MISCELANEA SOBRE
MATERIALISMO HISTÓRICO III
- Inquietud de Alexander Pinazo Carmona que originó el debate
- Respuesta del Grupo de Propaganda Marxista
- Intervención de Susil Gupta en contestación al G.P.M.
- Intervención de Rolando Astarita
- Segunda intervención de Susil Gupta aludiendo a lo dicho
por Astarita
- Intervención de Leonardo Mir
- Intervención de José Bordes García
- Respuesta del G.P.M. a Gupta
- El pasado que se supera conservado en el presente
- La semilla de la ley de la acumulación y el derrumbe
del sistema capitalista.
- ¿Es cierto que el Materialismo Histórico es un historicismo?
- ¿Es verdad que la historia discurre en un desarrollo
incesante?
- Circunloquio determinado en torno de la tendencia al
derrumbe del capitalismo.
- ¿Es cierto que el Materialismo Histórico se basa en la
historia?
- Respuesta del G.P.M a Rolando Astarita
- Respuesta del G.P.M. a la segunda intervención de
Susil Gupta
- ¿Es cierto que el proletariado de los países imperialistas
ha degenerado de modo irreversible
- ¿Dónde está la racionalidad científica del marxismo
“no ortodoxo”?
- Respuesta del G.P.M a Leonardo Mir
- Respuesta del G.P.M. a José Bordes García
- Aclaraciones de Leonardo Mir.
1) Inquietud de Alezander Pinazo Carmona
que originó el debate
Es muy grato tener conocimiento de ha cerca de la profundización
de sus conocimientos destinados al avance científico del proletariado, soy un
estudiante de la Facultad de derecho de décimo semestre que recién esta conociendo
el campo doctrinario del derecho, a si como la doctrina socialista y con plena
ansiedad de descubrir la realidad de los hechos desde su causa eficiente productora
y recurro a vuestro conocimiento para tener un criterio científico.
He podido entender que como aspirante a tener una sociedad socialista
consecuentemente comunista solo cabe lugar en estos tiempos a la lucha ideológica
antes que económica, lucha ideológica que tiene que situarse en un margen subjetivo
pero dentro del ámbito científico; por mi parte me he propuesto acotar teorías
materialistas dentro de la doctrina jurídica, claro que las existen, pero no
es reincidente su existencia dentro de la doctrina legalista es por ello
que como un tema como este (“limitacion de la propiedad privada en la normatividad
jurídica” Tesis que me propuse realizarla). Seria un aporte mas al pensamiento
materialista histórico, Es un planteamiento que me hice luego del estudio
del plusvalor relativo y el plusvalor absoluto he llegado a la conclusión que
la acumulación de capital en sus diferentes manifestaciones origina consecuencias
en las necesidades esenciales del ser humano.
Entendiendo que para Karl Marx viene ha ser el Derecho una
superestructura de las relaciones de producción. De ello puedo entender que
la existencia de la propiedad privada esta respaldada y resguardada por la normatividad
jurídica, partiendo de que el ente superior es siempre el poder económico “medios
de producción de índole privada” quien subordina al poder político que dentro
de ello se sitúa sub poderes como el poder judicial el poder legislativo,
y como último poder para controlar la conducta social antisistema el poder normativo
legalista y/o poder ideológico del sistema; aspectos que no lo toman así reconocidos
juristas como Hans Kelsen y otros.
La pregunta es; como propone Karl Marx dentro del ordenamiento
jurídico en este sistema una teoría revolucionaria que permita un devenir
al socialismo, Cual seria el ser de la normatividad jurídica en un periodo
socialista, comunista y que aspectos más se hay que tener en cuenta
para una propuesta para el tema de estudio que me propuse.
No quisiera proponer una teoría dentro del marco Jurídico
que alargue el proceso intensivo de la necesidad de un socialismo, menos prostituir
la ideología socialista o pecar de ingenuo anarquista, por ello recurro a vuestras
posiciones previamente.
Agradeceré la recomendación de citas bibliográficas.
Saludos:
Alexander Pinazo Carmona.
2) Respuesta del Grupo de Propaganda Marxista
Todas las proposiciones políticas —implícitas o explícitas—
de teóricos burgueses del derecho, como Kelsen, están comprendidas en el sistema
de vida capitalista; todas ellas no son más que adecuaciones de la ley jurídica
o derecho positivo, a la realidad económica vigente fundada en la propiedad
privada sobre los medios de producción.
La proposición política revolucionaria de Marx desde 1845
hasta su muerte, es la consecuencia de su teoría económica científica basada
en el descubrimiento de la tendencia objetiva al derrumbe del sistema capitalista.
Por tanto, al estar en una relación de antagonismo inconciliable con este sistema,
la proposición política del Materialismo Histórico trasciende los límites del
ordenamiento jurídico burgués. De lo contrario, tal proposición política sería
contrarrevolucionaria. Esta proposición fue enunciada por primera ver en un
trabajo conjunto de Marx y Engels titulado: “La ideología alemana” (1845),
donde dicen:
<<Para nosotros, el comunismo no es un estado
que debe implantarse, un ideal al que ha de sujetarse la
realidad. Nosotros llamamos comunismo al movimiento real que
anula el estado de cosas actual. Las condiciones de este movimiento se desprenden
de la premisa actualmente existente.>> (Op. cit. 5)
Marx y Engels han entendido siempre, es decir, omnicontextualmente
por “movimiento real”, a la unidad dialéctica entre estructura económica y superestructura
política, o sea, a la relación contradictoria entre el movimiento económico
del capital y el movimiento político del proletariado. Respecto del primer movimiento,
el de la
necesidad económica —que se manifiesta en la tendencia
histórica decreciente de la tasa de ganancia— si usted ha comprendido en todo
su alcance la teoría del plusvalor relativo no es necesario que nos extendamos
aquí en referirnos a la tendencia objetiva al derrumbe económico del capitalismo;
en todo caso, acerca del particular puede consultar en nuestra página el trabajo
titulado: “
Fuerzas productivas y tasa de ganancia”. Respecto
del segundo movimiento, el de la
posibilidad política de realizar
la necesidad económica del comunismo, le remitimos a otros dos trabajos nuestros
—también publicados en el mismo sitio— titulados:
“Hegel, Marx
y la dialéctica” (especialmente el capítulo 2) y
“La moral y los comunistas”.
En ellos encontrará citas con su correspondiente referencia bibliográfica y
explicación debidamente contextualizada de su significado, pudiendo usted contar
así con buena parte del herramental solicitado, que tal es el cometido de nuestra
existencia como
Grupo de Propaganda Marxista.
Pero insistimos y ahora queremos ser meridianamente claros
en esto: si el cometido de su tesis —según sus propias palabras— consiste en
encajar o encuadrar el pensamiento revolucionario de Marx “dentro
del ordenamiento jurídico en este sistema”, es decir, si lo que usted
pretende es elaborar “una teoría revolucionaria que permita
un devenir al socialismo” en el contexto del derecho positivo burgués,
debemos decirle que esta tesis jurídica así enunciada, constituye un despropósito
político, porque no se afirma en la revolución sino que reincide en el tópico
de la reforma, en el camino trillado de un “socialismo” de cuño socialdemócrata
decimonónico a la Ledrú Rollín que no se sacude el cepo capitalista y que, por
lo demás, desvirtuaría la originalidad que debe tener toda tesis.
Otra cosa es si se nos pregunta, como usted efectiva y contradictoriamente
lo ha hecho, ¿“Cual seria el
ser de la normatividad jurídica en un periodo
socialista”? A esto los revolucionarios respondemos que ese
ser jurídico
normativo, tiene su
esencia puesta en la
nueva sociedad
por la propiedad colectiva sobre los medios de producción, esto es, por la
dictadura
del proletariado en y desde el
Estado obrero revolucionario.
Acerca de este asunto, puede consultar usted nuestro trabajo titulado:
“Fundamentos
teóricos e históricos para la lucha por los Estados Obreros Unidos de
Europa”
Un saludo: GPM
3) Intervención de Susil Gupta en contestación al G.P.M.
Ustedes Dicen: Todas las proposiciones políticas —implícitas
o explícitas— de teóricos burgueses del derecho, como Kelsen, están comprendidas
en el sistema de vida capitalista; todas ellas no son más que adecuaciones de
la ley jurídica o derecho positivo, a la realidad económica vigente fundada
en la propiedad privada sobre los medios de producción.
La mayoría si, pero no todas. Algunas teorías son vestigios
de épocas pre-capitalistas, o de formas capitalistas caducas, o de clases caducas
y marginales. Dado que el capitalismo esta en declive, también hay teorías
que representan una una degeneración teórica que no se ajusta al capitalismo
y muestran la incapacidad de articulación teórica del la burguesía.
Ustedes Dicen: La proposición política revolucionaria
de Marx desde 1845 hasta su muerte, es la consecuencia de su teoría económica
científica basada en el descubrimiento de la tendencia objetiva al derrumbe
del sistema capitalista.
No. Muy evidentemente la proposición política revolucionaria
de Marx desde 1845 se formulo antes de que Marx hubiera formulada su teoría
económica científica y hubiera descubierto el mecanismo de la tendencia objetiva
al derrumbe del sistema capitalista.
La proposición revolucionaria del Marxismo se basa en la Historia,
que muestra, y no solo a Marxistas, que la sociedad esta en constante desarrollo
revolucionario. Marx convierte a la Historia en ciencia. La “tendencia objetiva
al derrumbe” es solo un momento de esta ciencia – y además no es de si revolucionaria
(léase Henryk Grossmann – Acumulación y Derrumbe – ultimo capitulo).
4) Intervención de Rolando Astarita
Quisiera hacer una breve observación sobre la idea de que
Marx habría planteado que existe una "tendencia objetiva al derrumbe del
sistema capitalista".
Pienso que la cuestión no es tan sencilla. Por lo menos
porque no es fácil encontrar en los textos de Marx una afirmación
explícita acerca de una tendencia objetiva al derrumbe.
En principio todo parece indicar que Marx pensaba que
la caída del capitalismo sólo se produciría con la intervención política
y revolucionaria de la clase trabajadora. Las crisis económicas generarían las
condiciones materiales que demostrarían la necesidad de esa intervención; pero
en caso de que la clase trabajadora no interviniese, nada parece indicar en
la teoría de Marx que se produciría un derrumbe del sistema capitalista.
La cuestión no es menor en lo que atañe a la capacidad
de previsión de la teoría marxista. Recuerdo, por poner solo un caso, que un
importante dirigente trotskista argentino invitó a la militancia, en 1998,
a "asistir al derrumbe del capitalismo en tiempo real", a partir de
la crisis asiática y el default de los bonos rusos. Esto porque pensaba que
el sistema puede derrumbarse por la sola acción de las fuerzas económicas.
No es ésta, me parece, la tesis de Marx. De hecho Marx se
refiere en dos pasajes a la posibilidad de que se dé un límite absoluto al desarrollo
de las fuerzas productivas bajo el capitalismo, y ambas como posibilidades
abstractas, esto es, muy lejanas. Una cuando contempla (en los Grundrisse) qué
sucedería si la automatización fuera completa, ya que se anularía la fuente
del plusvalor, el trabajo humano. La otra cuando especula (cap. 15
t. 3 El Capital) con el surgimiento de un único monopolio
que acabara con la competencia. Pero cuando analiza las tendencias a la crisis,
a partir de la ley de la caída de la tasa de ganancia, lo único que
sostiene es que el régimen capitalista no es absoluto. Esto significa que tiene
limitaciones, que se manifiestan en las crisis periódicas. Pero no
sostiene que la crisis sea sin salida, porque precisamente la crisis es la
manera en que el sistema restablece la tasa de ganancia, y por lo tanto
las condiciones de acumulación del capital. La desvalorización y destrucción
masiva de capitales, el disciplinamiento y desvalorización de la fuerza
de trabajo (la crisis genera desocupación), son algunos de los factores claves
que permiten este aumento de la tasa de ganancia.
Soy consciente de que la tesis "marxista" del derrumbe
automático ha gozado de popularidad. No solo está en Grossman, sino antes
había aparecido en los debates sobre el "derrumbe", en la Segunda
Internacional, a fines del siglo 19 (Lucio Colletti hizo una magnífica
recopilación de trabajos sobre el tema). Gente tan opuesta como Rosa
Luxemburgo y Bernstein pensaban que Marx tenía una teoría del derrumbe
del capitalismo. También estuvo en el izquierdismo de la Tercera Internacional; en
los análisis stalinistas de la crisis del 30; y en Trotski. Pero,
insisto, no creo que encuentre mucho apoyo en la teoría de Marx, por lo menos
en El Capital.
Por último, sí es cierto que ha habido teóricos burgueses
que plantearon la tendencia de largo plazo del capitalismo a apagarse.
Ricardo, por el uso de tierras de fertilidad decreciente; Keynes por
la caída a largo plazo de la eficiencia marginal del capital y la resistencia
de la tasa de interés a bajar. Observemos que Marx reivindica en Ricardo
que haya visto la importancia de la caída de la tasa de ganancia, y las
limitaciones que representaba para el régimen burgués. Según Marx, esto demostraba
que Ricardo comprendía el carácter relativo del régimen capitalista, sus limitaciones.
Pero esta comprensión de Ricardo era, dice Marx, puramente
económica, es decir, desde el punto de vista burgués" (énfasis añadido;
Colletti destaca la importancia de este pasaje, en el cap. 15 t. 3). O sea,
Marx toma distancia de la idea de la caída "puramente económica",
calificándola de una tesis que corresponde "al punto de vista burgués".
Todo parece indicar entonces que tenía presente la necesidad
de la acción revolucionaria de la clase obrera para que se produjera la caída
del capitalismo. En definitiva, cuando estallaban las crisis Marx no invitaba
a sus lectores a "asistir al derrumbe del capitalismo en tiempo real".
Esta última es una idea tardía, tal vez el resultado de una mala mezcla
de Marx con Keynes, o con las teorías sobre el dominio del monopolio
y el capital financiero.
Saludos cordiales, Rolando Astarita
5) Segunda intervención de Susil Gupta aludiendo a lo
dicho por Astarita
Estimado compañero Rolando Astarita
Es un placer leer algo sobre un asunto complicado del Marxismo
y estar prácticamente de acuerdo con su totalidad. Solo algunas observaciones:
Grossmann no es “automicista” en cuanto al derrumbe del capitalismo.
El último capitulo de su obra magna, al que aludí, lo deja claro.
Colleti hace una recopilación valiosísima - pero no resuelve
el problema. Al final esta incapacidad tumba a Colleti, y le conduce a abandonar
el Marxismo.
A partir del 1914 'el problema' de la relación entre lo que
podemos llamar, a modo tosco, el desarrollo económico y la lucha de clases ya
no se puede plantear en formal clásica (Marx, Grossmann) y no se puede solucionar
por reconversión o renovación filosofica del Marxismo (Grossmann en sus otros
escritos, Lukacs) o voluntarismo (Luxemburg), o el institucionalismo de fundar
una nueva Internacional (Trotsky).
¿Porque? El apoyo de la clase obrera Europea al imperialismo
y a la Primera Guerra
Mundial supone su fracaso total e histórico como clase política —y roba al Marxismo
de su constitución social sin el cual no puede haber desarrollo del Marxismo
real y viviente (revolucionario). Lo que persiste a partir de 1914, en algún
reducto aislado, es un residuo de Marxismo que pronto se vuelve “Marxismo de
catecismo”.
La clase obrera de la mayoría de los países avanzados es hoy
una clase reaccionaria y degenerada. Es enemiga de la democracia, el socialismo
y el Marxismo y de clase obrera internacional. Por esto estoy totalmente contra
la idea de una nueva Internacional. Es necesario la demarcación total. Hace
20 años la clase obrera española era una clase obrera autentica, capaz de ejecutar
su misión histórica. Hoy, esta en vías avanzadas de convertirse en una clase
reaccionaria, imperialista e incorporada totalmente al bloque ideológico y estratégico
de la burguesía internacional. La decisión reciente de CCOO y UGT de solicitar
medidas al Estado para restringir la inmigración rumana y húngara es sintomático.
Sin ser “tercermundista” —una ideológica que aborrezco— el
futuro del Marxismo esta en las clases obreras emergentes: China, India, América
Latina. Estas no son las clases obreras de países retrasados —son las clases
obreras avanzadas del futuro.
El problema fundamental es la falta de un análisis de los
postulados centrales del Marxismo ortodoxo (pre-1914) anclados en la teoría
del imperialismo anunciada por Lenin. Diría más: hace falta un nuevo Manifiesto
Comunista basado en la realidad post-1914.
Esto es lo que falta en el análisis del GPM. El GPM defiende
el Marxismo desde los planteamientos ortodoxos de la época pre-imperialista.
Es una batalla valiente y necesaria en nuestros días de total hostilidad
al Marxismo o cualquier materialismo critico. Pero hace falta ir más allá.
Saludos camaradas: Susil Gupta
6) Intervención de Leonardo Mir
Si bien en el centro del método marxista se halla la idea
que la caída del capitalismo sólo se produciría con la intervención
política y revolucionaria de la clase trabajadora, no es descabellado sostener
que la tendencia "objetiva" al derrumbe es igualmente válida, al menos
en un sentido. Lo más cuestionable de esta idea sería la caracterización de
"derrumbe", pero la desaparición, transformación o como se la quiera
llamar del capitalismo, por vías económicas, sería la consecuencia necesaria
e inevitable de la desaparición de la plusvalía como consecuencia de la tecnificación
total. Es decir, el cambio de sistema se produciría en ese escenario por una
superación tecnológica tal que brindaría las bases materiales para un nuevo
tipo de sociedad, idea que viene a ratificar la idea marxista de que a
tal desarrollo de las fuerzas productivas corresponde un determinado sistema
social. Lo que no es posible saber de antemano es si, dado el desarrollo actual
de las fuerzas éste ya es suficiente. El laboratorio de la historia hasta ahora
pareciera estar demostrando esa insuficiencia. Lo que sucederá, probablemente,
es que la cantidad se transformará en cantidad un poco antes del punto de tecnificación
absoluta pero no mucho antes. En definitiva, si el capitalismo no es derrumbado
por la intervención política y revolucionaria de la clase trabajadora, lo cual
es una posibilidad, a la larga desaparecerá de todos modos por razones objetivas
-económicas.
Cordiales saludos.
Leonardo Mir
7) Intervención de José Bordes García
Estimados amigos,
A propósito de la discusión de los últimos días sobre la cuestión
del derrumbe del capitalismo considero que sería interesante esbozar algunas
las reflexiones porque se trata de un problema que está en el centro de
cualquier visión estratégica del marxismo revolucionario.
A finales del siglo XIX E. Bernstein inició un debate sobre
la denominada "teoría del hundimiento" del Capitalismo. Y mientras
K, Kautsky negaba que en la obra de Marx y Engels pudiesen encontrarse referencias
específicas, H. Cunow defendía que dicha teoría existía en el pensamiento marxiano. De
ese mismo período son las aportaciones de T. Barnaovski. Más tarde. Grossmann
en su libro de finales de la década de 1920 añadía que "...Marx se equivocó
solamente en relación al tiempo del desarrollo porque en su época había considerado
como dados los mercados de exportación existentes. De hecho, el capitalismo
de las últimas décadas busca siempre conquistar nuevos mercados para el capital
y la industria y eso afecta de manera mitigante sobre la tendencia al hundimiento
del capitalismo...".
Por su parte Lenin señalaba en algunos de sus textos que más
que elucubraciones más o menos elaboradas sobre el posible hundimiento de capitalismo
"...sería un error creer que la tendencia a la descomposición descarta
el rápido incremento del capitalismo: todo lo contrario. En la época del imperialismo
las ramas individuales de la industria, los diferentes estratos de la burguesía,
los diferentes países muestran, con mayor o menos fuerza, unos u otros, estas
tendencias. En general, el capitalismo crece más rapidamente que antes, aunque
tal incremento no sólo es cada vez más desigual, sino que se manifiesta de un
modo particular en la descomposición de los países donde el capital ocupa las
posiciones más firmes".
No existe, por lo tanto, una relación mecánica entre descomposición
del imperialismo y su fin en un breve plazo.
Dicha evolución puede implicar un largo período y los
revolucionarios deben dotarse de una estrategia adecuada a la larga duración
de la descomposición imperialista. No obstante, día tras día, la dialéctica
social se manifiesta en la contradicción existente entre una aceleración del
desarrollo capitalista en el mundo y una prolongada descomposición de la metrópolis.
Unas contradicciones que exasperan los conflictos y pueden provocar una aceleración
de las guerras por el reparto mercado mundial puesto que el desarrollo desigual
cambia rápidamente las relaciones de fuerza entre las potencias imperialistas.
Sólo en la medida en que es posible analizar la dialéctica
conjunta del imperialismo se abre la posibilidad de afrontarla con una estrategia
revolucionaria adecuada.
Sólo con la reconstrucción de un partido revolucionario fuerte
es posible actuar frente a los retos de la nueva situación mundial.
José Bordes.
8) Respuesta del G.P.M. a Susil Gupta
a) El pasado que se supera conservado en el presente
Nosotros somos un pequeño grupo de propaganda cuyo interés
consiste en contribuir a la comprensión del Materialismo Histórico aplicado
a los distintos aspectos de la lucha de clases sobre los cuales se nos consulta
o con quienes eventualmente debatimos.
Uno de nuestros interlocutores en esta ocasión, Alexander
Pinazo Carmona, nos ha consultado acerca de lo siguiente:
<<Como propone Karl Marx dentro del ordenamiento jurídico
en este sistema, una teoría revolucionaria que permita un devenir al socialismo>>
y,
<<Cual seria el ser de la normatividad jurídica en un periodo
socialista, comunista y que aspectos más hay que tener en cuenta para
una propuesta para el tema de estudio que me propuse>> (Op. cit.)
Ciñéndonos estrictamente a esto sobre lo que el compañero
nos ha preguntado, y dado que él aludió al teórico neokantiano del derecho,
Hans Kelsen, nosotros nos hemos ubicado en el contexto histórico del derecho
positivo burgués, para informarle al compañero que, bajo semejantes condiciones,
todas las proposiciones políticas formuladas en lenguaje jurídico —cualquiera
sea el grado de discrepancia entre ellas— son el producto de la praxis económico-social
capitalista, como no puede ser de otra manera, porque este es el sistema o formación
social de referencia cuyas relaciones todos estos teóricos se preocuparon y
preocupan de normar o regimentar jurídicamente, a fin de que el proceso de acumulación
discurra lo más aceitado posible, para que no se detenga o interrumpa por consideraciones
ajenas a la lógica del capital mismo, cosa esta última que ni los juristas burgueses
ni los técnicos economistas apologetas del sistema pueden evitar que hacia allí
tienda este sistema de vida.
¿De que modo al señor Susil Gupta le ha parecido necesario
enmendar esto que tratamos de aportarle a nuestro interlocutor? Diciendo que
no todas las categorías jurídicas que fungen dentro del sistema capitalista
son originarias suyas, porque “algunas son vestigios de épocas precapitalistas
o de formas capitalistas caducas, o de clases caducas y marginales”.
Suponemos que por vestigios jurídicos de sociedades anteriores
entenderá, por ejemplo, Susil Gupta, a categorías jurídicas originarias del
derecho romano; y por “formas capitalistas caducas” a figuras del derecho como
adecuaciones al capitalismo imperialista, y más actualmente al del llamado capitalismo
tardío “globalizado”. ¿Es eso?
En tal caso hay que decir que la base material y sus categorías
económico-sociales sobre las cuales se erigió el derecho en tiempos de los césares
romanos, fue el trabajo esclavo, las mercancías y el dinero, en tanto que lo
nuevo que introdujo el derecho capitalista desde antes de los tiempos de Marx,
se basó en las categorías de trabajo asalariado y capital, conformando la relación
social fundamental en la cual se conservan al mismo tiempo que se vieron superadas
(aufheben), las antiguas categorías económicas de mercancía y dinero, incluidas
otras como el préstamo a interés, la hipoteca, la fiducia y la prenda.
¿Ha cambiado la esencia del sistema capitalista y, por tanto,
la esencia del derecho burgués prevaleciente, en la más actual etapa del capitalismo
tardío por influjo de teorías “burguesas decadentes”, como el “constructivismo
jurídico”, a partir de la irrupción del Estado en la economía, por ejemplo?
Nosotros pensamos que no. Por tanto no vemos qué aportan a este respecto las
observaciones de Susil Gupta, sino confusión.
En cualquier caso, desde ya quedamos expectantes para que
se nos instruya acerca de quien o quienes —y cómo—, ha o han podido hacer proposiciones
políticas que —al margen del Materialismo Histórico— supongan una destrucción
y transformación esencial del sistema jurídico normativo capitalista
en alguna parte del Mundo, con un sólido fundamento científico que merezca la
pena luchar por ellas.
Lo que nos ha consultado Alexander Pinazo Carmona, no es si
el derecho burgués se nutre de resabios jurídicos u otras teorías burguesas
actuales decadentes, sino si existen hoy día proposiciones dentro del sistema
jurídico burgués, que contribuyan a poner los cimientos jurídicos del futuro
sistema socialista, como puede ser la legislación que convierta en simples bienes
de uso, los medios de producción. Y esto es imposible que pueda ocurrir bajo
el capitalismo por dos razones:
a) Porque para la burguesía esto sería como estar hablando
de la soga en casa del ahorcado y,
b) Porque un sistema jurídico diferencial no se puede sino
erigir sobre una realidad económica y social distinta ya existente o que acaba
de surgir.
Fijémonos que ni siquiera Marx en su “Crítica del programa
de Gotha”, fue —porque no pudo— ir más allá de barruntar algunas orientaciones
generales en materia de legislación económico-social acerca de la futura sociedad
bajo la dictadura del proletariado. El mismo Lenin, pocos días después de la
toma del poder en Rusia, señaló que en materia de legislación económica y otras,
como puede ser, por ejemplo, el derecho de familia, la revolución lo tenía todo
por delante; no podía apelar al pasado porque ya estaba superado, pero esa negación
de la negación era todavía virtual.
La experiencia soviética hasta fines de 1923 sí que aportó
—y bastante— al desarrollo del derecho positivo en la transición a la futura
sociedad comunista, aunque no ha sido suficiente porque la pequeñoburguesía
enquistada en el PCUS y el PSD alemán, consiguió abortar el proceso.
b) La semilla de la ley de la acumulación y el derrumbe
del sistema capitalista.
Sigamos con la intervención de Susil Gupta en este debate.
Nosotros le hemos dicho al compañero Alexander que la proposición política revolucionaria
de Marx ha sido la consecuencia de su teoría económica del derrumbe capitalista.
Frente a esto, usted ha vuelto a querer negarnos la mayor, remitiéndonos nuevamente
al pasado en el sentido de que:
1) <<…Muy evidentemente la proposición política revolucionaria
de Marx desde 1845 se formuló antes de que Marx hubiera formulado su teoría
económica científica y hubiera descubierto el mecanismo de la tendencia objetiva
al derrumbe del sistema capitalista.>>;
2) <<La proposición revolucionaria del Marxismo se basa
en la Historia, que muestra, y no solo a Marxistas, que la sociedad esta en
constante desarrollo revolucionario.>> y,
3) <<Marx convierte a la Historia en ciencia. La “tendencia
objetiva al derrumbe” es solo un momento de esta ciencia —y además no es de
si revolucionaria (léase Henryk Grossmann: Acumulación y Derrumbe – ultimo capitulo).>>
Considerando el primer punto de sus observaciones,
tal como usted lo ha formulado no es posible saber con precisión lo que ha querido
significar en ese párrafo, porque se presta a dos interpretaciones distintas.
La primera y más probable, induce a pensar que Marx formuló su propuesta revolucionaria
antes de formular su teoría económica científica de la tendencia al derrumbe
capitalista; la segunda, que otros hicieron propuestas similares antes que él.
Empezando por esta última interpretación, efectivamente propuestas
para revolucionar el capitalismo incipiente antes de que sus padres ataran a
Marx un moño al cuello enseñándole a ser un buen judío y mejor ciudadano burgués,
existieron no pocas. Pero la única con fundamento rigurosamente científico fue
la suya. Esto es lo que importa reconocer o impugnar, estimado Susil Gupta.
Fíjese que nosotros hemos escogido el pasaje de “La
Ideología Alemana” donde Marx y Engels dicen expresamente que ellos entienden
por comunismo,
<<…al movimiento real que anula y supera al estado
de cosas actual>> (Subrayado nuestro)
Y hemos explicado al compañero Alexander el significado de
lo que Marx y Engels entendieron —o mejor dicho entienden— porque están más
vivos que nunca— por movimiento real, diciendo lo siguiente:
<<Marx y Engels han entendido siempre, es decir, omnicontextualmente
por “movimiento real”, a la unidad dialéctica entre estructura económica y superestructura
política, o sea, a la relación contradictoria entre el movimiento económico
del capital y el movimiento político del proletariado.>>
Dando por sentado que el movimiento político del proletariado
es el único que puede actuar desde la superestructura para trascender históricamente
las contradicciones al interior de la superestructura económica entre las fuerzas
productivas y las relaciones capitalistas de producción.
Desarrollando un poco esto, podemos en general
entender por movimiento real al movimiento objetivo
del capital dentro de la estructura económica —donde opera la
contradicción entre fuerzas productivas y relaciones de producción—, por un
lado, y al movimiento subjetivo al interior de la
superestructura ideológica y política, en que opera la contradicción entre la
representación ideológica y política de la burguesía en su conjunto, y la representación
ideológica y política del proletariado.
Resulta evidente que no es éste el movimiento real que opera
hoy día dentro de la sociedad capitalista; entre otras condiciones, porque actualmente
el proletariado se deja representar ideológica y políticamente por los distintos
partidos burgueses que se disputan periódicamente el acceso al poder dentro
del aparato del Estado capitalista, es decir que no existe tal movimiento político
revolucionario del proletariado.
Pero este que hemos descrito sí que es el movimiento real
previsto por la moderna ciencia social como condición para anular y superar
el estado de cosas actual. Y de esta tarea para la actual etapa de la lucha
de clases precisamente se trata aquí: de que en la superestructura política
de la sociedad capitalista predomine la fuerza superadora como
unidad política orgánica entre el proletariado y la teoría revolucionaria aplicada
al movimiento real, de lo contrario, no puede anularse ni superarse nada dentro
de la actual sociedad burguesa decadente.
Y en este mismo sentido, sólo la existencia de alguna otra
teoría —anterior o posterior a Marx— sustentada en bases científicas igual de
rigorosas que el Materialismo Histórico, podría justificar esta parte de su
intervención en el debate sin incurrir en irresponsabilidad social e intelectual
de su parte. ¿Sabe Usted de alguna? Si lo sabe dígalo, porque sería toda una
primicia para la mayoría de los pocos que ahora mismo andamos en esto, para
enterarnos en qué consiste esa supuesta “teoría revolucionaria” no marxista,
habida cuenta de que, como dijera Lenin con toda razón en su “¿Qué Hacer?”
—refiriéndose a la posibilidad de superar el capitalismo— “sin teoría revolucionaria
no puede haber movimiento revolucionario”.
Hasta ahora, que nosotros sepamos, para la mayoría de intelectuales
marxistas ortodoxos —ultraminoritarios respecto del resto de la intelectualidad
vendida a la burguesía, hecha la advertencia de que el número de quienes coinciden
en pensar lo mismo no supone ningún criterio de verdad— el primer científico
social por excelencia en la moderna sociedad capitalista fue y sigue
siendo Karl Marx. No conocemos otro que todavía haya superado su talla; ni el
propio Engels, quien sin duda también fue un científico social eminente, aunque
no de la misma consistencia lógica, filosófica ni política de Marx, que en virtud
de eso le calificamos de científico social por excelencia, es decir, “primus
inter pares”, y así también lo estimó públicamente Engels siempre.
Salvo esta excepción, los demás de entre sus coetáneos o inmediatamente
anteriores a su generación, quienes no permanecieron toda su vida en la ramplonería
teórica o en el oportunismo político más rastrero —como es el caso de Proudhon
y Lassalle— no pudieron ni quisieron superar la utopía, como sucedió con Weitling.
En cuanto a la primera interpretación, lo dicho por usted
significa que Marx y Engels adelantaron su proposición revolucionaria —tal como
en setiembre de 1845 fue anunciada por ambos— antes que de lo que por primera
vez Marx pusiera negro sobre blanco en sus “Grundrisse”, escritos entre
1857 y 1858, que bien pueden entenderse como “líneas fundamentales” de su teoría
sistemática de la tendencia al derrumbe económico del capitalismo, en tanto
que enlazan lógicamente con “El Capital”.
Como le decimos al compañero que nos hizo la consulta, allí,
en la “Ideología alemana”, es donde Marx y Engels aludieron por primera
vez a la dialéctica entre relaciones de producción y fuerzas
productivas, concluyendo que esa dialéctica objetiva —en la que el polo
dinámico trascendente son las fuerzas productivas— es la que, en última instancia,
determina el devenir histórico de la humanidad en la sociedad de clases:
<<Resumiendo, obtenemos de la concepción de la historia
que dejamos expuesta los siguientes resultados: 1) En el desarrollo de las fuerzas
productivas [dentro de determinadas relaciones de producción] se llega
a una fase en la que surgen fuerzas productivas y medios de intercambio que,
bajo las relaciones existentes, sólo pueden ser fuentes de males, que no son
ya tales fuerzas productivas sino más bien fuerzas destructivas (maquinaria
y dinero); y a la vez, surge una clase [encarnación social de las fuerzas
productivas] condenada a soportar todos los inconvenientes de la sociedad
sin gozar de sus ventajas, que se ve expulsada de la sociedad y de la que nace
la conciencia de que es necesaria una revolución radical…>> (Op. cit.
6. Lo entre corchetes es nuestro)
Pues bien, ¿puede en conciencia alguien que asuma el Materialismo
Histórico, negar que sea éste y no otro el fundamento más originario,
el “hilo conductor” del que habla Marx en su “Prólogo a la crítica de la
economía política”, la semilla o primer momento de su teoría
del derrumbe capitalista? Si contestáramos negativamente a esta pregunta, estaríamos
afirmando que en 1845 Marx y Engels no se distinguieron de quienes confundieron
sus fantasías con el conocimiento de la realidad con tal de aparecer “marchando
a la vanguardia”. Y no fue así nunca después de que ambos abandonaran sus estudios
y escritos anteriores a la “crítica roedora de los ratones”. Y, en efecto, refiriéndose
a los debates en la dieta renana sobre los campesinos viñateros que ocupaban
ilegalmente tierras comunales en las orillas del río Mosela, Marx alude a una
publicación donde se recogían comentarios críticos que traslucían…
<<….un eco del socialismo y del comunismo francés, teñido
de un tenue matiz filosófico. Yo me declaré en contra de aquellas chapucerías,
pero confesando al mismo tiempo francamente, en una controversia con la “Allgemeine
Augsburger Zeitung” (La Gaceta General de Absburgo), que mis estudios
hasta entonces no me permitían aventurar ningún juicio acerca del contenido
propiamente dicho de las tendencias francesas. Alejado de esto, aproveché ávidamente
la ilusión de los gerentes de la “Rheinische Zeitung (Gaceta Renana),
quienes creían que suavizando la posición del periódico iban a evitar que
se revocase la sentencia de muerte ya decretada contra él, para retirarme de
la escena pública a mi cuarto de estudio.>> (K. Marx: Op. cit.)
No hay más que remitirse al texto de las “Líneas fundamentales”
de Marx escrito trece años después del ya mencionado trabajo de 1845 en colaboración
con Engels, para comprobar que ése fue, efectivamente, el segundo momento
en la continuidad lógica del devenir de su pensamiento —como proceso de investigación—
hacia la realización del concepto de capital del modo como Marx acabaría presentándolo
—como proceso de exposición— en su obra homónima: “El Capital”.
En efecto, dado que la vida semoviente del capital consiste
en apoderarse de trabajo necesario para convertirlo en excedente a los fines
de su valorización, Marx demostró matemáticamente en los “Grundrisse”, que
según progresa la fuerza productiva del trabajo, la valorización del plusvalor
se torna tanto más difícil cuanto más porciones de trabajo necesario contenidas
en la jornada de labor entera se hayan convertido ya en capital (constante);
hasta que llega un teórico momento previsto en que la burguesía se encuentra
sin posibilidades materiales de acumular o valorizar trabajo vivo adicional.
Tal es la tendencia objetiva al derrumbe o límite absoluto del
capital que no deja de operar nunca en la sociedad burguesa, a través de un
proceso donde el capital se va poniendo a así mismo límites sobre los que sólo
puede saltar periódicamente para ponerse por delante nuevos límites más formidables
bajo la forma de crisis de superproducción y guerras cada vez más catastróficas.
(Cfr.: Ver: “Líneas Fundamentales” Cap. III: Plusvalía y fuerza productiva.).
El recorrido de esta línea fundamental de pensamiento sobre
la tendencia objetiva al límite absoluto del capitalismo en la vida de Marx
desde 1845, fue completado sistemáticamente por él en las secciones tercera,
cuarta y quinta del primer libro de “El Capital” sobre el plusvalor relativo,
y en las secciones primera y segunda del tercer libro, sobre la formación de
la tasa de ganancia media, para culminar en la sección tercera con la formulación
la ley de la tendencia histórica decreciente a la baja de la tasa de ganancia.
c) ¿Es cierto que el Materialismo Histórico es un historicismo?
Pasando al segundo punto de sus observaciones en cuanto a
que Marx “basó sus proposiciones revolucionarias en la historia” y que ésta
“se encuentra en constante desarrollo”, respecto de lo primero el señor Gupta
debería recordar qué concepto llegó Marx a formarse de su propia obra, cuando
en sus “Glosas a Wagner” —el último de sus escritos económicos— empieza diciendo:
<<Yo no parto del hombre (ser humano) genérico
(que en la sociedad de clases jamás existió) sino de un período social
dado (la sociedad capitalista económicamente estructurada)>> (Op.
cit. Lo entre paréntesis nuestro)
Es decir, que el objeto de su pensamiento no fue la evolución
o devenir histórico de la humanidad sino un momento preciso de esa evolución,
el que corresponde sincrónicamente a la sociedad capitalista. Desde sus “Manuscritos
económicos filosóficos” hasta “El Capital”, pasando por los “Grundrisse”
y “Teorías sobre la plusvalía”, el objeto de estudio científico de
Marx no fue la historia de la humanidad en general sino las relaciones de producción
capitalistas. Así lo dejó dicho con meridiana claridad en su “Prólogo a la
crítica de la economía política” fechado en enero de 1859:
<<Tanto las relaciones jurídicas como las formas de
Estado, no pueden comprenderse por sí mismas ni por la llamada evolución del
espíritu humano, sino que radican, por el contrario, en las condiciones materiales
de vida (de la sociedad históricamente más desarrollada) cuyo conjunto
resume Hegel, siguiendo el precedente de los ingleses y franceses del siglo
XVIII, bajo el nombre de “sociedad civil” (burguesa) y que la anatomía de la
sociedad civil hay que buscarla (investigarla y descubrirla) en la economía
política (ciencia que no pudo existir antes del capitalismo. Lo más aproximado
fue la crematística de Aristóteles, quien, sin embargo, no pudo desentrañar
la forma de valor, dado que su sociedad estuvo basada en las relaciones de dependencia
personal directa entre amos y esclavos).
En Bruselas, a donde me trasladé en virtud de una orden de
destierro dictada por el señor Guizot (ministro del Interior francés a principios
de 1845), hube de proseguir mis estudios de economía política, comenzados
en París. El resultado general a que llegué y que, una vez obtenido, sirvió
de hilo conductor a mis estudios, puede resumirse así: en la producción social
de su existencia, los seres humanos contraen determinadas relaciones necesarias
e independientes de su voluntad, relaciones de producción que corresponden a
una determinada fase de desarrollo de sus fuerzas productivas materiales. El
conjunto de estas relaciones de producción forma la estructura económica de
la sociedad, la base real sobre la que se eleva un edificio (Uberbau)
jurídico y político, y a la que corresponden determinadas formas de conciencia
social. El modo de producción de la vida material (objeto de estudio de
la economía política) determina el proceso de la vida social, política y
espiritual en general. No es la conciencia de los seres humanos la que determina
su ser, sino, por el contrario, su ser social es lo que determina su conciencia.
Al llegar a una determinada fase de desarrollo, las fuerzas productivas de la
sociedad chocan con las relaciones de producción existentes o, lo que no es
más que la expresión jurídica de esto, con las relaciones de propiedad dentro
de las cuales se han desenvuelto hasta allí. Se abre así una época de revolución
social….>> (K. Marx: Op. cit. Lo entre paréntesis nuestro)
d) ¿Es verdad que la historia discurre en un desarrollo incesante?
En cuanto a la afirmación del señor Susil Gupta de que “la
historia está en constante desarrollo”, si entendemos —con Marx en el mismo
contexto de la cita anterior— que:
a) a cada modo de producción le corresponden determinas formas
de conciencia social;
b) que esa conciencia social esta determinada por —y responde
a— los intereses materiales de las clases dominantes en cada período del desarrollo
histórico de la humanidad;
c) y sólo se abre una época de revoluciones cuando las fuerzas
productivas “chocan” o entran en contradicción con las relaciones de producción
y que esta época de la lucha de clases no se caracteriza por ser un proceso
revolucionario continuo sino discreto, discontinuo o periódicamente interrumpido,
con ascensos revolucionarios y retrocesos contrarrevolucionarios, marchas y
contramarchas al interior de un mismo modo de producción, tal como Marx describe
las luchas del proletariado desde el siglo XIX en “El 18 Brumario de Luis
Bonaparte”, que la experiencia del siglo XX no ha hecho más que confirmar.
e) Circunloquio determinado en torno de la tendencia al derrumbe
del capitalismo.
Volviendo al pasaje citado del “Prólogo a la crítica de
la economía política”, ¿no se siente latir en este texto la teoría del
derrumbe económico del capitalismo que Marx alumbró en sus “Líneas fundamentales”,
y que en “La Ideología Alemana” estas
líneas ya estaban —aun cuando sólo en sí— contenidas?
Cierto, como muy bien dice Susil Gupta refiriéndose al Materialismo
Histórico, la formulación de “la tendencia objetiva al derrumbe es sólo un momento
de esta ciencia”. Pero a nuestro modo de ver, le faltó decir que ése ha sido
su momento culminante, el momento de la ciencia por cuya mediación Marx concluye
alumbrando la necesidad de trascender políticamente al capitalismo. Su conclusión
más importante, según lo podremos ver un poco más adelante dicho en sus propias
palabras.
Es igualmente cierto lo dicho por Susil Gupta en cuanto a
que la ciencia social no es de por sí revolucionaria. Pero también aquí nuestro
interlocutor se quedó a medio camino, porque sin esta ciencia no puede haber
praxis revolucionaria efectivamente posible. Como dijera Marx en el prólogo
a su “Critica de la filosofía hegeliana del derecho estatal” (1843):
<<El arma de la crítica no puede reemplazar a la critica
de las armas, pero se hace revolucionaria cuando se apodera de las masas>>
(Op. cit.)
Idea sobre la que ha vuelto en el prólogo a la primera edición
alemana de “El Capital” para señalar no sólo el carácter político
estratégico rector de la teoría del derrumbe respecto de la praxis política
del proletariado, en tanto que, sin ella, puede decirse sin ningún género de
duda —parafraseando a Rosa Luxemburgo en “La acumulación del capital”—,
que el comunismo como sistema de vida social superador del capitalismo, vería
desaparecer bajo sus pies “el suelo granítico de la necesidad histórica objetiva”,
y al proletariado solo le quedaría hipotecar sus luchas a conceptos jurídicos
generales y morales abstractos como los ideales de justicia, igualdad, solidaridad,
etc., etc., aferrándose al clavo ardiendo del socialismo utópico premarxista.
Es cierto que Rosa equivocó el principio activo de la tendencia
objetiva al derrumbe capitalista, poniéndolo no en el desarrollo de la fuerza
productiva que conduce a la imposibilidad para la burguesía de seguir produciendo
plusvalor, sino en la presunta imposibilidad de realizarlo. Pero el mérito revolucionario
de Rosa consistió en haber comprendido perfectamente el valor político y moral
estratégico de esa tendencia autotanática del capitalismo.
Para nosotros, la teoría del derrumbe es, pues, en primerísimo
lugar, lo que alumbra históricamente al interior todavía no manifiesto de la
conciencia colectiva en la sociedad capitalista, la necesidad de luchar por
el socialismo aun antes de que esa necesidad se haga evidente para las masas
y ya no sea necesario seguir insistiendo en ella. En una carta a su amigo Kugelmann
del 11 de julio de 1868, Marx decía que cuando a un economista vulgar se le
ponía ante las conexiones internas del sistema capitalista, éste creía estar
haciendo un gran descubrimiento al ver que las cosas tal como aparecen presentan
un aspecto diferente, jactándose de su apego a la apariencia por considerarla
como el único y absoluto criterio de verdad. Y Marx acaba esta parte de su carta
diciendo:
<<Pero hay en este asunto otra intención. Una vez que
se ha visto claro en estas conexiones internas (del sistema), cualquier
creencia teórica en la necesidad permanente de las condiciones existentes, se
derrumba antes de su colapso práctico. Las clases dominantes, pues, tienen así
en este caso un interés absoluto en perpetuar esta confusión y esta vacuidad
de ideas. De otro modo ¿por qué razón se les pagaría a estos psicofantes charlatanes,
que no tienen más argumento científico que el de afirmar que, en economía política
está terminantemente prohibido pensar?>> (Op. cit. Lo entre paréntesis
nuestro)
Sin la teoría marxista del derrumbe, está claro que la burguesía
no tendría necesidad de negar a sus explotados el ejercicio de lo más distintivo
del ser humano respecto de los demás animales.
A fines del siglo XIX, polemizando al interior del PSD alemán
con el teórico reformista Eduard Bernstein, Rosa Luxemburgo describe una situación
política en el movimiento obrero europeo muy parecida a la actual, aunque la
situación económica de hoy día diste de ser la próspera coyuntura que Rosa refleja
en “Las Gafas inglesas”, a través de las cuales decía que Bernstein veía
promisoriamente el futuro del capitalismo, donde los conflictos con los asalariados
por lo general habían dejado de ser cuestiones de fuerza, para convertirse en
objeto de negociación y conciliación, de acuerdo y concesiones:
<<La edad de oro de la industria hace que las concesiones
a los obreros sean al mismo tiempo necesarias y materialmente fáciles de hacer.
Así como durante el primer período la burguesía inglesa estaba representada
por los partidarios de la violencia al estilo Strumm, por los partidarios de
las más brutales medidas de fuerza, su auténtico portavoz en el nuevo período
es aquél empresario que en 1860 declaró: “Considero que las huelgas son a la
vez el medio de acción y el resultado inevitable de las negociaciones comerciales
para la compra del trabajo”>> Rosa Luxemburgo: Op. Cit. en “Reforma
o Revolución”. Apéndices)
Esto había hecho que Bernstein mostrara haber perdido unas
convicciones revolucionarias que nuca tuvo, pugnando porque el PSD acabara arrojándose
ya sin ningún rubor en brazos de la burguesía alemana, como así lo demostró
aun antes de que hiciera fracasar la insurrección obrera en enero de 1818. Para
ello, en el curso del debate finisecular en el partido, abandonó la concepción
materialista de la historia y toda la teoría económica de Marx, lastrando una
tras otra las pocas posiciones teóricas y políticas que todavía mantenían al
PSD en la trinchera del proletariado. En el capítulo de “Reforma o Revolución
donde compara la teoría del derrumbe con la espada que ha de ayudar a la
clase obrera a desgarrar las tinieblas que le impiden la visión de su porvenir
histórico, Rosa acusa a Bernstein de:
<<…mellar el arma espiritual con la cual, aun siguiendo
sujeto materialmente a su yugo, el obrero (consciente) derrota a la burguesía,
puesto que le convence del carácter efímero y temporal de la sociedad actual,
de la ineluctabilidad del triunfo proletario, hecha ya la revolución en el reino
del espíritu.>> (Rosa Luxemburgo: “Reforma o Revolución” Cap.
IV: El Derrumbamiento)
En síntesis, que la teoría del derrumbe es el fundamento teórico
que da sentido histórico y dirección política no sólo a la estrategia para la
toma del poder por parte del proletariado revolucionario, sino que sirve a modo
de guía para la acción táctica que permite mantener el rumbo estratégico ante
cada viraje contrarrevolucionario de la historia en que las luchas de la clase
obrera languidecen, la moral de su vanguardia natural se viene abajo, y gran
parte de quienes fungieran hasta entonces como vanguardia revolucionaria desertan
pasándose al enemigo, tal como sucedió con Bernstein y Kautsky a principios
del siglo pasado.
Sin necesidad objetiva comprendida,
no puede haber posibilidad política real de nada. Tal es la dialéctica
que nosotros hemos introducido atendiendo a la consulta del compañero, y que
no parece haber sido digna de mención por quienes han intervenido en este debate.
Después de Marx, Hegel se convirtió en un arcaísmo de la lógica
ontológica, en un “vestigio” del pasado —como ha gustado decir Susil Gupta a
propósito de algunos teóricos premarxistas del derecho. Pero Hegel sigue vivo
en el Materialismo Histórico, superado y a la vez conservado.
¿Dónde está la necesidad del socialismo, de luchar por esa
causa formal revolucionaria? ¿Por qué o en virtud de qué es efectivamente revolucionaria
esta causa? Tales son las preguntas que exigen respuesta antes de comprometerse
en cualquier lucha política contra la realidad actual del capitalismo.
En el trabajo para responder a la consulta —que originó este
debate— nosotros hemos intentado ensayar una respuesta centrándonos brevemente
en la dialéctica entre necesidad y posibilidad, e insistimos en
que no parece haber merecido atención alguna por parte de los interlocutores
que nos sucedieron en el orden de intervención y es la siguiente que ahora volvemos
a traer aquí:
<<Marx y Engels han entendido siempre, es decir, omnicontextualmente
por “movimiento real”, a la unidad dialéctica entre estructura económica y superestructura
política, o sea, a la relación contradictoria entre el movimiento económico
del capital y el movimiento político del proletariado. Respecto del primer movimiento,
el de la necesidad económica —que se manifiesta en la tendencia histórica
decreciente de la tasa de ganancia— si usted ha comprendido en todo su alcance
la teoría del plusvalor relativo no es necesario que nos extendamos aquí en
referirnos a la tendencia objetiva al derrumbe económico del capitalismo; en
todo caso, acerca del particular puede consultar en nuestra página el trabajo
titulado: “Fuerzas
productivas y tasa de ganancia”. Respecto del segundo movimiento,
el de la posibilidad política de realizar la necesidad económica del
comunismo, le remitimos a otros dos trabajos nuestros —también publicados en
el mismo sitio— titulados: “Hegel, Marx y la dialéctica” (especialmente el capítulo
2) y “La moral y los
comunistas”. En ellos encontrará citas con su correspondiente referencia
bibliográfica y explicación debidamente contextualizada de su significado, pudiendo
usted contar así con buena parte del herramental solicitado, que tal es el cometido
de nuestra existencia como Grupo de Propaganda Marxista>>
Como puede verse, en este contexto de nuestro discurso el
concepto de necesidad económica del socialismo aparece lógica e históricamente
determinada por la categoría de plusvalor relativo, que tiene su principio activo
en el desarrollo de las fuerzas sociales productivas en el cepo del capitalismo,
verdadero fundamento de la teoría del derrumbe. Para nosotros, ésta no es una
determinación abstracta, sino tan real como que la jornada de labor colectiva
no se puede extender a voluntad de los capitalistas, tal como llegaron a sostener
Joan Robinson y demás teóricos “neomarxistas” apologetas de la burguesía, como
es el caso de Paúl Baran y Paúl Sweezy, quienes sostuvieron que el incremento
natural en la producción de plusvalor, sobrepuja la tendencia a su igualmente
natural descenso que supone el aumento en la composición orgánica del capital.
Ver:
http://www.nodo50.org/gpm/miscelanea/todoanexo.htm
Al contrario de estos embelecos neomarxistas, pues, según
avanza el proceso de acumulación basado en el desarrollo de la fuerza productiva
del trabajo, el plusvalor relativo aumenta cada vez menos a medida que la parte
de la jornada de labor en que los asalariados trabajan para si mismos, se reduce
por el aumento incesante de la composición orgánica del capital. Y esta dinámica
comprendida en la lógica objetiva del capitalismo, determina que las dificultades
para valorizar magnitudes de capital adicional cada vez más reducidas respecto
del capital global comprometido cada vez mayor, se tornan progresivamente más
formidables y difíciles de superar.
Las crisis y las guerras reducen la masa de capital relativamente
excedentario, que así se desvaloriza o destruye, incluido el capital variable
que encarnan los asalariados, cuya desgracia en el pozo de la marginación funge
como carnaza de las crisis y carne de cañón en las guerras, lo cual supone un
dramático retroceso en el desarrollo de las fuerzas sociales productivas que
facilita la subsecuente recuperación a instancias de la barbarie, poniendo de
manifiesto los límites objetivos del capital respecto de si mismo y de la sociedad
en que medra.
El capital puede superar sucesivas emergencias como éstas
en su actual etapa tardía, pero no puede evitar que se sigan produciendo sin
la posibilidad cierta de consecuencias políticas ulteriores severas para él,
como sucedió tras la Primera Guerra Mundial con la revolución rusa y tras la
Segunda Guerra Mundial con la revolución China.
No obstante, según el pensamiento de Marx, el síntoma más
expresivo y dramático de la agonía del capitalismo, no vendría dado por el tiempo
cada vez más breve en que se suceden las crisis de sobreacumulación, sino al
contrario, por la ausencia de ellas durante largos períodos de crecimiento aletargado.
Esta fue su predicción más significativa para caracterizar al capitalismo tardío.
Así lo decía en carta a Lavrov el 18 de junio de 1875:
<<…La crisis comercial avanza. Todo depende ahora de
las noticias que se reciban de los mercados asiáticos, en particular de los
mercados de la India Occidental que se han atascado cada vez más en el curso
de una serie de años. La bancarrota definitiva podría ser retardada en ciertas
condiciones cuya presencia, por otra parte, no es probable.
La disminución del número de crisis periódicas es realmente
asombrosa. Siempre he considerado dicho número no como una magnitud invariable,
sino como una magnitud decreciente; pero es particularmente agradable que la
misma presente señales tan evidentes de su movimiento descendente; es un mal
presagio para la longevidad del mundo capitalista.>> (Op. cit.)
En cualquier caso, es el proceso de acumulación determinado
por la tendencia al derrumbe, lo que determina la necesidad objetiva de luchar
por el socialismo y hace que esa necesidad vaya cada vez más rápidamente al
encuentro de su posibilidad, de la posibilidad subjetiva de que la necesidad
de esa lucha conquiste la conciencia del proletariado. Todo ello, a instancias
de lo insoportable que a una misma generación de explotados le resulta seguir
padeciendo lo que recuerda haber sufrido ya antes. Pero sin la presencia propagandista
activa de una vanguardia revolucionaria que alumbre las causas de ese sufrimiento
y señale en dirección de su necesaria superación, esa ciega necesidad objetiva
del socialismo se queda sin posibilidad política de realización.
Y es en los duros momentos previos de retroceso ideológico
y político de los explotados, cuando se proyecta al futuro en toda su eficacia
el trabajo ideológico de la vanguardia revolucionaria, consciente de que su
tarea de explicar paciente y tenazmente la necesidad del socialismo en esos
precisos momentos, da continuidad a la revolución dentro de la discontinuidad
de la lucha política de clases, sin lo cual resulta mucho más difícil por no
decir improbable, que durante un nuevo alza en las luchas del proletariado espontáneo
el proletariado revolucionario pueda hacer políticamente posible, lo que la
historia exige a las amplias masas hacer económica y socialmente necesario.
Sólo cuando la lucha sostenida de los explotados por sus reivindicaciones
inmediatas crea fisuras en el edificio ideológico y político del capital, el
discurso del Materialismo Histórico aplicado a la lucha elemental del proletariado
puede permear en su vanguardia natural. Estos son los momentos excepcionales
de la historia, en que el reclamo por el valor de uso de la economía política
como guía para la acción efectivamente revolucionaria logra expresarse como
valor de cambio y obras fundamentales como “El Capital”, vuelven a ocupar
un lugar destacado en los anaqueles de las librerías tras haber desaparecido
de ellos durante los largos momentos de reflujo de esas luchas:
<<En la medida en que es burguesa, esto es, en la medida
en que se considera el orden capitalista no como fase de desarrollo históricamente
transitoria, sino a la inversa, como figura absoluta y definitiva (eterna)
de la producción social, la economía política (burguesa) sólo puede
seguir siendo una ciencia mientras la lucha de clases se mantenga latente o
se manifieste tan solo episódicamente.>> (K. Marx: “El Capital”
Prólogo a la segunda edición)
Por esto mismo es que la teoría revolucionaria aplicada al
movimiento real de la sociedad capitalista, constituye la condición necesaria
para que ese mismo movimiento “anule y supere el estado de cosas actual”. Y
la teoría del derrumbe es el factor de convicción revolucionaria históricamente
más importante y decisivo, que se convierte en condición suficiente de la revolución
cuando se apodera de los cuadros políticos intermedios del movimiento proletario.
Ciertamente Marx jamás dijo en ningún sitio de modo implícito
ni expreso, que el capitalismo caería como una pera madura por determinación
exclusiva de esta tendencia objetiva, sino que la posibilidad de realizar la
necesidad del socialismo no es cosa de lógica económica sino de lucha política
del proletariado, aunque tal posibilidad está objetivamente determinada por
la tendencia al derrumbe.
Del mismo modo que no es la competencia el factor que determina
los precios en el mercado, sino la ley del valor a través de la competencia;
tampoco es cierto que la lucha de clases determine el nivel de los salarios,
sino que, al contrario, es la ley del valor la que a través de la lucha de clases
determina el nivel que fija el equilibrio de fuerzas entre quienes ofrecen y
quienes demandan la mercancía fuerza de trabajo en el mercado laboral.
Por lo tanto, es igualmente falso afirmar que la lucha de
clases en sí y por sí determine el derrumbe del capitalismo, sino que esta determinación
viene necesariamente dada por la tendencia objetiva al derrumbe. Solo bajo esta
condición necesaria puede la lucha de clases erigirse en condición suficiente
del socialismo, cuya posibilidad de realización depende de que la clase obrera
internalice —o haga subjetivamente conciente— el concepto de necesidad objetiva
del socialismo previamente determinada.
En tal sentido, fue Lenin —siguiendo a Marx— el primero en
dejar constancia de que: “económicamente no hay una situación sin salida para
el capitalismo”, De esto tampoco se apartó Henrik Grossmann y es bueno que nos
lo haya recordado Susil Gupta; pero tampoco Rosa Luxemburgo y es igualmente
necesario hacer justicia con ella incluso en esto, para desmentir a quienes
le atribuyeron y aun hoy le endilgan la tesis del derrumbe económico automático:
<<Aquí, como en el resto de la historia, la teoría
(del derrumbe) presta un servicio completo mostrándonos el término lógico
al que se encamina objetivamente (el capitalismo). Este estado final
no podrá ser alcanzado, del mismo modo que ninguno de los períodos anteriores
de la evolución histórica (lo objetivamente necesario) pudo realizarse
(llegando por sí mismo) hasta sus últimas consecuencias (por el solo
efecto mecánico de las contradicciones en su base material). Y menos necesidad
tiene de realizarse a medida que la conciencia social, encarnada, esta vez,
en el proletariado socialista, intervenga como factor activo en el juego ciego de las fuerzas (económicas).
Las sugestiones más fecundas y el mejor acicate para esta conciencia, nos
son dadas por la exacta concepción de la teoría marxista.>> (R. Luxemburgo:
“La acumulación del capital” Apéndice: Una anticrítica. Lo entre paréntesis
es nuestro)
Pero Lenin, también dijo que “Sin teoría revolucionaria no
puede haber movimiento revolucionario”. Por tanto, la teoría es virtual o potencialmente
revolucionaria aun antes de que la política del proletariado autoconsciente
la confirme en la práctica, señor Susil Gupta. En este sentido tenía razón Althusser
cuando por ahí dijo algo así:
<<No es que la ciencia del Materialismo Histórico tenga
hipotecada su verdad a los resultados de la lucha política proletaria, sino
que es el proletariado quien está pendiente de levantar su hipoteca con la ciencia
del Materialismo Histórico>>
Porque sin teoría económica científica —o desde una teoría
económica no científica— la revolución socialista se estanca en la posibilidad
política abstracta, si no en una mera contingencia. Y esto es tan cierto como
que en cualquiera de los ordenes de la vida, toda teoría científica está hecha
para resolver problemas prácticos de diversa índole, de modo que con teorías
no científicas es imposible resolver problemas prácticos ni transformar esencialmente
nada concebible o imaginable, cualquiera sea el número de veces que se lo intente
o se sueñe con ello.
Y ¿qué es una teoría científica? Es lo concreto pensado
o reproducción del ser de un objeto en el pensamiento y a través del pensamiento,
según su esencia, o razón de ser necesaria. Por tanto al pensamiento
que se apodera de lo concreto, es decir, de un objeto cualquiera según su esencia
o razón de ser necesaria, a eso se le llama fundamento o necesidad objetiva
de lo que el objeto es esencialmente. O sea, que el fundamento de una cosa,
desde el punto de vista subjetivo-teórico, es el descubrimiento de la necesidad
esencial de su ser, esto es, de su lógica objetiva interna o constitutiva que
le hace ser lo que es y como es, no precisamente según los sentidos.
Y el descubrimiento de la lógica objetiva —en este caso, la
del ser capitalista— comprendida en la tendencia al derrumbe del sistema, revela
la esencia necesaria de su devenir en otro ser y en otra lógica social o modo
de producción: el socialismo. Y esto, mucho antes de que ese devenir del capitalismo
decadente, despliegue hasta su máximo extremo toda la barbarie humana teóricamente
prevista contenida en su ser histórico-natural. De ahí la importancia decisiva
trascendente de la teoría científica como condición sine qua non de la
práctica política, conclusión de la cual Marx quiso dejar constancia en su prólogo
a la primera edición de “El Capital” con estas certeras palabras:
<<Aunque una sociedad haya descubierto la ley
natural que preside su propio movimiento —y el objetivo último de esta
obra es, en definitiva, sacar a la luz la ley económica que rige el movimiento
de la sociedad moderna— no puede saltarse fases naturales de desarrollo
ni abolirlas por decreto, pero puede abreviar y mitigar los dolores del parto.>>
(Op. cit.)
Entonces, ¿dónde está el fundamento o necesidad esencial
de lo comprendido en y por la teoría revolucionaria de Marx, sino en la tendencia
objetiva al derrumbe del sistema? Ver:
http://www.nodo50.org/gpm/miscelanea/todoanexo.htm.
Esta pregunta sigue en el aire a 150 años vista de que fuera enunciada. Mientras
tanto, el capitalismo sigue prolongando los dolores del necesario parto socialista.
[1]
f) ¿Es cierto que el Materialismo Histórico se basa en la
historia?
Por último, abandonando el tema anterior, acordamos también
con el señor Gupta en que Marx convirtió la historia en ciencia, o mejor dicho,
que por primera vez el Materialismo Histórico hizo posible la comprensión científica
de la historia. Pero se equivoca al pensar que, para ese cometido “el marxismo
se base en la historia”, lo cual supone proponer que la historia se explica
por sí misma, es decir, por su propio devenir, lo cual deja sin sentido cualquier
teoría de la historia.
Para Marx, la posibilidad de hacer inteligible y poder explicar
la historia está fuera de ella o, por mejor decir, no está en el acontecer de
la sociedad humana sino en el análisis científico de su base material más actual,
cuyo objeto de estudio esta comprendido en la economía política. Y la realidad
económico-social más actual de la historia humana es el capitalismo, el modo
de producción hasta hoy más complejo y desarrollado. Tal es la esencia del método
científico revolucionario de Marx:
<<La sociedad burguesa es la organización histórica
de la producción más desarrollada y más diferenciada. Las categorías que expresan
sus condiciones y la comprensión de sus estructuras permiten al mismo tiempo
comprender la estructura y las relaciones de producción de todos los tipos de
sociedad desaparecidos, sobre cuyas ruinas y elementos se halla edificada y
cuyos vestigios, aún no superados, continúa arrastrando, mientras que aquello
que estaba apenas insinuado se ha desarrollado plenamente, etc. La anatomía
del ser humano es una clave para la anatomía del mono. Aquello que en las especies
animales inferiores insinúa una forma superior no puede, por el contrario ser
comprendido sino cuando se conoce la forma superior. La economía burguesa suministra
así la clave de la economía antigua, etc.>> (K. Marx: “Introducción
a la crítica de la economía política” Aptdo. 3)
La categoría dinero, por ejemplo, estaba ya contenida en el
trueque ocasional entre las distintas comunidades primitivas basadas en la economía
del tiempo de trabajo cooperativo al interior de cada una de ellas. Pero esa
categoría sólo pudo aparecer o expresarse por primera vez como categoría dominante
de la vida social, recién con la generalización del intercambio en la sociedad
clasista determinada por la relación social entre amos y esclavos, del mismo
modo que el capital ya estaba contenido en la categoría dinero y salió a la
luz para desplegarse como categoría dominante de la sociedad burguesa, cuando
el dinero pudo disolver las relaciones de dependencia directa de unos seres
humanos sobre otros, hasta convertir el trabajo social en mercancía, dando pábulo
a la categoría de capital y a la ley general de la acumulación que Marx desarrolló
en el capítulo XXIII del primer libro.
Ninguna categoría simple puede ser explicada hasta no quedar
comprendida en otra más compleja que permita ser explicada y explicar así lo
que comprende y subordina en su totalidad compleja. Por esto es que el genio
de Aristóteles se acercó más que nadie pudo hacerlo hasta los clásicos de la
economía política, sin poder descubrir ni explicar la sustancia del valor contenida
en las mercancías. (Ver: K. Marx: El Capital” Libro I Cap. I Aptdo. 3
b).
Y es que en la sociedad esclavista —y feudal— aun cuando el
dinero representó y puso en un orden de subordinación social a las mercancías
—y esto es lo que han hecho y hacen todos los representantes en la sociedad
de clases—, no permitió explicar la naturaleza social del valor ni la relación
de igualdad que permite el intercambio mercantil, porque las relaciones de dependencia
personal directa de esclavos y siervos respecto de sus respectivas clases dominantes
durante estos dos grandes períodos históricos, así como el desprecio que amos
y señores demostraron por el trabajo concreto, introyectaron en éstas sociedades
el prejuicio de la desigualdad de los seres humanos.
Por tanto, de allí no podía surgir un pensamiento que descubriera
la igualdad de los trabajos contenidos en las mercancías objeto de intercambio,
en tanto que trabajo indistinto o simple desgaste de energía laboral por unidad
de tiempo empleado en producirlas, es decir, trabajo abstracto.
Al emancipar al trabajo social de las relaciones de dependencia
directa convirtiéndolo en mercancía, el capitalismo posibilitó por primera vez
hacer inteligible la economía del tiempo de trabajo igual, contenido en cada
relación de intercambio, a la vez que por mediación de las nuevas categorías
de salario y plusvalor, la categoría de capital puso en un orden de subordinación
social a las categorías mercancía y dinero en tanto que las comprende como categoría
social más compleja y desarrollada.
De este razonamiento se desprende que, en tanto se comprende
y explica la economía política más compleja y actual estructurada por el capital,
como categoría económica dominante, se pueden comprender las categorías económicas
del pasado, pero no al revés:
<<En consecuencia, sería falso e inoportuno alinear
las categorías económicas en el orden en que fueron históricamente determinantes.
Su orden de sucesión es, por el contrario, determinado por las relaciones que
existen entre ellas en la sociedad burguesa moderna, y resulta precisamente
el inverso del que parece ser su orden natural o del que correspondería a su
orden de sucesión en el curso de la evolución histórica. No se trata de la posición
que las relaciones (entre las distintas categorías) económicas ocupen
históricamente en la sucesión de los diferentes tipos de sociedades. Aún menos
de su orden de sucesión “en la idea” (Proudhon), concepción nebulosa,
si la hay, del movimiento histórico. Se trata de su jerarquía y de su conexión
orgánica (con las demás categorías subalternas) al interior de la sociedad
burguesa moderna.>> (Op. cit. Lo entre paréntesis nuestro)
Es en este contexto del método materialista histórico, donde
se pone de manifiesto el error de superfluidad polémica por parte del señor
Susil Gupta, al observarnos que algunas teorizaciones del derecho son “vestigios
de épocas precapitalistas”.
Claro que el derecho burgués comprende al derecho romano.
Pero su lugar e importancia dentro del derecho moderno, viene dada tanto por
lo que el capital ha comprendido y adoptado de aquél orden jurídico clasista
pretérito, como por lo que ha rechazado de él, de esa tradición superada y al
mismo tiempo conservada, excluyendo, por ejemplo, el “ius utendi et ius abutendi”,
es decir, el derecho al uso y abuso de los objetos de propiedad privada —entre
ellos los esclavos—, que así se ha extinguido para siempre en virtud del progreso
alcanzado por las fuerzas sociales productivas de la humanidad.
Bajo el capitalismo, para seguir acumulando plusvalor la burguesía
en cada momento sólo dispone de una parte del tiempo en que sus empleados despliegan
la energía laboral que gastan en producir lo necesario para reproducir la que
insumen durante la jornada entera. Si además de disponer históricamente de esta
energía los burgueses pudieran arbitrar no sólo sobre el gasto de energía de
la jornada laboral diaria sino incluso de su tiempo libre, entonces la sociedad
capitalista se degradaría a la condición de sociedad esclavista.
Por lo tanto, no es que el materialismo Histórico se base
en la historia sino justamente al contrario: es el Materialismo histórico el
que permite explicar la historia, en tanto que constituye su fundamento.
9) Respuesta del G.P.M. a Rolando Astarita
Entonces, si con Marx se habla de la necesidad del socialismo,
si se acepta que el Materialismo Histórico es la ciencia que desvela esa necesidad
y que, por tanto, sin ciencia social aplicada a la lucha de clases no hay posibilidad
de socialismo, entonces no se puede acordar con Rolando Astarita, en eso de
que “Marx nunca planteó que exista una teoría del derrumbe”.
Aunque no la denominó así como se la llegó a conocer —como
teoría del derrumbe— Marx no sólo planteó expresamente esta teoría,
sino que existe y funge como la consecuencia mecánica del principio activo desplegado
por el capital, consistente en desarrollar la fuerza productiva que le permita
apoderarse de la mayor cantidad posible de trabajo necesario, para convertirla
en excedente a fin acumular una creciente proporción relativamente mayor en
capital constante, en detrimento del capital variable o trabajo vivo, único
factor éste productor de plusvalor. La negación de la negación del capitalismo
no podría ser una posibilidad real del proletariado, si no existiera como necesidad
económica al interior mismo del capital, como una tendencia propia de su proceso
de acumulación.
De no ser así sería cuestión de concluir:
a) que Marx escribió el pasaje de sus “Grundrisse” donde
expuso esta teoría, por puro divertimento intelectual;
b) que no es un “concreto pensado” y que
c) poco o nada tiene que ver con el devenir histórico real del
capitalismo.
Pero, en ese caso, una de dos, o se niega también la ley
de la tendencia decreciente de la tasa de ganancia y, con ella, la necesidad
histórica objetiva del socialismo, o se demuestra que en el fundamento de esta
ley no palpita la teoría de la tendencia al derrumbe tal como Marx la dejó expuesta.
Nosotros afirmamos que la tendencia al derrumbe es un concreto
pensado que permite explicar la ley de la tendencia decreciente de la tasa de
ganancia y se verifica en ella como fundamento de la lucha por el socialismo.
Y, en efecto, siguiendo el razonamiento desarrollado en el pasaje ya citado
de sus “Grundrisse” o “Líneas fundamentales”, Marx llega a la
conclusión de que, dada la extensión de la jornada laboral colectiva, cuanto
mayor sea el plusvalor relativo ya capitalizado antes de un nuevo aumento de
la fuerza productiva, o cuanto menor sea ya la fracción restante de la jornada
laboral colectiva que corresponde a la producción de los medios de vida de los
asalariados o trabajo necesario, tanto menor será el aumento del plusvalor que
el capital obtenga de un nuevo aumento de la fuerza productiva, o tanto mayor
deberá ser el desarrollo de la fuerza productiva para transformar una cada vez
menor proporción restante de trabajo necesario en excedente para los fines de
la acumulación. El plusvalor aumenta, pero en proporción progresivamente decreciente
respecto de la mayor eficacia productiva creciente del trabajo (determinada
por una también creciente composición orgánica del capital):
<<Es decir, que cuanto más desarrollado está ya el capital,
cuanto más plustrabajo ha creado ya (y más plusvalor ha capitalizado),
tanto más formidablemente tiene que desarrollar la fuerza productiva, para valorizarse
en una pequeña porción, es decir, para aumentar la plusvalía, ya que su límite
continúa siendo siempre la relación entre el día de trabajo que expresa el trabajo
necesario y el día de trabajo completo. Únicamente dentro de este límite
(o posibilidad real de capitalizar plusvalor relativo) puede moverse
el capital.>> (K. Marx: “Grundrisse” Op. cit.)
De aquí se desprende, lógicamente, que: según progresa la
fuerza social productiva del trabajo, cuanto menor sea ya la fracción de la
jornada de labor —en el numerador de la relación— que corresponde al tiempo
en que los asalariados producen sus medios de vida y, por tanto, mayor la parte
de esa jornada que los capitalistas ya se han apropiado y acumulado bajo la
forma de plusvalor —en el denominador de la relación—, tanto menos puede la
burguesía seguir reduciendo sensiblemente el trabajo necesario restante para
convertirlo en plusvalor aumentando la fuerza productiva, dado que el denominador
ha crecido más que el numerador, por lo que la posibilidad real de que el capital
se autovalorice convirtiendo trabajo necesario en excedente, se torna cada vez
más difícil según sucesivas porciones de trabajo necesario se convierten en
plusvalor o capital adicional valorizado. Y llevada hasta sus últimas consecuencias,
la lógica de esta “abstracción matemática determinada” por la naturaleza del
capital, llega a un punto en que:
<<El aumento de las fuerzas productivas se convertiría
en algo indiferente para el capital; la valorización misma sería indiferente,
ya que sus proporciones (de plusvalor relativo para los fines de la acumulación)
han devenido mínimas; de esta forma él habría dejado de ser capital. Si el
trabajo necesario (respecto del plusvalor) fuera 1/1.000 y la fuerza
productiva se multiplicara por tres, el trabajo necesario descendería 1/3.000
y el plusvalor aumentaría solo 2/3.000. Esto no ocurre porque haya aumentado
el salario o la participación del trabajo en el producto, sino porque el salario
ha disminuido ya enormemente, considerado en relación con el producto del trabajo
o con el día de trabajo vivo.>> (Ibíd)
Y si al capital le resulta indiferente producir plusvalor,
es porque ha decidido hacer mutis por el foro para no volver a escena en el
teatro de la historia jamás. A continuación de este pasaje Marx aclara que todo
lo dicho a este nivel de abstracción sólo tiene valor en cuanto a los efectos
del desarrollo de la fuerza productiva del trabajo sobre la relación entre el
salario y el plusvalor; y aun cuando en su método de aproximaciones sucesivas
a la realidad anticipa la introducción de “nuevas relaciones” que “la modificarán
notablemente”, sin embargo sostiene que:
<<…La totalidad (de esta exposición, incluidas las
modificaciones) en la medida en que se mantiene a nivel de esta generalidad
(determinante), pertenece, en principio a la teoría del beneficio>>
(Ibíd. Lo entre paréntesis nuestro)
Henrik Grossmann escribió y dio a conocer su obra sobre la
“Ley del derrumbe” en 1929, cuando los “Grundrisse” no habían sido todavía
publicados (la primera edición alemana data de 1939). Por eso es que en su capítulo
I dice que “la tendencia al derrumbe no fue demostrada por Marx expresis
verbis”, lo cual realza el valor político y el mérito de su pensamiento.
Porque a la luz de esas “Líneas fundamentales” de Marx, no resulta difícil
comprender el vínculo racional entre la tendencia al derrumbe y la “Ley de
la baja tendencial de la tasa de ganancia”, de la cual el mismo Marx ha
dicho en los mismos Grundrisse” que:
<<Esta ley es, en todo respecto la ley más
importante de la moderna economía política (...) que pese a su simplicidad,
hasta ahora nunca ha sido comprendida y, menos aún, explicada (...) Es, desde
el punto de vista histórico la ley más importante….>>
(K.Marx: "Elementos Fundamentales para la Crítica de la Economía
Política" (Grundrisse) l857/l858 Ed.Siglo XXI México /l977 Pp. 634.
Subrayado nuestro).
¿Y qué es lo que explica esta ley o dónde está
su fundamento, si no en la tendencia objetiva al derrumbe del
capitalismo tal como la acabamos de resumir en palabras del propio Marx? En
suma, que la teoría del derrumbe tal como Marx la describió en
los “Grundrisse” no se verifica sino a través de la ley de la tendencia
decreciente de la tasa de ganancia, de la cual es, sin duda, su fundamento.
Si para Marx el motor de la historia es la lucha
de clases, y al ponderar esta Ley de la caída tendencial de la tasa de ganancia
—como la más importante de la economía política moderna— lo hace expresamente
"desde el punto de vista histórico", está claro que
el principio mecánico activo de ese motor, está en la tendencia
al derrumbe económico del sistema, del mismo modo que el principio activo
del motor a explosión está en la segunda ley física de la termodinámica. Más
adelante, en el mismo pasaje, anticipa las consecuencias histórico-políticas
de esta ley:
<<A partir de cierto momento, el desenvolvimiento de
las fuerzas productivas se vuelve un obstáculo para el capital; por tanto, la
relación del capital se torna en una barrera para el desarrollo de las fuerzas
productivas del trabajo. El capital, es decir, el trabajo asalariado, llegado
a este punto entra en la misma relación con el desarrollo de la riqueza
social y de las fuerzas productivas que el sistema corporativo la servidumbre
de la gleba y la esclavitud, y, en su calidad de traba, se la elimina necesariamente
...Las condiciones materiales y espirituales para la negación del trabajo
asalariado y del capital, las cuales son ya la negación de formas
precedentes de la producción social que no es libre, son a su vez resultados
del proceso de producción característico del capital. En agudas contradicciones,
crisis, convulsiones, se expresa la creciente inadecuación del
desarrollo productivo de la sociedad a sus relaciones de producción hasta hoy
vigentes. La violenta aniquilación del capital, no por circunstancias ajenas
al mismo, sino como condición de su autoconservación, es la forma más contundente
en que se le da el consejo de que se vaya y deje lugar a un estadio superior
de producción social...>> (K.Marx:: Op. Cit. Pp. 635/36.
El subrayado nuestro).
Y en "El Capital," vuelve sobre este pronóstico
de derrumbe que entiende como el resultado lógico de las
leyes de la acumulación:
<<La centralización de los medios de producción
y la socialización del trabajo alcanzan un punto en que son incompatibles con
su corteza capitalista. Se la hace saltar. Suena la hora postrera de
la propiedad privada capitalista. Los expropiadores son expropiados
(...) la negación de la producción capitalista se produce por si misma, con
la necesidad de un proceso natural>> (K. Marx: Op. Cit.
Libro I Cap. XXIV Punto 7).
Es decir, que la negación económica del capitalismo
se produce por determinación de sus leyes económicas inmanentes
antes de que las masas explotadas encargadas de hacer posible
la negación política de esa negación económica, sean conscientes
de su tarea histórica. Pero como señala muy acertadamente Rosa Luxemburgo, el
arte de hacer posible lo necesario pasa por quienes encarnen la teoría crítica,
o sea la vanguardia revolucionaria, antes de la acción decisiva de las masas
que den al traste con el sistema. Antes quiere decir cuando las masas están
en otra cosa sin ver más allá de los propios límites del capitalismo a los que
la burguesía les tiene familiarizadas. Y la práctica de ese arte político depende
de la “exacta concepción” que esos autoproclamados agentes de la revolución,
demuestren en su propaganda, así como de su firme, inteligente y tenaz determinación
de trasmitirla, sobreponiéndose a todas las presiones sociales y hasta personales
de quienes les someten al sutil chantaje en nombre de la amistad amenazándoles
con el aislamiento. Por eso es que en el epígrafe de nuestra página nosotros
anunciamos que “solo estamos dispuestos a trabajar con quienes sientan más horror
al vació teórico en sus conciencias que al vació social en torno suyo”.
10) Respuesta del G.P.M. a
la segunda intervención de Susil Gupta
a) ¿Es cierto que el proletariado de los países imperialistas
ha degenerado de modo irreversible?
Esto es todo lo que nos pareció necesario decir acerca de
la primera intervención de Susil Gupta en este debate. Pero seguidamente el
señor Gupta escribió un segundo documento que tituló: “Hacia un nuevo Manifiesto”,
donde viene a decir que, desde 1914, el proletariado en la mayoría de los países
europeos ha ido deviniendo en una clase “reaccionaria y degenerada, (…) enemiga
de la democracia, el socialismo y el
Marxismo y de la clase obrera internacional”. Por esa “razón” el señor Susil
Gupta está “totalmente contra la idea de una nueva internacional” y nos plantea
limitar el internacionalismo revolucionario al proletariado de los países dependientes.
Esto de revisar el Materialismo Histórico en nombre del marxismo
no es nuevo y está suficientemente documentado. Ocurre durante los bruscos virajes
de la historia, cuando la fuerza de gravedad de los acontecimientos desplaza
más o menos violentamente la relación entre las dos clases universales desde
la izquierda hacia la derecha, sorprendiendo a quienes oficiaban de vanguardia
revolucionaria autoproclamada sin tener suficientemente arraigados en su conciencia
los principios políticos basados en la moderna ciencia social.
Y cuando la clase obrera defecciona políticamente por causa
del paro tras una derrota estratégica en su lucha por conservar sus conquistas
sociales anteriores, o después de los sufrimientos de una guerra perdida, una
mayoría de estos elementos de la vanguardia revolucionaria cambian atropelladamente
de chaqueta política o se van a su casa, mientras que de entre la minoría restante
una mayoría se pasa con armas y bagajes a la burguesía —como sucediera a principios
de siglo con Bernstein e inmediatamente con Kautsky— al mismo tiempo que un
reducto abandona la ortodoxia del Materialismo Histórico por la izquierda y
decide huir hacia delante adoptando las típicas posiciones que en “Historia
y Conciencia de Clase”, George Lukács calificó de “voluntarismo utópico”.
Consideramos que lo de Susil Gupta con su propuesta de “un
nuevo manifiesto”, entra en este último tipo de exabruptos o disparates políticos,
una salida por la ultraizquierda contingente, cuyos resultados políticos, a
la postre, no difieren de los que la burguesía consigue con la parálisis contestataria
de las masas que ha conseguido desmoralizar, y contra las que los voluntaristas
arremeten arrojándolas de sus previsiones políticas, tan ciega e irracionalmente
como ellos mismos han sido arrojados fuera de la lucha de clases elemental
no sabiendo encontrar su sitio en las formas y medios que las
nuevas condiciones de la lucha de clases efectiva y real
—aunque no se note en la calle ni en los lugares de trabajo— exigen adoptar.
Ya en 1843 se han podido recoger testimonios de parecidos
disparos al aire, a través de la correspondencia de aquella época entre Marx
y Arnold Ruge, este último desmoralizado por la cobarde pasividad de las clases
subalternas alemanas ante la irracionalidad intolerable a que había llegado
el régimen absolutista de Federico Guillermo IV. Ver:
http://www.nodo50.org/gpm/cis/12.htm
Más adelante en la historia, según reporta Pierre Broué en
su obra: “El partido bolchevique”, inmediatamente después de la derrota
de 1905, el movimiento sindical ruso se debilitó. En 1905 hubo más de 2.750.000
huelguistas. En 1906 un millón menos. En 1907 sólo 750.000. En 1908 174.000.
En 1909 solo 64.000. Y en 1910 no pasaron de 50.000. En todo este período, a
medida que la moral de los obreros se viene abajo, muchos militantes políticos
desertaban. En Moscú, durante 1907 los miembros del Partido Obrero Socialdemócrata
Ruso (POSDR) que abandonaron su actividad, se cuentan por millares. Hacia el
final de 1908 sólo quedan 500 y 150 al final de 1909; en 1910 la organización
en esa ciudad dejó de existir. En el conjunto del país, los efectivos políticos
del partido pasaron de casi 100.000 a menos de 10.000. (Cfr. Op. Cit. Cap.
II). Refiriéndose a este mismo periodo contrarrevolucionario, en su biografía
de Lenin, David Shub dice que dentro de Rusia decaían la fe y el entusiasmo
de los primeros revolucionarios profesionales y de los estudiantes:
<<Intelectuales y obreros, decepcionados, desertaban
de las filas de la subversión para refugiarse en la ciencia, la religión o la
filosofía; otros cambiaron el ascetismo revolucionario por un libertinaje desenfrenado;
no pocos desembocaron en el suicidio. Los círculos revolucionarios, que pocos
años antes habían alcanzado tan brillante notoriedad, degeneraron en "ligas
de suicidas", "clubes de amor" y otras formas de evasión cívica.>>
(D. Schub: "Lenin" I 1870-1917 Cap.6).
Sin embargo, esta misma generación de asalariados que defeccionó
entre 1905 y 1912, fue la que en octubre de 1917 protagonizó el más grandioso,
heroico, rico, trascendente y aleccionador período revolucionario en toda la
historia del movimiento obrero.
Si el señor Susil Gupta piensa que los asalariados de la década
de los ochenta todavía conservaban intacta su esencia revolucionaria, es de
suponer que pensará lo mismo del proletariado europeo de los años sesenta, que
protagonizó el movimiento iniciado durante los sucesos conocidos por “El mayo
francés”. Sin embargo, en ese momento la vanguardia política de tal movimiento
ya estaba inficionada por los teóricos contrarrevolucionarios neomarxistas de
la escuela de Harvard, como Paúl Baran y Paúl Sweezy, y sus colegas de la escuela
de Frankfurt. El resultado sincrético de ambas escuelas de pensamiento burguesas
de izquierda, sintetizó políticamente en el filósofo alemán Erbert Marcuse,
verdadero líder espiritual de toda esa movida, que acabó acondicionándose al
sistema, convenientemente distribuida desde la década de los ochenta entre las
instituciones de los diversos aparatos de Estado —tanto al interior de la UE
como de los USA— con su cohorte de distintos movimientos de ecologistas, feministas,
barriales, de DD.HH. y del voluntariado de las ONG’s creados todos ellos a iniciativa
de aquellos líderes “had oc” con cargo a los presupuestos estatales, todos ellos
inducidos por la teoría de la “larga marcha al interior de la instituciones
burguesas legada por esas dos principales escuelas de pensamiento en la persona
del tan célebre como glorificado filósofo “revolucionario” alemán —discípulo
directo de Friedrich Pollock— llamado Herbert Marcuse, quien tras el fracaso
de aquél experimento que el impulsó presidido por la consigna de su propio cuño:
“la imaginación al poder” pasó a proponer una larga marcha por las instituciones
burguesas: Ver:
http://www.nodo50.org/gpm/miscelanea/todoanexo.doc
Pero, es que, además, el grado de conciencia y compromiso
político de clase del proletariado internacional, está todavía fuertemente condicionado
por el desarrollo internacional desigual del capitalismo, del que se deriva
un intercambio también desigual en el mercado mundial entre países de mayor
y menor desarrollo relativo, donde los primeros —con tasas de ganancia relativamente
inferiores—, cambian con los segundos menos trabajo por más, es decir, que no
se intercambian equivalentes. Y este intercambio desigual del trabajo productor
de plusvalor en favor de los países más desarrollados, viene determinado por
la misma tendencia que provoca transferencias de plusvalor al interior de los
distintos espacios nacionales, desde las ramas de la producción menos desarrolladas
hacia las más desarrolladas, a fin de que la ganancia se reparta no según la
magnitud relativa del trabajo explotado, sino según la magnitud de los respectivos
capitales comprometidos en la producción objeto de intercambio. Del comercio
en condiciones de desarrollo internacional desigual resulta inmediatamente que
la tasa de ganancia de los países relativamente más desarrollados tiende a compensar
en parte —y en ciertas circunstancias momentáneamente a neutralizar y hasta
sobrepujar— su tendencia natural al descenso. Así lo dice Marx:
<<Los capitales (de los países relativamente más
desarrollados) invertidos en el comercio exterior, pueden arrojar una tasa
de ganancia superior porque, en primer lugar, en este caso se compite con mercancías
producidas por otros países con menores facilidades de producción, de modo que
el país más avanzado vende sus mercancías (a precios de producción) por
encima de su valor, aunque más baratas
que los países competidores. En la medida en que aquí el trabajo del país más
adelantado se valoriza como trabajo de mayor peso específico, aumenta
la tasa de ganancia al venderse como cualitativamente superior el trabajo (más
productivo e intenso) que no ha sido pagado como tal.>> (“El
Capital” Libro III Cap. XIV)
En el capítulo VIII del mismo Libro III, Marx pone el ejemplo
de las condiciones de intercambio entre dos capitales de magnitud equivalente
= 100, uno localizado en un país europeo desarrollado A) y otro. B), en un país
asiático de menor desarrollo relativo. En el primero, dado su mayor grado de
desarrollo —determinado por una más alta composición orgánica y técnica del
capital— Marx ha supuesto que la tasa de plusvalor es allí del 100%, o sea,
que los obreros de la empresa europea trabajan media jornada para sí mismos
y la otra media para sus patronos, mientras que la tasa de plusvalor en la empresa
del país asiático de menor desarrollo relativo, es del 25%, de modo que allí
los obreros trabajan las 4/5 parte de la jornada laboral para sí mismo y el
1/5 restante para sus empleadores capitalistas. Sobre estas condiciones, el
cálculo resultante es el siguiente:
Valor del producto
según la estructura productiva del capital A) en el país más desarrollado:
84Cc.
+ 16Cv. + 16pvl. = 116
Tasa de ganancia
P1 = 16Pvl. / 84Cc. + 16Cv. = 16%
Valor del producto
según la estructura productiva del capital B) en el país menos desarrollado:
16Cc.
+ 84Cv. + 21Pvl. = 121
Tasa de ganancia
P2 = 21Pvl.. / 16Cc. + 84Cv. = 21%
Por lo tanto, a pesar de que la tasa de plusvalor del capital
B) es cuatro veces menor que la obtenida por el capital A), su tasa de ganancia
es más de un 25% mayor (31,5%) que la de éste.
Pero así como en los distintos espacios nacionales de formación
de valor existe la tendencia a la formación de una tasa media de ganancia, en
el mercado internacional sucede otro tanto. Y esto es así, porque todo intercambio
bajo el capitalismo no consiste en intercambiar un valor de uso por otro, sino
en obtener el mayor volumen posible de plustrabajo con una masa de capital dada.
Y esto no supone que el intercambio de equivalentes sea la norma sino al contrario,
que los respectivos precios en dinero según los cuales se realiza
el intercambio de una mercancía por otra, normalmente difieran
del valor contenido en cada una de ellas.
Y lo que la tasa media de ganancia determina es, precisamente,
esa diferencia. Y tal diferencia determina, a su vez, la masa de plusvalor —comprometida
en cada intercambio— que cada parte se apropia según la masa de capital con
que participa en el total del plusvalor producido. Y a este resultado se encarga
de llegar la competencia, en este caso, en el mercado internacional.
En el ejemplo de Marx, el plusvalor total puesto en juego
por el intercambio internacional entre los capitales A) y B) es de 37 y la masa
de capital comprometido en el intercambio es = 200. Y dado que A) y B) participan
con la misma magnitud de capital, luego el valor del producto de estos dos capitales
= 237, habrá que dividirlo por 2, lo cual arroja un resultado de 118,5 que es
el precio de producción correspondiente a la tasa media de ganancia internacional
= 18,5% fijada por la competencia, y al que deberán ajustarse ambos capitales,
de modo que la nueva estructura de producción del capital A) pasará a ser:
84Cc.
+ 16Cv. + 18,5pvl. = 118,5.
Y la estructura de
producción del capital B):
16Cc.
+ 84Cv. + 18,5Pvl. = 118,5.
De acuerdo con estas nuevas estructuras determinadas por la
competencia en la esfera de la circulación internacional de mercancías y servicios,
el precio de producción que resulta de la tasa de ganancia media aplicada a
la estructura productiva del capital individual en el país particular más desarrollado
A), resulta ser 2,5 puntos mayor que el valor de lo producido por ella, en tanto
que este mismo precio de producción aplicado a la estructura productiva del
capital individual en el país particular menos productivo B), resulta ser 2,5
puntos menor respecto el valor de su producción. Mediante el intercambio a la
tasa de ganancia media, se produce, pues, una transferencia de plusvalor desde
el país de menor desarrollo relativo, hacia el país relativamente más desarrollado.
Esto es así, dado que la competencia intercapitalista se encarga
de que el reparto del plusvalor en el mercado mundial —tanto como en los mercados
nacionales— no se realice según la cantidad de asalariados ocupados por cada
fracción del capital global en funciones, sino según la masa de capital con
que cada empresa capitalista productora de plusvalor interviene en el común
negocio de explotar trabajo ajeno.
Para simplificar el análisis, Marx supuso que los capitales
A) y B) son de la misma magnitud. Pero en la realidad esto no es así, porque
la magnitud de los capitales que operan con una más alta composición orgánica,
resulta ser significativamente mayor que la magnitud de los capitales con una
más baja composición orgánica y técnica. Por tanto la transferencia de plusvalor
desde los países menos desarrollados hacia los de la cadena imperialista, será
significativamente mayor que la del ejemplo presentado por Marx en el capítulo
VIII del Tercer Libro.
Y esta transferencia, al mismo tiempo que contrarresta —aunque
no neutraliza— la tendencia al derrumbe en los países más desarrollados, contribuye
a mantener y hasta ensanchar la brecha entre el desarrollo y el subdesarrollo
relativos en el Mundo, permitiendo que, en virtud de la mayor
productividad del trabajo y de una parte de estas transferencias de plusvalor
desde los países menos desarrollados, la burguesía imperialista pueda hasta
cierto punto integrar consensualmente a sus asalariados, haciéndoles participar
con el “chocolate del loro” de esta parte alícuota de plusvalor sustraído a
la burguesía de los países capitalistas dependientes.
Ésta es una determinación objetiva del desarrollo desigual
del capital internacional, como parte de las condiciones que los
revolucionarios deben considerar a la hora de elaborar su táctica política
en el país particular donde la lucha de clases les sorprenda.
Pero esto, en absoluto tiene nada que ver con la naturaleza de clase
de los asalariados en una u otra parte del mundo, que ha sido y sigue siendo
esencialmente la misma a los fines de formular la estrategia de poder
en el terreno internacional o general de la lucha de clases, que
debe ser la misma en todas las partes del Mundo. Tal es, a nuestro juicio,
la base económica sobre la que debe erigirse el internacionalismo
político proletario, que sigue siendo la misma desde los
tiempos del “Manifiesto Comunista” de 1848 y que, por tanto, carece por
completo de sentido ponerse a elaborar uno nuevo que enmiende al anterior en
cuanto al fundamento por el cual Marx y Engels han definido al proletariado
internacional como clase revolucionaria fundamental, independientemente de su
distinto comportamiento sociológico y grado de conciencia política en cada país
y momento de la historia.
Esta es la demostración más cabal, por el absurdo, de que
para descubrir la naturaleza de las clases en cada período de la historia, el
Materialismo Histórico no se rige por la historia, es decir, por la correlación
política de fuerzas sociales en cada determinado momento y lugar de la confrontación,
según el comportamiento sociológico, valores ideológicos asumidos, estado de
ánimo, etc., etc., de una determinada clase social. ¡No! Para eso, el Materialismo
Histórico en tanto concepción del mundo y metodología para la práctica teórica
y política revolucionarias, sólo se basa en la naturaleza económica de
un período social dado o formación social históricamente determinada.
Y la clase de los asalariados en la formación social capitalista
es lo que es no por lo que ella piense de sí misma
y de su clase universal antagónica, ni de lo que esté dispuesta a hacer en determinado
momento del proceso histórico, sino por el lugar que ocupa en la producción
dentro de este sistema, con independencia del país particular en que le toque
ser explotada.
Al proletariado como producto del capitalismo, encarnación
social de la fuerza productiva y polo histórico dominante de su contradicción
con el capital, no se le debe definir por lo que piensa y hace en determinado
momento de esa contradicción, sino por lo que está llamado a pensar y hacer
empujado a ello por la ley general de la acumulación, es decir, por la tendencia
al derrumbe del capitalismo. Lo que el proletariado piensa y hace en un determinado
momento del proceso de acumulación, es un problema táctico que debe contribuir
a resolver la vanguardia revolucionaria en sentido estratégico, es decir, según
lo que el proletariado debe llegar a pensar y hacer, lo quiera o no en cada
momento de ese proceso.
El comportamiento sociológico del proletariado según pautas
predominantes, tanto como su pensamiento ideológico, estado de ánimo, etc.,
etc. pueden llegar a ser lo más proburgueses o reaccionarios que se pueda uno
imaginar, según el mayor o menor grado de desarrollo económico desigual en del
Mundo y según los bruscos virajes que la lucha de clases suele dar en la historia
—y ya nos hemos referido más arriba a la fuerte incidencia contrarrevolucionaria
que, sobre el actual curso de la lucha de clases ha tenido la debacle del llamado
“socialismo real” en el Mundo. Pero en tanto persiste la tendencia objetiva
al derrumbe del capitalismo, tampoco cambia la naturaleza social de los asalariados,
ni el carácter político estratégico de su comportamiento como clase revolucionaria
fundamental. Como decía Marx en la carta a Ruge ya citada y luego cumplió estrictamente
este programa máximo:
<<Nosotros no decimos al Mundo: “deja de luchar, toda
tu lucha no vale nada; nosotros le damos la verdadera consigna de lucha. Sólo
mostramos al Mundo por qué lucha realmente (o por qué debiera luchar): pero
la conciencia es una cosa que el Mundo debe adquirir, quiéralo
o no>>
Y en este punto de nuestra controversia es donde la teoría
del derrumbe se revela en toda su gravitación revolucionaria decisiva.
Por tanto, la contrarrevolución que Susil Gupta ha visto apoderarse
de la conciencia política de los asalariados en los países capitalistas desarrollados,
no supone una mutación social como clase revolucionaria fundamental, sino un
simple cambio en la forma de manifestación ideológica y política
de su materia social sometida a determinadas condiciones estructurales
y superestructurales no permanentes o momentáneas.
Sin embargo, dada la corta existencia de cada generación social
de individuos respecto de la historia colectiva que naturalmente les trasciende,
y lo saben, siempre ocurre que, cuando la presión de los condicionamientos históricos
coyunturales contrarrevolucionarios se prolonga, una parte socialmente significativa
de honestos militantes de vanguardia en situación de resaca política, que quieren
sinceramente hacer historia, la urgencia consejera de la impaciencia les induce
a pensar que esos condicionamientos y, por tanto sus efectos ideológicos
y políticos reaccionarios se han vuelto irreversibles en la conciencia de los
explotados, cuando lo que en realidad ocurre, es que tales efectos ideológicos
y políticos reaccionarios han hecho también mella en su propia conciencia.
Esto ha venido siendo así para quienes —como nosotros hasta
hace bien poco— no habiendo entrado en la historia por nosotros mismos sino
arrastrados a ella por influjo exclusivo de los movimientos de masas de magnitud,
militamos de espaldas al conocimiento de la necesidad económica de la
historia como requisito de la libertad política
verdaderamente revolucionaria.
Es así como una generación de militantes tras otra que entregamos
nuestras vidas al sueño de la revolución, no pudimos evitar la derrota del proletariado
una y otra vez. Y durante los subsecuentes momentos de reflujo, si una y otra
vez el conocimiento de las leyes económicas del capitalismo sigue divorciado
de la acción política en la conciencia de estos mismos elementos de vanguardia,
entonces es cuando este divorcio se ahonda y proyecta hacia al exterior de las
conciencias dividiendo al movimiento político revolucionario mismo.
Así se verifica que mientras la mayoría defecciona dejándose
deslizar por la pendiente del empirismo oportunista hacia las
expresiones más rastreras del: “comamos y bebamos que mañana moriremos”, tan
caro al epicureismo político, otros pocos emprenden una huida hacia delante
por el atajo del idealismo voluntarista utópico hacia la extrema
izquierda del sistema, el de la mística revolucionaria. Los primeros sometidos
prácticamente por completo a la necesidad exterior del capitalismo
triunfante en sus conciencias, los segundos corriendo tras una libertad
interior o abstracta en tanto vacía de los contenidos que sólo puede
brindar el conocimiento de la necesidad interna del capitalismo,
única guía para la acción política capaz de contribuir subjetivamente a que
“el movimiento real anule y supere el estado de cosas actual” en dirección al
socialismo y el comunismo.
¿Y donde está el fundamento de la necesidad interna
del capitalismo sino en la tendencia histórica objetiva al derrumbe del capitalismo
como totalidad económico- social? Siguiendo este razonamiento
cabe responder a un segundo interrogante: ¿por qué causa se puede explicar un
pensamiento tal que divide al proletariado mundial entre ideológicamente degenerado
y auténtico, si no es porque ese pensamiento ha sacado la conclusión de que
los condicionamientos históricos determinados por el desarrollo
desigual del capitalismo en los países imperialistas no son transitorios sino
permanentes, tal como se desprende de la dicotomía o división ideológica y política
que intenta formular y poner en practicada entre los asalariados del Mundo el
señor Susil Gupta?
En “El 18 Brumario de Luis Bonaparte” Marx dice que
los seres humanos hacemos nuestra propia historia pero no la hacemos “arbitrariamente,
bajo circunstancias elegidas” por nosotros mismos, sino “bajo circunstancias
directamente dadas y heredadas directamente del pasado”. Según este razonamiento
—que compartimos plenamente—, para hacer la historia los seres humanos hemos
debido cambiar las circunstancias o condicionamientos dados en cada etapa histórica
de la humanidad.
Si ahora seguimos de la mano al señor Susil Gupta en su pensamiento
y llegamos a la conclusión de que la clase obrera de los países imperialistas
ha degenerado, porque los condicionamientos del desarrollo internacional desigual
del capitalismo en esa parte del Mundo le han convertido en una clase “enemiga
de la democracia, el socialismo y el Marxismo y de la clase obrera internacional”,
esto quiere decir que los condicionamientos del capitalismo en los países desarrollados,
solo podrán ser cambiados en sentido revolucionario por el proletariado “auténtico”
de los países capitalistas dependientes, en lucha contra el bloque estratégico
de poder burgués imperialista —supuestamente irrompible— constituido por la
alianza estratégica entre la burguesía imperialista y sus asalariados. Tal parece
ser el fundamento de la propuesta para la elaboración de un nuevo “Manifiesto
Comunista” que nos ha formulado el señor Susil Gupta.
Pero el fundamento, esto es la causa material
eficiente de que la ley general de la acumulación capitalista brinde
a la burguesía imperialista la posibilidad real de comprar la voluntad política
de sus explotados indefinidamente, en el contexto de la obra de Marx no se ve
por ninguna parte. Y el caso es que, según progresa la fuerza productiva del
trabajo determinada por el aumento histórico de la composición orgánica del
capital, es inevitable que a partir de cierto momento del proceso de acumulación,
deba formarse un ejército de asalariados supernumerarios. Y de esto se infiere
no menos inevitablemente que debe reducirse de modo creciente su participación
en el producto de su trabajo, es decir en el progreso material derivado del
creciente desarrollo de la fuerza productiva de la sociedad. No sólo disminuye
su salario relativo sino también su salario real.
Dada la creciente intensificación del trabajo que acompaña
al desarrollo de la fuerza productiva incorporada al capital fijo de la sociedad,
para reproducir la fuerza de trabajo en condiciones de plena eficiencia de utilización
durante el proceso de trabajo, se hace necesaria una masa creciente de medios
de vida. Pero el paro determina que el crecimiento de los salarios vaya cada
vez más a la zaga de esta necesidad, de modo que bajo semejantes condiciones,
el proceso de acumulación se traduce en una creciente pauperización relativa
de los asalariados en esta parte del mundo. Los salarios nominales aumentan,
pero menos de lo que supone el progreso material de la sociedad y el esfuerzo
que se exige a los explotados para ello. Ni qué decir tiene que el grado más
extremo de esta tendencia prevista por la teoría salarial de Marx, se ha venido
verificando siempre en los países de la cadena imperialista. Y desde luego que
esta tendencia no puede ser neutralizada por la transferencia de plusvalor desde
los países en desarrollo.
Por tanto, según el fundamento materialista histórico de la
realidad actual del capitalismo, más temprano que tarde los asalariados de los
países desarrollados han de demostrar, una vez más, que su naturaleza social,
ideológica y política, no difiere de los asalariados de los países de menor
desarrollo relativo, y que todos por igual constituyen la clase revolucionaria
fundamental, cuya misión política está objetivamente determinada. Respecto de
la actual situación económico-social de la clase obrera en España, consultar
en la
Página de Diego Guerrero “Depauperación en los países ricos; el caso
español” (En esa página pinchar en “artículos”)
[2] Aquí Guerrero demuestra empíricamente el empobrecimiento o depauperación
relativa del proletariado español. No estudia la evolución del
salario real, sino su evolución respecto del plusvalor. Es decir, que no considera
la evolución del nivel de vida de los asalariados, sino la relación entre ese
nivel de vida y el capital adicional para el fondo de consumo y ampliación de
la escala de la producción por parte de la patronal. Y allí demuestra que la
participación de los asalariados en el producto de su trabajo se ha ido reduciendo
desde la época del régimen franquista hasta la actual etapa de “consolidación
de la democracia”. Tal es el secreto mejor guardado por la burguesía, que permite
explicar el fenómeno de la tan sacralizada transición a la monarquía parlamentaria
operada en la superestructura del sistema.
Durante su intervención en este debate, Susil Gupta nos ha
remitido al último capítulo de la obra de Henrik Grossmann: “La ley de la
acumulación y del derrumbe del sistema capitalista”. En esta parte de su
obra, Grossmann señala que lo allí dicho está en las antípodas de la peregrina
concepción puramente economicista del derrumbe automático, lo cual es cierto.
Pero si nuestro interlocutor hubiera leído el mencionado pasaje con suficiente
atención, no habría podido caer en el dislate de juzgar a la clase obrera de
los países más desarrollados desde una posición política que pretendidamente
escapa a las necesarias consecuencias de la teoría económica del derrumbe, esto
es, a la dialéctica del movimiento del proletariado entre el “ser para sí” de
sus luchas económicas defensivas, y la necesidad objetiva que le empuja a alcanzar
su autoconciencia de clase, cuya posibilidad real descansa en sus luchas políticas
ofensivas objetivamente determinadas por la
Ley del Valor.
Porque si efectivamente observamos el estado de cosas actual
del Mundo desde la perspectiva de la tendencia al derrumbe del sistema capitalista,
no podemos al mismo tiempo afirmar que los asalariados de su parte más desarrollada
han degenerado como clase revolucionaria fundamental, porque es como decir que
la burguesía imperialista tendrá con qué seguir comprando sus favores políticos
indefinidamente, y esto nos desplaza hacia una perspectiva desde la cual, el
capitalismo no es superado por el desarrollo de las fuerzas productivas y que,
por tanto, no es un sistema de vida históricamente transitorio sino eterno.
En ese caso, la revolución no puede ser teóricamente concebida
ni políticamente alcanzada por determinación histórica objetiva del progreso
material de la humanidad —cautivo de la burguesía como así queda este concepto
revolucionario— sino por su atraso relativo. Tal es el resultado del subjetivismo
abstracto que ha operado inconscientemente en el pensamiento de Susil Gupta,
al romper la unidad o totalidad dialéctica del movimiento proletario internacional
entre la manifestación de su “ser para sí” en la lucha por sus reivindicaciones
inmediatas y su autoconciencia necesaria sólo alcanzable por mediación de luchas
políticas ofensivas interrumpidas.
Susil Gupta ve o percibe un movimiento proletario internacional
quebrado por efecto del desarrollo desigual del capitalismo, tal como se percibe
un palo por efecto de la refracción de la luz cuando se lo introduce en el agua.
Le saca una foto y nos muestra esta evidencia empírica como prueba. Pero el
movimiento de lo real sigue su curso determinado por las contradicciones entre
las fuerzas productivas y las relaciones de producción del capitalismo o, lo
que es lo mismo, por la tendencia objetiva al derrumbe del sistema. ¿Y qué ha
podido llegar a ver Grossmann a la luz de esta tendencia histórica irresistible?
Que en las luchas meramente defensivas del proletariado, palpita la posibilidad
real de alcanzar su autoconciencia de clase a caballo de sus futuras luchas
políticas ofensivas. ¿Por qué? Pues, porque la lógica de la explotación de trabajo
ajeno por mediación del plusvalor relativo, llega a un punto, en que la burguesía
imperialista no puede seguir comprando la voluntad política de sus asalariados
por ese método. Y esto emerge necesariamente desde la base económica del sistema
hasta su superestructura, lo cual empuja en dirección a transformar la conciencia
y el comportamiento sociológico y político del proletariado a escala universal
en sentido revolucionario. Así lo dice Grossmann en las “Consideraciones
finales” de su obra ya citada:
<<La pauperización
(absoluta) es el punto conclusivo necesario del desarrollo
al cual tiende la acumulación capitalista de cuyo curso no puede ser apartada
por ninguna reacción sindical por poderosa que esta sea. Aquí se encuentra
fijado el límite objetivo de la acción sindical. A partir de un cierto
punto de la acumulación, el plusvalor (relativo) disponible no resulta
suficiente para proseguir con la acumulación con salarios fijos. O
el nivel de los salarios es deprimido por debajo del anteriormente existente,
o la acumulación se estanca, es decir, sobreviene el derrumbe del mecanismo
capitalista. De esta manera el desarrollo conduce a desplegar y agudizar las
contradicciones internas entre el capital y el trabajo a un punto tal que la
solución solo puede ser encontrada a través de la lucha entre
estos dos momentos.>> (Op. cit.)
Pero la tendencia a la depauperación absoluta no hay que considerarla
como un proceso lineal creciente o progresivo en dirección al derrumbe, sino
como una tendencia que palpita y se activa inmediatamente después de cada crisis
para interrumpirse por períodos cada vez más breves durante las fases de recuperación
de la tasa de ganancia, dado que la aceleración en el metabolismo del capital
determina que esta tendencia se active cada vez con más frecuencia, y que sus
efectos sobre el nivel de vida de los asalariados duren tanto más, cuanto mayor
es la masa de capital en funciones que debe desvalorizarse —incluido el capital
variable— a fin de reiniciar cada nueva fase de recuperación. Cualquiera que
consulte las sucesivas reformas laborales del postfranquismo en España, desde
1977 hasta hoy, comprobará que todas ellas han provocado no sólo la depauperación
relativa demostrada por Diego Guerrero, sino también el absoluto deterioro del
grueso de los asalariados en sus condiciones de vida y de trabajo. Es decir,
los salarios no sólo han visto reducida su participación en el aumento de la
renta nacional, sino que, desde la muerte de Franco, las políticas de renta
de los sucesivos gobiernos de la “democracia” pactadas con los sindicatos mayoritarios,
desde los famosos “pactos de la
Moncloa” hasta hoy, han determinado que los salarios nominales crezcan sistemáticamente
por debajo de la inflación. Sólo entre 1998 y 2000, el descenso del salario
real en España fue de 2 puntos porcentuales. Este mismo proceso durante el mismo
período y en distinto grado de deterioro social, no ha hecho más que confirmarse
a escala planetaria.
He aquí la importancia de la predicción científica
como fundamento de la firme convicción política revolucionaria, antes de que
su confirmación empírica se apodere de la sociedad, lo cual evita la caída en
equívocos inducidos por engañosos fenómenos coyunturales, como el que —a nuestro
juicio— ha planteado Susil Gupta. La convicción teórica científica de la tendencia
objetiva al derrumbe capitalista, es el baluarte más poderoso para mantener
el rumbo estratégico de los principios revolucionarios en medio de los bruscos
virajes de la lucha política de clases en la historia. Esta premisa subjetiva
es lo que permite acercar el horizonte del desenlace político definitivo para
todo un período histórico (en este caso del capitalismo), mucho antes de que
la humanidad pase por las dolorosas consecuencias de esa tendencia en el tránsito
hacia su colapso económico práctico teóricamente previsto.
En su trabajo citado, Diego Guerrero llega a decir que:
<<Por supuesto, no puede haber ciencia sin contrastación
empírica de las tesis teóricas.>> (Op. cit. Cap. II)
Esto es cierto para las ciencias experimentales, pero no lo
es para la ciencias formales o exactas de la naturaleza ni para la economía
política, cuyo objeto de estudio está constituido por relaciones objetivas,
constantes al observador en tanto permanecen las condiciones histórico-epocales
de “un período social dado” que les da razón de ser y existir, y cuya determinación
en el pensamiento puede obtenerse con el rigor y “la exactitud propia de la
ciencias naturales”, expresión de Marx en el “Prólogo” a su
“Contribución
a la crítica de la economía Política” (enero de 1859). Allí nos propone
distinguir entre los “cambios materiales ocurridos en las condiciones económicas
de producción” y reproducción de la vida social, y los cambios en la formas
jurídicas, políticas, religiosas, artísticas y filosóficas, a través de las
cuales los explotados “adquieren conciencia del conflicto” o dialéctica entre
esas condiciones económicas de producción y las fuerzas productivas epocalmente
condicionadas dentro de aquellas. Respecto de esta distinción a los fines metodológicos
de jerarquizar la práctica teórica aplicada a las condiciones económicas de
producción, respecto de las otras condiciones imperantes en la superestructura,
ideológica y política de la sociedad capitalista, remitimos a nuestra página
en:
Hegel, Marx y la dialéctica.-20
capitulo 3 8 el desprecio de la teoría por el militante práctico tradicional.
Con esto queremos decir que:
a) El ser para sí de la clase obrera, que todavía
no llega a ser autoconciencia de clase, es el ser de los asalariados
como capital variable en lucha por sus reivindicaciones inmediatas. En esta
instancia del desarrollo de su conciencia, los asalariados sólo se distinguen
como clase y se reconocen como tales, a través de su lucha contra sus
patronos, quienes de este modo siguen siendo considerados como “suyos” en tanto
no se proponen romper con la relación, aun cuando
esta lucha alcance las más altas cotas de violencia. Y es que el grado de violencia
sufrido e implementado en su lucha por los asalariados, en sí y por sí no determina
su autoconciencia de clase.
b) Que la autoconciencia de los explotados en cualquier parte
donde se manifieste, supone largos períodos previos de lucha como “ser para
sí”, hasta que, en determinado momento, se produce la ruptura política de su
relación con la burguesía.
[3]
c) Esta ruptura política es el resultado de procesos históricos
anteriores, con marchas y contramarchas, producto directo, además, como condición
suficiente, de circunstancias históricas excepcionales, íntimamente vinculadas
a la existencia previa de organizaciones revolucionarias con cierta raigambre
en el movimiento sindical y político del proletariado.
d) Que todo este movimiento de avances y retrocesos, está
presidido por la tendencia objetiva al derrumbe del capitalismo que le atraviesa.
En tal sentido, y teniendo en cuenta los acontecimientos de
la transición de la sociedad en España a la “democracia” desde la muerte de
Franco, pensamos que es completamente equivocado decir con Susil Gupta, que:
<<...hace 20 años la
clase obrera española era una clase obrera auténtica capaz de ejecutar su misión
histórica (y hoy, en cambio, junto al resto de asalariados de los países
desarrollados, esa misma clase ha pasado a ser) una clase reaccionaria degenerada.>>
(Lo entre paréntesis nuestro)
Hace veinte años la clase obrera española era políticamente
tan filistea y proburguesa, al mismo tiempo que tan estratégicamente revolucionaria
como lo es hoy, porque hace veinte años, cuando luchaba contra la llamada reconversión
industrial, se sentía igual de conforme en su condición de clase subalterna
de la burguesía, que hoy. No sintió entonces —y sigue sin sentir ahora— ninguna
necesidad de un cambio revolucionario. Aunque bien es cierto que hoy todavía
menos y más esporádicamente. Esto, en parte ha sido en virtud de los cambios
en la superestructura ideológica y política operados por la burguesía tras la
muerte de Franco, es decir, en virtud de la “democracia”, después de no saber
nada de este embeleco burgués durante más de cuarenta años. Pero la losa que
más aplastó el ser para sí del proletariado en general, fue la debacle a partir
de 1989, de lo que la burocracia soviética contrarrevolucionaria hizo pasar
por socialismo en la conciencia obrera mundial durante mucho antes y durante
ese mismo período. Para la distinción entre los momentos del “ser para sí” y
la autoconciencia de clase, Ver:
http://www.nodo50.org/gpm/bipr/08.htm
Ciertamente, en 1986 un sector de la vanguardia natural de
los asalariados españoles aleccionados por el eurococéntrico-burgués-de-izquierdas
“Partido Comunista de España” (PCE), que como los cerdos había digerido
toda la mierda que le dio a comer la intelectualidad filosófica, sociológica
y económica de las escuelas de Harvard y de Frankfurt, todavía podía soñar con
un socialismo como el de la URSS, pero con un sistema político al estilo partidocrático
actual, que la burguesía postfranquista había podido conseguir introyectar en
el alma del movimiento durante la transición española a la “democracia”, y que
las masas explotadas de este país “diverso” aprobaron de muy buen grado. Pero
ahora ni siquiera pueden soñar con eso y un peligroso hastío se está apoderando
todavía imperceptiblemente poco a poco de esta sociedad.
¿Se puede decir que esta generación de proletarios españoles
no entró por si misma en la historia tras la muerte de Franco, sino conducida
por el brete que la burguesía preparó para ella desde los Pactos de la Moncloa?
Sin duda. Como que políticamente permaneció todo ese tiempo —y allí sigue todavía—
cada vez más jodida pero tan igualmente contenta como con Franco en la década
de los 60, ahora bajo la tutela ideológica y política de la Monarquía Parlamentaria.
Sin embargo, a esto ha llamado Susil Gupta “clase auténtica capaz de ejecutar
su misión histórica”, mientras que hoy, esos mismos asalariados —que tampoco
hicieron historia política— para él son una clase degenerada. Desde luego que
nuestro interlocutor ha hecho un análisis muy desprolijo de los cambios en las
condiciones ideológicas y políticas del movimiento asalariado en la sociedad
española de los últimos veinte o treinta años.
Un asalariado no degenera como clase por el hecho de pensar
y actuar políticamente más o menos de acuerdo con la burguesía, o por llegar
a partirse la cara y otras partes de su anatomía, dando incluso con sus huesos
en la cárcel durante un tiempo por enfrentarse a la policía o al ejército del
sistema. Un asalariado degenera solo cuando cambia su esencia porque se convierte
en capitalista pasando a explotar trabajo ajeno, situación excepcional socialmente
irrisoria que no cambia la correlación fundamental de fuerzas sociales entre
burguesía y proletariado, ni, por tanto, la condición de proletario propia de
cualquier asalariado como clase revolucionaria fundamental absolutamente mayoritaria
de la sociedad. Y esto es así, sencillamente porque sin trabajo asalariado —cada
vez más numeroso en términos sociales absolutos y relativos— no puede haber
capital.
La autenticidad del proletariado como clase revolucionaria
y su “capacidad para ejecutar su misión histórica”, no está determinada, pues,
por lo que piense y haga o deje de pensar y hacer parte de él o una masa de
ellos más o menos significativa en un determinado momento y lugar, sino por
lo que está llamado a pensar y hacer por determinación histórica inevitable
del capital. O sea:
a)por su lugar en la producción como clase explotada y,
b)por su número.
El lugar que el proletariado ocupa en la producción
social, le impulsa objetivamente, más temprano que tarde, a comportarse políticamente
contra el sistema, según el grado alcanzado por sus contradicciones sociales
con el capital y su confrontación ideológica y política de fuerzas favorable
o desfavorable con la burguesía.
El número de proletarios o condición de clase
absolutamente mayoritaria de la población activa hoy día en el Mundo, es algo
históricamente decisivo, tanto a la hora de la lucha por el poder como, para
convertir su dictadura social de clase en una democracia, tan verdadera y auténtica,
como que el proletariado es la única clase revolucionaria absolutamente mayoritaria
de la sociedad moderna.
Esto quiere decir —y está probado— que históricamente, es
decir, a largo plazo, entre la agudización de las contradicciones materiales
del capitalismo —o sea, entre la tendencia al derrumbe— y la propensión del
proletariado a una praxis revolucionaria, hay una correlación muy alta. Pero
insistimos en que sólo se manifiesta y verifica políticamente bajo determinadas
condiciones excepcionales que se presentan entre largos espacios de tiempo.
Trotsky decía que “sólo a la larga va la revolución al encuentro con las masas,
sólo a la larga”.
Mientras tanto se suceden numerosas coyunturas, aquí y allá,
en que la periódica agudización manifiesta de las contradicciones que laten
al interior de la base material del sistema capitalista, no suelen cuajar en
serias desestabilizaciones políticas del Estado burgués, porque el proletariado
no da las respuestas políticas adecuadas que cabría esperar de él.
Esto suele suceder al comienzo de cada crisis periódica, cuando
la burguesía no puede seguir garantizando el empleo ni el nivel de vida de sus
trabajadores, estos se rebelan y van a la lucha contra el sistema, pero desde
el punto de vista de una conciencia negativa, es decir, que en ningún momento
se plantean romper políticamente con él, con su condición de clase subalterna;
y esta indecisión determina que en un momento dado del combate cunda la desmoralización
y se vuelven atrás. ¿Por qué? Por que todavía no comprenden su necesidad política
como clase: la necesidad objetiva que les impele a acabar con el capitalismo,
y porque no saben ni se imaginan qué hacer al día siguiente de la toma del poder.
Por eso es que ven ese salto que deben dar en la historia como un salto en el
vacío. Y es ahí donde el adversario capitalista se yergue ante ellos como si
fuera un gigante indestructible: ¿Dónde vais si no sabéis por donde ni cómo?
Así describía Marx este tipo de situaciones imaginándolas repitiéndose una y
otra vez en un futuro que él no viviría para contarlo, gastando por ello el
suyo en mostrar al proletariado por donde hay que ir y cómo: el camino de la
revolución ya descubierto por la práctica teórica de su pensamiento, abriéndose
paso entre la enmarañada opacidad natural de los sentidos y la social que añaden
las “furias del interés privado”:
<<Las revoluciones proletarias, como las del siglo XIX,
se critican constantemente a sí mismas, se interrumpen continuamente en su propia
marcha, vuelven sobre lo que parecía terminado, para comenzarlo de nuevo desde
el principio, se burlan concienzuda y cruelmente de las indecisiones, de los
lados flojos y de la mezquindad de sus primeros intentos, parece que sólo derriban
a su adversario para que éste saque de la tierra nuevas fuerzas y vuelva a levantarse
más gigantesco frente a ellas, retroceden constantemente aterradas ante la ilimitada
inmensidad de sus propios fines, hasta que se crea una situación que no permite
volverse atrás y las circunstancias mismas gritan: demuestra lo que eres capaz
de hacer.>> (K. Marx: “El 18 Brumario de Luis Bonaparte” Primavera
de 1852)
¿Quién puede poner en duda, con sólido fundamento, que en
esa situación histórica decisiva “que no permite volverse atrás”, estará presente
la convicción teórica colectiva de la tendencia al derrumbe o, en última instancia,
la más dolorosa certeza empírica de que se está cumpliendo? Es de suponer que
el proletariado no retrocederá ante sucesivas circunstancias esperando llegar
al extremo de comprobar empíricamente el derrumbe “en tiempo real”, porque,
en tal caso, habiendo dado la espalda a la racionalidad revolucionaria hasta
dejarla sin sentido como guía para la acción, esta clase social se degradaría
a la condición de cualquier otra especie animal que sólo busca la supervivencia
individual o, a lo sumo, la de los que considera suyos. Así lo da a entender
Marx en carta del 30 de abril de 1867, para explicarle a Siegfred Meyer la causa
de haber tardado en responder a la suya. Distingue allí entre “práctica” y
PRÁCTICA, entre el criterio práctico individual-animal y el criterio PRÁCTICO
social-racional del comportamiento humano, justificando su tardanza en haberse
dedicado afanosamente a terminar su obra ante el temor de morir sin haber demostrado
ser PRÁCTICO, es decir, sin dar a conocer el resultado de su teoría científica,
dada la trascendencia práctico-política que su conciencia revolucionaria le
atribuía.
<<Entonces, ¿por qué no le he contestado? Es que durante
todo este período tenía ya un pie en la tumba. Por consiguiente me era preciso
aprovechar CADA instante que me era posible trabajar para terminar mi obra,
a la cual he sacrificado salud, felicidad y familia. Espero no tener que añadir
nada a esta explicación. Me río de la gente que se dice “práctica” y de su sabiduría.
Si quisiera uno comportarse como una bestia, podría evidentemente volver la
espalda a los tormentos de la humanidad y no ocuparse sino de su propio pellejo.
Pero me habría considerado realmente como NO PRÁCTICO si hubiera muerto sin
haber terminado mi libro, o por lo menos mi manuscrito>> (Op. cit.)
b) ¿Dónde está la racionalidad científica del marxismo “no
ortodoxo”?
Susil Gupta acabó su segunda intervención —a propósito de
nuestra respuesta a la inquietud de Alexander Pinazo Carmona— diciendo lo siguiente:
<<El problema fundamental es la falta de un análisis
de los postulados centrales del Marxismo ortodoxo (pre-1914) anclados en la
teoría del imperialismo anunciada por Lenin. Diría más: hace falta un nuevo
Manifiesto Comunista basado en la realidad post-1914.
Esto es lo que falta en el análisis del GPM. El GPM defiende
el Marxismo desde los planteamientos ortodoxos de la época pre-imperialista.
Es una batalla valiente y necesaria en nuestros días de total hostilidad
al Marxismo o cualquier materialismo critico. Pero hace falta ir más allá.>>
(Op. cit.)
Lo que aquí nos viene a decir el señor Susil Gupta son dos
cosas:
1) que desde 1914, “el marxismo ortodoxo” de Marx permanece
“anclado” en la teoría del imperialismo de Lenin, y que,
2) el GPM defiende el marxismo ortodoxo de la época
preimperialista.
¿No será al revés, que la teoría del imperialismo de Lenin
permanece anclada en el marxismo ortodoxo de Marx? Pero lo importante aquí no
es esta transposición de pensamientos, sino que, al parecer, Susil Gupta postula
que el Marxismo ortodoxo ha sido superado por la historia y que, por tanto,
se necesita un nuevo análisis de sus “postulados centrales”. Es la ya vieja
proposición neomarxista de “repensar a Marx”.
Postular significa pedir o solicitar. En términos teóricos
es como obtener un crédito o fiducia para comprar veracidad, es decir, que equivale
a suponer. En efecto, un postulado es una proposición que se admite sin pruebas
para que pueda servir de base a ulteriores razonamientos:
<<Las premisas de que partimos no son arbitrarias, no
son dogmas, sino premisas reales de las que sólo es posible abstraerse mediante
la imaginación. Son los individuos reales, su acción y sus condiciones materiales
de vida, tanto aquellas con que se han encontrado ya hechas (en su etapa
de recolección), como las engendradas por su propia acción (economía
del tiempo de trabajo). Estas premisas pueden comprobarse, consiguientemente,
por la vía puramente empírica.>> (K.Marx-F.Engels:
“La ideología alemana” Cap. I punto 2: Premisas de las que arranca la
concepción materialista de la historia)
El Materialismo Histórico no solicita o supone ni postula
nada; está en las antípodas de semejante tipo de créditos teóricos como justificación
de una determinada manera de ver las cosas. El Materialismo Histórico paga sus
conclusiones con la moneda “contante y sonante” de lo “concreto pensado”, no
con el dinero fiduciario de ninguna determinación abstracta en el sentido napoleónico
del término ideología.
Y el caso es que el señor Susil Gupta postula que el marxismo
ortodoxo, es decir el Materialismo Histórico aplicado al capitalismo premonopolista,
ha sido superado por la realidad del capital imperialista y que, por tanto,
hay que aplicar el “pensamiento crítico” a ese supuesto “más allá” del marxismo
ortodoxo. Pero, ¿qué tiene de esencialmente distinto el capital
imperialista respecto del que operó en su etapa temprana, como para postular
que estamos ante otra cosa de diferente naturaleza económico-social? ¿Ha cambiado
su principio activo y la mecánica de la acumulación? No. ¿Entonces, qué revisión
del marxismo ortodoxo hay que hacer y que proposiciones políticas estratégicas
centrales hay que cambiar, como para ponerse a postular la necesidad de escribir
un nuevo “Manifiesto”?
Sin explicar nada, Susil Gupta ha procedido tan arbitrariamente
con las categorías económicas y la correlación política entre las clases, como
aquél físico imaginario ante la metamorfosis de la evaporación postulando que
la sustancia química en cuestión es ya otra cosa.
Pero lo más insólitamente contradictorio de su discurso, no
está en que confunda transformación con transubstanciación, sino en que después
de pontificar que el capitalismo y buena parte de la clase obrera han cambiado
de naturaleza, da a entender que trabajos de grupos como el G.P.M. se
han vuelto inútiles porque aplican formas y medios “tradicionales” a una materia
prima económica y social que ya no es la misma de antaño, pero acaba diciendo
compasivamente que esa labor es tan “valiente” como “necesaria”.
Muchas gracias, señor Susil Gupta, pero para salir de nuestra ignorancia nosotros
no necesitamos la piedad cristiana de nadie, sino explicaciones con sólidos
argumentos. Y usted no los aporta.
A todo esto, tampoco sabemos qué pecado mortal pudo haber
cometido Lenin en su teoría sobre el imperialismo, porque nuestro interlocutor
también ha procedido en este asunto como en los demás: limitarse a postular
exigiendo que se le acrediten sus afirmaciones, sin dejar en prenda ninguna
razón valedera de su parte.
11) Respuesta del G.P.M a Leonardo Mir
El compañero parece estar de acuerdo en la importancia práctica
de la teoría del derrumbe cuando dice que:
<<Si bien en el centro del método marxista se halla la
idea que la caída del capitalismo sólo se produciría con la intervención
política y revolucionaria de la clase trabajadora, no es descabellado sostener
que la tendencia "objetiva" al derrumbe es igualmente válida, al menos
en un sentido>> (Op. cit.)
¿Cuál es ese “sentido” en el contexto de lo escrito por Leonardo?:
<<…la desaparición de la plusvalía como consecuencia
de la tecnificación total.>> (Ibíd)
El error de este razonamiento está en el supuesto de que entre
la toma del poder político por el proletariado y la realización del socialismo
no hay solución de continuidad. Esto explica que nuestro interlocutor especule
acerca de si “el laboratorio de la historia” estaría hoy o no en condiciones
de poner a la orden día la necesidad de la revolución, escenario donde parece
que el momento en que las fuerzas productivas dejan sin sentido histórico al
capitalismo al interior de sus propias relaciones de producción, está en una
relación de causa-efecto con la intervención política del proletariado, causa,
a su vez, de la consecuente instauración de las nuevas relaciones de producción
sin plusvalor; es decir, que “la tecnificación total”, la toma del poder por
el proletariado y la realización del socialismo formarían parte del mismo automatismo
sincrónico o simultáneo por medio del cual, las fuerzas productivas se darían
para sí unas nuevas relaciones de producción de tipo socialista.
Ni la realidad del capitalismo ni el Materialismo Histórico
aplicado a esa realidad permiten semejante especulación mecánica entre la economía
y la política. Y es que, como hemos dicho más arriba, la tendencia al derrumbe
no actúa linealmente sino a través de interrupciones violentas bajo la forma
de crisis y guerras, fenómenos a través de los cuales el capital acumulado se
desvaloriza o destruye superando así, momentáneamente, los límites histórico-relativos
que se pone a sí mismo.
Pero a esta realidad descubierta por el “concreto pensado”
de Marx, hay que añadir otra consideración suya complementaria, expuesta en
el capítulo XIII del Libro I y XV del Libro III, y es que “la superación tecnológica”
de que nos habla Leonardo también encuentra su límite en el capital antes del
agotamiento del plusvalor; y esa limitación consiste en que la tecnología punta
solo se vuelve operativa a los fines de la acumulación, si lo que cuesta producirla
es inferior al coste del trabajo necesario o fuerza de trabajo que reemplaza:
<<Como aquél (el capitalista) no paga el
trabajo empleado (la totalidad de la jornada de labor), sino el
valor de la fuerza de trabajo empleada (salario o trabajo necesario),
para él, el uso de la maquinaria está limitado por la diferencia que
existe entre el valor de la misma y el valor de la fuerza de trabajo que reemplaza.>>
(K. Marx: “El Capital” Libro I Cap. III Aptdo. 2)
Pero ya hemos visto que, según avanza el proceso de valorización,
el trabajo necesario disponible que resta por capitalizar, se reduce progresivamente
por efecto del avance tecnológico incorporado al capital fijo. Por tanto, para
transformar una masa cada vez más reducida de trabajo necesario en plusvalor,
se necesita un desarrollo proporcionalmente mayor de la fuerza productiva. Y
cuanto más se reduce el coste de la fuerza de trabajo por efecto del mismo progreso
técnico, la posibilidad real de aplicar innovaciones tecnológicas al proceso
de acumulación se torna cada vez más dificultosa:
<<Aquí, el modo capitalista de producción cae en una nueva
contradicción. Su misión histórica es el desarrollo sin miramientos, impulsado
en progresión geométrica, de la productividad del trabajo humano. Pero se torna
infiel a esa misión, no bien se opone al desarrollo de la productividad, frenándolo,
como sucede en este caso. Con ello demuestra, nuevamente, que se torna decrépito
y que, cada vez más, está sobreviviéndose a sí mismo>>(K. Marx: Op cit.
Libro III Cap. XV Aptdo II)
Según este razonamiento que consideramos científicamente ajustado
a la lógica del capital tanto como a su realidad histórica, la desaparición
del sistema de vida basado en la explotación de trabajo asalariado no tiene
por
premisa material el agotamiento de la plusvalía por efecto
de la tecnificación bajo del capitalismo —como parece opinar Leonardo Mir— sino
el establecimiento de las
nuevas bases materiales o relaciones de producción
dominantes al interior de la
sociedad en transición al socialismo,
bajo
la dictadura democrática del proletariado. Tal es la
mediación
política objetivamente determinada e históricamente necesaria para la
desaparición definitiva del capitalismo, que inexplicablemente Leonardo Mir
olvidó introducir en su texto. Para el concepto de “sociedad de transición”,
ver:
http://www.nodo50.org/gpm/referendumUE/05.htm
y
http://www.nodo50.org/gpm/revpermanente/08.htm
Porque, de no mediar la acción efectivamente revolucionaria
del proletariado para constituirse en clase dominante, la misma lógica objetiva
que tiende al derrumbe del sistema, brinda contradictoriamente a la burguesía
la posibilidad real de sobrevivirse indefinidamente a sí misma a caballo de
la superación de los límites que el capital se pone periódicamente a sí mismo,
mediante la barbarie económico-social que supone la desvalorización masiva de
capital constante y variable durante las crisis, y/o su destrucción física por
medio de la barbarie bélica en las guerras. Para este asunto ver:
http://www.nodo50.org/gpm/cis/17.htm
12) Respuesta del G.P.M. a José Bordes García
Finalmente, respecto de la intervención del señor José Bordes
en este debate, simplemente decir que, en general, nuestros argumentos
coinciden con su línea de pensamiento sobre la cuestión.
Ciertamente, no sólo se trata de dirimir teóricamente la problemática
de la tendencia al derrumbe del capitalismo, sino también de explicar todas
las mediaciones contradictorias por las que discurre y se verifica en la realidad
actual. En tal sentido, es cierto que, por un lado, el intercambio con los países
menos desarrollados de su periferia capitalista, contribuye a amortiguar o enlentecer
el descenso de la tasa de ganancia en los países de la cadena imperialista.
Pero, por otro lado, también es cierto que el acelerado proceso
de acumulación en esa parte del Mundo más desarrollado, llega inevitablemente
a un punto en que la tasa de ganancia no alcanza a compensar todo el capital
disponible para invertirlo productivamente a los fines de capitalizar más plusvalor,
determinando así que un excedente de ese capital adicional expulsado del aparato
productivo, en parte emigre hacia los países de desarrollo dependiente que explotan
trabajo ajeno con salarios más bajos y una tasa de ganancia mayor.
[4] Este es uno de los fenómenos que, junto con la cartelización
de la economía y la fusión entre el capital bancario y el capital industrial,
caracteriza la etapa imperialista del capitalismo también llamada capitalismo
tardío:
<<Lo que caracterizaba al viejo capitalismo ( en su
etapa infantil), en el cual dominaba plenamente la libre competencia, era la
exportación de mercancías. Lo que caracteriza al capitalismo moderno, en el
que impera el monopolio, es la exportación de capital>> V.I. Lenin:
"El imperialismo fase superior del capitalismo" Cap. IV)
De esta lógica del capital resulta que una buena porción del
plusvalor obtenido por el capital metropolitano en los países de menor desarrollo
relativo por medio del comercio y de la inversión directa de plusvalor excedentario,
va a engrosar el fondo de consumo de directivos y accionistas propietarios de
las respectivas empresas multinacionales, así como a comprar la voluntad política
de cierta capa de asalariados y dirigentes sindicales que pasan así a integrar
lo que Lenin llamó “aristocracia obrera”:
<<La exportación de capital da ingresos que se elevan a
ocho o diez mil millones de francos anuales, de acuerdo con los precios de antes
de la guerra y según las estadísticas burguesas de entonces. Naturalmente, ahora
eso representa mucho más.
Es evidente que una superganancia tan
gigantesca (ya que los capitalistas se apropian de ella, además de la que exprimen
a los obreros de su "propio" país) permite corromper a los
dirigentes obreros y a la capa superior de la aristocracia obrera. Los capitalistas
de los países "avanzados" los corrompen, y lo hacen de mil maneras,
directas e indirectas, abiertas y ocultas.
Esta capa de obreros aburguesados o de "aristocracia
obrera", completamente pequeños burgueses en cuanto a su manera de vivir
(sociológicamente hablando), por la cuantía de sus emolumentos y por toda
su mentalidad, es el apoyo principal de la Segunda Internacional, y, hoy día,
el principal apoyo social (no militar) de la burguesía. Pues éstos
son los verdaderos agentes de la burguesía en el seno del movimiento
obrero, los lugartenientes obreros de la clase capitalista (labour lieutenants
of the capitalist class), los verdaderos portadores del reformismo y del chovinismo.
En la guerra civil entre el proletariado y la burguesía se ponen inevitablemente,
en número no despreciable, al lado de la burguesía, al lado de los "versalleses"
contra los "comuneros".>> (V.I. Lenin: El Imperialismo,
fase superior del capitalismo” Prólogo a las ediciones francesa y alemana.
Octubre de 1921)
Pero el resto de esa masa de plusvalor obtenido por las empresas
multinacionales en los suburbios del capitalismo mundial, se queda en esos mismos
países anfitriones para ampliar la escala de la producción de plusvalor en sus
empresas filiales; Y dado que la acumulación no se halla directamente
determinada por la tasa de plusvalía —que es mayor en los países de más alta
productividad— sino por la tasa de ganancia (proporción entre el plusvalor obtenido
y el capital invertido en un determinado período), el caso es que, aun cuando
la masa de capital comprometido es naturalmente mucho más pequeña en las filiales,
sin embargo, dada la mayor tasa de ganancia con que operan en los países de
menor desarrollo relativo, pueden obtener allí una masa bruta de ganancia relativamente
mayor por unidad de capital empleado que en sus “empresas madre”, de lo cual
resulta que el proceso de acumulación es allí más acelerado:
<<Dada la suma de capital (empleado), el gross
amount of profit (importe bruto de la ganancia) dependerá de la tasa
de ganancia.
Por consiguiente, un pequeño capital con una tasa de ganancia
elevada, puede rendir un gross profit (ganancia bruta) mayor que
un capital mayor con una tasa de ganancia baja.>>(K. Marx: “Teorías
sobre la plusvalía” Cap. XVII – 15)
Esto es así, porque en los países capitalistas más añejos,
la tasa de ganancia desciende más rápidamente que el aumento del capital en
funciones.
[5] ¿Por qué? Pues,
porque, allí, la composición orgánica del capital crece más rápido que el capital
acumulado, en tanto y cuanto que el crecimiento de la acumulación depende del
plusvalor obtenido en cada rotación, y éste de la tasa de plusvalor multiplicada
por el número de obreros empleados. Entonces, si en los países de la cadena
imperialista el incremento del capital adicional empleado en salarios disminuye
más de lo que aumenta la parte proporcional invertida en capital constante,
la tendencia es a que el plusvalor se incremente menos de lo que aumenta el
capital invertido. Y dado que la tasa de ganancia es la relación porcentual
entre el plusvalor y el capital invertido, en semejantes condiciones deberá
descender.
Cierto que, aumentando la productividad, esto es, el grado
de explotación de cada trabajador, el capital puede compensar y hasta sobrepujar
el descenso en el incremento del plusvalor por efecto de un menor empleo en
capital variable o salarios. Pero esto solo es posible hasta cierto punto, dado
que el grado de explotación de una misma fuerza de trabajo tiene límites infranqueables
muy férreamente marcados por la naturaleza. En efecto:
<<…Dos obreros que trabajan 12 horas diarias no pueden
producir la misma masa de plusvalor que 24 obreros que solo trabajan 2 horas
cada cual, inclusive si pudiesen vivir del aire, por lo cual, no tendrían que
trabajar en absoluto para sí mismos. Por eso, en este aspecto, la compensación
de la mengua en el número de obreros mediante el incremento en el grado de explotación
del trabajo, encuentra ciertos límites insuperables; por lo tanto, puede ciertamente
obstaculizar la baja de la tasa de ganancia, pero no anularla.
Por consiguiente, con el desarrollo del modo capitalista
de producción disminuye la tasa de ganancia, mientras que su masa aumenta al
aumentar la masa del capital empleado.>> [K. Marx: “El Capital”
Libro III Cap. XV – II)]
El resultado de esto es que, según avanza la acumulación en
los países capitalistas más viejos, sus tasas nacionales de ganancia disminuirán
paulatinamente dado que el capital adicional correspondiente se incrementa o
amplía en progresión descendente respecto del capital invertido. Y aun cuando
la masa de plusvalor producido en las metrópolis siga siendo mayor que la producida
por sus filiales en el exterior menos desarrollado, en general la ampliación
proporcional de capital tenderá históricamente a ser más acelerada en los países
capitalistas periféricos que en los centrales.
Esto es así, porque una parte cada vez mayor de la masa de
plusvalor o ganancia bruta producida en los países más desarrollados —que no
es compensada por sus respectivas tasas de ganancia en descenso— va a engrosar
el capital productivo de los países capitalistas menos desarrollados del sistema,
dotándoles sin remedio con los más modernos medios y métodos de producción según
recrudece la competencia mundial por la conquista de estos mercados de inversión
productiva.
Esta es la natural consecuencia de la lógica del capital que
Marx pudo comprobar en vida como un fenómeno todavía episódico, pero que previó
como una “causa contrarrestante” típica en un futuro generalizada y permanente,
frente a la tendencia decreciente de la tasa de ganancia. Esa generalización
futura insinuó hacerse presente en la década de los años veinte, hasta el punto
de que en 1928 pudo ser prevista por teóricos de la economía política nada sospechosos
de marxistas, como Bernhard Harms, cuando advirtió que los EE.UU. se acercaban
al límite absoluto de la acumulación sin poder evitarlo, y que muy pronto este
gran país se sumaría a la vieja Europa como un serio competidor en la provisión
de capital productivo a los países capitalistas menos desarrollados del Mundo:
<<Se debe calcular que no está lejos el momento en que
los Estados Unidos de Norteamérica se presenten como proveedores de medios de
producción en gran escala. Las conocidas investigaciones del Informe Balfour
y las discusiones en la última “Imperial Conference”, aportaron un instructivo material para esta suposición>> (Bernhard
Harms: “Wandlungen in der welthwirchtschaflischen Stellung Europas” (Cambios
en la situación político-económica de Europa) Citado por Henryk Grossmann: “La
Ley de la acumulación y del derrumbe del sistema capitalista”. Cap. 3 B
III d)
Como es sabido, este proceso fue interrumpido por la crisis
de 1929 y acabó siendo sepultado bajo los escombros y la sangre derramada de
30 millones de seres humanos durante la Segunda Guerra Mundial.
Pero tras la formidable expansión que siguió al período de
recuperación de la inmediata post guerra, esta tendencia a la sobresaturación
de capital volvió a confirmarse empíricamente a escala planetaria desde que
la Reserva Federal de los EE.UU. debió decretar en 1971 la inconvertibilidad
del dólar, haciéndose espectacularmente notoria en las elevadas tasas de crecimiento
sostenido registradas desde la década de los años ochenta por los países de
sudeste asiático, más China y la India.
La tendencia al derrumbe, que ha venido atravesando el proceso
de acumulación capitalista desde su etapa más temprana, sigue ahora palpitando
bajo la nueva evidencia histórica de la internacionalización del capital imperialista
llamada “globalización”, que ha acabado arrojando al basurero de la historia
todas las teorías del antiimperialismo pequeño burgués, sustentadas en la presunta
propensión del capital imperialista, a perpetuar el subdesarrollo relativo en
su periferia.
Esto es lo que pareció confirmarse por el capitalismo de los
países centrales, cuyo proceso de acumulación no había alcanzado aun el punto
de sobresaturación. Una realidad transitoria que las resoluciones del VIº Congreso
de la Internacional stalinista presentaron —precisamente a fines de 1928— como
permanente. Estas resoluciones se fundaron en dos premisas: la primera, que
el capitalismo imperialista había formado un bloque estratégico de poder con
las oligarquías terratenientes y las burguesías compradoras de los países económicamente
dependientes, que impedían el necesario desarrollo económico en esta parte del
Mundo; la segunda, que como consecuencia de ese atraso económico del capitalismo,
el proletariado tampoco se podía desarrollar socialmente, y en tanto seguía
supuestamente siendo una minoría social, no estaba en condiciones de constituirse
en clase dominante como garantía de estabilidad del cambio revolucionario.
Había que pasar, pues, por una etapa previa de liberación
nacional formando una alianza “táctica” con la pequeña y mediana burguesías
“progresistas”, con arreglo a la posterior estrategia de lucha por la liberación
social del proletariado, sólo cuando la burguesía progresista hubiera completado
la necesaria etapa de desarrollo económico que pusiera al proletariado de esos
países en condiciones de proceder a su liberación social implantando la sociedad
de transición al socialismo.
Todos los representantes “neomarxistas” que impulsan la “corriente
radical de la teoría de la dependencia” —y que proliferaron entre las décadas
de los cincuenta y noventa— abonaron y siguen abonando de una manera u otra
estas tesis del VIº Congreso stalinista, desde Paul Baran en “La economía
política del crecimiento” (1957), hasta Samir Amin en: “El fracaso del
desarrollo en África y en el tercer mundo: un análisis político” (1994),
pasando por Ernest Mandel: “Tratado de Economía Marxista” (1962),
André Gunder Frank en: “Capitalismo y subdesarrollo en América Latina” (1965),
Arghiri Emmanuel: “Imperialismo y comercio internacional: el intercambio
desigual” (1971), Inmanuel Wallerstein: “El Moderno sistema-Mundo” (1974)
Maurice Dobb: “Capitalismo, Crecimiento Económico y Subdesarrollo” (1975),
por no citar más que a los más relevantes, casi todos ellos asiduos colaboradores
de la “Monthly Review Press” creada y financiada por Paul M. Sweezy a
fines de los cuarenta.
De entre estos teóricos hay quienes sostienen que la multinacionalidad
del capital es tan vieja como la empresa de la Indias Orientales creada en 1602,
a la que no diferencian de cualquier filial que opera hoy por cuenta de su correspondiente
empresa matriz en Europa, EE.UU., Japón o Korea del Sur, pero al mismo tiempo
afirman que el atraso secular del capitalismo periférico está inducido por el
capitalismo imperialista del centro, como si ambos capitalismos fueran dos cosas
distintas, uno malo y el otro bueno, tal como trataba Proudhon a la propiedad
privada de su tiempo y a las categorías económicas en general.
En realidad, es al revés, el capital imperialista y el capital
dependiente son partes esencialmente constitutivas de una misma totalidad orgánica,
aunque el metabolismo del capital imperialista —determinado por el desarrollo
de la fuerza social productiva— en su fase tardía, se haya vuelto mucho más
rápido y la masa de su capital acumulado enormemente mayor que en su fase temprana,
lo cual permite distinguir perfectamente entre los efectos funcionales de una
empresa comercial como Las Indias Orientales Holandesas en el siglo XVII y una
filial cualquiera del capital financiero imperialista operando quinientos años
después sobre el trabajo explotado en los suburbios del sistema capitalista
globalizado.
Citando la obra de Sartorius Von Walterhausen: “Das Wolkswirtschaftiche”,
Henryk Grossmann reporta que, a mediados del siglo XVII Holanda había evolucionado
desde su etapa medieval con economía agraria y pesquera, hacia un capitalismo
incipiente manufacturero y comercial de primer rango: Contando con una importante
industria astillera y una próspera manufactura de lino y lana fundada en una
técnica perfeccionada, en aquella estructura económica jugaba un papel importante
el molino de viento, que serraba la madera, molía el grano exprimía la aceituna,
molía el tabaco y producía el papel. Tejedores de lana, lino y seda, fabricantes
de papel y de sombreros se establecían en Leiden, Haarlem y Dordrecht. Tal fue
la plataforma sobre la que se lanzó al Mundo “La empresa holandesa de las
Indias Orientales”.
Pero los Países Bajos abarcaban un territorio pequeño con
una base poblacional explotable también reducida como para poder emplear productivamente
todo el capital acumulado. Así fue como el capital productivo excedentario y
una tasa de interés nacional a la baja por exceso de capital prestable, indujo
a que buena parte de la burguesía holandesa empezara a vivir de las rentas dinerarias
y la especulación con fondos líquidos invertidos en otros países de Europa:
<<Una gran riqueza heredada (…) crecientes dificultades
para hacer funcionar en el propio país a los capitales disponibles (por
falta de base poblacional explotable). En los años florecientes de Holanda
allí era la regla depositar el capital dinerario sólo en las empresas locales.
Pero así este capital quedaba sin rendir frutos en el mercado,
reduciendo la tasa de interés, hasta que fue recogido por los extranjeros.>>
(Sartorius Von Walterhausen: Op. cit. Lo entre paréntesis nuestro)
<<Ya a comienzos del siglo XVIII las manufacturas holandesas
fueron ampliamente sobrepujadas y el país dejó de ser la nación industrial y
comercial dominante. Uno de sus negocios principales, entre 1701 y 1776, fue
el préstamo de enormes capitales, especialmente a su poderosa competidora, Inglaterra.>>
(K. Marx: “El Capital” Libro I Cap. XXIV Aptdo. 6)
Por otra parte, dado el lento desarrollo de las fuerzas productivas
con una tasa de ganancia que no parecía poner límites a la acumulación, el capital
de la industria urbana en aquella época, crecía más en extensión que en intensidad,
es decir, que la composición orgánica del capital aumentaba muy lentamente con
una técnica casi invariable, mientras que en el agro permanecía como en la edad
media tardía, al tiempo que la oferta de capital necesario para ampliar la escala
de la producción, encontraba su demanda efectiva en la expansión de unas relaciones
sociales capitalistas que todavía no se habían apoderado de toda la población
explotable. En tales condiciones, el capital adicional que empresas como la
de las Indias Orientales Holandesas o la de las Indias Occidentales Inglesas
empleaban en las plantaciones de sus colonias, no sólo fijaban el atraso de
las fuerzas productivas que allí explotaban, sino que para ello se valían de
relaciones de producción precapitalistas cuyo trabajo excedente capitalizaban
bajo la forma de plusvalor en las metrópolis.
Hoy día el capitalismo no ha cambiado un ápice de naturaleza
social. Pero el proceso de acumulación a caballo del enorme avance experimentado
por las fuerzas sociales productivas en incesante desarrollo, ha provocado la
sobresaturación permanente de capital en todas las metrópolis imperialistas.
Este excedente de capital adicional que presiona la tasa de ganancia media a
la baja, es la causa del lento crecimiento capitalista en la parte más desarrollada
del Planeta. De hecho, los aparatos productivos de EE.UU. y Europa operan actualmente
al 60-70% de su capacidad instalada, y esto induce a que su sector económico
productor de medios de producción tienda a satisfacer la demanda de esos medios
de trabajo por parte de países capitalistas “emergentes” y de desarrollo medio
en el Mundo.
Tal es la base material o económica del más moderno fenómeno
de la transnacionalidad del capital imperialista, caracterizado por el recrudecimiento
de la competencia entre los oligopolios mundiales para la exportación de capital
fijo a través del establecimiento de sus respectivas filiales en los países
económicamente dependientes, que así deviene en capital de alta tecnología.
Y lo que este proceso ha podido verificar, es que prácticamente no quedan empresas
de capitales medios autóctonos en cualquier sector económico de los países relativamente
menos desarrollados, que no hayan acabado fusionándose con las distintas filiales
del capital imperialista operantes allí, o convertidas en subsidiarias cautivas
suyas, como sucede en numerosos países dependientes con la industria de las
“autopartes”.
Este razonamiento presidido por la Ley de la tendencia objetiva al derrumbe del sistema
de vida burgués —confirmado por la “realidad actual” del capitalismo— permite
distinguir perfectamente entre la transnacionalidad del capital en su etapa
temprana o infantil, y la transnacionalidad de ese mismo capital
en su etapa tardía o postrera del proceso de acumulación, es decir como distinción
formal de una idéntica realidad esencial, como una metamorfosis del
capital producto de un cambio cualitativo en su estado físico
u organización, cuando éste alcanza determinada masa ya acumulada, inducido
a ello por la fuerza productiva del trabajo social una vez alcanzado cierto
grado de desarrollo.
Ni más ni menos que como la física distingue entre los estados
sólido, líquido y gaseoso de ciertas sustancias químicas, entendidos como cambios
cualitativos, es decir, cambios en su forma de manifestación
según el grado de temperatura al que son sometidas, sin que por
ello cambie su naturaleza constitutiva que sigue siendo la misma.
Este razonamiento científico borra la falsa dicotomía de naturaleza
entre burguesía expoliadora “mala” y burguesía expoliada “buena”, demostrando
que ambas categorías sociales se basan en el mismo principio activo explotador
de trabajo ajeno para los fines de la acumulación; y que más allá de haber
contribuido en condiciones históricas excepcionales a completar la formación
de sus respectivos mercados capitalistas nacionales periféricos, el pretendido
proyecto político antiimperialista pequeñoburgués de desarrollo autosostenido
del capital autóctono en esos países dependientes, carece por completo de
base económica de sustentación y, por tanto, no puede sino acabar siendo arrojado
al basurero de la historia por sus explotados, en alianza estratégica con
los explotados por la gran burguesía imperialista.
14) Aclaraciones de Leonardo Mir
Compañeros, creo que tal vez mi intervención no haya sido muy afortunada,
por lo que intentare ser un poco más claro y explícito esta vez.
Susil Gupta escribió
que, “La clase obrera de la mayoría de los países avanzados es hoy una clase
reaccionaria y degenerada. Es enemiga de la democracia, el socialismo y
el Marxismo y de la clase obrera internacional”. Y por este camino, Susil Gupta se dirigía directamente
a cuestionar al “marxismo ortodoxo” -que el GPM tan honrosamente levanta-,
proponiendo que “hace falta ir más allá”.
Con mi respuesta a Susil Gupta pretendí desestimar tal cuestionamiento al marxismo
-es decir, a la ciencia social-, implícito en su intervención en la que
–particularmente- cuestiona a la clase obrera europea, pero –creí yo- apuntando
-en general- hacia el marxismo. Y creí oportuno -tal vez por cuestiones
de brevedad- hacerlo sin entrar a polemizar punto por punto en su posición,
sino desde un punto de vista mucho más general, dejando de lado la cuestión,
necesaria, pero secundaria en orden de prelación, de la intervención del
sujeto revolucionario.
Lo que intenté decir, es que, -como hipótesis abreviada de trabajo- aún
cuando el sujeto revolucionario faltara a la cita (o se retardara sería
más exacto decir), el derrumbe económico se habría de producir igual (lo
cual reconozco como inexacto) , más tarde o más
temprano, y –anexamente- traté de precisar este momento haciéndolo coincidir
aproximadamente con aquél en que la plusvalía “tendiera” a desaparecer
(con lo cual introduje un sesgo mecanicista, lo reconozco).
Como se darán cuenta, esta hipótesis no plantea ni siquiera la cuestión
“del interregno entre la toma del poder y la realización del socialismo”,
ya que no hay tal toma del poder en esa hipótesis de trabajo. Lo que quiero
venir a decir es que más allá de las vicisitudes históricas, el cambio de
sistema se ha de producir de todas maneras, considerando que esta es la
esencia última de la ciencia social (el marxismo), que el capitalismo no
es un sistema que “se sale” del tiempo, constituyéndose en lo más alto como
sistema que al hombre le está dado alcanzar, sino que es un mero paso en
el camino, y que, sea como sea, aunque no nos sea posible descubrir exactamente
de que modo ha de ser superado, irremediablemente demostrará ser lo
que es, es decir, un mero producto histórico. Indubitablemente, dentro de
ese “exactamente de que modo” ha de inscribirse al factor subjetivo que
he dejado ausente (dando lugar a vuestra intervención) en mi apresurada
respuesta a Gupta.
De más está decir que, si yo me salteo por completo el interregno entre
la toma del poder y el socialismo, mal podría suponerse que yo avale alguna
relación causa-efecto mecánica entre la intervención política del proletariado
y “el momento en que las fuerzas productivas dejan sin sentido histórico
al capitalismo al interior de sus propias relaciones de producción”. No
pretendo plantear –aunque vuelvo a reconocer que he dejado esa impresión-
ningún “automatismo sincrónico” sino que sencillamente no me adentré en
la cuestión de las vicisitudes del cambio, cuestión en la que ustedes son
muchísimo más versados que yo y han hecho las aclaraciones necesarias.
“la tendencia al derrumbe no actúa linealmente sino a
través de interrupciones violentas bajo la forma de crisis y guerras, fenómenos
a través de los cuales el capital acumulado se desvaloriza o destruye superando
así, momentáneamente, los límites histórico-relativos que se pone a sí mismo.
>> (Op. cit.)
E inmediatamente ustedes también señalan,
Pero a esta realidad descubierta por el “concreto pensado”
de Marx, hay que añadir otra consideración suya complementaria, expuesta
en el capítulo XIII del Libro I y XV del Libro III, y es que “la superación
tecnológica” de que nos habla Leonardo también encuentra su límite en el
capital antes del agotamiento del plusvalor; y esa limitación consiste en
que la tecnología punta solo se vuelve operativa a los fines de la acumulación,
si lo que cuesta producirla es inferior al coste del trabajo necesario o
fuerza de trabajo que reemplaza: (Ibíd)
Obsérvese que yo había escrito, “Lo que sucederá, probablemente, es que
la cantidad se transformará en cantidad un poco antes del punto de tecnificación
absoluta con lo que quise poner de manifiesto, tácitamente, que el proceso
no habría de ser puramente mecánico sino que –aunque Susil
Gupta y otros criticaran el papel jugado por la
clase obrera- mas tarde o mas temprano esta –la clase obrera- estaría “obligada
necesariamente” a entrar al juego, por lo cual, y para concluir termino
dándoles enteramente la razón cuando señalan,
Porque, de no
mediar la acción efectivamente revolucionaria del proletariado para constituirse
en clase dominante, la misma lógica objetiva que tiende al derrumbe del
sistema, brinda contradictoriamente a la burguesía la posibilidad real de
sobrevivirse indefinidamente a sí misma a caballo de la superación de los
límites que el capital se pone periódicamente a sí mismo, mediante la barbarie
económico-social que supone la desvalorización masiva de capital constante
y variable durante las crisis, y/o su destrucción física por medio de la
barbarie bélica en las guerras. (Ibíd).
y también aquí,
la desaparición del sistema de vida basado en la explotación
de trabajo asalariado no tiene por premisa material el agotamiento
de la plusvalía por efecto de la tecnificación bajo del capitalismo —como
parece opinar Leonardo Mir— sino el establecimiento
de las nuevas bases materiales o relaciones de producción dominantes
al interior de la sociedad en transición al socialismo, bajo
la dictadura democrática del proletariado. Tal es la mediación
política objetivamente determinada e históricamente necesaria para
la desaparición definitiva del capitalismo, que inexplicablemente Leonardo
Mir olvidó introducir en su texto. (Ibíd)
Tal vez la fe en la clase obrera que a Susil
Gupta la falte, a mi me sobra. Y entiéndase por
favor que cuando escribo "fe" no me refiero al concepto corriente
de "fe ciega", sino de fe fundamentada en la ciencia social. Espero
haber salvado mis olvidos anteriores y haber aclarado mi pensamiento. De
no ser así, aguardo vuestras siempre oportunas aclaraciones.
Cordiales saludos.
Leonardo Mir

éste
y el resto de nuestros documentos en otros formatos
grupo
de propaganda marxista
http://www.nodo50.org/gpm
e-mail: gpm@nodo50.org
[1] Cuando
el instituto alemán
“Marx Engels Werke” acabó de recopilar los textos
de Marx correspondientes a la década de los cincuenta del siglo XIX, publicó
esta obra bajo el título de
“Grundrisse” vocablo alemán que significa
“Fundamentos”. Y según los editores de la versión castellana publicada
por Grijalbo/77, el
MEW así lo hizo porque esta es una de las palabras
que Marx utilizó en una de las cartas a Engels de ese período, concretamente
la del 8 de diciembre de 1857 (MEW 29, 225) “
para definir
el contenido del manuscrito principal”. La editora dice que “También
pudo haber sido titulado
Grundzüge(Rasgos Fundamentales) ya que Marx
utiliza esta palabra para definir el contenido de dicho manuscrito en dos ocasiones,
cartas a Engels del 18 de diciembre de 1857 y a Lassalle del 21 del mismo mes
y año, MEW 29, 232 y 548).
[2] Por “depauperación” hay que entender aquí el
empobrecimiento
relativo y no absoluto (descenso del nivel de vida) del proletariado.
Es decir, que Guerrero considera la relación social entre el salario real y
el plusvalor, relación que expresa la participación de los asalariados en el
producto del trabajo social.
[3] Esta
ruptura, que coadyuva a la toma del poder, no tiene por qué ser sin embargo
irreversible. Y es que una cosa es la lucha del proletariado revolucionario
por la toma del poder y otra la lucha por la realización del socialismo. Y en
el curso de esta lucha, en tanto y cuanto la clase enemiga sigue subsistiendo,
incluso en la conciencia retardada de masas significativas del proletariado
no revolucionario, la burguesía tiene, todavía, la posibilidad real de dar vuelta
a la situación.
[4] A este
asunto ya nos hemos referido más arriba con un ejemplo del propio Marx.
[5] Por ejemplo, un capital de 500 a una tasa de ganancia
del 10% rinde una masa de ganancia de 50. Pero si este capital se multiplica
por seis mientras su tasa de ganancia se divide por diez reduciéndose al 1%,
el nuevo capital de 3.000 rendirá una ganancia bruta de sólo 30.