1.- carta que da origen al documento

Ø              > ESTIMADOS CAMARADAS:

GRACIAS POR EL AVISO Y GRACIAS POR CONTINUAR CON
VUESTRA APORTACIÓN AL DEBATE.

POR CIERTO, HACE UNOS DÍAS, Y AL PEDESTRE NIVEL DE
TERTULIA DE SOBREMESA, SURGIÓ ENTRE VARIOS CAMARADAS
EL DEBATE ACERCA DE LA ACTUAL NECESIDAD DEL FRENTE
ÚNICO. LO QUE MÁS CLARO ME QUEDÓ ES QUE NINGUNO/A
TENÍAMOS CLARO EL CONCEPTO DE FRENTE ÚNICO. ¿QUÉ
POSICIÓN TIENE AL RESPECTO EL GPM?
 

LUCHA DE CLASES Y FRENTES POLÍTICOS

2.- introducción

Estimado Fran:

Lo que más recientemente se conoce por el vocablo "frente" ha sido práctica común desde que la sociedad humana se dividió en clases. Se han venido presentando como coaliciones entre fracciones de una misma clase gobernante que conspiran unas contra otras, o entre distintas clases  subalternas para defenderse de la explotación y opresión de que son objeto por parte de quienes ejercen el poder en virtud de presuntas supremacías de orden político, religioso o racial, pero que han tenido y tienen invariablemente por substrato, determinados intereses materiales[1]:

En la antigüedad, estos "frentes" o coaliciones, eran conocidos por la palabra "Liga" o "alianza". Un ejemplo de frentes o coaliciones entre distintas fracciones de una misma clase, fue la Liga Etolia en la antigua Grecia, una coalición entre las clases esclavistas de las ciudades Estados griegas en la región de Etolia, constituida a principios del siglo IV a.C. La Liga adquirió importancia en el siglo III a.C. cuando dirimió supremacías con la Liga Aquea, durante las que se conocieron como "guerras del Peloponeso". Esta Liga, llegó a dominar todo el centro de Grecia desde el mar Jónico hasta el mar Egeo, pasando a controlar las zonas de Tesalia, Tracia y Asia Menor.

Un ejemplo de frentes precapitalistas entre clases subalternas, ya durante la sociedad moderna, fue la que protagonizó el alzamiento provincial encabezado por los llamados "Nu-Pieds" de Normandía, entre julio y noviembre de 1639. Los  salineros que trabajaban con los pies desnudos en las arenas de la bahía del Mont-Saint-Michel, donde calentaban agua del mar para obtener sal, vieron como un agravio comparativo el proyecto de la Corona francesa de aplicar el impuesto a la producción de sal en la región, dejando exentas a otras provincias donde campesinos y pequeños caballeros producían y vendían sal relativamente libre de impuestos. Normandía fue una de las provincias más cargadas de impuestos. En su libro titulado "Revueltas y revoluciones en la edad moderna" el historiador Pérez Zagorín cita a M. Foisil en "La revolté des Nu-Pieds", quien calificó la revuelta como "Un frente de distintas clases -nobles y siervos de la provincia contra el Estado central monárquico" (Cfr.: Op.Cit. Tomo II Cap. IX). Acabó siendo una exaltación policlasista del nacionalismo provincialista normando.

Desde entonces a esta parte, cuando en enero de 1848 presentaron al mundo su "Manifiesto Comunista", sin emplear el término Marx y Engels justificaron el frente del proletariado con la pequeñoburguesía rural y urbana. Pero lo hicieron por primera vez desde el punto de vista de una concepción científica de la historia, cuyos fundamentos -según cuenta Engels- le expuso Marx un día de 1844 en una mesa del café parisino "La Regence", donde hoy está la oficina de turismo de Marruecos. La concepción materialista de la historia está basada en la articulación lógica de las siguientes ideas fundamentales:

 Primera Idea: En el curso de su vida colectiva, los seres humanos han venido contrayendo espontáneamente determinadas relaciones sociales para la producción y reproducción de su vida social, relaciones de producción (como las de amos y esclavos, señores y siervos, capitalistas y asalariados)  que dieron pábulo a los distintos tipos de sociedad que constituyen la materia de la historia.

Segunda idea: Estas distintas formaciones sociales corresponden a determinadas fases de desarrollo de sus fuerzas productivas materiales. Así como el arado de hierro y la energía hidráulica marcaron respectivamente el principio del fin de la economía de subsistencia y de las sociedades basadas en las relaciones de dependencia directa como las de la esclavitud y la servidumbre, los modernos sistemas de automatización de la producción están dejando hoy día sin sentido la vida social organizada en base a la explotación del trabajo asalariado.

Tercera idea: El conjunto de las relaciones de producción conforma la estructura económica o material de la sociedad, que es la base sobre la que se eleva un edificio jurídico y político y a la que corresponden determinadas formas de conciencia social. El modo de producción de la vida material determina el proceso de la vida social, política y espiritual en general.

Habiendo llegado a esta concepción de la historia, Marx y Engels concluyeron:

1)       que las formas burguesas de producción ya instauradas en la sociedad feudal pero no todavía suficientemente desarolladas, son la última forma social antagónica del proceso histórico-social de producción humana;

2)       que el despliegue de las fuerzas productivas contenidas en estas relaciones de producción, constituyen las condiciones materiales y sociales para la solución definitiva de este antagonismo, y,

3)       que la clase social determinada por el capital para cerrar la prehistoria de la sociedad humana, es el proletariado.

 

3.-FRENTE POLÍTICO ENTRE CLASES SUBALTERNAS DEL CAPITALISMO Y DESARROLLO ECONÓMICO DESIGUAL

Ahora bien, dado que la acumulación del capital dentro de las relaciones de producción feudales todavía predominantes, era naturalmente incipiente, las nuevas clases sociales -burguesía y proletariado- constituían una irrisoria minoría respecto del bloque histórico de poder entre la nobleza terrateniente y el campesinado en general. Marx y Engels sostenían, por tanto, que en la tarea de liberar al capitalismo de las trabas feudales, el proletariado en semejantes condiciones de inferioridad numérica no podía más que constituirse en un poder político auxiliar de la burguesía, clase a la que, en esa etapa del desarrollo de la humanidad, le correspondía asumir toda la responsabilidad de hacerse cargo de las ruedas de la historia. Era necesario, por tanto, que los asalariados y la pequeñoburguesía urbana y rural -interesados en la nueva sociedad nacida del vientre de las relaciones de señorío y servidumbre-, ayudaran a que los capitalistas asumieran todo el poder político, librando a la sociedad de las reminiscentes trabas feudales que impedían la libre acumulación del capital y la consecuente expansión de su clase explotada.

Para eso, de momento el proletariado debía renunciar a sus propias reivindicaciones históricas, a su propia emancipación social, diluyéndose en las organizaciones políticas de la burguesía, luchando desde ellas contra la opresión de la sociedad feudal decadente. Esta circunstancia o condición histórica específica, alumbró la necesidad del frente político entre el proletariado y la perqueñoburguesía democrática en la sociedad de transición del feudalismo al capitalismo. La justificación de ese frente político policlasista desde el punto de vista estratégico comunista, procedió de que sólo unas relaciones capitalistas desarrolladas podían crear un asalariado numeroso, hasta que el cambio de cantidad en cualidad pusiera a esta clase creada por el capital, en situación de poder liderar un proceso de lucha capaz de disputar a la burguesía el poder político desde la perspectiva de un proyecto económico-social superador del capitalismo: el socialismo. Tal fue el origen de los frentes policlasistas entre el porletariado y la pequeñoburguesía rural y urbana.

Pero, dado que desde su nacimiento en el seno de la sociedad feudal, el capitalismo tuvo siempre un desarrollo económico desigual, no en todas partes el frente del proletariado con la pequeñoburguesía cumplió el cometido revolucionario esperado. Es que, dada la debilidad numérica del proletariado y la actitud vacilante de la pequeñoburguesía en su carácter de clase intermedia aunque políticamente decisiva por su mayor masa social, el ritmo de la revolución capitalista en cada país, dependió del comportamiento de la burguesía y, éste, de su relativa fortaleza o debilidad económica y social. De ahí que, en enero de 1848, cuando publicaron su "Manifiesto Comunista", Marx y Engels observaron que este desarrollo económico desigual se expresaba también en distintas formas de conflictos políticos y, por tanto, en diversas formas de frentes entre las clases en lucha contra la nobleza todavía políticamente dominante, no sólo contra los abusos dentro de esa sociedad, sino contra la vigencia de la sociedad misma, por una sociedad más avanzada según las necesidades históricas determinadas por las contradicciones en el seno de la sociedad dominante:

<<Los comunistas luchan por alcanzar los objetivos e intereses inmediatos de la clase obrera; pero, al mismo tiempo defienden también, dentro del movimiento actual, el porvenir de ese movimiento. En Francia, los comunistas se suman al Partido Socialista Democrático[2] contra la burguesía conservadora y radical, sin renunciar, sin embargo, al derecho de criticar las ilusiones y los tópicos legados por la tradición revolucionaria. (...)

En Alemania, el Partido Comunista lucha al lado de la burguesía, en tanto que esta actúe revolucionariamente contra la monarquía absoluta, la propiedad territorial feudal y la pequeñoburguesía reaccionaria.>> (K.Marx-F.Engels: "Manifiesto Comunista" Cap. IV)

 La salvedad hecha por los creadores del Materialismo Histórico respecto de Alemania, en cuanto a la actitud de los comunistas frente a las distintas burguesías nacionales opositoras en Europa, estaba plenamente justificada y encerraba toda una premonición. En efecto, allí donde, como en Inglaterra o Francia, la mayor fortaleza social de la burguesía infundió a esta clase valor político suficiente para liderar el proceso revolucionario hasta el final, la pequeñoburguesía acompañó exitosamente al proletariado en su lucha de auxiliar a la revolución burguesa en esos países. Pero no ocurrió lo propio en Alemania, cuyo atraso económico relativo gestó una burguesía débil y cobarde. Temerosa de su propio proletariado, tubo miedo de ponerse al frente de la lucha contra la nobleza reaccionaria, en la que se apoyó para medrar, aunque no lo suficiente para saberse capaz de seguir desarrollándose políticamente sin ese apoyo:

<<La revolución prusiana de marzo, no debe confundirse con la revolución inglesa de 1648 ni con la francesa de 1789.

En 1648, la burguesía se alió con la moderna nobleza en contra de la monarquía, de la nobleza feudal y de la iglesia imperante.

En 1789, la burguesía se alió con el pueblo en contra de la monarquía, de la nobleza y de la iglesia imperante. (...)

En ambas revoluciones fue la burguesía la que se puso al frente del movimiento. El proletariado y las facciones de la sociedad urbana no pertenecientes a la burguesía, o no abrigaban intereses al margen de los de la burguesía, o bien no formaban aún clases o sectores de clases con un desarrollo propio. (...)

La revolución de 1648 fue el triunfo del siglo XVII sobre el siglo XVI; la revolución de 1789 fue el triunfo del siglo XVIII sobre el siglo XVII. Más todavía que las necesidades de las partes del mundo en que acaecían, Inglaterra y Francia, estas revoluciones expresaban las necesidades del mundo de entonces. (...)

Nada de esto encontraremos en la revolución prusiana de marzo (en 1848). (...) En vez de adelantarse a su siglo iba a la zaga de él en más de cincuenta años. (...) No se trataba de instaurar una nueva sociedad sino de resucitar en Berlín (año 1848) la sociedad muerta en París (año 1789) (...) 

La burguesía alemana se había desarrollado de un modo tan inerte, tan lento y tan cobarde, que en el momento en que se enfrentaba amenazadora al feudalismo y al absolutismo, veía alzarse amenazadoramente ante sí al proletariado y a todos los sectores de las ciudades afines a éste por sus intereses y sus ideas. (...); carente de toda fe en sí misma y sin fe alguna en el pueblo; gruñendo contra los de arriba y temblando ante los de abajo; (...) revolucionaria para con los conservadores y conservadora para con los revolucionarios; sin iniciativa, sin fe en sí misma, sin fe en el pueblo y sin misión alguna en el plano de la historia universal (...); tal era la burguesía prusiana a la que la revolución de marzo entregó el timón del Estado.>> (K. Marx: "La burguesía y la contrarrevolución" 16/12/848)

 

4.-DEL FRENTE POLICLASISTA AL PARTIDO REVOLUCIONARIO INDEPENDIENTE

Esto explica que el frente policlasista no pudiera cumplir en Alemania con su misión de ejercer la voluntad del pueblo liberando al capital de los obstáculos políticos que suponía la monarquía absoluta, porque la burguesía se negó haciendo frente único con la nobleza. Así, del plato a la boca, el pueblo alemán, que la había cocinado, se quedó sin la sopa. De este enjuague a espaldas del pueblo, resultó la monarquía constitucional, un híbrido entre la monarquía absoluta y la república burguesa:

<<La revolución de marzo no sometió en modo alguno al soberano por la Gracia de Dios a la soberanía del pueblo. Se limitó a obligar a la Corona, al Estado absolutista, a entenderse con la burguesía, a pactar con su viejo rival>> (K. Marx: "Nueva Gaceta renana" Nº170 16/12/848. Ed. cit.)

Pero fue un pacto con todos los recursos jurídicos previstos como para no solo dejar a salvo los privilegios feudales de que la nobleza había venido gozando, sino agregar otros nuevos. Y, además, para que desde ese término medio político-institucional se pudiera retroceder a la monarquía absoluta, al estado monárquico despótico, pero nunca avanzar hacia la república burguesa, hacia el dominio pleno de la ley del valor y de las libertades "democráticas" del capitalismo:

<<La constitución francesa otorgada contenía solamente un artículo, el 14, que la derogaba. En la Constitución otorgada de Prusia, todos y cada uno de los artículos son un artículo 14.

Por esta constitución, la Constitución otorga nuevos privilegios; se los otorga concretamente a sí misma.

Se reserva en ella el derecho a disolver libremente las cámaras sin plazo alguno. Concede a los ministros el derecho a dictar libremente, cuando no estén reunidas las cámaras, toda clase de leyes (incluso sobre la propiedad, etc.). Permite a los diputados acusar libremente por ello a los ministros, pero corriendo el riesgo de ser declarados en estado de sitio como "enemigos interiores". Y, por último, se reserva a sí misma, en el caso de que para la primavera subiera la cotización de las acciones de la contrarrevolución, el derecho a sustituir este "pedazo de papel" que flota en el aire, por una Carta Magna cristiano-germánica emanada orgánicamente de la jerarquía estamental de la Edad Media, o a poner fin sin más al juego constitucional. Incluso en este último caso, la parte conservadora de la burguesía se postraría de hinojos y rezaría:

"El Señor nos lo ha dado, el Señor nos lo ha quitado, bendito y alabado sea el nombre del Señor">> (Ibíd)

No obstante, esta experiencia que se consumo en 1850, así como la actitud del proletariado francés en febrero (su triunfo que permitió instanurar la república burguesa) y en junio (su derrota frente a la burguesía), reforzó en Marx el concepto de revolución permanente. Así fue cómo alumbró en él la necesidad de construir un partido proletario independiente, entendido como la expresión orgánico-política de la teoría revolucionaria: el materialismo histórico, aplicado a la realidad actual del capitalismo como condición a transformar. Tal fue la síntesis dialéctica en su intelecto, resultante de la contradicción histórica entre la afirmación política abstracta del proletariado como clase social sin partido pfreconizada en el "Manifiesto", y su negación en el frente policlasista.[3]

Pero esta síntesis dialéctica que iluminó el espíritu de Marx y Engels fue el resultado de un proceso de compromiso revolucionario con la lucha de clases en Europa, entre 1845 y 1848. Mientras tanto, consecuentes con el criterio de actuar como ala propulsora de la revolución burguesa desde la extrema izquierda de la burguesía en frente único con la pequeñoburguesía democrática, Marx, Engels y sus correligionarios en la "Liga de los comunistas" se entregaron por entero desde 1845 a promover el agrupamiento de la clase obrera europea en frente único con los demócratas pequeñoburgueses. Desde el verano de ese año en Inglaterra, ambos participaron en la creación de Fraternal Democrats, una organización internacional que permitió agrupar a la izquierda del cartismo con la Liga de los Justos y grupos de demócratas exiliados en diversos países europeos. Al año siguiente, ya en Bruselas, Marx participó en la creación de la Asociación democrática de Bruselas fundada en setiembre de 1847. En febrero de 1848, el comité de esta Asociación acordó con Fraternal Democrats la celebración de un congreso internacional de organizaciones democráticas que la revolución de febrero en Francia impidió. A partir de junio de ese año, Marx desempeñó una intensa actividad dentro del partido demócrata pequeñoburgués. Designado para representar a la Asociación Democrática de Colonia ante el comité central de las tres asociaciones democráticas de Colonia (la Asociación democrática, la Asociación obrera y la Asociación de obreros y patronos), participó del primer congreso de demócratas renanos donde fue designado, entre otros, para dirigir el flamante partido demócrata de Renania. A finales de 1848, Marx era, todavía, líder destacado de la Asociación democrática de Colonia y del Comité democrático de Renania, al mismo tiempo que presidente de la Asociación obrera de Colonia, fundada por Gottschalk, aunque -según cuenta Claudín- en ésta última su participación fue muy breve. (Cfr. F. Claudín: "Marx, Engels y la revolución de 1848" cap. II nota 143).

Es importante señalar en este punto, que durante ese mismo mes de junio de 1848 en que Marx pasó a dedicar casi todo su tiempo a militar en la Asociación Democrática de Colonia, los demócratas pequeñoburgueses de París acababan de demostrar hasta dónde fueron capaces de ir con el proletariado. En un importante artículo que publicó la NGR el 26 de junio de ese año titulado: "La revolución de junio en París", Marx hizo un genial ejercicio intelectual de proyección estratégica insuperable. Aun habiendo sido aplastados, los obreros de París fueron los únicos vencedores, porque han sabido triunfar sobre sus propias ilusiones:

<<La fraternité, esa fraternidad de clases antagonistas; una de las cuales explota la otra; esa fraternidad proclamada en febrero, escrita en mayúsculas sobre la frente de París, sobre cada prisión y cada cuartel, muestra su faz verdadera, auténtica, prosaica: es la guerra civil bajo su forma más feroz, la guerra entre el trabajo en el capital. La fraternidad ha durado justo el tiempo que el interés de la burguesía ha ido hermanado con el interés del proletariado. Pedantes de la vieja tradición revolucionaria de 1793, socialistas doctrinarios que mendigaban a la burguesía para el pueblo, siendo autorizados a pronunciar largos sermones y a comprometerse mientras hubo necesidad de adormecer con canciones de cuna al león proletario; republicanos que reclamaban integralmente el viejo orden burgués, pero sin testa coronada; oposicionales dinásticos para los que el azar había reemplazado la caída de la dinastía por un cambio de gobierno; legitimistas que no querían despojarse de la librea sino modificar su corte: he ahí los aliados con los que el pueblo hizo febrero. La revolución de febrero -prosigue Marx- fue la revolución hermosa, la revolución de la simpatía general, porque los antagonismos que en ella estallaron contra la monarquía dormitaban incipientes todavía, bien avenidos unos con otros; la lucha social que era su fondo solo había cobrado una existencia etérea, la existencia de la frase, de la palabra. La revolución de junio es la revolución fea, la revolución repelente, porque el hecho ha ocupado el lugar de la frase, porque la república puso al descubierto la cabeza misma del monstruo al arrancarle la corona que la protegía y la ocultaba>> (K. Marx: NGR: "La Revolución de Junio en París". Citado de "Obras Fundamentales Marx-Engels. FCE/989 Tomo 5 Pp. 56)

El monstruo al que aludía Marx era el orden burgués una vez que, con la ayuda del proletariado, se desembarazó para siempre del poder político feudal. Ninguna de las precedentes revoluciones francesas -señaló Marx- había atentado contra él. <<Pero junio -el proletariado de París- ha atentado contra el orden burgués, ¡Ay de junio!>> (K. Marx ibid).

Toda esta lógica política desplegada desde febrero a junio de 1848 en Francia, había estado dentro de las previsiones de Marx. El frente policlasista había servido en Francia para entronizar a la burguesía en el poder y eso había sido progresivo. Pero, como hemos dicho ya, la realidad económica y social alemana difería de la francesa e inglesa. Su atraso económico relativo se traducía en relaciones sociales de clases distintas. El menor grado de acumulación del capital alemán y la consecuente debilidad social de la burguesía respecto de las demás clases y sectores de clase de la sociedad en ese país, determinaron en ella un comportamiento diverso respecto a sus homólogas inglesa y francesa, de modo que, dentro de la estrategia correcta de revolución permanente ya esbozada por Marx desde 1843 en la "Introducción a la Crítica de la Filosofía Hegeliana del Derecho Estatal" (paso sin solución de continuidad de la lucha por la revolución burguesa a la lucha por la revolución proletaria), obligaba a trazar una táctica de acumulación política del proletariado distinta a la trazada para Francia o Inglaterra, cosa que no parece haber sido advertida por el creador de la FILOSOFÍA de la praxis. Más aun estando muy fresco en la memoria el segundo acto o <<revolución fea>> de junio en París. Nos referimos a la decisión de hacer pasar la acción de los revolucionarios por las organizaciones democráticas de la pequeñoburguesía, por el frente con ella. De hecho, a finales de 1848 Marx comparte su militancia como presidente de la Asociación Obrera de Colonia con su condición de destacado dirigente de la Asociación democrática de Colonia y del Comité democrático de Renania.

Tuvieron que transcurrir desde entonces quince meses, para que la prueba de la práctica fuera demostrando qué es lo que la burguesía alemana se vio obligada a hacer por fuerza de sus propias circunstancias e intereses frente a las crisis simultáneas de Frankfort y Berlín, así como durante la insurrección de Viena. A propósito de ésta última, comparando el proceso revolucionario de 1848 en Francia con lo acontecido en Alemania el mismo año, Marx empezó a sacar las consecuencias políticas del distinto comportamiento de la burguesía alemana en relación a sus homólogas francesa e inglesa:

<<Una derrota de Viena no nos sorprendería. Únicamente nos induciría a rechazar todo compromiso con la burguesía, que mide la libertad por la libertad del fabricante. Nos determinaría a enfrentarnos, rechazando todo entendimiento, implacablemente, a la miserable clase media alemana, que renuncia voluntariamente a su propio poder con tal de seguir traficando sin tener que luchar. La burguesía inglesa y la burguesía francesa son ambiciosas; la derrota de Viena confirmaría que la burguesía alemana no tiene honor [...] no haría más que convencernos de que no hay paz posible con la burguesía, ni siquiera por un período de transición, y que el pueblo debe permanecer al margen de las luchas entre  la burguesía y el gobierno, y esperar sus victorias o derrotas para explotarlas>> (K. Marx: "La Revolución en Viena" NGR 12/10/848. Ed. cit.)

Producida la derrota del movimiento democrático en Viena, en el número de la NGR correspondiente al 7 de noviembre, Marx destaca la diferencia entre la decisión de la burguesía francesa de acabar con los restos políticos del feudalismo, frente a la pusilánime ausencia de vocación histórica de la burguesía prusiana, cuya debilidad económico-social le hizo sentirse políticamente incapaz de ponerse al frente de la lucha por la nueva sociedad capitalista sin tutelaje de las clases retrógradas ancladas en el feudalismo:

<<En Francia la burguesía se puso a la cabeza de la contrarrevolución una vez que hubo derribado todas las barreras que se oponían a la dominación de su propia clase. En Alemania marcha presionada a la zaga de la monarquía absoluta y del feudalismo, antes de haber asegurado ni siquiera las condiciones de vida de su propia libertad y de su propia dominación burguesas. En Francia se levantó como déspota e hizo su propia contrarrevolución. En Alemania se sojuzga a si misma, para evitar que el pueblo triunfe. No hay en toda la historia nada más lamentable ni más ignominioso que la burguesía alemana.>> (K. Marx: "Triunfa la contrarrevolución en Viena" NGR 7/11/848. Ed. cit.)

Acobardada no tanto por lo que el proletariado era en ese momento sino por lo que amenazaba con llegar a ser y ya era el francés, la burguesía alemana sólo vio su salvación pactando un arreglo con la nobleza. Tras describir el curso de los acontecimientos, desde marzo hasta diciembre, Marx llegó a la conclusión de que la burguesía alemana había demostrado su absoluta incapacidad y decisión para arrinconar a la nobleza y su cohorte política: la burocracia estatal y el ejército, reduciendo los poderes de la Corona a todo lo que no limite la libre expansión del trabajo asalariado para los fines de la acumulación capitalista, como ya ocurriera en Francia e Inglaterra: 

<<La Historia de la burguesía prusiana y de la burguesía alemana en general, desde marzo hasta diciembre, demuestra que en Alemania es imposible una revolución puramente burguesa y la instauración del poder de la burguesía bajo la forma de la monarquía constitucional; que en este país sólo cabe una de estas dos cosas: o la contrarrevolución feudal absolutista o la revolución republicano-social (proletaria)>> (K. Marx: "La burguesía y la contrarrevolución" NGR 31/12/848. Ed.cit. Lo entre paréntesis es nuestro)

Con esto estaba diciendo que, dado el comportamiento de la burguesía alemana, su incapacidad  para ponerse al frente de la lucha consecuente por la república burguesa, el proletariado debía abandonar su condición de clase auxiliar, ya que, a la vista de los hechos, las tareas democráticoburguesas en países como Alemania, sólo podrían ser cumplidas en lucha simultánea contra la burguesía y contra la monarquía absoluta, lo cual suponía que los comunistas abandonaran el frente policlasista con la perqueñoburguesía democrática y empezaran a trabajar por la autoorganización del proletariado como partido de clase. Para ello, se plantearon dos tareas fundamentales:

1)       fundir la teoría revolucionaria con el movimiento obrero espontáneo como método de construcción del partido revolucionario;

2)       elaborar una táctica para arrastrar a la pequeñoburguesía vacilante tras la lucha decidida del proletariado independiente por los objetivos sociales y políticos democráticoburgueses, que la débil burguesía demostraba ser incapaz de hacer cumplir.

A esto se pusieron manos a la obra Marx y Engels desde enero de 1849, una vez consumada la derrota del movimiento democrático alemán ante la pasividad de la burguesía en Hamburgo, Berlín y Viena. De esta derrota a manos de la reacción aristocrática, ésta ofreció a la burguesía una solución política de compromiso, de cuya aceptación resultó un instrumento político de gobierno, a medio camino entre la monarquía absoluta y la república burguesa, que Marx denominó la "constitución otorgada".

 

 

A finales de 1849, desde su exilio en Londres, Marx incorporó nuevos datos económicos que le permitieron insistir en la perspectiva revolucionaria prevista un año antes. Sus análisis de la coyuntura económica le indujeron a afirmar que la crisis de 1847 había dado paso a una nueva fase de expansión verificable en la segunda mitad de 1848. No obstante pronosticó una nueva e inminente crisis económica. Dada la situación política continental que calificó de explosiva, Marx pronosticó que la combinación de todos estos factores desembocaría en una situación revolucionaria más avanzada que la anterior:

<<Tal vez el movimiento más importante en estos momentos, sea el que se desarrolla aquí, en Inglaterra. Por una parte, la agitación de los proteccionistas, apoyada por la fanatizada población rural -las consecuencias del free corn trade (comercio libre del trigo); por otra parte, los freetraders (partidarios del libre comercio internacional), que extraen las ulte­riores conse­cuencias políticas y económicas de su sistema en el interior, mientras como finan­cial and polítical reformers (reformistas polí­ticos y financieros) actúan en el exterior como el peace-party (partido de la paz); por último, los cartistas, quienes actuando conjuntamente con la burguesía en contra de la burocracia, han reanudado al mismo tiempo, con redoblada ener­gía, su propio movimiento de partido frente a los burgueses. El conflicto entre estos partidos llegará a ser grandioso y la forma exterior de la agitación cobrará formas tormento­sas y revo­lucionarias cuando, como yo espero, y no sin fundamento real, lleguen al poder los tories en vez de los whigs. Otro evenenement (aconteci­mien­to) que aun no se muestra visible en el continente, es la inminencia de una enorme crisis industrial, agrícola y comercial. Si el conti­nente demora su revolución hasta que esta crisis esta­lle, tal vez Inglaterra tenga que convertir­se de antemano, aunque de mala gana, en aliada del continente revolucionario>>. (K. Marx: "Carta a Weydemeyer" 19/12/849. Lo entre paréntesis es nuestro)  

En la tercera parte de "Las luchas de clases en Francia" -redactada en abril de 1850- Marx interpreta que el triunfo en las elecciones del 10 de marzo de 1850 de los insurrectos franceses vencidos en junio de 1848, expresa la gravitación creciente que el proletariado venía ejerciendo sobre la pequeñoburguesía como condición para aspirar a la "república roja", el contenido proletario de una nueva revolución en Francia:

<<Hemos visto cómo unos tras otros, los campesi­nos, los pequeñoburgueses, las capas medias en general, se iban colocando junto al proletaria­do, cómo eran empujados a una oposición abierta contra la república oficial y tratados por ésta como adversarios. Rebelión contra la dictadura burgue­sa, necesidad de un cambio en la sociedad, mante­nimiento de las instituciones democrático-repu­blicanas como instrumentos de este cambio, agrupa­ción en torno al proletariado como fuerza revolu­cionaria decisiva: tales son las caracte­rísticas generales del llamado partido de la socialdemo­cracia, del partido de la república roja.>> (K. Marx: "Las Luchas de Clases en Fran­cia" III.)

Por su parte, en un artículo publicado el 1/9/848, Engels señala expresamente que la burguesía se encontraba <<directamente amenaza­da en su existencia política, e indirectamen­te en su existencia social>>. Siempre inspirado  -al igual que su amigo- por el principio de la revolución proletaria permanente, Engels está pensando en la perspectiva no lejana de implantar la república roja y en la inmediata aplicación del programa de transición hacia el comunismo a escala europea:

<<¿Como explicarse la continua victoria del "or­den" en toda Europa? ¿De dónde vienen las numerosas y repetidas derrotas del Partido Revolucionario, de Nápoles a Praga, de París a Milán, de Viena a Frankfort?. De que todos los partidos saben que la lucha en gestación en todos los países civilizados es incomparable­mente más importante que todas las revoluciones habidas hasta hoy; de que en Viena como en París, en Berlín como en Frankfort, se trata del derrocamiento del poder político de la burguesía [...] ¿Queda acaso un centro revolucio­nario en el mundo donde en los últimos cinco meses no haya flotado sobre las barricadas la bandera roja, la enseña de combate del proletariado euro­peo fraternalmente unido? La burguesía se encuen­tra directamente amenazada en su existencia políti­ca, e indirectamente en su existencia social por cada insurrección que estalla ahora. De ahí todas esas derrotas. El pueblo, la mayor parte del tiempo desarmado, debe luchar no sólo contra la fuerza organizada, burocática y militar, del Estado pasado a las manos de la burguesía, sino también contra la misma burguesía armada. Mal armado y sin organización, el pueblo tiene frente a él todas las otras clases de la socie­dad, bien organizadas y bien armadas. He ahí por qué el pueblo ha sucumbido y sucumbirá hasta que sus adversarios no se debiliten, bien a consecuencia de su participación de sus tropas en la guerra, bien porque se escindan sus filas, o porque algún gran acontecimiento empuje al pueblo a combatir desesperadamente y desmoralice a sus enemi­gos>> (F. Engels: "Mediación e intervención de Radetzky y de Cavaignac" NGR: 1/9/48)  

Y en un artículo de la NGR publicado el 1 de enero de 1849, Marx expone las condiciones necesarias para que <<esa victoria próxima del proletariado>> pueda materializarse. La primera condición pasa por la implantación de la república social en Francia, esto es:

<<la caída de la burguesía en Francia, el triun­fo de la clase obrera francesa, la emancipación de la clase obrera en general>> (K. Marx: "El Movimiento Revolucionario" NGR 1/1849)

Pero, para Marx, esa condición no puede verse cumplida sin la revolución en el baluarte del capitalismo europeo y mundial en esos tiempos, sin la derrota de la burguesía inglesa a manos del proletariado de ese país. La consolidación del socialismo en la periferia capitalista sólo es posible a condición de que estalle la revolución en su centro. Lo mismo pensó Lenin en 1918. Por eso previó y alentó la revolución alemana que la socialdemocracia de la IIª internacional abortó:   

<<El país que ha hecho de naciones enteras sus proletarios, que aprisiona al mundo entero con sus brazos de coloso, que ya una vez ha pagado con su dinero los gastos de la restauración europea; el país en cuyo seno las oposiciones de clase se han exasperado hasta alcanzar la forma más pronunciada y cínica, Inglaterra, aparece como la roca a donde van a estrellarse las olas de la revolución. [Sin esta Inglaterra] que domina el mercado mundial, toda conmoción de la situación económica y social en cualquier país del continente europeo y en su conjunto no es más que un vaso de agua.>> (K. Marx: ibid)

A su vez, según Marx y Engels, la revolución en Inglaterra no tendría su causa directa en la lucha de clases interna sino en el debilitamiento de la burguesía de ese país a raíz de su segura intervención bélica para acudir en ayuda de sus colegas franceses, tal como lo había formulado Engels pocos meses antes, tal como ocurrió con los ejércitos napoleónicos. Así, habiendo empezado liderando la contrarrevolución burguesa en Francia, Inglaterra pasaría a la cabeza de la revolución proletaria en Europa:

<<...la vieja Inglaterra no puede ser derrocada más que por una guerra mundial, lo único que puede ofrecer al partido cartista, al partido obrero inglés organizado, la condición de un levanta­miento victorioso contra sus gigantescos opresores. [...] toda guerra europea en la que esté implicada Inglaterra será una guerra mundial [y] la guerra europea es la primera consecuencia de la revolución europea victoriosa en Francia. Inglaterra, como en la época napoleónica marchará a la cabeza de los ejércitos contrarrevoluciona­rios, pero la guerra misma la precipitará a la cabeza del movimiento revolucionario.[...] Sublevación de la clase obrera francesa, guerra mundial>> (K. Marx: ibid)

En cuanto a Alemania, siempre conscientes del desarrollo desigual del país y de  la momentánea debilidad del proletariado alemán, Marx y Engels seguían insistiendo en que la revolución alemana mantenía su carácter democráticoburgués. Consecuentemente, lograron que la Liga mantuviera la línea de colaboración con la burgue­sía impulsando la lucha hasta la desaparición del régimen absolutis­ta. Pero, tal como tenían pronosticado, el nuevo alzamiento del proletariado francés y la -para ellos- más que probable implanta­ción de la república roja en París, daría un nuevo impulso a la revolución en el resto del continente. Este nuevo cuadro de situación es lo que muy probablemente explique el hecho de los comunistas alemanes nucleados en la Liga decidieran abandonar el frente único con la pequeñoburguesía, las organizacio­nes democráticas, para poner todos sus esfuerzos en la creación del partido obrero alemán independien­te. 

En tales circunstancias -enero de 1849- la FILOSOFÍA de Marx y Engels fue atacada por los "hombres de acción" comandados por el doctor Gottschalk un miembro destacado de la "Liga de los comunistas", al que los obreros de Colonia profesaban gran respeto por su abnegada entrega durante varios años como médico de los pobres, a la sazón presidente de la Asociación Obrera de Colonia. Por esas fechas se estaban por realizar las elecciones para la conformación de las Asambleas de Frankfort y de Berlín. Marx y su grupo hicieron prevalecer dentro de la Asociación Obrera de Colonia el criterio de participar en ambos parlamentos votando a los candidatos demócratas.

Por su parte, considerando que el proletariado debía saltar por encima de los demócratas y aspirar inmediatamen­te a la "república obrera", el grupo de Gottschalk se puso en contra denunciando que la propuesta de participar en la nueva Asamblea prusiana, así como esos acuerdos de acción común puntual con los demócratas pequeñoburgue­ses, eran indicios de que Marx y su gente habían hecho abandono de la causa proletaria. En un artículo publicado en la NGR el 21 y 22 de enero, Marx insiste en defender las tesis que había expuesto en la Asociación Obrera, en momentos en que el gran órgano liberal de Colonia, la "Kölnische Zeitung", acababa de apuntalar las posiciones del grupo de Gottschalk, planteando que el dilema era entre la constitución otorgada por la monarquía y la república roja.[4]

Desde el punto de vista de la concepción de revolución permanente planteada por Marx y que Gottschalk esgrimía en su crítica contra él, eso, en perspectiva, era evidentemente así. Pero la constitución otorgada no era un simple adorno político de la realidad alemana. Estaba allí para algo y había que tenerla en cuenta. Sin perder de vista que el proletariado no podía tocar ni un pelo de la burguesía sin el apoyo de esa masa mayoritaria de población constituida por los pequeños campesinos, artesanos y comerciantes, Marx atendía a la mayor preocupación de esa masa, a la esencial intención de su lucha contra los impuestos expropiatorios que servían exclusiva­mente para mantener a la casta parasitaria de la aristocracia terrateniente y financiera y a su ejército de burócratas y militares que, en conjunto habían conformado el Estado absolutista y seguían al frente del nuevo Estado monárquico constitucional. Eso que la constitución otorgada seguía legitimando no se había modificado, y sin esa modificación era imposible movilizar a la pequeñoburguesía contra el capital. Y el caso es que la pequeñoburguesía creía en las ilusiones constitucionalistas, en que la "voluntad de todo el pueblo" lograría derogar esa pesada carga al servicio del privilegio de unas minorías parasitarias.  De ahí que la consigna de "república roja" no tuviera todavía nada firme bajo sus pies para poder andar segura por la historia.

Al quedar comprometida con ese Estado parasitario y opresor asumiendo la constitución otorgada, la burguesía prusiana ya no podía seguir ocultándo al pueblo su naturaleza igualmente reaccionaria. Al constatar que la burguesía se echaba en brazos de la reacción por miedo a la revolución socialista, Marx entiendió que esa nueva realidad no cambiaba el carácter burgués de la revolución, pero sí su fórmula política. Al no ser posible ya una revolución puramente burguesa y el estableci­miento de la dominación burguesa bajo la forma de la monarquía constitucional, sólo cabían dos alternativas posibles: la contrarre­volución feudal absolutista o la revolución democráticoburguesa dirigida por el proletariado, tal como Marx ya lo anunciara en "La burguesía y la contrarrevo­lución".[5] 

 

5.-El comunismo utópico rompe la unidad de los comunistas por la izquierda del movimiento

Al ver que la constitución otorgada confíó el timón del Estado alemán a los representantes de las anacrónicas relaciones de propiedad feudales, Marx proclamó que Alemania había entrado en una dinámica cuya lógica -de no interponerse fuerzas revolucionarias en contrario- debía culminar por restaurar plenamente el poder que la Corona había perdido en marzo de 1848. Pero observando que semejante situación tendía a poner a la pequeñoburguesía en la órbita y bajo la dirección política del proletaria­do, Marx entendió que la burguesía prusiana y la Corona parecían haber dado solución al conflicto de clases planteado desde la perspectiva de la revolución democrática del proletariado. Pero advirtiendo que eso sólo sucedería, siempre que los revolucionarios supieran combatir con eficacia las ilusiones constitucionalistas de las masas obreras y pequeñoburguesas. Con estos argumentos, Marx concluirá su réplica a la "Kölnische Zeitung" y a la gente de Gottchalks diciendo que en esos precisos momentos, el dilema no está en decidir entre la constitución otorgada y la república roja sino entre...

<<el antiguo absolutismo con un sistema estamental renovado o un sistema representativo burgués [...] No se trata, en absoluto, de una lucha contra las relaciones de propiedad burguesas, como ha tenido lugar en Francia y se prepara en Ingla­terra. Se trata, por el contrario, de la lucha contra una constitución política (Marx se refiere a la constitución otorgada en diciembre) que pone en peligro "las relaciones de propiedad burgue­sas", al confiar el timón del Estado a los repre­sentantes de las "relaciones de propiedad feudal", al rey de derecho divino, al ejército, a la buro­cracia, a los señores rurales, a los varones de las finanzas y a algunos burgueses ligados a ellos>> (K. Marx: "Motesquieu LVI" NGR 21 y 2­2/1/849. Citado por F.Claudín op.cit. Cap. II. Lo entre paréntesis es nuestro.)

Esa posición de Marx y Engels suponía sostener la táctica de acción conjunta con los demócratas burgueses y pequeñoburgueses, pero no ya como auxiliar político sino como protagonista principal. Después de haber explicado en qué consistía el falso dilema planteado por la gente de Gottschalk, Marx expuso cual debía ser la actitud de los obreros y masas oprimidas en general:

<<Nosotros -dijo- somos indudablemente los últimos en querer la dominación de la burguesía. Somos los primeros en haber elevado nuestra voz en Alemania contra la burguesía, cuando los actuales "hombres de acción" se agrupaban satisfechos de ellos mismos, en querellas subalternas. Pero nosotros decimos a los obreros y a los pequeñoburgueses: antes de volver a una forma social caduca, que so pretexto de salvar vuestras clases sumergirá de nuevo a la nación entera en una barbarie medieval, vale más sufrir en la sociedad burguesa moderna, cuya industria crea los medios materiales necesarios para la fundación de una sociedad nueva que os liberará a todos>> (K. Marx: "La División del Trabajo en la Kölnische Zeitung" NGR 11/2/849. Citado por F.C. Op. cit. ibid)

Durante los seis meses que Gottschalk permaneció en prisión cambió la composición de fuerzas dentro de la Asociación Obrera. Al mismo tiempo que se adoptaron unos estatutos más democráticos, se decidió que Schapper sustituyera a Gottschalk en el cargo de presidente. La mayoría de la nueva dirección secundó las posiciones de Marx. La Asociación se escindió. Gottschalk y sus partidarios fundaron otra que duró dos meses. A mediados de enero de 1849, este grupo comenzó a publicar un portavoz titulado "Freiheit, Arbeit" (Libertad, Trabajo) que se presentó como continuador del anterior órgano de la Asociación Obrera y anunció una lucha decidida <<contra todos los partidos, desde el partido de la Nueva Gaceta Renana (órgano de los comunistas de la "Liga") hasta el de la Nueva Gaceta Prusiana (órgano de la nobleza reaccionaria)>>. El 25 de febrero "Freihei, Arbeit" publicó una carta abierta <<al señor Carlos Marx>> donde Gottschalk expuso el fondo de las divergencias. La carta comienza aludiendo al pasaje del artículo de Marx, donde decía a los obreros que:

<<...más vale sufrir en la sociedad burguesa moderna, cuya industria crea los medios materiales necesarios para la fundación de una sociedad nueva, que no retroceder a una forma social caduca>>. "Freihei, Arbeit" responde:

<<Desde febrero, nosotros, los "hombres de la pendencia subalterna", nos encontramos en el seno de la revolución. Pero para qué una revolu­ción? ¿Para qué habríamos de malgastar nuestra sangre nosotros, hombres del proletariado, si realmente, como nos anuncia usted, señor predi­cador, para evitar el infierno de la Edad Media tenemos que arrojarnos voluntariamente al purga­torio de un decrépito capitalismo, para alcanzar desde allí el nebuloso cielo de su "profesión de fe comunista"? [...] Claro. Usted no toma en serio la liberación de los oprimidos. La miseria del obrero, el ham­bre de los pobres, sólo tiene para usted un interés científico, doctrinario. Usted está por encima de tales miserias. En su calidad de erudito Dios-sol, se limita a ilumi­nar con su brillo a los partidarios. No siente aquello que conmueve los corazones de los hom­bres. No cree en la cosa que usted pretende representar.>> (Andreas G­ottschalk: "Fre­ihei, Arbeit". H.M. Enzensberger: op. cit. T I)

El sufrimiento de los explotados constituye, sin duda, la justificación de su lucha. Pero en modo alguno agota el sentido de su estrategia, que debe  fundarse exclusivamente en la inteligencia política, sobre la base del conocimiento más certero posible de las condiciones económicas y políticas en que esa lucha tiene lugar en cada momento. En esa carta del grupo de Gottschalk había una poderosa fuerza moral revolucionaria, sólo conducente a sus objetivos propuestos si estaba dirigida por no menos sólidas razones políticas que a ese grupo le faltaban. La fuerza de esas razones -que ya gravitaba por entonces en el espíritu de Marx- aparecerá concentrada en "Las Luchas de Clases en Francia" casi dos años después de esta disputa con Gottschalk. Allí hay un párrafo que explica sintéticamente el sentido del dilema entre constitución otorgada y república roja -planteado por la reaccionaria "Kolinsche Zeitung"- que se había apoderado de la gente de Gottschalk. Marx explica en ese texto que el proletariado es todavía una ínfima parte de la población explotada y que, por tanto, en el conjunto de las luchas contra la explotación, la suya es solo un hecho parcial que, por sí misma, no puede constituir el contenido nacional de la revolución. Podría serlo si las demás clases subalternas (campesinos, artesanos y pequeños comercian­tes), estubieran en condiciones de comprender que la usura, las hipotecas, los impuestos y demás cargas que ellos atribuían al ya caduco sistema feudal, no eran ya más que <<modos de explotación secundarios>> del capital y que, por tanto, su lucha se hermanaba con la lucha obrera en función de que, efectivamente, tenían un enemigo estratégico común. Pero ese no era el caso. En efecto:

<<...si el proletariado francés, en un momento de revolución, posee en París una fuerza y una in­fluencia efectivas, que le espolean a realizar un asalto superior a sus medios, en el resto de Francia se halla agrupado en centros industriales aislados y dispersos, perdiéndose casi en la superioridad numérica de los campesinos y pequeñoburgueses. La lucha contra el capital en la forma moderna de su desarrollo, en su punto de apogeo -la lucha del obrero asalariado industrial- es, en Francia, un hecho parcial, que después de las jornadas de febrero no podía cons­tituir el contenido nacional de la revolución; con tanta mayor razón cuanto que la lucha contra los modos de explotación secundarios del capital -la lucha del campesino contra la usura en las hipotecas, del pequeñoburgués contra el gran comerciante, el fabricante y el banquero, en una palabra, contra la bancarrota- quedaba aun disimu­lada en el alzamiento general contra la aristocra­cia financiera. Nada más lógico, pues, que el proletariado de París intentase sacar adelante sus intereses al lado de los de la burguesía, en vez de presentarlos como el interés revoluciona­rio de la propia sociedad, que arriase la bandera roja ante la bandera tricolor. Los obreros fran­ceses no podían dar un paso adelante, no podían tocar ni un pelo del orden burgués, mientras la marcha de la revolución no rebelase contra este orden, contra la dominación del capital, a la masa de la nación -campesinos y pequeños burgueses- que se interponía entre el proletariado y la burgue­sía; mientras no la obligase a unirse a los prole­tarios como a su vanguardia. Sólo al precio de la tremenda derrota de junio, podían los obreros comprar esta victoria. [...]  El proletariado de París fue obligado por la burguesía a hacer la insurrección de junio. Y en esto iba implícita su condena al fracaso. Ni su necesidad directa y confesada le impulsaba a querer conseguir por la fuerza el derrocamiento de la burguesía, ni tenía aun fuerzas bastantes para imponerse esta misión. [...] Sólo empapada en la sangre de los insurrec­tos de junio ha podido la bandera tricolor trans­formarse en la bandera de la revolución europea, en la bandera roja. Y nosotros exclamamos: ¡La revolución ha muerto! ¡Viva la revolución!>> (K. Marx: Op.cit. cap. I: "La derrota de junio")

Estos argumentos eran todavía más válidos para Alemania, donde el contraste entre la zona industrial de Renania y el resto del territorio de ese país preponderantemente agrario era aún más acusado. Lo que en esencia se trataba de trasmitir desde las páginas de la "Nueva Gaceta Renana", es que, aun antes que estalle, toda revolución en la moderna sociedad capitalista tiene un carácter que sólo cambia con la propia vida de la revolución impulsada por la naturaleza de las cosas, en este caso por la lógica del capital. Por tanto, si en la Alemania de 1848 era cuestión de intervenir en sentido efectiva­mente revolucionario, ello suponía una comprensión previa, lo más exacta posible, de la base material sobre la cual se dirimía la lucha de clases en aquellos momentos. Sabiendo que lo fundamental es tarea irremplazable del "viejo topo" (las leyes del capitalis­mo), los revolucionarios sólo tenían que actuar en el sentido que marcaba y sigue marcando la ciega certeza de ese asimilado en su tarea de clarificar la sociedad, eliminando de ella las simulaciones y apariencias que evitaban la necesaria síntesis política entre las clases subalternas: el bloque histórico de que hablaba Gramsci; Contribuir a esa clarificación y ajustarse milimétricamente con la acción a esa certidumbre teórica para <<aliviar los dolores del parto>> comunista, tal fue el glorioso ejemplo de militancia revolucionaria que cumplieron los "hombres de la pluma" desde las páginas de la "Nueva Gaceta Renana"

En medio de esta disputa con los "hombres de acción" liderados por Gottschalk dentro de la Liga, Marx y Engels al frente de los "hombres de la pluma" salían al paso de la mixtificación de la democracia burguesa imperante en el seno de las asociaciones democráticas. A la "National Zeitung" que maneja en abstracto el concepto de "voluntad del pueblo entero", Marx le hace notar que su significación real es "voluntad de la clase dirigente". Frente a la idealización del sufragio universal, advierte que...

<<Sólo es la brújula que indica, finalmente, tras algunas oscilaciones, claro está, la clase llamada a dirigir>> Y reafirma su posición crítica respecto de las izquierdas parlamentarias: <<Nos gustan las posiciones claras -dice un editorial de NGR del 18 de febrero de 1849-. Jamás hemos coqueteado con un partido parlamentario. El partido que representa­mos, el partido del pueblo, no existe actualmente en Alemania más que a un nivel elemental. Pero cuando se trata de combatir al gobierno en ejer­cicio, nos aliamos incluso con nuestros enemi­gos>> (K. Marx: NGR. Citado por F. Claudín op.cit. cap. II. Aclaración nuestra)  

La crítica a la llamada izquierda parlamentaria desde las páginas de la NGR culminó con un extenso artículo que Engels dedicó al debate en la nueva Asamblea Nacional con motivo del mensaje de la Corona, donde anticipó la función del "transformismo" gramsciano que la burguesía empezó a operar en Alemania desde los parlamentos todavía no emancipados de la tutela institucional de la nobleza. Lo único que Engels ve de interesante en esos debates, es...

<<la arrogancia pueril de la derecha y el cobarde hundimiento de la izquierda.[...] Estos señores de la izquierda disminuyen sus pretensiones en la medida misma que la derecha aumenta las suyas. En todos sus discursos se percibe ese abatimiento producto de amargas decepciones, esa actitud abrumada del exmiembro de la misma asamblea que primero dejó empantanarse a la revolución y después, hundiéndose en el pantano por ella misma creado, lanzó un grito doliente: ¡el pueblo no está aun maduro! incluso los miembros más resuel­tos de la izquierda, en lugar de oponerse resuel­tamente a toda la asamblea siguen acariciando la esperanza de obtener algún resultado en la Cámara y, gracias a la Cámara, obtener una mayoría para la izquierda. En lugar de adoptar en el parlamento una actitud extraparlamentaria, la única honro­sa en tal Cámara, hacen concesión tras concesión con la esperanza de una solución parlamentaria. En lugar de ignorar en toda la medida posible el punto de vista constitucional, buscan consciente­mente la ocasión de coquetear con él por amor a la paz [...] ¿Por qué intentan convencerse de que pueden obtener por vía parlamentaria lo que sólo pueden obtener por vía revolucionaria, por la fuerza de las armas? Sin duda la vía parlamentaria ha elevado a esos señores a una altura [...] donde el l'spirit de corps comienza y la energía revolucionaria, si la había, se evapora>> (F. Engels: "El Debate de Berlín sobre el Mensaje" en NGR del 30/3/849. Citado por F. Claudin Op.cit. cap. II. Subrayado nuestro) [6]

El reproche al grupo de Marx por su aparente pasividad política ante <<el hambre de los pobres>>, no era un arma retórica que el grupo de Gottschalk utilizara en su lucha por hacer prevalecer sus posiciones dentro de la Liga, sino una realidad social tan evidente como dramática. El recrudecimiento de la crisis económica europea -de mayor incidencia en la relativamente atrasada Alemania- obligaba a los burgueses de este país a emular a sus colegas ingleses en crueldad a la hora de explotar trabajo ajeno.

Esta situación tendrá su reflejo inmediato en el plano político- organizativo de la clase obrera. Durante el invierno de 1848/49 se forman numerosas asociaciones obreras de carácter eminentemente político. Destaca entre ellas la "Fraternidad Obrera" con radio de influencia al norte de Alemania; fundada por Stephan Born, entre el 27 y el 29 de diciembre de 1848 celebró su segundo congreso nacional el Leipzig, seguido del Congreso General Obrero Alemán que agrupaba a una serie de asociaciones obreras radicadas al sur del territorio. Un congreso celebrado en Heildelberg los días 28 y 29 de enero de 1849 acordó la fusión de los órganos dirigentes de ambas organizaciones. Al nuevo comité central unificado con sede en Leipzig se le encomendó organizar un congreso de toda Alemania para crear la Unión General de los Obreros Alemanes. Durante los meses siguientes, congresos obreros organizados por la Fraternidad de Hamburgo, Turingia y Baviera, llegaron a los mismos acuerdos. A estos se suma la Liga de los comunistas y lo que queda de la Asociación Obrera de Colonia una vez escindido de ella el grupo de Gottchalks. Por su parte, Marx y Engels se ofrecen para dar cursos gratuitos a la Asociación sobre problemas económicos y sociales. 

La NGR comienza a reflejar en sus páginas esta situación desde principios de 1849. El 5 de enero de ese año aparece el primer artículo de Marx denunciando las condiciones de explotación de los obreros alemanes. Después de explicar el régimen de las llamadas "workhouses" en Inglaterra, Marx escribe:

<<Si en algún punto la burguesía prusiana se aproxima a su ideal británico, es en la explotación desvergonzada de la clase obrera. [...] trata a la clase obrera con menos miramientos que la burguesía inglesa>> (K. Marx: "Un docu­mento auténtico de la burguesía" NGR 5/1/49. Ed. FCE. Cit.)

El 11 de marzo, la NGR publicó un documento de la Asociación Obrera de Colonia dirigido a las asociaciones obreras de la provincia renana para establecer relación regular. De ahí, al parecer, salió el acuerdo para que el comité de la Asociación Obrera de Colonia asumiera las funciones de comité regional. Semejante responsabilidad asumida obligó a la Liga de los Comunistas a empeñar todas sus fuerzas en la tarea de agrupar a las asociaciones obreras de la región, en detrimento de sus actividades dentro del movimiento democrático pequeñobur­gués. Así es como se tomó la decisión de que los miembros de la Liga renuncien a sus cargos directivos dentro del partido demócrata de Renania. En la declaración que hicieron para fundamentar esta decisión se decía:

<<estimamos que la organización actual de las asociaciones democráticas encierra en su seno demasiados elementos heterogéneos para que sea posible una actividad provechosa en relación con el objetivo que se ha fijado la causa. Consideramos, por el contrario, que una ligazón más estrecha de las asociaciones obreras es preferible porque están compuestas de elementos homogéneos, y por esta razón dimitimos desde hoy del comité regional renano de las asociaciones>> (ibid)

Firmaron esta declaración: Marx, Schapper, Annecke, Becker y Wolff. El sentido de este texto se precisa más con el acuerdo que adoptó al día siguiente la asamblea de la Asociación obrera:

<<1) Salir de la Federación de asociaciones democráticas de Alemania y afiliarse a la Federación de asociaciones obreras alemanas; 2) Encargar a su Comité de convocar en Colonia un congreso provincial de todas las asociaciones obreras de Renania y Westfalia antes de la reunión del congreso general de trabajadores de Leipzig, con objeto de estrechar los vínculos del partido auténticamente social; 3) Enviar delegados al congreso de las asociaciones obreras de Alemania que tendrá lugar proximamente en Leip­zig>> (Cfr. F. Claudín op. cit. Cap. II-6) 

 

6.-EL FRENTE POLICLASISTA ROMPE LA UNIDAD DE LOS COMUNISTAS POR LA DERECHA DEL MOVIMIENTO

Si, tal como hemos visto, Marx y Engels esperaban un rebrote revolucio­nario en toda Europa que daría a la revolución europea un carácter netamente proletario, aun cuando Alemania estaba por realizar su revolución burguesa, en las nuevas circunstancias políticas previstas, el atraso relativo de la revolución alemana no era en modo alguno decisivo, ya que era de suponer que el torrente revolucionario previsto no tardaría en arrastrar al proletariado alemán poniéndole a la altura de sus hermanos de clase. Tal es la perspectiva que puede explicar por qué, previo abandono de las organizaciones democráti­cas, Marx preparaba la renuncia a todo compromiso del proletariado alemán con la burguesía.

Meses después, en medio de una evidente y sostenida expansión de los negocios en toda Europa, Marx y Engels vieron desmentidas todas las previsiones económicas en las que ambos habían venido coincidiendo desde noviembre y diciem­bre de 1848. En un análisis de coyuntura concluido hacia el otoño de 1850, Marx modificó el tempo de sus previsiones económicas. Si bien consideró que se seguían manteniendo las mismas condiciones objetivas que gravitaban hacia una próxima gran crisis económica de la burguesía, calculó que esta sobrevendría no más tarde de 1852. Esta nueva situación económica obligaba a una adecuación política. Es en ese momento cuando desde la derecha del movimiento surgió la fracción de unos "hombres de acción" liderada por Willich y Schapper, al parecer deseosos de emular a los Ledru-Rollin, Louis Blanc, Mazzini, Kossuth...

<<...y los astros alemanes de menor magnitud, como Rouge, Kinkel, Gögg y qué sé yo cuantos más se reunían en Londres para formar a monto­nes los gobiernos provisionales del porvenir, no sólo para sus países respectivos sino para toda Europa, y que sólo faltaba recibir de los Estados Unidos el dinero necesario a título de empréstitos revolu­cionarios, para llevar a cabo, en un abrir y cerrar de ojos, la revolu­ción europea, y con ella, naturalmente, la instaura­ción de las correspon­dientes repúblicas. ¿A quién podía extrañarle que un hombre como Wi­llich se dejase arrastrar por esto, que Schapper se dejase también llevar de su vieja comezón revolucionaria, y que la mayoría de los obreros que en gran parte vivían como refu­giados en Londres les siguie­sen al campo de los fabrican­tes demo­crático­burgueses de revoluciones? el caso es que el re­traimiento defendido por nosotros no era del gusto de estas gentes, empeña­das en que nos lanzásemos al deporte de hacer revoluciones. Y como nos negásemos a ello del modo más enérgico sobrevino la escisión>> (F. Engels: "Con­tribu­ción a la Histo­ria de la Liga de los Comu­nistas" en "Obras Escogidas Marx-Engels"bras EscogidasO)

El programa de esta fracción tenía sólo un punto: derroca­mien­to del absolutismo e implantación de la Repúbli­ca. Y una sola tácti­ca: marchar inme­diatamente hacia la unidad política con los demócratas pequeñoburgueses en <<un gran parti­do de oposi­ción>>, a fin de poder encarar la lucha por el poder sin pérdida de tiempo. En estas circunstancias, los "hombres de la pluma" agrupados en torno de Marx y Engels parecen haber sacado ya todas las consecuencias teóricas y políticas de su experiencia anterior en el seno del movimiento democrático amplio. Desde marzo de 1850 -fecha en que se procede a reorganizar la Liga de los Comunistas- la fracción de Marx y Engels dan por acabado el tramo del proceso revolucionario presidido por la burguesía, en el que el proletariado debía limitarse a acompañarle en su lucha contra el absolutismo. Si de lo que se trataba era de poner la teoría del proletariado en práctica, es decir, transformar la FILOSOFÍA del materialismo histórico en acción política revolucio­naria, había que munirse del instrumento o medio de acción sin el cual tal pretensión es imposible. Ese medio de acción era la organización indepen­diente de los comunistas, cuyo cometido pasaba, a su vez, por contribuir a enriquecer la FILOSOFÍA desde la práctica misma. Para ello era requisito indispensa­ble resistir la tentación del pasado, rechazando decididamente las ofertas de unión que los demócratas pequeñobur­gueses oprimidos por la reacción demandaban al proletariado, para convertirle en un apéndice de sus intereses de estatus dentro de la sociedad burguesa:

<<En el momento actual, en que los demócratas pequeñoburgueses se hallan oprimidos en todas partes, predican al proletariado en general la unión y la concordia, le tienden la mano y aspiran a crear un gran partido de la oposición que abarque todos los matices existentes dentro del partido democrático; es decir, aspiran a enredar a los obreros en una organización de partido en la que predominen las frases democráti­co-sociales en general, detrás de las cuales se ocultan sus intereses específicos, y en la que, en gracia a la amada paz, no deberán manifestar­se las reivindica­ciones concretas del proleta­riado. Semejante unión les beneficiaría exclusi­vamente a ellos y redunda­ría totalmente en perjuicio del proletariado. Éste perdería su inde­pendencia a tan dura costa conquistada, para volver a convertirse en apéndice de la democracia burguesa oficial. Así, pues, semejante unión debe ser rechazada con la mayor energía. Los obreros, en vez de rebajarse una vez más a servir de coro y de caja de resonancia de los demócratas burgueses, deberán esforzarse, sobre todo los de la Liga, en crear al lado de los demócratas oficiales, su propia organización como partido obrero público y clandestino independien­te, haciendo que cada comuna se convierta en centro y núcleo de un conjunto de sociedades obreras en que se discutan la posición y los intereses del proletariado, al margen de la influencias burguesas. [...]  Para el caso de una lucha contra el enemigo común, no se necesita de ninguna coalición especial. Cuando se trate de luchar contra ese adversario, coincidirán simultá­neamente los intereses de ambos partidos y, como ha ocurrido hasta aquí, también en el futuro se establecerá por sí misma esta unión, aunque encaminada solamente a fines momentáneos>>(K. Marx-F. Engels: "Circular del Comité Central de la Liga de los Comunistas" del 10 de marzo de 1850". Ed. cit.)

7.-EL FUNDAMENTO DEL PARTIDO OBRERO INDEPENDIENTE Y LA REVISIÓN DEL "Manifiesto Comunista"

Los comunistas necesitan independencia política más que ninguna otra clase de la sociedad, porque el proletariado es la única que, por ser la negación absoluta de toda explotación entre los seres humanos, trasciende en su acción política a todas las otras; es verdaderamente revolucionaria porque no teniendo ningún fuero especial en la sociedad de clases, tampoco puede aspirar a nada particular dentro de ella; porque al no estar ligada históricamente a ninguna forma de propiedad, el sentido histórico de su lucha es la negación de toda propiedad. Por tanto, el tren de su movimiento no tiene ninguna estación en la sociedad burguesa; su acción revolucionaria dentro de ella no es parcial o limitada sino total y PERMANENTE; Su accionar no se detiene en la reforma de tal o cual aspecto de la sociedad de clases, sino que tiende objetivamente a su destruc­ción. De ahí que su organización deba ser independiente respecto de las demás clases sociales:

<<Mientras que los pequeños burgueses desean que la revolución termine lo antes posible y alcanzando a lo sumo las metas señaladas, nosotros estamos interesados, y esa es nuestra tarea, en que la revolución se haga permanente, en que dure el tiempo necesario para que sean desplazadas del poder todas las clases más o menos poderosas [...] Para nosotros no se trata de modificar la propie­dad privada, de lo que se trata es de destruirla; no se trata de paliar las contradicciones de clase, sino de la abolición de las clases; no se trata de mejorar la sociedad existente, sino de instaurar una nueva sociedad>> (K. Marx-F. Engels: ibid)

Cuando expresan esta premisa real de la sociedad de su tiempo y sacan su consecuencia política planteando como objetivo prioritario la unidad política del proletariado, Marx y Engels están sin duda pensando en el principio del "Manifiesto" en su parte IVª:

<<Los comunistas luchan por alcanzar los objeti­vos e intereses inmediatos de la clase obrera; pero al mismo tiempo defienden también, dentro del movi­miento actual, el porvenir de ese movi­miento">>, conscientes de que con lo prescrito en la "Circular de marzo de 1850" superan lo dicho seguidamente en este mismo párrafo:

<<En Francia los comunistas se suman al Partido Socialista Democrático, contra la burguesía conservadora y radical; en Suiza apoyan a los radicales sin desconocer que este partido se compone de elementos contradictorios, en parte de socia­lista democráticos al estilo francés, y en parte de burgueses radicales...>> (K.Marx-F. Engels:  "Manifiesto del Partido Comunista" parte IVª)

Esta revisión del "Manifiesto" en modo alguno significaba que el proletariado debiera adoptar una posición sectaria y encarar la lucha contra la reacción en solitario. Colaboración con la pequeñoburguesía sí pero con autonomía política para luchar junto a ella en todo lo que no contradiga su propio programa. Y para eso es necesario una organización política independiente. Sobre todo cuando se estaba en un momento que exigía al proletariado ponerse a la vanguardia de las luchas reemplazando a la burguesía que se había pasado a la reacción. Si bien las clases medias estaban históricamen­te condena­das a desaparecer por el proceso de acumulación capitalista, su lucha por un estatus en la nueva sociedad era, además, objetivamente reacciona­rio. Pero, por otro lado, la pequeñoburguesía estaba interesada en la lucha contra el absolutis­mo, contra las cargas feudales y por la institución del jurado, la igualdad de todos ante la ley, la libertad de prensa y de asociación, es decir, la lucha por las libertades democráti­cas. Todas estas aspiraciones políticas favorecían el proceso de acumulación del capital y, con él, el crecimiento numérico y la unificación política del proletariado. De aquí se desprende que la política de los revolucionarios con respecto a la pequeñóbur­guesía era y sigue siendo la de apoyarla en su lucha contra los sectores sociales reaccionarios y por las libertades democráticas, sin dudar al mismo tiempo en enfrentarse a ella en todo lo que haga o pretenda hacer para afianzarse en su posición de clase media dentro de la sociedad existente en perjuicio del proletariado. Pero, para eso, es necesario el partido revoluciona­rio obrero independiente:

<<El primer punto en que los demócratas burgueses chocarán con los obreros será la destrucción del feudalismo; como ocurrió en la primera revolución francesa, los pequeños burgueses entregarán a los campesinos las tierras feudales en libre propie­dad; es decir, tratarán de dejar subsistente el proletariado agrícola y la formación de una clase campesina pequeñoburguesa que pase por el mismo ciclo de empobrecimiento y endeudamiento en que todavía hoy se halla sumido el campesino francés. Los obreros deberán salir al paso de estos planes, en interés del proletariado rural y en su propio interés. Deberán exigir que las tierras feudales confiscadas se mantengan como propiedad del Estado y se utilicen para crear colonias obreras, en las que el proletariado agrícola asociado trabaje con todas las ventajas de la agricultura en gran escala y por medio de las cuales el principio de propiedad común se plasme inmediatamente de un modo firme en medio de las oscilantes relaciones de la propiedad burguesa. Los obreros deberán aliarse al proletariado agrícola, como los demócratas a los campesinos.>> (K. Marx-F. Engels: "Circular del CC.CC. de la Liga de los Comunistas" de marzo de 1850. Ed. FCE: Los Grandes fundamentos T.4) 

Una vez dilucidadas teóricamente las posibilidades reales y las tareas prioritarias del proletariado, así como sus coincidencias tácticas y divergencias estratégicas con la pequeñoburguesía, teniendo en cuenta, además, que los demócratas burgueses se verían obligados a proponer medidas <<más o menos socialistas>>, en la misma Circular de marzo de 1850 Marx y Engels respondían a la pregunta de qué clase de medidas deberían proponer los obreros revolucionarios:

<<1) Obligar a los demócratas a intervenir en el orden social establecido en el mayor número posible de aspectos, perturbando su marcha normal y haciendo que se pongan a sí mismos en eviden­cia, y a concentrar en manos del Estado el mayor número posible de fuerzas productivas, medios de trans­porte, fábricas, ferrocarriles, etcétera.

2) Deberán llevar hasta su límite extremo las propuestas de los demócratas, los cuales no actuarán, desde luego, como revolucionarios, sino simplemente en un terreno de reformas, convirtiéndolas en otros tantos ataques directos a la propiedad privada, así, por ejemplo, cuando los pequeñoburgueses propongan comprar los ferrocarriles y las fábricas, los obreros deberán proponer que estos ferrocarriles y estas fábricas, como propiedad que son de los reaccionarios, sean confiscados por el Estado sin ninguna clase de indemnización. Si los demócratas proponen el impuesto proporcional, los obreros reclamarán el impuesto progresivo; y si los demócratas propugnan un impuesto progresivo moderado, los obreros harán hincapié en la implantación de un impuesto con escala tan alta que arruine al gran capital; si los demócratas proponen la regulación de la Deuda pública, los obreros deberán empujar hacia la bancarrota del Estado.>> (K. Marx-F.Engels: ibid)  

Para los <<hom­bres de ac­ció­n>>, subyuga­dos por el fervor revoluciona­rio de su relativamente reducido entorno social que les empujaba a la acción, reflexiones y prevenciones como ésta de los <<hombres de la pluma>> carecían de importancia. Si se trataba de acabar cuanto aontes con el bloque de poder entre la monarquía absoluta y la burguesía reaccionaria no había que incomodar a la pequeñoburguesía y hacerle todas las concesiones con tal de arrastrarla hacia la toma del poder. Así quedó reflejado en la contestación de Schap­per a Marx en aquella histórica reunión del CC.CC. de la Liga:

<<He expuesto la opinión que aquí ha sido ataca­da, dado que soy un entusiasta de esta causa. En esencia se trata de si de entrada somos nosotros los que cortamos las cabezas o si somos los decapitados. En Francia serán los obreros, por lo que en Alemania seremos nosotros. Si este no fuera el caso, está claro que me retiraría a dormir y entonces podría ocupar una situación material muy diferente. Si nos llega el turno a nosotros podre­mos disponer las medidas necesa­rias para que el proletariado tenga asegurado el poder. Soy un fanático de esta solución. El Comité Central, sin embargo, ha querido lo contra­rio. Pero si efecti­vamente ya no queréis tener nada que ver con nosotros, que así sea. Separé­monos ahora. Es casi seguro que seré guilloti­nado en la próxima Revolu­ción. Pero a pesar de ello iré a Alemania y acaso entonces podamos marchar al unísono. Soy un amigo perso­nal de Marx pero si os empeñáis en la esci­sión, noso­tros seguiremos nuestro camino y voso­tros el vuestro. Ahora bien, en dicho caso será necesa­rio crear dos Ligas. Una para aquellos que actúan con la pluma; la otra para todos los que actúan de otra forma. No soy de la opinión de que la burguesía conquiste el poder en Alema­nia, y en este sentido soy un fanático entusias­ta; si no lo fuera no daría un solo ochavo por todo este asun­to...>> ("Acta del CC.CC. de la Liga de los Comu­nistas", sesión del 15/9/85­0, en Enzens­berger: op.cit. T I)

Cuando Schapper propone aquí un accionar político por el cual "el proletariado tenga asegurado el poder", en realidad se refiere a su participación en un supuesto gobierno democrático que no contempla ninguna de las medidas democrático burguesas contempladas en el "Manifiesto" [7]. Como ya se había demostrado en Francia, programática y organizativamen­te el proyecto de la fracción Willich-Schapper pasaba por el frente policlasista y no se diferenciaba del partido de Ledrú Rollín; por tanto, no podía pasar de ser la expresión política de la pequeñoburguesía, de unos intereses que, en política agraria, significaría la división y el enfrentamiento entre el proletariado rural y el proletariado urbano. En este punto de la controversia es donde Marx y Engels hablan de la toma prematura del poder por parte del proletaria­do. En síntesis, so capa de la necesidad imperiosa de la toma inmediata del poder, el proyecto Willich-Schapper suponía hipotecar la lucha del proletariado en aras de fortalecer política­mente los intereses regresivos de la pequeñoburguesía en la sociedad existente, dejando intactas las leyes del capitalismo. Ante la inexistencia de un partido revolucionario independiente con un programa y capacidad militante para desmistificar las promesas e ilusiones del bloque enemigo en el poder y para convencer a la pequeñoburguesía de que la única política que representa la seguridad y el progreso para sus familias es la política democrático burguesa consecuente del proletariado, el accionar del frente policlasista no haría a lo sumo más que conseguir temporales reducciones de impuestos y parcelas en propiedad que, al dejar intactas las leyes económicas del capitalismo, todas esas concesiones acabarían en nada. 

No se trataba, pués, de proponer que el proletariado actuara tras la caída de la monarquía absoluta -como acusaba Willich a Marx- sino de hacerlo en condiciones que supusieran un avance económico, social y político efectivo sobre la sociedad anterior:         

<<El señor Marx señala que una de sus tareas es la formación del proletariado, hasta convertirlo en un partido de oposición, que sólo habrá de actuar como tal después de la caída del actual régimen político, mientras que hasta la llegada de dicho momento habrá de dedicarse al perfeccionamiento de su organización. El partido de Willich-Schap­per, por el contrario, tiende hacia el citado derrocamiento en colaboración con el llamado Partido Democrático [...] La diferente opinión acerca del desarrollo revolucionario y sobre la actuación basada en ella, constituye en opinión de Marx la causa de nuestras discrepancias. La exposición histórica del proceso de separación demostrará en qué medida estuvo originado por cuestiones de principio o por causas de naturaleza completamente diferente. Resulta que el señor Marx califica nuestra postura como en contubernio con la burguesía democrática; de ello me acusa primordialmente a mi. El señor Marx pasa por alto que todavía existe otro partido aparte del suyo. Ha intentado convertir el Partido del Proletariado -al cual pertenecemos ambos y cuya esencia es la autogestión y el autogobierno, y en el que cual­quier miembro sólo puede y debe estar al servicio de la comunidad sea cual sea la función encomendada- ha intentado convertirlo primero en el partido de la Neue Rheinische Zeitung (Nueva Gaceta Renana), para individualizarlo en el parti­do "Marx". De esta forma para él la humanidad se divide en dos bandos: "Marx y el resto de la humanidad">> (August Willich (1850).Citado por H. M. Enzensberger Op.cit Tomo I. Lo entre parénte­sis es nuestro) 

Este hecho de la división en la "Liga de los Comunistas" aparece reflejado en una confe­sión hecha ante la policía por Heinrich Bürgers, comunista renano devenido luego en nacional-liberal. Refiriéndose a la <<situación deplorable>> a la que había llegado