Debate sobre la posición de Hebe de Bonafini
ante el 11 de setiembre del 2001

diciembre 2001

Compañeros:
El 11 de octubre pasado, la señora Hebe de Bonafini, actual presidenta de la organización "Madres de Plaza de Mayo, pronunció un discurso donde fijó posición política respecto de los atentados del 11 de setiembre en New York y Washington. Esta intervención generó un debate en el que hemos considerado un deber militante participar. Como lo hemos dicho más de una vez, e insistimos aquí, estamos en un periodo de la lucha de clases donde sigue prevaleciendo la confusión ideológica y la dispersión política y organizativa entre la masa de los trabajadores asalariados y su vanguardia amplia. Y dado que sin claridad de ideas políticas no puede haber unidad de acción eficaz posible, nosotros estamos por privilegiar la labor de contribuir a nuestro propio esclarecimiento y al de los explotados en general, presididos por el principio de que más que el trabajo por la unidad social para protestar buscando alternativas dentro del sistema capitalista, debe prevalecer la unidad en torno a las ideas políticas estratégicas comunes de ruptura con él. Para eso, para acabar con el negocio de la explotación de trabajo ajeno, es necesario empezar por luchar contra nuestro propio revoltijo ideológico y poner orden de clase en nuestras conciencias, único modo de acabar con la dispersión política y organizativa de los asalariados entre opciones más o menos reaccionarias, aventureras u oportunistas. En nuestra opinión, lo prioritario en esta tarea consiste en trabajar con la racionalidad revolucionaria y la palabra, para restar a esas organizaciones, de momento, la adhesión de los asalariados más honestos que dudan acerca de su ubicación política actual y quieren saber qué y cómo es el mundo en que viven para encontrar su lugar en él, porque han llegado a la conclusión de que con la sociedad pasa como en nuestro trabajo, que para transformar cualquier cosa con una finalidad determinada, es necesario conocer antes muy bien de qué está hecha esa cosa, además de saber con qué herramientas y cómo trabajar, para lo cual no es menos importante saber también cómo lo han hecho quienes nos precedieron históricamente, único modo de saber cómo lo están haciendo quienes hoy dicen estarlo intentarlo, de modo que, como en los tiempos de Marx y de Lenin, cada cual ocupe el lugar que le corresponde y desaparezca todo tipo de impostura ideológica y política. Tal es el criterio que solemos emplear para intervenir en los debates que nos parece necesario participar, y éste es el último de ellos. Presentamos en nuestra web los siguientes documentos:

  1. introducción
  2. Discurso de Hebe de Bonafini
  3. Carta renuncia a la Universidad Popular Madres de Plaza de Mayo firmada por Rolando Astarita y otros.
  4. Intervención de la Liga Socialista Revolucionaria (Argentina)
  5. Intervención del Grupo de Propaganda Marxista
  6. Carta de A. Marín polemizando con nuestra posición
  7. Nuestra contestación a A. Marín

"El 11 de septiembre sentí que la sangre de tantos caídos era vengada" Hebe de Bonafini

Hablo en nombre de las Madres, que somos la voz de nuestros hijos. Hablamos con su boca, miramos con sus ojos, latimos con su corazón. Cuántas veces nos dijeron qué era el capitalismo, qué era la represión, qué era EE.UU, cómo se formaban los militares para torturar. ¿Cuántas y cuántas veces lo escuchamos?.

Por eso cuando pasó lo del atentado y yo estaba en Cuba visitando a mi hija, sentí alegría. No voy a ser hipócrita, no me dolió para nada. No me dolió para nada, porque siempre digo en mis discursos, decimos las madres, que nuestros hijos serán vengados el día que el pueblo, algún pueblo sea feliz. Y creo que en el momento del atentado, un atentado sin ninguna declaración de guerra, alguien que declaró la guerra sin portaaviones, sin aviones, sin misiles, sino con el cuerpo, y no es muy fácil declarar la guerra con el cuerpo, por eso fue inesperado, porque tanta tecnología no le sirvió a EE.UU. Yo sentí que había muchos pueblos en ese momento que eran felices y sentí que la sangre de tantos en ese momento era vengada.

Aunque hablamos en contra de la venganza que quiere implementar Bush, este es otro tipo de declaración de guerra. Ahí no murieron pobres, no murieron poblaciones. No murieron viejos, nosotros vimos que en Yugoslavia bombardearon asilos de ancianos, bombardearon las refinerías, bombardearon los refugios.

Vimos los pedazos de personas en Irak, porque EE.UU bombardeó los refugios donde estaban los niños. La cifra es casi de 1.000.000 de niños muertos en Irak por los que queda en la tierra, por el hambre y además por la contaminación, esta cosa del uranio empobrecido, que dura años y años en irse. Lo vimos y lo sentimos y lo sufrimos, y nos duele, por supuesto que nos duele. Pero el día del atentado yo sentí que había hombres y mujeres muy valientes. Valientes, como una montaña de valientes, que se prepararon y donaron sus vidas para nosotros, tal vez para nuestros nietos, ni siquiera para nosotros. Declararon la guerra con sus cuerpos, manejando un avión para estrellarse y hacer mierda al poder más grande del mundo.

Y me puse contenta, por qué no. A algunos les parecerá mal. Cada uno evaluará y pensará. Yo no voy a ser falsa. Brindé por mis hijos, brindé por tantos muertos, contra el bloqueo, por todo lo que se me venía a la cabeza.

Brindé por los valientes. Brindé por los hombres que hicieron una declaración de guerra con el cuerpo. Una declaración de guerra inesperada para todos. Pero una declaración de guerra para algo que EE.UU no puede atacar porque no sabe a quién, ni cómo, ni dónde llegar. Afganistán no tiene ni escuelas, está todo destruido, viven en las ontañas, ¿qué van a bombardear? ¿A un hombre? Ahora tiene que empezar a retroceder, va a mandar portaaviones, barcos, aviones, todo ese poder inmenso, pero están muertos de miedo. Ese miedo que nos metieron a nosotros todo el tiempo, con la persecución, con la desaparición y con la tortura, ahora lo vive el pueblo norteamericano entero. Ese pueblo que se calló y aplaudió las guerras. Porque las guerras existieron porque el pueblo norteamericano las aplaudió. Si el pueblo las hubiera rechazado, las guerras no hubieran existido.

Porque los bombardeos de la OTAN, los bloqueos y los millones de niños que se mueren de hambre en este mundo, es culpa de este poder que los hombres con el cuerpo atacaron. Y todos lo sabemos, y no lo vamos a seguir repitiendo, porque los que estamos acá casi todos sabemos qué significa EE.UU. Cuando hablan del imperio, sí quieren dominar el mundo, y casi lo tenían amarradito, pero también todo lo que se hacía ahí en ese lugar, en esas dos torres, ahí se decidía todos los que nos íbamos a morir, a quedar sin trabajo, a masacrar, a bombardear. Ahí se decidía. Pero la propaganda es tan brutal, tienen tanto en sus manos, que como decían ellos mismos y ahí muchas agencias, los norteamericanos primero le mienten los poderosos a su pueblo, los gobernantes le mienten tanto, el pueblo se lo cree y después pueden hacer lo que quieren con lo que les cree el pueblo, como pasó aquí.

Como decía Viñas: nuestros hijos eran terroristas, y mucha gente se quedó callada porque pensó que estaba bien que había que matar a los terroristas, porque ¿si eran terroristas qué iban a hacer? Terrorismo. Entonces, nosotras éramos las madres de los terroristas. Se habló y se habló, y mucha gente dijo: no, pero ponen bombas. Sufrimos muchos años, nos costó mucha vida reivindicar a nuestros hijos como revolucionarios, ponerlos lo más alto posible, hacerles sentir al pueblo que dieron y entregaron sus vidas para un mundo mejor, para que nosotros podamos hablar, vivir, sostenerlos, defenderlos y seguir luchando. Eso es lo que hacemos en esta casa. Por eso cuando hoy Vicente me trajo un poema inédito del Che, porque el Che hacía poemas, yo decidí leérselos y ¿saben por qué? Porque el Che en este poema representa, en una persona, porque a veces hay que hablar de las personas, porque cuando uno generaliza hay que agarrar a algo.

El Che le dedica el poema a una mujer muy pobre, que sería una de estas mujeres que soñara con esto de las torres si las conocía, o tal vez en esa época todavía no existían, pero había ya algo en ella que la haría pensar "por qué me tocó esta vida"

VIEJA MARIA

Vieja María, vas a morir.
quiero hablarte en serio:
Tu vida fue un rosario completo de agonías,
no hubo hombre amado, ni salud, ni dinero,
apenas el hambre para ser compartida;
quiero hablar de tu esperanza,
de las tres distintas esperanzas
que tu hija fabricó sin saber cómo.
Toma esta mano que parece de niño
en las tuyas pulidas por el jabón amarillo.
Restriega tus callos duros y los nudillos puros
en la suave vergüenza de mi mano de médico.
Escucha, abuela proletaria:
cree en el hombre que llega,
cree en el futuro que nunca verás.
Ni reces al dios inclemente
que toda una vida mintió tu esperanza;
ni pidas clemencia a la muerte
para ver crecer a tus caricias pardas;
los cielos son sordos y en ti manda el oscuro,
sobre todo tendrás una roja venganza
lo juro por la exacta dimensión de mis ideales.
Muere en paz, vieja luchadora.
Vas a morir, vieja María;
treinta proyectos de mortaja
dirán adiós con la mirada,
el día de estos que te vayas.
Vas a morir, vieja María,
quedarán mudas las paredes de la sala
cuando la muerte se conjugue con el asma
y copulen su amor en tu garganta.
Esas tres caricias construidas de bronce
(la única luz que alivia tu noche)
esos tres nietos vestidos de hambre,
añorarán los nudos de los dedos viejos
donde siempre encontraban alguna sonrisa.
Eso era todo, vieja María.
Tu vida fue un rosario de flacas agonías
no hubo hombre amado, salud, alegría,
apenas el hambre para ser compartida,
tu vida fue triste, vieja María.
Cuando el anuncio de descanso eterno
enturbia el dolor de tus pupilas,
cuando tus manos de perpetua fregona
absorban la ultima ingenua caricia,
piensas en ellos... y lloras,
pobre vieja María.
¡No, no lo hagas!
No ores al dios indolente
que toda una vida mintió tu esperanza
ni pidas clemencia a la muerte,
tu vida fue horriblemente vestida de hambre,
acaba vestida de asma.
Pero quiero anunciarte
en voz baja y viril de las esperanzas,
la más roja y viril de las venganzas
quiero jurarlo por la exacta
dimensión de mis ideales.
Toma esta mano de hombre que parece de niño
entra las tuyas pulidas por el jabón amarillo
restriega los callos duros y los nudillos puros
en la suave vergüenza de mis manos de médico.
Descansa en paz, vieja María,
descansa en paz, vieja luchadora,
tus nietos todos vivirán la aurora,
LO JURO.

Discurso pronunciado en la clase especial y pública sobre la guerra imperialista, Universidad Popular de las Madres de Plaza de Mayo Madres de Plaza de Mayo

 

Critica al discurso de Hebe y renuncia
a la UPMPM de Rolando Astarita

En lo que sigue no me voy a referir a las consecuencias políticas e ideológicas -completamente perniciosas- del atentado del 11 de setiembre con relación a la clase obrera y la lucha de los oprimidos. Al respecto, hicimos un análisis que publica Debate Marxista N°3. Aquí me voy a limitar a criticar los argumentos presentados por Bonafini en su discurso en ocasión de la clase especial y pública "Sobre la guerra imperalista" de la Universidad Popular de las Madres de Plaza de Mayo

El razonamiento de Bonafini procede según los siguientes pasos: en primer lugar, identifica al capitalismo con Estados Unidos. Esto es, para ella el capital no es una relación social, sino un país, incluido su pueblo y todos los que viven en él. En segundo lugar, identifica la lucha contra el capital con la matanza de capitalistas, que, como ya dijimos, han sido identificados con los habitantes de Estados Unidos; de ahí que diga que el 11 de setiembre "no murieron pobres" sino "enemigos". En tercer término, identifica a los enemigos del capitalismo con los "pueblos" que se alegran por la muerte de los estadounidenses.

Sobre esto - y su ideal de "venganza", que trato luego- Hebe Bonafini construye su apología del ataque del 11 de setiembre, explica su brindis y su alegría por lo ocurrido.

Estos razonamientos se expresan desde pretendidas posiciones socialistas y progresistas. Pero no tienen nada que ver con el socialismo. En primer lugar, porque jamás el socialismo planteó que la superación del capitalismo consiste en matar burgueses. Mucho menos que consistiera en matar al conjunto de las poblaciones que viven en los países capitalistas más poderosos. Para el socialismo, la superación del capitalismo implica la abolición de la propiedad privada del capital; en absoluto es sinónimo de la desaparición física de los capitalistas. Pero además, para la concepción socialista se trata de una lucha que realizarán las masas explotadas, que por eso mismo deberán independizarse y diferenciarse de los líderes y regímenes explotadores, sean éstos capitalistas o precapitalistas. Por lo cual el socialismo jamás podría confundir a Ben Laden con un revolucionario, ni a un régimen como el de los talibanes con el "progreso y la civilización".

En segundo lugar, porque el socialismo jamás ha defendido la matanza indiscriminada de personas. En este respecto, somos conscientes de que la revolución socialista no será un camino de rosas. La idea de la transformación pacífica de la sociedad capitalista en socialista es una utopía, como lo demuestran trágicamente las experiencias de Chile, Indonesia y tantas otras. Cuando los pueblos quieren tomar su destino en sus manos, enfrentan invariablemente la más violenta de las represiones, y deben responder con los medios necesarios. Pero las acciones de este tipo serán adoptadas en tanto sean imprescindibles y serán limitadas a objetivos precisos. En esto rescatamos el enfoque con que Marx analizó y defendió en su momento el empleo de la violencia por parte de los Comuneros del París insurrecto de 1870-71, y el abismo que los separaba del proceder de sus verdugos. Marx destacaba que los Comuneros fusilaron rehenes sólo después de que la burguesía se negara repetidas veces a avenirse a un canje de prisioneros y sólo cuando se vieron acorralados y atacados por todos los frentes. E incluso en esa instancia las muertes fueron limitadas. Nunca la Comuna se propuso la muerte a mansalva ni la tortura de prisioneros. Por contrapartida, la muerte indiscriminada fue el proceder y la política de la burguesía, ávida de aplastar en sangre la rebelión de los trabajadores. Fue la burguesía la que sí asesinó "en masa a sangre fría", la que demostró "desdén en la matanza para la edad y el sexo" e "indiferencia ante la matanza de personas completamente ajenas a la contienda" (los entrecomillados son de Marx). Una manera de actuar que se repitió en todas y cada una de las grandes represiones de la burguesía contra las masas explotadas. Que se manifiesta también en la indiferencia que tienen el Gobierno de Estados Unidos y todos los que lo apoyan para matar indiscriminadamente en Afganistán, en Irak, en Sudán y en tantos otros lugares. Pero, insistimos, éstos no son los métodos de la lucha obrera y socialista que reivindica el marxismo. Porque no nos colocamos a la altura de esos carniceros sin límites es que no somos indiferentes "ante la matanza de personas completamente ajenas a la contienda", ni nos alegramos o brindamos por lo ocurrido en las Torres y por la suerte corrida por los pasajeros de los aviones estrellados.

Bonafini también afirma que el ataque del 11/09 constituye una "venganza" por los desaparecidos y torturados, por los oprimidos y atacados por el imperialismo. "Vengar" significa causar daño a personas como respuesta a un ataque recibido; es "pagar con la misma moneda" para sacarse una espina y tomar revancha.

Pues bien, hay que decir que el objetivo del socialismo no es la "venganza". Para aclarar este punto, sigamos hasta el fin esta lógica de la "venganza": implica que si el enemigo tortura, nosotros torturaremos; si el enemigo secuestra, nosotros secuestraremos; si el enemigo explota, nosotros explotaremos a los antiguos explotadores cuando "la tortilla se dé vuelta". O sea, reproduciremos toda la mierda de esta sociedad, punto por punto, en cuanto tengamos el poder para hacerlo. En conclusión, postularíamos una nueva sociedad burocrática y represiva. Esta es la matriz de todo stalinismo, éste es el camino más rápido para llegar a los campos de concentración "en nombre del socialismo", a las torturas de los opositores "en nombre del socialismo", a las muertes masivas perpetradas por los Khmer rojos "en nombre del socialismo".

Nada de esto es socialismo. Una vez más, nuestra "venganza" será acabar con la explotación, con la miseria, con la humillación y el agravio de miles de millones de seres humanos, acabando con la propiedad privada de los medios de producción. Lo que, por supuesto, es muy distinto a querer matar gente y destruir edificios por "venganza".

Pero hay más. Hebe Bonafini exalta el peor de los nacionalismos. Hace culpable a todo un pueblo, el norteamericano, porque "calló y aplaudió las guerras" y afirma que las guerras existieron "porque el pueblo norteamericano las aplaudió". Conclusión, las guerras son culpa colectiva de un pueblo. Una vez más, el sistema capitalista es absuelto, en la particular explicación "socialista" de las guerras de Bonafini (¿y acaso pretende también que todas las guerras desde el siglo 16 en adelante fueron culpa del pueblo norteamericano?). Como también son librados de toda responsabilidad los gobiernos y regímenes burocráticos, no capitalistas (¿la guerra entre Camboya y Vietnam fue culpa del pueblo norteamericano? ¿la guerra de los soviéticos en Afganistán?). Las contradicciones sociales y económicas que llevan a los conflictos armados entre países son dejadas de lado, porque lo que importan son las culpas de los "pueblos". Pero siguiendo con este razonamiento, debería señalarse como culpables colectivos por crímenes de guerra a los pueblos de todos los países industrializados. ¿No sería entonces progresiva una guerra bacteriológica en gran escala, que acabe de una buena vez con todos esos "culpables"?

Pero además, una característica de todo nacionalista es que limita sus argumentos "al otro", y no mira hacia "su" pueblo. Como no nos atan los prejuicios nacionalistas, aplicaremos la argumentación de Hebe Bonafini a los argentinos. ¿Acaso no fue Argentina agresora de Paraguay, país al que desvastó de la manera más brutal? ¿No fueron argentinos los que exterminaron a las poblaciones indígenas autóctonas? ¿No fueron argentinos los que protegieron a los peores genocidas de la historia, los nazis refugiados después de la guerra? ¿No fueron argentinos los que aplaudieron al gobierno que protegía a esos asesinos? ¿No son argentinos los que honran la memoria de los genocidas de los indígenas o de los paraguayos? ¿No son argentinos los que votaron por el gobierno que apoyó los ataques de Estados Unidos a Irak y su bloqueo? ¿No son argentinos los que discriminan -masivamente- a bolivianos, peruanos y a gente de raíz indígena? Conclusión, el pueblo argentino de conjunto es culpable. Por lo que es hora de brindar por nuestra propia muerte colectiva.

Ni hace falta señalar que todo esto no tiene nada que ver con las concepciones socialistas.

Pero lo más lamentable es que Bonafini repite así la lógica del enemigo, que criminaliza pueblos, culturas, colectividades enteras (como se hace a diario en los grandes medios). Es la forma de razonar también de los regímenes retrógrados de Medio Oriente, de los talibanes y de Ben Laden. La coincidencia en el método (matanza indiscriminada) tiene su sustento en la coincidencia en la exaltación del odio nacionalista. El programa de este "progresismo" se reduce así al castigo de pueblos enteros, declarados "culpables" ante el inapelable tribunal de la historia en que se han erigido Ben Laden y todos los que lo apoyan, por un lado, y Bush y todos los que lo apoyan por el otro. Una vez más, ya no como socialistas, sino como simples partidarios del progreso humano, no tenemos nada que ver con esto.

Por último, Bonafini se atribuye ser la voz de los desaparecidos. "Somos la voz de nuestros hijos", dice en su discurso, comprendiendo por "nuestros hijos" el colectivo de los compañeros desaparecidos. En este punto, hablo de manera muy personal como ex-detenido desaparecido. Hasta ahora nunca lo había hecho, pero me siento impulsado a hacerlo porque hay cosas que superan todo lo tolerable. Hablo para decir que, habiendo sido torturado por las fuerzas de la represión, jamás me planteé como objetivo la venganza personal, ni aplicar el "ojo por ojo y diente por diente" a mis torturadores. Mi "venganza" sigue siendo la lucha por una sociedad sin clases, no por reproducir lo podrido y brutal de esta sociedad en el cuerpo de otros. Pero, en segundo lugar, y por encima de lo personal, afirmo esto en nombre de amigos y compañeros de militancia que desaparecieron: ninguno de ellos expresó -por lo menos hasta el momento de su desaparición- las ideas que hoy Bonafini se cree autorizada a verter en su nombre. Más en general, y con todo el respeto que merece la trayectoria y la lucha de Hebe Bonafini, estoy convencido de que nadie tiene el derecho, por más que haya luchado por los derechos humanos y por más que haya sufrido, a hablar en nombre de tantos compañeros, que por lo demás tuvieron posiciones bastante diversas y hasta opuestas en muchos respectos. Si Bonafini asegura que no es "falsa" y que dice lo que piensa, tampoco como socialista tengo "pelos en la lengua" para decir lo que pienso. Y lo que pienso es esto: es hora de que cada cual hable por sus propias posiciones o las de la tendencia política a la que pertenece. Que nadie pretenda encumbrar sus opiniones con el supuesto manto de autoridad que da el sacrificio de los compañeros desaparecidos. Lo considero un procedimiento inaceptable que, por otra parte -y una vez más- me recuerda las peores prácticas stalinistas.

En vista de todo lo anterior, es necesario concluir que estamos ante divergencias que atañen a los principios mismos de las concepciones socialistas que defiendo. Mi colaboración y participación en la Universidad de las Madres se realizó en tanto creía que había una base común, en objetivos y pensamientos sociales, a pesar de diferencias de enfoques en muchos aspectos de política o táctica. Es claro, además, que el carácter de nuestra participación en la Universidad (que no es asimilable a la participación en cualquier otra institución de enseñanza) implica necesariamente compartir esa base. La posición de Hebe Bonafini que acabo de examinar -apoyada por las más altas autoridades de la Universidad- elimina ese terreno común sobre la que creía apoyar mi colaboración. Por esta razón, y en tanto no se rectifiquen estas posturas que acabo de criticar, he decidido dejar de dictar clases en la Universidad de Madres de Plaza de Mayo.

 

Rolando Astarita

16 de octubre de 2001

Adhieren a los términos de esta carta, y también dejan de dictar clases en la UPMPM los docentes, integrantes de la cátedra, Victoria Ugartemendía y Octavio Colombo.

Hebe es Hebe y Verbitsky es Verbitsky
Más allá de discrepancias políticas, errores y/o tergiversaciones
Estamos junto a Hebe de Bonafini

En medio de la sostenida masacre que Estados Unidos está llevando a cabo sobre el pueblo de Afganistán, cuando proliferan los bombardeos "por error" sobre hospitales y depósitos de medicinas y alimentos, Horacio Verbitsky ha montado una verdadera "cruzada" criolla. No encaramos esta nota "en defensa de Hebe", porque Hebe de Bonafini no necesita defensores. Sus 25 años de trayectoria dan sobrado testimonio de su intransigente conducta enorgullecedora: completamente condenable para el sistema de explotación y sus defensores (incluidos quienes le piden que siga matando, pero sin hacer ruido o, lo que es lo mismo, le piden al capitalismo que "se humanice"). Lo que sí creemos necesario, es aportar nuestro punto de vista acerca del porqué de este nuevo ataque contra la presidenta de la Asociación Madres de Plaza de Mayo y su Universidad Popular. Es sabido que una guerra o, mejor dicho en este caso, un ataque militar unilateral, no se libra sólo con balas. (No es éste el terreno en que la principal potencia armada del planeta necesite apoyo.) Se necesitan operativos de prensa que los justifiquen, pretextos más o menos aceptables para la opinión pública mundial, maniobras distractivas que desplacen la atención del escenario de la masacre desviándola hacia otro lado y, sobre todo, dividir y confundir las fuerzas del "enemigo" (en este caso, los pueblos explotados por su dominio), lo que incluye desprestigiar y sembrar desconfianza en las figuras más relevantes que se le oponen y que puedan ser un punto de referencia en su contra. Es obvio que para estos servicios, de poco sirven los agentes uniformados. Por el contrario, los empleados por excelencia se reclutan en las filas del llamado "progresismo". Ese es el caso del eficiente Horacio Verbitsky. Como parte de su "misión", Verbitsky ha apelado a innumerables citas de los más destacados dirigentes del marxismo revolucionario: Lenin, Trotsky, Bebel, la Primera y la Tercera Internacional. Verbitsky, ex miembro de la organización peronista Montoneros (obviamente, no trotskista), parece haberse convertido en un fanático seguidor de Trotsky en la medida que le resulte de utilidad para su cruzada antiBonafini. Así, publica: "Una huelga, incluso de poca importancia, tiene consecuencias sociales: aumento de la confianza en sí mismos de los trabajadores, fortalecimiento de los sindicatos e incluso, a menudo, mejoras de la tecnología de producción". En honor a la verdad, debemos reconocer que Verbitsky sí ha dado muestras de haber comprendido a la perfección esta dinámica de la huelga descripta por Trotsky. Durante los días 3 de abril al 12 de mayo de 1995, los trabajadores de Página/12 mantuvieron un paro por tiempo indeterminado en reclamo de la restitución a los puestos de trabajo de 64 empleados, la abrumadora mayoría del personal permanente, que habían sido despedidos. Durante esos 40 días, el inefable Verbitsky escribió para todas las secciones del diario: si no escribió sobre las carreras fue sencillamente porque Página/12 no las cubre. Pero en todo lo que la empresa necesitó para sofocar el conflicto, allí estuvo la pluma de Verbitsky dispuesta a colaborar. Igual que en la guerra, en la huelga las patronales necesitan reclutar agentes a su servicio en contra de los trabajadores, vulgarmente conocidos como "carneros" (o crumiros, o esquiroles, para usar términos de los tiempos de la Primera y la Tercera internacionales que Verbitsky se ha hecho adicto a citar). Hoy Verbitsky afirma que "la Fundación Ford […] sí financia algunos programas del Centro de Estudios Legales y Sociales. Por ello sólo le debemos gratitud, no acatamiento a directivas o vetos que nunca fijó y que no aceptaríamos. […] No sólo no cobro. Por el contrario, aporto". Hoy, como ayer, Verbitsky ofrece sus servicios a los explotadores y sus organismos. (Que no cobre por ellos, no mejora las cosas, sólo demuestra su vocación de servicio.) Y la Fundación Ford no necesita emitir directivas ni vetos: simplemente ayuda económicamente a aquellos organismos cuya política comparta. Desde las páginas del diario que lo ha consagrado como su "vedette", el carnero Verbitsky se ha propuesto embarcar a la sociedad en una versión local de la "guerra entre el Bien y el Mal" proclamada desde el Departamento de Estado norteamericano. Lejos de aportar claridad a la agresión desatada por los Estados Unidos –en una llamada "guerra" de un Estado contra un hombre (hecho inédito en la historia moderna) convenientemente demonizado– y más lejos aún de señalar la incoherencia de que se esté masacrando a un pueblo por unos atentados de cuyos posibles autores la potencia más importante del planeta no ha podido mostrar todavía una sola prueba que señale a algún sospechoso, el carnero Verbitsky quiere convencernos de que el gran peligro que enfrenta la Argentina es Hebe de Bonafini, por lo que debemos involucrarnos en "este debate ineludible" (Página/12, 28/10/2001). Para hacerlo, el carnero Verbitsky se ha tomado de algunos dichos de Hebe de Bonafini, los ha descontextualizado: "Mi única culpa es haber prestado atención a sus palabras, haberlas extraído del círculo cerrado en que se pronunciaron" (ídem). A partir de allí, se dedicó a estructurar el andamiaje constitutivo de un "nuevo demonio", justificatorio de la misión Bush y su encarnación del "Bien". (Una nueva versión de la "teoría de los dos demonios".) El carnero Verbitsky nos "esclarece" desde su primera nota ("La alegría de la muerte", Página/12, 10/10/1992, pág. 19): "…el incipiente movimiento impugnador [desde Seattle a Génova] recibió el 11 de septiembre el peor golpe posible. Es el pretexto que hoy están usando en todo el mundo, y también aquí, los interesados en reprimir cualquier forma de lucha popular y retringir el espacio de las libertades en aras de la seguridad". Sin embargo, lejos de actuar en función de la única lógica consecuencia que tendría ese hecho (trabajar para desnudar que sólo se utilizan los atentados como pretexto), el carnero Verbitsky monta una falacia en refuerzo del "pretexto": quiere convencernos de que los –reales o supuestos– dichos de Hebe de Bonafini serían justificatorios de la ofensiva represiva que se prepara en el país. ¿O es acaso que el carnero Verbitsky, en su ilimitada confianza en los explotadores, cree que el imperialismo no haría la guerra si se hallase desprovisto de "pretextos"? Más aun, ¿es tanta la fe del carnero Verbitsky en sus amos que los cree incapaces de fabricar pretextos si le hicieran falta?, ¿jamás pondría en duda la responsabilidad de los propios servicios de inteligencia y del Pentágono en la sucesión de atentados del 11 de septiembre?, ¿se olvida de la intervención con 50.000 marines en la República Dominicana, con el pretexto de sofocar el "peligro comunista" que representaban los… 50 militantes comunistas de aquel país?, ¿da por cierto el hundimiento del submarino norteamericano en el Golfo de Tomkin, que sirvió de "pretexto" para la invasión de Vietnam?, ¿cree, honestamente, que si Saddam Hussein fuese un demócrata y no un dictador, Estados Unidos no bombardearía Irak?, ¿o piensa, tal vez, que el Plan Colombia está destinado a terminar con el tráfico de drogas y no a poner ese suculento negocio en manos norteamericanas?… Además de canallesco, el andamiaje argumental del carnero Verbitsky es francamente grosero. En su segunda extensa diatriba contra Bonafini ("Ser judío", Página/12, 28/10/2001, pág. 14), el carnero Verbitsky alerta: "No quiero decir nada que no haya meditado antes con cuidado y que no pueda expresar con respeto y sinceridad". Tomaremos dos aspectos de sus "meditaciones". En aras de justificar su "honorable" trayectoria, el carnero Verbitsky hace un raconto de las denuncias por él realizadas. Entre ellas incluye "…la intromisión castrense en cuestiones de seguridad interior que las leyes prohíben". Aceptando que lo dicho lo ha "meditado antes con cuidado", admitamos que el periodista-vedette-carnero nos deja en claro cuáles son los límites de su accionar como defensor de los Derechos Humanos: no aceptar la represión que no esté avalada por la ley… El proyecto Jaunarena, vendrá a resolverle muchos problemas de "¿conciencia?". Afortunadamente para la lucha por los derechos humanos en la Argentina, esos no han sido nunca los límites de Hebe de Bonafini. En otro tramo, el carnero presidente del Cels, alude a la actuación del general Brinzoni en relación con las acciones de hábeas data solicitadas a ese organismo. En su afán de descalificar a Bonafini ("…el tipo de ‘intelectualizaciones’ que la señora Pastor de Bonafini desprecia porque, como dice en el mismo reportaje, ella habla ‘desde la cocina’ "), el carnero Verbitsky dedicó largas parrafadas a explicarle que los problemas no pasan por intereses de individuos sino de clases sociales. Sin embargo, no es ésa su óptica a la hora de evaluar el papel de las Fuerzas Armadas: "El teniente Brinzoni trata de embarcar a todo el Ejército contra los posibles juicios cuando, en realidad, hoy sólo el 10% de la institución pudo haber tenido algo que ver con las violaciones a los derechos humanos […]. Brinzoni está tratando de arrastrar a una oficialidad joven que no tiene nada que ver, que es sana y que seguramente quiere llevar su uniforme con orgullo" (La Nación, 4/3/2001). Dejamos para el final la mayor estafa del operativo montado por este periodista-vedette-carnero, engañoso defensor de los derechos humanos (siempre y cuando la ley los tolere). Verbitsky articula todo su sermón en el supuesto antisemitismo de Hebe de Bonafini. Tras el escándalo desplegado en torno a una expresión oral, reproducida por la revista 3 Puntos como parte de la desgrabación de un extenso reportaje ("Yo creo que Verbitsky es un sirviente de Estados Unidos. Recibe un sueldo de la Fundación Ford y, además de ser judío, es totalmente pronorteamericano"), la edición de Página/12 del sábado 27 de octubre, en un recuadro de tapa, reproduce un comunicado de prensa, escrito, enviado por la Asociación Madres, donde dicen que no critican a Verbitsky "por ser judío sino por ser agente norteamericano. Cuando nuestra sede fue saqueada una y otra vez nos dejaron comunicados que decían ‘judías de mierda’. Siempre hemos respondido que, para nosotras, eso no es ningún insulto. Nos sentimos orgullosas de que nos digan judías". No obstante, Página/12 destina las páginas 14 y 15 de la edición del domingo a la ya citada diatriba "Ser judío". Con el método de "miente, miente, que algo queda", el carnero Verbitsky –engañoso defensor de los derechos humanos, siempre y cuando la ley no los prohíba– intenta una "desmentida" descalificatoria de la honestidad de Hebe de Bonafini esgrimiendo "como prueba" la cinta grabada con el reportaje realizado por 3 Puntos. Este falso condenador de todo aquello que la ley prohíba, se apoya en una grabación –que ni siquiera sería aceptada como prueba en un juicio ordinario contra un delincuente común– para condenar… a Hebe de Bonafini (aun pese a que ella envíe, por escrito, su posición al respecto). Hay un tramo, previo a los procesos judiciales, en que sí se utilizan las grabaciones como elementos de presión: las repudiables declaraciones tomadas en las comisarías. Este método, utilizado por la policía, el periodista-vedette-carnero pretende elevarlo por encima de la declaración escrita por Bonafini. Declaración que, por otro lado, es avalada por todos y cada uno de los pasos constatables en la trayectoria de un cuarto de siglo de la presidenta de la Asociación Madres de Plaza de Mayo. Una última reflexión: el carnero Verbitsky se ufana de haber dedicado su pluma a la denuncia de las torturas infligidas en la persona de Alejandra Bonafini, y de haberle dedicado uno de sus libros, entre otros, a Hebe de Bonafini… hace 15 años. Pero nada dice hoy, como nada dijo entonces, acerca de su silencio, compartido por la abrumadora mayoría de quienes hoy se suman a su infame campaña, cuando el Estado español tildó a Hebe de "terrorista" por su supuesto apoyo a ETA (basado en la relación con las madres de los presos de la ETA en España y el apoyo a sus reclamos), en razón de lo cual se le retiró todo apoyo económico a la Universidad Popular Madres de Plaza de Mayo ("la academia", al decir del carnero Verbitsky). Muy por el contrario, los artículos publicados el 10 y el 28 de octubre, forman parte de un operativo iniciado hace ya tiempo, pero que ha tenido un hito destacado en ocasión del último 24 de marzo, cuando el carnero Verbitsky dirigió, desde el Cels, la "contramarcha" que tenía un objetivo claro: hay que aislar a Bonafini, único referente masivo de una política independiente del Estado capitalista argentino y sus múltiples agentes, frente a la impunidad del pasado, del presente y la que se prepara para el futuro (es decir, para hoy). Con el agravamiento de la situación internacional, Estados Unidos (y sus explotadores aliados) necesita "alinear sus tropas" y "limpiar" el terreno de enemigos. A esa necesidad, responde el carnero Verbitsky. Como trotskistas, no necesitamos aclarar nuestra posición en torno al terrorismo, suficientemente ilustrada con los dichos de Trotsky citados por el carnero Verbitsky. Como trotskistas, nada nos une ni identifica con explotadores megamillonarios eventualmente enfrentados a los Estados Unidos (y prohijados por ellos), como Bin Laden. (No creemos que el enemigo de mi enemigo sea necesariamente mi amigo.) Como trotskistas, nada nos hermana con los explotadores, sean éstos de la religión, la nacionalidad, el color o la orientación sexual que sea, ni con sus agentes, pagos o ad honorem. Como trotskistas, luchamos por crear conciencia acerca de la necesidad de enterrar el orden capitalista, y no de reformarlo. Estamos a favor del fin de la explotación del hombre por el hombre. Y estamos de acuerdo con Marx en que esta tarea será obra de los trabajadores mismos. Todos éstos, ideales que nos hermanan con Hebe de Bonafini. Al nuevo adicto a la historia de las internacionales, le recordamos una de sus enseñanzas: "Un paso práctico vale más que cien programas". Innumerables pasos prácticos, nos han encontrado, codo a codo, transitando la misma senda de lucha contra la impunidad con Hebe de Bonafini. Innumerables programas políticos y/o problemas tácticos, han promovido discrepancias y han dado lugar, también hoy, a debates entre nosotros. Como trotskistas que somos parte de las experiencias de triunfos y derrotas del movimiento obrero a lo largo de más de un siglo de luchas, al rengo preferimos verlo caminar para saber de qué lado cojea. Hemos visto caminar a Horacio Verbitsky. Hemos visto caminar a Hebe de Bonafini. Y más allá de discrepancias políticas, errores y/o tergiversaciones, estamos junto a Hebe. Jorge Guidobono (29/10/2001) por Liga Socialista Revolucionaria

  ANEXO: La saga de Verbitsky tuvo cría

Un paréntesis sobre Rolando Astarita

A seis días de que Verbitsky pusiera en marcha el operativo antiBonafini, el 16 de octubre un grupo de 14 docentes de la Universidad Popular Madres de Plaza de Mayo, hicieron pública la renuncia a sus cargos. Entre ellos, un viejo conocido de las organizaciones militantes de la izquierda: Rolando Astarita.

Este personaje, que inició su actividad en las filas de la Federación Juvenil Comunista, pasó luego por Política Obrera (antecesor del actual PO), de donde emigró para integrarse al PST, incorporándose a su continuidad, el MAS (tras unos años de exilio en España), con el que rompió formando parte del proyecto que dio lugar a la conformación del actual PTS, de donde fue "expulsado" (según su propia versión) al poco tiempo. A partir de allí, se dedicó a recorrer los ámbitos universitarios ofreciendo su monocurso sobre algunos capítulos de El Capital, alrededor del cual nucleó a un pequeño grupo de ex militantes. En 1995 entró en contacto con nuestra organización, la Liga Socialista Revolucionaria (LSR). Esta relación se interrumpió abruptamente cuando constatamos, fehacientemente, que había desarrollado una labor de entrismo, como parte de un plan liquidacionista deliberado. Sobre estos hechos, la LSR emitió varios comunicados (publicados en los números 27 y 28 de nuestro periódico, Bandera Roja, 20/8 y 20/9/1997) que hicimos llegar, en su momento, a todas las organizaciones militantes de la izquierda y a diversos organismos políticos y sociales, alertando sobre el accionar de este nefasto personaje.

En uno de ellos, concluíamos: "Si el proceder de Garmendia (seudónimo utilizado por Astarita) sólo fuese producto de gruesos errores y cambiase completamente su actitud, adoptando un comportamiento honesto, leal y proletario, deberá dar muestras de ello durante un prolongado período".

Han pasado cuatro años desde aquellos días. Durante ellos, Astarita no desarrolló actividad política alguna y volvió a deambular por los claustros universitarios, recalando en la Universidad Popular Madres de Plaza de Mayo. Ahora, de la mano de Verbitsky, ha alcanzado una suerte de "estrellato" como el portavoz de los docentes renunciantes a sus puestos por "incompatibilidad de principios" con la "Dirección de la Universidad en relación a los atentados del 11 de septiembre". Curiosa conducta, si se tiene en cuenta que ninguna incompatibilidad de principios le impidió a Astarita –ni a su hermano Carlos– dictar clases en la Universidad dirigida por el eternamente reelecto rector radical, Shuberoff.

Con la soberbia que siempre lo caracterizó, Astarita escribe para la revista 3 Puntos: "…afirmo esto en nombre de amigos y compañeros de militancia que desaparecieron", para luego sentenciar (refiriéndose a Bonafini) que "nadie tiene el derecho […] a hablar en nombre de tantos compañeros". (Excepto él mismo, claro está.)

Utilizando el mismo método de amalgamas que le conocimos en su labor entrista en la LSR, Astarita escribe: "Bonafini afirma que el ataque del 11/9 constituye una ‘venganza’ […] Pues bien, hay que decir que el objetivo del socialismo no es la venganza. […] Hebe de Bonafini exalta el peor de los nacionalismos". Nos limitamos, frente a esto, a reproducir un tramo de las palabras de Bonafini recogidas en la misma edición de 3 Puntos: "No pongan en mi boca la palabra venganza. Acá no se trata de algo personal. Si no, las Madres ya habríamos salido a matar a Videla en vez de luchar como lo vinimos haciendo durante los últimos 24 años".

No sabemos cuál es el papel que desempeña Carlos Astarita, docente titular en la UBA, ni qué relaciones puedan tener ambos, o no, con los radicales. Sí coincidimos con Hebe cuando define a Rolando Astarita como un cobarde, ya que ése es el comportamiento que padecimos de su parte en la LSR.

Volviendo al texto de 1997 antes citado, lejos de mostrar un comportamiento honesto, leal y proletario, Astarita ha vuelto a dar muestras de su disposición a prestar servicios a los explotadores, por la vía de sembrar la confusión y adoptar actitudes liquidadoras de los organismos de lucha independientes del capitalismo y su Estado, que tan bien le conocimos.

L. Rubiales

Carta abierta a los miembros de
la Liga Socialista Revolucionaria de Argentina:

A través de Brodsky pudimos enterarnos de que, el 29 de octubre ppdo., en nombre del marxismo y más precisamente del trotskysmo, han participado ustedes en la polémica que se suscitó a raíz del discurso que Hebe de Bonafini pronunció en la Universidad Popular Madres de Plaza de Mayo, donde se refirió al atentado del 11 de setiembre ppdo.

Lo primero que hubieran debido hacer ustedes para poder hablar con autoridad moral en nombre de Marx, Lenin y Trotsky, es anteponer los intereses políticos estratégicos del proletariado a vuestros mezquinos intereses de aparatito partidario, dándole el valor político que tienen las palabras de quien ostenta la más alta representación política del reformismo nacionalista burgués en la Argentina de hoy día, que es la señora Hebe de Bonafini, para proceder en consecuencia en lugar de "hacerle bombo" apelando al seguidismo centrista, facilón y obsecuente de la peor especie.

¿Es cierto que en su discurso la Hebe "identificó al capitalismo con Estados Unidos" obviando que "el capital no es una relación social, sino un país, incluido su pueblo y todos los que viven en él"? ¿Es cierto que "identificó la lucha contra el capital con la matanza de capitalistas"?. Es cierto que identificó a los capitalistas con los asalariados que murieron horriblemente aplastados entre aquella enorme masa de hierro y hormigón?. ¿Es cierto que para esta eminente militante del nacionalismo burgués radical, el 11 de setiembre "no murieron pobres" sino "enemigos"? ¿Es cierto que identificó a los enemigos del capitalismo, entre otros a ustedes mismos, con los que se alegraron ante la muerte causada por un acto típicamente terrorista como ese? ¿Se han alegrado ustedes por eso? ¿Dónde quedó ese alegrón y cuales han sido sus consecuencias políticas? ¿Contribuyen actos como éste a la derrota del imperialismo desde la perspectiva estratégica del proletariado?

A estos interrogantes debieran ustedes haber respondido asumiendo el punto de vista de Marx, Engels, Lenin y Trotsky. Pero no lo han hecho. ¿Por qué? Porque representan ustedes al peor Trotsky que conoció la historia del movimiento obrero entre 1903 y 1914. Durante ese período, Trotsky pugnó en Rusia por conciliar la política revolucionaria de los bolcheviques, con la política centrista de los mencheviques que medió entre la burguesía radicalizada del movimiento kadete y el proletariado en lucha contra la nobleza. Hoy, en Argentina, pretenden ustedes conciliar la política revolucionaria de Lenin y Trotsky después de 1914, con la política del centrismo nacionalista que media entre la pequeñoburguesía radicalizada y el proletariado. Y en esto no pueden alegar ignorancia sin caer en la más grave irresponsabilidad política. Más aun en un momento como éste, en que la política de diferenciación ideológica con las corrientes de pensamiento burguesas al interior del movimiento obrero, es decisiva a la hora de construir el partido revolucionario todavía inexistente.

Como lo señaló Marx en su "Crítica del Programa de Gotha", es un error pensar que, frente al proletariado, la pequeñoburguesía "no es más que una masa reaccionaria". Como clase intermedia, la pequeñobuerguesía puede y debe jugar un papel revolucionario como aliada del proletariado. Pero a condición de que el proletariado juegue el suyo poniéndose con su partido de clase a la cabeza del movimiento anticapitalista, contrapujando o, en todo caso, neutralizando la tendencia natural de la pequeñoburguesía a la conciliación entre las clases universales antagónicas. Esto es lo que esconde el radicalismo antiimperialista de dirigentes pequeñoburgueses como Hebe de Bonafini. Y esto es completamente contraproducente a los efectos de elaborar una política revolucionaria orgánica independiente del proletariado. De ahí que en la etapa de construcción de esta alternativa orgánica independiente del proletariado, la amenaza de este enemigo interno pese más sobre el movimiento revolucionario que el enemigo externo. Tal fue el espíritu con el que Lenin encaró la construcción del que llegó a ser en 1912 el partido bolchevique, basado en la cohesión política de sus miembros en torno al materialismo histórico. Tal es el espíritu con que Lenin, al frente de los socialdemócratas revolucionarios de entonces, combatió al oportunismo centrista entre 1902 y 1908, dejando elocuente y categórico testimonio de ello en obras como "Por dónde empezar", "¿Qué Hacer?", "Un paso adelante, dos pasos atrás" o "Dos tácticas de la socialdemocracia"?. Con todos estos antecedentes históricos, ¿cómo es posible que ustedes adolezcan de semejante amnesia como para tolerarse a sí mismos la vergonzosa capitulación ante el reformismo antiimperialista pequeñoburgués en nombre de Trotsky, sin haberse aplicado la lección que él confesó en 1930 haber aprendido dieciséis años antes?:

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<<Mi tendencia conciliadora se desprendía de una especie de fatalismo socialrevolucionario. Consideraba que la lógica de la lucha de clases obligaría a ambas fracciones a actuar de acuerdo con el mismo rumbo ante la revolución. En aquél entonces yo no veía claro todavía el gran sentido histórico de la política sostenida por Lenin, de delimitación ideológica y de escisión allí donde fuera necesaria, a fin de forjar y templar un verdadero partido revolucionario. (...) Al aspirar a la unidad a toda costa, involuntaria e inevitablemente, yo idealizaba las tendencias centristas del menchevismo. A pesar de las tentativas episódicas que realicé en tres ocasiones, no llegué, ni podía llegar, a una actuación común con los mencheviques. Al mismo tiempo, la línea conciliadora me oponía de un modo tanto más acentuado al bolchevismo, cuanto que Lenin combatía implacablemente, y no podía dejar de combatir, dicha línea. Y sobre la plataforma conciliadora, naturalmente, no se podía crear ninguna fracción.

De aquí se desprende una lección, a saber: que es inadmisible y funesto quebrantar o atenuar la línea política con el fin de obtener una conciliación vulgar; que es inadmisible pintar con bellos colores el centrismo cuando este zigzaguea hacia la izquierda; que es inadmisible exagerar e hinchar las divergencias con los verdaderos correligionarios revolucionarios, con el fin de alcanzar los fuegos fatuos del centrismo. He aquí cuales son las verdaderas lecciones de los verdaderos errores de Trotsky. Estas lecciones son muy importantes y siguen conservando en la actualidad todo su vigor.>> (L.D. Trotsky: "La revolución permanente" Cap. I. El subrayado es nuestro)

Exaltando la figura política de Hebe de Bonafini, han pasado ustedes sobre el significado de estas palabras de Trotsky como sobre un felpudo. Como si este pasaje de su más importante obra teórica nada tuviera que ver con el contexto en que fue escrito; como si el frente popular oficioso desde el que ustedes han atacado a Rolando Astarita fuera la premisa política efectiva para construir el partido revolucionario en Argentina; como si esa debiera ser la táctica adecuada para combatir al imperialismo desde la perspectiva comunista. Sin duda, han actuado ustedes inspirados en el espíritu de la II Internacional, el mismo que Stalin impuso en la Comintern desde el sétimo Congreso de 1935, y que Trotsky combatió con tenacidad e inteligencia política insuperables hasta el último aliento de su vida.

¿Ha sido ésta una desviación política momentánea respecto de la teoría marxista de la revolución? Lo que muestran en http://www.geocities.com/capitolhill/senate/9094/, no permite contestar afirmativamente a esta pregunta. En efecto, allí dicen ustedes claramente:

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<<La LSR reconoce como sus enemigos implacables a los estados imperialistas y a sus gobiernos, así como a los gobiernos burgueses semicoloniales y sus instituciones represivas...>> "Quiénes hacemos Contra quienes peleamos". El subrayado es nuestro)

A juzgar por esta afirmación, salvo contadas excepciones hoy día no hay países en el llamado tercer mundo que no sean semicolonias del imperialismo. Según Lenin, es semicolonial todo país de atraso económico relativo que soporta la jurisdicción política extranjera impuesta por la presencia militar en su territorio de una o varias potencias dominantes, de modo que sus gobiernos administran los asuntos del Estado formalmente independiente a nombre del país correspondiente, pero por cuenta de esa o esas potencias colonialistas invasoras.

Siguiendo en proyección histórica la línea del pensamiento que va de Marx a Lenin, se observa que los movimientos políticos de liberación nacional tuvieron dos momentos que respondieron a otras dos distintas etapas en el proceso de acumulación capitalista a escala mundial. El primer momento, entre 1789 y 1871 correspondió a la lucha por la liberación nacional burguesa contra los restos del modo de producción feudal y de los regímenes políticos autocráticos que, para sí se dio la nobleza. Esta lucha por la autodeterminación nacional que desembocó en los modernos Estados nacionales en Europa y América del Norte, fue esencialmente democrático-burguesa. En realidad, se consumó la autodeterminación social de las distintas fracciones burguesas constituidas políticamente en otros tantos flamantes Estado nacionales.

En el segundo momento, los movimientos de autodeterminación nacional estuvieron motorizados por las burguesías emergentes de los países atrasados convertidos en colonias por los modernos Estados capitalistas nacionales erigidos en potencias imperialistas. En este nuevo contexto económico y social, la lucha de estas burguesías periféricas emergentes no estaba enfrentada con el feudalismo y la autocracia de viejo cuño, sino con la opresión nacional de esas modernas potencias burguesas colonialistas extranjeras (en esa etapa sólo capaces e interesadas en mantener sus dominios de ultramar como proveedores de materias primas y consumidores de los productos elaborados en sus metrópolis), al tiempo que contra sus aliados estratégicos: los terratenientes, los arrendatarios en régimen de explotación semifeudal y la burguesía compradora.

En los dos casos, La continuidad de la línea política entre Marx y Lenin prescribe que la lucha por la autodeterminación nacional es de idéntico signo estratégico económico-social: eliminar los obstáculos que impiden la extensión de un mercado interno basado en la explotación capitalista del trabajo social, hasta el punto de convertir a la burguesía nacional autóctona en clase dominante, y a los asalariados en número suficiente como para estar en condiciones de luchar por su propia autodeterminación como clase, por la sociedad socialista. Tal es, en esencia, la teoría marxista-leninista de la autodeterminación nacional en la etapa imperialista del capitalismo.

La táctica que Lenin y los bolcheviques propusieron en 1916 a las masas asalariadas relativamente minoritarias en los países coloniales y semicoloniales, consistió precisamente en eso, en aplicar la voluntad política del movimiento proletario a empujar políticamente en el sentido de las leyes que presiden el movimiento económico de la sociedad burguesa, con la intención de acelerar la tendencia objetiva de obligado cumplimiento en la periferia del sistema, para crear las condiciones sociales que acerquen el horizonte de la lucha del proletariado por su emancipación social, acortando y mitigando en lo posible los dolores del parto socialista en tránsito al comunismo.

Esto quiere decir que la idea estratégica subyacente a este razonamiento de Lenin antes de que el proletariado tomara el poder en Octubre de 1917, era que hasta tanto las fuerzas productivas bajo el capitalismo no consiguieran que el proletariado trascienda su condición de minoría social relativa respecto de la burguesía, sus luchas no deberían superar los objetivos nacionales democrático burgueses.

Pues bien, aplicando este punto de vista a la actual correlación de fuerzas sociales fundamentales en países capitalistas políticamente soberanos que la Liga socialista revolucionaria sigue calificando arbitrariamente de "semicolonias", todos ellos cumplen hoy día las condiciones para que sus respectivos asalariados luchen por su emancipación social y política como clase, por sí y para sí mismos, esto es, sin hacer seguidismo de ningún sector encuadrado en el sistema, contrariamente a lo que acaban de hacer ustedes exaltando la figura de Hebe de Bonafini.

Pero lo más paradójicamente perverso de vuestra posición pusilánime, es que desde 1905 Trotsky había llegado a la conclusión de que la de Lenin no era una premisa necesaria para que el proletariado de los países coloniales y semicoloniales luchara por su dictadura de clase. Desde entonces discrepó de él respecto de este problema de la autodeterminación nacional, en una polémica que el curso de la lucha de clases en Rusia entre febrero y octubre del 17 resolvió en favor de Trotsky, que así se vio autorizado a ratificar su punto de vista trece años después bajo la forma de "tesis fundamentales":

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<<2.ª Con respecto a los países de desarrollo burgués retrasado, y en particular de los coloniales y semicoloniales, la revolución permanente significa que la resolución íntegra y efectiva de sus fines democráticos y de su emancipación nacional tan sólo puede concebirse por medio de la dictadura del proletariado, empuñando éste el poder como caudillo de la nación oprimida y, ante todo, de sus masas campesinas>> (L.D. Trotsky: "La revolución permanente" Epílogo. El subrayado es nuestro)

Queda claro que lo actuado por ustedes en todo este asunto de la controversia en torno del discurso de la señora Hebe de Bonafini, no se sostiene sobre nada que tenga que ver con Marx ni con Lenin y menos aun con Trotsky, de cuyo pensamiento se reclaman impropia e indignamente seguidores. Esto es así, porque de vuestras propias palabras se desprende que, para ustedes, luchar "implacablemente" contra el imperialismo en la etapa tardía del capitalismo, significa hacerlo desde la perspectiva de gobiernos burgueses liberados de la presión política externa del imperialismo, como, por ejemplo, sería el caso de la exYugoslavia, Siria, Irak, Libia, Líbano o, hasta hace unas semanas, Afganistán. Pero sin déspotas dictadores como Milósevik, Sadam Hussein. Gaddafi o el Mulá Omar. Según este razonamiento, los demás países económicamente dependientes de la periferia capitalista son todos semicolonias del imperio. En ese caso, reconocer como "enemigos implacables" a los gobiernos semicoloniales y no a sus Estados, significa afirmar que la revolución socialista debería pasar por una etapa de capitalismo de Estado burgués, supuestamente emancipado del imperialismo. De ahí que respecto de la actual situación en Afganistán, en el apartado de vuestra "website" titulado: "Contra el imperialismo, el militarismo y la guerra", ustedes sólo se limiten a la sospechosa sutileza de desear que EE.UU. pierda esta guerra sin decir quien la debe ganar, porque no quieren que se les vea el plumero reformista de su centrismo:

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<<Si se desata la guerra abierta, los socialistas revolucionarios estamos en favor de la derrota de Estados Unidos y sus compinches, con la certeza de que sería lo mejor que le podría suceder a la humanidad para no seguir hundiéndose en la barbarie y el militarismo>> Liga socialista Revolucionaria en "Bandera Roja" Nº 54 oct. 5 de 2001.

La hipotética derrota de EE.UU. en una guerra interburguesa como ésta, a manos de no se sabe qué fracción de la burguesía, como implícitamente lo dan a entender ustedes con su deliberado silencio cómplice acerca del rol del proletariado internacional en todo este asunto, no haría mas que renovar y acentuar la tendencia belicista congénita del actual sistema burgués de vida completamente decadente. El centrismo típicamente pequeñoburgués salta a la vista en esta publicación. No es casual que las palabras "proletario/s" "proletariado", "obrero/s" "clase obrera" o "asalariado/s", no figuren en lo que ustedes exponen acerca de la guerra en el número 53 de "Barricada" y, en cambio, sí se refieran a los "trabajadores" en tres pasajes de la publicación, y utilicen la palabra "pueblo" dieciséis veces. Trabajadores no sólo son los asalariados sino también los explotadores de trabajo ajeno que no se pueden liberar de la producción directa porque el plusvalor que obtienen no les alcanza para eso. Políticamente, este término tiene su símil en la palabra "pueblo", categorías predilectas de la política frentepopulista oficializada por Stalin en el sétimo congreso de la Comintern. Dicen ustedes que:

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<<La única forma de enfrentar victoriosamente al imperialismo (en esta guerra) es haciéndolo en todos los terrenos: impulsando un proceso de movilización y lucha antiimperialista que sólo puede triunfar –máxime después de la experiencia nacionalista de la región con Nasser– si se va entrelazando con una lucha anticapitalista que sepulte a la ruin burguesía árabe, sea musulmana, atea, agnóstica o de la creencia que sea.>> (Op.cit. Lo entre paréntesis es nuestro)

Si le damos el valor omnicontextual que deben tener las palabras de un discurso coherente, la expresión "ruin burguesía árabe" no puede entenderse sino referida a la fracción gobernante que negocia con el imperialismo, no al resto de pequeños explotadores de trabajo ajeno en esos países, es decir, a los "trabajadores" o el "pueblo" que pueden llegar a estar en contra de la confabulación entre esa burguesía nacional conciliadora y los imperialistas, pero que, por sí mismos, no están dispuestos a romper con el sistema. Y el caso es que, ustedes, actuando como si fuesen ya el gran partido obrero revolucionario constituido, se dedican a ganar a estos sectores. Pero como no son tal partido, carentes casi por completo de acervo teórica marxista y de masa social obrera que les confiera poder político gravitacional sobre la pequeñoburguesía, van por la vida haciéndole concesiones para no asustarla en un momento de retroceso ideológico y político del proletariado. Y así, acaban gravitando ideológica y políticamente hacia ella. Tal es la lógica que explica vuestro comportamiento en la controversia que comentamos aquí. De este modo se inhabilitan ustedes para la necesaria tarea -previa a la que pretenden desarrollar ahora- de fundir la teoría revolucionaria con el movimiento obrero, porque, para eso, hay que ir con la verdad científica por delante como guía para una acción política clara respecto de la burguesía en su conjunto de cara al proletariado. Y ustedes están demostrando no hacer más que invertir esta prelación en las tareas militantes.

Con semejante bagaje, se comprende que en este contencioso hayan reemplazado ustedes las ideas políticas por la sofistería y el insulto, que es la expresión individual y colectiva de las miserias ideológicas que presiden el espíritu de las sectas, todas ellas inducidas al odio irracional por todo lo que atente contra la existencia del propio boliche. Porque arremeter contra el compañero Rolando Astarita acusándole implícitamente de someterse a los dictados ideológicos y políticos del dirigente partidario radical Shuberoff -actual rector de la Universidad de Buenos Aires- y explícitamente de cobarde y entrista, demuestra la total incapacidad para descalificar al adversario político en el terreno de la ideas políticas.

Respecto de lo primero, parece que no han sacado ustedes las debidas consecuencias ideológicas y políticas de la contradicción dialéctica entre valor de uso y valor de cambio de la mercancía fuerza de trabajo; muy especialmente cuando se trata del ejercicio o despliegue de esa capacidad bajo la forma de trabajo intelectual en la "democracia". A partir del momento en que los asalariados en general contratan con sus respectivos patrones, su fuerza de trabajo convertida de tal modo en mercancía no les pertenece por que la han vendido por un salario, y no son ellos sino los compradores, convertidos así en sus patrones, quienes, a partir de ese momento, deciden para qué y y cómo la gastan. La "libertad de cátedra" rompe parcialmente con esta regla. Un profesor de universidad, a quien el Estado burgués contrata para impartir clases de "economía política marxista", no puede ponerse a desarrollar la teoría de los agujeros negros en la mecánica celeste. Pero dentro de esa materia de estudio para la cual ha sido designado a cambio de un salario, tiene plena discrecionalidad para dar su personal interpretación del pensamiento de Marx, como lo hizo en su momento el simpatizante montonero Oscar Braun en su cátedra de "Economía Internacional, o el liberal Julio H. G. Olivera en "Dinero crédito y Bancos".

En este sentido, secundar la acusación que hizo Hebe a Rolando de ser un "sirviente de los radicales" -como han hecho ustedes- es lo mismo que aplicar este rasero al pensamiento de Marx, que se ganaba la vida cobrando por la edición de sus obras y la publicación de sus artículos de opinión en distintos periódicos de la época. Nosotros nos congratulamos de que gentes como Astarita conviertan su pensamiento en mercancía para contribuir a que las obras de Marx, -cuyas hojas en los estertores de la URSS se usaban para envolver alimentos- se vuelvan a vender para ser usados como es debido, allí y en todo el mundo. Del mismo modo que Marx se congratuló cuando la primera edición de "El Capital" se agotó entre la clase obrera alemana. Con esto queremos decir que, para poder acusar con razón a Rolando de ser un "sirviente de los radicales" y de la burguesía en general, la señora Hebe de Bonafini y ustedes mismos -que le han hecho de voceros gratuitos- deberían probar antes que lo que hace Astarita en su cátedra de la UBA, es una labor reaccionaria de tergiversación ideológica que falsifica el significado de las categorías marxistas y del método de análisis y exposición de Marx. De lo contrario, para no jugar a la contrarrevolución cayendo en la infamia de la calumnia -que es lo que han hecho- deberían mantener todos ustedes la boca bien cerrada.

En cuanto a la acusación de que Rolando hizo entrismo en el movimiento de las Madres de Plaza de Mayo, eso, desde el punto de vista revolucionario no es un demérito sino al contrario. ¿Desde cuando los oportunistas pequeñoburgueses se arrogan el derecho al escándalo frente a este tipo de métodos, cuando han sido ellos quienes se han venido infiltrando de modo sistemático en el movimiento proletario para falsificar el marxismo y desviar el accionar de sus organizaciones políticas desde los tiempos de Proudhon y Lassalle? Que ustedes se hayan hecho eco de esa acusación es una prueba más de vuestra capitulación frente al stalinismo, lo que les descalifica para predicar y actuar en nombre de Marx, Engels, Lenin y Trotsky. ¿Cuánta sangre inútil ha corrido a causa de este recurrente entrismo falsificador cómplice de tantas y tantas derrotas del movimiento obrero a lo largo de su historia? ¿Empezamos a hacer inventario de lo que hoy no tenemos a causa de ello?

Por último, decir que la valentía personal y el espíritu de lucha contra lo establecido, no es condición suficiente para definir el carácter revolucionario de un comportamiento. Y si Astarita fuera un cobarde político, esto es, un oportunista, no hubiera tenido el "atrevimiento" de enfrentarse por la izquierda a la masiva opinión pública irracional y obsecuente que hoy día secunda esencialmente todo lo que Hebe de Bonafini dice y hace en Argentina y en el mundo.

GPM, Noviembre 29 de 2001

De: "ANTONI MARÍN" :marin_antseg@gva.es
Para: "GPM": gpm@nodo50.org
Enviado: lunes, 17 de diciembre de 2001 10:13
Asunto: polémica sobre declaraciones de Hebe

He leído y seguido (desde sus inicios) la que yo califico, sin ambages, como arbitraria e hinchada polémica por unas declaraciones de Hebe, al hilo de unos acontecimientos que todavía están por aclarar y, que sin duda, han servido de coartada para incentivar una ola de sistemática persecución y odio contra todo lo que puede cuestionar, derribar, zarandear los cimientos del imperialismo, la explotación, el neoliberalismo...A mí, queridos compañeros del Grupo de Propaganda Marxista, me preocupa e inquieta muchísimo más la impunidad de la que gozan los torturadores y genocidas... Y no veo al Sr. Horacio ni a sus amigos secundando las campañas que diversos colectivos y personas hemos emprendido a nivel internacional... Estoy harto de perder el tiempo con falsas polémicas, generadas por Alguna frase (no muy acertada, cierto), pero la trayectoria vital e Intelectual del Sr. Horacio deja mucho que desear (es un fiel amigo de algunos Destacadados genocidas)... Por esa simple razón, no voy a seguir escuchando tonterias y me voy a centrar a luchar contra la marginación, la impunidad, la injusticia social, el autismo de la clase política, etc... día a día, evitando responder y participar en las discusiones esteriles que provoca y alienta el Sr. Horacio y su colectivo de funcionarios y serviles lacayos de la Fundación Ford. (Bush puede premiar pronto a la camarilla del Destacado intelectual e investigador argentino...).

Se ha dado una importancia desmesurada y excesiva a unas Declaraciones nacidas desde el dolor y la frustración de ver a torturadores, delincuentes, genocidas, corruptos... en el poder, viviendo a cuerpo de rey mientras el pueblo se muere (literalmente) de hambre... Por eso no le ha dado ninguna importancia negativa ni ningún valor al comentario de Hebe. Me irrita mucho más las declaraciones de Cavallo, de ese ectoplasmático presidente de la República de Argentina o de delincuentes como Menem... Sin embargo, nadie, absolutamente nadie se ha dedicado a desmenuzar y analizar las patológicas y degeneradas declaraciones y afirmaciones de los dirigentes argentinos...Todo el mundo se ha centrado en unas frases que nacen de una madre que ha visto a su fruto, a su hijo asesinado vilmente por los que actualmente viven y gozan de todos los privilegios, bendiciones y prebendas. Me parece indecente y sucia toda la polémica... Me parece de una maldad que no encuentro calificativo apropiado... ¿Por qué no se ataca con la misma dureza la invasión de Estados Unidos a los países de América Latina o el apoyo directo y entusiasta de la Administración Bush a todos los grupos ultraderechistas que pululan por el Cono Sur? Hay muchos otros factores que se deben analizar antes de provocar una descalificación general contra las madres...

Yo me estoy empezando a hartar de tanta sordida estupidez y de tanto análisis metáfisico. El problema real que padece el pueblo argentino y toda América Latina es mucho más grave y cotidiano. Y resulta de una sublime estupidez que todos los seudo-marxistas, que todos los intelectuales de tercera regional se empeñen en elaborar sesudos y aburridos documentos, destinados a descalificar a una simple mujer... De verdad, dan ganas de vomitar y meterse a monje cartujo... Yo tengo conciencia de lo fácilmente que pierde el tiempo (valioso elemento) cierta "izquierda", mientras el pueblo va perdiendo la esperanza y la confianza... No es de extrañar el total divorcio que existe ya... Y a ello han contribuido decisivamente esos numerosos intelectuales de pacotillo, que viven de las pingües ayudas institucionales, proporcionadas por empresas multinacionales. Por tanto, dedicar tiempo, palabras y espacio a dar replica a un paniagudo intelectual de tercera regional, como es un claro exponente el Sr. Horacio (colaborador de la Dictadura Militar y destacado "progresista" cuando interesa y cuando sus amos le ordenan "crear" polémicas que desvien la atención) me parece triste y patético...

Yo tengo muchas cosas necesarias, vitales e importantes que hacer Para dedicar mi tiempo a desfacer los entuertos de un "vividor", de un "intelectual" mediocre y casposo.... Tampoco entro en la cuestión que ha motivado la salida del Sr. Rolando Astarita y cía... Ese es su problema, pero creo que la polémica se pretende resucitar a destiempo, pues ya en Indymedia y en los medios de comunicación argentinos se ha gastado mucha polvora en el tema, con el único objetivo de provocar un desprestigio internacional de las madres, evitando dar resonancia a la Campaña Internacional que se ha emprendido contra la Impunidad y contra el Terrorismo del Estado...Hay muchos silencios extraños e inexplicables ante una serie de Iniciativas justas y legítimas que algunos, en diferentes países del mundo, hemos emprendido... ¿A qué obedece ese interés en descalificar a Hebe y en silenciar actividades dónde participan el Juez Garzón, entre otros? ¿Por que no se critica a Felipe González, ese destacado amigo de genocidas, torturadores, terroristas y canallas? Es de todos conocido su apoyo a los genocidas, a Pinochet, a la Junta Militar Argentina, así como su participación activa en la creación de los GAL...

Hay muchos puntos oscuros y mucha perversidad en toda la polémica Contra las madres. Yo me niego a secundar una triste y obscena maniobra iniciada Por el "estómago agradecido del Sr. Horacio". Estoy harto de escuchar Estupideces y asistir a debates metáfisicos... Cuando vea a esa pandilla de sesudos intelectuales en la lucha diaria, en la calle, en la fábrica... comprometiéndose a cambio de nada... empezaré a creer en las palabras que escriben... Es muy fácil hablar, pero es muy duro vivir esas palabras día a día...

Nosotros, desde nuestra asociación cívica y cultural, vamos a seguir trabajando en serio, olvidando a todos los que pretenden dividir y desvirtuar los verdaderos objetivos: "Otro mundo es posible" y en ese mundo posible, alejado del neoliberalismo salvaje y de la explotación, no caben los lacayos como Horacio (singular personaje, que vive gracias a las subvenciones de la Fundación Ford) y cuya misión es que, las personas que luchamos por mejorar y cambiar la actual situación de la clase obrera, perdamos el tiempo y las energías en discusiones banales... Mientras el neoliberalismo y la pobreza siguen haciendo mella en los más débiles y desfavorecidos. Todo aquel que cae en la tentación de hacerse eco de la artificial polémica, provocada por un personaje turbio y oscuro como lo es y lo será siempre el Sr. Horacio, le hace un gran favor a los genocidas, torturadores y terroristas de Estado... Allá cada cual con su conciencia...

Yo no pienso escuchar ni leer a ese funesto y vulgar "pensador". La Vida es muy importante para perderla con tontos y abúlicos debates que no Pretenden mejorar la situación de los explotados y humillados por un sistema injusto, criminal y terrorista... Un abrazo solidario desde el mediterráneo, antoni marín cercle obert iniciativas sociales y culturales de futuro

Valencia, a 17 de diciembre del año 2001

nuestra respuesta al Sr. Marín

Vaya por delante que esta carta responde a lo que el señor Antonio Marín nos ha dicho y a él nos dirigimos literariamente, aunque el trabajo no lo hemos hecho convencidos de que le pueda ser de utilidad, porque lo vemos muy comprometido con sus propios prejuicios burgueses. Pero pensamos que sí puede contribuir al desarrollo político de quienes, al menos, muestren curiosidad por lo que se sale del consabido discurso de la "izquierda" al uso.

Sin haber pasado de leer el escueto comunicado donde anunciamos nuestra participación en la polémica suscitada por el discurso de Hebe de Bonafini respecto de los atentados del 11 de setiembre en EE.UU., usted nos imputa el hecho de salir en defensa de Horacio Verbitsky, así como de "incentivar una ola de sistemática persecución y odio contra todo lo que puede cuestionar, derribar, zarandear los cimientos del imperialismo, la explotación, el neoliberalismo". ¿Ha preguntado usted alguna vez a su intelecto de qué están hechos los cimientos del imperialismo y en qué consiste el neoliberalismo? ¿Por qué antes de poner en movimiento la lengua no ha puesto usted a funcionar su sesera para averiguar si puede haber imperialismo sin desarrollo desigual del capitalismo? Porque de haber hecho ese esfuerzo y ser políticamente consecuente con la conclusión a que conduce el análisis de esa realidad del capitalismo desconocida o despreciada por usted, no se hubiera puesto a decir lo que dijo.

Nosotros, que no somos marxistas de boquilla sino de conocimiento suficiente como para poder hablar "sin ambages", equívocos o tergiversaciones irresponsables o deliberadamente aviesas, tendenciosas, sabemos que el imperialismo se manifiesta en la fusión del capital bancario con el capital industrial y en el predominio de la exportación de capitales sobre la exportación de mercancías típica del capitalismo premonopolista. Pero la base material sobre la que se erigen esas formas de manifestación del capitalismo desde principios del siglo pasado, sigue siendo el desarrollo internacional desigual del capitalismo hasta bien avanzada su etapa tardía. Por lo tanto, estimado amigo, para demoler los cimientos del imperialismo, no basta con ponerse a favor de los pobres en los suburbios del sistema, sino que es necesario acabar con el capitalismo, con la propiedad privada sobre los medios de producción, con los vínculos entre las llamadas "burguesías nacionales" de los países dependientes de atraso económico relativo, y las burguesías oligopólicas localizadas en los países de estructura capitalista más antigua que marchan a la cabeza del desarrollo económico mundial.

Por lo visto, tampoco ha puesto usted en funcionamiento sus propias neuronas para indagar acerca de las causas del actual fenómeno eufemísticamente llamado globalización o neoliberalismo. Al parecer, está usted entre esos militantes populares prácticos de "pensamiento cansado" que prefieren la papilla predigerida que le ponen a la boca en formaciones políticas como IU, donde se hace creer que la acumulación de capital no es un hecho objetivo independiente de la voluntad de nadie, sino que es algo así como lo que se muestra en series televisivas exitosas del estilo "Falcon Crest", donde la acumulación de capital y riqueza aparece como producto de la ambición humana desmedida.

En este plan cognitivo completamente deformado, reflejo de reflejos, el neoliberalismo es una especie de conjura política de unos pocos grandes capitalistas que quieren quedarse con todo y cada vez dejan menos para el "pueblo". Por lo tanto, el "antiimperialismo" de quienes, como usted, piensan así, pasa por la ilusión de que una lucha "disuasoria" tenaz contra estas ambiciones desmedidas, es capaz de conseguir una sociedad más justa, donde, en nombre de los intereses generales y los DD.HH., a los poderosos se les obligue a ser solidarios con los pobres mediante impuestos a sus ganancias, como la conocida "tasa Tobin", caballo de batalla del movimiento "antiglobalización". Así, la riqueza estaría más repartida y todos juntos -explotadores y explotados- podríamos seguir coexistiendo en este, que, al parecer, usted y sus colegas que se alimentan políticamente de esta papilla, consideran el único y mejor de los mundos posibles.

Pero resulta que estos maestros ideológicos de usted, también le enseñan que el capitalismo es sinónimo de "progreso", porque permite optimizar los "recursos" o "factores de la producción" empleados a instancias de la competencia. Y esto sí que es verdad. Pero, ¿se ha preguntado usted como se traduce en términos económicos y sociales esto de "optimizar recursos" materiales bajo el capitalismo? Se traduce en invertir progresivamente mayores masas de capital adicional en medios de producción técnicamente más eficaces y, por tanto, más costosos (maquinarias, materias primas y auxiliares) en detrimento del empleo de mano de obra asalariada. Es lo que técnicamente se conoce por "optimización de costes" Y dado que la masa de ganancia sale del trabajo asalariado no pagado, a medida que aumenta el progreso a costa de mayores inversiones en la parte de capital que no produce plusvalor, la masa de capital adicional obtenida de cada período de rotación (período entre la producción y la venta), es progresivamente menor. La generalización en la optimización capitalista de factores de la producción a instancias de la competencia, conduce inexorablemente a que el capital global de cada país en manos privadas aumente, aunque cada vez menos (por la reducción en el aumento de la inversión en el factor trabajo) respecto del progresivo aumento en la masa del capital global invertido.

Esto explica dos fenómenos: el paro estructural masivo y la baja tendencial de la tasa de ganancia. ¿Qué es la tasa general de ganancia?: la relación matemática entre la masa de plusvalor o capital adicional obtenido del proceso de explotación asalariada en un país y momento determinado, por un lado, y el capital global invertido, por otro. Este es un cálculo que reflejan los balances de las empresas capitalistas medias y grandes para decidir sus "planes" inmediatos de inversión. Bajo esta dinámica, el proceso de acumulación debe llegar a un punto en el que se produce la "sobreacumulación absoluta" que precede a las crisis. A este punto se llega cuando el la masa de plusvalor obtenido de un capital ya incrementado, resulta ser menor o igual que el obtenido antes de su incremento. A partir de este momento, los capitales adicionales que no son compensados por el deprimido plusvalor obtenido son expulsados del circuito productivo, que así, desde el punto de vista de la producción de plusvalor, quedan ociosos. Así, paradójicamente, la optimización capitalista de los recursos resulta en un completo desperdicio, donde, para que una minoría social pueda seguir enriqueciéndose, una mayoría absoluta de la población es sumida en la incertidumbre y las miserias del paro, causa de numerosas noxas sociales, cada vez más de espanto, derivadas del aumento casi insoportable en los ritmos de la explotación a que son sometidos los que tienen la "suerte" de conservar sus empleos.

Pero usted cree que esta situación se puede resolver imponiendo la "tasa Tobin" a las ganancias de los grandes capitalistas. ¿Por qué lo cree?. Simplemente, porque así lo introyectan prestigiosos sicofantes intelectuales en la opinión de holgazanes intelectuales como usted; porque se les ve abogando por ello en periódicos de no menos glamour, como "Le Monde diplomatique"; y porque así lo proponen mangantes políticos burgueses de "izquierda" tan respetados, desde Marcelino Camacho hasta el colega suyo de partido regional, nuestro inefable Rafael Plá, pasando por Julio Anguita y Nicolás Llamazares. Como si el Estado en los países capitalistas hubiera sido alguna vez el representante de los intereses generales de la sociedad, y como si a las patronales capitalistas se les pudiera imponer "una optimización social" de los factores productivos, a despecho de la sagrada optimización privada de sus inversiones que la ley del valor impone a sus negocios. En fin, como si no estuviera suficientemente probado que la democracia "formal" del capitalismo se detiene a las puertas de los sitios donde día que pasa le curten la piel a los asalariados.

Volviendo al capital sobrante en los países imperialistas más desarrollados, gran parte de su masa emigra a los países de menor desarrollo económico relativo en busca de aplicación productiva como fuente directa de acumulación de plusvalor. Y para eso exige libertad de movimientos. Porque, dada la ingente masa de ese capital sobrante, la estabilidad económica del sistema capitalista mundial depende de esta libertad absoluta de movimientos para su necesaria y más perentoria colocación productiva en la periferia del sistema. En esto consiste esencialmente el imperialismo en la etapa postrera del capitalismo decadente, la globalización; lo demás es tontería, infundios que no se sostienen sobre nada con el más pequeño grano de racionalidad científica.

Por lo tanto, para minar los cimientos del imperialismo, hay que acabar con el desarrollo internacional desigual del capitalismo, dado que la burguesía de los países imperialistas no puede sobrevivir sin él. Pero para acabar con el desarrollo internacional desigual del capitalismo en este momento del proceso de la acumulación, no queda otra alternativa que abolir la propiedad privada sobre los medios de producción a escala planetaria. ¿Por qué a escala planetaria? Porque la burguesía nacional de cualquier país dependiente, obviamente no puede estar por esta labor. ¿Y por qué las burguesías nacionales de los países dependientes no pueden estar por la labor de abolir la propiedad privada sobre los medios de producción? Porque eso les supondría suicidarse por las buenas como clase explotadora.

Y el caso, estimado colega, es que la señora Hube de Bonafini encarna y comparte el espíritu político radical más consecuente con los intereses de la pequeña explotación del trabajo asalariado en lucha contra el gran capital por conservar su status de clase propietaria en el mundo -de ahí su postura protalibán- habiendo llegado a ser hoy lo más representativo del antiimperialismo nacionalista pequeño burgués en Argentina. Y dada la creciente debilidad económica y social de estos sectores propietarios, los proyectos de subsistencia de la pequeña propiedad capitalista como ese necesitan del apoyo del proletariado. Pero ante la creciente masa de capital excedentario en las metrópolis imperialistas, las leyes inflexibles del capitalismo demuestran ser cada vez más incompatibles con este tipo de proyectos burgueses anacrónicos, ineficientes y pacatos, basados en un capitalismo de Estado nacional protector de la explotación del trabajo asalariado en pequeña y mediana escala.

Esta es la causa del genocidio en países como Chile, Argentina, Irak, Yugoslavia y últimamente Afganistán. Pero a ti parece que no te preocupan las causas de los genocidios. Tú no quieres andar perdiendo el tiempo en explicaciones que contribuyen a alumbrar esas causas en las conciencias de quienes día que pasa sufren gota a gota la misma barbarie del capitalismo para acabar de una vez por todas con su barbarie. Tú opinas como si no sufrieras los excesos del capital. Tal vez por eso declares que te estas "empezando a hartar de tanta sórdida estupidez y de tanto análisis metafísico". Como a los organismos de DD.HH., a usted le parece más interesante y necesario que la sociedad se desentienda de las causas de los genocidios y sólo se ocupe de sus efectos, de que se haga "justicia" con los genocidas, dejando intactos los intereses de los poderes fácticos verdaderos causantes de semejantes barbaridades. Esto es, precisamente, lo que ellos quieren. En países como Argentina y Chile en la década de los 70, donde sus burguesías pasan por serios problemas para mantenerse en el poder, mientras sus respectivos aparatos de Estado bajo feroces dictaduras hacen el trabajo sucio de eliminar a los incordios que impiden cumplir con las exigencias del capital, sus colegas burgueses de otros países, especialmente los de la cadena imperialista -los más interesados en eliminar esos obstáculos- miran para otro lado.

Esto es lo que ocurrió, por ejemplo, en España, con el genocidio de dictaduras como la chilena y la argentina perpetrado desde los primeros años de la década de los 70 del siglo pasado, donde la menguada denuncia de los organismos del exilio quedó ahogada en un mar de silencio cómplice por parte de los gobiernos de UCD y del PSOE, en contubernio con el periodismo venal español. Una vez completado el trabajo sucio de las dictaduras, y allanado el camino hacia el negocio de las privatizaciones en esos países, los mismos poderes fácticos a su servicio dieron un paso al contado para franquear la "rentree" de la "democracia", permitiendo que salgan a la luz pública los archivos secretos, las fosas colectivas y los centros de tortura e internamiento, información servida ahora en bandeja a los medios de prensa del sistema en todo el mundo, que difundieron todo eso con prodigalidad para que los pueblos horrorizados faciliten la labor de la "justicia" condenando de antemano a los "culpables", publicando, documentos gráficos desclasificados y pruebas irrefutables.

Así fue que gentes como usted se sumaron desde 1983 a la bola de nieve gritando en la manifestaciones su tan humana indignación con afán de "justicia": ¡A esos!, ¡A esos! "cárcel a los genocidas"; ¡sí, a esos! repiten los "mas media" del sistema. ¿Para qué? Pues, para que finalmente los tribunales de justicia hagan lo suyo acabando por cumplir el clamor popular. Tal es el ritual previsto para el "borrón y cuenta nueva" que reconcilie a las víctimas con los victimarios hasta el próximo genocidio. Como en Nuremberg. Porque el nunca más que parece haber acuñado por primera vez Ernesto Sábato, en realidad fue pronunciado por los judíos sobrevivientes del holocausto nazi en la sala del juicio y en las calles de todo el mundo el día de la sentencia. Usted dice que tiene "muchas cosas necesarias, vitales e importantes que hacer". Sepa usted que estas son las cosas que usted hace en relación con genocidios como los de Chile y Argentina. Menuda complicidad con el imperialismo y sus socios nacionales en los países dependientes, señor Don Antonio Marín. ¿O es usted tan niño de teta político para creer que esbirros como Videla, Pinochet y Kissinger son unos simples sátrapas que actúan por cuenta propia?

Lenin decía que para saber quien está detrás de un acto político, de una guerra, o de cualquier acto bélico de exterminio colectivo, basta con saber quién se beneficia de ello. Pero a usted, eso no le interesa. Si a usted alguien le dice que para privatizar el patrimonio estatal en países de fuerte tradición antiimperialista, como Argentina, Chile o Yugoslavia, había que masacrar a más de 100.000 personas, en su mayor parte de filiación nacionalista pequeñoburguesa radical, no se lo cree. Porque a usted el periodismo español le enseñó que los de ETA son unos malvados que "matan por matar". Por eso tampoco que se cree que de no ser por las Dictaduras de Videla y Pinochet, o los bombardeos de la OTAN con Uranio empobrecido sobre Yugoslavia, sería imposible que empresas como Aerolíneas Argentinas o las eléctricas de Chile hubieran pasado a manos de capital español, y todavía no se sabe cómo se repartirán las industrias estatales yugoslavas de productos químicos, maquinaria, equipos de transporte y material electrónico, así como las minas de cobre, las más importantes de Europa. Usted a estas conclusiones contesta con el típico desprecio petulante de los necios diciendo que son "análisis metafísicos" elaborados por "intelectuales de tercera regional".

A muchos que piensan y actúan como usted, lo que les mueve es engañarse a sí mismos y a los demás mostrando que tienen sensibilidad humana, que se solidarizan con el sufrimiento de los desgraciados por causa de la injusticia. Ésa parece ser su vocación política. Y, por lo visto, desea que sea vitalicia, porque, por un lado, no soporta "el dolor y la frustración de ver a torturadores, delincuentes, genocidas y corruptos... en el poder". Por eso se realiza protestando y denunciando toda esa iniquidad, para que se haga justicia con los "culpables". Pero, por otro lado, se desentiende de conocer las causas de esa inmoralidad para acabar de una vez por todas con ella, de modo que así tiene asegurada su ocupación política de sufridor y denunciante para el resto de sus días. Su política abreva en las teorías policiales de Lombroso, señor Marin, ¿lo sabía?. Inspirado en la escatología cristiana, Lombroso veía en todo mortal a un degenerado y a un asesino en potencia que sólo necesita la ocasión propicia para demostrarlo. Y esto, para Lombroso, como tal parece que ocurre con usted, es algo inamovible y eterno, porque piensan que forma parte de la naturaleza humana esencialmente malvada y perversa. De ahí la necesidad, también eterna, de un aparato represivo adosado a un poder judicial de inspiración presuntamente divina, que cuide y disuada a las gentes de profesar su maldad humana congénita. Y, por supuesto, de la filosofía de los DD.HH., porque si no, que sería de esos excepcionales ciudadanos como Usted que, por sí mismos, han sabido vencer a la maldad, a la injusticia y a la "estúpida metafísica" en sus propias conciencias, conciliando su congénita bondad y espíritu de justicia con un personalismo "pensamiento concreto" y amor al prójimo paradigmático.

Decimos que muchos como usted se engañan a sí mismos tragando toda la papilla ideológica que les acerca a la boca el sistema capitalista decadente. ¿Y Sabe por qué? Porque viven en la parte opulenta del capitalismo. Porque gracias a los delincuentes, genocidas y corruptos de los países dependientes se benefician con las prebendas que posibilita el desarrollo desigual, y porque tampoco están entre esa franja de la población de los países imperialistas excluidos de esas prebendas, que no pueden hacer gala de la hipocresía social que nutre el discurso y el comportamiento político de gentes como usted, porque la penuria y la humillación que sufren deambulando entre un trabajo eventual y otro se lo impiden. En fin, que muchos como usted se engañan engañando a los demás, porque, de otro modo, no podrían soportar toda la podredumbre moral de este sistema de vida. Nietzsche decía que en este mundo es imposible vivir con la verdad y que a toda acción corresponde un olvido. Para asegurarse la tranquilidad de conciencia ni siquiera incurren ustedes en la mentira por olvido, sino que con la verdad que les golpea la conciencia adoptan una actitud beligerante, la entierran arrojando sobre ella toneladas de basura ideológica contenida en expresiones peyorativas tales como "estúpida metafísica".

Entre esa basura está el derecho positivo burgués inspirado en el existencialismo judeocristiano y su filosofía del pecado individual y de la redención personal por la penitencia. Esta basura le impide a muchos como usted ver que, bajo el capitalismo, la corrupción y la delincuencia no está en los corruptos y delincuentes que eventualmente detentan el poder; tampoco en las distintas instituciones políticas del Estado que confieren el ejercicio de ese poder. La corrupción y la delincuencia tienen su origen y caldo de cultivo en la base material de este sistema de vida, en su organización económica y social esencialmente corrupta y delincuente. Esto es lo que usted no comprende, o prefiere no comprender porque no le conviene. ¿Qué se puede esperar de la superestructura política y moral de una sociedad basada en la práctica social consuetudinaria del engaño y el pillaje mutuo?

El poder, en todas las épocas siempre necesitó de chivos expiatorios. Y el poder capitalista no podía ser una excepción. Para eso la burguesía internacional resucitó el tinglado de los DD.HH. tras la Segunda Guerra Mundial, para echarle la culpa de esa barbarie bélica generada por la crisis capitalista de los 30 a un individuo: Hitler. Con esa misma finalidad catártica colectiva mantienen compartimentado el aparato de justicia, aparentemente separado del poder ejecutivo pero íntimamente unidos ambos poderes por sus vínculos con el máximo poder fáctico en esta sociedad: el dinero. Ahora más todavía con el "independiente" y flamante "tribunal penal internacional" y su correspondiente ejército de burócratas leguleyos que pasan a chupar del bote ¿Para qué? Pues, para juzgar y castigar conductas individuales y, en todo caso, empresariales o de grupos facciosos, según la teoría de Lombroso, tanto en la sociedad civil como en el aparato de Estado respectivamente. Pero nada más, de modo tal que el sistema de vida explotador, corrupto y oportunamente genocida del capitalismo, permanezca intangible, ocultas sus fechorías de clase tras los providenciales chivos expiatorios del sistema, separado y al margen de esos comportamientos "delictivos" que a usted tanto le hacen sufrir en nombre de la "humanidad".

En cuanto a la personalidad de Hebe de Bonafini, no se engañe usted, que esta señora será cualquier cosa antes que "una pobre mujer". Es una gran mujer, una militante popular de incalculable valor personal y público, lamentablemente ganada por el nacionalismo radical pequeñoburgués que, dadas las necesidades del proceso de acumulación en la etapa tardía de esta sociedad por completo decadente, ya no tiene base material de sustentación histórica en ningún sitio como para reclamar un status político dentro de ella. Y este es el signo de la tragedia humana y política por la que atraviesan países como Argentina, donde una masa significativa de sus clases subalternas todavía se mueven según valores políticos que no constituyen una ruptura con el capitalismo y al mismo tiempo no tienen ya cabida en él. Y de la insistencia del movimiento popular a seguir impulsando esa tendencia no puede sino preverse un nuevo genocidio. Que este genocidio se procese de forma violenta, puntual y espectacular, como en la tragedia, o de modo imperceptible, progresivo y cotidiano, como en la comedia, da igual. Porque nada que la necesidad económica niegue puede tener concreción política. Y toda lucha por lo que ha dejado de ser necesario es una lucha inútil.

Y si esto de la inutilidad histórica de una lucha por objetivos completamente anacrónicos se puede prever haciendo uso de lo que para usted no son más que "sórdidas estupideces", pues, hay que trabajar para evitarlo, de modo que si la sangre tiene que volver a correr, que corra luchando por una alternativa necesaria y posible, no por algo que, si resulta útil, será para comprender alguna vez lo inútil de haber luchado hasta morir por eso. ¿Cómo evitarlo? Sencillamente convenciendo mediante el uso de la racionalidad científica y la palabra. ¿Para qué? Para unificar al proletariado -la clase absolutamente mayoritaria hoy día en todas partes- en torno a su filosofía política: la teoría revolucionaria del materialismo histórico. Este es el ligamento ideológico del que podrá surgir la unidad de lo disperso: el partido proletario de la futura revolución socialista que la necesidad económica pugna porque se haga posible. Y para eso, es necesario luchar contra las ideas contrarrevolucionarias enervantes y divisionistas del enemigo de clase burgués infiltradas en el movimiento de los asalariados, como las que usted sustenta en este momento. Y créanos que lo sentimos de verdad, porque quisiéramos que estuviera usted de este lado de la trinchera, con la verdad revolucionaria . Y si ha llegado con la lectura de este documento hasta aquí, sería bueno que recapacite.

Fíjese usted que los burgueses, como individuos, disienten naturalmente unos de otros en muchos ordenes de la vida, pero como clase, todos a una, defienden los mismos valores sociales y políticos. Y está claro que no acuerdan con usted en eso de despreciar los "sesudos documentos", porque ellos sí que aprecian los suyos y acuerdan con lo esencial de ellos. Sin la Enciclopedia, sus tratados de filosofía del derecho, sus teorías sobre Economía política clásica y sus técnicos sobre economía aplicada, la burguesía no hubiera podido llegar a ser ni seguir siendo clase dominante en la sociedad moderna. Pero a usted, por lo visto, toda esta explicación y sugerencias le traen al pairo. ¿Por qué? Pues, porque carece usted por completo de vocación política de clase. A usted le han soplado en la oreja que esta sociedad es manifiestamente mejorable y se lo ha creído. Tal vez porque algún interés material pequeño le induzca a esa esperanza, y está claro que, el Dios dinero los cría y ellos se juntan. Esto, de ser cierto que cuadra con su condición social, sería un atenuante moral y político para usted, porque, al menos, no haría "el primo", como es el caso de muchos asalariados -sobre todo en el llamado tercer mundo- que permanecen divididos apoyando opciones políticas como IU, PSOE o PP en España, ajenas a sus intereses. Para eso está la "democracia" con la que usted, tan a gusto parece sentirse.

Finalmente, para la próxima vez que la sangre se le altere porque presiente que "cierta izquierda" contradice sus prejuicios de clase enemiga, nos permitimos sugerirle que tenga la prudencia de no ceder a los perversos impulsos primarios de que hablaba Lombroso, que no se apresure y espere a leer todo lo que sus ocasionales adversarios dicen. Porque el caso es que usted nos escribe como si nosotros hubiéramos salido en defensa de Horacio Verbitsky, y no es así, sino muy al contrario. Con este exmontonero reconvertido a liberal burgués de "izquierda" por el "equilibrio catastrófico" de la última dictadura en argentina, nosotros no tenemos nada en común que pensar ni que hacer. Estamos ideológica y políticamente tan distantes de él como de usted. En este sentido, no vamos entrar en vuestras disputas domésticas, pero sí advertirle sobre lo paradójico de la vehemencia que usted emplea con este hombre, dado que ambos los dos comparten esencialmente con Hebe de Bonafini la misma concepción política reformista, anacrónica y miserable del proyecto capitalista de Estado pequeñoburgués.

En cuanto a su discurso, desde luego que no tiene nada de metafísico. Es bien concreto. De una consistencia estratégica de clase similar a la de una bala de goma disparada por cualquier antidisturbios. De modo que, si esta carta no le ha servido para nada, puede seguir usted apretando el gatillo de su contundente concretez discursiva, que su estampida de oprobio no ha de asustarnos ni disuadirnos en la tarea de seguir con nuestra "estúpida metafísica" al servicio de la verdad histórica y la acción política revolucionaria consecuente.

Un Saludo: GPM

Debate sobre la posición de Hebe de Bonafini ante el 11 de setiembre del 2001 toda la polémica en htm( 121 kb), en word (204 kb), en zip (61 kb), en pdf (156 kb)

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apdo 20027 Madrid (España)