En relación con anteriores
análisis del GPM
acerca de una posible tercera guerra mundial
Decíamos también allí, que la próxima guerra no estaría a la orden del día antes de que se infringieran serias derrotas al movimiento obrero mundial, y muy especialmente a los trabajadores de los países que forman la cadena imperialista, y que todavía no estábamos ante esa situación:
<<En este sentido, aunque no podemos decir que todo esta decidido y que inevitablemente vamos otra vez al matadero, aunque las batallas decisivas están todavía delante y no detrás de nosotros, aunque ciertamente no estamos en 1933 ni en 1938, tampoco es cierto que hoy lo tengamos menos difícil que nuestros padres y abuelos en 1929>> (GPM: "Teoría marxista de las crisis capitalistas" Punto 9 La crisis capitalista y el porvenir de la humanidad http://www.nodo50.org/gpm/crisis/09.htm )
Pues bien, el principal efecto político del atentado en gentes que, a veces, siempre o casi siempre confunden sus deseos políticos con la realidad, consistió en sacar a la luz del día que la resistencia de los asalariados a la guerra era muy débil como para soportar semejante incitación. La contradicción de nuestro discurso se evidenciaba en que, por un lado, admitíamos que el movimiento asalariado estaba en una situación de "profundo retroceso ideológico y político" y, por otro, que "las batallas decisivas" sobre la probabilidad de una próxima guerra estaban por librarse, un simple deseo teorizado. Aunque no es menos cierto que, a continuación presentábamos una perspectiva política que no dejaba margen para el optimismo:
<<Durante los años previos al ascenso del fascismo, (1933), el movimiento obrero mundial estaba dominado por una idea central: el capitalismo está en crisis y la solución a esa crisis es la planificación socialista. Eran los tiempos en que la URSS se sustraía casi por completo a los terribles efectos del paro y la miseria generalizados del mundo capitalista. Este espíritu objetivo esta hoy casi por completo ausente en las filas de los trabajadores. La bancarrota del llamado "socialismo real" pesa en estos momentos como una losa sobre la conciencia y el ánimo del proletariado internacional. El hecho de que esta caída haya sido prevista por la inmensa mayoría de los militantes revolucionarios desde una perspectiva totalmente distinta, agrega un factor más de desmoralización que tiende a paralizar cualquier contestación al sistema... >> (Op. Cit.)
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