CRISIS CAPITALISTAS Y EDUCACIÓN POLÍTICA TRADICIONAL DE LA VANGUARDIA OBRERA

<< - Padre, ¿por qué no encendemos la estufa? Tengo frío.
- Es que no tenemos carbón. Hijo mío.
- ¿Y por qué no tenemos carbón?
- Porque hay demasiado carbón. >> 

Así explicaba la situación a su hijo un minero militante del PC polaco en medio de la crisis capitalista de los años treinta. Según le habían enseñado en el partido y así él mismo lo percibía, había demasiado carbón sin vender porque los capitalistas, movidos por su ambición, sólo se preocupan de producir para incrementar sus ganancias sin tener en cuenta el consumo de las masas trabajadoras, producen demasiado y luego se quedan sin vender esos excedentes, no pudiendo reanudar la producción.

Esta es la idea que sobre las crisis del capitalismo ha venido predominando en la militancia comunista de base en todas las latitudes del planeta durante los últimos cincuenta años, pensamiento compartido por diversas corrientes reformistas de cuño stalinista y sus acólitos nacional-populistas predominantes en el movimiento obrero mundial. Un ejemplo de esta tradición ideológica se observa, por ejemplo, en el Manual de Economía Política, del teórico y divulgador soviético P. Nikitin , quien allí define las crisis del capitalismo por…

<<…El afán de ganancia (que) obliga a cada capitalista a acumular, a ampliar la producción, a perfeccionar la técnica , a emplear nuevas máquinas, a contratar más obreros y a producir más mercancías. Pero el afán de ampliar ilimitadamente la producción no se ve respaldado por la correspondiente ampliación del consumo. Es más, el deseo de lograr el máximo de ganancia impulsa al capitalista a bajar los salarios y a aumentar el grado de explotación. Pero el aumento de la explotación y la depauperación de los trabajadores, significan la reducción relativa de la demanda solvente, la reducción de las posibilidades de venta de las mercancías, y lleva a las crisis económicas de superproducción…>>
(P. Nikitin: op. cit. cap. 5 Ed. "Akal"/1985 Pp. 155)  

Para miles de intelectuales medios y militantes contestatarios en el mundo entero durante los últimos veinte años, Marta Harnecker pasa por ser la más fiel y didáctica expositora del pensamiento marxista. La quincuagésima edición en lengua castellana de su obra: "Los Conceptos Elementales del Materialismo Histórico" , así parece indicarlo. En el capítulo III de ese libro volvemos a encontrarnos con el lugar común de que las crisis capitalistas se producen a raíz de la inadecuación de la producción al consumo de los trabajadores:

<< El capitalismo tiende a producir cada vez más bienes, pero para sobrevivir debe pagar bajos salarios. Y estos bajos salarios crean una demanda limitada de productos . Ésta es una contradicción que no tiene salida dentro del marco capitalista., y tiende a provocar crisis periódicas de sobreproducción (…) Y ¿qué repercusión tiene esto sobre los trabajadores? Se produce el paro forzoso, el hambre, la miseria. Y todo ello no porque escaseen las mercancías, sino precisamente porque se han producido en exceso, sin planificación..>> (op. cit. Edición Siglo XXI/1985)

Humberto Pérez es autor del libro "Economía política del capitalismo" publicado por la editorial "ciencias sociales" de La Habana en 1985. Según reportan los editores en una "nota sobre el autor", este hombre se desempeñó durante varios años como profesor de economía política en la Escuela Nacional del Partido y en el primer congreso del Partido Comunista de Cuba fue elegido miembro de su comité central. Con estos antecedentes es razonable pensar que Humberto Pérez expresa la línea del P.C.C. sobre este trascendente problema teórico. En el segundo volumen de su obra, refiriéndose a las "causas de las crisis", Pérez reproduce el mismo pensamiento que aquél militante comunista polaco inculcó a su hijo durante la crisis de los años treinta en Polonia:

<<Los capitalistas producen sin tener como meta el consumo sino las ganancias. Las fuerzas productivas no son utilizadas más allá del punto en que la plusvalía no sólo pueda ser producida, sino también realizada. La medida de la acumulación y la producción la da la posibilidad de enriquecimiento de los capitalistas y no el consumo que es de por sí limitado, puesto que la mayoría de la población consumidora está integrada por obreros y otros trabajadores que amplían su consumo dentro de marcos muy estrechos>>

Si de verdad las crisis obedecieran al egoísmo incontrolado de los capitalistas que en su avidez de ganancias desvinculan la producción del consumo de mercancías, el problema podría solucionarse como vienen preconizando en todo el mundo formaciones políticas como I.U. en España, al insistir en su estrategia de conciliar el artículo 33 de la Constitución española que consagra la propiedad privada capitalista, con el 131 que habla de la planificación económica. Se trata simplemente de aplacar o contener, la "avidez" de algunos malos granburgueses, conciliando por vía democrático parlamentaria una ganancia capitalista moderada con las necesidades de los trabajadores. (1)A todos estos representantes de la teoría subconsumista de las crisis -originaria del economista pequeñoburgués Rdbbertus- que dicen hablar en nombre del marxismo, Marx les llamaba "caballeros del ‘sencillo’ sentido común":

<<decir que las crisis provienen de la falta de un consumo en condiciones de pagar, de la carencia de consumidores solventes, es incurrir en una tautología cabal. El sistema capitalista no conoce otros tipos de consumidores que los que pueden pagar, exceptuando el consumo sub forma pauperis (propio de los indigentes) o el del "pillo". Que las mercancías sean invendibles significa únicamente que no se han encontrado compradores capaces de pagar por ellas, y por tanto consumidores (ya que las mercancías, en última instancia, se compran con vistas al consumo productivo o individual. Pero si se quiere dar a esta tautología una apariencia de fundamentación profunda diciendo que la clase obrera recibe una parte demasiado exigua de su propio producto, y que por ende el mal se remediaría no bien recibiera una fracción mayor de dicho producto, no bien aumentara su salario, pues, bastará con observar que invariablemente las crisis son preparadas por un período en el que el salario sube de manera general y la clase obrera obtiene realiter (realmente) una porción mayor del producto destinado al consumo. Desde el punto de vista de estos caballeros del "sencillo" (!) sentido común, esos períodos, a la inversa, deberían conjurar las crisis. Parece, pues que la producción capitalista implica condiciones que no dependen de la buena o mala voluntad, condiciones que sólo toleran momentáneamente esa prosperidad relativa de la clase obrera, y siempre en calidad de ave de las tormentas, anunciadora de la crisis.>> (K. Marx: "El Capital" Libro II Cap. XX)

Para poner en su sitio estas auténticas imposturas teóricas con fines políticos que nada tienen que ver con el marxismo y con el socialismo, hay que empezar por aclarar de qué "superproducción" habla Marx para explicar el movimiento causal de las crisis. Desde luego, la única superproducción de mercancías que Marx implica en su teoría de las crisis, es la que corresponde a los elementos del capital productivo (constante y variable), no a las mercancías de consumo final individual:

<< Por ello, la superproducción de capital, y no de mercancías individuales - pese a que la superproducción de capital implica la superproducción de mercancías - no significa otra cosa que la superproducción de capital (...) Una superproducción de capital jamás significa otra cosa que una superproducción de medios de producción y medios de subsistencia que puedan actuar como capital, es decir, que puedan ser empleados para la explotación del trabajo con un grado de explotación dado...>> (K. Marx: "El Capital" Libro III Cap. XV)

Para Marx, el carácter del capitalismo consiste en acaparar o acumular la mayor cantidad posible de plustrabajo y, por tanto, materializar con un capital dado el mayor tiempo posible de trabajo directo, alargando la jornada de labor y/o disminuyendo los costes salariales mediante el desarrollo de la productividad del trabajo, el empleo de la cooperación, la división del trabajo, la maquinaria, el empleo de la ciencia a tales efectos, etc. Esto se traduce en la constante tendencia a la producción en gran escala que supera de modo permanente las posibilidades de la demanda solvente, esto es, del mercado de bienes de consumo final. Sobre esta base, es una ley del capitalismo que el mercado se amplíe más lentamente que la producción, con lo que el estado permanente de la sociedad capitalista es el de la superproducción de mercancías. Esto explica que sus escaparates a lo largo y ancho del planeta estén siempre bien provistos aunque centenares de millones no tengan poder adquisitivo para comprar. Por tanto, pensar que las crisis capitalistas se producen por la superproducción de mercancías respecto de la demanda solvente lleva lógicamente a concluir que el estado normal del capitalismo es el de crisis permanente, algo que nada tiene que ver con la evidencia empírica que nos ofrece el sistema. En realidad, la superproducción de mercancías de consumo individual que se pregona en nombre de Marx como causa de las crisis, se hace manifiesta bajo la forma de sobresaturación cuando ya ha estallado la crisis, en plena depresión del sector de la industria de medios de producción. Dado que la reproducción ampliada de capital supone la acumulación de los medios de producción, el pasaje de la expansión a la crisis comienza a operarse antes en las industrias productoras de maquinaria y materias primas que en las de bienes de consumo individual. Lo mismo ocurre a la salida de la depresión, donde la sobresaturación del mercado de los bienes de consumo individual no remite hasta bien entrada la reanimación de la producción de capital, cuyas sucesivas rotaciones en dirección a una nueva expansión, reciben todo su impulso desde la fase del capital productivo, no desde la demanda solvente de los consumidores finales. Es la superproducción de bienes de consumo productivo por parte de los capitalistas lo que provoca la crisis. No lo que aquél minero comunista polaco veía erróneamente en el hecho de que muchas familias como la suya no podían comprar carbón. Bajo el capitalismo, los artículos de consumo más importantes son los de consumo productivo (maquinaria y materias primas), y es la superproducción de estos bienes lo que origina las crisis, no a la inversa, como lo sugieren quienes aplican el "simple sentido común" a la economía política. De hecho, la mayor parte del trabajo anual en la sociedad capitalista se gasta en la producción de capital constante para la producción de maquinaria y materias primas, mercancías cuyos consumidores no son obreros sino capitalistas industriales. Por tanto, es también mucho mayor el intercambio de mercancías entre los capitalistas que entre éstos y los obreros. Y es en el mercado de bienes de producción donde se manifiesta la superproducción de mercancías que da lugar a las crisis.

<< El obrero sólo puede comprar, incorporarse a la demanda, con respecto a las mercancías que entran en el consumo individual, ya que él mismo no valoriza su trabajo ni posee tampoco, personalmente, las condiciones para su realización, los medios de trabajo y el material para trabajar. Lo cual elimina ya a la mayor parte de los productores (a los trabajadores mismos allí donde la producción ha adquirido su desarrollo capitalista) como consumidores, como compradores. (Los trabajadores) no compran materias primas ni medios de trabajo; compran solamente medios de vida (mercancías que entran directamente en el consumo individual). Nada por tanto más ridículo que hablar de identidad entre productores y consumidores, ya que en una cantidad extraordinariamente grande de trades (negocios) -todos aquellos que no se dedican directamente a los artículos de consumo- la inmensa mayoría de quienes intervienen en la producción se hallan absolutamente marginados de la compra de lo producido por ellos mismos. No son consumidores directos ni compradores de esta gran parte de productos en cuya producción intervienen como asalariados. (K. Marx: "Teorías sobre la plusvalía" T.II. Cap. XVII -11)<<La sociedad capitalista emplea una parte más considerable de su trabajo anual disponible en producir medios de producción (ergo, en producir capital constante), los cuales no se pueden resolver en rédito ni bajo la forma del salario ni bajo la del plusvalor, sino que pueden únicamente funcionar como capital>> (K. Marx: "El Capital " Libro II Cap. XX)

Por último, es falso que las crisis se producen porque los patronos para sobrevivir pagan bajos salarios y por eso la demanda efectiva desciende, como sostienen Marta Harnecker en línea con Nikitin. Al contrario, todas las observaciones empíricas demuestran que las crisis estallan en el punto en que se verifican los más altos salarios de cada ciclo.

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 Fuente: FMI series suavizadas

La recesión internacional que se prolongó durante los años 1980-81 estalló en los EE.UU. durante el segundo trimestre de 1979. En el diagrama pueden verse las consecuencias del reflujo económico sobre el salario real de la clase obrera norteamericana, con el descenso brusco registrado durante todo el año 1980. La curva del salario real detiene su descenso en 1981 e incluso se registra un ascenso a mediados de ese año; luego baja en aproximadamente un punto y medio hasta que meses antes del crash bursátil ocurrido en 1987 se pone por encima de los cinco años anteriores, los más altos valores de este ciclo atípico que corresponde al período que va del 80 al 86. Decimos ciclo atípico porque de no mediar la acción del gobierno de Reagan, la curva de los salarios reales hubiera seguido el curso iniciado en 1980 -que volvió a retomar en 1987. En efecto, la recesión iniciada en 1980 había anunciado la gravedad de sus efectos sociales tanto en su amplitud internacional como en las cifras del paro, que a fines de 1980 había superado con creces los 30 millones de personas en los países imperialistas. A despecho de toda la prédica monetarista de los ultraliberales, el ultraliberal gobierno de Reagan aplicó una política neokeynesiana ortodoxa. Se trataba de detener o postergar la recesión coynutural de 1980-81 gracias a un enorme déficit presupuestario, el famoso "déficit spending" keynesiano, dispendioso en el gasto público, el ABC de las políticas económicas expansivas del reformismo. Pero de sentido social regresivo, contrario a los fines de los reformistas: redujo los gastos en seguridad social, congeló los gastos en infraestructura, y combinó la bajada de impuestos directos a la burguesía con el aumento espectacular de los gastos militares, lo cual incentivó la inversión de capital vía expansión de la demanda global. Según todos los datos disponibles, esta política explica por qué durante casi seis años, los salarios reales norteamericanos pudieron mantenerse en torno al nivel de 1981, e incluso aumentar levemente justo antes del crash bursátil de 1987.

(2) Queda demostrado, pues, que los bajos salarios son una consecuencia y no la causa de las crisis. Justamente, la carga ideológica que lleva el prejuicio burgués de echar la culpa a los trabajadores de los desajustes en la economía capitalista, radica en el hecho empírico verificable de que las crisis por lo general estallan en el punto más alto que la curva de salarios dibuja a lo largo de cada ciclo.

 Octubre 1998

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notas

1.-El extremo izquierdo de esta postura es una variante del proyecto stalinista impuesto en la URSS tras la muerte de Lenin que se mantuvo intacto hasta 1990, cuyas reminiscencias siguen latiendo en el actual Partido Comunista de Rusia y demás flecos del stalinismo ortodoxo subsistentes en el mundo. Esta variante aplicada desde los tiempos de la COMINTERN a los países capitalistas, consiste en la expropiación del gran capital para instaurar una "república popular" que sintetice políticamente, en nombre del socialismo, la alianza estratégica entre la pequeñoburguesía y el proletariado con vistas a estabilizar la explotación del trabajo asalariado en pequeña y mediana escala. El proyecto consiste en que la masa total de asalariados del "Estado nacional y popular", se dediquen a garantizar la sobrevivencia de la pequeña empresa capitalista, una parte de ellos desde el sector privado de la economía nacional, produciendo directamente plusvalor para sus pequeños patronos, la otra desde las grandes empresas estatizadas, contribuyendo con su trabajo excedente a subvencionar la ineficiencia típica de la pequeña producción. Un proyecto "socialista" inspirado en Sismondi, Proudhon, Rodbertus y Lassalle, basado en el atraso de las fuerzas productivas, cuya ineficacia económica conduce paradójicamente al subconsumo que sus preconizadores tanto critican en la sociedad capitalista "no planificada", sólo que aquí alcanza incluso a la demanda solvente, como se demostró en la URSS y demás países del llamado "socialismo real" como Cuba, donde la gente dispone de dinero para comprar, pero no hay suficientes productos en oferta.volver

 (2) A continuación de este documento publicamos un apéndice donde intentamos completar la explicación del fenómeno de las crisis en el contexto de las últimas dos décadas.volver