exposiciones más abstractas. La caída porcentual del beneficio constituye un ejemplo típico de lo que Marx entendía por una ley: un proceso necesario, determinante y previsible de la acumulación. No representa un acontecimiento contingente, como, por ejemplo, la declinación de las tasas de interés, ni tampoco un episodio coyuntural como la disminución del precio de las acciones. Es un resultado interno del proceso de acumulación, cuya evolución se verifica a largo plazo. Responde a un patrón objetivo de desarrollo que incluye acontecimientos muy visibles como son el aumento de la productividad y la competencia intercapitalista. La caída tendencial del beneficio es predecible porque la secuencia de aumento de la composición del capital y la caída de la tasa de ganancia tiende a repetirse cíclicamente de forma cada vez más acusada según aumenta la fuerza productiva del trabajo y la masa de capital en funciones. En la práctica, y visto a través de largos periodos de tiempo, está tendencia se ha visto confirmada en los dos últimos siglos de capitalismo en el mundo. Es cierto que el aumento de la productividad del trabajo, deprime el valor de los artículos que forman parte de la canasta básica del obrero, que son los que determinan el valor de su fuerza de trabajo, y, por lo tanto, la jornada necesaria de labor disminuye respecto de la jornada total, pudiendo llegar a ser una parte insignificante de ésta. Cuando hablaba de la depauperación del obrero, Marx se estaba refiriendo implícitamente a esta cuestión, ya que el salario relativo es cada vez menor en comparación al valor total que crea. Pero si partimos del principio de ir introduciendo sucesivos supuestos aproximativos que nos vayan acercando a la realidad concreta, comprobaremos cómo a medida que el salario relativo disminuye, las dificultades de valorización del capital ya acumulado para mantener la relación de explotación existente entre el patrón burgués y el obrero, aumentan, por la simple razón de que al disminuir la magnitud de Capital variable (Cv) respecto de Capital constante (Cc), el plusvalor obtenido es insuficiente para garantizar la reproducción ampliada. Desde que el capitalismo existe, uno de los obstáculos en la lucha de clases para que los obreros se sientan legitimados a apropiarse del producto total de su trabajo, ha sido el respeto por la propiedad sobre los MP que han venido ostentando los capitalistas. Este prejuicio se ha visto reforzado por el hecho empírico de que durante más de un siglo, los capitalistas también trabajaban, y la ganancia que obtenían como propietarios de los medios de producción estaba encubierta por el llamado "salario de gestión". Pero a medida que el trabajo necesario disponible fue convirtiéndose en capital, el papel laboral de los burgueses dentro del proceso productivo se ha ido tornando cada vez más irrisorio y su función social superflua, deviniendo cada vez más en una categoría parasitaria, a igual título que los terratenientes, delegando la gerencia técnica y administrativa en una aristocracia obrera bien pagada. Este hecho desmistifica la ganancia como producto de los capitalistas que trabajan, en la medida en que, al lado de estos, se acrecienta la figura del puro inversor bursátil. Bajo semejantes condiciones, ocultar el origen de la ganancia en la figura del capitalista que trabaja se vuelve cada vez más insostenible en términos de consenso social, e ingentes masas de plusvalía deben gastarse en mantener medios represivos cada vez más costosos, de modo que la parte de plusvalor correspondiente al fondo de consumo de los capitalistas devendría en masas de valor tan irrisorias que les rebajaría a la condición de cualquier asalariado cualificado, con lo cual, el capital accionario que Marx consideraba como el precedente del socialismo bajo el capitalismo, devendría en una rabiosa actualidad. f) Ley de la acumulación y jornada colectiva de labor Otra observación que cabe hacer, es la relativa a la jornada de labor. Una cosa es suponer que cada obrero deba trabajar las mismas horas diarias, y otra muy distinta que las horas trabajadas por el conjunto de los obreros sea una magnitud históricamente constante. La invariancia de la jornada de labor individual es un dato que, como hemos visto, sólo se modifica históricamente en función de la intensidad del trabajo asociada al desarrollo de la fuerza productiva del trabajo sometida al proceso de valorización del capital; la segunda, la jornada de labor colectiva, varía constantemente según el número de obreros empleados, magnitud social y económica regida por la tendencia histórica al crecimiento absoluto, y a su disminución relativa respecto del capital acumulado. De lo contrario, el capitalismo, la reproducción ampliada de valor, se reduciría a reproducción simple y entraría en la inercia negándose como capital. Según la Ley general de la acumulación capitalista expuesta por Marx en el Libro I de "El Capital": <> (K. Marx: "El Capital Libro III Cap. XIII) Por ejemplo, suponiendo que la sociedad burguesa emplea un solo obrero textil pagándole un salario equivalente a 1.000 horas, y que la fuerza productiva del trabajo social sólo da para ponerle a producir 1.000 horas de plusvalor moviendo 2 husos y una materia prima por valor de 4.000 horas (4.000Capital constante (Cc). + 1.000 Capital variable (Cv) + 1.000Pl.), en ese caso, la Composición Orgánica del Capital (C.O.C.) será = 400% y la tasa de ganancia del 20%. Pero si la fuerza productiva del trabajo se duplica, y con la misma tasa de explotación a ese mismo obrero se le pone a mover 4 husos, la Composición Orgánica del Capital (C.O.C:) aumentará al doble y la tasa de ganancia bajará al 11% . Ahora bien, si como es cierto que todo progreso en la fuerza productiva se expresa en que una cantidad cada vez menor de trabajo es capaz de atender más eficientes y costosos medios de producción, esta exigencia técnica del proceso de trabajo puesta en términos del proceso de valorización, se expresa en que el valor de la fuerza de trabajo colectiva aumenta cada vez menos respecto al valor del capital constante que la pone en movimiento . Al mismo tiempo, dado que el plusvalor aumenta exclusivamente a expensas del trabajo necesario dentro de los límites infranqueables de la jornada laboral media, de esto se desprende que, ante cualquier progreso en la fuerza productiva del trabajo, la contraparte del trabajo necesario: el plusvalor, también debe aumentar en proporción progresivamente decreciente respecto del capital invertido o acumulado que se necesita para producirlo: <> (K. Marx: "El Capital" Libro III Cap. XIII) Más aun teniendo en cuenta el paulatino descenso relativo del capital variable. Con Composición Orgánica del Capital (C.O.C) = 50%, la relación será 50Capital constante (Cc) : 50Capital variable (Cv) Si el salario por obrero es de 1 Euro se necesitan sólo 2.000 Euros para emplear a 1.000 obreros. Exagerando el progreso en la escala de la producción de plusvalor se puede decir que si la Composición Orgánica del Capital (C.O.C) ha subido a 90Capital constante (Cc). : 10Capital variable (Cv) ., para emplear a esos mismos 1.000 obreros serán necesarios 10.000 Euros (9.000Capital constante (Cc) + 1.000Capital variable (Cv) .) Y esta magnitud de capital adicional es obvio que no puede salir del plusvalor naturalmente generado por el curso natural del proceso de acumulación. h) Formación de la tasa de ganancia media y aumento en la COC De esto se desprende que, tanto el aumento en la Composición Orgánica del Capital (C.O.C) como la evolución de la tasa de ganancia, no se pueden explicar exclusivamente por el trabajo excedente que el capital global genera y acumula naturalmente durante cada rotación. La especificidad del capital organizado para la reproducción ampliada, es lo que determina el aumento más que proporcional de la Composición Orgánica del Capital (C.O.C) respecto de la producción de nuevo plusvalor. En efecto, en la reproducción simple, los capitalistas de la industria productora de bienes de consumo productivo I, cambian parte de sus productos I(Capital constante (Cc) por el equivalente en valor al consumo de la clase obrera II(Capital variable (Cv) más el plusvalor II(Pv). del sector productor de bienes de consumo, de modo que: ICapital constante (Cc) = II(Capital variable (Cv) +Pv.), y ambos consumen improductivamente el plusvalor de sus respectivos asalariados. Por lo tanto el valor de lo producido por el sector I es, naturalmente, mayor que el producido por el sector II. Si tomamos del esquema supuesto por Marx, los dos grandes sectores de la producción anual de un país, el productor I de bienes de producción o de consumo productivo, y el II, productor de bienes de consumo final según los siguientes valores: Sector I) 4.000Capital constante (Cc) + 1.000Capital variable (Cv) . + 1.000Pv. Sector II) 2.000Capital constante (Cc) + 500Capital variable (Cv) + 500Pv., para que se cumpla la condición de equilibrio: II(Capital constante (Cc).) = I(Capital variable (Cv) . + pv.). Las 2.000 de I(Capital variable (Cv) . + pv.) se realizan en medios de consumo fabricados por el sector II a cambio de las 2.000 de I(Capital constante (Cc). Ahora bien, el "producto de valor" agregado durante el año por los dos sectores es igual a las 2.000 de I(Capital variable (Cv) . + pv.) más las 1.000 de II(Capital variable (Cv) . + pv.) = 3.000. Los otros valores ya estaban creados en años anteriores y sólo se han trasladado a la nueva producción. Esto quiere decir que aun cuando ambos sectores burgueses consumen todo el plusvalor que producen, 2/3 del trabajo anual gastado por el sector I, la mayor parte, se ha usado para aprovisionar de Capital constante (Cc) al sector II. La reproducción ampliada implica que gran parte del plusvalor en ambos sectores se capitaliza, esto es, se sacrifica consumo de plusvalor para reinvertirlo en la producción de más plusvalor para los fines de la acumulación. Esto supone que amplían su acervo en Capital constante (Cc). Pero obviamente más los capitalistas del sector I que los del sector II, ya que una serie de productos del sector I, sirven como medios de producción en ambos sectores: <> (K. Marx: Op. Cit. Libro II Cap. XXI) ¿De dónde sale el plusvalor adicional para este mayor desarrollo relativo del sector I? Del sector II. ¿Cómo se opera esta transferencia? Por efecto del proceso de formación de la ganancia media capitalista a instancias de la competencia a favor del sector de mayor masa de capital en funciones y más alta composición orgánica del capital. De hecho, la mayor parte del trabajo anual en la sociedad capitalista, se gasta en la producción de capital constante para la producción de maquinaria y materias primas, mercancías cuyos consumidores no son obreros sino capitalistas industriales. Por tanto, es también mucho mayor el intercambio de mercancías entre los capitalistas que entre éstos y los obreros: <> (K. Marx: "El Capital" Libro II Cap. XX. Lo entre paréntesis es nuestro) A este asunto se refería Lenin en 1897. Polemizando con los populistas rusos desplegaba el siguiente razonamiento: Para producir son necesarios los medios de producción que constituyen una rama especial de la producción social, la que -según hemos visto- en sus esquemas de la reproducción, Marx designa por el sector I, el cual ocupa una determinada parte de los asalariados. Este producido particular, el del sector I productor de medios de producción (maquinas, edificios, materias primas, materias auxiliares, etc.), se realiza, en parte, ingresando a la producción en el mismo sector (por ejemplo, el carbón extraído por una empresa hullera que se utiliza para mover las máquinas extractoras del mismo mineral); en parte mediante el intercambio entre los capitalistas al interior de ese mismo sector (por ejemplo, para producir máquinas se necesitan otras máquinas y herramental específico). Los capitalistas que producen unos y otros medios de producción, realizan, intercambiándose unos con otros, la parte de esos productos destinada a la reposición de su capital constante. Ahora bien, dada la tendencia histórica al aumento en la Composición Orgánica del Capital global, esto implica que la participación relativa de los asalariados en la producción y en el producto de su trabajo se restringe progresivamente o, lo que es lo mismo, que el sector I se desarrolla más que el sector II: <> (V.I. Lenin: "Para una caracterización del romanticismo económico" Cap. I ap. V. Lo entre paréntesis es nuestro) Y ya vimos más arriba cómo a instancias de los precios de producción que corresponden a la formación de la tasa de ganancia media, la competencia opera el proceso de transferencia de ese plusvalor desde el sector II al sector I, garantizando la reproducción ampliada en los dos sectores, lo cual explica que, bajo el capitalismo, la producción crea su propia realización y que, por tanto, el subconsumo de los asalariados ni en sí ni por sí mismo constituye el límite absoluto del sistema capitalista. Únicamente lo es, puesto en relación con el trabajo excedente, pero no como consumo, sino "ex-ante", como trabajo necesario, como capital variable: Cfr: http://www.nodo50.org/gpm/1decadencia5.htm: <> (Lenin: "El desarrollo del capitalismo en Rusia" Cap. I punto 6) i) Capital virtual y sobreincremento en la COC Ahora bien, los medios de producción bajo la forma de capital fijo (máquinas herramientas) entran por completo en cada proceso de trabajo, pero sólo parcialmente en el proceso de valorización. Trasmiten valor al producto que contribuyen a fabricar sólo en la medida en que se desgastan al producirlo. Mientras tanto, la parte de valor que pierden por desgaste y se traslada a los productos fabricados, se realiza en dinero y se retira de la producción bajo la forma de un fondo de amortización ; A través de la venta gradual de ese plusproducto, los capitalistas forman así un tesoro, un capital dinerario que Marx también llama "virtualiter", capital adicional "en potencia". Por mediación de los bancos, estos fondos líquidos de los capitalistas en los dos sectores, pasan a la esfera de la circulación dineraria: <> (Op.cit. Libro III Cap. XXI . Lo entre paréntesis es nuestro) Este dinero es lo que, para Marx, constituye una de las dos formas de tesoro que la clase capitalista constituye para sí, la de capital "en barbecho" bajo la forma dineraria que permanece en la esfera de la circulación. Finalmente, cuando el capital fijo se desgasta por completo y amortiza totalmente su valor acabando de ser trasladado funcionalmente a sus productos, los capitalistas industriales ordenan a sus bancos que les restituyan ese tesoro en dinero quitándolo de la circulación monetaria para reintroducirlo en la esfera productiva bajo la forma de capital fijo materialmente renovado y tecnológicamente actualizado, para los fines de la producción de más plusvalor. (Cfr.: Op. Cit. Libro III Cap. XIX) Ahora supongamos dos tipos de capitalistas A y B, dentro del mismo sector 1 productor de bienes de producción o de consumo productivo. En el acto de realizar el plusvalor contenido en sus productos puestos a la venta, por una parte los A retiran su equivalente en dinero de la circulación y ponen en ella mercancías por el mismo valor sin retirar otras mercancías a cambio. Como hemos visto, ese dinero que los A retiran, lo atesoran en los bancos. Esto supone que los A actúan como vendedores del plusvalor contenido en sus mercancías sin actuar al mismo tiempo como compradores de mercancías productivas. Esto permite a los capitalistas B arrojar dinero a la circulación retirando de ella nada más que mercancías, para ingresarlas como elemento fijo o circulante de su capital constante. Al mismo tiempo, en otros múltiples puntos de la circulación se verifican transacciones de la misma naturaleza entre capitalistas A', A", etc. con otros tantos B', B" etc. del sector 1 y viceversa, todo ello a expensas del trabajo excedente de los asalariados: <> (Op. Cit. Libro II Cap. XXI) En este punto del proceso, si consideramos la magnitud de valor, observamos que en estas transacciones no se ha operado ninguna reproducción ampliada, ningún plustrabajo mayor que el empleado en el esquema de la reproducción simple. Lo que ha cambiado es la forma en el empleo del trabajo excedente virtual, "la naturaleza concreta de su modalidad útil particular". ¿Cuál es esa modalidad distintiva? Que ese plusproducto dinerario se ha destinado para aprovisionar de Capital constante (Cc) al sector I en vez de al sector II En la reproducción ampliada, pues, ese plusvalor en potencia que no se ha consumido y que, atesorado, permanece en la esfera monetaria, cuando se reincorpora a la producción de plusvalor, incrementa la masa global del capital constante en funciones, pero actúa no ya como capital adicional del sector II, sino del sector I, del sector productor de bienes de producción: <> (Ibid.) De lo contrario, no puede haber reproducción ampliada en el sector productor de medios de producción, que es la base material de la acumulación del capital en su conjunto. He aquí por qué según progresa la acumulación y la fuerza productiva del trabajo, la Composición Orgánica del Capital (C.O.C) social global debe crecer más rápido que la producción de nuevo plusvalor, debe adelantarse a ella utilizando plusvalor pretérito para ampliar la escala de la producción en el sector I más que en el sector II. Tal es la condición de existencia del sistema capitalista en tanto productor de plusvalor para los fines de la acumulación, el fundamento orgánico-funcional de la ley del descenso tendencial de la cuota general de ganancia. De lo dicho hasta aquí se desprende que, cuanto más desarrollada esté ya la fuerza productiva del trabajo en la sociedad y, por tanto, mayor sea el capital productivo que funciona en manos de los capitalistas A y B en los dos sectores de un país cualquiera -incluida la fuerza de trabajo empleada generadora e plusvalor- y el plusvalor mismo, mayor será también el capital dinerario adicional o plusvalor virtual en manos de los A, A', A", etc. Este capital acrecentado que discurre paralelamente al proceso productivo de plusvalor pero por completo al margen del mismo, mientras permanece así, en barbecho, como abstracto capital potencial, es absolutamente improductivo. El hambre de plusvalor a instancias del sistema crediticio, tiende a que el tiempo muerto en que esa creciente magnitud de plusvalor pretérito ingresa y permanece como dinero en la esfera del capital virtual en circulación, sea cada vez menor, lo cual multiplica la masa de capital constante que es devorado por la esfera de la producción de nuevo plusvalor, en proporción tendencialmente mayor que éste y que la población asalariada ocupada: <> (Ibíd. Lo entre paréntesis es nuestro) j) Verificación de la tendencia al descenso en la tasa de ganancia. En semejantes condiciones, es lógico y natural que llegue el momento en que el plusvalor no alcance o no sea suficiente para valorizar todo el capital acumulado en funciones, lo cual se expresa en una tasa de ganancia descendente. Por un lado, dados los límites absolutos de la jornada laboral media, a medida que aumenta la fuerza productiva, el plusvalor y el empleo de asalariados aumentan cada vez menos -éste último a un ritmo crecientemente menor respecto del crecimiento de la población obrera explotable, porque el trabajo necesario disponible para ser convertido en excedente disminuye cada vez más . Por otro lado, dada la masa de plusvalor virtual disponible, el tiempo de trabajo muerto (capital constante) aumenta cada vez más rápido, más de lo que aumenta el plusvalor y el trabajo necesario. Hay exceso de capital acumulado respecto del capital adicional. Pero, por otro lado, el aumento en la composición orgánica del capital que tiende a deprimir la tasa de ganancia, hace que ese capital demasiado grande resulte insuficiente. En efecto, como hemos comentado ya, con una Composición Orgánica del Capital de 50 Capital constante (Cc). : 50Capital variable (Cv) , suponiendo que el salario diario por obrero sea de un Euro, y la tasa de explotación del 100%, para emplear a 1.000 obreros se necesitan 2.000 Euros. Pero si la Composición Orgánica del Capital (C.O.C) aumenta hasta llegar a ser 90 Capital constante (Cc). : 10 Capital variable (Cv) ., para emplear a esos mismos 1.000 obreros se necesitan 10.000 Euros: 9.000Capital constante (Cc) + 1.000Capital variable (Cv). En este caso ¿de dónde saca la burguesía esos 10.000? Aunque la productividad del trabajo haya aumentado la tasa de plusvalor, convirtiendo gran parte de las 4 horas restantes del trabajo necesario en excedente y dejando a la mayoría de los 1.000 obreros en el paro, el plusvalor obtenido de ese capital variable mermado, sería bastante inferior a los 500 Euros obtenidos con un capital de 2.000, de modo que, aun cuando los burgueses debieran vivir del aire para capitalizar todo el plusvalor, con eso estarían muy lejos de reponer en su momento el desgaste de su capital constante. Entonces, el descenso de la tasa de ganancia revela, por un lado, que hay demasiado capital, tanto respecto de la masa de población explotada como del plusvalor obtenido; pero, por otro lado, esto también significa que el capital es demasiado pequeño, que no alcanza para emplear a la masa de población explotable; y que el plusvalor es insuficiente para garantizar la reproducción ampliada en condiciones de pleno empleo. k) Otras formas del capital para saltar sobre sus propios límites ¿Significa esto que el proceso de valorización se derrumba? Significa que la tendencia al derrumbe se verifica como un límite que el capital se pone a sí mismo: <> (K. Marx: "Grundrisse" III - Plusvalía y fuerza productiva) Como hemos visto, ese límite se presenta cuando la masa de plusvalor no alcanza para garantizar la reproducción ampliada del capital -ya acumulado- en funciones. Previo al crack que desemboca en la desvalorización del capital sobreacumulado, la forma que tiene el sistema de saltar sobre el obstáculo de la insuficiencia de plusvalor, consiste, por un lado, en acudir al capital dinero autónomo que permanece en la esfera de la circulación. Pues bien, desde 1995 a 2000, la inversión neta en capital fijo de las empresas estadounidenses aumentó en 321.000 millones de dólares, mientras que el endeudamiento empresarial se disparó hasta alcanzar los 2,472 billones de dólares . Así, entre 1995 y 2000, por cada dólar añadido a una inversión adicional en capital fijo neto, las empresas norteamericanas han contraído 7,7 dólares de deuda. Según el Centro cubano de Investigaciones de la Economía Mundial (CIEM), a fines de 2001 las obligaciones contraídas por las empresas norteamericanas superaban el 100 por ciento del PIB estadounidense, es decir, más de 10 billones de dólares. Cierto, semejante desproporción entre las deudas contraídas y la riqueza creada, significa que buena parte del recurso al crédito de las empresas americanas, está siendo destinado a la compra de empresas privadas y a la privatización de empresas estatales (en el caso de EE.UU. fuera del territorio nacional); o sea, al cambio de manos de fuentes de plusvalor, a la centralización de los capitales, no a la reproducción ampliada del capital global para la creación de más plusvalor. Pero no es menos cierto que el saneamiento de personal, la reducción de capital variable que acompaña invariablemente a toda fusión privada y privatización de empresas estatales, redunda en un mayor aumento en la Composición Orgánica del Capital global y, por tanto, refuerza la tendencia al descenso en la tasa media general de ganancia. Y en este recurso al crédito para ampliar la escala de la producción, no sólo se está tirando hoy día de los recursos genuinos del sistema, del plusvalor pretérito bajo la forma de capital dinerario en barbecho constituido por los fondos de amortización del capital fijo, sino del salario ya percibido bajo la forma de ahorros personales y familiares, y hasta de los fondos de pensiones "en poder" de los asalariados activos, cuyo futuro confían a la supuesta solvencia de grandes compañías que luego entran en quiebra, como es el caso del gigante energético Enron, o la compañía de telecomunicaciones WorldCom, involucrada en el más reciente escándalo corporativo del país: <> (© CONTACTO Magazine 28/07/02) Esta movida supone resucitar trabajo necesario muerto -buena parte de él teóricamente destinado al mantenimiento de los futuros jubilados-, para convertirlo en plusvalor absoluto adicional completamente al margen del aumento en la productividad. Algo así como si, "post festum", se extendiera la jornada laboral media más allá de sus límites físicos tolerables: <> (Claude Serfaty: "Wall Street, el capital financiero y sus efectos devastadores": http://www.herramienta.com.ar/13/13-2.html) En este punto se podrá objetar que, de este modo, el supuesto límite infranqueable de la jornada laboral media no se corresponde con la realidad, porque a instancias del dinero en su carácter de representante universal del valor -que borra sus correspondientes referentes materiales permitiendo malversar su uso- el capital tiene capacidad para extender el trabajo necesario y convertirlo en excedente. Pero al no ser directamente plusvalor, este salario pretérito no se contabiliza en el numerador de la tasa de ganancia, sino en el denominador, en concepto de capital invertido. Es un poder de compra que complementa al insuficiente plusvalor obtenido para ampliar la producción de más plusvalor a instancias de la compra adicional de medios de producción y fuerza de trabajo viva. Por lo tanto, no anula la tendencia al derrumbe, sólo aleja el horizonte de su cumplimiento; porque no puede evitar que el plusvalor siga aumentando menos que el capital invertido. Nadie puede vender sin que otro compre por su equivalente. Pero la existencia del dinero como equivalente general y medio universal de cambio, permite que nadie necesite comprar por el hecho de haber vendido. El dinero escinde la unidad económica interna entre la compra y la venta, autonomiza estos actos que no son autónomos sino interdependientes el uno del otro. Sin embargo, si el dinero hace que esta autonomización interna -entre las ventas que no son inmediatamente correspondidas por equivalentes compras- se prolongue, se presenta inevitablemente la crisis de realización, que al mismo tiempo es una crisis de superproducción. Por lo tanto, estas formas de las metamorfosis mercantiles M-D (...) D-M relativamente autonomizadas en el tiempo a instancias del dinero en la esfera de la circulación, sólo constituyen la posibilidad de las crisis, porque su necesidad, lo que hace que las crisis efectivamente se produzcan, se realicen, está en la esfera de la producción, en la contradicción entre la tendencia del capital global como capital dinero a comprar y acumular más valor, que el que la masa decreciente de plusvalor producido permite vender para seguir acumulando. Así, esto de comprar a crédito más valor que el plusvalor contenido en lo que se vende, no puede prolongarse por mucho tiempo. Y aquí interviene la tasa de interés. Se puede financiar la producción de plusvalor a crédito cuando la tasa de ganancia es, por ejemplo, del 20% y la tasa de interés del 12%. Pero dado el más rápido crecimiento de la acumulación que el incremento del plusvalor, si la tasa de ganancia baja al 15% mientras merman las fuentes de crédito y la tasa de interés sube al 18%, la reproducción ampliada se torna imposible y la desvalorización del capital acumulado se hace presente tras el "crack" del proceso productivo. l) Conclusión "Por sus frutos los conoceréis", decía Jesús de Nazaret a sus discípulos refiriéndose a los falsos profetas. La que acabamos de exponer, es una manera de demostrar empíricamente, por sus resultados, que la propensión al aumento más que proporcional de la Composición Orgánica del Capital respecto del plusvalor -fundamento de la tendencia decreciente de la tasa de ganancia a escala mundial- está debajo de lo que las magnificencias del capital prometen siempre antes de que la masa de plusvalor obtenido después de cada incremento de capital, sea inferior a la obtenida antes de ese incremento, y la crisis de desvalorización ajuste las cuentas con esta tendencia a la sobreacumulación absoluta. Al margen de estas crisis de desvalorización periódicas, a medida que las fuerzas productivas recortan cada vez más la parte del trabajo necesario todavía convertible en plusvalor, y que el fenómeno de la trasnacionalidad del capital deja en un segundo plano a los antiguos Estados nacionales, la contradicción interimperialista se expresa cada vez más en términos de colisión de intereses entre unas pocas grandes fracciones del capital internacional agrupados en Estados multinacionales, que trascienden la competencia económica pacífica y dan pábulo a nuevas conformaciones más o menos violentas entre esos agrupamientos. (Cfr: http://www.nodo50.gpm/1pac.htm) Al mismo tiempo, el achicamiento del plusvalor relativo que queda por capitalizar, debilita la base material de la pequeñoburguesía, así como los salarios diferenciales que hasta ahora han venido dando sentido económico a la aristocracia obrera, de modo que ese bloque social interclasista cuya función histórica de cuña ideológica y política al servicio de la conciliación de clases, fue hasta ahora perfectamente funcional a la continuidad de la reproducción ampliada del capital en situación de crisis abierta, al ir desapareciendo su base económica, la ley del valor también lo vacía socialmente y opera su trasvase hacia el polo dialéctico del proletariado, que no sólo tiende a fortalecerse numéricamente ratificando su condición de mayoría absoluta de la sociedad, sino en términos de homogeneización salarial y, por tanto, ideológica y política. ¿Qué hacer, dejamos que la humanidad deba pasar por los dolores de un parto socialista que suponga otra catástrofe bélica mundial hasta que el "viejo topo" deje sin sentido a los frentes populares, o dedicamos nuestra vida a combatir esta lacra ideológica y política para unificar al proletariado en torno a la teoría revolucionaria? Tal es el supremo valor ideológico y la trascendencia política de la teoría de la tendencia decreciente de la tasa media de ganancia en estos momentos. POSIBILISMO REAL DEL PROLETARIADO ANTE LA NECESIDAD HISTÓRICA DEL SOCIALISMO Transcripto de: http://nodo50org/gpm/8vacaslocas.htm a) De la anarquía capitalista de la producción a la planificación socialista Dado que lo que motiva el comportamiento de los patrones capitalistas bajo este sistema social no son las necesidades sociales sino la ganancia, aun cuando jamás se producen demasiados medios de subsistencia para satisfacer las necesidades de toda la población, la tendencia dominante es a producir en exceso respecto de los demandantes con capacidad de pagar por ellos. Tal es la contradicción despilfarradora del capitalismo, el agujero negro por el que numerosos patronos capitalistas son periódicamente arrastrados hacia el sumidero de la ley del valor junto con sus asalariados. El móvil de la ganancia provoca el divorcio entre la producción y las necesidades sociales, generando un proceso en el que la previsión y el necesario control predeterminante de lo que se produce y cómo, son pautas por completo ajenas al sistema y, por tanto ausentes en él, donde es el mercado el que se encarga de corregir, "a toro pasado", las consecuencias económicas y sociales de los desajustes periódicos entre producción y consumo. Esta anarquía de la producción resultante del divorcio entre los distintos productores y de la producción global resultante respecto del consumo de la sociedad, está en la raíz no sólo del despilfarro permanente de trabajo social sino de la manipulación dolosa más o menos inconsciente de la naturaleza y de las consecuentes noxas o daños a la salud de los consumidores, siendo la causa última de crisis periódicas de efectos sociales y humanos cada vez más catastróficos. b) Centralización de los capitales y socialización objetiva del trabajo De estas premisas y consecuencias reales del capitalismo, surge lógicamente la necesidad objetiva de implantar en la sociedad el control predeterminante de lo que se produce y cómo. Pero esto supone subvertir las condiciones sociales en que se produce bajo el capitalismo, restaurando el vínculo histórico-natural entre producción y necesidades sociales , convirtiendo la propiedad privada sobre los medios de producción en colectiva, lo cual supone la histórica supresión del trabajo asalariado. Y como es natural y comprensible, los prejuicios sociales de "la objetividad mecanicista en que se atrinchera la voz de la costumbre", dicen que esto es imposible y, por tanto, utópico. La experiencia de lo que pasó por ser socialismo en la ex URSS y demás países del llamado "socialismo real", con su lastre histórico de atraso tecnológico ligado al desorden económico, la penuria relativa de las mayorías y los privilegios de la burocracia dominante, abonan sin duda esta creencia. Toda producción social genérica, es decir, independientemente del sistema social de vida imperante, se lleva a cabo mediante los llamados factores de la producción. Estos factores son: el trabajo (FT) y el conjunto de maquinas herramientas, edificios, materias primas y auxiliares (combustibles, lubricantes, etc,) o sea, los medios de producción (MP) a través de los cuales se lleva a cabo todo proceso de trabajo. El producto material de este proceso resulta de la articulación entre FT y MP, en tanto que el progreso de la fuerza productiva del trabajo se determina mediante la relación positiva creciente entre MP y FT, esto es, por la creciente capacidad de la fuerza de trabajo individual FT para poner en movimiento mayores y más eficaces medios de producción MP, lo cual se traduce en una mayor riqueza material a disposición de la sociedad. Esto implica que el empleo de los factores de la producción durante cada proceso de trabajo, además de reproducir o reponer el desgaste de los factores de la producción, tenga capacidad para crear una creciente masa de riqueza excedente. A este progreso material de la vida social se le llama también "reproducción ampliada" En la sociedad capitalista, donde no se produce sólo para crear riqueza material sino valores y no sólo valores sino ante todo plusvalor o ganancia, los factores materiales de la producción se traducen en distintas magnitudes de valor-capital empleado o invertido -donde MP se convierte en C (capital constante), FT en V (capital variable o salario)- para la producción de riqueza excedente bajo la forma capitalista de plusvalor Pl. Ahora bien, si como es cierto que el progreso de la fuerza productiva se mide por la relación crecientemente positiva MP/FT, lo cual supone que una parte creciente del trabajo que excede al necesario para reponer los factores de la producción en funciones se destina a fabricar más y mejores medios de producción, bajo el capitalismo esto se traduce en que una parte relativamente mayor del trabajo excedente apropiado por la burguesía bajo la forma de capital adicional o plusvalor obtenido en cada rotación del capital social global, se invierta en capital constante C en detrimento de la ampliación de la plantilla de personal asalariado o inversión en capital variable V. Y según crece históricamente la relación MP/FT, cuya expresión de valor es C/V o composición orgánica del capital, el mínimo de capital en funciones por cada empresa compatible con la tasa de ganancia aumenta en el marco de un recrudecimiento de la competencia intercapitalista, lo cual acelera la centralización de los capitales y la consecuente socialización objetiva del trabajo. c) ¿Qué es y en qué consiste la socialización objetiva del trabajo? Se trata, en primer lugar, de una interdependencia creciente entre los distintos procesos de trabajo en un principio aislados los unos de los otros por diversos productores privados que desaparecen para dar lugar a grandes complejos industriales de tipo oligopólico, así como entre las opciones de inversión productiva y las cantidades y calidad de los productos resultantes de dichos procesos productivos que finalmente son consumidos. En el siglo XIV, esta interdependencia afectaba a unos cientos de personas de la población media en un país de Europa o Asia, mientras que hoy compromete a millones de personas. Cuando aumenta el desarrollo de la fuerza productiva del trabajo y la industrialización progresa bajo el capitalismo, el mercado deja de determinar la producción de parcelas crecientes del proceso global de trabajo en la sociedad, que así pasan cada vez más a estar en función de la organización planificada de la producción predominante en un número creciente de grandes empresas. Con el aumento de la masa de capital en funciones en cada empresa, mayor es la escala y el volumen de la producción de diversos productos resultante de la planificación en el seno de una sola empresa. Con la aparición del capitalismo monopolista, el plan se extiende de fabricas que producen distintas mercancías a la empresa propietaria que centraliza las decisiones de inversión en cada una de esas fábricas y la cantidad y calidad de los productos a fabricar en cada una de ellas según un plan de producción global para la empresa. En la época de las sociedades multinacionales, el plan se hace internacional y afecta en el terreno jurídico a numerosas y diversas empresas de distintas ramas de la producción social. La consecuencia a largo plazo de este proceso en el capitalismo tardío, es una reducción drástica del trabajo social asignado por el mercado capitalista en relación a la creciente asignación directa por las grandes empresas. La causa de este cambio radica, como acabamos de explicar, en la lógica interna del capitalismo, en su dinámica propia de acumulación, competencia y aceleración de la unidad y centralización de los capitales incluso a escala internacional. Por ejemplo: cuando la Empresa multinacional Renault produce las piezas sueltas de sus camiones en una de sus factorías A, en otra B procede a unir mecánicamente esas piezas de las que resultan las autopartes, y, finalmente, en otra C realiza el montaje, el hecho de que el ordenador que calcula los costes parciales de forma minuciosa elabore seudofacturas que acompañan respectivamente al transporte de las piezas sueltas de A a B, y de ésta última los componentes a C, esto no quiere decir que la fábrica A venda las piezas sueltas a B y ésta las autopartes a C. Aquí no hay intercambio sino simple traslado, donde no es el mercado -sino el objetivo planificado de la producción de camiones dentro de la Renault- lo que determina la asignación de factores o recursos productivos para el número de piezas sueltas y autopartes que deben ser fabricadas con arreglo a ese plan. Estas factorías A y B no pueden "quebrar" porque "suministren" demasiados productos parciales a la factoría C que los monta. Obviamente, grandes empresas multinacionales, que, independientemente las unas de las otras planifican su producción en gran escala, fabrican y compiten entre sí para vender sus productos terminados a consumidores productivos, como la Renault, la General Motors o la Volkswagen, hay muchas en otras muy diversas ramas de la industria; cada una con un plan de producción particular decidido por una pequeña elite de directivos. Cuanto mayor es la masa de productos resultantes de esta socialización objetiva del trabajo en un mayor número de grandes empresas, aunque concentrada en relativamente menores puntos de compra-venta la anarquía de la producción persiste y se vuelve potencialmente más explosiva, por esto y porque la fusión del gran capital con el Estado determina en muchos casos que el volumen de la producción de estas empresas no dependa del mercado sino de decisiones políticas. De este modo, el divorcio entre producción y consumo sigue regimentando el proceso global del trabajo social, dado que la socialización objetiva del trabajo en las grandes empresas, se limita a planificar la producción de bienes intermedios que no llegan al consumidor final sino como partes de un todo. d) La socialización objetiva del trabajo supone la asignación irracional de los recursos Es necesario aclarar que este tipo de planificación al margen del mercado, pero que, en última instancia, está en función de él, no implica una asignación científica de los recursos productivos y nada tiene que ver con el desarrollo humano. En el caso concreto de los automóviles, por ejemplo, la asignación de recursos dedicados a esta industria, es una variante más de la cultura autotanática determinada por el capitalismo. En 1996, el National Safety Council de Estados Unidos ha hecho un estudio por el que se concluye que el capital invertido en la fabricación de automóviles está en la causa indirecta de muerte de más estadounidenses que el total de víctimas en todas las guerras que ese país ha librado durante los últimos doscientos años. http://www.mit.edu:8001/people/howes/eco/car.htm Según el reporte de Lola Zato publicado en la edición de "Diario 16" del 30/07/94, en el lapso de 25 años contando a partir de 1970, murieron en accidente de carretera un número de ciudadanos americanos mayor que el que suman los que murieron en las dos Guerras Mundiales, en la de Corea y en la de Vietnam. Esta causa de muerte que peso sobre los magnates que sacan provecho de ella en contubernio con los Estados capitalistas que la promocionan de modo prioritario, refuerza sus letales efectos en razón de que, para solventarla, se retrae gran parte de los limitados recursos disponibles en el mundo que, de otro modo, podrían destinarse a la investigación científica para la curación de numerosas enfermedades de las que todavía no se sabe siquiera su etiología. El contubernio genocida entre los capitales oligopólicos de la industria automotriz con todos los Estados capitalistas del mundo, se hace evidente por el hecho de que los automóviles son máquinas paradójicamente construidas con capacidad de alcanzar velocidades tan altas, peligrosas e insensatas, que resultan necesariamente mortíferas y están penalizadas por todas las legislaciones del mundo. Sin embargo, estos mismos Estados nacionales que multan a los conductores por exceder la velocidad permitida en los códigos de circulación, al mismo tiempo subvencionan millonariamente la fabricación de automóviles capaces de superar holgadamente la velocidad prohibida. Semejante cinismo genocida sólo se explica por la lógica particular del capital en esta rama de la industria, que convierte la compra y el uso de automóviles en una fuente de acumulación de capital y de ingresos fiscales, lo cual explica el fenómeno de la fusión entre el gran capital y el Estado burgués, que Lenin atribuyó a la etapa imperialista o postrera del capitalismo. La socialización objetiva del trabajo típica del capitalismo tardío, pues, implica simplemente una planificación o asignación directa "ex ante", independiente de los resultados de la oferta y la demanda, opuesta a la clásica asignación por el mercado que se efectúa "ex post", es decir, dependiente de la realización o venta del producto. Pero sigue siendo, sin duda, una planificación irracional, porque, en última instancia, sus resultados dependen de las fuerzas incontrolables e impredecibles del mercado, y porque responde a los intereses de una minoría social opulenta. No obstante, es precursora de la planificación racional, para lo cual hay que convertirla en subjetiva o política, reemplazando al mercado por la democracia real de los productores-consumidores libres asociados. Quienes sostienen que la socialización subjetiva del trabajo es una utopía de imposible realización, debieran estar más atentos a las señales de la historia y tratar de ver un poco más allá de sus propias narices mercantiles. Percibirían, entonces, cómo palpitan en el vientre del capitalismo tardío las formas nonatas de la planificación socialista, que las fuerzas productivas del trabajo están pugnando por alumbrar. e) Necesidades ilimitadas Vs. jerarquía y autolimitación de las necesidades. Una de las objeciones que los partidarios del socialismo de mercado hacen a los que defendemos la planificación socialista, se afirma en el prejuicio burgués -compartido por el stalinismo- de que las necesidades de consumo son ilimitadas y su satisfacción exige un número ilimitado de productos. La conclusión es que el número de decisiones a adoptar excede las posibilidades reales de cualquier asociación democrática de productores. En su libro, "La economía del socialismo factible", por ejemplo, Alec Nove partió de esta premisa producto de su imaginación apocada por su alma de pequeño propietario: Cuanto mayor es el grado de desarrollo alcanzado por las fuerzas productivas de la sociedad, mayor es la masa de productos diferentes y, por tanto, mayor el número de decisiones alternativas posibles de asignación de recursos, que así se vuelven cada vez menos previsibles. Sobre esta idea gravita decisivamente una filosofía irracional escatológica de cuño religioso, inspirada en la maldición bíblica del Apocalipsis. En efecto: si es cierto que cuanto mayor es el dominio que la sociedad humana ejerce sobre la naturaleza, menor es su capacidad de prever y controlar racionalmente las decisiones que le conciernen como sociedad, lo único previsible es que se sucedan inevitablemente catástrofes como la Segunda Guerra mundial o amenazas de epidemias devastadoras como el SIDA, la EEB y demás pandemias asociadas a la difusión geográfica de materiales como el amianto, o de sustancias como el uranio y el plutonio, previsión que induce a esperar paciente y resignadamente la desaparición del género humano a plazo fijo. Al principio de la segunda parte de su libro, Nove dice que, en 1981, sobre doce millones de productos diferentes que por ese entonces existían en la URSS, de su desglose resultaban en conjunto 48.000 decisiones de planificación. De esa relación surgía un "producto medio" de 250 subproductos que, según Nove, no podían ser objeto de planificación sistemática a causa de la "maldición de la escala", debido a que "la información que habría que manejar para ello sería excesiva". En primer lugar, Nove parte de un cúmulo de bienes en una sociedad -como la soviética tras la muerte de Lenin- que ha alentado políticamente la idea de que, con el desarrollo de las fuerzas sociales productivas, las necesidades y los productos que las satisfacen se suman históricamente unas a otras en una progresión que tiende al infinito. Esto es falso. Una gran cantidad de datos empíricos sobre los hábitos de consumo de centenares de millones de personas en diversos países durante numerosos decenios, ha permitido comprobar q