LUCHA DE CLASES Y FRENTES POLÍTICOS Índice 1. Carta que da origen al documento 2. Introducción 3. Frente político entre clases subalternas del capitalismo y desarrollo económico desigual 4. Del frente policlasista al partido revolucionario independiente 5. El comunismo utópico rompe la unidad de los comunistas por la izquierda del movimiento 6. El frente policlasista rompe la unidad de los comunistas por la derecha del movimiento 7. El fundamento del partido obrero independiente y la revisión "Manifiesto Comunista" 8. El frente policlasista dentro del capitalismo sustituye a la lucha por el comunismo en el movimiento obrero 9. Anexo 1.-Carta que da origen al documento ESTIMADOS CAMARADAS: GRACIAS POR EL AVISO Y GRACIAS POR CONTINUAR CON VUESTRA APORTACIÓN AL DEBATE. POR CIERTO, HACE UNOS DÍAS, Y AL PEDESTRE NIVEL DE TERTULIA DE SOBREMESA, SURGIÓ ENTRE VARIOS CAMARADAS EL DEBATE ACERCA DE LA ACTUAL NECESIDAD DEL FRENTE ÚNICO. LO QUE MÁS CLARO ME QUEDÓ ES QUE NINGUNO/A TENÍAMOS CLARO EL CONCEPTO DE FRENTE ÚNICO. ¿QUÉ POSICIÓN TIENE AL RESPECTO EL GPM? LUCHA DE CLASES Y FRENTES POLÍTICOS 2.- Introducción Estimado Fran: Lo que más recientemente se conoce por el vocablo "frente" ha sido práctica común desde que la sociedad humana se dividió en clases. Se han venido presentando como coaliciones entre fracciones de una misma clase gobernante que conspiran unas contra otras, o entre distintas clases subalternas para defenderse de la explotación y opresión de que son objeto por parte de quienes ejercen el poder en virtud de presuntas supremacías de orden político, religioso o racial, pero que han tenido y tienen invariablemente por substrato, determinados intereses materiales : En la antigüedad, estos "frentes" o coaliciones, eran conocidos por la palabra "Liga" o "alianza". Un ejemplo de frentes o coaliciones entre distintas fracciones de una misma clase, fue la Liga Etolia en la antigua Grecia, una coalición entre las clases esclavistas de las ciudades Estados griegas en la región de Etolia, constituida a principios del siglo IV a.C. La Liga adquirió importancia en el siglo III a.C. cuando dirimió supremacías con la Liga Aquea, durante las que se conocieron como "guerras del Peloponeso". Esta Liga, llegó a dominar todo el centro de Grecia desde el mar Jónico hasta el mar Egeo, pasando a controlar las zonas de Tesalia, Tracia y Asia Menor. Un ejemplo de frentes precapitalistas entre clases subalternas, ya durante la sociedad moderna, fue la que protagonizó el alzamiento provincial encabezado por los llamados "Nu-Pieds" de Normandía, entre julio y noviembre de 1639. Los salineros que trabajaban con los pies desnudos en las arenas de la bahía del Mont-Saint-Michel, donde calentaban agua del mar para obtener sal, vieron como un agravio comparativo el proyecto de la Corona francesa de aplicar el impuesto a la producción de sal en la región, dejando exentas a otras provincias donde campesinos y pequeños caballeros producían y vendían sal relativamente libre de impuestos. Normandía fue una de las provincias más cargadas de impuestos. En su libro titulado "Revueltas y revoluciones en la edad moderna" el historiador Pérez Zagorín cita a M. Foisil en "La revolté des Nu-Pieds", quien calificó la revuelta como "Un frente de distintas clases -nobles y siervos de la provincia contra el Estado central monárquico" (Cfr.: Op.Cit. Tomo II Cap. IX). Acabó siendo una exaltación policlasista del nacionalismo provincialista normando. Desde entonces a esta parte, cuando en enero de 1848 presentaron al mundo su "Manifiesto Comunista", sin emplear el término Marx y Engels justificaron el frente del proletariado con la pequeñoburguesía rural y urbana. Pero lo hicieron por primera vez desde el punto de vista de una concepción científica de la historia, cuyos fundamentos -según cuenta Engels- le expuso Marx un día de 1844 en una mesa del café parisino "La Regence", donde hoy está la oficina de turismo de Marruecos. La concepción materialista de la historia está basada en la articulación lógica de las siguientes ideas fundamentales: Primera Idea: En el curso de su vida colectiva, los seres humanos han venido contrayendo espontáneamente determinadas relaciones sociales para la producción y reproducción de su vida social, relaciones de producción (como las de amos y esclavos, señores y siervos, capitalistas y asalariados) que dieron pábulo a los distintos tipos de sociedad que constituyen la materia de la historia. Segunda idea: Estas distintas formaciones sociales corresponden a determinadas fases de desarrollo de sus fuerzas productivas materiales. Así como el arado de hierro y la energía hidráulica marcaron respectivamente el principio del fin de la economía de subsistencia y de las sociedades basadas en las relaciones de dependencia directa como las de la esclavitud y la servidumbre, los modernos sistemas de automatización de la producción están dejando hoy día sin sentido la vida social organizada en base a la explotación del trabajo asalariado. Tercera idea: El conjunto de las relaciones de producción conforma la estructura económica o material de la sociedad, que es la base sobre la que se eleva un edificio jurídico y político y a la que corresponden determinadas formas de conciencia social. El modo de producción de la vida material determina el proceso de la vida social, política y espiritual en general. Habiendo llegado a esta concepción de la historia, Marx y Engels concluyeron: 1) que las formas burguesas de producción ya instauradas en la sociedad feudal pero no todavía suficientemente desarolladas, son la última forma social antagónica del proceso histórico-social de producción humana; 2) que el despliegue de las fuerzas productivas contenidas en estas relaciones de producción, constituyen las condiciones materiales y sociales para la solución definitiva de este antagonismo, y, 3) que la clase social determinada por el capital para cerrar la prehistoria de la sociedad humana, es el proletariado. 3.- Frente político entre clases subalternas del capitalismo y desarrollo económico desigual Ahora bien, dado que la acumulación del capital dentro de las relaciones de producción feudales todavía predominantes, era naturalmente incipiente, las nuevas clases sociales -burguesía y proletariado- constituían una irrisoria minoría respecto del bloque histórico de poder entre la nobleza terrateniente y el campesinado en general. Marx y Engels sostenían, por tanto, que en la tarea de liberar al capitalismo de las trabas feudales, el proletariado en semejantes condiciones de inferioridad numérica no podía más que constituirse en un poder político auxiliar de la burguesía, clase a la que, en esa etapa del desarrollo de la humanidad, le correspondía asumir toda la responsabilidad de hacerse cargo de las ruedas de la historia. Era necesario, por tanto, que los asalariados y la pequeñoburguesía urbana y rural -interesados en la nueva sociedad nacida del vientre de las relaciones de señorío y servidumbre-, ayudaran a que los capitalistas asumieran todo el poder político, librando a la sociedad de las reminiscentes trabas feudales que impedían la libre acumulación del capital y la consecuente expansión de su clase explotada. Para eso, de momento el proletariado debía renunciar a sus propias reivindicaciones históricas, a su propia emancipación social, diluyéndose en las organizaciones políticas de la burguesía, luchando desde ellas contra la opresión de la sociedad feudal decadente. Esta circunstancia o condición histórica específica, alumbró la necesidad del frente político entre el proletariado y la perqueñoburguesía democrática en la sociedad de transición del feudalismo al capitalismo. La justificación de ese frente político policlasista desde el punto de vista estratégico comunista, procedió de que sólo unas relaciones capitalistas desarrolladas podían crear un asalariado numeroso, hasta que el cambio de cantidad en cualidad pusiera a esta clase creada por el capital, en situación de poder liderar un proceso de lucha capaz de disputar a la burguesía el poder político desde la perspectiva de un proyecto económico-social superador del capitalismo: el socialismo. Tal fue el origen de los frentes policlasistas entre el porletariado y la pequeñoburguesía rural y urbana. Pero, dado que desde su nacimiento en el seno de la sociedad feudal, el capitalismo tuvo siempre un desarrollo económico desigual, no en todas partes el frente del proletariado con la pequeñoburguesía cumplió el cometido revolucionario esperado. Es que, dada la debilidad numérica del proletariado y la actitud vacilante de la pequeñoburguesía en su carácter de clase intermedia aunque políticamente decisiva por su mayor masa social, el ritmo de la revolución capitalista en cada país, dependió del comportamiento de la burguesía y, éste, de su relativa fortaleza o debilidad económica y social. De ahí que, en enero de 1848, cuando publicaron su "Manifiesto Comunista", Marx y Engels observaron que este desarrollo económico desigual se expresaba también en distintas formas de conflictos políticos y, por tanto, en diversas formas de frentes entre las clases en lucha contra la nobleza todavía políticamente dominante, no sólo contra los abusos dentro de esa sociedad, sino contra la vigencia de la sociedad misma, por una sociedad más avanzada según las necesidades históricas determinadas por las contradicciones en el seno de la sociedad dominante: <> (K.Marx-F.Engels: "Manifiesto Comunista" Cap. IV) La salvedad hecha por los creadores del Materialismo Histórico respecto de Alemania, en cuanto a la actitud de los comunistas frente a las distintas burguesías nacionales opositoras en Europa, estaba plenamente justificada y encerraba toda una premonición. En efecto, allí donde, como en Inglaterra o Francia, la mayor fortaleza social de la burguesía infundió a esta clase valor político suficiente para liderar el proceso revolucionario hasta el final, la pequeñoburguesía acompañó exitosamente al proletariado en su lucha de auxiliar a la revolución burguesa en esos países. Pero no ocurrió lo propio en Alemania, cuyo atraso económico relativo gestó una burguesía débil y cobarde. Temerosa de su propio proletariado, tubo miedo de ponerse al frente de la lucha contra la nobleza reaccionaria, en la que se apoyó para medrar, aunque no lo suficiente para saberse capaz de seguir desarrollándose políticamente sin ese apoyo: <> (K. Marx: "La burguesía y la contrarrevolución" 16/12/848) 4.- Del frente policlasista al partido revolucionario independiente Esto explica que el frente policlasista no pudiera cumplir en Alemania con su misión de ejercer la voluntad del pueblo liberando al capital de los obstáculos políticos que suponía la monarquía absoluta, porque la burguesía se negó haciendo frente único con la nobleza. Así, del plato a la boca, el pueblo alemán, que la había cocinado, se quedó sin la sopa. De este enjuague a espaldas del pueblo, resultó la monarquía constitucional, un híbrido entre la monarquía absoluta y la república burguesa: <> (K. Marx: "Nueva Gaceta renana" Nº170 16/12/848. Ed. cit.) Pero fue un pacto con todos los recursos jurídicos previstos como para no solo dejar a salvo los privilegios feudales de que la nobleza había venido gozando, sino agregar otros nuevos. Y, además, para que desde ese término medio político-institucional se pudiera retroceder a la monarquía absoluta, al estado monárquico despótico, pero nunca avanzar hacia la república burguesa, hacia el dominio pleno de la ley del valor y de las libertades "democráticas" del capitalismo: <> (Ibíd) No obstante, esta experiencia que se consumo en 1850, así como la actitud del proletariado francés en febrero (su triunfo que permitió instanurar la república burguesa) y en junio (su derrota frente a la burguesía), reforzó en Marx el concepto de revolución permanente. Así fue cómo alumbró en él la necesidad de construir un partido proletario independiente, entendido como la expresión orgánico-política de la teoría revolucionaria: el materialismo histórico, aplicado a la realidad actual del capitalismo como condición a transformar. Tal fue la síntesis dialéctica en su intelecto, resultante de la contradicción histórica entre la afirmación política abstracta del proletariado como clase social sin partido pfreconizada en el "Manifiesto", y su negación en el frente policlasista. Pero esta síntesis dialéctica que iluminó el espíritu de Marx y Engels fue el resultado de un proceso de compromiso revolucionario con la lucha de clases en Europa, entre 1845 y 1848. Mientras tanto, consecuentes con el criterio de actuar como ala propulsora de la revolución burguesa desde la extrema izquierda de la burguesía en frente único con la pequeñoburguesía democrática, Marx, Engels y sus correligionarios en la "Liga de los comunistas" se entregaron por entero desde 1845 a promover el agrupamiento de la clase obrera europea en frente único con los demócratas pequeñoburgueses. Desde el verano de ese año en Inglaterra, ambos participaron en la creación de Fraternal Democrats, una organización internacional que permitió agrupar a la izquierda del cartismo con la Liga de los Justos y grupos de demócratas exiliados en diversos países europeos. Al año siguiente, ya en Bruselas, Marx participó en la creación de la Asociación democrática de Bruselas fundada en setiembre de 1847. En febrero de 1848, el comité de esta Asociación acordó con Fraternal Democrats la celebración de un congreso internacional de organizaciones democráticas que la revolución de febrero en Francia impidió. A partir de junio de ese año, Marx desempeñó una intensa actividad dentro del partido demócrata pequeñoburgués. Designado para representar a la Asociación Democrática de Colonia ante el comité central de las tres asociaciones democráticas de Colonia (la Asociación democrática, la Asociación obrera y la Asociación de obreros y patronos), participó del primer congreso de demócratas renanos donde fue designado, entre otros, para dirigir el flamante partido demócrata de Renania. A finales de 1848, Marx era, todavía, líder destacado de la Asociación democrática de Colonia y del Comité democrático de Renania, al mismo tiempo que presidente de la Asociación obrera de Colonia, fundada por Gottschalk, aunque -según cuenta Claudín- en ésta última su participación fue muy breve. (Cfr. F. Claudín: "Marx, Engels y la revolución de 1848" cap. II nota 143). Es importante señalar en este punto, que durante ese mismo mes de junio de 1848 en que Marx pasó a dedicar casi todo su tiempo a militar en la Asociación Democrática de Colonia, los demócratas pequeñoburgueses de París acababan de demostrar hasta dónde fueron capaces de ir con el proletariado. En un importante artículo que publicó la NGR el 26 de junio de ese año titulado: "La revolución de junio en París", Marx hizo un genial ejercicio intelectual de proyección estratégica insuperable. Aun habiendo sido aplastados, los obreros de París fueron los únicos vencedores, porque han sabido triunfar sobre sus propias ilusiones: <> (K. Marx: NGR: "La Revolución de Junio en París". Citado de "Obras Fundamentales Marx-Engels. FCE/989 Tomo 5 Pp. 56) El monstruo al que aludía Marx era el orden burgués una vez que, con la ayuda del proletariado, se desembarazó para siempre del poder político feudal. Ninguna de las precedentes revoluciones francesas -señaló Marx- había atentado contra él. <> (K. Marx ibid). Toda esta lógica política desplegada desde febrero a junio de 1848 en Francia, había estado dentro de las previsiones de Marx. El frente policlasista había servido en Francia para entronizar a la burguesía en el poder y eso había sido progresivo. Pero, como hemos dicho ya, la realidad económica y social alemana difería de la francesa e inglesa. Su atraso económico relativo se traducía en relaciones sociales de clases distintas. El menor grado de acumulación del capital alemán y la consecuente debilidad social de la burguesía respecto de las demás clases y sectores de clase de la sociedad en ese país, determinaron en ella un comportamiento diverso respecto a sus homólogas inglesa y francesa, de modo que, dentro de la estrategia correcta de revolución permanente ya esbozada por Marx desde 1843 en la "Introducción a la Crítica de la Filosofía Hegeliana del Derecho Estatal" (paso sin solución de continuidad de la lucha por la revolución burguesa a la lucha por la revolución proletaria), obligaba a trazar una táctica de acumulación política del proletariado distinta a la trazada para Francia o Inglaterra, cosa que no parece haber sido advertida por el creador de la FILOSOFÍA de la praxis. Más aun estando muy fresco en la memoria el segundo acto o <> de junio en París. Nos referimos a la decisión de hacer pasar la acción de los revolucionarios por las organizaciones democráticas de la pequeñoburguesía, por el frente con ella. De hecho, a finales de 1848 Marx comparte su militancia como presidente de la Asociación Obrera de Colonia con su condición de destacado dirigente de la Asociación democrática de Colonia y del Comité democrático de Renania. Tuvieron que transcurrir desde entonces quince meses, para que la prueba de la práctica fuera demostrando qué es lo que la burguesía alemana se vio obligada a hacer por fuerza de sus propias circunstancias e intereses frente a las crisis simultáneas de Frankfort y Berlín, así como durante la insurrección de Viena. A propósito de ésta última, comparando el proceso revolucionario de 1848 en Francia con lo acontecido en Alemania el mismo año, Marx empezó a sacar las consecuencias políticas del distinto comportamiento de la burguesía alemana en relación a sus homólogas francesa e inglesa: <> (K. Marx: "La Revolución en Viena" NGR 12/10/848. Ed. cit.) Producida la derrota del movimiento democrático en Viena, en el número de la NGR correspondiente al 7 de noviembre, Marx destaca la diferencia entre la decisión de la burguesía francesa de acabar con los restos políticos del feudalismo, frente a la pusilánime ausencia de vocación histórica de la burguesía prusiana, cuya debilidad económico-social le hizo sentirse políticamente incapaz de ponerse al frente de la lucha por la nueva sociedad capitalista sin tutelaje de las clases retrógradas ancladas en el feudalismo: <> (K. Marx: "Triunfa la contrarrevolución en Viena" NGR 7/11/848. Ed. cit.) Acobardada no tanto por lo que el proletariado era en ese momento sino por lo que amenazaba con llegar a ser y ya era el francés, la burguesía alemana sólo vio su salvación pactando un arreglo con la nobleza. Tras describir el curso de los acontecimientos, desde marzo hasta diciembre, Marx llegó a la conclusión de que la burguesía alemana había demostrado su absoluta incapacidad y decisión para arrinconar a la nobleza y su cohorte política: la burocracia estatal y el ejército, reduciendo los poderes de la Corona a todo lo que no limite la libre expansión del trabajo asalariado para los fines de la acumulación capitalista, como ya ocurriera en Francia e Inglaterra: <> (K. Marx: "La burguesía y la contrarrevolución" NGR 31/12/848. Ed.cit. Lo entre paréntesis es nuestro) Con esto estaba diciendo que, dado el comportamiento de la burguesía alemana, su incapacidad para ponerse al frente de la lucha consecuente por la república burguesa, el proletariado debía abandonar su condición de clase auxiliar, ya que, a la vista de los hechos, las tareas democráticoburguesas en países como Alemania, sólo podrían ser cumplidas en lucha simultánea contra la burguesía y contra la monarquía absoluta, lo cual suponía que los comunistas abandonaran el frente policlasista con la perqueñoburguesía democrática y empezaran a trabajar por la autoorganización del proletariado como partido de clase. Para ello, se plantearon dos tareas fundamentales: 1) fundir la teoría revolucionaria con el movimiento obrero espontáneo como método de construcción del partido revolucionario; 2) elaborar una táctica para arrastrar a la pequeñoburguesía vacilante tras la lucha decidida del proletariado independiente por los objetivos sociales y políticos democráticoburgueses, que la débil burguesía demostraba ser incapaz de hacer cumplir. A esto se pusieron manos a la obra Marx y Engels desde enero de 1849, una vez consumada la derrota del movimiento democrático alemán ante la pasividad de la burguesía en Hamburgo, Berlín y Viena. De esta derrota a manos de la reacción aristocrática, ésta ofreció a la burguesía una solución política de compromiso, de cuya aceptación resultó un instrumento político de gobierno, a medio camino entre la monarquía absoluta y la república burguesa, que Marx denominó la "constitución otorgada". A finales de 1849, desde su exilio en Londres, Marx incorporó nuevos datos económicos que le permitieron insistir en la perspectiva revolucionaria prevista un año antes. Sus análisis de la coyuntura económica le indujeron a afirmar que la crisis de 1847 había dado paso a una nueva fase de expansión verificable en la segunda mitad de 1848. No obstante pronosticó una nueva e inminente crisis económica. Dada la situación política continental que calificó de explosiva, Marx pronosticó que la combinación de todos estos factores desembocaría en una situación revolucionaria más avanzada que la anterior: <>. (K. Marx: "Carta a Weydemeyer" 19/12/849. Lo entre paréntesis es nuestro) En la tercera parte de "Las luchas de clases en Francia" -redactada en abril de 1850- Marx interpreta que el triunfo en las elecciones del 10 de marzo de 1850 de los insurrectos franceses vencidos en junio de 1848, expresa la gravitación creciente que el proletariado venía ejerciendo sobre la pequeñoburguesía como condición para aspirar a la "república roja", el contenido proletario de una nueva revolución en Francia: <> (K. Marx: "Las Luchas de Clases en Francia" III.) Por su parte, en un artículo publicado el 1/9/848, Engels señala expresamente que la burguesía se encontraba <>. Siempre inspirado -al igual que su amigo- por el principio de la revolución proletaria permanente, Engels está pensando en la perspectiva no lejana de implantar la república roja y en la inmediata aplicación del programa de transición hacia el comunismo a escala europea: <<¿Como explicarse la continua victoria del "orden" en toda Europa? ¿De dónde vienen las numerosas y repetidas derrotas del Partido Revolucionario, de Nápoles a Praga, de París a Milán, de Viena a Frankfort?. De que todos los partidos saben que la lucha en gestación en todos los países civilizados es incomparablemente más importante que todas las revoluciones habidas hasta hoy; de que en Viena como en París, en Berlín como en Frankfort, se trata del derrocamiento del poder político de la burguesía [...] ¿Queda acaso un centro revolucionario en el mundo donde en los últimos cinco meses no haya flotado sobre las barricadas la bandera roja, la enseña de combate del proletariado europeo fraternalmente unido? La burguesía se encuentra directamente amenazada en su existencia políti- ca, e indirectamente en su existencia social por cada insurrección que estalla ahora. De ahí todas esas derrotas. El pueblo, la mayor parte del tiempo desarmado, debe luchar no sólo contra la fuerza organizada, burocática y militar, del Estado pasado a las manos de la burguesía, sino también contra la misma burguesía armada. Mal armado y sin organización, el pueblo tiene frente a él todas las otras clases de la sociedad, bien organizadas y bien armadas. He ahí por qué el pueblo ha sucumbido y sucumbirá hasta que sus adversarios no se debiliten, bien a consecuencia de su participación de sus tropas en la guerra, bien porque se escindan sus filas, o porque algún gran acontecimiento empuje al pueblo a combatir desesperadamente y desmoralice a sus enemigos>> (F. Engels: "Mediación e intervención de Radetzky y de Cavaignac" NGR: 1/9/48) Y en un artículo de la NGR publicado el 1 de enero de 1849, Marx expone las condiciones necesarias para que <> pueda materializarse. La primera condición pasa por la implantación de la república social en Francia, esto es: <> (K. Marx: "El Movimiento Revolucionario" NGR 1/1849) Pero, para Marx, esa condición no puede verse cumplida sin la revolución en el baluarte del capitalismo europeo y mundial en esos tiempos, sin la derrota de la burguesía inglesa a manos del proletariado de ese país. La consolidación del socialismo en la periferia capitalista sólo es posible a condición de que estalle la revolución en su centro. Lo mismo pensó Lenin en 1918. Por eso previó y alentó la revolución alemana que la socialdemocracia de la IIª internacional abortó: <> (K. Marx: ibid) A su vez, según Marx y Engels, la revolución en Inglaterra no tendría su causa directa en la lucha de clases interna sino en el debilitamiento de la burguesía de ese país a raíz de su segura intervención bélica para acudir en ayuda de sus colegas franceses, tal como lo había formulado Engels pocos meses antes, tal como ocurrió con los ejércitos napoleónicos. Así, habiendo empezado liderando la contrarrevolución burguesa en Francia, Inglaterra pasaría a la cabeza de la revolución proletaria en Europa: <<...la vieja Inglaterra no puede ser derrocada más que por una guerra mundial, lo único que puede ofrecer al partido cartista, al partido obrero inglés organizado, la condición de un levantamiento victorioso contra sus gigantescos opresores. [...] toda guerra europea en la que esté implicada Inglaterra será una guerra mundial [y] la guerra europea es la primera consecuencia de la revolución europea victoriosa en Francia. Inglaterra, como en la época napoleónica marchará a la cabeza de los ejércitos contrarrevolucionarios, pero la guerra misma la precipitará a la cabeza del movimiento revolucionario.[...] Sublevación de la clase obrera francesa, guerra mundial>> (K. Marx: ibid) En cuanto a Alemania, siempre conscientes del desarrollo desigual del país y de la momentánea debilidad del proletariado alemán, Marx y Engels seguían insistiendo en que la revolución alemana mantenía su carácter democráticoburgués. Consecuentemente, lograron que la Liga mantuviera la línea de colaboración con la burguesía impulsando la lucha hasta la desaparición del régimen absolutista. Pero, tal como tenían pronosticado, el nuevo alzamiento del proletariado francés y la -para ellos- más que probable implantación de la república roja en París, daría un nuevo impulso a la revolución en el resto del continente. Este nuevo cuadro de situación es lo que muy probablemente explique el hecho de los comunistas alemanes nucleados en la Liga decidieran abandonar el frente único con la pequeñoburguesía, las organizaciones democráticas, para poner todos sus esfuerzos en la creación del partido obrero alemán independiente. En tales circunstancias -enero de 1849- la FILOSOFÍA de Marx y Engels fue atacada por los "hombres de acción" comandados por el doctor Gottschalk un miembro destacado de la "Liga de los comunistas", al que los obreros de Colonia profesaban gran respeto por su abnegada entrega durante varios años como médico de los pobres, a la sazón presidente de la Asociación Obrera de Colonia. Por esas fechas se estaban por realizar las elecciones para la conformación de las Asambleas de Frankfort y de Berlín. Marx y su grupo hicieron prevalecer dentro de la Asociación Obrera de Colonia el criterio de participar en ambos parlamentos votando a los candidatos demócratas. Por su parte, considerando que el proletariado debía saltar por encima de los demócratas y aspirar inmediatamente a la "república obrera", el grupo de Gottschalk se puso en contra denunciando que la propuesta de participar en la nueva Asamblea prusiana, así como esos acuerdos de acción común puntual con los demócratas pequeñoburgueses, eran indicios de que Marx y su gente habían hecho abandono de la causa proletaria. En un artículo publicado en la NGR el 21 y 22 de enero, Marx insiste en defender las tesis que había expuesto en la Asociación Obrera, en momentos en que el gran órgano liberal de Colonia, la "Kölnische Zeitung", acababa de apuntalar las posiciones del grupo de Gottschalk, planteando que el dilema era entre la constitución otorgada por la monarquía y la república roja. Desde el punto de vista de la concepción de revolución permanente planteada por Marx y que Gottschalk esgrimía en su crítica contra él, eso, en perspectiva, era evidentemente así. Pero la constitución otorgada no era un simple adorno político de la realidad alemana. Estaba allí para algo y había que tenerla en cuenta. Sin perder de vista que el proletariado no podía tocar ni un pelo de la burguesía sin el apoyo de esa masa mayoritaria de población constituida por los pequeños campesinos, artesanos y comerciantes, Marx atendía a la mayor preocupación de esa masa, a la esencial intención de su lucha contra los impuestos expropiatorios que servían exclusivamente para mantener a la casta parasitaria de la aristocracia terrateniente y financiera y a su ejército de burócratas y militares que, en conjunto habían conformado el Estado absolutista y seguían al frente del nuevo Estado monárquico constitucional. Eso que la constitución otorgada seguía legitimando no se había modificado, y sin esa modificación era imposible movilizar a la pequeñoburguesía contra el capital. Y el caso es que la pequeñoburguesía creía en las ilusiones constitucionalistas, en que la "voluntad de todo el pueblo" lograría derogar esa pesada carga al servicio del privilegio de unas minorías parasitarias. De ahí que la consigna de "república roja" no tuviera todavía nada firme bajo sus pies para poder andar segura por la historia. Al quedar comprometida con ese Estado parasitario y opresor asumiendo la constitución otorgada, la burguesía prusiana ya no podía seguir ocultándo al pueblo su naturaleza igualmente reaccionaria. Al constatar que la burguesía se echaba en brazos de la reacción por miedo a la revolución socialista, Marx entiendió que esa nueva realidad no cambiaba el carácter burgués de la revolución, pero sí su fórmula política. Al no ser posible ya una revolución puramente burguesa y el establecimiento de la dominación burguesa bajo la forma de la monarquía constitucional, sólo cabían dos alternativas posibles: la contrarrevolución feudal absolutista o la revolución democráticoburguesa dirigida por el proletariado, tal como Marx ya lo anunciara en "La burguesía y la contrarrevolución". 5.-El comunismo utópico rompe la unidad de los comunistas por la izquierda del movimiento Al ver que la constitución otorgada confíó el timón del Estado alemán a los representantes de las anacrónicas relaciones de propiedad feudales, Marx proclamó que Alemania había entrado en una dinámica cuya lógica -de no interponerse fuerzas revolucionarias en contrario- debía culminar por restaurar plenamente el poder que la Corona había perdido en marzo de 1848. Pero observando que semejante situación tendía a poner a la pequeñoburguesía en la órbita y bajo la dirección política del proletariado, Marx entendió que la burguesía prusiana y la Corona parecían haber dado solución al conflicto de clases planteado desde la perspectiva de la revolución democrática del proletariado. Pero advirtiendo que eso sólo sucedería, siempre que los revolucionarios supieran combatir con eficacia las ilusiones constitucionalistas de las masas obreras y pequeñoburguesas. Con estos argumentos, Marx concluirá su réplica a la "Kölnische Zeitung" y a la gente de Gottchalks diciendo que en esos precisos momentos, el dilema no está en decidir entre la constitución otorgada y la república roja sino entre... <> (K. Marx: "Motesquieu LVI" NGR 21 y 22/1/849. Citado por F.Claudín op.cit. Cap. II. Lo entre paréntesis es nuestro.) Esa posición de Marx y Engels suponía sostener la táctica de acción conjunta con los demócratas burgueses y pequeñoburgueses, pero no ya como auxiliar político sino como protagonista principal. Después de haber explicado en qué consistía el falso dilema planteado por la gente de Gottschalk, Marx expuso cual debía ser la actitud de los obreros y masas oprimidas en general: <> (K. Marx: "La División del Trabajo en la Kölnische Zeitung" NGR 11/2/849. Citado por F.C. Op. cit. ibid) Durante los seis meses que Gottschalk permaneció en prisión cambió la composición de fuerzas dentro de la Asociación Obrera. Al mismo tiempo que se adoptaron unos estatutos más democráticos, se decidió que Schapper sustituyera a Gottschalk en el cargo de presidente. La mayoría de la nueva dirección secundó las posiciones de Marx. La Asociación se escindió. Gottschalk y sus partidarios fundaron otra que duró dos meses. A mediados de enero de 1849, este grupo comenzó a publicar un portavoz titulado "Freiheit, Arbeit" (Libertad, Trabajo) que se presentó como continuador del anterior órgano de la Asociación Obrera y anunció una lucha decidida <>. El 25 de febrero "Freihei, Arbeit" publicó una carta abierta <> donde Gottschalk expuso el fondo de las divergencias. La carta comienza aludiendo al pasaje del artículo de Marx, donde decía a los obreros que: <<...más vale sufrir en la sociedad burguesa moderna, cuya industria crea los medios materiales necesarios para la fundación de una sociedad nueva, que no retroceder a una forma social caduca>>. "Freihei, Arbeit" responde: <> (Andreas Gottschalk: "Freihei, Arbeit". H.M. Enzensberger: op. cit. T I) El sufrimiento de los explotados constituye, sin duda, la justificación de su lucha. Pero en modo alguno agota el sentido de su estrategia, que debe fundarse exclusivamente en la inteligencia política, sobre la base del conocimiento más certero posible de las condiciones económicas y políticas en que esa lucha tiene lugar en cada momento. En esa carta del grupo de Gottschalk había una poderosa fuerza moral revolucionaria, sólo conducente a sus objetivos propuestos si estaba dirigida por no menos sólidas razones políticas que a ese grupo le faltaban. La fuerza de esas razones -que ya gravitaba por entonces en el espíritu de Marx- aparecerá concentrada en "Las Luchas de Clases en Francia" casi dos años después de esta disputa con Gottschalk. Allí hay un párrafo que explica sintéticamente el sentido del dilema entre constitución otorgada y república roja -planteado por la reaccionaria "Kolinsche Zeitung"- que se había apoderado de la gente de Gottschalk. Marx explica en ese texto que el proletariado es todavía una ínfima parte de la población explotada y que, por tanto, en el conjunto de las luchas contra la explotación, la suya es solo un hecho parcial que, por sí misma, no puede constituir el contenido nacional de la revolución. Podría serlo si las demás clases subalternas (campesinos, artesanos y pequeños comerciantes), estubieran en condiciones de comprender que la usura, las hipotecas, los impuestos y demás cargas que ellos atribuían al ya caduco sistema feudal, no eran ya más que <> del capital y que, por tanto, su lucha se hermanaba con la lucha obrera en función de que, efectivamente, tenían un enemigo estratégico común. Pero ese no era el caso. En efecto: <<...si el proletariado francés, en un momento de revolución, posee en París una fuerza y una influencia efectivas, que le espolean a realizar un asalto superior a sus medios, en el resto de Francia se halla agrupado en centros industriales aislados y dispersos, perdiéndose casi en la superioridad numérica de los campesinos y pequeñoburgueses. La lucha contra el capital en la forma moderna de su desarrollo, en su punto de apogeo -la lucha del obrero asalariado industrial- es, en Francia, un hecho parcial, que después de las jornadas de febrero no podía constituir el contenido nacional de la revolución; con tanta mayor razón cuanto que la lucha contra los modos de explotación secundarios del capital -la lucha del campesino contra la usura en las hipotecas, del pequeñoburgués contra el gran comerciante, el fabricante y el banquero, en una palabra, contra la bancarrota- quedaba aun disimulada en el alzamiento general contra la aristocracia financiera. Nada más lógico, pues, que el proletariado de París intentase sacar adelante sus intereses al lado de los de la burguesía, en vez de presentarlos como el interés revolucionario de la propia sociedad, que arriase la bandera roja ante la bandera tricolor. Los obreros franceses no podían dar un paso adelante, no podían tocar ni un pelo del orden burgués, mientras la marcha de la revolución no rebelase contra este orden, contra la dominación del capital, a la masa de la nación -campesinos y pequeños burgueses- que se interponía entre el proletariado y la burguesía; mientras no la obligase a unirse a los proletarios como a su vanguardia. Sólo al precio de la tremenda derrota de junio, podían los obreros comprar esta victoria. [...] El proletariado de París fue obligado por la burguesía a hacer la insurrección de junio. Y en esto iba implícita su condena al fracaso. Ni su necesidad directa y confesada le impulsaba a querer conseguir por la fuerza el derrocamiento de la burguesía, ni tenía aun fuerzas bastantes para imponerse esta misión. [...] Sólo empapada en la sangre de los insurrectos de junio ha podido la bandera tricolor transformarse en la bandera de la revolución europea, en la bandera roja. Y nosotros exclamamos: ¡La revolución ha muerto! ¡Viva la revolución!>> (K. Marx: Op.cit. cap. I: "La derrota de junio") Estos argumentos eran todavía más válidos para Alemania, donde el contraste entre la zona industrial de Renania y el resto del territorio de ese país preponderantemente agrario era aún más acusado. Lo que en esencia se trataba de trasmitir desde las páginas de la "Nueva Gaceta Renana", es que, aun antes que estalle, toda revolución en la moderna sociedad capitalista tiene un carácter que sólo cambia con la propia vida de la revolución impulsada por la naturaleza de las cosas, en este caso por la lógica del capital. Por tanto, si en la Alemania de 1848 era cuestión de intervenir en sentido efectivamente revolucionario, ello suponía una comprensión previa, lo más exacta posible, de la base material sobre la cual se dirimía la lucha de clases en aquellos momentos. Sabiendo que lo fundamental es tarea irremplazable del "viejo topo" (las leyes del capitalismo), los revolucionarios sólo tenían que actuar en el sentido que marcaba y sigue marcando la ciega certeza de ese asimilado en su tarea de clarificar la sociedad, eliminando de ella las simulaciones y apariencias que evitaban la necesaria síntesis política entre las clases subalternas: el bloque histórico de que hablaba Gramsci; Contribuir a esa clarificación y ajustarse milimétricamente con la acción a esa certidumbre teórica para <> comunista, tal fue el glorioso ejemplo de militancia revolucionaria que cumplieron los "hombres de la pluma" desde las páginas de la "Nueva Gaceta Renana" En medio de esta disputa con los "hombres de acción" liderados por Gottschalk dentro de la Liga, Marx y Engels al frente de los "hombres de la pluma" salían al paso de la mixtificación de la democracia burguesa imperante en el seno de las asociaciones democráticas. A la "National Zeitung" que maneja en abstracto el concepto de "voluntad del pueblo entero", Marx le hace notar que su significación real es "voluntad de la clase dirigente". Frente a la idealización del sufragio universal, advierte que... <> Y reafirma su posición crítica respecto de las izquierdas parlamentarias: <> (K. Marx: NGR. Citado por F. Claudín op.cit. cap. II. Aclaración nuestra) La crítica a la llamada izquierda parlamentaria desde las páginas de la NGR culminó con un extenso artículo que Engels dedicó al debate en la nueva Asamblea Nacional con motivo del mensaje de la Corona, donde anticipó la función del "transformismo" gramsciano que la burguesía empezó a operar en Alemania desde los parlamentos todavía no emancipados de la tutela institucional de la nobleza. Lo único que Engels ve de interesante en esos debates, es... <> (F. Engels: "El Debate de Berlín sobre el Mensaje" en NGR del 30/3/849. Citado por F. Claudin Op.cit. cap. II. Subrayado nuestro) El reproche al grupo de Marx por su aparente pasividad política ante <>, no era un arma retórica que el grupo de Gottschalk utilizara en su lucha por hacer prevalecer sus posiciones dentro de la Liga, sino una realidad social tan evidente como dramática. El recrudecimiento de la crisis económica europea -de mayor incidencia en la relativamente atrasada Alemania- obligaba a los burgueses de este país a emular a sus colegas ingleses en crueldad a la hora de explotar trabajo ajeno. Esta situación tendrá su reflejo inmediato en el plano político- organizativo de la clase obrera. Durante el invierno de 1848/49 se forman numerosas asociaciones obreras de carácter eminentemente político. Destaca entre ellas la "Fraternidad Obrera" con radio de influencia al norte de Alemania; fundada por Stephan Born, entre el 27 y el 29 de diciembre de 1848 celebró su segundo congreso nacional el Leipzig, seguido del Congreso General Obrero Alemán que agrupaba a una serie de asociaciones obreras radicadas al sur del territorio. Un congreso celebrado en Heildelberg los días 28 y 29 de enero de 1849 acordó la fusión de los órganos dirigentes de ambas organizaciones. Al nuevo comité central unificado con sede en Leipzig se le encomendó organizar un congreso de toda Alemania para crear la Unión General de los Obreros Alemanes. Durante los meses siguientes, congresos obreros organizados por la Fraternidad de Hamburgo, Turingia y Baviera, llegaron a los mismos acuerdos. A estos se suma la Liga de los comunistas y lo que queda de la Asociación Obrera de Colonia una vez escindido de ella el grupo de Gottchalks. Por su parte, Marx y Engels se ofrecen para dar cursos gratuitos a la Asociación sobre problemas económicos y sociales. La NGR comienza a reflejar en sus páginas esta situación desde principios de 1849. El 5 de enero de ese año aparece el primer artículo de Marx denunciando las condiciones de explotación de los obreros alemanes. Después de explicar el régimen de las llamadas "workhouses" en Inglaterra, Marx escribe: <> (K. Marx: "Un documento auténtico de la burguesía" NGR 5/1/49. Ed. FCE. Cit.) El 11 de marzo, la NGR publicó un documento de la Asociación Obrera de Colonia dirigido a las asociaciones obreras de la provincia renana para establecer relación regular. De ahí, al parecer, salió el acuerdo para que el comité de la Asociación Obrera de Colonia asumiera las funciones de comité regional. Semejante responsabilidad asumida obligó a la Liga de los Comunistas a empeñar todas sus fuerzas en la tarea de agrupar a las asociaciones obreras de la región, en detrimento de sus actividades dentro del movimiento democrático pequeñoburgués. Así es como se tomó la decisión de que los miembros de la Liga renuncien a sus cargos directivos dentro del partido demócrata de Renania. En la declaración que hicieron para fundamentar esta decisión se decía: <> (ibid) Firmaron esta declaración: Marx, Schapper, Annecke, Becker y Wolff. El sentido de este texto se precisa más con el acuerdo que adoptó al día siguiente la asamblea de la Asociación obrera: <<1) Salir de la Federación de asociaciones democráticas de Alemania y afiliarse a la Federación de asociaciones obreras alemanas; 2) Encargar a su Comité de convocar en Colonia un congreso provincial de todas las asociaciones obreras de Renania y Westfalia antes de la reunión del congreso general de trabajadores de Leipzig, con objeto de estrechar los vínculos del partido auténticamente social; 3) Enviar delegados al congreso de las asociaciones obreras de Alemania que tendrá lugar proximamente en Leipzig>> (Cfr. F. Claudín op. cit. Cap. II-6) 6.- El frente policlasista rompe la unidad de los comunistas por la derecha del movimiento Si, tal como hemos visto, Marx y Engels esperaban un rebrote revolucionario en toda Europa que daría a la revolución europea un carácter netamente proletario, aun cuando Alemania estaba por realizar su revolución burguesa, en las nuevas circunstancias políticas previstas, el atraso relativo de la revolución alemana no era en modo alguno decisivo, ya que era de suponer que el torrente revolucionario previsto no tardaría en arrastrar al proletariado alemán poniéndole a la altura de sus hermanos de clase. Tal es la perspectiva que puede explicar por qué, previo abandono de las organizaciones democráticas, Marx preparaba la renuncia a todo compromiso del proletariado alemán con la burguesía. Meses después, en medio de una evidente y sostenida expansión de los negocios en toda Europa, Marx y Engels vieron desmentidas todas las previsiones económicas en las que ambos habían venido coincidiendo desde noviembre y diciembre de 1848. En un análisis de coyuntura concluido hacia el otoño de 1850, Marx modificó el tempo de sus previsiones económicas. Si bien consideró que se seguían manteniendo las mismas condiciones objetivas que gravitaban hacia una próxima gran crisis económica de la burguesía, calculó que esta sobrevendría no más tarde de 1852. Esta nueva situación económica obligaba a una adecuación política. Es en ese momento cuando desde la derecha del movimiento surgió la fracción de unos "hombres de acción" liderada por Willich y Schapper, al parecer deseosos de emular a los Ledru-Rollin, Louis Blanc, Mazzini, Kossuth... <<...y los astros alemanes de menor magnitud, como Rouge, Kinkel, Gögg y qué sé yo cuantos más se reunían en Londres para formar a montones los gobiernos provisionales del porvenir, no sólo para sus países respectivos sino para toda Europa, y que sólo faltaba recibir de los Estados Unidos el dinero necesario a título de empréstitos revolucionarios, para llevar a cabo, en un abrir y cerrar de ojos, la revolución europea, y con ella, naturalmente, la instaura- ción de las correspondientes repúblicas. ¿A quién podía extrañarle que un hombre como Willich se dejase arrastrar por esto, que Schapper se dejase también llevar de su vieja comezón revolucionaria, y que la mayoría de los obreros que en gran parte vivían como refugiados en Londres les siguiesen al campo de los fabricantes democráticoburgueses de revoluciones? el caso es que el retraimiento defendido por nosotros no era del gusto de estas gentes, empeñadas en que nos lanzásemos al deporte de hacer revoluciones. Y como nos negásemos a ello del modo más enérgico sobrevino la escisión>> (F. Engels: "Contribución a la Historia de la Liga de los Comunistas" en "Obras Escogidas Marx-Engels") El programa de esta fracción tenía sólo un punto: derrocamiento del absolutismo e implantación de la República. Y una sola táctica: marchar inmediatamente hacia la unidad política con los demócratas pequeñoburgueses en <>, a fin de poder encarar la lucha por el poder sin pérdida de tiempo. En estas circunstancias, los "hombres de la pluma" agrupados en torno de Marx y Engels parecen haber sacado ya todas las consecuencias teóricas y políticas de su experiencia anterior en el seno del movimiento democrático amplio. Desde marzo de 1850 -fecha en que se procede a reorganizar la Liga de los Comunistas- la fracción de Marx y Engels dan por acabado el tramo del proceso revolucionario presidido por la burguesía, en el que el proletariado debía limitarse a acompañarle en su lucha contra el absolutismo. Si de lo que se trataba era de poner la teoría del proletariado en práctica, es decir, transformar la FILOSOFÍA del materialismo histórico en acción política revolucionaria, había que munirse del instrumento o medio de acción sin el cual tal pretensión es imposible. Ese medio de acción era la organización indepen- diente de los comunistas, cuyo cometido pasaba, a su vez, por contribuir a enriquecer la FILOSOFÍA desde la práctica misma. Para ello era requisito indispensable resistir la tentación del pasado, rechazando decididamente las ofertas de unión que los demócratas pequeñoburgueses oprimidos por la reacción demandaban al proletariado, para convertirle en un apéndice de sus intereses de estatus dentro de la sociedad burguesa: <>(K. Marx-F. Engels: "Circular del Comité Central de la Liga de los Comunistas" del 10 de marzo de 1850". Ed. cit.) 7.- El fundamento del partido obrero independiente y la revisión "Manifiesto Comunista" Los comunistas necesitan independencia política más que ninguna otra clase de la sociedad, porque el proletariado es la única que, por ser la negación absoluta de toda explotación entre los seres humanos, trasciende en su acción política a todas las otras; es verdaderamente revolucionaria porque no teniendo ningún fuero especial en la sociedad de clases, tampoco puede aspirar a nada particular dentro de ella; porque al no estar ligada históricamente a ninguna forma de propiedad, el sentido histórico de su lucha es la negación de toda propiedad. Por tanto, el tren de su movimiento no tiene ninguna estación en la sociedad burguesa; su acción revolucionaria dentro de ella no es parcial o limitada sino total y PERMANENTE; Su accionar no se detiene en la reforma de tal o cual aspecto de la sociedad de clases, sino que tiende objetivamente a su destrucción. De ahí que su organización deba ser independiente respecto de las demás clases sociales: <> (K. Marx-F. Engels: ibid) Cuando expresan esta premisa real de la sociedad de su tiempo y sacan su consecuencia política planteando como objetivo prioritario la unidad política del proletariado, Marx y Engels están sin duda pensando en el principio del "Manifiesto" en su parte IVª: <>, conscientes de que con lo prescrito en la "Circular de marzo de 1850" superan lo dicho seguidamente en este mismo párrafo: <> (K.Marx-F. Engels: "Manifiesto del Partido Comunista" parte IVª) Esta revisión del "Manifiesto" en modo alguno significaba que el proletariado debiera adoptar una posición sectaria y encarar la lucha contra la reacción en solitario. Colaboración con la pequeñoburguesía sí pero con autonomía política para luchar junto a ella en todo lo que no contradiga su propio programa. Y para eso es necesario una organización política independiente. Sobre todo cuando se estaba en un momento que exigía al proletariado ponerse a la vanguardia de las luchas reemplazando a la burguesía que se había pasado a la reacción. Si bien las clases medias estaban históricamente condenadas a desaparecer por el proceso de acumulación capitalista, su lucha por un estatus en la nueva sociedad era, además, objetivamente reaccionario. Pero, por otro lado, la pequeñoburguesía estaba interesada en la lucha contra el absolutismo, contra las cargas feudales y por la institución del jurado, la igualdad de todos ante la ley, la libertad de prensa y de asociación, es decir, la lucha por las libertades democráticas. Todas estas aspiraciones políticas favorecían el proceso de acumulación del capital y, con él, el crecimiento numérico y la unificación política del proletariado. De aquí se desprende que la política de los revolucionarios con respecto a la pequeñóburguesía era y sigue siendo la de apoyarla en su lucha contra los sectores sociales reaccionarios y por las libertades democráticas, sin dudar al mismo tiempo en enfrentarse a ella en todo lo que haga o pretenda hacer para afianzarse en su posición de clase media dentro de la sociedad existente en perjuicio del proletariado. Pero, para eso, es necesario el partido revolucionario obrero independiente: <> (K. Marx-F. Engels: "Circular del CC.CC. de la Liga de los Comunistas" de marzo de 1850. Ed. FCE: Los Grandes fundamentos T.4) Una vez dilucidadas teóricamente las posibilidades reales y las tareas prioritarias del proletariado, así como sus coincidencias tácticas y divergencias estratégicas con la pequeñoburguesía, teniendo en cuenta, además, que los demócratas burgueses se verían obligados a proponer medidas <>, en la misma Circular de marzo de 1850 Marx y Engels respondían a la pregunta de qué clase de medidas deberían proponer los obreros revolucionarios: <<1) Obligar a los demócratas a intervenir en el orden social establecido en el mayor número posible de aspectos, perturbando su marcha normal y haciendo que se pongan a sí mismos en evidencia, y a concentrar en manos del Estado el mayor número posible de fuerzas productivas, medios de transporte, fábricas, ferrocarriles, etcétera. 2) Deberán llevar hasta su límite extremo las propuestas de los demócratas, los cuales no actuarán, desde luego, como revolucionarios, sino simplemente en un terreno de reformas, convirtiéndolas en otros tantos ataques directos a la propiedad privada, así, por ejemplo, cuando los pequeñoburgueses propongan comprar los ferrocarriles y las fábricas, los obreros deberán proponer que estos ferrocarriles y estas fábricas, como propiedad que son de los reaccionarios, sean confiscados por el Estado sin ninguna clase de indemnización. Si los demócratas proponen el impuesto proporcional, los obreros reclamarán el impuesto progresivo; y si los demócratas propugnan un impuesto progresivo moderado, los obreros harán hincapié en la implantación de un impuesto con escala tan alta que arruine al gran capital; si los demócratas proponen la regulación de la Deuda pública, los obreros deberán empujar hacia la bancarrota del Estado.>> (K. Marx-F.Engels: ibid) Para los <>, subyugados por el fervor revolucionario de su relativamente reducido entorno social que les empujaba a la acción, reflexiones y prevenciones como ésta de los <> carecían de importancia. Si se trataba de acabar cuanto aontes con el bloque de poder entre la monarquía absoluta y la burguesía reaccionaria no había que incomodar a la pequeñoburguesía y hacerle todas las concesiones con tal de arrastrarla hacia la toma del poder. Así quedó reflejado en la contestación de Schapper a Marx en aquella histórica reunión del CC.CC. de la Liga: <> ("Acta del CC.CC. de la Liga de los Comunistas", sesión del 15/9/850, en Enzens- berger: op.cit. T I) Cuando Schapper propone aquí un accionar político por el cual "el proletariado tenga asegurado el poder", en realidad se refiere a su participación en un supuesto gobierno democrático que no contempla ninguna de las medidas democrático burguesas contempladas en el "Manifiesto" . Como ya se había demostrado en Francia, programática y organizativamente el proyecto de la fracción Willich-Schapper pasaba por el frente policlasista y no se diferenciaba del partido de Ledrú Rollín; por tanto, no podía pasar de ser la expresión política de la pequeñoburguesía, de unos intereses que, en política agraria, significaría la división y el enfrentamiento entre el proletariado rural y el proletariado urbano. En este punto de la controversia es donde Marx y Engels hablan de la toma prematura del poder por parte del proletariado. En síntesis, so capa de la necesidad imperiosa de la toma inmediata del poder, el proyecto Willich-Schapper suponía hipotecar la lucha del proletariado en aras de fortalecer políticamente los intereses regresivos de la pequeñoburguesía en la sociedad existente, dejando intactas las leyes del capitalismo. Ante la inexistencia de un partido revolucionario independiente con un programa y capacidad militante para desmistificar las promesas e ilusiones del bloque enemigo en el poder y para convencer a la pequeñoburguesía de que la única política que representa la seguridad y el progreso para sus familias es la política democrático burguesa consecuente del proletariado, el accionar del frente policlasista no haría a lo sumo más que conseguir temporales reducciones de impuestos y parcelas en propiedad que, al dejar intactas las leyes económicas del capitalismo, todas esas concesiones acabarían en nada. No se trataba, pués, de proponer que el proletariado actuara tras la caída de la monarquía absoluta -como acusaba Willich a Marx- sino de hacerlo en condiciones que supusieran un avance económico, social y político efectivo sobre la sociedad anterior: <> (August Willich (1850).Citado por H. M. Enzensberger Op.cit Tomo I. Lo entre paréntesis es nuestro) Este hecho de la división en la "Liga de los Comunistas" aparece reflejado en una confesión hecha ante la policía por Heinrich Bürgers, comunista renano devenido luego en nacional-liberal. Refiriéndose a la <> a la que había llegado en 1856 la Asociación Comunista para la Cultura Obrera, Bürgers relata que... <> [Friedrich Lessner (1856/64). Citado por Enzensberger: op. cit. T I) Los antecedentes inmediatos de esta situación aparecen en una carta fechada en Londres el 1 de octubre de 1850 dirigida a la "Sección Rectora" de la "Liga de los Comunistas". Allí, el comité central de esa organización anunció la expulsión de Marx, Engels, Schramm, Wolf, Seiler, Liebknecht, Pieper, Pfänder, H. Bauer y Eccarius. Cuarenta miembros de la organización de Londres dirigidos por Schapper y Willich, tildaron a Marx y a sus partidarios de <> que colocan a las personas <>. ("Carta del Comité Central a la Sección Rectora". Citada por H.M. Enzensberger: op.cit. T 1. Lo entre paréntesis es nuestro) Todos estos calificativos evidenciaban enfrentamientos personales. Pero en la raíz de los enconos manifiestos estaban las profundas discrepancias políticas que dividían a la organización entre quienes no querían dejar pasar la oportunidad de tomar el poder, y quienes preveían las consecuencias nefastas para el movimiento de un triunfo prematuro; entre quienes confundían la decisión de lucha del proletariado con sus reales posibilidades de poder, y quienes trataban de traducir lo más exactamente posible ese poder social en términos de poder político. Esas diferencias aparecieron claramente expresadas quince días antes de esta resolución de expulsión, durante una reunión del Comité Central: <> (K. Marx: "Acta de la sesión del CC.CC. l5/9/850") Sobre el tapete de este trascendental asunto se vio con qué cartas quería cada fracción que jugara la Liga de los Comunistas en el contexto de la Alemania recién salida de los acontecimientos de 1848. Para Marx y Engels, estaba claro que la Liga no debía proponer al proletariado que se lanzara a la toma del poder. ¿Por qué? Para la fracción de Marx y Engels, el fundamento de la acción política está en la comprensión científica de la base material sobre la que discurren las luchas sociales y los procesos políticos. Este es el paso previo obligado a plantearse qué hacer. El estudio científico de la base material del sistema permite hacer inteligible no sólo el carácter político de cada grupo social fundamental, sino su fuerza en cada momento preciso. En el caso alemán, si bien su modo de producción dominante era el capitalista, se trataba de un país donde predominaba el pequeño campesino y tenía gran peso la pequeñoburguesía urbana. Para la fracción de Willich y Schapper, respecto de la experiencia de la lucha por el poder, este detalle era algo sin importancia. Para ellos, la lucha por un ideal, bajo cualquier circunstancia o condición, alumbra espontáneamente su propio camino. Ellos eran partidarios de la lucha por el poder del frente democrático entre el proletariado y la pequeñoburguesía en contra de la burguesía coaligada con la Corona, pensando infundadamente que la experiencia de poder del proletariado sería suficiente para consolidar los objetivos socialistas, de lo contrario no valdría la pena permanecer en política: <> (Karl Schapper: "Acta de la reunión del CC.CC. de la Liga de los comunistas" 15/09/850) Para Marx, lo más importante de una estrategia de poder no consiste en conquistarlo sino en saber qué hacer con ese poder a partir del día siguiente En el caso alemán, siendo una clase social minoritaria, el proletariado no podía plantearse la toma del poder sin hegemonizar previamente un bloque histórico que lograra crear con la pequeñoburguesía rural y urbana en contra de la burguesía. Esta hegemonía era el requisito para que el proletariado pudiera asumir el poder sin tener que aplicar el programa de la pequeñoburguesía sino su propio programa democráticoburgués de transición: <> (K. Marx: "Acta de la sesión del CC.CC. de la Liga de los Comunistas 15/9/850") O sea, que el problema del poder no está en el frente en sí, sino en la clase que lo hegemoniza. Y la experiencia de Marx y Engels en la revolución de 1848 ha servido para descubrir que para hegemonizar el frente policlasista necesario para la toma del poder en sentido revolucionario, el proletariado debe constituirse en partido político independiente de las demás clases, incluida la pequeñoburguesía. Pero a condición de entender por independencia no el hecho en sí mismo de organizarse como clase social, sino de hacerlo en torno a los principios de la moderna ciencia social: el materialismo histórico, que le permite ejercer de verdad esa independencia. En este sentido Marx se refiere a las consecuencias de una toma prematura del poder, esto es, cuando el proletariado no ha alcanzado la hegemonía en el frente porque carece de la dirección revolucionaria, la cual sólo puede surgir del conocimiento científico colectivo de la estructura del capitalismo y del ejercicio creativo de la memoria histórica del movimiento aplicados ambos a la realidad de la lucha de clases, al menos por quienes están al frente del polo revolucionario organizado. De ahí que Marx homologara a la fracción liderada por Willich y Schapper dentro de la "Liga", con el papel que desempeñaron los proletarios franceses dentro del partido socialista pequeñoburgués de Ledrú-Rollin y Louis Blanc, que formó parte del gobierno provisional surgido de las barricadas en febrero de 1848: <> (K. Marx: ibid) Lo que Marx ha querido significar en este párrafo, es que, dentro de la sociedad capitalista, el proletariado no tiene nada que reivindicar salvo su condición de clase explotada. Por lo tanto, si esta clase participa en un gobierno queriendo dejar de ser explotada, pero carece del conocimiento veraz acerca de su propia realidad y de la realidad que le toca vivir, le será imposible saber si de verdad es necesario y posible una sociedad alternativa viable donde para vivir no haga falta que unos vivan explotando a otros. Y si no lo sabe, si lo que quisiera no tiene ningún sustento racional, tampoco tendrá moral para luchar por ello. No sabrá lo que hay que hacer para conseguir lo que ella íntimamente aspira. Por lo tanto, tampoco podrá convencer de ello a quienes necesitan que le acompañen, los pequeñoburgueses rurales y urbanos. En ese caso, su función de gobierno será nula, y cualquier medida que se dicte no será suya, sino de aquellas clases explotadoras que participan en ese frente único con ella dentro del gobierno. Porque, para actuar, los explotadores no necesitan conocer las leyes que presiden el movimiento de la sociedad que les hace sentir bien. Sólo les basta con actuar para que las cosas sigan esencialmente igual. Por eso dice Marx que si algo ha enseñado la experiencia obrera participando en gobiernos como el del Partido Socialista Democrático, es lo que pasa "cuando se alcanza demasiado pronto el poder". A modo de síntesis de lo expresado en este debate, Marx intervino para caracterizar la mezcla de idealismo y oportunismo que inspiró el discurso y las posiciones de la fracción minoritaria de Willich y Schapper, unas palabras que desnudan toda la indignidad de tantos y tantos políticos actuales de izquierda, que en nombre del compromiso con la realidad de su tiempo usufructúan tácticamente la falsa conciencia de los asalariados para vivir de la política en momentos de retroceso, pretextando sofística y vilmente que sin las masas no hay poder revolucionario posible; que reemplazan el ejercicio de la memoria histórica y la difusión de la teoría revolucionaria como principio irrenunciable de la acción política, por el ejercicio del poder desde el frente policlasista al interior de las instituciones de Estado burguesas, presuntas escuelas cívicas de la no menos hipotética revolución social democrática y pacífica: <> (Cfr. F. Claudín: op. cit. cap. II) Con este episodio se cerró uno de los tantos capítulos en la histórica escisión permanente entre teoría y práctica que caracterizó el desarrollo del movimiento político del proletariado mundial. Muy Ligada, como se ha visto, a la historia de los frentes policlasistas. Tal vez el más rico en enseñanzas. En tal sentido sería un error no hacer referencia a la circular de diciembre de 1850 emitida por el Comité Central de Colonia, para juzgar lo actuado por ambas fracciones de la sección de Londres. El texto comienza censurando a la fracción de Willich-Schapper por haber expulsado a los <> y hacer de la Liga <>. El documento sigue diciendo que esa decisión significa... <<...retrotraer el partido proletario a la antigua concepción de ascetismo y de grosero igualitarismo que estuvo justificada al comienzo del movimiento proletario, porque entonces se trataba de oponer a distintas doctrinas políticas y económicas de la sociedad burguesa el principio general de la lucha de clases proletaria. Pero actualmente esa posición negativa no se dirige ya contra ninguna variante del socialismo burgués; ahora se reduce a condenar a los autores del manifiesto de 1848, del partido y de la primera circular del comité central del presente año, en los cuales se expone detalladamente la política del partido, y, por tanto, se condena el mismo Manifiesto y la política del partido. El Manifiesto y la Circular deducen esa política de todo el curso seguido por el movimiento proletario. Muestran que el proletariado, una vez que toma conciencia de su situación de clase atrae a todos los elementos ilustrados de la vieja sociedad y llega así a la comprensión teórica de las condiciones de la revolución comunista, al mismo tiempo que contribuye en la práctica a la maduración de esas condiciones. En lucha con los diversos partidos nacionales conquista su propio poder político y económico. Con su documento, la minoría explaya de nuevo el viejo punto de vista de que todo el trabajo teórico ha sido ya realizado, el punto de vista hostil a toda actividad teórica y, según el cual, es posible alcanzar los objetivos finales del movimiento sobre la base del actual nivel de desarrollo y como resultado, precisamente, de la inminente revolución alemana>> (Cfr. F. Claudín ibid). A partir de tales posiciones -prosigue la Circular del comité Central de Colonia- es natural que los miembros de la minoría (Wiilich-Schapper) pasen a llamarse <> de los intereses del <> y que lancen una proclama junto con franceses, polacos y húngaros, en nombre de un... <>, lo cual significa que, en caso de auge del movimiento, <> Lo cierto es que durante el resto de su vida Schapper ya no tendría dónde rascar su <>, ni en Alemania ni en ningún otro sitio. No encontró la gloria pero tampoco la guillotina. Según el relato de Engels en su "Contribución a la Historia de la Liga de los Comunistas", Schapper murió en Londres a fines de la década de los sesenta. En cuanto a Willich, participó en la guerra civil norteamericana habiéndose distinguido en ella. Ascendido a general de brigada, en la batalla de Munrfresboro (Tennesse) recibió un tiro en el pecho del cual curó. Murió en norteamérica aproximadamente hacia 1875. Pero es que, además, la base económica del sistema en modo alguno aconsejaba ni justificaba ninguna empresa revolucionaria de carácter proletario: <> (F. Engels: "Contribución a la Historia de los comunistas". Ed. cit..) A partir de aquí, el movimiento obrero, esa criatura del capital que todavía vive con la cabeza separada del cuerpo, tocó a silencio hasta 1871 8.- El frente policlasista dentro del capitalismo sustituye a la lucha por el comunismo en el movimiento obrero Pero salvo ese glorioso y fugaz episodio de la "comuna de París, la historia de los frentes policlasistas continuó señoreando el movimiento sin interrupciones, y hasta pudo resistir en noviembre de 1918 el formidable impulso de la revolución Rusa en Alemania, consiguiendo desbaratar la proyección del comunismo a escala europea y mundial. Como hemos dicho ya, temerosa de que el proceso revolucionario acabara no sólo con la nobleza sino también con ella, la burguesía del Oeste de Alemania cedió ante la burguesía prusiana aliada directa de la nobleza en contra del proletariado. No obstante, por imperio de las mismas fuerzas económicas, la reacción oligárquica al frente del Estado no podrá menos que hacerse cargo de las aspiraciones de la revolución burguesa, apoyando políticamente el desarrollo del capital con gran beneficio para los capitalistas renanos y sajones. En este nuevo cuadro de situación, y cuando aún no había hecho pie en el capitalismo el modo de producción basado en el plusvalor relativo, entre los "hombres de acción" comenzará a prevalecer un talante político opuesto al utopismo revolucionario. Mientras que en los años 1840/50 predomina entre el proletariado la crítica radical de la propiedad privada, el fracaso de 1848/49 y la consiguiente expansión del capital basada más y más en el plusvalor relativo, acentuó la tendencia en el movimiento obrero a buscar mejoras dentro del capitalismo. En claro contraste con aquél carácter político trágico e intransigente de los "hombres de acción" comunistas utópicos, forjado en la desesperación de la miseria de las masas que encendía los ideales más extremos, empezarán a predominar los "hombres de acción" tragicómicos que ponen la lucha al servicio de la negociación y el compromiso con la burguesía al interior del Estado burgués. Hasta la derrota del 48, todavía gravitaban en el movimiento obrero las antiguas tradiciones heredadas de las guildas (corporaciones gremiales artesanas de la Edad Media tardía), que habían trasmitido a los proletarios modernos la experiencia de la lucha colectiva. En la siguiente fase, tras la derrota y el relanzamiento económico en toda Europa, se abrirá paso el pensamiento tendente a fomentar el esfuerzo para lograr una comunidad de trabajo asalariado con sus mecanismos de defensa y sus valores propios reconocidos por el Estado. Es el antecedente inmediato del reformismo político basado en la promoción del sistema cooperativo pequeñoburgués y los modernos sindicatos obreros: <> (J. Barrot y D. Authier Op.cit. Cap. II) Estabilizar históricamente al artesanado dentro del capitalismo por un lado, y conciliar los intereses del capital y del trabajo a instancias de los sindicatos por el otro, fueron los dos sueños que arrullaron muchos dirigentes políticos del proletariado tras la derrota de 1848. De ahí que desde 1862 en que publicó su "Contribución a la Crítica de la Economía Política", la FILOSOFÍA de Marx, el materialismo histórico, fue sistemáticamente ignorada cuando no tergiversada por los círculos intelectuales que codirigieron el movimiento político de la clase obrera en esa época. Poco después de editada esa obra, en carta dirigida a Kugelmann el 28 de diciembre de ese año, Marx revela de modo dramático las tendencias hostiles que se insinuaban ya contra la FILOSOFÍA del materialismo histórico: <>. (K. Marx: Carta a Kugelmann (28/12/862) En vida de Marx, fuera de Alemania y Rusia su doctrina económica permaneció desconocida en Europa, tanto por parte de especialistas como por el gran público. Según relata R. Morgan en "The German Socialdemocrats and the First International" citado por Jean Barrot y Denis Authier, tras publicarse en 1867, el Libro I de "El Capital", tuvo poca influencia. Sus escasos lectores (Bebel esperó dos años para leerlo y Liebnekcht había leído menos de 15 páginas después de recibirlo), lo valoraron como una teoría "científica" de la explotación capitalista, pero al no extraer las consecuencias políticas de la Ley General de la Acumulación Capitalista que esa obra revela, siguieron interpretando el movimiento del capital desde la perspectiva tradicional de una "injusta distribución de la riqueza", cuyo máximo exponente del momento en Alemania fue Lassalle. De hecho, los máximos dirigentes partidarios del "marxismo" en Alemania, como W. Liebnekcht y A. Bebel, demostrarán la misma debilidad respecto del reformismo de Lassalle, que líderes como Garibaldi evidenciaron respecto al Partido de los Moderados de Cavour. Hasta bien entrado el siglo XX es lícito hablar de un culto por el Lassalleismo. A través suyo -de su pacto con Bismark al frente del Estado Alemán- la burguesía evitará la constitución de un bloque histórico del proletariado, al impedir que la FILOSOFÍA de la práxis se fundiera con el movimiento obrero. Consultando la correspondencia de Marx, es dable advertir que su pensamiento económico pasó al movimiento obrero por el filtro de Lassalle. Todos los testimonios de la época dan fe de que este impostor de la teoría revolucionaria consiguió eclipsar la figura de Marx usurpando su pensamiento para difundirlo totalmente desnaturalizado. Posiblemente ese haya sido uno de los puntos de su pacto implícito con el gobierno de Bismark. Múltiples testimonios dan fe de un culto oficial por Lassalle. En 1865, la esposa de Marx decía sobre este personaje lo siguiente: <> (H. M. Enzensberger: "Conversaciones con Marx y Engels" Tomo 1) Por un lado, la FILOSOFÍA de Lassalle no consistía en una crítica del capitalismo en su globalidad, sino sólo de su vertiente liberal del "Laisse Faire" (dejar hacer). Para Lassalle, los males del capitalismo no estaban en la producción sino en la circulación, no en la propiedad privada de los medios de producción sino en los abusos que de ella hacían los capitalistas a instancias de la libertad irrestricta en la esfera del intercambio. Pensaba que bajo el régimen irrestricto de la oferta y la demanda, el progreso material de los trabajadores se vuelve imposible, porque cualquier aumento de los salarios reales por encima del nivel de subsistencia provoca tal presión de la oferta de trabajo sobre la demanda que los hace descender nuevamente a ese mínimo o por debajo de él. Tal es, en esencia, lo que Lassalle dio a conocer al mundo como "ley de bronce de los salarios". Un razonamiento de "sentido común", fácil de digerir. La solución consistía, pues, en "emancipar" a los trabajadores excedentes convirtiéndoles en sus propios patrones a instancias del régimen de cooperativas subvencionadas con crédito estatal. Se trataba de reducir el paro reciclando a los obreros bajo esta condición en pequeñoburgueses, para que los trabajadores en activo pudieran negociar sus salarios en mejores condiciones a través de los sindicatos bajo arbitraje estatal. Fuertemente amarrado a la FILOSOFÍA hegeliana que concibe al Estado no como un instrumento político de la clase económicamente dominante sino como una autoridad "independiente" y, por tanto, capaz de regir el funcionamiento de la sociedad de acuerdo con la "idea" de racionalidad y justicia por encima de cualquier interés particular, Lassalle veía al Estado feudal de su época como un ente apartado de su verdadero fin, pero que podía ser conducido por el camino correcto mediante el sufragio universal. Conclusión: reforma de la sociedad a través de la reforma del Estado por medio de los comicios dejando intacta la propiedad privada capitalista. Tal fue la FILOSOFÍA que el lassalenis- mo convirtió en cosa de "sentido común" dentro del movimiento obrero internacional. Consolidando la idea del frente policlasista entre asalariados y pequeños patronos cooperativistas. El antecedente inmediato de la socialdemocracia moderna y del llamado Estado del bienestar De hecho, cuando en 1869 se constituye el Partido Obrero Socialdemócrata (SDAP) en el congreso de Eisenach, su programa, considerado literalmente, no es, en modo alguno, marxista. Los vestigios lassalleanos de los que está impregnado (Estado popular libre, producto integral del trabajo, créditos públicos para las cooperativas de producción), son los mismos que Marx criticaría seis años más tarde en el momento de la fusión de ese partido con los lassalleanos en Gotha. Por otra parte, el programa de Eisenach está en la línea democrático-burguesa: reivindicaciones de "libertad política" y de un "Estado democrático". Es en este surco abierto en el SDAP por "marxistas" como Wilhelm Liebnekcht y August Bebel, donde la burguesía logró sembrar la semilla del policlasismo, para que los trabajadores alemanes acepten la tontería estratégica de un "socialismo" basado en la mutua "tolerancia" política entre clases históricamente antagónicas, y en la coexistencia entre el proletariado y la pequeñoburguesía en el seno de un mismo partido. Todavía en 1913, la correspondencia entre Marx y Engels fue deliberadamente manipulada por Víctor Adler, Eduard Bernstein y August Bebel, de modo especial en los pasajes que tratan sobre Lassalle y Liebnekcht, duramente criticados por Marx en diversas ocasiones. Así, a despecho de las intenciones de Marx y Engels, la común aceptación de la táctica electoral terminó sirviendo a la estrategia de reforma de la sociedad civil y del Estado a instancias del sufragio universal. Experimentados desde el último cuarto del siglo XIX en una práctica social que encontraba su justificación en el creciente nivel de vida del proletariado -y en el consecuente apoyo electoral que habían venido recibiendo desde que, en 1890, el Estado alemán les legalizó- entre prestigio político y prebendas los burócratas del SPD se fueron creyendo el cuento de una estrategia socialista por simple transcrecimiento del capitalismo. Para ellos no se trataba ya de destruir el Estado burgués como primera tarea para la construcción del socialismo, sino de administrar los intereses de la burguesía en nombre de la clase obrera hasta el momento en que el capital pueda ser pacíficamente socializado desde el Estado como representante de los intereses generales en nombre de la "voluntad popular". Con semejante apoyo político de un proletariado momentáneamente comprado por el movimiento expansivo del capital con una tasa de ganancia al alza, a los dirigentes del SPD cómodamente instalados en el aparato de Estado burgués ya no les bastaba con hacer pasar las tesis de Lassalle por marxismo, sino que necesitaban desprenderse de él para afirmarse en una nueva teoría que legitimara su práctica reformista fundada en el frente policlasista. Ese fue el cometido histórico que vino a cumplir Eduard Bernstein. Observando que el nivel de vida obrero acompañaba en su ascenso a la ganancia de los capitalistas, Bernstein sacó la conclusión de que las "coaliciones de empresas", los truts y los cárteles, terminaron por trastocar las condiciones objetivas del capitalismo de libre competencia estudiadas por Marx, lo cual desvirtuaba por completo la teoría de la lucha política de clases como medio para llegar al socialismo. De ese modo, el pensamiento de Bernstein se puso al servicio de esos nuevos "hombres de acción" metidos a gestores del capital, para cortar todo vínculo orgánico con la molesta teoría revolucionaria. En estas circunstancias fue Rosa Luxemburgo al frente de la fracción "esparta- quista" dentro del SPD quien, desde principios de siglo intentó infructuosamente desmontar el edificio oportunista que el reformismo socialdemócrata había venido construyendo en los dominios del capital. Sólo tuvo éxito en el campo teórico: <<¿Y qué es lo que principalmente la caracteriza (a la práctica oportunista) en su exterior? Su hostilidad contra la teoría. Y eso es muy natural; pues nuestra "teoría", es decir, los principios del socialismo científico, establece líneas marcadísimas para la actividad práctica, tanto con respecto a los fines como a los medios de lucha a emplear y a la forma de combatir. Por ellos muéstrase en aquellos que no pretenden conseguir más que resultados prácticos, la tendencia natural a pedir libertad de movimientos, esto es, a separar la teoría de la práctica, a independizarse de aquella. Porque esta teoría se vuelve contra ellos en todo momento. (...) está claro que esta corriente quisiera afirmarse frente a nuestros principios, llegando incluso a oponerse a la misma teoría, y en lugar de ignorarla, tratar de destruirla, confeccionando una teoría propia. Y un intento en este camino fue precisamente la teoría bernsteiniana, y de ahí por qué, en el Congreso de Stuttgar, se agruparon al momento, en derredor de la bandera de Bernstein, todos los elementos oportunistas. Si, por una parte, las corrientes oportunistas de este señor resultan, en la práctica, fenómenos naturales y comprensibles, surgidos de las condiciones de nuestra lucha y de las proporciones que toma, por otra parte, la teoría de Bernstein es un ensayo, no menos comprensible, de agrupar estas corrientes en una expresión general teórica, para sentar sus propias bases científicas y liquidar de una vez el socialismo marxista. Por ello, la nueva teoría fue, de antemano, la prueba de fuego a que se sometía el oportunismo teórico para llegar a su legitimación científica.>> (Rosa Luxemburgo: "Reforma o Revolución" Cap. V: "El Oportunismo en la Teoría y en la Práctica") En el marco de la concepción gramsciana de la política y siguiendo bis a bis estas palabras de Rosa, se hace patente que la FILOSOFÍA de Bernstein es la adaptación del "lassallenismo" a la etapa monopolista del capitalismo. Destruir el marxismo como FILOSOFÍA de la praxis para impedir la unión entre la teoría revolucionaria y práctica política en el movimiento obrero, es decir, la conformación de un bloque histórico proletario. Tal fue el primer cometido de Bernstein y su gente. El segundo cometido de Bernstein y sus partidarios, derivado del primero, consistió en poner su FILOSOFIA al servicio del movimiento político del capital, ofreciéndola para que sirviera de vínculo ideológico entre el proletariado y la burguesía a nivel internacional, para la conformación del bloque histórico de dominación que ellos, la Segunda Internacional, se encargarían de hegemonizar y dirigir. Una FILOSOFÍA que, con tal cometido, reemplazaba la idea marxista de la lucha de clases por su contraria, basada en la colaboración entre capitalistas y obreros; una FILOSOFÍA que no necesitaba demostrar teóricamente nada porque no era más que el reflejo directo en la conciencia de una realidad tangible: la que ofrecía el proceso de la acumulación del capital basado en el plusvalor relativo. De ahí que en "Las Premisas del Socialismo y las Tareas de la Socialdemocracia, Bernstein" escribiera con total desenfado lo siguiente: <> (Citado de: "El Marxismo. Su historia en documentos".) En lo que respecta a la relación entre el movimiento obrero y el Estado, Bernstein se mantuvo también en la línea de los lassalleanos al sostener que, como producto de las luchas obreras y populares, el Estado capitalista ha mutado su naturaleza originalmente represora para pasar a ser el "Estado del pueblo": <> (Ibíd. Ed. cit). Esto lo dijo Bernstein en 1922, tres o cuatro años después de que sus "hombres de acción" en el SPD a cargo del "Estado del Pueblo" procedieran a ordenar el aniquilamiento de miles de obreros revolucionarios que desde los Consejos quisieron unir la teoría con la práctica revolucionaria negándose a aceptar las condiciones de los nuevos administradores políticos del capital en nombre del socialismo. Desde noviembre de 1918 a febrero de 1919, los muertos en toda Alemania superaron a los de las dos revoluciones Rusas juntas, la de febrero y la de octubre de 1917. Según reseña Badia en su "Historia de la Alemania Contemporánea" (citado por Jean Barrot y Dennis Authier op.cit.) el aplastamiento militar de la "Segunda República de los Consejos" en Baviera (abril-mayo de 1919), corrió a cargo de futuros dirigentes nazis como Himmler, Rudolph Hess y Von Epp. Tras el aniquilamiento de la revolución de 1918-19, haciendo suya la definición de Bernstein, el célebre sociólogo burgués Weber, calificará a la Socialdemocracia como <>, rindiendo sincero y agradecido homenaje... <<...a las cualidades de disciplina de que el pueblo alemán, encuadrado por la socialdemocracia, supo dar prueba, como lo muestra su propia experiencia junto a un consejo local de obreros y soldados>> (M. Weber: Citado por E. Waldmann: op. cit.) La disciplina que Weber elogia en este párrafo, remite, sin duda, al "buen sentido" gramsciano. Fue el resultado de un proceso en el que -a instancias del "transformismo" operado en la conciencia de buena parte de los intelectuales y militantes más radicales del movimiento obrero alemán en los momentos de calma- la burguesía de ese país consiguió finalmente hacer prevalecer en el "sentido común" de los trabajadores alemanes, el prejuicio burgués de que el Estado moderno pertenece a todo el pueblo y que éste sólo gobierna a través de sus representantes elegidos por sufragio universal. Esto permite explicar por qué el proletariado alemán -por vía de la disciplina comicial adquirida durante años de hábito electoral-parlamentario- abdicó el poder revolucionario que detentaba desde los Consejos en favor de la Constituyente dominada por los burócratas pro burgueses de la fracción socialdemócrata de derecha. Sin duda que en todo este proceso tiene parte de responsabilidad el propio Engels. Según confiesa Claudín, entre los marxistas de los países capitalistas desarrollados en la Europa finisecular, <<...los planteamientos políticos y la acción de Marx y Engels en la revolución de 1848 despertaron escaso interés o fueron repudiados como el pecado blanquista (extremista) de los maestros. Cuando por primera vez se reeditaron en alemán (1895), bajo el título Las Luchas de Clases en Francia, los artículos de 1850 fueron acogidos por la socialdemocracia alemana como algo que tenía muy poco que ver con los problemas de la lucha de clases en Alemania. Lo que tuvo verdadero impacto político fue el prefacio de Engels, que preconizaba una vía esencialmente legal, pacífica, electoral y parlamentaria hacia el socialismo>> Digo que Engels sólo ha sido responsable "en parte" de las consecuencias políticas de su prefacio, porque, como es sabido, el texto fue escandalosamente manipulado a sus espaldas por Bebel y Kautsky, para hacerle aparecer -según dijo airadamente en carta a Kautsky del 3 de abril de 1895- como... <> No obstante, como bien señaló Ernest Mandel en "Sobre la Historia del Movimiento Obrero", el prólogo de Engels justificó plenamente la participación de la socialdemocracia en las instituciones burguesas de Estado y el frente policlasista, una táctica que ha demostrado ser absolutamente contraria al sentido estratégico de la democracia obrera. Los sucesivos y espectaculares resultados electorales del SPD tan ponderados por Engels en su famoso prefacio, en realidad no hacían más que evidenciar la integración del movimiento obrero en el movimiento del capital y el transformismo burgués operado en sus direcciones políticas desde 1890. Después de 1918 se hablará de <> y <> en las filas del proletariado. Max Weber lo atribuyó al <<...número creciente de quienes tienen interés en esta promoción y en sus ventajas materiales: Se puede uno preguntar - decía- quien tiene más que perder en ello: ¿la sociedad burguesa o la socialdemocracia? En cuanto a mi, yo creo que es la socialdemocracia, más concretamente aquellos de sus adherentes que son los portadores de la ideología revolucionaria>> (E. Waldmann: Op. cit.) Desde Bebel y Liebnekcht hasta Helmut Kool, pasando por Friedrich Ebert y Noske -el "perro sangriento de la Revolución Alemana" que ordenó el asesinato del hijo de Liebnekcht y de Rosa Luxemburgo junto a miles de militantes spartaquistas entre enero y febrero de 1919- la socialdemocracia no ha hecho más que consolidar el "matiz" de la ideología democrática y el frente policlasista que -de la mano de estos "hombres de acción" de la Segunda Internacional- condujo directamente al fascismo en Europa. La forma en que el capitalismo alemán logró sobreponerse a la energía revolucionaria del proletariado de ese país, ha demostrado la importancia decisiva de la teoría en los resultados de la práctica política. Se impone aquí evocar el pasaje de Lenin en su "¿Que Hacer?" donde se refiere a la importancia de la teoría, paradójicamente a propósito de unas observaciones hechas por Engels en 1874 sobre este asunto. Replicando a los oportunistas del POSDR, Lenin apela a unas palabras de Marx en su "Crítica del Programa de Gotha", con las que censuraba <> el eclecticismo imperante en el flamante SPD surgido de la unión entre lassalleanos y "marxistas": <> V.I. Lenin: "¿Que Hacer? Cap. I: d) "Engels sobre la importancia de la lucha teórica" Inmediatamente, Lenin señala la preeminencia que debe tener la lucha teórica, sobre todo para un partido en formación. Pueden observarse aquí las coincidencias entre Lenin y Gramsci en cuanto a que <>: <> (V.I. Lenin ibid.) Estas palabras de Lenin evocan asimismo la lucha de los primeros marxistas contra el socialismo utópico y sentimental, En tal sentido, las causas del fracaso de Rosa Luxemburgo en su lucha política de principios de siglo contra el oportunismo reformista, habrá que ir a buscarlas también a los orígenes de la socialdemocracia alemana. Porque bien es cierto que -tras las sucesivas derrotas del 48 y del 71- las consecuencias políticas de la inevitable integración económica de los obreros al capital era un coste que había que aceptar. Pero no es tan seguro que, aun así, la fortaleza del capital hubiera resistido el seismo de su crisis finisecular, de no ser porque ya antes los fundadores del materialismo histórico no fueron acompañados en la tarea de darle a la FILOSOFÍA del proletariado una práctica acorde con ella, aunque sea minoritaria ; porque sus discípulos de mayor valía, los más inteligentes y abnegados -incluida Rosa- han hecho escuela en el error de insistir en su compromiso militante con organizaciones políticas obreras de masas pero irremisiblemente reaccionarias, contribuyendo desde entonces a mantener la teoría revolucionaria secuestrada por una práctica reformista: <> (J. Barrot y D. Authier: Op. Cit. Cap. VI: "Relación de fuerzas antes del enfrentamiento") El ejemplo de Rosa Luxemburgo, como el de Willich y Schapper en 1848, como el de Lassalle en 1860, demuestra que los vínculos formales con el marxismo en versiones socialdemócratas al estilo de los Partidos Comunistas de la IIIª Internacional tras la muerte de Lenin, sirven tácticamente a sus dirigentes reformistas, para que sus cada vez más estrechos vínculos con el capital puedan ser vistos por la militancia más radical del movimiento, a lo sumo como "desviaciones oportunistas" de una ortodoxia revolucionaria proclamada, evitando así la construcción de organizaciones revolucionarias alternativas. En épocas de retroceso ideológico, muchos "hombres prácticos" del movimiento se dejan seducir por las organizaciones reformistas, que ejercen sobre ellos un magnetismo tan irresistible como el voluntarismo utópico al que se entregan en momentos de alza revolucionaria. Siguiendo el mal entendido concepto de "estar con las masas", encuentran en la lucha interna contra el "oportunismo" la siempre estúpida esperanza de hacer evolucionar a esas organizaciones hacia posiciones revolucionarias. Sometidos al permanente divorcio entre teoría y práctica, donde la moral del compromiso con el enemigo de clase violenta sistemáticamente la ética de la necesaria ruptura con él, son pocos los que, como Rosa Luxemburgo, logran mantener intacta su adhesión a los principios de la FILOSOFÍA de la praxis, y responden con dignidad hasta la muerte -aunque ya inútilmente- cuando, en pocos meses, la historia se sacude de forma trágica años de comedia política, como ocurrió en noviembre de 1918. Nunca se insistirá demasiado en que <>, de modo que quien no actúa como piensa termina pensando como actúa. En síntesis, los revolucionarios que, con la idea de hacerles evolucionar hacia posiciones de clase, encuentren justificado permanecer en las organizaciones policlasistas reformistas -y, por extensión, en las instituciones de Estado burguesas- lo único que consiguen es exponerse a su propia involución ideológica y corrupción política, convirtiéndose así en el más serio obstáculo en la lucha por unir la práctica política a la teoría revolucionaria, evitando su expresión organizativa independiente -aunque sea mínima, imprescindible para encarar la formación de un bloque histórico o frente revolucionario alternativo al capital, cuando circunstancias o condiciones políticas favorables lo requieran. Esto es lo que Lenin ha querido significar cuando dijo que <>. Y la Teoría, sin su expresión política independient