GPM ante este nuevo conflicto
interburgués
¿Qué tiene que ver el terrorismo con la sismología? Los terremotos propiamente dichos se originan a consecuencia de la liberación de energía procedente del núcleo ígneo del planeta. Esta energía surge como emanaciones o vapores que penetran por entre las fisuras, grietas o fallas internas de la corteza terrestre o litosfera, y allí se acumula lenta pero continuamente en las zonas más frías de esas cavidades, donde permanece formando bolsas hasta el momento de su liberación. Los terremotos se desencadenan cuando esa energía se libera de forma repentina y violenta, mediante una explosión sísmica que termina con dicha concentración de energía. Esta liberación de energía modifica también imprevista y violentamente la geografía física de la zona donde se produce, con todo lo que soporta en la superficie.
Aunque provino del espacio aéreo, el terrible acto terrorista del 11 de setiembre último fue una especie de terremoto político. Ante la inexistencia de fisuras en las relaciones entre asalariados y patronos, el magma de las contradicciones sociales generado por el capitalismo, discurrió durante años por entre las "fallas" interburguesas de la corteza social más caliente del sistema, entre ellas el conflicto palestino, para ir a concentrarse hasta explosionar del modo más infernal, allí donde el termómetro de la lucha de clases vino registrando en todo ese tiempo las más bajas temperaturas mundiales y los más altos dividendos del frío y cruel pago al contado.
Entre los efectos de este terremoto político, no hay que contabilizar tanto la caída de las bolsas internacionales, porque esto ya se estaba produciendo. El atentado y el brusco descenso de los índices bursátiles en todo el mundo, son dos fenómenos distintos que tienen una misma causa: el agudizamento de la crisis no sólo económica, sino también política y moral del sistema capitalista. El efecto más trascendente de este terremoto, consiste en que la burguesía internacional consiguió vencer la resistencia de una mayoría social a la guerra, algo que nosotros no teníamos del todo previsto.
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