9) Respuesta del G.P.M. a Rolando Astarita
Entonces, si con Marx se habla de la necesidad del socialismo, si se acepta que el Materialismo Histórico es la ciencia que desvela esa necesidad y que, por tanto, sin ciencia social aplicada a la lucha de clases no hay posibilidad de socialismo, entonces no se puede acordar con Rolando Astarita, en eso de que “Marx nunca planteó que exista una teoría del derrumbe”.
Aunque no la denominó así como se la llegó a conocer —como teoría del derrumbe— Marx no sólo planteó expresamente esta teoría, sino que existe y funge como la consecuencia mecánica del principio activo desplegado por el capital, consistente en desarrollar la fuerza productiva que le permita apoderarse de la mayor cantidad posible de trabajo necesario, para convertirla en excedente a fin acumular una creciente proporción relativamente mayor en capital constante, en detrimento del capital variable o trabajo vivo, único factor éste productor de plusvalor. La negación de la negación del capitalismo no podría ser una posibilidad real del proletariado, si no existiera como necesidad económica al interior mismo del capital, como una tendencia propia de su proceso de acumulación.
De no ser así sería cuestión de concluir:
a) que Marx escribió el pasaje de sus “Grundrisse” donde expuso esta teoría, por puro divertimento intelectual;
b) que no es un “concreto pensado” y que
c) poco o nada tiene que ver con el devenir histórico real del capitalismo.
   Pero, en ese caso, una de dos, o se niega también la ley de la tendencia decreciente de la tasa de ganancia y, con ella, la necesidad histórica objetiva del socialismo, o se demuestra que en el fundamento de esta ley no palpita la teoría de la tendencia al derrumbe tal como Marx la dejó expuesta.  
Nosotros afirmamos que la tendencia al derrumbe es un concreto pensado que permite explicar la ley de la tendencia decreciente de la tasa de ganancia y se verifica en ella como fundamento de la lucha por el socialismo. Y, en efecto, siguiendo el razonamiento desarrollado en el pasaje ya citado de sus “Grundrisse” o “Líneas fundamentales”, Marx llega a la conclusión de que, dada la extensión de la jornada laboral colectiva, cuanto mayor sea el plusvalor relativo ya capitalizado antes de un nuevo aumento de la fuerza productiva, o cuanto menor sea ya la fracción restante de la jornada laboral colectiva que corresponde a la producción de los medios de vida de los asalariados o trabajo necesario, tanto menor será el aumento del plusvalor que el capital obtenga de un nuevo aumento de la fuerza productiva, o tanto mayor deberá ser el desarrollo de la fuerza productiva para transformar una cada vez menor proporción restante de trabajo necesario en excedente para los fines de la acumulación. El plusvalor aumenta, pero en proporción progresivamente decreciente respecto de la mayor eficacia productiva creciente del trabajo (determinada por una también creciente composición orgánica del capital):
<<Es decir, que cuanto más desarrollado está ya el capital, cuanto más plustrabajo ha creado ya (y más plusvalor ha capitalizado), tanto más formidablemente tiene que desarrollar la fuerza productiva, para valorizarse en una pequeña porción, es decir, para aumentar la plusvalía, ya que su límite continúa siendo siempre la relación entre el día de trabajo que expresa el trabajo necesario y el día de trabajo completo. Únicamente dentro de este límite (o posibilidad real de capitalizar plusvalor relativo) puede moverse el capital.>> (K. Marx: “Grundrisse” Op. cit.)     
De aquí se desprende, lógicamente, que: según progresa la fuerza social productiva del trabajo, cuanto menor sea ya la fracción de la jornada de labor —en el numerador de la relación— que corresponde al tiempo en que los asalariados producen sus medios de vida y, por tanto, mayor la parte de esa jornada que los capitalistas ya se han apropiado y acumulado bajo la forma de plusvalor —en el denominador de la relación—, tanto menos puede la burguesía seguir reduciendo sensiblemente el trabajo necesario restante para convertirlo en plusvalor aumentando la fuerza productiva, dado que el denominador ha crecido más que el numerador, por lo que la posibilidad real de que el capital se autovalorice convirtiendo trabajo necesario en excedente, se torna cada vez más difícil según sucesivas porciones de trabajo necesario se convierten en plusvalor o capital adicional valorizado. Y llevada hasta sus últimas consecuencias, la  lógica de esta “abstracción matemática determinada” por la naturaleza del capital, llega a un punto en que:
<<El aumento de las fuerzas productivas se convertiría en algo indiferente para el capital; la valorización misma sería indiferente, ya que sus proporciones (de plusvalor relativo para los fines de la acumulación) han devenido mínimas; de esta forma él habría dejado de ser capital. Si el trabajo necesario (respecto del plusvalor) fuera 1/1.000 y la fuerza productiva se multiplicara por tres, el trabajo necesario descendería 1/3.000 y el plusvalor aumentaría solo 2/3.000. Esto no ocurre porque haya aumentado el salario o la participación del trabajo en el producto, sino porque el salario ha disminuido ya enormemente, considerado en relación con el producto del trabajo o con el día de trabajo vivo.>> (Ibíd)
Y si al capital le resulta indiferente producir plusvalor, es porque ha decidido hacer mutis por el foro para no volver a escena en el teatro de la historia jamás. A continuación de este pasaje Marx aclara que todo lo dicho a este nivel de abstracción sólo tiene valor en cuanto a los efectos del desarrollo de la fuerza productiva del trabajo sobre la relación entre el salario y el plusvalor; y aun cuando en su método de aproximaciones sucesivas a la realidad anticipa la introducción de “nuevas relaciones” que “la modificarán notablemente”, sin embargo sostiene que:
<<…La totalidad (de esta exposición, incluidas las modificaciones) en la medida en que se mantiene a nivel de esta generalidad (determinante), pertenece, en principio a la teoría del beneficio>> (Ibíd. Lo entre paréntesis nuestro)
Henrik Grossmann escribió y dio a conocer su obra sobre la “Ley del derrumbe” en 1929, cuando los “Grundrisse” no habían sido todavía publicados (la primera edición alemana data de 1939). Por eso es que en su capítulo I dice que “la tendencia al derrumbe no fue demostrada por Marx expresis verbis”, lo cual realza el valor político y el mérito de su pensamiento. Porque a la luz de esas “Líneas fundamentales” de Marx,  no resulta difícil comprender el vínculo racional entre la tendencia al derrumbe y la “Ley de la baja tendencial de la tasa de ganancia”, de la cual el mismo Marx ha dicho en los mismos Grundrisse” que:
  <<Esta ley es, en todo respecto la ley más importante de la moderna economía políti­ca (...) que pese a su simplicidad, hasta ahora nunca ha sido comprendida y, menos aún, explicada (...) Es, desde el punto de vista histórico la ley más importante….>> (K.Marx: "Elementos Fundamentales para la Crítica de la Economía Política" (Grundrisse) l857/l858 Ed.Siglo XXI México /l977 Pp. 634. Subrayado nuestro).  
¿Y qué es lo que explica esta ley o dónde está su fundamento, si no en la tendencia objetiva al derrumbe del capitalismo tal como la acabamos de resumir en palabras del propio Marx? En suma, que la teoría del derrumbe tal como Marx la describió en los “Grundrisse” no se verifica sino a través de la ley de la tendencia decreciente de la tasa de ganancia, de la cual es, sin duda, su fundamento.
Si para Marx el motor de la historia es la lucha de clases, y al ponderar esta Ley de la caída tendencial de la tasa de ganancia —como la más importante de la economía política moderna— lo hace expresamente "desde el punto de vista histórico", está claro que el principio mecánico activo de ese motor, está en la tenden­cia al derrumbe económico del sistema, del mismo modo que el principio activo del motor a explosión está en la segunda ley física de la termodinámica. Más adelante, en el mismo pasaje, anticipa las consecuencias histórico-políticas de esta ley:
<<A partir de cierto momento, el desenvolvimiento de las fuerzas productivas se vuelve un obstáculo para el capital; por tanto, la relación del capital se torna en una barrera para el desarrollo de las fuerzas productivas del traba­jo. El capital, es decir, el trabajo asalariado, llegado a este punto entra en la misma relación con el desarrollo de la  riqueza social y de las fuerzas productivas que el sistema corporativo la servidumbre de la gleba y la esclavitud, y, en su calidad de traba, se la elimina necesariamente ...Las condiciones materiales y espirituales para la negación del trabajo  asalariado  y del capital, las cuales son ya la negación de formas  precedentes de la producción social que no es libre, son a su vez resultados del proceso de producción característico del capital. En agudas contradicciones, crisis, convulsiones, se expresa la cre­ciente  inadecuación del desarrollo productivo de la sociedad a sus relaciones de producción hasta hoy vigentes. La violenta aniquilación del capital, no por circunstancias ajenas al mismo, sino como condición de su autoconservación, es la forma más con­tundente en que se le da el consejo de que se vaya y deje lugar a un estadio  superior  de  producción  social...>> (K.Marx:: Op. Cit. Pp. 635/36. El subrayado nuestro).
Y en "El Capital," vuelve sobre este pronóstico de  derrumbe que entiende como el resultado lógico de las leyes de la acumulación: 
<<La centralización  de los medios de producción y la socialización del trabajo alcanzan un punto en que son incompatibles con su corteza capitalista. Se la hace saltar. Suena la hora postrera de la propiedad privada capitalista. Los expropiadores son expropiados (...) la negación de la producción capitalista se produce por si misma, con la necesidad de un  proceso  natural>> (K. Marx: Op. Cit. Libro I Cap. XXIV Punto 7).
Es decir, que la negación económica del capitalismo se produce por determinación de sus leyes económicas inmanentes antes de que las masas explotadas encargadas de hacer posible la negación política de esa negación económica, sean conscientes de su tarea histórica. Pero como señala muy acertadamente Rosa Luxemburgo, el arte de hacer posible lo necesario pasa por quienes encarnen la teoría crítica, o sea la vanguardia revolucionaria, antes de la acción decisiva de las masas que den al traste con el sistema. Antes quiere decir cuando las masas están en otra cosa sin ver más allá de los propios límites del capitalismo a los que la burguesía les tiene familiarizadas. Y la práctica de ese arte político depende de la “exacta concepción” que esos autoproclamados agentes de la revolución, demuestren en su propaganda, así como de su firme, inteligente y tenaz determinación de trasmitirla, sobreponiéndose a todas las presiones sociales y hasta personales de quienes les someten al sutil chantaje en nombre de la amistad amenazándoles con el aislamiento. Por eso es que en el epígrafe de nuestra página nosotros anunciamos que “solo estamos dispuestos a trabajar con quienes sientan más horror al vació teórico en sus conciencias que al vació social en torno suyo”.    

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