PRÓLOGO
Compañeros:
Hemos acabado el estudio de la "Propuesta teórica, política y organizativa para la discusión fraternal entre marxistas revolucionarios" presentada por la Corriente de Izquierda Socialista (CIS). Y Estamos de acuerdo en los siguientes puntos según el espíritu de la letra expuesta por ellos:
1) En que la revolución comunista pasa por resolver directamente la contradicción básica entre capital y trabajo, en la estructura económica de la sociedad y en su conciencia colectiva, lo cual supone rechazar la teoría stalinista de la revolución por etapas, adoptando el concepto de "revolución permanente" introducido por Marx y desarrollado por Trotsky.
2) En que deberá tener un contenido internacional. Consecuente rechazo de la teoría stalinista sobre la posibilidad de alcanzar el socialismo en un solo país.
3) En el carácter de clase de todo Estado, y en la política de destrucción del Estado burgués como condición necesaria para ser consecuentes con el principio señalado en el punto 1), hasta pisar los umbrales de la segunda fase en la tarea de construcción del comunismo, basada en el desarrollo de las fuerzas productivas en un grado tal, que permita superar la penuria relativa regulada por la ley del valor, haciendo posible la máxima según la cual: "de cada uno según su trabajo y a cada uno según sus necesidades"
4) En la necesidad de un partido y un programa internacional único, sin perjuicio de los programas nacionales que respondan a la forma específica que la revolución adquiere en los diversos países.
5) En que sin democracia no puede haber socialismo y, por tanto, en contra de la dictadura del partido sobre (la mayoría de) el proletariado. En que la sociedad de transición al comunismo supone la dictadura del proletariado a instancias del Estado democrático de (los soviets) y los consejos de fábrica. En el carácter contrarrevolucionario de los frentes populares[1]
A continuación, nuestras observaciones críticas respecto a los siguientes puntos del documento. La primera es general, respecto de la metodología que ellos proponen para "el reagrupamiento de la izquierda socialista revolucionaria" en la "Introducción" del documento. Empiezan diciendo allí que:
<<...la salida de la crisis actual, reside en comenzar a romper con las concepciones teóricas y prácticas“tradicionales”, a fin de reiniciar de inmediato elreagrupamiento de la izquierda socialista revolucionaria.>> (CIS: Op.Cit. Introducción.)
Como condición de participar en el debate colectivo donde supuestamente se operen las aproximaciones sucesivas, se habla allí del acuerdo previo en unos puntos mínimos, o condición necesaria y suficiente para participar en el debate. Esos puntos son los que Marx analiza en su "Crítica del Programa de Gotha" y que ellos glosan brevemente dentro del apartado del documento que trata sobre "El significado de socialismo", sintetizando dichas condiciones para iniciar el trabajo de "reagrupamiento" en el siguiente párrafo:
<<Aceptamos las posiciones de Marx sobre estos puntos y consideramos que el acuerdo sobre ellos es la condición necesaria y suficiente para iniciar la discusión. Fueron precisamente estos principios fundamentales los que fueron olvidados por buena parte de la izquierda Argentina>> (CIS: Op. Cit. El significado de “socialismo”)
Remitiéndonos ahora, nuevamente, al pasaje de la "Introducción" donde tratan de fundamentar la necesidad perentoria del "reagrupamiento" en base a unos "puntos mínimos" de acuerdo, dicen allí, apelando con encomiable optimismo al espíritu de cooperación, que: estos puntos....
<<nos permitirán dar los primeros pasos para distinguir esta tendencia de otras y también nos ayudará a encontrar e incorporar a los posibles miembros.>> (CIS: Op. Cit. Introducción.)
Pero un poco más abajo, apelan a su propia experiencia previniendo de que durante el proceso...
<<...., es probable que algunos de los que en este momento están de acuerdo con los puntos mínimos inevitablemente desarrollen diferencias. Sabemos también que algunas de estas diferencias pueden incluso llevar a rupturas. Al empezar con ideas generales este proceso se hace inevitable. Sin embargo, no podemos posponer el inicio del arduo camino del reagrupamiento para siempre, debemos empezar por alguna parte. Sinceramente creemos que los posicionamientos que se alcancen, a la vez que constituirían una base ancha para el inicio, pondrán limites claros al reformismo y el oportunismo.>> (ibid)
Pero casi a renglón seguido, como sintiendo terror al vacío social que pudieran estar creando en torno suyo, vuelven sobre lo andado para aclarar que:
<<Esto de ningún modo implica que no estemos dispuestos a discutir o incluso cuestionarnos esos puntos mínimos.Las posiciones de este documento son el resultado de nuestra experiencia; otros compañeros probablemente pondrán más énfasis en otras cuestiones, o en las mismas pero desde distintos puntos de vista. Considerando la necesidad imperiosa de intentar avanzar en tal sentido, hemos intentado formular lo que entendemos podrían constituir las cuestiones esenciales para la unidad inicial de esta tendencia. Si otros hacen lo mismo podremos, por un lado, aclarar los puntos que deberán ser discutidos y, por otro, alcanzar mejores formas de encuentro y cooperación entre un amplio espectro de la izquierda socialista revolucionaria. Sólo después de este tipo de discusión llegaremos a tomar decisiones en cuestiones esenciales sobre cuya base podremos unificarnos y decidir qué otras cuestiones quedan por discutir.>> (ibid)
Esto de predisponerse a sacrificar principios para garantizar la unidad heterogénea del movimiento revolucionario, es un error de convicción teórica y de memoria histórica, que preanuncia un mal comienzo para un nuevo final catastrófico.
En lo que sigue, y lo que nos inducirá a meditar su necesaria respuesta, trataremos de contribuir al mutuo fortalecimiento del común ideal socialista, a condición de que sea producto de las mismas previsiones surgidas de la tarea --también compartida-- de aplicar a la realidad actual del capitalismo la moderna ciencia social y la memoria histórica, como premisa fundamental de la sólida unidad efectivamente revolucionaria del movimiento político de los asalariados. Dicho esto sobre las observaciones de método, pasamos seguidamente a las observaciones particulares de cada tema planteado por ellos:
Teoría revolucionaria, Programa y Partido
En el apartado segundo del documento, afirman que:
<<El programa socialista se define inevitablemente por su meta: el socialismo>> (CIS: Op.Cit. El significado de “socialismo”)
Indudablemente, el programa político de todo partido verdaderamente revolucionario, debe estar presidido por el contenido de la lucha proletaria, por su lógica, estrategia o meta socialista e internacionalista. Pero, dado el desarrollo económico internacional desigual, el programa debe definirse por la forma de esa lucha, esto es, según las distintas condiciones económicas y sociales a superar, propias o específicas de cada país (en la página 12 aparece este mismo problema). De lo contrario, sería un programa genérico, testimonial, abstracto y por tanto, inconducente. Esto es lo que Marx y Engels han significado en el "Manifiesto Comunista", y lo que hizo Lenin entre 1893 y 1899, escribiendo obras como "¿Quienes son los amigos del pueblo?" y "El Desarrollo del Capitalismo en Rusia”. Pero, para analizar la estructura económica, social y política a revolucionar, participando en la elaboración colectiva del programa en cualquier país, es necesario conocer con cierta profundidad la ley del valor tal como Marx la expuso en los tres libros de "El Capital", que, entre otras finalidades, para eso escribió esta obra monumental.
Éste debiera ser el requisito mínimo. De lo contrario, es muy fácil caer a cada paso en los embelecos burgueses de cualquier intelectual que se haga pasar por marxista, que, de esos, hay muchos. Los compañeros del CIS no lo entienden así. Dicen que:
<<El partido de vanguardia es de hecho la conciencia acumulada de la clase. Así, el partido de vanguardia combate las ilusiones burguesas y conserva la conciencia colectiva ganada. Este tipo de partido no se puede construir de un día para el otro, sino que debe atravesar sus propias fases. Lo primero y principal es que requiere un programa revolucionario. Un programa que no sea un simple recordatorio de esta o aquella experiencia mundial, como ocurre con muchas organizaciones de izquierda en la Argentina, sino un programa que surja desde dentro de las luchas de clase especificas que están ya, férreamente incorporadas, en la mente de la vanguardia de esas luchas>> (CIS: Op.Cit. Subrayado nuestro)
El programa revolucionario es como la vanguardia política del proletariado y su partido: no surgen directamente de las luchas de clase entre obreros y patronos, de las luchas espontáneas --económicas y políticas-- del proletariado. Un espontáneo de la política, es como un espontáneo de la arquitectura, de la ingeniería o de la medicina. Dentro de los científicos en cualquier disciplina, los hay desde excelentes hasta muy malos. Pero todos están en condiciones de aportar algo al programa. Pero dado que éste surge o debe surgir de un análisis riguroso de la estructura económica, social y política de un determinado país, hay que pasar inevitablemente por la teoría científica del proletariado. Porque ese análisis y su compromiso político con él, es lo que confiere a la vanguardia revolucionaria su carácter de tal, sea de extracción asalariada o no.
Por tanto, la vanguardia revolucionaria, el Partido y su Programa de lucha para la toma efectiva del poder y la efectiva y eficaz construcción del socialismo, no fueron jamás ni pueden ser producto de "la conciencia acumulada de la clase" sino de un trabajo de investigación del partido, que, se supone, es portador de la conciencia revolucionaria. En este sentido, el único programa que puede surgir de "las luchas de clase específicas" es un programa sindical. Esas luchas obreras específicas o espontáneas, las únicas que por sí mismo es posible que lleve adelante el proletariado espontáneamente, esto es, por propia iniciativa, no pueden aportar ningún elemento de juicio acerca del carácter de la revolución o la estrategia de poder condensada en un programa político revolucionario. Pueden aportar formas de organización como instrumento material de la lucha, pero no pueden darle contenido revolucionario. No porque carezcan de capacidad para ello, al contrario, sino porque, espontáneamente, como capital variable, adolecen de perspectiva ideológica y política revolucionaria, de educación para la toma del poder; algo que sólo como militantes de un partido verdaderamente revolucionario pueden incorporar. .
Ellos mismos van en este mismo sentido cuando mencionan la fetichización o conciencia falsa del proletariado sin partido, producto de sus relaciones de sometimiento a la burguesía en la familia, en la escuela, en el trabajo, a través de los "mass media", de las instituciones jurídicas y políticas del Estado. En semejantes condiciones, por más que luchen y que esa lucha les lleve a desbaratar un gobierno, incluso a un Estado y con las armas en la mano --como todos recordamos que sucedió en la Comuna de París, y más recientemente se insinuó en Albania hace pocos años-- no pueden construir un poder propio, estabilizarlo y proyectarlo hacia el socialismo, no pueden reemplazar al Estado burgués.
Sin un partido que explique a los asalariados por qué luchan realmente y les dé las consignas de su lucha, esos compañeros no pueden emanciparse de su condición de capital variable, de clase económica, ideológica y políticamente dependiente del capital:
<<(...) el fetichismo no se reduce a la mercancía, se amplía abarcativamente, a fetichismo del trabajo asalariado, de las jerarquías sociales, del status quo, del sometimiento y, sobre todo, del Estado burgués, sus instituciones y sus mecanismos de auto-reproducción.>> (Ibíd.)
Es correcto. Pero parece que no sacan las consecuencias políticas de ello cuando impugnan a Lenin haber afirmado que el proletariado sólo puede recibir la conciencia de su propia situación como clase revolucionaria fundamental dentro del capitalismo, desde fuera de sus relaciones y luchas directas o espontáneas con la patronal. De ahí la insistencia de Lenin aconsejando desde fines del siglo XIX, que:
<<Sería un gravísimo error montar la organización del partido cifrando las esperanzas sólo en las explosiones y luchas de las calles o sólo en la "marcha progresiva de la lucha cotidiana y monótona">> (V.I. Lenin: "¿Qué hacer?" Cap. V)
De ahí su ambigüedad al tratar todos los temas que aparecen en el documento. "Introducir la conciencia revolucionaria en el proletariado desde fuera de las relaciones con sus patronos", está dicho en el sentido teórico y político de esas palabras, en modo alguno Lenin significó jamás que había que hacerlo al margen de esas luchas, sino bien al contrario, en íntimo contacto con ellas, directa e indirectamente, a través de la relación interpersonal y de determinados medios. Que en ese momento debió hacerse a través de una intelectualidad revolucionaria principalmente de origen social burgués, sólo se explica por las condiciones de atraso cultural de la inmensa mayoría de las clases subalternas, muchos de ellos analfabetos absolutos y en menor proporción analfabetos funcionales, en un contexto social donde el acceso a la instrucción desde el nivel primario hasta el superior, era privativo de los muy ricos, dado que no había educación pública. Esta fue una condición históricamente superable por el propio desarrollo de las fuerzas productivas bajo el capitalismo. Marx, Engels y Lenin lo sabían. Comprendían las duras condiciones intelectuales de los asalariados en aquellos tiempos. Sin embargo, basta leer el Epílogo a la segunda edición de "El Capital", escrito en 1873, para darse cuenta de que Marx no escribió esa obra monumental para científicos burgueses, sino para la clase obrera de su época. Y en alguna medida --muy limitada e insuficiente, por cierto-- entre él, sus editores y correligionarios, consiguieron su propósito, como lo demuestra la cita que vamos a extraer de ese contexto:
<<La rápida comprensión con que amplios círculos de la clase obrera recibieron El Capital es la mejor recompensa por mi trabajo>> (Op.cit.)
Por su parte, Lenin tampoco justificó jamás que la teoría revolucionaria debiera provenir exclusivamente de la intelectualidad burguesa. No lo justifico ni lo consideró un hecho históricamente inamovible. Lo que Marx, Engels y Lenin consideraron imposible bajo el capitalismo, es que, en general, las masas obreras, por sí mismas, esto es, espontáneamente, puedan elaborar una teoría, un programa, una táctica y una estrategia de poder político propia, independiente de la burguesía. Y repetimos, no por innata incapacidad intelectual de clase, al contrario, sino, especialmente, por carencia espontánea de iniciativa propia para ello, de perspectiva revolucionaria, salvo muy raras excepciones, como es el caso de Proudhon, Weithling, Hess, Moll, Grun o Dietzgen. Leyendo las siguientes líneas de su "¿Qué Hacer?" sin prejuicios practicistas, no puede haber dificultad alguna para salir de semejante error de interpretación, sutilmente inducida por los usurpadores del poder político en la URSS:
<<Puesto que ni hablar se puede de una ideología independiente, elaborada por las propias masas obreras en el curso mismo de su movimiento, esto no quiere decir, naturalmente, que los obreros no participen en esa elaboración. Pero no participan como obreros, sino como teóricos del socialismo, como los Proudhon y los Weithling; dicho con otras palabras, sólo participan en el momento y en la medida en que logran, en grado mayor o menor, dominar la ciencia de su siglo y hacerla avanzar. Y para que lo logren con mayor frecuencia, es necesario preocuparse lo más posible de elevar el nivel de conciencia de los obreros en general; es necesario que éstos no se encierren en el marco, artificialmente restringido, de las "publicaciones para obreros", sino que aprendan a asimilar más y más las publicaciones generales. Incluso sería más justo decir, en vez de "no se encierren", que "no sean encerrados", pues los obreros leen y quieren leer cuanto se escribe también para los intelectuales, y sólo ciertos intelectuales (de ínfima categoría) creen que "para los obreros" basta relatar lo que ocurre en las fábricas y repetir cosas conocidas desde hace ya mucho tiempo.>>(V.I. Lenin: Op.cit. Cap. II)
Que la inmensa mayoría de los asalariados de vanguardia (no confundir con la vanguardia revolucionaria) sigan hoy sometidos a la ideología burguesa, sólo se explica por los rescoldos de la traición stalinista, que, primero falsificó el Materialismo Histórico, al tiempo que la alejó de ellos, instruyéndoles de hecho en el desprecio por la teoría revolucionaria y la ciencia en general, para dejar luego a esa ciencia social en manos de los Estados burgueses, que completaron la tarea de castrarla y así la irradiaron al mundo a través de sus Universidades en EE.UU., Inglaterra, Alemania y Francia. ¿Por qué tenemos nosotros que sumarnos a esos prejuicios interesados? Eso es parte de nuestra responsabilidad social y política: recuperar el Materialismo Histórico como arma principal de la revolución asumida por las masas. El hecho de que esto no pueda ser posible sino tras la toma del poder, y sólo a instancias del Partido revolucionario que induce a que el Estado obrero se haga cargo de la tarea, desentierra la raíz de clase de ese prejuicio.
En el apartado bajo el título: "El partido revolucionario", seguís coherentes en el error de entender el programa como entendéis el concepto de conciencia. El prejuicio practicista de que el programa "surge desde dentro de las luchas de clase especificas" de la clase, está en el centro del desprecio por el concepto de "intelectualidad", como si la vanguardia revolucionaria no se distinguiera, o no debiera distinguirse del movimiento asalariado espontáneo, precisamente por su carácter de intelectual colectivo. ¿Qué están haciendo los compañeros del CIS al publicar su documento si no es funcionar como intelectuales del movimiento? ¿Qué tiene que ver lo que allí se trata, con las motivaciones de los parados que protagonizaron el "argentinazo"? ¿Por qué asaltaron el Congreso y destrozaron su mobiliario aquellos parados, si no es por consideraciones inmediatas ajenas alcuestionamiento del Estado? Claro que ese fue un cuestionamiento objetivo al poder político de la burguesía, pero no fue conscientemente ejecutado. Su motivación no fue esa, sino protestar ante ese poder estatal por su desesperante condición de excluidos sociales, lo cual supone un grado de conciencia política limitado por su necesidad subjetiva de conseguir un puesto de trabajo, como se ha probado por el criterio absoluto y categórico de la práctica. ¿En que situación ha quedado la mayoría social absoluta que pretende ejercer la dirección política de los explotados en Argentina, tras haber confundido las asambleas barriales con unos "soviets" descafeinados que, en lugar de imponer la consigna transicional de "asamblea constituyente" como expresión de su doble poder en funciones, la proponían a la burguesía como presunta salida revolucionaria al conflicto?
El hecho de que el movimiento político de las clases subalternas en el mundo entero, esté plagado de "intelectuales" objetivamente contrarrevolucionarios como se ha visto que ocurre en Argentina, se explica sólo por la ausencia en él de verdaderos intelectuales revolucionarios, de científicos sociales políticamente comprometidos con sus firmes convicciones, fundadas en el Materialismo Histórico y la memoria de la lucha política de clases. Esta es la verdad. ¿Quiénes sino los ideólogos del stalinismo en alianza con ciertos "neomarxistas" al servicio del capital desde las universidades de masa del sistema, han sido quienes se dedicaron a separar la ciencia de la lucha de clases falsificando las "Tesis" de Marx sobre Feuerbach? Cfr.: http://www.nodo50.org/gpm/dialectica\20.htm
Lo hicieron, precisamente, para cegar la práctica política revolucionaria de los explotados, para castrar ideológica y políticamente al movimiento. Como si la teoría y la propaganda no fueran prácticas sociales a igual título que la práctica política. Aquí está el meollo, el centro de gravedad de toda la política contrarrevolucionaria de la burguesía internacional y el stalinismo en los últimos ochenta años de historia: hacer creer que práctica social hay sólo una, la práctica política como criterio absoluto de verdad. ¿Cómo es posible elaborar un programa verdaderamente revolucionario con semejante concepto unilateral y antidialéctico "práctica social"?
Fíjense que el CIS adelanta las directrices del programa agrario para la revolución en Argentina, proponiendo, como tarea transicional para cualquier situación de la lucha de clases (por ejemplo: el "argentinazo"), lo siguiente:
<<En lo que se refiere a los campesinos sin tierra del interior, deben ocupar las grandes extensiones de tierras improductivas, fiscales y privadas, y ponerlas a producir de manera colectiva y cooperativa; no parcelaria.>> (CIS: Op.cit. El programa revolucionario)
En condiciones de dominio político absoluto de la burguesía, ejercido a instancias de sus instituciones de Estado y sus leyes en modo alguno cuestionadas conscientemente por las masas --como fue el caso del reciente "argentinazo"-- ¿de qué otra forma social pueden los campesinos sin tierra llegar a poseerla y concebir ese acto, si no es como propietarios privados burgueses? Sin doble poder bajo la dirección de un partido revolucionario con influencia de masas, el "socialismo en pequeño" que prometía Trotsky, es una utopía. Un voluntarismo revolucionario abstracto, ayuno de conciencia política no trabajada, que no hace más que reforzar el dominio burgués en la conciencia de los explotados. La ilusoria situación que vivieron los obreros de la "Zanon" y demás empresas sometidas provisionalmente a lo que se dio en llamar no menos fantásticamente "control obrero de la producción", ¿de qué otro tipo social pudo haber sido sino realmente burguesa? ¿Dadas las circunstancias, de qué otra condición social pudieron llegarse a sentir esos compañeros haciendo funcionar esas empresas el tiempo en que duró todo aquél transitorio desbarajuste, sino como auténticos capitalistas, en el mejor de los casos como sus propios patrones burgueses? ¿Qué otra perspectiva política podían tener, qué expectativas revolucionarias, si, para ellos, el comunismo fue el de la URSS, o sigue siendo el de China, o el de Vietnam, o el de Korea, o el de Cuba, donde, a la vista están los resultados? ¿Desde dónde pudieron venirle a la clase obrera mundial semejantes ideas sobre el comunismo, sino desde fuera de sus luchas, desde las usinas ideológicas de la burguesía? ¿A qué hay que atribuir que éste fuera, de hecho, el "pensamiento único" que instruyó todo este tiempo a los asalariados, sino al abandono de la teoría revolucionaria por parte de los millones que actuaron como su vanguardia autoproclamada, para ponerse de acuerdo en una explicación alternativa? ¿Cuántos son de esos millones, quienes no conocen a Marx, a Engels o a Lenin, más que a través de teóricos "marxistas" promovidos por los aparatos ideológicos de Estado y la industria editorial del sistema capitalista? Este adoctrinamiento contrarrevolucionario predominante entre nosotros, tampoco provino desde dentro de las luchas obreras. Pero resulta que así es cómo la conciencia de los asalariados acaba siendo colonizada por la burguesía, a través de sus propias direcciones de "ultraizquierda". Porque ése es el cuño actual de su conciencia.
Cuando Lenin dice en su "¿Qué Hacer?" que la conciencia comunista "sólo puede ser introducida desde fuera del movimiento obrero espontáneo", está combatiendo a los "intelectuales" contrarrevolucionarios, "manifestación literaria del economismo", que ensalzan las luchas espontáneas o inmediatas del proletariado, sosteniendo que, para llegar al socialismo, no es necesario ningún trabajo de explicación política científicamente fundado, porque la conciencia socialista surge, sin solución de continuidad ideológica, de esas propias luchas económicas, tal como parece que, a juzgar por lo que dicen en bastantes pasajes de su documento respecto de los relativamente pocos en que se contradicen, así parece que se inclinan peligrosamente a pensar los compañeros del CIS. De esa gente, Lenin decía que eran:
<...partidarios del movimiento "puramente obrero", admiradores del contacto más estrecho y más "orgánico" (expresión de Rab. Dielo) con la lucha proletaria, los adversarios de todos los intelectuales no obreros (aunque sean intelectuales socialistas)...>> (V.I. Lenin Op.cit. Cap II b)
Por si acaso, debemos aclarar que, en el GPM, no hay ningún intelectual de extracción social burguesa. No porque nosotros lo hayamos dispuesto así, sino porque, a esos, hoy, hay que buscarlos como buscaba infructuosamente Diógenes al ser humano en su época, con una lámpara de aceite a plena luz del día. Somos todos trabajadores, proletarios y semiproletarios de toda la vida, 100% autodidactas del Materialismo Histórico y sin titulación universitaria. Decimos esto no para poner la venda antes de la herida ni para menoscabo de los graduados auténticamente revolucionarios de distinta extracción social, --como una concesión a las ideas de ese arrogante obrerismo que alienta la división burguesa de clases entre trabajo intelectual y manual-- sino para demostrar hasta dónde los asalariados podemos probar que el Materialismo Histórico es accesible a cualquiera de nosotros que no sea un analfabeto funcional y domine las cuatro operaciones elementales de las matemáticas. Nosotros estamos entre la minoría de quienes piensan que la emancipación política y humana del proletariado, pasa inevitablemente por su autodisciplina en la verdadera ciencia social. De momento, por su obligatoriedad en la organización revolucionaria como condición ineludible de pertenecer a ella.
La diferencia entre los tiempos de Marx y de Lenin respecto de los que corren, está en que, por entonces, el movimiento obrero importaba intelectuales burgueses por necesidad política. Ahora, la burguesía se da el lujo de importar intelectuales proletarios por millones, previamente pasados por el alambique de las universidades de masas donde son ideológica y políticamente desclasados. Esto que Gramsci llamaba "transformismo", se lo debemos a centenares de miles de abnegados intelectuales del movimiento en el mundo, que, de hecho, niegan la importancia de la práctica teórica, cautivos del practicismo stalinista sin saberlo ni quererlo.
¿Por qué la IIIª Internacional bajo Stalin pudo imponer su burda teoría del socialismo en un solo país mediante amalgamas teóricas antidialécticas que nada tienen que ver, ni con el materialismo histórico ni con la memoria del movimiento? Pues, porque mediante una práctica social nada teórica, prohibió las polémicas políticas internas y los ámbitos partidarios de discusión teórica e investigación social, promoviendo en cambio la "literatura para obreros".
De ese modo, el stalinismo pudo, en principio, apartar --que no distinguir-- la práctica social teórica marxista de la práctica social política en todos los Partidos Comunistas; después, convenientemente envuelta en papel de regalo, envió la primera directamente con destino a las usinas ideológicas de la burguesía internacional, que procedió a su encierro en los distintos claustros de las universidades capitalistas. Finalmente, la intelectualidad de origen social pequeñoburgués --en un principio de presencia mayoritaria en las universidades de masa-- a cargo de las cátedras de ciencias sociales, pudo hacer su propio "frente popular teórico" en esos ámbitos sustitutos de los Partidos Comunistas en todo el mundo, cooptando a los hijos de obreros que se fueron incorporando a los estudios sociales superiores, para darles el tratamiento adecuado a los intereses estratégicos del capital compartidos por la Comintern stalinista. Así fue cómo la burguesía internacional pudo contener la ola antiimperialista que golpeó repetidamente al llamado Tercer Mundo durante la segunda postguerra, evitando que desbordara los diques políticos del sistema, de tal modo fortalecidos. Cfr.: http://www.nodo50.org/gpm/miscelanea\03.htm ;http://www.nodo50.org/gpm/miscelanea\04.htm
Así habían empezado a estar las cosas en Francia e Inglaterra desde 1830, cuando la burguesía se puso a la tarea de sustituir la economía política científica de los clásicos, por la economía política ideológica de los que Marx llamó "economistas vulgares":
<<La burguesía en Francia e Inglaterra, había conquistado el poder político, Desde ese momento, la lucha de clases, tanto en lo práctico como en lo teórico, revistió formas cada vez más acentuadas y amenazadoras. Las campanas tocaron a muerto por la economía burguesa científica. Ya no se trataba de si este o aquel teorema era verdadero, sino, de si al capital le resultaba útil o perjudicial, cómodo o incómodo, de si contravenía o no las ordenanzas policiales. Los espadachines a sueldo sustituyeron a la investigación desinteresada, y la mala conciencia y las ruines intenciones de la apologética ocuparon el sitial de la investigación científica sin prejuicios.>> (K. Marx: "El Capital" Prólogo a la segunda edición. 28/04/1875)
Tal como entonces, volvió a suceder algo parecido desde la década de los cuarenta del siglo pasado, cuando las sucesivas generaciones que nacieron a partir de los años treinta, en todas partes del mundo empezaron a conocer el Materialismo Histórico por mediación de las escuelas universitarias de Harvard, Cambridge o Frankfort, al tiempo que la industria editorial se encargó de hacer el resto para difundir un marxismo descafeinado. Mientras tanto, tras la "cortina de hierro", los odiados burócratas soviéticos que se llenaban la boca para identificarse con Marx, Engels y Lenin, minaron su autoridad moral, política e intelectual hasta el extremo de que, a fines de la década del setenta, por ejemplo, en Polonia, muchos militantes sumidos en la miseria y la opresión por el régimen de Jaruzelski, arrojaban sus obras a la basura, o las desguazaban para envolver el pan o cualquier otra cosa.
En el marco de la universidad de masas, semejante impostura de la burguesía internacional y la burocracia "comunista", explica que nunca se hiciera tan difícil encontrar intelectuales de origen burgués actuando en las filas del movimiento político asalariado por cuenta del comunismo, como desde 1930 hasta hoy. Al contrario, desde entonces los intelectuales a que tan despectivamente se refieren los compañeros del CIS, son en su gran mayoría auténticos intelectuales burgueses de extracción proletaria que, como sucesores de la "Rabócheie Dielo", a nombre del marxismo, no pocos de ellos actúan al interior del movimiento asalariado por cuenta del capitalismo; A su vez, catedráticos o ayudantes de cátedra de idéntica condición social que han hecho escuela de neomarxismo por centenas de miles en las principales universidades norteamericanas, europeas y del resto del Mundo, escalan posiciones como funcionarios en los aparatos de Estado burgueses y en las empresas privadas; como políticos en los partidos institucionalizados, en los parlamentos y el Ejecutivo de sucesivos gobiernos; algunos de ellos, galardonados con distintos premios, ocupan con sus libros los anaqueles de las librerías --como en estos días las de Antony Guiddens o Jeremy Rifkin-- traducidas a las lenguas de mayor alcance social en el mundo.
El error de los compañeros del CIS en este asunto, es que atribuyen a Lenin lo que no fue más que una deliberada falsificación de su pensamiento legado en sus obras, entre otras el "¿Qué Hacer?" donde se le atribuye la aviesa intención de legitimar la dictadura sistemática del partido sobre las masas, y de las direcciones partidarias sobre las bases del partido. Hay que frecuentar a Lenin para darse cuenta de que su prodigiosa formación marxista, el escrupuloso rigor de sus ideas, su gran capacidad didáctica y, sobre todo, su probado compromiso con la revolución, le eximieron siempre de apelar a recursos torticeros y burocráticos para conservar poder y privilegios, que nunca estuvieron entre sus ambiciones personales. El único poder que ambicionó y obtuvo con todo merecimiento, es el vigoroso poder del Materialismo Histórico que encarnó en pensamiento y acción, como nadie junto a Marx, Engels y Trotsky.
Que lo contrario a este tipo de intelectuales políticos ha sido el que naturalmente ha venido predominando en el movimiento, permite comprender la actitud de los compañeros y la nuestra. Pero en modo alguno justifica un desprecio tan generalizado que abona el propio terreno donde el reformismo stalinista --heredero directo de Bernstein-- sembró las semillas del practicismo político con su odio más visceral hacia toda practica social intelectual con vocación científica, sin la cual no hay militancia revolucionaria posible. Éste es --a nuestro juicio-- uno de los más gruesos errores en que los compañeros han incurrido en su documento:
<<La forma más ridícula de sectarismo es la que muestran esos intelectuales que, habiendoleído unos cuantos libros "marxistas" y habiendo reunido algunos colaboradores, se llamana sí mismos el núcleo del partido revolucionario y luego, con arrogancia filistea comienzan a decirle a la clase trabajadora lo que debe hacer.
Docenas de sectas han malgastado décadas construyendo este tipo de partido "leninista", mientras que la primera etapa en la construcción de este partido, es decir, el proceso de desarrollo de un programa socialista revolucionario y su integración con las luchas reales de los trabajadores y su vanguardia, aún no se ha iniciado. Son la misma gente que parece haber aprendido de Lenin una sola consigna: "la conciencia proviene de afuera del movimiento obrero". En realidad, este ha sido siempre un disfraz para sustituir a la clase trabajadora por una camarilla de pequeñoburgueses con hambre de poder.>> (CIS: Op.Cit. El partido revolucionario)
A esa camarilla no se la podrá expulsar del movimiento diciéndoles que "es mejor que se vayan". En las presentes condiciones no se irán, y seguirán llegando por olas para arrullar la conciencia espontáneamente burguesa y antimarxista de los asalariados, de tal modo predispuesta. Habrá, pues, que cambiar esas condiciones. Lo malo es que esas mismas condiciones están en nosotros mismos. Por ahí deberemos empezar, combatiéndoles en nuestra propia conciencia. Con razones científicas contenidas en el arsenal teórico del Materialismo Histórico, seriamente elaboradas, muy bien expuestas y suficientemente difundidas en las instancias internas y externas a cada organización política que se proponga acabar con toda esta inmundicia. Ésta, a nuestro juicio, es la principal tarea de los revolucionarios en el momento actual de la lucha de clases a escala planetaria. Pero eso es imposible sin abrevar en el pensamiento de Marx y Lenin.
En el actual contexto de la realidad, habría que volver --más que a leer-- a estudiar desprejuiciadamente obras de Marx como "El Capital", y de Lenin: "Quiénes son los amigos del pueblo", "Por dónde Empezar", "¿Qué Hacer?" , "Un paso adelante, dos pasos atrás", "Dos tácticas..." o "Acerca de algunas particularidades del desarrollo histórico del Marxismo", porque la vanguardia revolucionaria está hoy, en todas partes, como los revolucionarios rusos estuvieron entre mediados del siglo XIX y principios del XX: dispersos. Y no podrá ser posible su unificación si no es en torno a los principios científicos del socialismo. Pero, para eso, habrá que volver a las fuentes originarias de ese pensamiento y de sus correspondientes experiencias políticas.
Lenin observaba por entonces, siguiendo a Marx,
1) que el proletariado espontáneo, en su condición de "capital variable", está sometimiento ideológica y políticamente a la burguesía a instancias de los vínculos mercantiles consuetudinarios y de los aparatos ideológicos del Estado burgués, de modo que por el simple hecho de resistirse a la explotación del capitalismo y por más prolongadas y encarnizadas que puedan llegar a ser sus luchas, en sí y por sí mismo, no puede adquirir conciencia política de clase. A un asalariado espontáneo, no le cabe en la cabeza que la sociedad pueda existir sin mercado ni patrones burgueses.
2) que esa conciencia de clase es el resultado de "un profundo conocimiento científico" de la sociedad capitalista y de la memoria histórica de las luchas políticas obreras. Esto no significa que con el sólo conocimiento de la teoría materialista histórica se adquiere conciencia de clase, pero desde luego que es una "conditio sine qua non". Los practicistas del movimiento huyen de esta verdad de a puño como de la peste. Y carecen de razones para ello. Mejor dicho, tienen una: su pereza intelectual. E insistimos, no se trata de que a los asalariados espontáneos se les someta al estudio de los clásicos del marxismo. Es necesario aplicar el marxismo a sus conciencias explicándole, cuando lucha, por qué lo hace realmente, cómo tienen montado su tinglado económico, ideológico, político e institucional los burgueses, hacia dónde nos llevan y, cual debe ser, en cada caso, la consigna de sus luchas. La forma en que se organicen para llevar adelante esas luchas, es más cosa de ellos. Pero los principios y la táctica, es intransferiblemente cuestión de la vanguardia revolucionaria. Y para eso no se puede prescindir del Materialismo Histórico ni de la memoria política del movimiento.
3) Por tanto, la conciencia política de clase sólo puede ser introducida desde fuera de la relación y lucha inmediata entre capitalistas y asalariados. Babeuf, el creador de lo que por entonces se llamó "socialismo revolucionario", no fue un "Sans Culott" que surgió de las barricadas, sino un pensador y político francés procedente de una familia pequeñoburguesa de la región de Picardía, que antes de abrazar la causa trabajó como encargado en los registros de los derechos señoriales. ¿Cómo combatió Babeuf al poder burgués surgido de ese proceso? Con el seudónimo de Gracchus, apoyó con entusiasmo la Revolución Francesa, pero al final del Periodo del Terror, desde las páginas de su periódico: "Le Tribun du People",y también desde las columnas del "Journal de la Conféderation" y del "Le Scrutateur des Décrets", expuso su doctrina política revolucionaria arremetiendo contra el Directorio, a cuyos dirigentes calificó de contrarrevolucionarios. En 1796 formó una asociación de la que surgió la "Conspiración de los Iguales", cuyo objetivo fue acabar con el Directorio. Por esta causa fue perseguido, su organización desmantelada, y él mismo ejecutado. En ese entonces, todos los líderes políticos revolucionarios lo fueron en virtud de sus ideas, y no pudieron ser sino de extracción burguesa o pequeñoburguesa, ninguno de ellos obrero, dado que todavía no existían las escuelas públicas, el grado de analfabetismo entre los asalariados era muy alto, y a los estudios superiores sólo podían acceder los hijos de la burguesía. El ser intelectual era parte de la condición de clase burguesa, de ahí que Lenin, siguiendo a Kautsky, pensara y dijera que el pensamiento y la construcción científica de ideas revolucionarias, en ese momento era un atributo exclusivo de la intelectualidad burguesa. Y que los obreros alfabetizados, por su condición de clase subalterna, por ser capital variable que espontáneamente produce y reproduce la conciencia burguesa, en general no podían elaborar esas ideas científicas, porque, además, prácticamente carecían de tiempo libre. Pero sí las podían comprender aplicadas por los revolucionarios --algunos de ellos también asalariados, como el sastre Wheitlin o el ebanista Proudhon-- a su propia realidad.
4) Por lo tanto, esa intelectualidad científica, comprometida con la causa obrera descubierta por su compromiso originario con la ciencia, fue -y debiera seguir siendo- la encargada de introducir ese conocimiento científico en el movimiento obrero espontáneo;
5) que la forma de gestar conciencia no es teórica pura sino teórico-práctica, esto es, aplicando el conocimiento científico de la estructura económico-social del capitalismo y la memoria histórica del proletariado, a las luchas sindicales, económicas o espontáneas del proletariado. Se trata de hacer comprensibles -primordialmente a la "vanguardia natural de la clase"- las razones históricas por las cuales es necesario convertir las luchas económicas o espontáneas inconscientes, en luchas políticas conscientes; tal es el "arte político" -de la relación vanguardia-masa- a desplegar por la intelectualidad revolucionaria en contacto directo o indirecto con la clase, que para eso están los medios de difusión: "fundir la teoría revolucionaria con el movimiento proletario espontáneo". Pensamos que, sin estas premisas, no habrá contribución efectiva posible a la creación de partidos y programas verdaderamente revolucionarios en cualquier país del mundo.
Respecto de la intervención de la IIIª Internacional en Europa antes de la era Stalin con su llamado "parlamentarismo revolucionario", nosotros hemos expresado nuestra crítica y desacuerdo respecto de esta táctica de Lenin. En todo este punto, los compañeros del CIS parecen concebir las luchas de clases casi como un proceso continuo, sin rupturas. Nosotros las entendemos como procesos históricos discontinuos, de breves ascensos revolucionarios seguidos de largos y profundos retrocesos contrarrevolucionarios; lentos avances cuando la tasa de ganancia se recupera y los triunfos en las luchas por aumentos salariales que pueden ser concedidos por la burguesía, levantan la moral de los asalariados; así de conquistas en conquistas económicas hasta el punto de saturación del capital en que las luchas defensivas se convierten en ofensivas porque los burgueses no pueden seguir concediendo y las masas no quieren aceptar las nuevas condiciones de explotación exigidas por la crisis.
Los compañeros del CIS no parecen ver las cosas desde esta perspectiva De ahí que no distingan entre las condiciones económicas, sociales y políticas favorables a la unificación de la vanguardia autoproclamada para la construcción del embrión del partido, respecto de las que permiten su crecimiento y existencia como partido con influencia de masas. Parece como si la mera existencia de una organización revolucionaria y su proyección hacia el movimiento de masas que le convierte en un Partido capaz de incidir en la correlación política de fuerzas sociales, fueran dos instancias que discurrieran al margen de los avatares de la lucha de clases. Por ejemplo, afirman que ese partido revolucionario internacional es posible en situaciones parecidas al "periodo previo a la Segunda Guerra Mundial, cuando el fascismo había aplastado al movimiento obrero europeo y el desempleo coexistía con la inflación. Los compañeros piensan que:
<<...la clase obrera podía haber obtenido mayoría electoral en varios países europeos, y la consigna "gobierno de los trabajadores" no sólo puso (supuestamente) en la mente de los trabajadores que podían tomar las riendas de su propio destino durante aquellas difíciles circunstancias sino que además presionó a los partidos reformistas para que se unieran a otros partidos del proletariado en vez de formar coaliciones con la burguesía".>> (Ibíd)
Nosotros no estamos de acuerdo con este razonamiento. En las condiciones de la clase obrera europea tras las derrotas estrepitosas de 1918/19, esos engendros oportunistas que Lenin intentó crear en 1920-21 entre los PC más importantes (Francia, Inglaterra, Alemania e Italia), y la izquierda de los partidos socialdemócratas, no tuvieron absolutamente nada que ver con una estrategia revolucionaria para el continente, sino con la necesidad del poder soviético en la URSS, de reanudar sus intercambios con esas principales potencias económicas, con el exclusivo propósito de salir del marasmo económico por el que atravesaba la revolución en esos momentos. De este modo de pensar se desprende la idea de que el curso de las luchas políticas entre burguesía y proletariado dependen en todo momento de la intervención de los revolucionarios en ellas, y que con tácticas políticas ejecutadas por arriba en condiciones de retroceso político de las masas, pueden darle la vuelta a semejante correlación política de fuerzas desfavorable; en suma, que el curso del movimiento asalariado es una variable dependiente de la decisión de los revolucionarios para accionar el detonador de la gran carga política revolucionaria supuestamente contenida en la conciencia de los explotados, siempre dispuesta para el estallido. Y esto es falso. En tal sentido, lo que hay que juzgar en este contexto, no es sólo si fue o no fue justa la táctica del llamado "parlamentarismo revolucionario" en semejante contexto de la lucha de clases, sino también si fue correcto por partede los bolcheviques, sacrificar el futuro de la revolución en Europa a la solución de los problemas económicos inmediatos de la URSS. Cfr: http://www.nodo50/org/gpm/rafaelpla\14.htm
Finalmente, en el mismo apartado sobre "La organización de los revolucionarios socialistas" los compañeros dicen que:
<<En nuestra opinión, la formación de esta organización no es ahora una tarea imposible.>> ( Ibíd)
A no ser que decidamos repetir experiencias como la que Lenin aconsejó en 1920/21 en contra de su propia filosofía de construcción, o la que ensayó Trotsky en 1938, ahora es tan necesario como posible empezar la tarea para unificar a la vanguardia revolucionaria en torno a los principios científicos del Materialismo Histórico y de la memoria histórica del proletariado, así como sus más importantes aplicaciones a la realidad actual de la lucha de clases en cada país y en el mundo. Pero esta promete ser una tarea ni breve ni fácil.. De hecho, en mayor o menor grado el debate en curso entre distintas organizaciones, contribuye a ello. Pero en este período no es posible construir el partido Internacional, si por este vocablo se entiende la organización de los revolucionarios con cierta influencia de masas. Si en las condiciones actuales se quiere construir un partido con semejante proyección social, hay que hacer concesiones ideológicas y políticas a la burguesía en la conciencia burguesa de los asalariados, rebajando los principios revolucionarios al nivel en que se encuentra el grueso de la vanguardia amplia; hay que asimilarse al reformismo, a la izquierda del sistema, al stalinismo o al nacionalismo burgués radical.
Para construir el partido revolucionario, antes que nada es necesario aplicar con conocimiento, inteligencia y tenacidad propagandística, la piqueta de la crítica científica sobre los cimientos del edificio ideológico y político construido por el reformismo en la conciencia colectiva de los explotados, mientras el "viejo topo" hace lo propio sobre la base económica de la sociedad burguesa. Y esto debe hacerlo una minoría que sabe aceptar esa condición desfavorable y nada gratificante como una exigencia de la historia en momentos de retroceso, los pocos que, desde el principio hayan comprendido la necesidad de encarnar y esgrimir la moderna ciencia social y la memoria histórica del proletariado como el arma más eficaz en la lucha contra el capitalismo y la construcción de la futura sociedad comunista. No hay otra manera. Así ha ocurrido siempre en la moderna historia del capitalismo.
En este sentido, viene bien evocar aquí la carta que Trotsky dirigió el 17 de junio de 1938 a los redactores de la revista "Partisan Review", quienes le habían pedido opinión acerca de la situación del movimiento artístico en aquella época, y que es homologable a la evolución de los movimientos políticos. Allí Trotsky alude a una "curiosa carta" que había leído en la misma revista, donde uno de sus corresponsales residente en Chicago, declaró no hacerse ninguna ilusión sobre los trotskystas u "otros escombros anémicos desprovistos de toda base de masa". A estas "palabras altaneras" el "viejo" contestó lo siguiente:
<<Ninguna idea progresista ha surgido de "una base de masa", si no, no sería progresista. Sólo a la larga va la idea al encuentro de las masas, siempre y cuando, desde luego, responda a las exigencias del desarrollo social. Todos los grandes movimientos han comenzado como "escombros" de movimientos anteriores. Al principio, el cristianismo fue un "escombro" del judaísmo. El protestantismo un "escombro" del catolicismo, es decir, de la cristiandad degenerada. El grupo Marx-Engels surgió como un "escombro" de la izquierda hegeliana. La Internacional Comunista fue preparada en plena guerra por los "escombros" de la socialdemocracia internacional. Si esos iniciadores fueron capaces de crearse una base de masa, fue sólo porque no temieron al aislamiento. Sabían de antemano que la calidad de sus ideas se transformaría en cantidad. Esos "escombros" no sufrían de anemia; al contrario, contenían en ellos la quintaesencia de los grandes movimientos históricos del mañana.>> (:L Trotsky: Op. Cit. En "Literatura yrevolución. Otros escritos sobre la literatura y el arte" T.II Ed. Ruedo Ibérico/69 Pp. 191)]
Así como el Materialismo Histórico surgió como un escombro del hegelianismo y recién pudo crearse su propia base de masas gracias a que una minoría de científicos sociales de origen burgués lo hizo posible mediante la lucha teórica y política contra populistas y mencheviques a principios del siglo pasado, de igual modo deberá ser una minoría relativa de científicos sociales de origen proletario la que, en estos tiempos, conseguirá que el Materialismo Histórico resurja de entre los escombros del reformismo stalinista para construir la próxima Internacional Comunista. Todo dependerá, esta vez, de la mayor altura a la que las condiciones históricas del capitalismo permitan poner el listón de la ciencia aplicada a la sociedad, como requisito de pertenencia al nuevo germen organizativo y su programa. Y eso se pondrá de manifiesto en el debate necesario entre quienes pretendan recoger el testigo que la memoria histórica del movimiento ha puesto en manos de las actuales generaciones de asalariados.
Programa mínimo, programa máximo y programa de transición
a) Sobre la división o distinción entre programa mínimo y programa máximo
Dicen los compañeros del CIS:
<<La división de este programa en mínimo y máximo -en el movimiento socialista- es una característica distintiva de las tendencias reformistas. Marx nunca reconoció esas distinciones ni en el Manifiesto Comunista ni en los programas de la Primera Internacional. En la Segunda Internacional esta distinción representó el abandono de los ideales de cambio fundamental y revolucionario y su reemplazo por la idea de “reformar” la sociedad capitalista. En la Tercera Internacional, antes de la derrota de la revolución rusa y de la degeneración estalinista de la Comintern, esta división había sido abandonada. Durante y después de la era estalinista, esta noción fue revivida por organizaciones que apoyaban al "campo socialista". El socialismo revolucionario se distingue por su rechazo a esta diferenciación. Es decir, planteamos la unidad dialéctica entre la lucha por reivindicaciones económicas y la lucha política por el poder.>> (CIS: Op.Cit. El programa revolucionario)
Trotski también descalificó la división entre "programa máximo" y "programa mínimo", atribuyendo su paternidad a la socialdemocracia previa a la Primera Guerra Mundial:
<<La socialdemocracia clásica, que desplegó su acción en la época del capitalismo progresivo, dividía su programa en dos partes independientes una de otra: el programa mínimo, que se limitaba a algunas reformas dentro de la sociedad burguesa, y el programa máximo, que prometía para un porvenir indeterminado el reemplazo del capitalismo por el socialismo. Entre el programa máximo y el programa mínimo no existía puente alguno. La socialdemocracia no tenía necesidad de ese puente porque sólo hablaba del socialismo en los días de fiesta.>> (L.D. Trotsky: Op.cit.)
Se ve que los compañeros del C.I.S. reivindican el "Programa de Transición". Aunque de forma confusa, su crítica a la socialdemocracia clásica en este aspecto de la política, se inspira en los argumentos de Trotsky, como veremos enseguida. En otro pasaje de su documento son más claramente categóricos al respecto:
<<A nuestro parecer, desde el punto de vista marxista revolucionario, es incorrecta la dicotomía, “reforma o revolución”. Ambas están dialécticamente entrelazadas: es reforma-revolución.>> (CIS: Op.Cit. El partido revolucionario)
Si se entiende que no hay dicotomía, diferenciación o delimitación entre un programa y otro, se debe aceptar que no puede haber salto o ruptura dialéctica, y que por el camino de las reformas se llega a la revolución. Es una contradicción en sus propios términos afirmar que la socialdemocracia no "distinguió" entre reforma y revolución, para después --casi a renglón seguido-- proponer lo contrario, esto es, que no se debe hacer una dicotomía entre ambos términos[2]. Porque toda reivindicación inmediata, sea económica o política, como puede ser una aumento de sueldos o cambios en la ley electoral, entran en el campo de las reformas de estructura capitalista. Sin la delimitación precisa entre dos términos de distinta naturaleza que conforman una contradicción en sí misma insoluble, no puede haber síntesis o superación dialéctica de la contradicción. En todo caso sólo evolución de lo mismo. Así como no puede haber revolución sin ruptura ideológica y política entre proletariado y burguesía, del mismo modo no puede haber continuidad lógica entre reforma y revolución sin ruptura ideológica y política entre ambas. En las dos formas del mismo hecho, es necesario previamente distinguir una cosa de otra. Rosa Luxemburgo, en Reforma o Revolución" fue teóricamente clara al respecto, desde el título hasta la última palabra escrita en esa obra; aunque no fuera políticamente del todo consecuente con su propia teoría
Cierto, Marx nunca habló en términos de "programa mínimo" y "programa máximo". Pero es erróneo afirmar que no distinguió teórica y políticamente entre los intereses inmediatos y los intereses futuros del movimiento, que es lo mismo dicho de otra forma. Decía que:
<<Los comunistas luchan por alcanzar los objetivos e intereses inmediatos de la clase obrera; pero, al mismo tiempo, defienden también, dentro del movimiento actual, el porvenir de ese movimiento.>> (K. Marx-F.Engels: "Manifiesto Comunista" Cap. IV)
Con esto quería significar que la lucha por los intereses inmediatos se debe comprender o integrar tácticamente en la lucha por los intereses históricos o estratégicos, es decir, que el programa máximo no se debe sacrificar al programa mínimo.
Pero la unidad dialéctica desde el punto de vista marxista --no hegeliano-- supone la distinción de naturaleza entre los contrarios. De otro modo no estaríamos hablando de unidad sino de identidad, y no de revolución sino de evolución, esto es, de reforma, lo cual supone una dialéctica puramente formal o complementaria, que explica los cambios de formadentro de una misma sustancia, en este caso, la sustancia social capitalista presidida por la ley del valor que permanece intangible aunque cambien sus formas de organización manifiestas: capitalismo privado individual nacional, capital colectivo nacional, capital oligopólico nacional y oligopólico transnacional: Cfr.: http://www.nodo50.org\gpm\dialectica\20htm. Esto es lo que ha hecho la socialdemocracia clásica, convertir la contradicción entre programa mínimo y programa máximo en una dialéctica formal para poder integrar o reducir el programa máximo en el programa mínimo, en la lucha por las reformas de estructura capitalista. Al diluir el programa máximo en el programa mínimo, esto es, la estrategia socialista en la táctica o forma de manifestación de la estrategia, sintetizada en el "programa mínimo" de reivindicaciones inmediatas, los reformistas inscriben su práctica política en la sustancia del capitalismo, en la ley del valor y el Estado burgués. Tienden a neutralizar la dialéctica social reduciéndola al polo conservador que, en cada instancia de su evolución, formas de manifestación o cambios cualitativos, se reafirma en su identidad de sustancia capitalista.
En sentido revolucionario, marxista o Materialista Histórico, esta dialéctica se resuelve al revés de cómo han venido procediendo los reformistas, esto es, integrando tácticamente la lucha por las reformas en la estrategia comunista. Pero no reduciendo una en otra, sino siempre distinguiendo las dos formas de lucha, un polo dialéctico del otro. O sea, que en la unidad dialéctica entre esos dos polos de la contradicción, el que tira en el sentido de su resolución histórica efectivamente revolucionaria, esto es, en otra sustancia social superadora del capitalismo, es el polo de los intereses históricos del proletariado, para los fines de la transustanciación social de la propiedad privada sobre los medios de producción, en propiedad colectiva socialista pura. Y en esto, Marx y Engels han sido también categóricos y terminantes:
<<En todos (...) [los] movimientos [los comunistas] ponen en primer término como cuestión fundamental (...), la cuestión de la propiedad, cualquiera sea la forma más o menos desarrollada que ésta revista.>> (K. Marx-F.Engels: Op.cit. Lo entre corchetes es nuestro)
E inmediatamente agregan con el mismo énfasis:
<<Los comunistas consideran indigno ocultar sus ideas y propósitos.>> (Ibíd)
De modo que es al revés de cómo lo plantean los compañeros. Es la burguesía quien mezcla y trata de confundir las categorías económicas, sociales y políticas para poder diluir unas en otras, esto es, las esenciales en su forma de manifestación. Por ejemplo, al tratar teóricamente de la dialéctica entre precios y valores económicos, la burguesía mezcla y confunde ambas categorías para diluir el valor en los precios de mercado. De este modo hacen desaparecer la teoría de la explotación, dado que el valor de cada producto y el plusvalor contenido en él, se crean en el proceso productivo, en tanto que los precios se forman en el mercado, en el proceso de circulación de la riqueza. El valor es un producto directo del trabajo social; los precios, son un producto de la oferta y la demanda. Lo mismo respecto de la dialéctica entre las luchas por la defensa de las condiciones de vida y de trabajo --en la que habitualmente se manifiesta la tendencia histórica a la lucha por el poder-- y la lucha por el poder mismo. Para neutralizar esta tendencia, la burguesía cuenta con la igualdad de ambos polos ante la ley natural de la oferta y la demanda ratificada por la igualdad ante la ley estatal de arbitraje.
Habiendo nacido con el defecto genético del oportunismo, si en principio la socialdemocracia clásica no confundió teóricamente entre programa mínimo y programa máximo, es porque no pudo. Su adscripción al marxismo le impidió hacerlo. Por tanto, al no juzgar "oportuno" romper expresamente con el marxismo hasta convertirse en la Internacional social-liberal durante la década de los 70 del siglo XX, debió distinguir --aunque solo teórica o formalmente-- entre la lucha del proletariado por las reformas y la lucha por el poder. Pero rompió políticamente con él en dos pasos lógicamente sucesivos: el primero, politizando los sindicatos para sus intereses y trasladando la contradicción política entre proletariado y burguesía al interior de las instituciones de Estado burguesas en condiciones de paz social; el segundo, diluyendo el programa máximo en el programa mínimo (al interior del Estado burgués y los sindicatos), abandonando la lucha por el poder político de clase para abrazarse a la lucha por las reformas.
b) La teoría del estancamiento permanente
Habiendo llegado desde 1930 al convencimiento infundado de que las fuerzas productivas bajo la primacía de la ley del valor habían dejado de crecer, Trotsky previó que, antes de acabar disgregándose en medio de semejante situación sin salida para el capitalismo, las masas asalariadas que, según él, estaban luchando infructuosamente por reivindicaciones mínimas que la burguesía no les podía conceder, juzgó que se mostraban sin embargo dispuestas a continuar la lucha para salir de semejante situación, pero carecían de las consignas para la acción que le permitieran alumbrar en su conciencia el camino que conduce a la toma del poder.
Una vez instalado en este matiz teórico erróneo, aparentemente despreciable --como así hicimos por falacia de autoridad casi todos, por no decir todos sus epígonos-- de que la crisis de los años treinta había puesto un límite absoluto o infranqueable al desarrollo de las fuerzas productivas bajo el capitalismo, su táctica política basada en las consignas transicionales se desvió kilométricamente de la que realmente podía conducir a los fines estratégicos revolucionarios[3]. En efecto, si --como pensaba Trotsky-- el capitalismo había llegado a un punto del proceso histórico de acumulación en que, objetivamente, las fuerzas productivas dejaban de crecer, la crisis permanente llevaba la semiparálisis al aparato productivo de la burguesía, a su inercia, y la miseria absoluta creciente al hogar de los asalariados. En semejantes condiciones, al manifestarse incapaz de garantizar el mínimo nivel de vida de las masas, la burguesía se volvía impotente para sostener su hegemonía sobre el "Estado democrático de derecho", y la tendencia a la fascistización de la sociedad se vería fortalecida hasta convertirse en la única forma permanente de dominación.
Esta es la contradicción que subyace en el discurso de Trotsky cuando, en el primer punto del "Programa de Transición" dice que "Las condiciones objetivas de la revolución no sólo están maduras sino que han empezado a descomponerse" Daba a entender así, que si el proletariado no consiguiera convertir la guerra interimperialista que se preparaba, en guerra revolucionaria internacional contra la burguesía, dada la supuesta incapacidad absoluta del capitalismo para cambiar el signo de la curva básica a instancias de los ciclos periódicos, en la siguiente época de paz, la humanidad vería prolongar indefinidamente, agravados, los sufrimientos asociados a las consecuencias catastróficas de esa inminente confrontación bélica.
<<Sin revolución social en un próximo período histórico, la civilización humana está bajo la amenaza de ser arrastrada a una catástrofe...>> (Op.cit.)
Ese argumento se basaba en este otro: Si las fuerzas productivas dejan de crecer, no producen plusvalor adicional. No pudiendo producir plusvalor adicional entre sucesivos ciclos de rotación del capital global, la reproducción ampliada, es decir, la acumulación, se estanca y el fondo de consumo personal de las familias burguesas desciende sin remisión. En estas condiciones, los capitalistas tampoco pueden garantizar el más insignificante progreso en las condiciones de vida y de trabajo de los asalariados, que así, el capitalismo conduce a la miseria absoluta; por tanto, los burgueses tampoco pueden mantener el régimen de libertades en el marco del Estado burgués "democrático". De tal imposibilidad se desprende que, cualquier reivindicación mínima, sea económica o política de los asalariados y hasta de los pequeños patronos, choca con la propia existencia del capital. Tal es la conclusión a la que llegó Trotsky en 1938:
<<La Internacional Comunista ha tomado el camino de la social-democracia en la época del capitalismo en descomposición, cuando a éste ya no le es posible tratar de reformas sociales sistemáticas, ni de la elevación del nivel de vida de las masas; (...) cuando cualquier reivindicación seria del proletariado y hasta cualquier reivindicación progresiva de la pequeñoburguesía, conducen inevitablemente más allá de los límites de la propiedad capitalista y del Estado burgués.>> (L.D. Trotsky: "El Programa de Transición" (El programa mínimo y el programa de transición)
Pero la IVª Internacional adoptó la teoría del estancamiento permanente sin una base científica sólida. Esto de que las fuerzas productivas habían dejado de crecer a partir de 1914, es una idea que Trotsky venía sosteniendo, al menos, desde el III Congreso de la IC, en 1921. Basándose en los datos de un gráfico publicado en el Times, donde se describía la evolución del comercio exterior británico entre 1781 y 1913, Trotsky distinguió entre la curva fundamental o básica del capitalismo, que traza el desarrollo de las fuerzas productivas, y la curva fundamental cíclica, que describe las olas periódicas de prosperidad y crisis, asociadas a la reposición del capital fijo, que han venido repitiéndose periódicamente cada nueve años. Respecto de la primera curva, Trotsky interpretó que hubo 5 períodos de desarrollo, el último de los cuales señaló como el de "destrucción de la economía capitalista". En esta tesis insistió Trotsky un año después, durante el IV Congreso de la "Comintern" realizado en 1922:
<<Para nosotros, una perpetuación de la burguesíaeuropea en la dirección del mundo actual durante algunos decenios, no significaría el florecimiento del capitalismo, sino una decadencia económica y la descomposición de su cultura en Europa. Tal variante del desarrollo histórico arrastraría a la Rusia soviética a un abismo>> (L.D. Trotsky: "Informe sobre la Nueva Política Económica soviética y las perspectivas de la revolución" 14/11/922)
En ese Congreso, Trotsky subrayó que la correlación entre las dos curvas fundamentales del desarrollo capitalista es una cuestión "de la mayor importancia, tanto teórica como políticamente", reconociendo que, hasta ese momento, no había sido dilucidada por el movimiento. En febrero de 1926, la discusión se reavivó --a raíz de la publicación por Kondratiev de su obra: "Los ciclos largos de la coyuntura"-- pero la polémica se mantuvo estancada en los mismos términos de discrepancia. Desde entonces, nosotros no sabemos que Trotsky haya avanzado en sus investigaciones sobre el asunto.[4]
Sin embargo, en 1938 decidió saldar este trascendente contencioso teórico por la vía política y organizativa, fundando la IVª Internacional presidida por su "Programa de Transición", basado en el erróneo pronósticode que la crisis prebélica del capitalismo, actualizaba la ley del derrumbe capitalista. Una vez a caballo del supuesto estancamiento económico permanente del sistema capitalista, Trotsky dedujo que la base material del programa mínimo estaba siendo arrastrada por la deriva del capitalismo hacia el abismo de su crisis crónica terminal; que, en tales condiciones, la burguesía no podía conceder ya a los explotados la más mínima mejora en sus condiciones de vida y de trabajo sin desaparecer como clase explotadora; y que, así, estos veían desaparecer bajo sus pies la base de sus reivindicaciones inmediatas realizables, como trampolín para poder, desde allí, dar el salto en su conciencia hacia la lucha por el derrocamiento de la burguesía. Eso fue lo que le indujo a elaborar desesperadamente su programa de consignas transitorias en combinación con el "programa mínimo" que, supuestamente, estaba perdiendo vitalidad y sentido histórico como puente hacia el programa máximo.
c) Los supuestos de Trotsky frente a la realidad del movimiento de masas y el partido
La primera conclusión política que Trotsky sacó una vez dada por cierta su teoría del estancamiento económico permanente y de la fascistización irreversible de la sociedad capitalista, fue que la consecuente imposibilidad de que las reivindicaciones del proletariado pudieran ser satisfechas por la burguesía, perdían sentido como instancia de lucha en el proceso de toma de conciencia del proletariado. Esto explica su decisión de suprimir la distinción entre programa mínimo y programa máximo, procediendo a elaborar un programa que en una situación no revolucionaria, pretendió combinar las consignas mínimas con determinadas consignas transicionales, concebidas como puente o trampolín hacia la lucha por la toma del poder.
Semejante decisión, producto, por una parte, de la crisis capitalista que Trotsky juzgó mortal de necesidad para el sistema burgués --automatismo por completo ajeno a la lógica del capital demostrada por Marx-- y, por otra, de una realidad política, el fascismo, que parecía confirmar las lógicas consecuencias de un capitalismo supuestamente sin salida. Sobre estas bases teóricas, Trotsky se agarró al siguiente eslabón de su cadena de errores, que consistió en saltarse la fase natural de desarrollo político en la conciencia del proletariado correspondiente al "programa mínimo", para tratar de que ajuste sus luchas a las consignas del "Programa de Transición", entre ellas, la de "gobierno obrero y campesino", como puente entre la dictadura del capital y la "dictadura del proletariado":
<<La agitación bajo la consigna de gobierno obrero y campesino tiene en todos los casos un enorme valor educativo. Y no es por azar: esta consigna, completamente general sigue la línea del desarrollo político de nuestra época (bancarrota, disgregación de los viejos partidos burgueses, quiebre de la democracia, auge del fascismo, aspiración creciente de los trabajadores a una política más activa y más ofensiva).>> (L.D. Trotsky: "Programa de Transición" Apartado 14: "Gobierno obrero y campesino")
Trotsky extrajo esta consigna del contexto histórico en que los bolcheviques la aplicaron por primera vez, en 1917 --bajo condiciones de ofensiva revolucionaria de las masas-- para aplicarla a las condiciones de retroceso profundo imperantes en 1938, que permitieron a la burguesía internacional desencadenar la Segunda Guerra Mundial.
De aquí en adelante, ésta fue la táctica por la que los trotskystas se distinguieron a sí mismos de la táctica oportunista de los reformistas. Pero, para eso, necesitaron otro supuesto irreal: que el proletariado estaba preparado y dispuesto a pasar sin solución de continuidad, de las luchas inmediatas en una situación no revolucionaria bajo la hegemonía ideológica y política de la burguesía sobre su conciencia, a la lucha por el derrocamiento del capital, es decir a otra situación de carácter revolucionario. Él único argumento que ofreció Trotsky a favor de este salto evolutivo fue el siguiente:
<<En todos los países, el proletariado está sobrecogido por una profunda inquietud. Grandes masas de millones de hombres se sitúan sin cesar en la vía de la revolución, pero cada vez chocan con sus propios aparatos burocráticos>> (L.D. Trotsky: Op. Cit. "Las premisas objetivas de la revolución socialista")
Colocarse sobre una vía y comenzar decididamente a andar sobre ella, supone saber donde y por dónde se va. Lo cierto es que, cuando Trotsky escribió y pronunció estas palabras, el proletariado no estaba sobre la vía de la revolución sino a punto de subir a los vagones que le conducirían a los distintos frentes de guerra. Ya había aceptado ese destino como algo tan inminente como inevitable. Convenientemente cohesionado por sus direcciones políticas y sindicales reformistas en torno a sus respectivas burguesías nacionales, aceptó ser internacionalmente dividido para tomar partido entre los dos bloques de países capitalistas beligerantes previamente conformados, dispuestos a matarse mutuamente en una nueva guerra interburguesa de reparto. La "premisa subjetiva" de Trotsky, estuvo preñada de una fuerte subjetividad revolucionaria personal:
<<Es verdad que el reformismo es la lógica del oportunismo. Pero no es menos cierto que las direcciones políticas reformistas del movimiento obrero no hacen oportunismo con la burguesía, sino con la conciencia burguesa de la clase obrera mayoritaria. Sólo se puede manipular lo que es efectivamente manipulable. La condición suficiente del reformismo no reside, pues, en las direcciones del movimiento obrero traidoras a los principios de la revolución, sino en la conciencia burguesa de la clase obrera. De hecho, que las mayorías proletarias de algún país hayan llegado al enfrentamiento político directo con sus direcciones reformistas desde una perspectiva objetivamente revolucionaria, la historia no registra ningún caso.>> (http://nodo50.org/gpm/cuarta/06.htm)
Como hemos sostenido ya, en determinadas condiciones las masas pueden sobrepasar espontáneamente a sus direcciones reformistas burocráticas. Pueden, incluso, desbaratar a un Estado; pero la perspectiva objetivamente revolucionaria de esa lucha está en función de la presencia de un partido revolucionario con influencia de masas, mucho antes de que esos acontecimientos se produzcan.
Si la "oposición de izquierdas" hubiera podido a fines de los años veinte constituirse en internacional revolucionaria --al menos en Europa, EE.UU. y Japón-- manteniéndose en la línea que va de Marx a Lenin, tal vez a fines de la década siguiente un sector significativo del proletariado se hubiera sacudido a sus direcciones reformistas, y otras serían las condiciones históricas como para poder decir que las premisas objetivas y subjetivas de la revolución socialista en 1938 estaban maduras. Pero no fue posible. Casi todos murieron a manos de los agentes de Stalin, luchando en la URSS por la revolución política, como dejó testimonio Trotsky en el obituario que escribió para despedirse de su hijo, León Sedov, también asesinado por la GPU:
<<La vieja generación con la que (...), una vez emprendimos el camino de la revolución (...) ha sido barrida del escenario. Lo que las deportaciones, las cárceles y la katorga zaristas, lo que las privaciones de la vida en el exilio, lo que la guerra civil y lo que las enfermedades no hicieron, lo ha logrado Stalin, el peor azote de la revolución, en estos últimos años. (...) La mejor parte de la generación intermedia, aquellos que (...) el año de 1917 despertaron y recibieron su adiestramiento en veinticuatro ejércitos del frente revolucionario, también han sido exterminados. La mejor parte de la joven generación, los contemporáneos de Liova (...) también han sido pisoteados y aplastados. (...) En estos años de exilio hemos hecho muchos nuevos amigos, algunos de los cuales han venido a ser (...) como miembros de nuestra familia. Pero a todos los conocimos cuando ya nos acercábamos a la vejez. Sólo Liova nos conoció cuando éramos jóvenes; él participó de nuestra vida desde el momento en que tuvo conciencia de sí...>> (L.D. Trotsky: "Lion Sedoff, Son, Friend, Figther" Marzo de 1938. Citado por Isaac Deutscher en: "Trotsky, el profeta desterrado" Cap. V)
Por tanto, era impensable que un reducido grupo de militantes revolucionarios organizados, pudieran cumplir la tarea de resolver la crisis de dirección revolucionaria del proletariado mundial en semejantes circunstancias de la lucha de clases. Menos aún esgrimiendo un programa de lucha inspirado en el espontaneísmo revolucionario de las masas, como fue el caso de "El Programa de Transición".A sólo dos años de su fundación, Trotsky analizaba las discusiones al interior de la IVª, empezando por reconocer la debilidad teórica y consecuente heterogeneidad ideológica y política de sus cuadros, buena parte de ellos procedentes del campo stalinista y de la IIª Internacional.
<<Una proporción considerable de los militantes de la sección americana, y de nuestra joven Internacional, procede del Comintern, en su período de decadencia, o de la Segunda Internacional. Han tenido malos maestros. La discusión ha revelado que amplios círculos del partido carecen de educación teórica de base. Basta con recordar, por ejemplo, que el Comité Local de Nueva York no respondió con una vigorosa defensa a los intentos iluminados de revisar la doctrina marxista y nuestro programa, sino que apoyó mayoritariamente a los revisionistas. Es una lástima, pero se puede remediar, porque la sección americana, y toda la Internacional, está compuesta por individuos honrados que buscan sinceramente el camino de la revolución. Tienen el deseo y la voluntad de aprender. Pero no hay tiempo que perder. Precisamente, la penetración del partido en los sindicatos, y en el medio obrero en general, requiere la preparación teórica de nuestros cuadros. Y no quiero decir con "cuadros" el "aparato", sino el conjunto del partido. Cada militante debe considerarse y actuar como un oficial del ejército proletario.>> (L.D. Trotsky: "De un arañazo al peligro de gangrena")
Producto de esta nada prometedora situación, la organización acabó dividiéndose en dos tendencias. La primera, revisionista del marxismo por la derecha. La segunda, seguidora de las posiciones de Trotsky; ambas como expresión de las "tendencias orgánicas de la psicología de los trabajadores" actuantes en el movimiento de masas, al interior del Partido Socialista Obrero norteamericano (SWP). Finalmente, el partido se rompió a raíz del pacto que Stalin firmó con Hitler, cuando Trotsky decidió mantener su defensa incondicional de la URSS, decisión rechazada por la "tendencia pequeñoburguesa" minoritaria, que finalmente rompió para formar un nuevo partido, apropiándose de The World Internacional, la revista del Social Worker's Partý":
<<Podría decirse que la división arruinó a la Cuarta Internacional si una organización tan insustancial como ésta hubiese podido ser arruinada en modo alguno. Trotsky abrigó la esperanza de que, después de la salida de los "elementos pequeñoburgueses y oportunistas". El Partido Socialista Obrero pudiera echar raíces más profundas en la clase obrera norteamericana. Pero eso no habría de suceder: el partido siguió siendo una pequeña capilla cuyos miembros se mantuvieron devotamente fieles a las enseñanzas de Trotsky y más tarde a su memoria, pero que nunca pudo adquirir ningún peso político.>> (Isaac Deutsche: Op.cit Cap. V)
En semejantes condiciones totalmente desfavorables para el proletariado, tanto por su falta de madurez ideológica, como de la debilidad teórica y política de la IVª, Trotsky puso casi todas sus expectativas en que los efectos objetivos de la guerra sobre el proletariado, tanto en los frentes como en la retaguardia, operaran por sí mismos el necesario cambio en su conciencia colectiva, a fin de que, durante y posteriormente al desenlace final de las hostilidades, esas condiciones le tornarán directamente permeable a las consignas transicionales, facilitando a los revolucionarios complementar la tarea de lanzarlo a la lucha por la toma del poder para que puedan pasar por encima de sus direcciones políticas tradicionales.
Después de acordar con el marxismo en que el proletariado estaba "sobrecogido por una profunda inquietud" anticapitalista sólo contenida por sus direcciones burocráticas políticas y sindicales, pocas líneas más abajo, Trotsky soltó un pronto que, desde entonces, ha inducido a la desviación espontaneísta de la lucha de clases; y es que, según la literalidad del texto, el comportamiento de los explotados está determinado por dos fuerzas contradictorias, a saber, por las condiciones objetivas o económicas tendencialmente revolucionarias y por los agentes ideológicos y políticos contrarrevolucionarios de la burguesía. Para concluir que, de estas dos fuerzas, en última instancia se impone la fuerza de las condiciones objetivas a través de las luchas obreras; o sea, que la conciencia revolucionaria surge directamente de las luchas. Trotsky lo dijo literalmente así:
<<La orientación de las masas está determinada, de una parte, por las condiciones objetivas del capitalismo en descomposición; de otra, por la política de traición de las viejas organizaciones obreras. De estos dos factores, el factor decisivo es, por supuesto, el primero: las leyes de la historia son más poderosas que los aparatos burocráticos. Cualquiera que sea la diversidad de métodos de los socialtraidores --de la legislación social de Blum a las falsificaciones judiciales de Stalin-- no lograrán jamás quebrar la voluntad revolucionaria del proletariado....>> (L.D. Trotsky: "El programa de transición" Apartado II "El proletariado y sus direcciones". Subrayado nuestro)
Trotsky parece excluir aquí al Partido Revolucionario y su función educadora como condición suficiente para el desarrollo de la conciencia del proletariado y la eficacia política de sus luchas estratégicas. Según el espíritu que se desprende de la literalidad del documento en este pasaje, esta función educadora es atribuida por Trotsky a las contradicciones de la realidad económico-social capitalista a través de las masas en lucha, quienes así, por sí mismas, serían capaces de pasar sin solución de continuidad, de la lucha por reformas económicas y políticas dentro del sistema, a la lucha por el poder. Tal ha sido la significación unívoca del discurso espontaneísta de Trotsky en su Programa de Transición, para explicar que "las leyes (económicas) de la historia son más poderosas que los aparatos burocráticos" (lo entre paréntesis nuestro). Según este modo de entender la resolución de la dialéctica social, el partido como educador ideológico y político de masas no es necesario y los mencheviques tenían razón.
Pero, inmediatamente, Trotsky recupera la idea del Partido, no ya como educador político colectivo, sino como dirigente de masas. Dice textualmente que los "esfuerzos desesperados" de la burguesía, "demostrarán a las masas que la crisis de dirección del proletariado (...) sólo podrá ser resuelta por la IVª Internacional". O sea, que, según el discurso de Trotsky, el proletariado espontáneo, por el sólo hecho de luchar contra el capital, llega a comprender las leyes de la historia, esto es, a adquirir conciencia de clase; pero carece de capacidad para autodeterminarse; su conciencia de clase resulta ser insuficiente o parcial; no les sabe indicar qué hacer para que la historia cumpla con sus leyes objetivas; de ahí que necesiten del Partido que les indique por dónde ir, que les de las consignas de su lucha. Tal es la ambigua y contradictoria idea de la relación vanguardia-masa contenida en "El Programa de transición".
Al final de todo, resulta que, para salir de su crisis de dirección, tomar el poder y construir el socialismo, ese proletariado supuestamente conocedor de las leyes de la historia por mediación de sus luchas espontáneas, necesita de un Partido que, desde fuera de sus organizaciones naturales, le indique hacia dónde tirar. Porque él sólo, por sí mismo, no sabe ni por dónde empezar siquiera para quitarle el poder a la burguesía. Y esa dirección que iba a resolver todo el problema, según Trotsky, era la IVª Internacional. Pero, ¿no habíamos quedado, al principio, en que "la orientación del proletariado se resuelve por la contradicción entre las condiciones objetivas revolucionarias y la traición de las organizaciones obreras, a través de la lucha de los explotados? Mayor confusión y ambigüedad que ésta, sólo es posible hallarla remitiéndose a los discursos políticos burgueses.
Esto explica la ambigüedad de los compañeros del CIS sobre la dirección del proceso revolucionario. En efecto, por una parte entienden que:
<<la dirección del proceso revolucionario (que será de masas: proletarias, semi-proletarias y demás sectores oprimidos en su conjunto) corresponde a la clase obrera;>> (CIS: Apartado I. "Es imprescindible reagrupar...")
O donde proponen:
<<un programa que surja desde dentro de las luchas de claseespecificas>> (CIS: Op.cit. "El partido revolucionario")
Al tiempo que en otras partes del documento dicen cosas como que:
<<La Revolución es de masas proletarias y semiproletarias, etc, pero el Partido es de cuadros>> (CIS: Op.cit. "Es imprescindible reagrupar...")
o que:
<<...el partido de vanguardia combate las ilusiones burguesas (en la conciencia de las masas) y conserva la conciencia colectiva ganada.>> (CIS: Op.cit. El significado de “socialismo". Lo entre paréntesis es nuestro)
y que:
<<Es en la batalla por el poder que los trabajadores --mediados por el partido-- adquirirán la conciencia capaz de establecer la democracia nueva>> (Ibíd. El subrayado es nuestro)
De este modo, es imposible saber exactamente dónde reside la dirección del proceso revolucionario. Este lenguaje opaco y ambiguo se presta por partes iguales a la desviación reformista y a la espontaneísta revolucionaria; por tanto, también al centrismo, como sucede con organizaciones como el BIPRhttp://www.nodo50.org/gpm/bipr.13.htm y http://www.nodo50.org/gpm/bipr.14.htm
Casi a renglón seguido, en el primer párrafo del tercer apartado, donde trata sobre "el programa mínimo y el programa de transición", Trotsky empieza volviendo a reconocer la inadecuación de la conciencia del proletariado a las exigencias de las condiciones objetivas. Y dice que en el período prerevolucionario, esto es, bajo condiciones económico-sociales críticas pero con plena hegemonía ideológica y dominio político de la burguesía sobre el proletariado, esa inadecuación de la conciencia proletaria al ser de la burguesía en crisis económica terminal, deberá ser superada por la IVª Internacional consiguiendo que los explotados asuman las consignas transicionales:
<<La tarea estratégica del próximo período --período prerevolucionario de propaganda, agitación y organización-- consiste en superar la contradicción entre la madurez de las condiciones objetivas y la falta de madurez del proletariado y de su vanguardia (confusión, descorazonamiento de la vieja generación, falta de experiencia de la joven.>> (L.D. Trotsky: “El programa de transición”. Apartado III "El programa mínimo y el programa de transición")
Como se ha podido ver citado más arriba, es elocuente y significativo el comentario de Trotsky acerca del comportamiento de los militantes del Comité Local de Nueva York, incapaces de oponerse a los ataques de los revisionistas contra el marxismo y el programa de la IVª, y que acabaron votando mayoritariamente sus posiciones. Trotsky dice allí que "es una lástima, porque se trata de elementos honrados que tienen "el deseo y la voluntad de aprender" Y seguidamente agrega. "Pero no hay tiempo que perder". Como si temiera que los acontecimientos se le vinieran encima y en el momento preciso el Partido no contara con efectivos suficientes. La gravedad de la situación no estaba en el objeto de esa preocupación o temor de Trotsky, sino al revés, en que persiguiendo la cantidad, estaba sacrificando el tiempo necesario para conseguir militantes de calidad. En tal sentido, ¿con qué acervo militante pensaba Trotsky que se podían encarar las tareas estratégicas de propaganda, agitación y organización, a fin de resolver la crisis de dirección del proletariado? Detengámonos en este punto del análisis sobre este apartado, para ver qué entendieron los clásicos del marxismo por consignas de transición, cuales fueron las condiciones históricas en que recomendaron su aplicación y con qué metodología política:
d) Condiciones históricas y método de aplicación de las consignas transicionales según Marx, Engels y Lenin.
Empecemos por destacar la opinión de Trotsky acerca del carácter de su programa. En el punto 3 de los Estatutos de la CI dice lo siguiente::
<<En su plataforma, la Cuarta Internacional concentró la experiencia internacional del movimiento marxista revolucionario, y especialmente aquella que surge de las conquistas socialistas de la Revolución de Octubre de 1917 en Rusia>> (Op.cit.)
Esta afirmación no se corresponde con los hechos históricos ni con la misma línea de pensamiento y táctica política que implementaron los clásicos del marxismo. Marx y Engels entendieron las consignas de lucha por medidas transicionales sólo en el contexto de un ascenso revolucionario de las masas y como parte del mismo proceso de lucha inmediatamente antes y después de la toma del poder. No como demandas de imposible aplicación por la burguesía bajo cualesquiera condiciones de la lucha de clases, esto es, en todo momento, sino como una imposición perfectamente posible pero sólo bajo condiciones insurreccionales, que se les arranca al Estado en un acto de doble poder. En septiembre de 1847, durante su polémica con Karl Heinzen, Engels expuso la idea de las consignas trancisionales inequívocamente así:
<<Todas las medidas para restringir la competencia y la acumulación de capital en poder de individuos, toda restricción o supresión de la ley de la herencia, toda organización del trabajo por el Estado, etc., todas estas medidas revolucionarias no solamente son actualmente posibles por necesarias. Son posibles porque detrás de ellas está todo el proletariado en actitud insurgente y las mantiene por la fuerza de las armas. Son posibles a pesar de todas las dificultades y las desventajas que alegan contra ellas los economistas, porque estas mismas dificultades y desventajas obligarán al proletariado a ir más y más allá de ellas, hasta que la propiedad privada sea abolida por completo, no para perder nuevamente lo que se ha ganado ya. Estos son los pasos tan posibles como preparatorios para la toma del poder, etapas transicionales, temporales, hacia la abolición de la propiedad privada, no de ninguna otra manera.>> (F. Engels: "Gaceta alemana de Bruselas" Nº 3 03/10/847)
Con este mismo espíritu, Marx y Engels redactaron en diciembre de ese año el programa de consignas transicionales contenidas en el capítulo II del "Manifiesto", pensadas para las condiciones existentes en los países más avanzados de Europa, que provocaron el estallido revolucionario de 1848, consignas entendidas no como una conquista parcial y definitiva al interior del sistema capitalista ni como una concesión excepcional y perentoria del Estado capitalista dentro del ordenamiento legal burgués, sino como una "violación despótica" de ese ordenamiento, de las leyes que preservan la propiedad privada y las relaciones de producción burguesas, medidas que serán "insuficientes" para el proletariado, al mismo tiempo que "insostenibles" para la burguesía, de modo tal que tiendan a ser objetivamente sobrepasadas en el curso de la lucha, o volver a la situación de equilibrio de poder anterior, como debe suceder en toda situación en que existe una dualidad de poderes:
<<Esto, naturalmente, no podrá cumplirse al principio más que por una violación despótica del derecho de propiedad y de las relaciones burguesas de producción, es decir, por la adopción de medidas que, desde el punto de vista económico, parecerán insuficientes e insostenibles, pero que en el curso del movimiento se sobrepasarán a sí mismas y serán indispensables como medio para transformar radicalmente todo el modo de producción.>>(Op. Cit)
Los creadores del materialismo histórico plantearon estas consignas transicionales inmediatamente antes de la toma del poder, en medio de la crisis revolucionaria, cuando la conciencia del proletariado está en el punto de inflexión que le permite pasar a la ofensiva en condiciones de implantar el doble poder con vistas al derrocamiento de la burguesía. Por tanto la condición para agitar las consignas de transición, es que la correlación política de fuerzas haya variado en favor del proletariado hasta el punto de que las relaciones entre las clases no están bajo el dominio absoluto de la burguesía, porque las luchas obreras han forzado una situación de doble poder. Por ejemplo, a través del control obrero de la producción.
Los bolcheviques en Rusia han procedido siguiendo estas enseñanzas de los clásicos. A Lenin, jamás se le ocurrió actualizar las consignas de transición en condiciones normales del proceso de acumulación y de plena estabilidad del Estado burgués. Ni siquiera en condiciones de crisis económica bajo plena hegemonía ideológica y control político de la burguesía sobre el movimiento de masas. El POSDR sólo se puso en tensión para orientar el movimiento en el sentido de las consignas transicionales, cuando la sociedad rusa llegó a estar en condiciones de crisis económica sobredeterminada por una crisis política de la burguesía, esto es, de su Estado, producto de la creciente intensidad y masificación de las luchas del proletariado y el pueblo en defensa del "programa mínimo". O sea, en condiciones de crisis revolucionaria, cuando, en un primer momento, los de abajo no toleran ya seguir viviendo como se lo han venido dictando las leyes económicas y políticas del sistema, y súbitamente muestran haber comprendido aquello en lo que la vanguardia revolucionaria había venido insistiendo en explicar durante largos años de incansable labor de propaganda, en los que, aparentemente no pasaba nada, y mucha gente honesta, desilusionada, abandonaba la vida política por eso; así se llega al momento en que las masas salen a luchar habiendo abandonado ya toda confianza en esas leyes y en sus instituciones (empresas, partidos políticos y organismos estatales), abriendo con sus luchas una grieta en el dominio político y militar hasta ese momento absoluto de la burguesía, que así da muestras de estar perdiendo el control de la situación ante esos movimientos de masa de magnitud; es en el curso de este primer momento de la lucha, cuando los clásicos agitaron --sin dejar de explicar su sentido emancipador-- las consignas de transición con vistas a que esa lucha imponga esas consignas transicionales al Estado burgués por la fuerza, a instancias del ejercicio de un doble poder económico a través de los consejos de fábrica y político a instancias de los soviets. Esa institucionalización del poder proletario y popular paralelo y enfrentado al poder contrarrevolucionario de la nobleza y la burguesía, que fungió entre febrero y octubre de 1917, demostraba que los asalariados y demás clases subalternas habían comprendido la necesidad de hacer lo que estaban haciendo, de luchar para imponer las consignas mínimas y transicionales tras establecer su doble poder dentro de la sociedad capitalista todavía en poder del gobierno provisional en manos del bloque histórico aristocrático-burgués.
Así, en tales circunstancias ni a Lenin, ni a Trotskyni a nadie, se le pudo ni podía ocurrir lanzar consignas de transición que suponen el ejercicio del doble poder, antes de que se hubieran dado las condiciones objetivas y subjetivas que lo permitieran, y menos aún haciendo creer a las masas sin conciencia de clase, que el Estado ruso estaba en condiciones de conceder semejantes reivindicaciones; como si unos asalariados que no han llegado a desesperar de sus patrones y del Estado burgués, pudieran asumir las consignas transicionales y sentir en la resistencia del enemigo a cumplirlas, un estímulo a sus luchas que alumbren en sus conciencias el camino del poder. Lenin solía decir que la verdad es revolucionaria y jamás traicionó esta máxima ni su corolario político. Y decía, además, que a las masas nunca se les debe proponer hacer cualquier cosa bajo condiciones objetivas todavía no maduras para ello, o cuando, habiendo ya madurado esas condiciones, su consecuente necesidad histórica de actuar no haya sido comprendida por los encargados de realizarla, que en la comprensión de la necesidad económica reside la libertad política:
<<La comuna, es decir, los soviets, no "implantan", no se proponen implantar, y no deben implantar ninguna reforma que no haya alcanzado plena madurez, tanto en la realidad económica como en la conciencia de la aplastante mayoría del pueblo.>> (V.I. Lenin: "Las tareas del proletariado en nuestra revolución", texto más conocido por "Las Tesis de Abril" 10/04/917)
Refiriéndose en 1931 al control obrero de la producción, Trotsky explicaba magistralmente en qué situación o condiciones de la lucha de clases es preciso aplicar las consignas transicionales y quién debía hacerlo. En ese momento no hablaba de amagar con el control obrero para presionar, para exigir que sea el Estado quien controle a los capitalistas, sino de ejercerlo directamente imponiendo el doble poder dentro de la sociedad capitalista:
<<¿Qué régimen estatal corresponde al control obrero de la producción? Es obvio que el poder no está todavía en manos de los trabajadores, pues de otro modo no tendríamos el control obrero de la producción, sino el control de la producción por el estado obrero como introducción a un régimen de producción estatal basado en la nacionalización. De lo que estamos hablando es del control obrero bajo el régimen capitalista, bajo el poder de la burguesía. En cualquier caso, una burguesía que se sienta firmemente asentada en el poder nunca tolerará la dualidad de poder en sus empresas. El control obrero, en consecuencia, solamente puede ser logrado en las condiciones de un cambio brusco en la correlación de fuerzas desfavorable a la burguesía por la fuerza, por un proletariado que va camino de arrancarle el poder, y por tanto también la propiedad de los medios de producción. Así pues, el régimen de control obrero, un régimen provisional y transitorio por su misma esencia, sólo puede corresponder al período de las convulsiones del Estado burgués, de la ofensiva proletaria y el retroceso de la burguesía, es decir, al período de la revolución proletaria en el sentido más completo del término.>> (L.D. Trotsky: "El control obrero de la producción" 20/08/931)
Y un año antes, en una carta en respuesta a un pedido de asesoramiento táctico de un grupo de militantes austriacos que acababan de romper con el Partido Socialdemócrata de ese país, Trotsky aclaraba la confusión de los compañeros sobre el significado de la expresión "explicar pacientemente" para combatir las maniobras del fascismo, empeñado enlimitar las libertades democráticas concentrando las funciones del poder legislativo en el ejecutivo:
<<Aquí observo un pequeño malentendido. En mi breve trabajo sobre la crisis austriaca subrayé en un paréntesis que la fórmula “explicar pacientemente”, fue utilizada por primera vez por Lenin, en abril de 1917. Seis meses mas tarde conquistamos el poder. Esto significa que no es lo mismo que el partido revolucionario explique pacientemente a que emplee tácticas dilatorias, el gradualismo o el sectarismo aislado. “Explicar pacientemente" no implica explicar las cosas de manera incoherente, indolente, con cuentagotas. Al emplear esta fórmula en abril de 1917, Lenin le decía a su partido: “Comprended que sois una pequeña minoría y reconocedlo abiertamente; no os propongáis tareas que excedan vuestras fuerzas, como el derrocamiento inmediato del Gobierno Provisional; no temáis quedar en oposición a los defensistas, a los que siguen hoy la abrumadora mayoría de las masas; tratad de comprender la psicología de los defensistas honestos --obreros y campesinos-- y explicadles pacientemente cómo poner fin a la guerra." El consejo de Lenin significaba, en otras palabras; “No creáis que existen recetas sofisticadas ni ardides que os permitirán fortaleceros repentinamente sin ganar la conciencia de las masas; dedicad todo vuestro tiempo, toda vuestra impaciencia revolucionaria, a ‘explicar pacientemente'". Este es el verdadero significado de las palabras de Lenin.>> (L. D. Trotsky: "Explicar pacientemente" 10/01/930)
e) Distinto método de aplicación de las consignas transicionales a distintas condiciones históricas por parte de Trotsky en 1938.
Trotsky invirtió los términos de la lógica entre doble poder y consignas transicionales. Para Marx, Engels y Lenin, el Partido, en tanto educador colectivo, es el que, codo a codo con él desde el escenario mismo de sus luchas, combate en su conciencia los condicionamientos burgueses de su comportamiento, conduciéndolo de este modo, hacia la crisis revolucionaria y la conquista táctica del doble poder, en este orden. Una vez desbrozado el camino del poder en su conciencia, el proletariado está preparado para asumir las consignas transicionales que le permitan luchar eficazmente y sin desmayos por constituirse en clase dominante:
<<Cierto es que el arma de la crítica no puede suplir a la crítica de las armas, que el poder material tiene que ser derrocado por el poder material, pero también la teoría se convierte en un poder material cuando prende en las masas. Y la teoría puede prender de las masas a condición de que argumente y demuestre ad hominem, para lo cual tiene que hacer una crítica radical. Ser radical es atacar el problema por la raíz. Y la raíz, para el hombre, es el hombre mismo>> (K. Marx: "Crítica a la filosofía hegeliana del derecho estatal" Introducción 1843)
El Trotsky de 1938 procedió al revés: Desde la "formas más estrechas de la actividad práctica" bajo condiciones de hegemonía absoluta de la burguesía sobre la conciencia y el comportamiento del proletariado, propuso a la militancia revolucionaria de la IVª Internacional que consiguiera poner a las masas en movimiento agitando ante ellas las consignas transicionales, para que a través de la "crítica de las armas", aflorara en sus conciencias el "arma de la crítica" para la toma del poder. Puso el carro de la acción reformista, delante de los caballos de la idea revolucionaria.
En efecto, Trotskyprevió la aplicación de sus consignas transicionales a unas condiciones nada parecidas a las de marzo de 1848 o febrero de 1917. Prestándose a una interpretación ambigua, en una parte del mismo texto presentaba la imagen de "grandes masas de millones de hombres" a ambos lados del Atlántico, encarrilados "en la vía de la revolución", mientras en otro sugería la idea de un proletariado que no atinaba a salir de su lucha infructuosa por reivindicaciones mínimas. En efecto, Trotsky partió de dos hechos --nada que ver con una situación revolucionaria-- que constituían la principal preocupación de los trabajadores en el mundo entero: la carestía de la vida y el paro:
<<No es posible ni necesario enumerar las diversas reivindicaciones (inmediatas) que surgen a cada momento de circunstancias concretas, nacionales, locales, profesionales. Pero dos calamidades económicas fundamentales, en las cuales se resume el carácter crecientemente absurdo del sistema capitalista --a saber, EL PARO Y LA CARESTÍA DE LA VIDA-- exigen consignas y métodos generalizados de lucha.>> (L.D. Trotsky: “El programa de transición”. Escala movil de salarios y horas de trabajo)
O sea, que en "millones de hombres" en lucha sobre los carriles de la revolución, había, sin embargo, una contumaz inadecuación de su conciencia a la dramática situación objetiva que estaban viviendo. Y el drama, según Trotsky, consistía en que la burguesía ya no tenía ninguna salida, al tiempo que aquella generación de asalariados no veía la suya propia por ningún lado; luchaban, pero sólo para que, como habían venido experimentando en el pasado, alguna fracción política de la burguesía les sacara de la penuria en círculo vicioso de ida y vuelta entre la estabilidad de precios y la inflación.
Una vez aceptado el erróneo supuesto del estancamiento permanente, y ante la imposibilidad de que los explotados trasciendan a sus direcciones burocráticas reformistas aquerenciadas en el "programa mínimo", Trotsky se cerró a sí mismo el camino de la inteligencia política aplicada a la siguiente fase de recuperación cíclica del capitalismo prevista por la ley del valor y, por tanto, de la remisión del paro con cierto progreso en el salario histórico producto de las luchas efectivas inmediatas, que permitieran a las nuevas generaciones de la vanguardia revolucionaria reiniciar el trabajo de propaganda y agitación en el próximo proceso de formación de la autoconciencia proletaria para la toma del poder. La negación de todo este proceso cíclico determinado por la ley del valor, es lo que está en el centro político gravitatorio de su "Programa de Transición".
Pero Trotsky no sólo negó la teoría marxista de las crisis de superproducción como obstáculos que la acumulación del capital se pone a sí misma como condición de su propia reanudación sobre bases económicas y técnicas superiores, sino que invirtió los términos de la lógica entre toma del poder y programa de transición aconsejada por la memoria histórica del proletariado, su propia memoria; y no sólo esto, sino que, aun reconociendo en ese momento la total inadecuación de la conciencia de las masas a su propia situación, no estimó necesario que en ese proceso de lucha por la toma del poder, los explotados debieran comprender los fundamentos de las consignas transicionales, como premisa de su acción consecuente. Trotsky rompió así con el materialismo dialéctico y con la memoria histórica de la lucha política de clases, que presupone la necesaria instancia de la lucha teórica y la propaganda, como condición de eficacia ideológica para disputarle a la burguesía --incluidos sus agentes reformistas al interior del movimiento-- la hegemonía en el campo de la opinión pública para la formación de la autoconciencia proletaria, como condición necesaria de eficacia política para llegar a erigirse en clase dominante en la nueva sociedad de transición hacia el comunismo.
En efecto, para Trotsky, lo sustancial y determinante en la tarea de formación de la autoconciencia de los explotados, esto es, de adecuación de su conciencia social y política a las exigencias de las condiciones objetivas, es la lucha misma, la movilización. En tal sentido, lo decisivo no es que los asalariados comprendan las razones y objetivos políticos de las consignas transicionales, sino conseguir que lucharan por ellas pensando en que así daban solución inmediata a sus problemas, aunque estas consignas no pudieran ser asumidas por la burguesía, que de esto se trataba para supuestamente desembocar en la lucha por el poder. Lo decisivo para los resultados de la lucha no era, pues, que el significado y los objetivos de las consignas transicionales fueran comprendidos por los asalariados antes de lanzarse a la lucha por ellos, porque Trotsky entendía que esa comprensión la alcanzarían en el curso mismo de la lucha.
Montado en semejante hipóstasis entre las premisas de la acción y la acción misma, Trotsky llegó al extremo de emular los métodos de la burguesía. Durante los debates previos a la aprobación de su Programa, Trotsky propuso presentar las reivindicaciones transicionales como si fueran reivindicaciones inmediatas, escamoteando a las masas el significado y verdaderos objetivos de la lucha. Trató de llevar a los asalariados por el camino del poder sin que lo sepan, del mismo modo que la burguesía les conduce por el brete de la explotación hacia las crisis y las guerras. Una metodología de la relación vanguardia masa tan inaudita como descabellada. Esto demuestra que el Programa de Transición" fue concebido para hacer frente a las condiciones objetivas del capitalismo en 1938, partiendo de la conciencia burguesa de los asalariados. De ahí que Trotsky propusiera apelar a los métodos de la burguesía:
<<El programa debe expresar las tareas objetivas de la clase obrera más bien que el atraso de los trabajadores. Debe reflejar a la sociedad como es y no como la ve en su atraso la clase obrera. Es un instrumento para superar y vencer el atraso (....) Nosotros no podemos posponer modificar unas condiciones objetivas que no dependen de nosotros. No podemos garantizar que las masas solucionarán la crisis, pero debemos expresar la situación según es, y ésa es la tarea del programa.>> (L. D. Trotsky: "El atraso político de los trabajadores americanos" 19/05/1938)
Ciertamente, la táctica de los revolucionarios para intervenir en la lucha de clases, siempre debe definirse, en primer lugar, según lo exigen las condiciones objetivas respecto del objetivo estratégico, de lo contrario, estaríamos hablando de oportunismo político. Pero una vez determinadas las condiciones objetivas para la revolución por vía de la teoría aplicada por el pensamiento vivo a esas condiciones, convertidas así en "concreto pensado", el factor determinante de las formas de lucha, los medios de acción y las consignas para la acción a emplear por el proletariado, se desplaza al estado de su conciencia y disposición para la lucha, al factor subjetivo. Que la evolución de la conciencia del proletariado dependa de la vanguardia revolucionaria, eso no autoriza a proceder arbitrariamente invirtiendo la prelación de los términos entre movilización y conciencia. El proceso de formación de la conciencia revolucionaria supone la movilización, la lucha de clases elemental, pero ésta, en sí y por sí, no genera conciencia.
Si la conciencia del proletariado evoluciona con retraso respecto de lo que exigen estratégicamente hacer las condiciones objetivas, el Partido deberá entregarse a una tarea táctica de preparación de las condiciones subjetivas necesarias. En ese caso, la lucha teórica y la propaganda, con sus respectivos medios de acción, adquieren para los revolucionarios una relevancia política y orgánica preferente respecto a las demás formas de lucha: la económico-social y la agitación. Pero nunca forzar a las masas para que hagan nada que su conciencia les impida asumir.
Trotsky fue consciente de la inadecuación de las masas a lo que aconsejaba la situación de crisis generalizada que atravesaba la burguesía internacional. Estamos convencidos de que también era consciente de que la táctica diseñada por él rompía con la tradición metodológica del movimiento revolucionario desde 1848 hasta 1924. Es lógico pensar, pues, que esa táctica heterodoxa, estuvo determinada por las urgentes y perentorias exigencias de su infundada teoría del estancamiento permanente.
Marx y Engels consideraron indigno de los comunistas ocultar a las masas sus ideas y propósitos, y Lenin insistió, una y otra vez, en que la verdad es revolucionaria y había que aprender a mirarla de frente, a no evadirse de ella. Como hemos visto, Trotskyreivindicó siempre esta escuela de principios y metodología de los clásicos del marxismo respecto de la relación vanguardia-masa. Pero, en 1938, el voluntarismo inducido por su teoría del estancamiento permanente, le impulsó a violar esos principios y esa metodología. Si la humanidad estaba ante la inminencia de una catástrofe de cuyas consecuencias sociales difícilmente se recuperaría, había que superar la inadecuación histórica de la conciencia de los explotados a las condiciones objetivas revolucionarias por cualquier medio.
De ahí que Trotsky presentara su programa de consignas transitorias no para iniciar una relativamente larga campaña de esclarecimiento, sino para pasar con ellas directamente a la acción; pero, previendo que las masas no comprenderían su significado y recelarían, aconsejó no utilizar todas las consignas del Programa, sino algunas, "a veces basta con una o dos para poner en movimiento a la gente" --decía--. Así, frente a los planes del gobierno Roosevelt que publicitaba el gasto presupuestario en obras públicas como antídoto contra el paro, Trotsky sugería a sus discípulos americanos que, como alternativa, lanzaran la consigna de la escala móvil de salarios y horas de trabajo:
<<El empirismo de los obreros americanos ha dado a los partidos políticos (burgueses) mucho éxito con una o dos consignas --impuesto único, bimetalismo--, se han esparcido entre las masas como un incendio.(...) Esto mismo es posible con la escala móvil de salarios y horas de trabajo. (...)
Yo creo que al principio esta consigna será asumida. En realidad, éste es el sistema de trabajo en una sociedad socialista --el total de horas de trabajo dividido por el total de obreros. Pero si presentamos al sistema socialista de conjunto, al americano medio esto le parecerá utópico, como algo que viene de Europa. Debemos presentarlo como una solución a la crisis (dentro del sistema capitalista) para asegurar su derecho a comer, a beber, a vivir en viviendas decentes. Es el programa socialista, pero en una forma muy popular y simple. (L. D. Trotsky: Op.cit. Lo entre paréntesis es nuestro)
Como puede advertirse leyendo este pasaje, no sólo se trataba de retacear el Programa. Puesto que las consignas transicionales exigen de las masas un nivel de conciencia que haya superado las consignas del programa mínimo, y dado que en 1938 las masas estaban a ese nivel, Trotsky decía que los revolucionarios debían implementar la táctica de la agitación como si se tratara de una lucha por reivindicaciones inmediatas que se le exige al Estado burgués que cumpla, de modo que, como ya se sabe que no las va a cumplir, porque no puede, esa lucha, por sí misma, genera, en "escalera", es decir, gradualmente, conciencia de que se está luchando por el socialismo e inmediata disposición para ello; aunque no se tenga ni idea de lo que esa palabra significa. Semejante concepción practicista, evolutiva y antidialéctica de la lucha revolucionaria de clases, supone:
1) que la conciencia de clase puede ser posible en cualquier circunstancia, bajo cualesquiera circunstancias de la lucha de clases, esto es, con independencia de las condiciones objetivas y subjetivas. Todo depende, al principio, de lograr que el proletariado se movilice por algo que la burguesía no le puede conceder, aunque no lo sepa, y,
2) que esta conciencia es tanto más posible y asumible, cuanto mayor sea la resistencia de la burguesía, desde la utilización de sus usinas ideológicas para agitar el anticomunismo visceral ante la conciencia ingenua de los explotados, hasta la brutalidad represiva proporcional a semejante desafío.
Si así fuera, no se explica que el capitalismo haya sobrevivido tanto tiempo a esta política supuestamente subversiva del "como si". En realidad, esta táctica ha servido para que, desde la fundación de la IVª Internacional, los trotskystas jamás hayan podido suplantar a las direcciones políticas burocráticas y reformistas del movimiento.
Ya hemos visto que la concepción política de Marx y Engels respecto de las condiciones necesarias para la aplicación de las consignas transicionales, estuvo en las antípodas de lo propuesto por Trostsky en su programa de 1938. Y no sólo en cuanto a la relación entre las premisas y sus resultados. También en lo que respecta al método para crear esas premisas, esto es, para pasar de la correlación de fuerzas y el estado de conciencia que corresponden a la lucha por el programa mínimo, a la correlación de fuerzas y el estado de conciencia que permiten desembocar en una situación de doble poder durante la crisis revolucionaria, paso inmediatamente anterior a la constitución del proletariado como clase dominante institucionalizando su dictadura democrática de clase, única condición para realizar el programa de transición sin los condicionamientos del doble poder burgués por medio.
Tanto en la economía como en la política, Marx, Engels y Lenin siempre fueron consecuentes con lo que exige la naturaleza de cada contradicción, siguiendo prácticamente las determinaciones --teóricamente descubiertas-- de su polo dialéctico históricamente dominante, según las condiciones en que se encuentran a cada paso, tanto la realidad a transformar, como las fuerzas encargadas de superar históricamente la contradicción. En tal sentido, si para ellos es erróneo el voluntarismo utópico de saltarse "fases naturales" del movimiento real por decreto de una vanguardia supuestamente esclarecida y autoproclamada --como es el caso de los "comunistas de izquierda" tras la toma del poder en Rusia-- también lo es el conservadurismo de permanecer en una de esas fases más de lo que exigen tales condiciones.
Así pensaron, también, respecto al desarrollo de la conciencia colectiva del proletariado, considerándola como una condición del capitalismo a transformar lo más rápidamente que los condicionamientos históricos de la lucha de la vanguardia para tales fines lo permitan. Todo el secreto consiste en adherirse con la mayor fuerza táctica, al polo revolucionario más progresivo contenido en cada episodio de la lucha elemental del proletariado, siempre atacando el flanco ideológico de mayor resistencia a la ruptura que ofrecen esos condicionamientos burgueses en la conciencia proletaria, al tiempo que proponer consignas que supongan dar un paso adelante hacia el punto de inflexión en la correlación política de fuerzas sociales fundamentales.
El socialismo
En el mismo apartado sobre el "significado de socialismo" dicen que:
<<La sociedad socialista no es la consecuencia racional e inevitable del desarrollo de la sociedad capitalista, sino que toma forma sobre la base de la negación de esta sociedad, a través de la actividad práctica crítico-revolucionaria. Por tanto no se puede hablar esquemáticamente de cómo será el socialismo antes de su establecimiento, ya que se trata de una formación económico-social influenciada por la lucha de las clases sociales y la praxis individual, dentro de un colectivo de seres sociales específicos en condiciones específicas. Sin embargo, se puede decidir cómo no va a ser y sobre esta base expresar algunos principios generales >> (CIS: Op.Cit. El significado de “socialismo”.)
La sociedad socialista no es la negación del capitalismo, sino la negación de la negación, esto es su superación. Negar el capitalismo es lo que hacen de hecho los asalariados en una huelga o en una insurrección. Tampoco es correcto decir que no se puede saber cómo será el socialismo antes de llegar a él. Es el desarrollo de las fuerzas productivas bajo el capitalismo lo que determina el proceso objetivo hacia la superación dialéctica del capitalismo en el socialismo. Este proceso aparece históricamente delineado por la ley de la tendencia decreciente de la tasa de ganancia y la creciente socialización del trabajo. Aunque el socialismo no se deriva automáticamente de estas dos premisas, son su condición necesaria. De ahí que, como dijera Rosa de modo insuperable:
<<Sin la teoría marxista del derrumbe capitalista, desaparece bajo los pies del proletariado la base granítica de la necesidad histórica objetiva del socialismo>> (R. Luxemburgo: "Reforma o Revolución")
En este mismo proceso, el socialismo se anticipa, incluso tangiblemente, dentro del propio sistema capitalista, por ejemplo, bajo la forma de las Sociedades anónimas, como capital de propiedad colectiva que anula o elimina la propiedad individual sobre los medios de producción, de cambio y de servicios, y que se presenta, por tanto, como una transición al socialismo dentro del capitalismo. Otro tanto sucede con las asociaciones cooperativas. Esta abolición del capitalismo individual por las sociedades anónimas, se produce a través del juego bursátil, donde los grandes accionistas despojan periódicamente a los pequeños, actuando como poderosa palanca de la centralización del capital en un colectivo cada vez más pequeño, facilitando así la transición a la propiedad colectiva bajo la dictadura del proletariado:
<<Esto constituye la abolición del modo capitalista de producción dentro del propio modo capitalista de producción y, por consiguiente, una contradicción que (bajo el capitalismo) se anula a sí misma, que prima facie, se presenta como mero punto de transición(todavía abstracta), hacia una nueva forma de producción. Pero esta apropiación misma se presenta, dentro del sistema capitalista, en una figura antagónica (con el capitalismo individual temprano), como la apropiación de la propiedad social por parte de unos pocos (...) Puesto que la propiedad existe aquí en la forma de las acciones, su movimiento y transferencia se convierten en resultado puro del juego bursátil, en el que los tiburones devoran a los peces pequeños y los lobos de la bolsa a las ovejas. (...) Las empresas capitalistas por acciones deben considerarse, al igual que las fábricas cooperativas, como formas de transición del modo capitalista de producción hacia el modo de producción asociado, sólo que en uno de ellos (las sociedades por acciones), el antagonismo se ha suprimido de una manera negativa, mientras que en el otro (la sociedad de los productores libres asociados) se lo ha hecho positivamente.>> (K. Marx: “El Capital” Libro III Cap. XXVII. Lo entre paréntesis es nuestro)
Desde esta perspectiva materialista histórica, está claro que la sociedad socialista no es una construcción ex nihilo que "toma forma" en las luchas mismas del proletariado, sino que sale del vientre de la sociedad burguesa, de la ley general de la acumulación capitalista; el socialismo y el comunismo están virtualmente contenidos en esa ley. Por tanto, es la consecuencia lógica inevitable del desarrollo de la sociedad capitalista signada por su tendencia objetiva al derrumbe, límite que el capital sólo consigue superar mediante las grandes crisis periódicas y las guerras, tanto más catastróficas cuanto mayor es la masa de capital comprometido que desemboca en ellas. De este modo, la necesidad del socialismo se torna cada vez más acuciante y más y más subjetivamente posible. Esta es la explicación del socialismo científico por contraposición al socialismo utópico, en el sentido de que la sociedad comunista no es producto de la imaginación de ningún reformador social, sino que está en la lógica objetiva de la sociedad capitalista. En fin, inevitable en el sentido de que lo objetivamente necesario tiende a ser subjetivamente posible. Nada más. Con esto se quiere decir que el socialismo está contenido en el capitalismo. Pero no sale sólo, hay que sacarlo a la luz de la historia. Esto sólo se puede conseguir a través de la autoconsciencia del proletariado en acción:
<<Para nosotros, el comunismo no es un estado que debe implantarse, un ideal al que ha de sujetarse la realidad. Nosotros llamamos comunismo al movimiento real que anula y supera al estado de cosas actual>> K.Marx-F.Engels: "La ideología alemana" II-5. 1845)
<<Nosotros llamamos comunismo<<En fin, dando por sentado que estos tres elementos (salario del trabajo, renta del suelo, ganancia-interés) son las fuentes de ingresos de las tres clases, a saber: la de los terratenientes, la de los capitalistas y la de los asalariados, como conclusión, LA LUCHA DE CLASES en la cual el movimiento (real) se descompone y es el desenlace de toda esta mierda.>> (K. Marx: "Carta a Engels" 30/04/868)
Donde el "movimiento real" es la unidad dialéctica del movimiento del capital y del movimiento proletario, de cuya descomposición surge la sociedad comunista. Y para abreviar y mitigar los dolores del parto socialista, no es cuestión de querer hacerlo, sino que hay que saber cómo hacerlo. Y para esto, no basta con apelar a la memoria personal o colectiva generacional, sino que es necesario conocer las leyes que presiden el modo de producción capitalista y la memoria histórica del movimiento político proletario. Tal es la responsabilidad ineludible de la vanguardia revolucionaria en tanto encarnación de la moderna ciencia social políticamente aplicada a la "realidad actual" de este todavía "existente" económico, social y cultural caduco llamado capitalismo.
Respecto de hasta dónde se puede prever cómo será la sociedad socialista, decir que, hasta Marx se pudo efectivamente prever qué será en esencia y cómo en sus rasgos generales, porque está ya prefigurada por la propia sociedad capitalista, porque está ya en su vientre y es posible verla por los medios ecográficos propios del Materialismo Histórico. Cfr.: http://www.nodo50.org/gpm/vacaslocas/10.htm. Pero, después de Lenin, además de confirmar las previsiones de Marx, podemos saber unas cuantas cosas más, como hemos de mostrar un poco más adelante.
Sobre el concepto de "Transición al comunismo"
El CIS dice:
<< Marx (...) insiste en que la sociedad comunista tiene dos períodos. En la primera fase - comunismo “imperfecto o grosero”- aunque las clases y el estado han desaparecido y la propiedad social se ha establecido, todavía persisten algunos aspectos de los modos de distribución burgueses. Por ejemplo, en estas fases iniciales la distribución social de los resultados del trabajo social, está basada en la cantidad de trabajo en lugar de en las necesidades sociales. Dicho de otro modo, a tantas horas de trabajo productivo, corresponderá una equivalente cantidad de valores de uso (productos del trabajo).>> (CIS: Op.Cit. El concepto de sociedad de transición)
Decir que en la primera fase del comunismo desaparecen las clases y el Estado pero persiste el modo burgués de distribución, es una contradicción. En realidad, en el modo burgués de distribución persiste todavía la ley del valor y, por tanto, las bases económicas, sociales y políticas del capitalismo; sólo que, ahora, encarnadas en los asalariados, en la distribución desigual basada en que cada cual recibe un ingreso a cambio de su capacidad laboral individual reflejada en el tiempo de trabajo medio contenido en el producto que contribuye a crear.
Por lo tanto, la "fase inferior" del comunismo supone un cambio revolucionario tanto en la forma como en el contenido del trabajo; en la forma, porque, al desaparecer --o comenzar a desaparecer-- el mercado, desaparece o tiende a desaparecer la "forma de valor" o "valor de cambio" de las mercancías (excepto la fuerza de trabajo), determinado por las condiciones del mercado; en el contenido, como consecuencia de lo mismo, porque la cantidad de trabajo social medio contenida en la retribución que corresponde a cada trabajador se calcula directamente, no ya a instancias del mercado, de modo que con la desaparición de la forma de valor, desaparece el valor mismo de cada mercancía. Pero en tanto y cuanto subsiste el intercambio de equivalentes entre cantidad trabajo creado y trabajo retribuido, las clases desaparecen en su forma social, pero no en su contenido, sigue subsistiendo el espíritu de la mercancía, que es el caldo de cultivo del capital y de las clases. Ese caldo de cultivo no sólo está en el atraso histórico relativo de las fuerzas productivas, herencia del capitalismo, sino en el trabajador mismo, en el cual se contiene la división de la sociedad en clases, ya que unos trabajadores reclaman y reciben más que otros, producto de la aplicación de un derecho igual a individuos desiguales, como no puede ser de otra manera en este período:
<<A igual rendimiento y, por consiguiente, a igual participación en el fondo social de consumo, unos obtienen de hecho más que otros, unos son más ricos que otros, etc. Para evitar todos estos inconvenientes, el derecho (a la participación, que determina el carácter burgués de la distribución) no tendría que ser igual sino desigual.
Pero estos defectos son inevitables en la primera fase de la sociedad comunista, tal y como brota de la sociedad capitalista (no sobre bases propias sino sobre las bases de la sociedad anterior) después de un largo y doloroso alumbramiento. El derecho no puede ser nunca superior a la estructura económica (a su capacidad de producción; en este caso a la estructura productiva basada necesariamente en la penuria relativa como condición de existencia del mercado y de los precios), ni al desarrollo cultural de la sociedad por ella condicionado.>> K. Marx: "Crítica del programa de Gotha" Punto I, 3. Lo entre paréntesis es nuestro)
Y el CIS, más adelante, en el apartado que dedican propiamente al concepto de "sociedad de transición":
<<Cuando nos referimos a los escritos de muchos de los defensores del campo socialista vemos una tentativa sistemática a confundir el período de transición -dictadura del proletariado- con la primera fase de la sociedad comunista. Por ejemplo, muchos de esos grupos proclaman que durante el socialismo o primera fase del comunismo, la dictadura del proletariado no ha desaparecido aún, o proclaman que aunque el comunismo no puede establecerse en un país aislado, es posible conseguir el socialismo acabado en un sólo país. También proclaman que la propiedad social basada en la autorregulación (autogestión) de los trabajadores, sólo puede conseguirse durante la segunda fase y que durante la primera no es posible ir más allá de la propiedad estatal. Estas tendencias olvidan que cuando Marx se refería a estas dos fases las consideraba simplemente como períodos diferentes dentro de un único modo de producción. Por tanto, las características determinantes de este modo de producción deben ser evidentes en ambas fases; es decir, las clases sociales deben haber desaparecido en ambos períodos y deben existir formas sociales de propiedad. En ambas fases, el estado-como defensor de los intereses de una o más clases sociales en antagonismo con otras- ya no existe>> (Ibíd.)
Vamos a tomar como objeto de observación la segunda parte de este párrafo. Cada modo de producción característico se determina históricamente por el modo o la forma técnica en que se produce:
<<Lo que distingue a unas épocas de otras no es lo que se hace sino cómo, con qué medios de trabajo se hace>> (K.Marx: "El Capital" Libro I Cap V) <<La era del vapor es la era de la burguesía, la era de la electricidad es la era del socialismo>> (G.M. Krzhizhanovski. Citado por Lenin en el "Informe sobre la labor del Comité Ejecutivo Central de toda Rusia y del Comité Central del Partido". 02/02/920)
A su vez, cada forma o modo de producir determina sus correspondientes relaciones sociales de producción y sus específicos modos de reparto o distribución entre los agentes de la producción:
<<Las denominadas relaciones de distribución corresponden a formas específicamente sociales e históricamente determinadas del proceso de producción y de las relaciones que los seres humanos contraen entre sí en el proceso de reproducción de su vida y derivan de esas formas. El carácter histórico de estas relaciones de distribución es el carácter histórico de las relaciones de producción, de las que aquellas sólo expresan una faceta. La distribución capitalista es diferente de las formas de distribución que surgen de otros modos de producción, y cada forma de distribución desaparece con la forma determinada de distribución de la que procede y a la que corresponde...>> (K. Marx: "El Capital" Libro III Cap. LI)
Según el único texto de Marx --exceptuando la correspondencia-- donde trata sobre este asunto, desde el momento en que el proletariado instaura su dictadura social y política sobre la burguesía, la sociedad entra en la primera etapa incipiente o "no desarrollada" del modo de producción comunista. Es una sociedad nueva que acaba de nacer, pero que empieza a dar sus primeros pasos todavía sobre bases técnicas y económicas capitalistas, aunque ya incompatibles con esa sociedad. Por tanto, aunque sus relaciones de producción pasen a ser del tipo comunista, donde deja de existir la explotación social, sus normas de reparto o de distribución del producto social, siguen siendo aún burguesas, regidas por el derecho-igualitario-formal-burgués, aun cuando ya no del todo por la ley del valor. Así lo dice Marx:
<<De lo que aquí se trata no es de una sociedad comunista que se ha desarrollado sobre su propia base (técnica, económica y social, esto es con un alto desarrollo de las FF.PP. que permita superar definitivamente la penuria relativa, al mismo tiempo que el concepto cultural o sociológico burgués de necesidad humana, consumista y superfluo), sino de una que acaba de salir precisamente de la sociedad capitalista y que, por tanto, presenta todavía en todos sus aspectos, en el económico, (en el jurídico), en el moral y en el intelectual, el sello de la vieja sociedad de cuya entraña procede...>> K. Marx: "Crítica del programa de Gotha" Punto I. Lo entre paréntesis y el subrayado es nuestro)
¿Qué quiere decir esto de que la transición es una sociedad comunista no desarrollada sobre su propia base material? Que es comunista y al mismo tiempo no lo es, que es un híbrido entre capitalismo y socialismo; porque ha desaparecido el modo de producción anterior, pero subsisten sus normas de reparto que se efectivizan en la esfera de la circulación de la riqueza, donde unos obtienen más que otros. Y esto último es así, no sólo porque sigue vigente el atraso relativo de las fuerzas productivas de la sociedad anterior, que impide a la nueva sociedad pasar sin solución de continuidad a la máxima: "de cada cual según su trabajo y a cada cual según sus necesidades", sino porque en la conciencia de los asalariados también siguen vigentes los conceptos burgueses de necesidad y de salario histórico. En este sentido, pasa entre la producción y la circulación del capital, lo que sucede entre la estructura económica de las sociedades y los aspectos más mediatamente reflejos en sus respectivas superestructuras. Así, cuando en su introducción a la "Crítica de la Economía Política" Marx se pregunta por qué habiendo desaparecido las condiciones materiales que dieron lugar a la mitología griega, que, a su vez, inspiró y modeló su arte, esas formas nos siguen todavía hoy proporcionando goce estético, está diciendo que entre estructura y superestructura no hay una relación de determinación directa o mecánica. Porque mientras la estructura se mantiene, la superestructura actúa como elemento relativamente autónomo de sobredeterminación (reafirmación) o negación sobre la propia estructura (por ejemplo, una insurrección no triunfante, como la de 1905 en Rusia, el Cordobazo o el Argentinazo) de modo que, cuando esta última desaparece, es natural que ese elemento superestructural relativamente autonomizado, siga actuando sobre la conciencia colectiva como un "espíritu objetivo" fantasma que se resiste a dejar el lugar que ocupaba en ella (el caso de peronismo después de 1955), para dar paso a los reflejos psicológicos, jurídicos, sociológicos y artísticos de la nueva realidad material, que están sólo conformando la nueva superestructura. Lo mismo que como cuando Marleau Ponty cuenta que a alguien le cortan una pierna y durante un tiempo sigue comportándose instintivamente como si la siguiera teniendo. Esto es algo que debieran considerar seriamente los epígonos del llamado "comunismo de izquierdas", que preconizan pasar directamente de la toma del poder a la segunda fase del comunismo.
Por otra parte, toda vez que Marx y Engels utilizaron la palabra "socialismo", lo hicieron para referirse a sus distintas significaciones doctrinarias, nunca para designar una etapa o modo de producción histórico específico en el tránsito del capitalismo al comunismo. En tal sentido, los creadores del Materialismo Histórico no concibieron una "sociedad socialista". ¿Por qué? Porque no analizaron las condiciones de la transición al socialismo desde una sociedad capitalista relativamente atrasada, como la Rusa.
Fue Lenin al frente del PC(b) de la URSS y de la dirección colectiva soviética --a cuyo cargo estuvo la tarea de gestionar la economía del primer período de transición en la historia moderna-- quien, dadas las formas económicas y sociales específicas, nacionales de Rusia, debió asociar por primera vez la palabra "socialismo" o "socialista", a las estructuras económico-sociales o modos de producción específicos entre el capitalismo y la primera fase del comunismo. En su importante trabajo: "Infantilismo `de izquierda´ y la mentalidad pequeñoburguesa" (mayo de 1918), así como en "El impuesto en especie" (abril de 1921) Lenin describió las cinco estructuras económico-sociales que coexistían entrelazadas en el territorio soviético, a saber:
1. Patriarcal o economía campesina en régimen de subsistencia.
2. Economía en régimen de producción mercantil simple. (en esta categoría eran mayoría los pequeños campesinos que vendían sus excedentes.
3. Capitalismo privado.
4. Capitalismo de estado.
5. Socialismo.
E inmediatamente se preguntó cuáles eran -en términos de clase- las categorías que predominaban en este complejo entramado económico-social heredado de la Rusia prerrevolucionaria. Y encontró la respuesta en el censo de noviembre de 1917, a saber: los campesinos pobres y los estratos más bajos de la pequeñoburguesía, esto es, la categoría 2 y los restos de la categoría 3, por un lado. Por otro lado, habida cuenta de que el capitalismo privado explotador de trabajo ajeno en grande y mediana escala -junto con sus medios de producción- habían sido estatalizados, pasaron a conformar la quinta y última categoría descrita: el socialismo (en el concepto de Marx y Engels, primera etapa del comunismo). Quedaba el capitalismo de Estado; lo que Lenin llamaba "su envoltura exterior" (monopolio de los cereales, empresarios y comerciantes explotadores de mano de obra en pequeña escala, y cooperativistas), estaba "desgarrada en una u otra parte por los especuladores" y el principal objeto de esa especulación eran los cereales.
Solventado el primer interrogante de la estructura de clases salida de la Revolución, Lenin formuló el otro interrogante, esto es, de las anteriores condiciones descritas a transformar, ¿cuáles deben serlo en lo inmediato desde el punto de vista de la estrategia comunista? Dicho más claramente, ¿entre qué categorías estaba planteada la lucha de los revolucionarios comunistas, entre la cuarta y la quinta categorías enumeradas? Y Lenin contestaba:
<<Por supuesto que no. No es el capitalismo de Estado el que lucha contra el socialismo, sino la pequeñoburguesía más el capitalismo privado que luchan tanto contra el capitalismo de Estado como contra el socialismo. La pequeñoburguesía se resiste a toda intervención del Estado, a todo registro y control, ya sea capitalista de Estado o socialista de Estado. Es un hecho real, absolutamente irrefutable, y no comprenderlo constituye la raíz de una serie de errores económicos. El especulador, el agiotista, el que entorpece el monopolio [estatal en función social progresiva]: ese es nuestro principal enemigo. (...) Sabemos muy bien que la base económica de la especulación es la capa de los pequeños propietarios, extraordinariamente vasta en Rusia, y el capitalismo privado, que tiene un agente en cada pequeñoburgués. Sabemos que millones de tentáculos de esta hidra pequeñoburguesa aferran, aquí o allá, a diversos sectores obreros, y que la especulación penetra en todos los poros de la vida económico-social en lugar del monopolio de Estado.>> (V.I. Lenin: "El impuesto en especie" 21/04/921. Lo entre corchetes es nuestro.)
Pero una semana después, durante la reunión del Comité Ejecutivo Central de los soviets de toda Rusia, Lenin introdujo una matización importantísima sobre el comportamiento de la pequeñoburguesía respecto del Capitalismo de Estado bajo la dictadura del proletariado. Después de insistir en que el enemigo principal del proceso de transición tras la toma del poder no es el capitalismo de Estado sino la pequeñoburguesía mayoritaria en el país, Lenin señaló que, la pequeñoburguesía tiene un comportamiento contradictorio respecto del capitalismo de Estado proletario; por un lado se apoya en él para acabar con el gran capital, pero, por otro, una vez realizada esa tarea pretende congelar la lucha de clases en esa instancia institucional del tránsito al socialismo, porque no quiere ir con el proceso más que hasta ahí.
Ésta misma es también la estrategia de poder pequeñoburguesa con su instrumento policlasista: el frentepopulismo, en su lucha contra el imperialismo en el contexto del capitalismo. Pero una cosa es practicar el frentepopulismo para luchar contra el gran capital, con la burguesía en el poder, al interior de un Estado capitalista, y otra muy distinta condición es el frentepopulismo para la lucha conjunta contra la gran burguesía, pero en el marco político del poder proletario dominante, y al interior de un Estado obrero[5]. Porque dentro del capitalismo, el frente popular que sintetiza en el capitalismo de Estado burgués sólo puede estar dirigido por la pequeñoburguesía, por su programa, en tanto que bajo la dictadura del proletariado, el Capitalismo de Estado está presidido por la estrategia de poder socialista y por los métodos en proceso de ruptura completa con la ley del valor, con el capitalismo. Por lo tanto, el pequeñoburgués tiene también un comportamiento contradictorio con el capitalismo de Estado proletario. Dentro de la sociedad capitalista se apoya en la gran burguesía en tanto ve en ella la plena garantía de subsistencia de la propiedad privada capitalista, de la explotación de trabajo ajeno; pero, al mismo tiempo, teme ser expropiado por ella y ser socialmente degradado a la condición del asalariado en paro; de ahí que luche para evitarlo buscando el apoyo del proletariado y el cobijo político del capitalismo de Estado nacionalista burgués.[6] Dentro de la sociedad de transición al socialismo, el pequeñoburgués se apoya en el capitalismo de Estado proletario para luchar contra la gran burguesía y al mismo tiempo se resiste al control obrero, pero lo acepta porque sabe que el poder soviético se lo impone por la fuerza de la mayoría social, pero que no le va a expropiar por la fuerza ni le degradará económicamente dejándole en la ruina, como hace la burguesía con su ley selvática del mercado; porque ve que tiene ante los ojos la alternativa del trabajo cooperativo. Y cuando en medio de esta experiencia compruebe que los costes de sus productos se ponen por encima de los precios en los grandes almacenes del Estado, y que su ganancia no supera el salario medio de sus propios obreros ante la demanda creciente en las grandes factorías del Estado, operando en condiciones de expansión de sus medios de producción, entonces, ese pequeñoburgués sabrá qué hacer con su pequeño capital productivo.
¿Qué fue, pues, para Lenin, el socialismo como modo de producción transitorio entre el capitalismo y la primera fase del comunismo en las condiciones específicas de la Rusia de 1917? El paso siguiente después del monopolio capitalista de Estado proletario; el paso desde la instauración del monopolio capitalista de Estado proletario -tras la expropiación de la grande y mediana burguesía industrial y agraria- hasta la instauración del monopolio socialista de Estado; después de convertir la pequeñoburguesía a la condición asalariada, empezando a abandonar este monopolio socialista de Estado, para pisar los umbrales del modo de producción comunista y entrar en suprimera fase.
Ahora bien, la condición necesaria para completar la transición socialista entre el capitalismo monopolista de Estado y la primera fase del comunismo, es el Estado democrático soviético; su condición suficiente, la teoría revolucionaria y la memoria histórica del proletariado encarnadas en el partido bolchevique, aplicadas creativamente a la realidad en curso.
De este razonamiento se desprende, en primer lugar, que la diferencia entre el marxismo bolchevique y el "marxismo" reformista, consiste en que estos últimos pugnan por congelar la lucha de clases y el desarrollo de las fuerzas productivas, en la etapa del capitalismo de Estado al servicio de la explotación del trabajo en pequeña y mediana escala, tratando de contrarrestar tanto la tendencia hacia el capitalismo monopolista de Estado burgués, como las luchas del proletariado por la socialización de todos los medios de producción, por el socialismo, por entrar en la primera etapa de transición al comunismo. En este sentido, puede decirse con total certidumbre que las condiciones históricas que propiciaron la experiencia de los bolcheviques en su intento frustrado de que la humanidad abandonara el capitalismo para entrar en la primera etapa de transición evolutiva hacia el comunismo, les permitieron sin embargo aportar a la memoria histórica del proletariado llenando de contenido teórico económico, social y político, lo que Marx y Engels sólo pudieron enunciar genéricamente como una posibilidad abstracta; precisamente porque el fracaso de la revolución Europea de 1848 y el fracaso de la Comuna de París, le negaron toda posibilidad real de teorizar e implantar la realidad del capitalismo de Estado proletario, categoría que los bolcheviques han alumbrado como necesaria para pasar a la primera fase del comunismo llamado socialismo. Categoría tanto más necesaria cuanto mayor es el atraso relativo de la revolución en un país dado.
Y para que quede clara la diferencia entre los reformistas pequeñoburgueses y los revolucionarios comunistas, Lenin dice que entre el capitalismo monopolista de Estado burgués y el capitalismo de Estado monopolista proletario, no hay una fase intermedia. No existe el capitalismo monopolista de Estado pequeñoburgués, al estilo Yugoslavo Iaquí, Sirio o Libio. Y los modos de producción entre uno y otro son distintos; no sólo porque cambia el sentido de clase de las relaciones de producción dominantes, sino porque cambian también las normas de reparto entre la pequeñoburguesía remanente y el proletariado, determinadas por el control obrero de la producción; aun cuando, en lo que respecta a la clase obrera, el reparto o salario relativo entre las distintas categorías de asalariados, siga en esencia, determinado por la ley del valor, sintetizada en la consigna burguesa: "De cada cual según su capacidad y a cada cual según su trabajo", esto es, según su mayor o menor cualificación y condición objetiva de consumo.
En otras palabras, para iniciar el tránsito evolutivo al modo de producción comunista, los bolcheviques sostuvieron, con toda razón, que es imposible partir del capital monopólico, tal como han venido pretextando los reformistas, los socialdemócratas de la IIª Internacional, tesis a la que se adscribió el stalinismo; es necesario romper con él violentamente para instaurar la dictadura del proletariado, esto es, el Estado democrático revolucionario; aunque la premisa material más favorable para iniciar ese tránsito sea el capitalismo monopolista de Estado proletario:
<<...el capitalismo monopolista de Estado (proletario) es la preparación material más completa para el socialismo, su antesala, un peldaño de la escalera histórica entre el cual y el peldaño llamado socialismo no hay ningún peldaño intermedio>> (V.I. Lenin: "La catástrofe que nos amenaza y cómo combatirla" 10-14/09/917. Lo entre paréntesis es nuestro)
¿Por qué Lenin dice que la condición objetiva más madura para el socialismo es el capitalismo monopolista de Estado? Pues, porque es el modo capitalista de producción técnicamente más desarrollado; porque produce con los medios de producción más eficaces, con los rendimientos a escala mayores, la menor penuria relativa y el mayor nivel de vida posibles dentro de ese sistema de reparto.
Pero, además de delimitar precisamente entre reformistas y revolucionarios, el estudio de la transición del capitalismo hasta la primera fase del comunismo permite aclarar si se trata de un solo modo de producción o de varios combinados o entrelazados al interior de la misma sociedad. En este sentido, cuando invita a meditar sobre la institución del "trabajo general obligatorio" -inmediatamente después de la toma del poder- Lenin dice que, aun cuando ya no estaríamos en el modo de producción capitalista típico, el capitalismo de Estado proletario recién impuesto tampoco alcanzaría a ser socialista:
<<El trabajo general obligatorio, implantado, reglamentado y dirigido por los Soviets de diputados, obreros, soldados y campesinos, no sería todavía el socialismo, pero no sería ya el capitalismo>> (Op.cit.)
¿Qué faltaría para ello? En ese momento Lenin ya tenía claro que al modo de producción basado en las relaciones de producción correspondientes al capitalismo de Estado soviético, le faltaba desarrollarse hasta igualar a los principales países burgueses donde predominaba el capitalismo monopolista de Estado, desarrollo que Lenin asociaba a la generalización de la electricidad aplicada a la producción, especialmente a la producción rural, único modo, entendía él -como insuperado maestro del Materialismo histórico que sigue siendo después de Marx y Engels en el tiempo- para ganar la batalla contra las estructuras 2 (producción mercantil simple) y 3 (capitalismo privado en pequeña escala) que coexistían con la estructura 4 (capitalismo de Estado proletario) en la flamante sociedad soviética:
<<Fíjense ustedes en el mapa de la República Socialista Federativa Soviética de Rusia. Al norte del Vólogda, al sureste de Rostov del Don y Sarátov, al sur de Oremburgo y Omsk y al norte de Tomsk hay extensiones inmensas en las que cabrían decenas de grandes Estados civilizados. Y en todas esas extensiones reina el patriarcado, la semibarbarie y la completa barbarie. (...)
¿Es concebible una transición directa de este estado de cosas, predominante en Rusia, al socialismo? Sí, es concebible hasta cierto punto, pero con un sola condición (...) Esta condición es la electrificación. Si construimos decenas de centrales eléctricas de distrito (...) y distribuimos energía eléctrica a todas las aldeas, si conseguimos una cantidad suficiente de motores eléctricos y otras máquinas, no necesitaremos pasar -o difícilmente lo necesitaremos- por etapas de transición o eslabones intermedios entre el patriarcado y el socialismo.>> ( V.I. Lenin: "El impuesto en especie" 21/04/921)
Y esta concepción enlaza con la idea expuesta por Marx en el capital, respecto de que, el socialismo no se impone, sino que se construye; no sobre la base del capitalismo sino sobre las nuevas relaciones de producción que la base del capitalismo más desarrollado permite expropiar, que son las grandes empresas oligopólicas:
<<Aunque una sociedad haya descubierto la ley natural que preside su propio movimiento --y el objetivo último de esta obra es, en definitiva, sacar ala luz la ley económica que rige el movimiento de la sociedad moderna-- no puede saltearse fase naturales de desarrollo ni abolirlas por decreto. Pero puede abreviar y mitigar los dolores del parto (socialista).>> (K. Marx: “El Capital” Prólogo a la primera edición)
Está claro, pues, que entre el período correspondiente al capitalismo de Estado proletario --que los compañeros del C.I.S. llaman "propiedad estatal"-- y el "socialismo" o primera fase del comunismo, median distintos modos de producción combinados y dos modos de reparto. En el primer período de la transición correspondiente al monopolio capitalista de Estado proletario, el modo de producción "socialista" de la "propiedad estatal" se entrelaza con los modos de producción basados respectivamente en la producción mercantil simple y en el capitalismo privado, período en el que, naturalmente los conflictos de clase subsisten y se agudizan. Aquí prevalece la norma de reparto según la ley del valor.
En el segundo período, donde el capitalismo privado en pequeña escala desaparece y, con él los conflictos de clase, las relaciones de producción devienen puramente comunistas aun cuando continúan prevaleciendo las normas de reparto burguesas según el principio: "De cada cual según su trabajo y a cada cual según sus obras". Sólo en la segunda y última fase del modo de producción comunista, una vez desaparecida la penuria relativa que justifica la diferenciación de ingresos entre trabajo simple y complejo, será posible homogeneizar la remuneración del trabajo según el modo de reparto o de distribución comunista definido por la consigna: "De cada cual según su capacidad, a cada cual según sus necesidades"
Está claro también que -dada la estructura económico social predominante hoy día en la mayoría de países del Planeta, incluidos los de mayor desarrollo relativo, en el supuesto de iniciarse -al menos- dentro de los próximos veinte años, el futuro proceso revolucionario mundial no se libraría de pasar por la misma dificultad del modo de producción combinado entre las relaciones de producción precapitalistas de la producción mercantil simple (trabajadores autónomos), las relaciones de producción del capitalismo privado (explotación del trabajo asalariado en pequeña escala), y las relaciones de producción socialistas, coexistiendo en el seno de una misma sociedad, aunque bajo las nuevas condiciones, el peso de los sectores económicos privados tengan menor peso social relativo que en los primeros tiempos de la Rusiasoviética, hace ya casi noventa años. Y esta realidad determinaría durante ese próximo período el programa revolucionario.
Sabemos que la proposición de cuño leninista que acabamos de fundamentar, será recusada calificándola como "desviación bolchevique de derechas", incluso condenarla moralmente con los peores calificativos, como pasó con Lenin cuando, a pesar de ello, consiguió llevarla adelante:
<<Imagino con qué noble indignación rechazarán los "comunistas de izquierda" estas palabras y qué "demoledora crítica" presentarán ante los obreros con respecto a la "desviación bolchevique de derecha". ¡¿Cómo?! ¿En la República socialista soviética la transición al capitalismo de Estado sería un paso adelante...? ¿No es eso una traición al socialismo? (V.I. Lenin "Infantilismo de 'izquierda' y la mentalidad pequeñoburguesa" 05/05/918).
Cierto, cuando Lenin escribió "El impuesto en especie" para abundar en sus fundamentos respecto de la "Nueva Política Económica" (NEP), decía que para mantener en funcionamiento la industria mejorando la situación de los obreros, había que desarrollar las fuerzas productivas en el campo manteniendo intactas las relaciones de producción en las estructuras 1 y 2, es decir, tal y como habían sido heredadas del capitalismo. Pero ésta no era más que una razón instrumental, presidida por la estratégica para todo el período postrevolucionario de lucha por consolidar el Estado soviético. Y, para Lenin, esa lucha consistió en mantener y reforzar la alianza entre los asalariados y la pequeñoburguesía rural y urbana; esa fue la política diseñada para la dictadura del proletariado; e insistía en que la dictadura del proletariado no consiste simplemente en hacer tábula rasa con las expropiaciones, sino en saber dirigir la política para transformar políticamente --no por decreto-- las condiciones históricas (económicas y políticas) en que se encontraban las relaciones de producción que conformaban las estructuras económico-sociales 2 y 3. Y si el proletariado había llegado al poder mediante una política hacia la masa pequeñoburguesa de la ciudad y el campo, una vez tomado el poder no había razones para abandonar esa política sino al contrario. Más aun, esa política dirigida a generar su apoyo durante la etapa de lucha por alcanzar el poder soviético, una vez instalado el flamante Estado obrero revolucionario y expropiados el gran capital financiero y los terratenientes, la política del proletariado con la pequeñoburguesía debía seguir pasando por el "registro y control" obrero sobre ella y todos los demás sectores privados, pero tratando de convertir su apoyo político en una alianza de clases con ellos para seguir llevando adelante la lucha inacabada contra la grande y mediana burguesía industrial y financiera en contubernio aliada con los kulaks en el campo. Una alianza sin hacer concesiones teóricas ni políticas al individualismo pequeñoburgués.
¿Está el proletariado actual libre de esas mismas condiciones, o todavía --aunque en menor grado--permanece sujeto a ellas? Y si no está libre, ¿cómo deben esas condiciones económicas ser transformadas políticamente en sentido objetivamente socialista? El materialismo histórico y la memoria de las luchas políticas obreras exige que las relaciones de producción capitalistas deben ser convertidas en socialistas por decreto, sólo cuando están maduras para ello. ¿Y cómo se determina el grado de madurez alcanzado por determinadas relaciones de producción capitalistas? En el trabajo agrícola, por la extensión de la propiedad agraria superior a 100 hectáreas. En la industria, el comercio y los servicios, por el grado de socialización objetiva del trabajo contenido en ellas. ¿Y cómo se mide este grado de socialización del trabajo? Por la mayor magnitud del capital en funciones de cada grupo empresarial, por su máxima centralización y su más alta composición orgánica y técnica. E insistimos en la advertencia de Marx: expropiar despótica y violentamente a la burguesía cuando las relaciones de producción capitalistas que encarnan no están aún maduras para ser transformadas en socialistas, no abrevia ni mitiga los dolores del parto socialista, sino al contrario. Lenin, al frente de la fracción mayoritaria o bolchevique del PCUS, no ha hecho sino intentar cumplir con este principio político universal fundado en la ciencia.
En este sentido, discrepamos con los compañeros del C.I.S. en cuanto que la revolución rusa hasta la muerte de Lenin fue de naturaleza socialdemócrata. Los socialdemócratas reniegan de la revolución proletaria, de la destrucción jurídica, política e institucional del Estado burgués, de la implantación del Estado soviético y de las expropiaciones del mediano y gran capital; defienden hasta el genocidio la propiedad privada de los medios de producción, como hicieron en la Alemania de 1918/19. Decir que los bolcheviques fueron socialdemócratas es todavía más grosero, que homologar a los fascistas con los liberales. Porque la diferencia entre un Lenin y un Noske, por ejemplo, es socialmente sustancial, mientras que neofascistas como Bush y demócratas liberales como Carter, coinciden en su ser de la misma naturaleza política de clase.
Sobre la democracia y el socialismo
En ese mismo apartado aparece lo siguiente:
<<Para los trabajadores explotados y los sectores oprimidos, democracia significa asegurarse el derecho a la autodeterminación en todas las áreas de la vida social, incluyendo el área económica. Por lo tanto, la lucha por esta forma de democracia no puede triunfar sin la abolición de las clases. En otras palabras antes del socialismo>> (Ibíd. Subrayado nuestro)
Los compañeros parece que se refieren aquí, a la relación entre democracia y socialismo tras la toma del poder. Pero, es que el proceso de esta relación no comienza en la sociedad postcapitalista. Vayamos a las precisiones de Lenin. En polémica con Piatakov (alias Kíevski), Lenin afirma que los capitalistas sólo pueden ser derrocados por el proletariado mediante una revolución económico-social, no mediante transformaciones democrático-burguesas, por muy radicales que se las pueda concebir.Pero al mismo tiempo sostiene que sin ser educado en la lucha por la democracia en general dentro de la sociedad capitalista, es imposible que el proletariado pueda hacer la revolución económico-social:
<<No se puede vencer al capitalismo sin tomar los bancos, sin abolir la propiedad privada sobre los medios de producción (sin expropiar, sin confiscar). Estas medidas revolucionarias no se pueden llevar, sin embargo, a la práctica (no se pueden efectivamente realizar), sin organizar (Más que eso INSTRUIR o EDUCAR) a todo el pueblo para la administración democrática de los medios de producción tomados a la burguesía, sin enrolar a toda la masa de los trabajadores, proletarios, semiproletarios y pequeños campesinos, para la organización democrática de sus filas, sus fuerzas, su participación en los asuntos del Estado (de acuerdo con los principios del socialismo).>> (V.I. Lenin: "Respuesta a Kíevsky". Agosto-septiembre de 1916. Lo entre paréntesis es nuestro)
Por lo tanto,sin educar al proletariado en la lucha por las libertades democráticas no puede haber revolución económico-social, no se puede dar ni siquiera el primer paso hacia el socialismo. Incluso Lenin llega a decir que la democracia es el medio más eficaz para desarrollar la lucha contra el oportunismo. Porque los oportunistas acostumbran a ponen sistemáticamente el acento en que la culpa del incumplimiento de las reivindicaciones más sentidas de los trabajadores es de este o aquél partido político eventualmente a cargo de la administración del Estado, o de este o aquél Estado (cuando se trata del derecho a la autodeterminación de las nacionalidades oprimidas). Por tanto, cuantos más derechos y libertades sean constitucionalmente reconocid@s y efectivamente concedidos, cuanto más amplia sea la democracia burguesa y la libertad de expresión, cuantos más partidos accedan al gobierno y cuantas más veces se alternen en esta función, más fácil lo tendrán los revolucionarios para educar a las masas en la verdad de que si sus reivindicaciones no se cumplen, la causa está no está en la falta de derechos, sino en el sistema capitalista:
<<El marxismo nos enseña que "luchar contra el oportunismo", renunciando a utilizar la instituciones democráticas creadas y deformadas por la burguesía de una sociedad capitalista dada, ¡es claudicar completamente ante el oportunismo!>> (Op.cit)
<<Los marxistas saben que la democracia (burguesa) no elimina la opresión de clase, sino que torna la lucha de clases más directa, más amplia, más abierta y pronunciada, y eso es lo que necesitamos, precisamente. Cuando más amplia sea la libertad de divorcio, tanto más claro será para la mujer que la fuente de su esclavitud doméstica es el capitalismo y no la falta de derechos. Cuanto más democrático sea el régimen de gobierno, tanto más claro será para los obreros, que la raíz del mal está en el capitalismo y no en la falta de derechos. Cuanto más amplia sea la igualdad de derechos de las naciones (que no es completa sin la libertad de separación), tanto más claro será para los obreros de las naciones oprimidas que la causa de su opresión es el capitalismo y no la falta de derechos.>>(Op. Cit)
Esto no significa que los revolucionarios aconsejen pasar por esas luchas. Al contrario, sin dejar de apoyarles, de acompañarles en sus luchas, explicarles tenazmente que sin la lucha por revolucionar las bases económicas del capitalismo, la opresión burguesa no desaparecerá. Y las consignas a este respecto, deben ir siempre un paso más delante de las consignas de los oportunistas, tratando de llevar esas luchas hacia el punto de ruptura con el sistema. Tanto como para "mitigar y acortar los dolores del parto socialista". Lo que ha querido significar Lenin, es, simplemente, que la educación en el ejercicio de la futura democracia bajo la dictadura del proletariado, el desarrollo de su conciencia democrática comienza, o debiera comenzar, en el seno de la sociedad capitalista.
Pero una cosa es la lucha del proletariado por la democracia, por los derechos y libertades democráticas, y otra muy distinta es el ejercicio de la democracia por el proletariado mismo; una cosa es exigir que se cumplan los derechos y libertades democrátic@s, y otra ejercerlos, incorporarlos a la acción del gobierno obrero. Este cambio entre exigir que hagan por uno y hacer por uno mismo, supone una ruptura revolucionaria en el comportamiento y un consecuente aprendizaje. Por lo tanto, la condición de la democracia proletaria efectivamente conducente al socialismo, es la autoconciencia por parte de una mayoría absoluta de trabajadores. Y ser autoconciente significa ser realmente autosuficiente, esto es, saber lo que hay que hacer con arreglo a una determinada finalidad, en este caso, el socialismo. Es necesario, entonces, que la autoconciencia de clase se extienda entre el proletariado, para que la democracia sustituya al mercado como el medio más eficaz de distribución de riqueza y recursos productivos, para los fines del desarrollo incondicional de las fuerzas productivas, condición, a su vez para que la humanidad pueda ingresar en la segunda fase o fase superior del comunismo, dejando definitivamente atrás la primera.
En tal sentido, cuando se dice seguidamente que:
<<Para Marx, la lucha por socialismo sin la lucha por la democracia no tiene sentido. Para nosotros socialismo significa la organización democrática de la inmensa mayoría de la sociedad>> (CIS: Ibíd.)
Esto se contradice con lo que el CIS dice en el párrafo subrayado y observado anteriormente por nosotros. Por tanto, el principio activo que tira de todo el proceso que va, desde la sociedad capitalista, hasta la sociedad sin clases, no es la democracia sino la autoconciencia del proletariado. Y el instrumento que garantiza ese principio activo es el partido revolucionario. La democracia es un medio que tiende a desaparecer, junto con el partido, las clases y el Estado, cuando la autoconciencia se apodera de toda la sociedad:
<<El socialismo conduce a la extinción de todo Estado, por consiguiente, también de toda democracia; pero el socialismo puede realizarse solamente a través de la dictadura del proletariado, que combina la violencia contra la burguesía, es decir, contra la minoría de la población, con un desarrollo total de la democracia, es decir, la participación verdaderamente universal de toda la masa de la población en todos los asuntos del Estado y en todos los complejos problemas referentes a la liquidación del capitalismo>> (V.I. Lenin: "Respuesta a Piatakov". Op.cit)
Sin duda, la revolución económica y social anticapitalista ha demostrado ser un impulso importante para eliminar todas las formas de opresión política heredadas del capitalismo. Pero, sin autoconciencia colectiva de lo que hay que hacer en cada momento determinado, las decisiones más democráticas pueden dar al traste con una revolución. Por ejemplo, mientras en abril de 1917 el pueblo ruso deliberaba acerca del problema de la tierra, cuando muchos campesinos se estaban apoderando democráticamente de buena parte de los latifundios, Lenin decía:
<<Para impulsar el movimiento, debemos liberarlo de la influencia de la burguesía, debemos desembarazarlo de las inevitables debilidades, vacilaciones y errores de la pequeñoburguesía.
Esta labor deberá realizarse mediante la persuasión amistosa, sin adelantarse a los acontecimientos, sin apresurarse a "consolidar" orgánicamente lo que aún no ha sido suficientemente comprendido, meditado y asimilado por los propios representantes de los proletarios y semiproletarios del campo.
Las consignas y reivindicaciones prácticas o, mejor dicho, las proposiciones que hay que hacer para atraer la atención de los campesinos, deberán basarse en los problemas inmediatos y actuales, como los plantea la vida misma.
El primer problema es el de la tierra. Los proletarios del campo estarán por la entrega inmediata y completa a todo el pueblo, de toda la tierra, sin excepción, y porque los comités locales tomen posesión de ella inmediatamente. Pero no se puede comer la tierra. Los millones de familias que carecen de caballos, de instrumentos de labor, de semillas, no se beneficiarán con la entrega de la tierra al pueblo.
Hay que debatir este problema sin demora, y tomar medidas prácticas para que, en todos los casos en que sea posible, las grandes haciendas continúen siendo explotadas como grandes empresas bajo la dirección de agrónomos y de los sóviets de diputados peones rurales, utilizando las mejores máquinas y simientes y aplicando las mejores técnicas agrarias.
No podemos ocultar a los campesinos, y mucho menos a los proletarios y semiproletarios del campo, que la pequeña explotación agrícola, bajo la economía mercantil y el capitalismo, no puede librar a la humanidad de la miseria de las masas, que es necesario pensar en el paso a la gran explotación agrícola por cuenta de la colectividad y emprender inmediatamente esta tarea, enseñando a las masas, y a la vez aprendiendo de ellas (de su iniciativa, inteligencia y audacia una vez conscientes de su propia situación y del quehacer que tienen por delante), las medidas prácticas para asegurar ese paso>> (V.I. Lenin:"El congreso de diputados campesinos". 16/04/917 Lo entre paréntesis y el subrayado es nuestro)
Y cuando los bolcheviques aplicaban de este modo la racionalidad revolucionaria sobre conciencia enajenada de los explotados, les marcaban el camino para que la recuperen superándola[7], y para que vayan aprendiendo a ejercer la democracia como algo plenamente consciente y responsable, consustancial a lo que, en cada caso, es necesario que hagan por sí mismos, para ver colmadas sus verdaderas aspiraciones colectivas e individuales. Reparemos en que Lenin se estaba dirigiendo a la vanguardia amplia del movimiento. Y decía explícitamente que esas ideas, las suyas, las del PCUS, no eran precisamente compartidas por los proletarios rurales. E instaba a los militantes del partido para una persistente e incansable labor de educación política mediante la propaganda y la agitación. Por lo tanto, la democracia proletaria es una forma de gobierno que por el solo hecho de empezar a ejercerla, no borra ipso facto los prejuicios burgueses y pequeñoburgueses, teórica y prácticamente tan bien cultivados durante generaciones seculares en la conciencia de los explotados. Pero, además, nunca será suficiente insistir en que, la democracia no es un fin en sí mismo --como sostienen los ideólogos burgueses, que, desde luego, no se lo creen-- sino un medio para alcanzar la autoconciencia del proletariado.
Siguen diciendo los compañeros del CIS:
<<Durante el período de transición, la propiedad del estado debe transformarse gradual y conscientemente en propiedad social. El nivel de este crecimiento [se supone que de la propiedad social.] está directamente relacionado con el nivel de democracia en los consejos (asambleas con democracia directa). Sin los más amplios derechos democráticos en los consejos, la propiedad del estado no sólo no podrá mostrar ninguna transición al socialismo sino que reforzará a una burocracia colectiva.>> (CIS: Op.Cit. Democracia y socialismo. Lo entre corchetes es nuestro.)
Insistimos, la democracia proletaria no es un fetiche y es un error de filiación idealista pensar como si lo fuera. Está claro que sin democracia proletaria la transición a la propiedad colectiva será una victoria pírrica. Pero esa, democracia, en si y por sí, no garantiza nada si no es una democracia consciente por parte de la mayoría que decide, que saben lo que en cada momento en que se la ejerce está en juego y cómo se resuelve. Y para eso, una vez más está el Partido, como encarnación de la moderna ciencia social y la memoria histórica del proletariado. Por tanto:
<<No es que la suerte del movimiento socialista esté ligado al movimiento democrático, sino, por el contrario, es el movimiento democrático el que está ligado al movimiento socialista.>> (Rosa Luxemburgo: "Reforma o Revolución" Cap.II)
En este último párrafo de los compañeros, pareciera como si el hecho mismo de la lucha por la toma del poder, tuviera la virtud de limpiar la conciencia obrera de todo vestigio burgués para siempre. Como si la autoconciencia o conciencia de clase se alcanzara en esta instancia de la lucha por el socialismo, y lo demás fuera cuestión de "coser y cantar". Y no es así. No lo es, al menos, para una mayoría del proletariado al día siguiente de la toma del poder, como se verá más adelante. En tal sentido, no hay ni puede haber una relación directa entre el ejercicio de la democracia proletaria en los Consejos y la transformación gradual de la propiedad privada en colectiva. La democracia no genera conciencia de clase. Es, o debe ser, producto de una relación social interproletaria necesariamente mediada por el Partido. La democracia contribuye enormemente a ello, sin duda. Pero no es ese su principio activo. El principio activo de la autoconciencia del proletariado es la comprensión científica de los contenidos de la lucha por un objetivo a través de su propia experiencia. Y quien encarna o debe encarnar ese principio es el Partido. Su arte revolucionario consiste, precisamente, en tratar de que cada experiencia de las masas en su lucha por la democracia, se convierta en un descubrimiento científico que oriente su acción por el camino político correcto, sabiendo que todo lo que, en cada momento fallen en convertir su experiencia en ciencia aplicada, serán otros --invariablemente una minoría social burguesa o proburguesa--, quienes resolverán burocráticamente por ellas.
En tal sentido, el proceso es contradictorio. En el caso de la Gran Revolución Rusa, por un lado la tendencia a la burocratización se vio reforzada a causa de la penuria relativa y de la distribución según el derecho igual. El ejercicio democrático en la decisión y gestión de los asuntos económicos y sociales durante la primera transición, contribuyó a promover y extender la conciencia de clase entre los asalariados, lo cual coadyuvó, a su vez, a que --por mediación insustituible del PCUS-- el espíritu democrático consciente avance al interior de la sociedad fortaleciendo la dictadura del proletariado respecto de los fines tácticos previstos por el capitalismo monopolista de Estado proletario respecto de la conciencia de clase burguesa, y la acción política remanente encarnada en los agentes sociales de la producción mercantil simple y del capitalismo privado.
Supongamos ahora que tal sea el caso en un hipotético proceso revolucionario próximo. En tanto persista el desarrollo desigual en la conciencia política del proletariado, ¿puede este proceso cumplirse sin la dirección del Partido y, si es preciso, de la acción despótica de los asalariados conscientes sobre su otra parte eventualmente acaudillada por los intereses del capitalismo privado? ¿Cómo se articula esta probable circunstancia en el párrafo anterior, si se reconoce el hecho de que, cuanto mayor es el atraso económico relativo de una sociedad, tanto más persiste el desarrollo desigual en la conciencia política del proletariado, y tanto menor es la influencia del Partido? Recordar Kronstadt.
<<Si a las masas productoras que forman la mayor parte de la sociedad no se les permite controlar y supervisar democráticamente la economía planificada, ningún otro sector en esa sociedad (en especial el “administrativo-dirigencial”), tendrá interés en producir para las necesidades sociales.>> (CIS: Ibíd)
Seguimos en las mismas: No es una cuestión de permitir o dejar de permitir. Si las masas no saben qué hacer, aunque no les guste la sociedad en que viven no tienen otra que dejar hacer a ciertas minorías organizadas que sólo saben cómo hacer para satisfacer sus intereses particulares de casta en el poder. Y los explotados, espontáneamente, como capital variable, sometidos ideológica y políticamente al capital, no saben ni pueden saber qué hacer para solucionar sus problemas. Y en la sociedad de transición, ante cualquier problemática no vivida, en ausencia de un partido que encarne la racionalidad revolucionaria, no puede dejar de suceder lo mismo ¿Puede haber en el período de transición un control democrático de la economía conducente efectivamente a la eliminación de las clases sin la dirección política del Partido Revolucionario, en tanto único portador de la racionalidad política de clase, esto es, del Materialismo Histórico aplicado a la realidad económica y social? El desinterés en producir para las necesidades sociales no es una actitud que deba achacarse exclusivamente al sector “administrativo-dirigencial”. Nada se puede manipular que no sea efectivamente manipulable. Echarle la culpa de todo al enemigo está en la raíz de toda próxima derrota, es la mejor forma de eludir la propia responsabilidad por no haber sabido derrotarle:
<<Es más, si durante el período de transición, el incentivo para incrementar la producción no puede ser la ganancia, sólo puede serlo la reducción de la jornada laboral.>> (CIS: Ibíd.)
Esta afirmación se contradice con lo que el CIS ha venido diciendo hasta aquí acerca de democracia proletaria. Nosotros estamos de acuerdo con esto. Sin incentivos, sin resultados que mejoren las condiciones del proletariado en su conjunto respecto de su situación anterior bajo la burguesía en el mediano plazo, el proceso de socialización se estanca y remite. Pero, ¿ése es el incentivo principal? ¿No prevalecen antes las condiciones de vida? Téngase en cuenta de que, antes de pensar en prometer el descenso en la jornada laboral, habrá que pensar si, en lo inmediato, si la estructura económica heredada por el capitalismo está en condiciones técnicas de absorber al total de la masa de parados. Además, como parte de esa herencia, el capitalismo lega una sociedad en penuria relativa. Por tanto, aun en ausencia de bloqueo y agresión exterior --supuesto muy posible, por cierto-- es probable que para colmar los salarios históricos del conjunto de los trabajadores, habrá que trabajar más.
En tal sentido, es un hecho estadísticamente comprobado en el capitalismo, que los asalariados sólo prefieren trabajar menos cuando tienen cumplidas sus expectativas de vida con un salario histórico que las satisface. En tiempos de recesión, esta propensión se invierte, los obreros optan por trabajar más por menos. Desde la perspectiva del Materialismo Histórico, hay que decir que los compañeros ponen aquí el carro delante de los caballos. La reducción de la jornada laboral sin duda incentiva una mayor producción. Pero este incentivo sólo es posible si antes están dadas las condiciones objetivas para una reducción de la jornada de labor, esto es, una mayor productividad basada en más eficaces medios de producción, que rinda el excedente económico suficiente para solventar el tiempo libre adicional de los asalariados. El incentivo para la mayor producción tiene por condición previa las condiciones materiales de una mayor producción global:
<<Por eso, la humanidad sólo se propone los objetivos que puede alcanzar, pues, bien miradas las cosas, vemos siempre que estos objetivos sólo brotan cuando ya se dan o, por lo menos ya se están gestando, las condiciones materiales para su realización>> K.Marx: "Contribución a la crítica de la economía política" Prólogo 1859)
En el mismo apartado los compañeros del CIS sostienen que:
<<Son únicamente los propios productores quienes debido a su interés en la autodeterminación social se benefician con las reducciones de la jornada laboral. Si el poder es arrancado de sus manos, este incentivo también desaparecerá. La burocracia gobernante no sólo no reducirá la jornada laboral, sino que además adoptará una política de crecimiento rápido que no será necesariamente la forma de crecimiento más adecuada. No nos olvidemos de que durante el primer plan quinquenal bajo Stalin, el título de héroe del trabajo se otorgaba a aquellos que trabajaban más de doce horas al día.
Es por esta razón que debemos insistir en que el liderazgo del partido no debe confundirse con el poder político del estado durante este período de transición.
El grado de democracia en los consejos es inversamente proporcional a la dictadura del partido.>> (CIS: Ibíd.)
Cierto. Pero esto último no tiene por qué suponer un partido burocratizado. Puede ser también el caso de un partido democrático con insuficiente influencia política en los órganos del poder proletario, como fue el caso del PCUS en el campo. ¿Por qué no contemplar el hecho de que el grado de democracia revolucionaria en los Consejos es inversamente proporcional a la influencia del poder burgués en ellos? Aquí se observa en los compañeros del CIS una subestimación del Partido, además de un antistalinismo liberal, una desviación democratista abstracta, formal o burguesa. Como si la democracia en general, el hecho de elegir al margen y por encima de consideraciones ideológicas y políticas de clase, fuera el principio activo del comunismo, de modo que, si por la vía democrática se previera un triunfo de la reacción pequeñoburguesa en los Consejos, los revolucionarios debieran resignarse a perder el poder político socialista, inhibiéndose de actuar según los principios comunistas para garantizar la continuidad democrática. Como si la democracia en general fuera un fin estratégico en sí mismo, del cual, supuestamente, depende la futura sociedad comunista. Porque una cosa es decir que sin democracia no puede haber socialismo, y otra muy distinta es dar a entender que la práctica democracia en general conduce al socialismo. Como decía Rosa Luxemburgo a los reformistas del SPD liderados por Bernstein:
<<El progreso ininterrumpido de la democracia se presenta, tanto para nuestro revisionismo (reformista) como para el liberalismo burgués, la gran ley básica de la Historia, si no en general, al menos contemporánea; pero de un mejor estudio se deduce que este juicio es una simple quimera. Entre la democracia y el desarrollo capitalista no cabe apreciar ninguna relación general y absoluta. La forma política es, en todo momento, el resultado de los factores políticos internos y externos (esto es, de las condiciones de la lucha de clases), y dentro de sus límites (históricos), admite la escala completa de los regímenes políticos, desde la monarquía absoluta a la república democrática. (...)
(...) Al pedir que la clase obrera renuncie al objetivo final socialista por entender que este abandono es condición y precedente del (continuismo o del) resurgir de la democracia liberal (abstracta, formal o burguesa), muestra Bernstein, por sí mismo, cuan poco la democracia burguesa puede ser condición y precedente necesario para el movimiento y el triunfo socialista. (...)
(...) no es que la suerte del movimiento socialista esté ligada a la democracia burguesa, sino, por el contrario, es el movimiento democrático el que está ligado al movimiento socialista.>> Rosa Luxemburgo: "Reforma o revolución" Cap. II) ]
Esto que criticamos de los compañeros del CIS aquí, se contradice con lo que afirman en el punto d) correspondiente a su "crítica de las estrategias del pasado". Y dado que, mientras no se revolucione la cultura y la moral burguesas en la segunda fase de la transición al comunismo, esto es, en tanto, no se socialice por completo el conocimiento científico acerca de los sistemas económicos comparados, será el partido revolucionario --depositario de ese conocimiento-- y no la "democracia de los consejos", la instancia teórica, política y militar que garantice el cumplimiento del proceso ante posibles desviaciones que puedan apoderarse de una parte del proletariado, más o menos significativa. Otra vez Kronstadt.
En la misma línea de pensamiento, siguen los compañeros razonando que:
<<El sistema de partido único no es mas que la negación de la dictadura del proletariado. La libertad de formación de partidos políticos debe ser el epígrafe del estado de los trabajadores. Después de haber despojado a la burguesía de sus medios de producción, de subsistencia como clase y de coerción material e ideológica, está claro que el estado obrero no tiene nada que temer del pensamiento ideológico/ político burgués.
Si durante la era de su dominación la burguesía puede imponer sus ideas en la sociedad, no es debido a su atractivo sino simplemente debido al hecho de que es el único poder que controla los medios de producción de ideas. Durante el período de transición, no puede prohibirse ningún partido bajo la excusa de que todavía apoya los intereses de la burguesía. Tal poder le permitiría a la clase en el poder, prohibir con la misma excusa organizaciones y partidos obreros.>> (CIS: Ibíd.)
Cierto, dado que durante un tiempo indeterminado de la primera fase del período de transición, sigue subsistiendo el capitalismo privado en muy pequeña escala y bajo control obrero, el hecho de prohibir sus derechos políticos de clase atenta contra la dirección del proceso revolucionario, dado que, en tales circunstancias, es imposible evitar la tendencia a que la expresión política de esos intereses capitalistas privados se traslade al interior del partido único, corrompiendo su cohesión ideológica y política, tal como sucedió con el Partido Bolchevique. Pero es necesario recordar, que, tras la revolución de octubre, los partidos pequeñoburgueses como los Socialistas Revolucionarios y los Socialistas revolucionarios de Izquierda, los anarquistas y los mencheviques, hasta que no se pasaron a la contrarrevolución violenta durante la guerra civil, y se limitaron a defender democráticamente sus intereses dentro de los órganos del poder soviético, no sólo conservaron intactos sus órganos de difusión sino que, incluso, se les invitó a participar del VTsIK (Comité Ejecutivo Central panruso de los soviets). Poco después de la toma del poder, Lenin redacto y puso a consideración del partido y para su aprobación el CEC de los soviets, un proyecto de resolución relativo a la prensa:
<<Para la burguesía, libertad de prensa significaba libertad para los ricos de publicar periódicos y para los capitalistas de controlarlos, lo que en la práctica en todos los países, incluyendo a los más liberales, produjo una prensa venal.
Para el gobierno obrero y campesino, libertad de prensa significa liberar a la prensa de la opresión del capital, entregar al Estado en propiedad las fábricas de papel y las imprentas, conceder a todo grupo de ciudadanos integrado por determinado número de personas (por ejemplo, 10.000) el mismo derecho para usufructuar la correspondiente reserva de papel y la correspondiente cantidad de trabajo de imprenta.>> (V.I. Lenin: "Proyecto de resolución sobre la libertad de prensa" 04/11/917)
Ahora bien, durante la transición del capitalismo al socialismo, de las bases económicas y sociales capitalistas de la sociedad anterior sólo subsiste la pequeñoburguesía sometida al doble poder del control obrero, y los Soviets constituyen el máximo poder de decisión política del Estado, ¿Quiere esto decir que el proletariado como clase dominante al frente del Estado debe permitir que los medios de difusión de la pequeñoburguesía sean subvencionados por el capital imperialista extranjero? Durante su intervención en la reunión del Comité Ejecutivo Central para defender su proyecto de resolución sobre la libertad de prensa, Lenin fue elocuente al respecto:
<<Debemos designar ahora mismo una comisión que investigue los vínculos existentes entre los diarios burgueses y los bancos. ¿Qué clase de libertad quieren estos diarios? ¿La libertad de comprar montañas de papel y contratar una multitud de escritores de oficio? Debemos evitar la libertad de una prensa dependiente del capital. Este es un problema de principios.>> (V.I. Lenin: "Reunión del Comité Ejecutivo Central de los soviets de toda Rusia" 4-17/11/917)]
Y en un ulterior desarrollo de sus mismos principios democrático-formales, el CIS contradice su crítica al supuesto “evolucionismo” bolchevique de la NEP presidido por la tactica del capitalismo de Estado proletario:
<<Además, la intervención en el destino de la sociedad no puede limitarse al proletariado.
El estado obrero debe poder permitir la participación de todas las capas sociales subalternas en este proceso. Los individuos socialistas no aparecerán por la fuerza. Es cierto que el principal poder reside en las manos de las asambleas de trabajadores, sin embargo esto no significa que el papel en política, de todos los demás sectores sociales antes oprimidos y expoliados por el capital se reduzca a cero. La clase trabajadora tiene que desaparecer como clase, tiene que transformar a todos los individuos de la sociedad en seres humanos socialistas. ¿Cómo podemos esperar el desarrollo de ese “hombre nuevo” bajo circunstancias en las que la democracia política es aún más limitada que bajo el capitalismo?>> (CIS: Ibíd.)
Tras la toma del poder, aun cuando eventuales dificultades económicas echaran a la pequeñoburguesía en brazos de la involución capitalista, y el poder soviético se viera obligado a expropiarla prohibiendo sus derechos políticos y sus medios de difusión, esa medida no dejaría de ser una derrota para la democracia soviética, y un triunfo para la burguesía, una dificultad futura añadida a la estabilidad del partido y de la revolución. Y esto por dos razones. La primera, porque una de sus funciones consiste en transformar social, ideológica y políticamente a estos sectores, por vía de la ley del valor, de la educación política y el consenso democrático en los órganos del poder soviético. Este espíritu va en el mismo sentido que la critica de Marx al ultraizquierdista punto 4 del programa de Gotha[8]. Por lo tanto, más aún hoy día, cuando --como anticipara el "Manifiesto"-- los miniempresarios están viendo --especialmente en el sector rural-- la inminente perspectiva de que la gran burguesía les convierta a la condición de proletarios en paro, su expropiación por el proletariado, a mediano plazo puede no debilitar sino fortalecer políticamente a la contrarrevolución. Tanto más cuanto mayor es el peso social de estos sectores vacilantes de la burguesía heredado por la sociedad de transición. En tal sentido, no se entiende que los compañeros del C.I.S. critiquen el "evolucionismo" bolchevique en materia económico-social, proponiendo implícitamente la expropiación de la pequeñoburguesía, mientras que en lo político-institucional propongan la libre participación de estos sectores. ¿Qué van a defender políticamente si en lo económico-social han sido reducidos a la nada?
Principios políticos, experienciay tendencia revolucionaria
En la "Introducción" del documento que comentamos aquí, los compañeros empiezan diciendo:
<<No cabe duda que la izquierda Argentina, al igual que otros grupos y tendencias de la izquierda en todo el mundo, está sufriendo una crisis grave. En nuestra opinión la salida de la crisis actual, reside en comenzar a romper con las concepciones teóricas y prácticas“tradicionales”,a fin de reiniciar de inmediato elreagrupamiento de la izquierda socialista revolucionaria. Creemos que todas las organizaciones, círculos, corrientes, tendencias y / o militantes socialistas debemos revisar nuestras posiciones políticas y teóricas básicas a fin detomar decisiones y actuar en dirección hacia tal reagrupamiento.>> (CIS: Op.cit. Introducción. Lo subrayado es nuestro)
¿Con qué "concepciones teóricas y prácticas `tradicionales´" habría que romper y qué "posiciones políticas y teóricas básicas" habría que revisar? Según se desprende de la lectura del documento, el CIS propone romper con las concepciones stalinistas y nacionalistas burguesas (que es lo mismo), con lo cual estamos de acuerdo. Pero parece que también propone revisar las posiciones de Marx y los bolcheviques respecto de la teoría de construcción del partido, de la política para la transición y de la relación vanguardia masa, con lo cual estamos rotundamente en contra, cuyas razones fundadas en el Materialismo Histórico hemos de exponer en esta sección.
Y seguidamente:
<<Además, los individuos y grupos que conformaríamos las diversas corrientes de esta tendencia “potencialmente” naciente, seguramente hemos pasado por experiencias específicas y antes de que podamos iniciar cualquier proyecto nuevo deberíamos aceptar y valorar un conjunto de principios que resalten los aspectos más sobresalientes de esas experiencias anteriores (...) porque precisamente como resultado de la ausencia de una tendencia revolucionaria socialista organizada y la dispersión de sus fuerzas potenciales, no existe un programa o propuesta únicos que puedan definir o que sean aceptables a todas las partes. Este tipo de programa no puede ser ideado en la mente de éste o aquél individuo, sino que tiene que ser el resultado de los esfuerzos conjuntos de todos los que decidan pertenecer a esta tendencia, en el proceso de su reconstrucción.>> (CIS: Ibíd)
Los principios no surgen de la experiencia sino de la ciencia aplicada a la sociedad. Otra cosa son las tácticas, que surgen del estudio de la correlación política de fuerzas sociales y de la memoria histórica del movimiento político proletario incorporada orgánicamente al partido. Además, la experiencia no sólo se agota en la que protagoniza una generación de militantes. Es incluso inexistente mientras no se deja testimonio autocrítico que permita superar los propios errores, como, en general, es el vicio de la militancia desde los tiempos de Stalin.
Por otra parte, sólo cabe hablar de una tendencia política revolucionaria,
1) cuando un colectivo de asalariados es suficientemente numeroso como para incidir en la lucha de clases;
2) cuando ha conseguido homogenizarse ideológicamente organizándose en torno a principios estratégicos únicos determinados por la moderna ciencia social aplicada al contenido de la realidad capitalista mundial;
3) cuando tiene por norma de comportamiento recurrir ineludible y permanentemente, a la memoria histórica del movimiento, confrontada con las condiciones de la lucha política en cada contexto económico-social de esa lucha, como metodología para adoptar en cada caso la táctica adecuada a los fines estratégicos.
En este sentido, la tendencia revolucionaria no puede surgir simplemente de "un programa único" en función de lo que "las partes" estén en condiciones subjetivas de "definir o aceptar" según su libre albedrío. La vanguardia revolucionaria, como tal, no debe tener otra "libertad de acción" o libre albedrío, que no sea hacer lo que le dicta férreamente el "conocimiento de la necesidad" objetiva de actuar de determinada manera y no de cualquier otra:
<<...Y esto es muy natural, pues, nuestra "teoría", es decir, los principios del socialismo científico, establece líneas marcadísimas para la actividad práctica, tanto con respecto a los fines, como a los medios de lucha a emplear y a la forma de combatir...>> (Rosa Luxemburgo: "Reforma o revolución" Cap. V: "El oportunismo en la teoría y en la práctica"
Lo demás, es un error propiciado por la tendencia dominante a separar la práctica de la teoría, y, consecuentemente, por la impaciencia de cerrar cuanto antes la unidad política de los revolucionarios en falso para empezar a "hacer política". Nosotros pensamos que el referente o común denominador de quienes aspiran a liderar el movimiento político del proletariado y a combatir con toda eficacia las desviaciones oportunistas, centristas y reformistas, es tratar de unificarse orgánicamente en torno a la ciencia económico-social y la memoria histórica del proletariado, aplicadas a cada realidad económica, social y política específicas. Entre esto y la movilización revolucionaria del proletariado, no caben "puntos" ideológicos y políticos "mínimos" exentos de deslizarse por el nefasto oportunismo que condujo al movimiento obrero latinoamericano y mundial de derrota en derrota. Porque en los intersticios de la indefinición y de la ambigüedad teórica que dejan esos "puntos", anida la imposibilidad de alcanzar una unidad política orgánica verdaderamente revolucionaria, porque se pone el carro de la práctica política delante de los caballos enjaezados a los principios del socialismo científico que deben tirar de él, precisamente en esa dirección.
Se sabe que en los orígenes del Partido Obrero Socialdemócrata Alemán (SPD), fundado en 1869 durante el Congreso de Eisenach, estuvieron las decisivas negociaciones de Karl Liebnekcht con el "Partido Popular Sajón", de base mayoritariamente obrera, que, junto con el "Partido Popular Alemán", propugnaban como elemento central de sus programas, la unificación de Alemania en un Estado capitalista federal, por vía democrático-burguesa, y que este programa pasó a ser adoptado como objetivo programático inmediatamente prioritario del SPD. En carta a W. Brake del 05/05/1875, Marx se declaró radicalmente contrario a este programa. Al exponer las razones de su oposición, empezó dejando meridianamente claro que:
<<Cada paso del movimiento real vale más que una docena de programas>> (K. Marx: “Crítica del Programa de Gotha”)
¿Qué han significado y significan estas palabras en su contexto? En primer lugar, que antes, durante y después de cada lucha decisiva, el movimiento real comprende la acción orgánica o inorgánica de los revolucionarios; en segundo lugar, que, a instancias de los revolucionarios organizados en torno a su "programa de principios", la lucha permite a ese movimiento real trascender las limitaciones ideológicas y políticas previas a esa lucha. Contribuir a que el movimiento real del capitalismo de un paso hacia su descomposición en la lucha de clases final. De este razonamiento implícito en el citado aforismo, Marx concluyó, una vez más con el mismo énfasis y determinación, que la premisa para que las luchas futuras del movimiento real trasciendan sus propias limitaciones políticas y no se malogren ahogándose una y otra vez en la charca reformista, está en que los revolucionarios no abdiquen su propio programa a esas limitaciones; en el caso de Alemania en 1875, a las condiciones históricas subjetivas, estado de conciencia o "correlación política de fuerzas sociales" que impedían a los revolucionarios ir más allá del programa de principios adoptado por el Congreso de Eisenach.
Y para eso propuso que, en vez de unificarse políticamente en torno a los "puntos" programáticos "mínimos" de la pequeñoburguesía organizada políticamente en el "Partido de los lassalleanos", que supondría poner al SPD kilómetros por detrás de lo que ya había avanzado en términos estratégicos, los revolucionarios alemanes debieran demostrar estar hechos de esa madera política organizándose en torno a los principios programáticos determinados por la "correlación fundamental de fuerzas sociales", esto es, por las "condiciones objetivas" científicamente descubiertas, no por lo que el proletariado y sus direcciones oportunistas estén dispuestos a hacer en cada momento. ¿Por qué? La respuesta a esta pregunta la daba Lenin en 1902, cuando el movimiento estaba en Rusia, en condiciones poco más favorables que hoy en Argentina y el resto del Mundo:
<<Quien conozca por poco que sea el estado efectivo de nuestro movimiento, verá forzosamente que la vasta difusión del marxismo, ha ido acompañada de cierto menosprecio del nivel teórico. Son muchas las personas muy poco preparadas, e incluso sin preparación teórica alguna, que se han adherido al movimiento por su significación práctica y sus éxitos prácticos. Este hecho permite juzgar cuán grande es la falta de tacto de R. Dielo al lanzar con aire triunfal la sentencia de Marx: "cada paso del movimiento efectivo es más importante que una docena de programas". Repetir estas palabras en una época de dispersión teórica es exactamente lo mismo que gritar al paso de un entierro: "¡Ojalá tengáis siempre uno que llevar!" Además, estas palabras de Marx han sido tomadas de su carta sobre el Programa de Gotha en la cual censura duramente el eclecticismo en que se incurrió al formular los principios: si hace falta unirse --escribía Marx a los dirigentes del partido-- , pactad acuerdos para alcanzar los objetivos prácticos del movimiento, pero no trafiquéis con los principios, no hagáis "concesiones" teóricas.>> (V.I. Lenin: "¿Qué hacer?"
Porque a los fines revolucionarios efectivos, es necesario poner el listón político de esos principios a la vista de todo el mundo --como a la vista está el record mundial de salto de altura-- para que el movimiento real sepa en todo momento el nivel político en que se encuentra --porque ahí le mantiene la burguesía a instancias de sus agentes políticos oficiales y oficiosos-- y el salto que deberá dar sobre ese obstáculo, lo quiera o no, porque el propio capital le impulsará cada vez más irresistiblemente a ello, obligándolo a ponerse a la altura que la historia le exige. Tal como le dijo Marx a Ruge en septiembre de 1843:
<<Nosotros no decimos al mundo: "deja de luchar, toda tu lucha no vale nada". Nosotros le damos la verdadera consigna de su lucha. Sólo mostramos al mundo por qué lucha realmente: pero la conciencia es una cosa que el mundo debe adquirir, quiéralo o no>> (Op.cit.)
Y la función primordial de los revolucionarios organizados consiste en lastrar todo peso político que les impida actuar libremente, con la única y verdadera libertad, la de hacer políticamente posible la necesidad histórica descubierta por el saber científico, actuando en el sentido que empujan las férreas leyes de la acumulación capitalista; sin condicionamientos políticos objetivamente reaccionarios que tienden a retardar el cumplimento de esas leyes y que, en cualquier caso, impiden que el agudizamiento de las contradicciones sociales según avanza el proceso de acumulación, tengan su correspondiente reflejo en la conciencia y la acción consecuente de los explotados:
<<Por lo tanto, si no era posible -y las circunstancias del momento no lo consentían- ir más allá del programa de Eisenach, había que haberse limitado a concertar un acuerdo para la acción contra el enemigo común en ese preciso momento). Pero, cuando se redacta un programa de principios (en vez de aplazarlo hasta el momento en que una prolongada actuación conjunta lo prepare), se colocan ante todo el mundo los jalones por los que se mide el nivel del movimiento del partido (siempre más avanzados respecto a lo que está dispuesto a hacer el movimiento espontáneo del proletariado, exactamente hasta donde lo exigen las condiciones objetivas, esto es, la correlación fundamental de fuerzas sociales, esto es, la capacidad del proletariado para consolidar su poder de clase dentro del proceso revolucionario permanente).
Los jefes de los lassalleanos han venido a nosotros porque las circunstancias les obligaron a venir. Y si desde el primer momento se les hubiera hecho saber que no se admitía ningún chalaneo con los principios, habrían tenido que contentarse con un programa de acción [partidario de principios] o con un plan de organización [coyuntural] para la actuación conjunta [contra el gobierno de los aristócratas terratenientes prusianos] (...) Sabido es que el mero hecho de la unificación [con los lassalleanos] satisface de por sí a los obreros, pero se equivoca quien piense que este éxito efímero no ha costado demasiado caro>> (K.Marx: "Carta a W. Bracke" El subrayado y lo entre corchetes es nuestro) [9]
En este punto, no podemos pasar por alto el concepto evolucionista, tanto de la lucha de clases como del partido, que Engels mantuvo desde 1884 ("El Origen de la familia..." Cap IX) hasta su prólogo de 1895 a "Las Luchas de clases en Francia", pasando por su carta del 28 de diciembre de 1886 a Florence Kelley-Wischnewetzky. En todos estos trabajos, Engels da a entender que el grado de maduración política del proletariado no se mide por los resultados prácticos de la teoría revolucionaria aplicada al movimiento espontáneo de sus luchas, sino por la experiencia del movimiento, especialmente por el sufragio universal dentro de las instituciones burguesas de Estado, esto es, por la cantidad de votos que obtienen sus direcciones partidarias, proceso en el que, cuando "el termómetro del sufragio universal marque para los trabajadores el punto de ebullición" de la sociedad burguesa, "ellos (...) sabrán qué deben hacer"[10]. Los comicios no sólo miden sino que deforman lo que miden. El fracaso de la revolución alemana del 18 lo ha dicho todo al respecto.
Todavía en 1874, Engels pensaba distinto. Una vez disuelta la Primera Internacional, explicaba en carta escrita entre el 12 y el 17 de septiembre a Friedrich Adolph Sorge, que las razones del fracaso de esa importante experiencia radicaron en que, desde su creación en 1864, el "carácter teórico" del movimiento "era todavía muy confuso en toda Europa", y que de semejante confusión teórica no podía sino resultar el revoltijo político que acabó con esa organización. Seguidamente, Engels concluyó esta carta mostrando su convencimiento y esperanza en que, durante el próximo futuro, la teoría revolucionaria adquiriría expresión político-organizativa como garantía suficiente de cohesión y eficacia militante, capaz de conducir al movimiento espontáneo durante sus momentos de alza, según los principios de la práctica científica, respecto de los cuales, Engels nunca negó que fueran los verdaderos y únicos principios por los que debe regirse la práctica política efectivamente comunista:
<<Estimo que la nueva internacional será --después de que las obras de Marx hayan ejercido su influencia durante una serie de años-- una Internacional netamente comunista y proclamará unos principios que serán precisamente los nuestros>> (F. Engels: Op.cit.)
Pero, para eso, hacía falta que los militantes revolucionarios accedieran al conocimiento del Materialismo Histórico, que lo asumieran como herramienta insustituible de efectiva transformación revolucionaria y lo fundieran prácticamente con el movimiento espontáneo no como teoría en sí misma, sino a través de su aplicación a la lucha de clases. Pero esto no sucedió. A pesar de conocer su publicación en 1867, el Libro I de "El Capital" no tuvo la influencia que generalmente se le ha atribuido, más que nada inducida por el entusiasmo de Marx ante el hecho de que esa edición "se agotara entre los obreros". August Bebel, de los coetáneos de Marx tal vez el más afecto seguidor de su obra exceptuando a Engels, esperó dos años para empezar a leerlo. En cuanto a Liebnektch, no pasó jamás de las primeras quince páginas. En cuanto a la opinión pública en los ambientes de la militancia obrera, los pocos periódicos socialistas que mencionaron el libro no abordaron de él más que la Introducción, sin haber comprendido su trascendencia política. Lo han tomado como una denuncia contra el capitalismo, como si no tuviera nada que ver con el programa político revolucionario.
Respecto de lo que venimos comentando sobre esta parte del documento del CIS, el más valioso y consecuente continuador del pensamiento y la memoria histórica de lo actuado por Marx en el movimiento obrero después de su muerte, fue la práctica teórica y política que Lenin desplegó en toda su vida militante, muy especialmente entre 1898 y 1912, período de lucha contra las concepciones populistas y economicistas; las primeras en cuanto al complejo modo de producción y a la no menos complicada formación social de Rusia en esa época, a fin de fundamentar el programa del futuro partido; las segundas respecto al carácter de su organización y las tareas inmediatas de la militancia. A este último respecto sólo hemos de referirnos a un solo pasaje del "¿Qué Hacer?" que, según puede apreciarse en nuestro website, está en el centro del debate que venimos sosteniendo desde hace ya cinco años, y que Lenin resumió en el siguiente pasaje que viene a la militancia actual como anillo al dedo:
<<Mucha gente, muy poco preparada e incluso sin preparación teórica alguna, se ha adherido al movimiento por su significación práctica y sus éxitos prácticos. Por este hecho, se puede juzgar qué falta de tacto manifiesta Rab. Dielo al lanzar con aire victorioso la sentencia de Marx: "cada paso del movimiento efectivo es más importante que una docena de programas". Repetir estas palabras en una época de dispersión teórica es exactamente lo mismo que gritar al paso de un entierro: "¡ojalá tengáis siempre algo que llevar!" Además, estas palabras de Marx han sido tomadas de su carta sobre el programa de Gotha, en la que censura duramente el eclecticismo admitido en la formulación de los principios: ya que hace falta unirse -- escribía Marx a los dirigentes del Partido --, pactad acuerdos para alcanzar los objetivos prácticos del movimiento pero no trafiquéis con los principios, no hagáis "concesiones" teóricas. Este era el pensamiento de Marx, ¡y he aquí que entre nosotros hay gentes que en su nombre tratan de aminorar la importancia de la teoría!
Sin teoría revolucionaria, no puede haber tampoco movimiento revolucionario. Nunca se insistirá lo bastante sobre esta idea en un tiempo en que a la prédica en boga del oportunismo va unido un apasionamiento por las formas más estrechas de la actividad práctica. Y, para la socialdemocracia rusa, la importancia de la teoría es mayor aún, debido a tres circunstancias que se olvidan con frecuencia, a saber: primeramente, por el hecho de que nuestro Partido sólo ha empezado a formarse, sólo ha empezado a elaborar su fisonomía, y dista mucho de haber ajustado sus cuentas con las otras tendencias del pensamiento revolucionario, que amenazan con desviar el movimiento del camino justo. Por el contrario, precisamente estos últimos tiempos se han distinguido (como hace ya mucho lo predijo Axelrod a los economistas) por una reanimación de las tendencias revolucionarias no-socialdemócratas. En estas condiciones, un error (teórico), "sin importancia" a primera vista, puede causar los más desastrosos efectos (políticos), y sólo gente miope puede encontrar inoportunas o superfluas las discusiones fraccionales y la delimitación rigurosa de los matices. De la consolidación de tal o cual "matiz" puede depender el porvenir de la socialdemocracia rusa por años y años.>> (V.I. Lenin: Op. Cit. Cap I)
Insistimos: el aforismo de Marx en cuanto a que "cada paso del movimiento real es más importante que media docena de programas", es válido cuando el movimiento obrero de cualquier país está en sus inicios, como dijo --por lo demás incorrectamente-- Engels del movimiento obrero norteamericano en 1874; o para un país como Alemania en 1871, que, no obstante, ya contaba con una organización y un programa. Pero no vale para un país como Argentina, donde el movimiento obrero tiene una solera de cien años, y, sin embargo, tanto la organización política de vanguardia como el programa revolucionario comunista siguen brillando por su ausencia. Y la tarea para contar con estos dos requisitos fundamentales es imposible de realizar sin el herramental teórico del Materialismo Histórico aplicado a la realidad económico-social y política de este último país. Nosotros pensamos, con Marx y con Lenin, que no hay alternativa posible a semejante exigencia de la realidad actual de la lucha de clases mundial, porque, hoy día, la situación es la misma en todas partes, de modo que los puntos programáticos en que es necesario acordar, no pueden ser otros que los definidos por la aplicación de estas dos herramientas o armas revolucionarias, a la realidad económica, social y política de cualquier país. Todo el tiempo en que resistamos esta línea de comportamiento, nos impedirá salir de la charca a la que fuimos arrojados por el menchevismo stalinista.
En ste punto es necesario volver sobre los “puntos mínimos” que, en la misma “Introducción” de su documento, los compañeros del CIS estiman condición suficiente para proceder a la unificación de la vanguardia revolucionaria proclamada:
<<Estos puntos mínimos nos permitirán dar los primeros pasos para distinguir esta tendencia de otras y también nos ayudará a encontrar e incorporar a los posibles miembros. Creemos firmemente que tal acuerdo es posible y que con la cooperación y la discusión podemos colectivamente reconstruir esta alternativa y desarrollar su programa.>> (CIS: Op.Cit. Introducción)
Insistimos, no se trata sólo de "distinguir una tendencia de otras" para llegar a un acuerdo, sino de contribuir a definir la tendencia objetiva de la sociedad capitalista y ajustar la táctica política a esa lógica de la realidad objetiva. Esto es lo que determina la necesidad histórica de la lucha de clases, que debe ser científicamente descubierta y acordada como una cuestión de principios (sin mínimos ni máximos) a instancias de la confrontación de ideas. Y en esto, repetimos, no sólo habrá que tomar obligatoriamente en consideración las previsiones teóricas de Marx en el "Programa de Gotha", sino toda su obra, incluida la práctica teórica y política de los bolcheviques presidida por Lenin entre 1893 y 1924.
Los compañeros advierten como “probable” la posibilidad real futura de que la unidad en base a los “puntos mínimos” desemboquen en diferencias y rupturas:
<<Durante ese proceso, es probable que algunos de los que en este momento están de acuerdo con los puntos mínimos inevitablemente desarrollen diferencias. Sabemos también que algunas de estas diferencias pueden incluso llevar a rupturas. Al empezar con ideas generales este proceso se hace inevitable. Sin embargo, no podemos posponer el inicio del arduo camino del reagrupamiento para siempre, debemos empezar por alguna parte. Sinceramente creemos que los posicionamientos que se alcancen, a la vez que constituirían una base ancha para el inicio, pondrán limites claros al reformismo y el oportunismo>> (Ibíd.)
Pero no parecen ser conscientes de la desutilización que hacen del arsenal de recursos que contiene la Teoría Revolucionaria y de la Memoria Histórica del movimiento, para cerrar al día de hoy en todo lo posible, el necesario horizonte de diferencias y rupturas que la vida abre a los revolucionarios. El verdadero reagrupamiento revolucionario se hará con más rapidez y eficacia revolucionaria, cuanto menos expuesto esté a la intemperiede la lucha de clases elemental y a los terremotos de la burguesía, cuanto más a cubierto se ponga de tales inclemencias propias de la naturaleza del capital. Y semejantes condiciones sólo se consiguen construyendo un partido con la mejor técnica arquitectónica antisísmica y los mejores materiales desde sus mismos cimientos. Pero esta tarea depende, en última instancia, del cambio de cualidad en cantidad, de cuantos más sean los que exijan hacerlo así, esto es, según el conocimiento de la reales condiciones económicas estructurales, sociales fundamentales y políticas coyunturales de la lucha de clases, y no según lo que a cada parte le "parezca" sobre estas últimas o "convenga" a sus respectivas organizaciones-partido que son sus "ideas generales". Los únicos que pueden pactar según ciertas "ideas generales" son los políticos burgueses.
Dado que los asalariados son la clase revolucionaria fundamental --porque, al estar despojados de la propiedad sobre los medios de producción no tienen intereses materiales específicos que reclamar dentro de esta sociedad--, lo único a que pueden aspirar dentro de este sistema de vida, es a gozar circunstancialmente de mejores condiciones de vida, pero a expensas de peores condiciones de trabajo y de más paro.
Respecto de su emancipación como clase,lo único que les puede llegar a unir, aunque hasta cierto punto del proceso no lo sepan, es la ciencia social aplicada y la memoria histórica de sus luchas. Pero los revolucionarios no pueden empezar a actuar con eficacia, sino en base a una unidad de criterio orgánico que respete las exigencias de la realidad económica, social y política actual en cada país en sentido subversivo. Por lo tanto, quienes aspiren a ser vanguardia y se nieguen a actuar según estos requisitos, crean todas las condiciones para contribuir irresponsablemente a que el movimiento vuelva a deslizarse imperceptiblemente por la pendiente del oportunismo y el reformismo burgués, cuando no del voluntarismo utópico, armado y no armado. Para llegar a ser oportunista o voluntarista, no se trata de evitar serlo demasiado, como si de cualquier mujer se pudiera decir que está un "poquito" embarazada.
Entrando en el segundo punto de este apartado, los compañeros hacen una clara profesión de fe premarxista, empirista del saber político:
<<Las posiciones de este documento son el resultado de nuestra experiencia; otros compañeros probablemente pondrán más énfasis en otras cuestiones, o en las mismas pero desde distintos puntos de vista. Considerando la necesidad imperiosa de intentar avanzar en tal sentido, hemos intentado formular lo que entendemos podrían constituir las cuestiones esenciales para la unidad inicial de esta tendencia.>>(Ibíd.)
El saber por experiencia (individual o colectiva), se agota en la particularidad de directamente vivenciado. En tal sentido, el saber político resultante de unas organizaciones que llegan a acuerdos exclusivamente basados en la confrontación de sus respectivas experiencias particulares, por completo al margen de la ciencia y de la memoria histórica del proletariado, es un saber que no puede dejar de ser muy limitado, cuando no equívoco, expuesto a múltiples errores teóricos de consecuencias políticas inmediata o mediatamente nefastas e inevitables. Permítasenos decir, sin arrogancia, pero también sin compasión ninguna y con el más sincero y fraternal espíritu de colaboración, que nuestra experiencia está escarmentada de andaduras políticas que comenzaron como los compañeros del C.I.S. han literalmente expuesto y nos están proponiendo. Seguidamente vamos a exponer las razones que aconsejan abandonar el punto de vista de los compañeros del CIS
Teoría revolucionaria y conciencia comunista
Vayamos en primer lugar al apartado correspondiente en el documento del CIS. De allí, entre otras posiciones destacamos para observar lo siguiente:
<<Un partido revolucionario no puede construirse sin una teoría revolucionaria. Esa teoría, creemos, es aún la teoría marxista. No existe ninguna otra teoría superior al marxismo, que pueda guiarnos en la resolución de los problemas actuales de la practica revolucionaria.>> (CIS: Op.cit. Algunos aspectos de la teoría revolucionaria)
Seguidamente señalan que:
<<El marxismo revolucionario como ciencia no tiene afinidad con la ideología. Esta dualidad no puede resolverse diciendo que es una forma especial de ideología, por ejemplo, una ideología proletaria. Aunque la ideología puede tomar cierta existencia material debido a la persistencia de ciertas estructuras históricas sociales, no expresa sino una conciencia enajenada (expropiada históricamente) de estas.>> (Ibíd)
Y luego de acordar con la tradición marxista en que:
<<Las clases dominantes siempre han tenido que reproducir el proceso enajenante de la conciencia, para ocultar sus intereses bajo la excusa de defender los intereses generales.>> (Ibíd)
acaban planteando el siguiente problema:
<<Aun acordando en que el marxismo es una ciencia social, el problema no está todavía resuelto. ¿Que queremos decir con ciencia? Es cierto que la característica distintiva de la ciencia es que reconoce a la realidad tal y como es. Pero esto se refiere exclusivamente a las ciencias naturales. ¿Pero, como se llega a ese reconocimiento desde una perspectiva social? (Ibíd)
Que intentan resolver de la manera siguiente:
En el marxismo hay muchos debates alrededor de este punto y la discusión continuará inevitablemente. En nuestra opinión la única manera de empezar este debate es con la vuelta al mismo Marx. (...)
(...) Lo que sí era importante para él, era el entender de manera realista las actividades de los seres humanos específicos (el sujeto) en sus condiciones socio-históricas especificas y no el crear una ideología nueva. El veía a la conciencia humana y su concepción de su situación y la del mundo exterior no como un reflejo pasivo de la materia sino como el resultado directo de su práctica histórico-social para cambiar su situación y la del resto del mundo y su comprensión de esa práctica. No cabe duda de que más allá de la mente de este individuo hay un mundo material independiente. Pero un mundo que no ocurrió en la experiencia humana tampoco puede reflejarse en la mente humana, y el mundo que cubriera esta experiencia no sería ya mas un mundo independiente de la mente. La dialéctica de Marx mantuvo el reconocimiento del vinculo -de la interrelación- práctico dialéctico, entre las condiciones subjetivas y objetivas como punto central en la teoría de la conciencia. No es una coincidencia que todas las tendencias reformistas traten de menospreciar este papel central de la praxis.
En fin, Marx “invirtió” la relación sujeto/objeto, dialécticamente, poniendo al sujeto de pié sobre el objeto.
Si se niega la importancia de la practica revolucionaria critica, esta ciencia liberadora se convierte en un sistema anticuado y cerrado de creencias dogmáticas y semi-religiosas usado principalmente para justificar las medidas conservadoras y contrarrevolucionarias de capas no proletarias.>> (Ibíd)
Con este razonamiento, podemos decir que, en general, estamos de acuerdo. Pero, a nuestro juicio, los compañeros dejan la pregunta que han hecho sin respuesta, porque definen la praxis marxista como "práctica-histórico-social-revolucionaria", en el sentido de una interacción dialéctica entre un sujeto "no pasivo" y su objeto, pero no dicen en qué consiste esa actividad del sujeto, de qué esta compuesta. Como se ha visto hasta ahora y comprobaremos en los siguientes apartados, eldiscurso de los compañeros adolece de un reduccionismo del "sujeto activo" a su actividad práctico-sensible, a la determinación de la conciencia por la experiencia de lucha.
Como puede apreciarse, el discurso de los compañeros del CIS sigue dejándonos a oscuras en cuanto a "conocer de manera realista" qué es eso de la "praxis" tal como Marx la entiende, si es o no es científica, si está o no basada en la ciencia. Curiosamente, en todos los otros apartados dejan más pistas sobre este asunto que aquí, donde lo exponen especialmente. Entre esos apartados hay uno --el que trata sobre el programa-- donde han llegado a ser más explícitos. Lo resumen en muy pocas palabras diciendo allí lo siguiente:
<<Marx no hizo socialista al movimiento obrero, fue la clase trabajadora la que convirtió a Marx al comunismo.>> (Ibíd.)
Empezar por decir que, en contra de lo que ha venido siendo opinión dominante, Marx y Engels estuvieron muy lejos de liderar el movimiento obrero desde mediados del siglo XIX hasta el fin de sus vidas. Su pensamiento no tuvo el alcance social que siempre se les ha atribuido. Según reportan Dennis Authier y Jean Barrot en "La izquierda comunista en Alemania", la correspondencia de la época testimonia que, hasta el Congreso de Erfurt, el "Manifiesto" era prácticamente desconocido por la militancia de entonces. En una larga semblanza sobre Marx, el propio K. Liebnekcht, casi al final de su vida, recordó que en la década de los cincuenta,
<<...dentro de la clase obrera sólo eran una minúscula minoría los que habían abrazado el socialismo. Y entre ellos, los socialistas en el sentido científico de Marx --en el sentido del Manifiesto Comunista-- sólo eran una minoría. El grueso de la clase obrera, en los contados casos en que había despertado a la vida política, todavía estaba inmerso en la niebla sentimental de los deseos y la palabrería democrática, como la que caracterizó el movimiento del 48, incluyendo sus antecedentes y consecuencias>> (Wilhem Liebnekcht (1896) Citado por H.M. Enzensberger: "Conversaciones con Marx y Engels" T.1)
Revolucionaron la ciencia de la historia, pero no consiguieron que sus ideas y su programa germinaran en la conciencia del proletariado. ¿Por qué? Desde 1841 hasta 1848, porque fueron rechazad@s por quienes el movimiento venía consagrando como a sus grandes líderes intelectuales y políticos (Cabet, Weitling, Proudhon, Hess, Grün). En febrero de 1844, desde los "Anales franco- alemanes"Marx se congratulaba de que por fin "el rayo de la idea" había prendido "en el candoroso suelo popular", cuyo movimiento tenía "su cabeza" puesta en el Materialismo Histórico, mientras su corazón seguía latiendo en cada asalariado. Casi veinte años después, en carta a Engels del 13 de febrero de 1863, Marx se hizo cargo de aquellas falsas expectativas que él y los 200 integrantes de la "Liga de los comunistas" depositaron en la revolución de 1848:
<<Ahora ya sabemos el papel que la estupidez desempeña en las revoluciones, y cómo los miserables saben explotarla>> (K. Marx: Op.cit.)
Desde 1860 hasta 1917, el Materialismo Histórico fue, primero falsificado por Lassalle en nombre de Marx, y seguidamente saboteado por las sucesivas direcciones y cuadros medios burocratizados de la IIª Internacional embanderados en él. Finalmente, desde 1924, el bloque histórico entre la pequeñoburguesía y la burocracia soviética enquistado en la URSS, consiguió --en colaboración informal con los aparatos ideológicos de Estado del bloque capitalista internacional-- completar la tarea de construir el muro antimarxista en la conciencia del movimiento obrero, asociando los resultados teóricos científicos del Materialismo Histórico, al criterio de la práctica política antimarxista radical del stalinismo en la URSS. En síntesis, que salvo durante el lapso de la Revolución Rusa, entre 1917 y 1924, el marxismo fue usurpado por la intelectualidad de cuño pequeñoburgués para controlar el movimiento obrero evitando que pueda sacar los pies del tiesto capitalista, al mismo tiempo que para vender ese servicio al gran capital, a cambio de condiciones económicas y políticas más favorables a sus intereses de clase intermedia.
Gramsci decía, con razón, que "Marx inició intelectualmente una edad histórica que durará probablemente siglos", todo el tiempo en el que las actuales condiciones objetivas del capitalismo, y su reflejo en la superestructura cultural sean reemplazadas por las de tipo socialista. Desde el mismo momento en que la concepción del mundo y la metodología materialista histórica hagan pie firme en la conciencia colectiva de la sociedad, convirtiéndose en cosas de "sentido común", el pensamiento de Marx empezará a dejar de tener vigencia, hasta que otra concepción y otro método contenidas en las condiciones históricas o relaciones de producción que el marxismo contribuyó a desarrollar, anticipen teóricamente otras nuevas. Cuanto más profunda sea o es la revolución social que anuncian determinadas proposiciones científicas, mayor es su trascendencia histórica y más tardan en ser adoptadas por la sociedad, mucho más del tiempo necesario para avanzar con ellas hasta que, de las condiciones históricas que contribuyó a crear, nacen otras que dan pábulo a nuevas y superiores proposiciones.
Si el Materialismo Histórico no pudo hacer socialista al movimiento obrero en vida de Marx y Engels, fue porque cuando ellos irrumpieron con sus ideas científicas en el movimiento intelectual de su época, el movimiento pequeñoburgués de los Maestros y aprendices artesanos como Weithling, Bakunin y Proudhon, todavía en lucha por la supervivencia contra la acción expropiatoria de la burguesía incipiente, ya tenían su chiringuito ideológico montado al interior del movimiento obrero. Después se sumaría Lassalle y los "marxistas" de la IIª Internacional, quien plagió y tergiversó groseramente a Marx. Estas gentes, quienes desde 1830 pasaban por ser los referentes teóricos de mayor influencia en el movimiento político del proletariado, se negaron a reconocer las certezas científicas de Marx y Engels, haciendo un completo vacío social en torno suyo. Confirmaron así su condición de pequeños tenderos defendiendo su respectiva propiedad intelectual en la conciencia de los asalariados de vanguardia, a quienes tenían habituados en el arte de "hablar de todo a fuerza de sopa boba y poco esfuerzo", como diría Engels de Dühring en 1876[11]:
Los ensayos CIENTÍFICOS con vistas a revolucionar una ciencia, no pueden ser jamás verdaderamente populares. Pero una vez que se haya establecido la base científica, es fácil hacerlos accesibles al público en general. Si los tiempos se pusieran más agitados, se podrían también escoger los colores y las tintas que convendrían entonces a una exposición popular de ESTAS cuestiones. En cambio, yo quisiera, es cierto, que los especialistas alemanes, aunque fuera por decencia, no ignoraran tan completamente mis trabajos. Tengo, además, la experiencia nada regocijante, de que los amigos, la gente de nuestro Partido, que por mucho tiempo se han ocupado de esta ciencia y que, en privado, me han escrito un torrente de elogios exagerados a propósito de la primera entrega (del primer libro de "El Capital"), no han hecho el menor esfuerzo por publicar una explicación, o simplemente anunciar el contenido de la obra en las publicaciones a que han tenido acceso. Si esto es una táctica política, confieso que no puedo penetrar su misterio.>> (K. Marx: Carta a Kugelmann: 28/12/862)
En cuanto a esto de que Marx no hizo socialista al movimiento obrero sino que el movimiento obrero fue quien hizo comunista a Marx, no sabemos qué razones pueden tener los compañeros para hacer semejante afirmación. La critica de esta proposición será tan extensa como necesaria para aportar al imprescindible acuerdo dada su enorme trascendencia política, de modo que pedimos atención y paciencia.
Por lo que nosotros sabemos, fue en 1843 cuando el creador del Materialismo Histórico se declaró por primera vez comunista sin mencionar esa palabra. Lo hizo en su "Introducción a la crítica de la filosofía hegeliana del derecho estatal". Respecto de su participación directa en la política alemana, nosotros no tenemos noticias de que esto se hubiera producido antes de 1842. Hasta entonces, sólo había considerado los problemas políticos desde el punto de vista teórico y filosófico.
Cuando en 1841 decidió colaborar activamente en la fundación de la "Gaceta Renana" y hasta el año siguiente, en que se hizo cargo de su dirección, Marx todavía formaba parte del movimiento filosófico de los jóvenes hegelianos, para quienes el Estado, debía ser la suprema expresión de la racionalidad humana, ejerciendo esta función por encima de los intereses particulares en la sociedad civil. Pero después de que Hegel abdicó esta supuesta racionalidad en la cabeza del monarca prusiano, pasaron a pensar, en contra del Maestro, que el Estado no encarnaba esa racionalidad en sí y por sí mismo, y que la mejor manera de promover esa racionalidad dentro del Estado, era la crítica filosófica que elimina de lo real lo que en él deviene de irracional, cuidando de que "cada modo de existencia se determine por su esencia y cada realidad particular por su concepto".
Así pensaba Marx cuando entró de lleno a comprometerse con la lucha de clases en sus aspectos económico, político y social como periodista. Al realizar la crítica de lo debatido y resuelto durante la sexta Dieta Renana, estaba todavía convencido en el poder transformador que la racionalidad teórica viva, en tanto vocera del mundo, ejercía sobre el Estado burgués y, a través de él, sobre la filosofía del mundo como sistema de vida. En esta concepción interactiva del "devenir mundo de la filosofía y devenir filosofía del mundo" expuesta en su "Tesis Doctoral", Marx se separaba del determinismo idealista absoluto de los jóvenes hegelianos. Pero seguía considerando a la racionalidad de la Idea como determinante de última instancia, y al Estado de clase como expresión política de los intereses generales, esto es de la racionalidad histórica.
Así, a pesar de haber comprobado cómo los representantes de la burguesía y de la nobleza se pronunciaban de acuerdo con la censura de prensa y con las leyes que perseguían a los ladrones furtivos de leña y a los campesinos viñateros del Mosela que laboraban en los terrenos comunales, eso aún no fue suficiente para revolucionar su pensamiento idealista, ya que acabó su crítica periodística de los debates parlamentarios con un violento reproche, pero reproche al fin, contra el espíritu de casta que animaba a ese parlamento consultivo, así como contra los diputados que sólo pensaban en defender sus privilegios, y los que se mostraban demasiado pusilánimes para asumir con la firmeza que era necesaria la defensa de la libertad[12]; pero se puso incondicionalmente del lado del pueblo trabajador y oprimido, apelando a él como potencial devenir mundo de la filosofía, para que defendiera la libertad, al mismo tiempo que hacía una advertencia a los representantes del pueblo que encarnan la irracionalidad al interior del Estado, diciendo lo siguiente:
<<...a la inspiración divina de lo alto corresponde la inspiración divina de abajo, que le valió al rey Carlos I de Inglaterra el ser decapitado, manifestando con ello su fe en el triunfo final del pueblo en su lucha contra la servidumbre[13]>> K. Marx: Mega: I T. 11 Pp. 228. Citado de Augusto Cornu: "Carlos Marx Federico Engels" T. II Cap. 1)
En su simple reproche iba implícito que seguía subyugado por la concepción idealista hegeliana sobre el Estado, pensando que el hecho de aislarse o ser indiferente a lo que en él ocurre y afecta a los miembros de la sociedad (aludiendo implícitamente a la prensa), era la causa fundamental de la inmoralidad, tanto en el ámbito de la vida pública como en el privado. En este juicio, también aplicaba las conclusiones de su "Tesis Doctoral", en el sentido de que entre la prensa y la irracionalidad de los intereses particulares al interior del Estado, se operaba un movimiento de acción y reacción que iba históricamente en sentido del triunfo de la racionalidad; pero señalaba que la prensa por sí sola era incapaz de dar nacimiento a ese desarrollo. Asumía así la tesis de Hegel en cuanto a que la fuerza y el movimiento reside en la virtualidad de la relación dialéctica entre los contrarios:
<<La fuerza es, de esta manera, una relación (la fuerza nace de la relación, no nace de uno sólo de los contrarios) en la que cada término es (esencialmente) el mismo que el otro Hay una fuerza que solicita y otra que es solicitada, pero si no hay relación no hay fuerza. Hay fuerzas que están en relación y precisamente se refieren de manera esencial una a la otra. Además, ellas son, ante todo, sólo diferentes en general; la unidad de su relación es sólo la unidad interior, que está en sí>> (G.W.F. Hegel: "Ciencia de la lógica" Libro II sección 2 cap. 3. Lo entre paréntesis es nuestro)
Pero dada la contradicción entre la prensa apologética de la irracionalidad encarnada en los intereses particulares, y la prensa que en Alemania encarnaba la racionalidad revolucionaria trascendente, también de esa contradicción emanaba una fuerza hacia la negación de la negación (la censura), hacia la libertad. Así:
<<La prensa belga habría dejado de ser tal, si hubiera permanecido ajena a la Revolución, del mismo modo que la Revolución belga habría dejado de ser tal, sino hubiera sido al mismo tiempo una Revolución de la prensa>> K. Marx: Mega I Pp. 190. Citado por A. Cornu: Op.cit.)
En tal sentido, la irracionalidad de los intereses particulares seguía siendo, para Marx, el contrario de la misma esencia puesta en el Estado como expresión de la racionalidad que en él se construye, contrario sin el cual, la forma de la racionalidad política universal encarnada en la prensa, no podía realizarse al interior del Estado. Por tanto se mantenía cautivo de la filosofía hegeliana de la identidad de los contrarios entre la racionalidad mundana y la racionalidad "divina" materializada en los ideales de la Revolución Francesa, que, al abdicar en favor de la corona prusiana, Hegel acabó dividiendo al movimiento filosófico de sus discípulos. Pero, a diferencia de los jóvenes hegelianos de izquierda --convertidos en el llamado "movimiento de los liberados"-- que luchaban exclusivamente contra el carácter religioso del Estado prusiano, Marx proponía hacer énfasis en la lucha contra los privilegios sociales feudales y burgueses que explotaban y oprimían al pueblo trabajador católico, campesino y asalariado. Este alejamiento gradual pero sin contramarchas de Marx respecto del hegelianismo, se estaba operando cuando fue llamado a reemplazar a Rutenberg al frente de la dirección del periódico. El primer problema que debió resolver, se planteó a raíz de que, para desplazarle del primer puesto de la prensa liberal de Alemania, la "Gaceta General de Augsburgo" acusó al periódico dirigido por Marx de hacerse eco de ciertas tendencias filocomunistas francesas, fundando esta calumnia en que la "Gaceta Renana" había publicado algunos artículos de crítica social firmados por un tal Gustav V. Mevissen y Moses Hess.
La respuesta a este ataque provino naturalmente de Marx, en un artículo del 16/10/842 titulado "El comunismo y la 'Gaceta General de Augsburgo' " donde declaró que en ese momento carecía de suficientes elementos de juicio para pronunciarse sobre el asunto, lo cual puso de manifiesto, por primera vez una concepción de la política que jamás abandonó, y es que abrazar cualquier causa política sin sólidos fundamentos teóricos, deviene en un inevitable despropósito, de ahí que, además, constituya una absoluta carencia de responsabilidad histórico-social. Así lo diría empleando otras palabras diecisiete años más tarde en el "Prólogo" a su "Crítica de la Economía Política":
<<En 1842-43, siendo redactor de la Rheinische Zeitung, me vi por primera vez en el difícil trance de tener que opinar acerca de los llamados intereses materiales. Los debates de la dieta Renana sobre la tala furtiva y la parcelación de la propiedad del suelo, la polémica oficial (...) sobre la situación de los campesinos del Mosela, fue lo que me movió a ocuparme de cuestiones económicas. Por otra parte, en aquellos tiempos en que el buen deseo de "marchar a la vanguardia" superaba con mucho el conocimiento de la materia, la "Gaceta Renana" dejaba traslucir un eco del socialismo y del comunismo francés teñido de un tenue matiz filosófico. Yo me declaré en contra de aquellas chapucerías, pero confesando al mismo tiempo, francamente, en una controversia con La Gaceta General de Ausgburgo, que mis estudioshasta entonces no me permitían aventurar ningún juicio acerca del contenido propiamente dicho de las tendencias francesas.>> (K. Marx: Op. Cit.) [14]
Y en esa réplica a la "Gaceta General de Augsburgo", al reconocer que el comunismo no se planteaba en Alemania más que como un problema teórico, Marx demostraba estar en los umbrales de su concepción materialista de la historia. En efecto, para que en ese país el comunismo estuviera al orden del día político, --aunque no lo explicitara-- Marx dejaba entrever que allí no existían aún las condiciones económico-sociales necesarias. "Pero no por ello --proseguía Marx-- el comunismo dejaba de ser un problema muy importante, imposible de resolver con una frase trivial, como lo hacía la "Gaceta General de Augsburgo". Para acabar declarando más por lo que a él le traía en cuenta que respecto del periódico por él representado en ese momento, lo siguiente:
<<La Gaceta Renana, que ni siquiera concede una realidad teórica a las ideas comunistas en su forma actual, y que desea aun menos su realización práctica, que, por otra parte, no considera posible, se propone someter tales ideas a un serio análisis crítico. Si la Gaceta General de Augsburgo no se conformara con opiniones y frases hechas, vería que, obras como las de Leroux y Consideránt, y, en especial, el penetrante libro de Proudhon, no pueden refutarse con algunas observaciones superficiales, y que su crítica exige un estudio largo, serio y profundo>> (K. Marx: Op.cit. Mega I T I1 Pp. 263. Citado de A.CornuOp. Cit.)
Con estas palabras, estaba anticipando la importancia decisiva que la teoría científica tenía para los resultados de la acción política, admonición con la que dio término a su artículo en nombre de sus compañeros de redacción, y que, sin duda, nos viene muy bien a quienes estamos urgidos por construir el próximo partido revolucionario internacional. La conciencia de la lucha por conseguir algo, no surge de la lucha misma, sino de lo que es necesario hacer --y cómo--, para apoderarse de las armas esenciales a fin de ganar esa lucha por anticipado, armas que no se encuentran en ningún arsenal militar (aunque esas también sean en su momento tan necesarias como decisivas):
<<Estamos convencidos de que el peligro no reside tanto en el hecho de tratar de poner en práctica el comunismo, cuanto en la elaboración misma de la doctrina comunista, porque a las tentativas de realizar el comunismo, aun si están apoyadas por el movimiento de masas, se les puede responder por medio del cañón desde el momento en que manifiestan su peligrosidad, mientras que las ideas que se apoderan de nuestra inteligencia, de nuestra alma, de nuestra conciencia, son cadenas de las que no es posible desprenderse sin desgarrarse el corazón, demonios que sólo pueden vencerse sometiéndose a ellos.>> (Ibíd)
Sus críticas al gobierno prusiano en sus artículos publicados en la Gaceta Renana, sobre los debates en la Dieta, especialmente los relativos a las leyes dedicadas a reprimir los robos de leña y el cultivo de uva en las tierras comunales por parte de los campesinos pobres, le refutaron desde la práctica política la teoría del Estado de Hegel, según la cual es la ley y el derecho lo que determina las relaciones entre los propietarios privados en la sociedad civil. Participando en esos debates, Marx pudo comprobar lo contrario, que las leyes se hacían a la medida de los intereses privados y que no era el Estado como depositario y ejecutor de las leyes quien determinaba a la sociedad civil sino al revés, como así lo denunció:
<<Hemos seguido con repugnancia estos debates fastidiosos y mezquinos, pero hemos considerado nuestro deber mostrar lo que habría de esperarse de una Dieta dedicada a la defensa de intereses privados, si algún día se le encargara verdaderamente de legislar (...) Nuestra exposición demuestra cómo ha rebajado la Dieta al poder ejecutivo, a las autoridades administrativas, a la persona del acusado, la idea del Estado, el crimen mismo y el castigo, para hacer de ellos viles instrumentos del interés privado>> (K. Marx: Ibíd Pp. 300-302-303)
Pero aun trasmitiendo su gran indignación a los 800 lectores de la Gaceta Renana por la forma en que se marginaba de la vida política a los menesterosos, Marx no conseguía ubicarse para poder situar a la opinión pública alemana en el terreno de la crítica económica y social, fuera de la crítica de las leyes y el derecho, esto es, del terreno de la reforma política del Estado y de una crítica muy general a la propiedad privada, cuyos efectos condenaba. Confesaba carecer de elementos de juicio como para pronunciarse por una alternativa a la realidad económico-social vigente, al derecho positivo y al Estado burgués tal y como había sido concebido por los enciclopedistas franceses, y que el movimiento hegeliano de izquierdas --al que seguía perteneciendo-- venía consagrando como la suprema expresión de la razón universal.
No obstante, el hecho de haber participado en los debates del parlamento renano, le habían puesto en trance de trascender o superar la crítica que Feüerbach había hecho a la filosofía de Hegel desde una perspectiva puramente naturalista. Para decirlo muy resumidamente, la primera conclusión a la que llegó Feüerbach estudiando a Hegel, fue que no es Dios quien creó a los seres humanos sino al contrario, es un producto del alma humana atormentada por las necesidades no cumplidas de los explotados y oprimidos, así como por el deseo de perpetuarse, común entre las clases opulentas. Feüerbach tomó este último impulso enajenante para llegar a esa conclusión a través del siguiente razonamiento: todos los seres humanos se definen por la función propia de su especie, consistente en su capacidad para tomarse a sí mismos y a los demás individuos de su especie como objeto de su propio pensamiento; finalmente, por contraposición a la finitud de los muertos, los vivos piensan y conciben la categoría de infinito como la suprema aspiración a ella. Tener conciencia de lo infinito, ésta era, para Feüerbach, la función propia y paradigmática de la especia humana. Pero, por la misma noción de la infinitud como especie, los seres humanos son conscientes de que, individualmente, esto es, por sí mismos, no la pueden realizar.
De tal modo desgarrada entre el concepto de la infinitud como especie y su realidad inevitablemente finita como individualidad, la existencia humana queda escindida en una doble vida: la una real o terrenal, pero inesencial, en tanto que como individuo aislado en su egoísmo personal, y por tanto finito, se ve impotente por alcanzar la infinitud que anhela y que sólo es históricamente alcanzable como especie; la otra, esencial, porque esa es la mítica promesa de la vida eterna recreada por el ritual litúrgico de la comunión con Dios como "negocio de la salvación personal", pero esta expectativa de infinitud es ilusoria. Conclusión: el objeto religioso pugna por emerger a la imaginación de cada ser humano como el otro yo individual de su especie, fetichizada en otro individuo llamado Dios, al que se le atribuye la facultad de conceder a sus creyentes la posibilidad de tocar con la mano un infinito individual que no existe.
Habiendo roto con Hegel un año antes a través de la crítica feüerbachiana de la religión sumarísimamente expuesta en los dos párrafos anteriores, y luego de participar en 1842 --a instancias de la crítica periodística-- en los debates de la Sexta Dieta Renana, Marx pudo comprobar que la contradicción del sujeto religioso que crea a Dios porque le resulta insoportable vivir escindido entre su idea de la infinitud como especie y la caducidad de su propia existencia como persona, se reproduce en esos mismos seres humanos, divididos y enfrentados realmente unos con otros como burgueses (incluidos los asalariados sin conciencia de clase) desiguales en la sociedad civil, y al mismo tiempo igualados aunqueilusoriamente con los demás en tanto que ciudadanos, en esa especie de hermandad política como tal parece ser el Estado democrático, para sublimar las luchas de todos contra todos por el reparto del producto de valor resultante del trabajo social, pensando que "todos somos iguales ante la ley, para tratar de que estas luchas pasen del estado sólido al estado gaseoso en los parlamentos, donde el aire consumido por el aliento de las palabras antes y durante los debates, acaba disipándose como el humo de las fábricas por sus chimeneas. Donde el método "democrático" de la sublimación parlamentaria, hasta cierto punto sirve para sustituir la violencia bélica con que naturalmente tiende a imponerse la ley económica del más fuerte, al tiempo que encubre el cohecho o la coima, que es lo que al fin de cuentas impone la misma ley, pero con la aureola de dignidad "democrática" representativa de la "voluntad popular" que, a esa misma ley de la selva le confiere el hecho de ser consagrada como"ley orgánica del Estado" en nombre de los "intereses generales".
De modo que, como el humo de las fábricas, el aliento "democrático" queconsumen los "representantes del pueblo" en los parlamentos, deja normalmente un producto de valor político inestimable en lo que hace a la continuidad estable de los negocios del conjunto de la clase capitalista. Porque todo esto sirve, además, para que la burguesía, a instancias del Estado, negocie informalmente con los explotados: a cambio de todas estas baratijas seudodemocráticas, demanda participación electoral y cohesión en torno a las "instituciones políticas del pueblo". Así, en el punto donde la demanda se intersecta con la oferta, queda fijado el precio político que el proletariado debe pagar a la burguesía a cambio de los abalorios ideológicos que recibe.
Así como Feüerbach explicaba el sentimiento religioso por la contradicción de los seres humanos al pretender realizar como individuos --aislados-- lo que sólo pueden cumplir históricamente como especie y en comunidad, para concluir que no es Dios quien creó a los seres humanos sino los seres humanos a Dios en su conciencia, Marx descubriría que esta enajenación espiritual no es más que el reflejo de la enajenación real en que viven los seres humanos como individuos en la sociedad civil burguesa respecto del dinero; y que la contradicción entre la igualdad jurídica (ilusoria) de los seres humanos como ciudadanos en el Estado moderno, y la desigualdad económica (real), de esos mismos seres humanos así divididos y enfrentados como burgueses (incluidos los asalariados) en la sociedad civil, se explica por el culto a la propiedad privada capitalista. De aquí concluyó que no es el Estado el que crea y regimenta a la sociedad civil, como pensaba Hegel, sino al contrario.
Por último, dado que la propiedad privada capitalista es una de las dos categorías que, junto con el trabajo social, constituyen el objeto de la economía política, se impone el estudio de esta ciencia para determinar las leyes del desarrollo económico de esta sociedad, condición necesaria sin la cual es imposible resolver y superar políticamente esta contradicción entre la igualdad jurídico-política --ilusoria-- y la desigualdad económico-social --real-- de los seres humanos.
La primera conclusión quedó reflejada inmediatamente en la "Crítica de la filosofía hegeliana del derecho estatal", --que escribió entre marzo y agosto de 1843-- donde, a diferencia de Feüerbach, para quien la emancipación humana pasaba por la crítica teórica a la enajenación religiosa de los seres humanos en Dios, para Marx, esa emancipación pasaba por la crítica práctica a la enajenación social de esos seres humanos en la sociedad civil burguesa.
Aquí es donde Marx capitalizó políticamente los resultados de la crítica feüerbachiana al idealismo hegeliano. En efecto, en sus “Tesis provisionales para la reforma de la filosofía” (1842), aparecidas recién en marzo de 1843, acudieron en ayuda de Marx para completar los estudios de otro texto fundamental de Feüerbach: "La esencia del cristianismo" (1841) y proyectar así el esquema de su crítica a la metafísica hegeliana, del campo de la filosofía pura al campo de la filosofía política:
<<Aunque Marx ve desde el primer momento la insuficiencia de la filosofía de Feüerbach por conceder muy poca importancia al problema del Estado [carta de Marx a Ruge marzo de 1843], acepta como un valiosísimo instrumento el principio metodológico que había permitido al autor de las "Tesis provisionales..." someter a una crítica radical la filosofía idealista de Hegel en su conjunto>> Adolfo Sánchez Vázquez: "Prólogo a la crítica de la filosofía del Estado de Hegel" Ed. "Grijalbo" colección 70/68 Pp.6)
De tal modo, las conclusiones críticas a que llegó Marx en esta obra fundamental, fueron el producto de su experiencia política en Alemania, a la luz de la teoría feüerbachiana de la enajenación religiosa. Marx retomó los resultados de esta teoría, para proyectarlos al campo del derecho y proceder a la desmistificación de la teoría hegeliana del Estado. Su tesis apuntó a desmontar la inversión hegeliana de tomar al Estado como sujeto creador y a la sociedad civil como objeto creado. Pero además de poner sobre sus pies la contradicción entre sociedad civil y Estado, a caballo de la cual estaba convencido que ya cabalgaba la próxima revolución, y aún sin definir su carácter por falta de elementos de juicio, Marx sí había llegado al convencimiento acerca de cual sería el sujeto de esa revolución: el proletariado. Así lo dice en la "Introducción" a la obra que venimos comentando, escrita a fines de 1843 y publicada en los "Anales franco-alemanes" en febrero de 1844:
<<¿Dónde reside, pues, la posibilidad positiva de la emancipación alemana?
Respuesta: en la formación de una clase atada por cadenas radicales de una clase de la sociedad civil que (por el potencial revolucionario contenido en ella, virtualmente) no es ya una clase de ella; de una clase que es ya la disolución de todas las clases; de una esfera de la sociedad a la que sus sufrimientos universales imprimen carácter universal y que no reclama para sí ningún derecho especial, porque no es víctima de ningún desafuero especial, sino del desafuero puro y simple; que ya no puede apelar a un título histórico, sino simplemente al título humano; que no se halla en ninguna suerte de contraposición unilateral con las consecuencias, sino en contraposición omnilateral con las premisas mismas del Estado alemán; de una esfera, por último, que no puede emanciparse a sí misma sin emanciparse de todas las demás esferas de la sociedad y, al mismo tiempo, emanciparlas a todas ellas; que representa, en una palabra la pérdida total del ser humano, por lo cual sólo puede ganarse a sí misma mediante la recuperación total del ser humano. Esta disolución total de la sociedad cifrada en una clase especial, es el proletariado. (K. Marx: "Crítica de la filosofía hegeliana del derecho estatal" Introducción 1843/44)
Como puede comprobarse sin ningún género de duda, para Marx el proletariado es el sujeto de la revolución, la clase revolucionaria fundamental, no por lo que pueda hacer o dejar de hacer en un momento u otro, sino por lo que está en su naturaleza social que debe hacer para defenderse de los ataques del capital, y de lo que deberá hacer tarde o temprano, arrastrado a ello por la naturaleza de las cosas bajo este sistema de vida, para trascenderlo; en fin, para sacudirse definitivamente el yugo de la sociedad de clases y alcanzar su emancipación humana, emancipando humanamente al mismo tiempo a todas las demás clases y sectores de clase; como que esta clase es el sujeto más activo en lo que se refiere al fundamento material de la sociedad (portador del trabajo creador), al tiempo que el sujeto más pasivo y relegado en lo que respecta tanto a su participación en el producto de su trabajo, como en las grandes decisiones políticas.
Por estos atributos objetivos, y no precisamente por su subjetividad supuestamente revolucionaria, Marx confirió al proletariado el título de "clase revolucionaria fundamental". Confundir el fundamento de la lucha de clases con la lucha misma así fundada, sustituir el productor por el producto, el efecto subjetivo o político por la determinación objetiva o económico-social, es el mayor fetichismo idealista de concepción del mundo, causa de los más desastrosos despropósitos políticos de la militancia práctica tradicional sedicentemente marxista desde los orígenes del movimiento obrero moderno. Esta impostura metodológica --consciente o inconsciente-- es la que, en la teoría y en la práctica, ha venido hipostasiando y, por tanto, falsificando la concepción materialista de la historia en nombre del materialismo histórico.
Marx escribió esta obra de ruptura definitiva con el hegelianismo, entre marzo de 1843 y agosto de 1844. Todavía entre marzo y mayo de ese mismo año, Marx aportaría un testimonio más de la concepción materialista dialéctica que las contradicciones de la sociedad de su época estaban alumbrando en su espíritu, nuevamente en relación al concepto de proletariado como clase revolucionaria fundamental. Se trata de dos cartas aparecidas en el número único de los Anales franco-alemanes",dirigidas al neohegeliano de izquierdas, Arnold Ruge, quien para confesarseamargamente desmoralizado por la pasividad de los alemanes citaba a Marx la famosa carta al final de la novela "Hyperion", donde Hölderlin describía a las clases subalternas de ese país sumidas en la cobarde y vergonzosa indignidad de la indiferencia ante la opresión que padecía:
<<Encontrarás entre ellos obreros, pensadores, amos y servidores, jóvenes y adultos, sin duda, pero ningún ser humano. Se creería ver un campo de batalla cubierto de brazos, de manos, de miembros informes, donde la sangre de la vida se pierde lentamente en las arenas.>> (A. Ruge: "Sämtichle Werke" 2ª ed. Mannheim 1848. Citado de F. Furet: "Marx y la revolución francesa")
Desde luego, Ruge hablaba aquí de la vergüenza que sentía por la indignidad de obreros, campesinos e intelectuales alemanes, pero como burgueses que todavía no sabían estar a la altura de las circunstancias, porque burgués era el signo de la próxima revolución, cuya tardanza tanto desesperaba a Ruge. Y Marx le contestaba desde la misma perspectiva política futura de Ruge, pero desde las antípodas de su concepción idealista desesperada de la lucha de clases. Admitía compartir con Ruge y muchos alemanes más, la vergüenza de vivir como los que ni siquiera manifestaban sentirla. Pero la vergüenza frente al miedo que todavía prevalece sobre la conciencia y la voluntad política, ya es el principio activo de la revolución, es, como decía Miguel Hernández, sólo "tardanza de lo que está por venir":
<<Estoy viajando por Holanda. Por lo que veo en los periódicos del país y en la prensa francesa, Alemania está y seguirá estando cada vez más hundida en el bochorno. Le aseguro a usted que, si disto mucho de sentir ningún orgullo nacional, siento, sin embargo, la vergüenza nacional, incluso en Holanda. Hasta el más pequeño holandés comparado con el más grande de los alemanes, es un ciudadano de su Estado (nacional burgués) ¡Y no hablemos de los juicios de los extranjeros acerca del gobierno prusiano! Reina una aterradora coincidencia y nadie se engaña ya acerca del sistema y de su naturaleza tan simple. De algo ha servido, pues, la nueva escuela. Ha caído el ostentoso manto del liberalismo, y el más odioso de los despotismos se ha desnudado ante los ojos del mundo. (...) Me mirará usted sonriendo, y me preguntará: ¿Y qué salimos ganando con ello? Con la vergüenza solamente no se hace ninguna revolución. A lo que respondo: La vergüenza es ya una revolución; fue (la vergüenza nacional) realmente el triunfo de la revolución francesa sobre el patriotismo alemán que la derrotó en 1813. La vergüenza es una especie de cólera desplegada sobre sí misma. Y si realmente se avergonzara una nación entera, sería como el león que se dispone a dar el salto. Reconozco que en Alemania no se percibe ni siquiera la vergüenza; por el contrario, aquellos desgraciados siguen siendo patriotas. Pero, ¿qué sistema podrá sacarles el patriotismo de cuerpo, como no sea este ridículo sistema del nuevo caballero?[15]. La comedia del despotismo que se presenta en nuestro país, es tan peligrosa para él, como en su tiempo lo fue la tragedia para los Estuardos o los Borbones. Y aunque esta comedia no fuese considerada por mucho tiempo como lo que es, sería, a pesar de todo, una revolución. El Estado es algo demasiado serio para convertirlo en una canallada. La nave de los locos podría tal vez navegar durante algún tiempo, impulsada por el viento; pero marchará fatalmente hacia su destino, precisamente porque los locos no lo creen así. Y este destino es la revolución que se prepara.>> (K. Marx: Op.cit: Trekschuit, marzo de 1843. Lo entre paréntesis es nuestro)
Ruge no podía comprender la posición política de Marx, porque sus sentimientos de desesperación, pesimismo y pasividad política, estaban inducidos por la cobardía y el filisteísmo de la burguesía, de la que él lo había esperado todo y veía de que modo tan cretino parecía renunciar a su propia emancipación como clase, conformándose con vegetar y reproducirse como los animales, al sol de los privilegios concedidos de explotar trabajo ajeno regulados por la "constitución otorgada". Ruge no comprendía que la burguesía alemana no podía luchar por su propia emancipación humana; en primer lugar porque era una clase social demasiado débil, y porque, además, dentro de ese sistema despótico tenía fueros, privilegios económicos y políticos de clase. Y poder. Porque tenía poder, lo compartía, Un poder político subrogado, pero era un poder. El cuarto poder. Por lo tanto, no estaba cargada de "cadenas radicales" ni era el "total desafuero"; no era una clase que "sólo podía perder sus cadenas", como el proletariado, y que por esa razón fundamental estaba en condiciones de salir a luchar por la recuperación de su humanidad por medio de una revolución radical que aboliera todos los fueros económicos y políticos. Por eso Marx, al contrario que Ruge, estaba esperanzado. Porque había apostado por una clase que, aunque no luchara por su emancipación, su condición social y política dentro de la sociedad le impulsaría a ello tarde o temprano.
Así, como única respuesta a lo que él entendía como infundado optimismo de Marx, Ruge insistía en su monocorde y entumecido discurso pesimista sobre el futuro político de Alemania, que no podía prever discurriendo por el camino de la libertad burguesa en lucha contra la opresión feudal, a lo que Marx, liberado ya de casi todos los prejuicios del pasado, volvió a la carga con nuevos argumentos, invitándole a que no tenga miedo al futuro; que abandone sus prejuicios como se abandona el peso muerto de la historia y se apunte al privilegio de estar entre los pioneros de la "nueva vida":
<<Su carta, mi querido amigo, es una buena elegía, un canto funeral que le quita a uno el respiro; pero, políticamente, no es absolutamente nada. Ningún pueblo desespera. Y aunque tenga que esperar largo tiempo solamente por necedad, al cabo de muchos años un buen día, en una súbita llamarada de inteligencia, llega la hora en que, de pronto ve colmados todos sus buenos deseos. Pero me ha contagiado usted; su tema aún no está agotado, voy a añadirle el final, y cuando todo haya acabado, alárgueme usted la mano para que comencemos de nuevo desde el principio. Dejad que los muertos entierren a sus muertos y los lloren. Pero es una suerte envidiable la de los primeros que penetran en la nueva vida: esa suerte será la nuestra.
Es verdad que el viejo mundo es del filisteo. Pero no debemos tratarle como a un fantasma del que uno se aparta lleno de miedo. Lejos de ello debemos mirarle fijamente a los ojos. Pues vale la pena estudiar bien a este amo del mundo.
Es el amo del mundo, ciertamente, porque lo llena con su sociedad como los gusanos llenan el cadáver. Por eso la sociedad de estos señores no necesita más que un tropel de esclavos, y no es necesario que los propietarios de esclavos sean hombres libres. Porque se les llame señores en sentido eminente, por su propiedad sobre el país y sus habitantes, no dejan de ser tan filisteos como sus gentes.>> (K. Marx: Op. Cit. Colonia, mayo de 1843. El subrayado es nuestro)
Aquí Marx perfila tres cuestiones importantes:
1) Que, en tanto puro capital variable, el proletariado es tan filisteo como el burgués, pero su condición social le empuja a dejar de serlo. Tal es el fundamento de su condición de clase revolucionaria fundamental. No porque luche, sino porque, en sí contiene las premisas materiales de su autoconciencia, lo cual supone la posibilidad real de alcanzarla a través de su lucha. La autoconciencia del proletariado necesita de sus luchas, pero no brota directamente de ellas, sino de su condición necesaria como trabajador asalariado, y de la educación política que recibe de la vanguardia revolucionaria organizada como condición suficiente. Por tanto, es un error pensar que las luchas del proletariado empujaron a Marx a abrazar el comunismo; fue Marx quien descubrió en esa clase su condición de clase revolucionaria fundamental, no precisamente luchando con ella, sino teóricamente.
2) Que, como repetía Lenin --probablemente inspirado en esta carta-- a la verdad hay que saberla mirar de frente, y que, de lo caduco, no hay que huir como de la muerte ni esperar a que se produzca el desenlace, porque toda sociedad que ha cumplido su misión histórica en la vida social, sin que lo lleve escrito en la frente contiene su verdad histórica: las formas de una nueva vida social que es necesario descubrir a priori. Para ello, es necesario no quitarle la vista de encima hasta conseguirlo. O sea, que, "sin teoría revolucionaria no hay movimiento revolucionario", y sin movimiento revolucionario no por eso lo caduco deja de agonizar hasta morir, pero prolonga su agonía y los dolores del parto que dan nacimiento a la nueva forma de vida social.
3) Que los pioneros del movimiento revolucionario no se encuentran entre el proletariado espontáneo, sino entre la intelectualidad consciente, entre los científicos sociales que se comprometen políticamente con los resultados de su investigación, independientemente de su extracción de clase. En tiempos de Marx, donde aún no existía la escuela pública ni la universidad de masas, la intelectualidad fue necesariamente de origen burgués. Hoy día, es lógico y hasta necesario y perfectamente posible, que el proletariado no deba "importar" sus intelectuales de la burguesía.
Marx ya tenía este criterio antes de su autoexilio de París, hacia donde partió en octubre de 1843. Lo había expresado un mes antes en uno de los pasajes de la ya citada carta a Ruge a propósito del plan para la prevista publicación de los "Anales franco-alemanes":
<<Podemos resumir en una palabra la función de la revista: toma de conciencia, por parte del tiempo presente de sus luchas y de sus anhelos. Es ésta una tarea para el mundo y para nosotros, que sólo puede ser realizada por fuerzas unidas. Sólo se trata de una confesión. Para hacerse perdonar sus pecados, la humanidad no tiene más que explicarlos como lo que son. Nada nos impide vincular así, nuestra crítica (teórica) a la política, a la participación en política y, por lo tanto, con verdaderos combates. No nos presentamos al mundo oponiéndole dogmáticamente un principio nuevo y diciéndole: "He aquí la verdad, arrodíllate". Nosotros deducimos de los mismos principios del mundo otros nuevos. No le diremos deja de luchar, tus luchas no valen nada; nosotros le daremos la verdadera consigna de sus luchas. Sólo le mostraremos al mundo por qué lucha realmente, ya que la conciencia de esa lucha es algo de lo cual debe apropiarse, lo quiera o no. [...] Nuestra consigna debe ser, pues: reforma de la conciencia, no por medio de dogmas, sino por el análisis de la conciencia mística, oscura, bajo sus forma religiosa o política. (Op. Cit. Lo entre paréntesis es nuestro)
Incorporar la crítica[16] teórica a la política no significa reconocer equivocaciones por el veredicto de los resultados de la acción política, "de la propia experiencia", que así es como piensan erróneamente los compañeros del C.I.S. que se adquiere conciencia de clase, sino --y sobre todo-- aplicando la crítica teórica científica y la memoria histórica del movimiento a la realidad económica, social y política en curso a transformar o subvertir.
Pero en septiembre de 1843, este esquema de crítica resultará para Marx todavía incompleto, ya que es asumido desde la perspectiva parcial de la filosofía del derecho. Faltaban dos elementos fundamentales que le permitirán explicar la contradicción entre los intereses generales y los intereses particulares, esto es, entre el Estado y la sociedad civil, entre el ciudadano y el burgués (incluidos los asalariados).
El primero de esos elementos fueron sus estudios críticos sobre la Revolución Francesa y sobre los filósofos materialistas de ese país, que clarificarían aún más sus ideas acerca de las razones objetivas, materiales, económico-sociales, que determinan en última instancia o presiden el curso de la historia. El otro elemento fue el inicio de sus investigaciones en materia económica a instancias del estudio preliminar sobre las obras de los economistas clásicos, franceses e ingleses.
Haciéndose a sí mismo y a sus lectores una concesión teórica al idealismo burgués, que supone traicionar los principios revolucionarios del Materialismo Histórico, Cornu ha interpolado un tercer elemento --a su juicio-- decisivo en el tránsito de Marx desde el radicalismo democrático-burgués hacia el comunismo. Este elemento, es el contacto con las luchas "que se acentuaban cada vez más" entre la burguesía y la clase obrera europeas. En efecto, a fines de los años cuarenta del siglo XIX, la situación económica general de Europa empeoró bruscamente a raíz de las desastrosas cosechas de 1844-1845 y la enfermedad de la patata, alimento básico, junto con el pan, de las clases más bajas. Esta situación se vio agravada por la crisis industrial de Inglaterra, a la que siguió la de EE.UU. Dado su atraso relativo, Alemania fue uno de los países que más acusó los efectos de la recesión: escasez, carestía, hambre y epidemias (la más importante en Silencia con 16.000 muertos), cierre de empresas y paro masivo acabaron por desbordar el control estatal de las masas. Desde 1846 comenzaron los desórdenes. En agosto de ese año el pueblo de Colonia se enfrentó a la guardia prusiana. En abril de 1847, los berlineses asaltaron carnicerías y panaderías. Intervino la tropa y hubo barricadas. Motines semejantes se sucedieron en Ulm, Stuttgart y otras regiones y ciudades alemanas, como Renania, Silesia y Hamburgo.
Al carecer de representación política en las Dietas, las masas de artesanos --en trance de proletarización-- y demás asalariados, encontraron en las calles y fábricas su único ámbito de expresión. En los primeros meses de 1847 esta situación se complicó a raíz de que la Corona prusiana al frente del aparato estatal, se vio precisada de cierta cantidad de dinero que sólo podía concederle la burguesía. A cambio de un préstamo, el Rey le ofreció institucionalizar a la Dieta mediante la promulgación de una Constitución que, de hecho, mantenía a los capitalistas tan políticamente cautivos como antes. Francia también acusó una ola de motines del pan al grito de "abajo Luis Felipe". Pero aquí la repercusión fue menor, dado que tras la Revolución de julio de 1830, la burguesía consiguió ir reduciendo el poder real de la monarquía, hasta el punto de convertirlo en un poder sólo de palacio, de modo que no tuvo necesidad de negociar nada con ella.
Pero de aquí a concluir que de estas luchas espontáneas emergieron directamente a la conciencia colectiva los fundamentos del comunismo, sólo captados por Marx, es de una inconsciencia practicista insuperable. Aunque en ellas se condensen centenas de años de explotación y opresión, las luchas espontáneas, que no están precedidas por la razón revolucionaria en disputa por la opinión pública con las ideas dominantes; sólo responden a estímulos inmediatos y no pueden ir más allá de negar lo que no se quiere, de lo que esos estímulos dictan a su conciencia negativa. Y esto no tiene nada que ver con una alternativa verdaderamente revolucionaria, esto es, con los fundamentos de una sociedad nueva. Según contó Pablo Lafargue en 1904, parece que Marx insinuó su adhesión al comunismo sólo a Engels, un día del otoño de 1844, cuando en el 161 de la Rue Saint Honoré, "Place du Palais-Royal", de París, donde por entonces todavía existía el famoso "Café de la Regence", le expuso "su teoría sobre la concepción materialista de la historia".
En mayo había estallado en Silesia la insurrección de los tejedores. A propósito de ese hecho, para justificar su infundado pesimismo respecto de la emancipación humana en las circunstancias de Alemania, cuya posibilidad real no veía por ningún lado, Arnold Ruge escribió el 27 de julio en el "Vorwärts", un artículo titulado: "El Rey de Prusia y la reforma social" --que firmó bajo el pseudónimo de "Un Prusiano"-- a raíz de que diez días antes, Louis Blanc hubiera publicado en su diario: "La Reforme", que el Rey había presentado una ordenanza contra el pauperismo por el temor que infundía en el poder político el movimiento de los tejedores. Ruge le contestó que entre los sucesos de Silesia y esa ordenanza Real, no había una relación de causa-efecto, sino que se trató de una simple medida administrativa, y que levantamientos como ese no podían despertar ninguna esperanza revolucionaria, en tanto se mantuvieran circunscritos a la esfera de la relación entre obreros y patronos, sin trascender a la esfera política.
Entre el 7 y el 10 de agosto, Marx hizo publicar en el "Vorwärts", un artículo de réplica a Ruge, donde viene a decir que la insurrección de Silesia no fue más que la confirmación de lo descubierto teóricamente por él anunciado en la "Introducción" a la Crítica de la filosofía hegeliana del derecho estatal", que determina al proletariado como clase revolucionaria fundamental, no por sus formas de ser o manifestación de sus luchas, sino por el contenido de su ser, esto es, por su esencia puesta en él por el capitalismo, como especie social universal donde se concentran todas las contradicciones, desgarramientos y vilezas de este sistema de vida. Pero no porque sean esclavos del capital, porque la esencia social de su ser sea una esencia humana enajenada (los burgueses también son esclavos de su propio capital, tan esclavos de su propia enajenación humana en el capital como el proletariado. La única diferencia es que, esa enajenación, les hace sentir bien),...:
<<En efecto, este desgarramiento, esta vileza, esta esclavitud de la sociedad civil, constituye el fundamento natural en que se basa el Estado moderno, lo mismo que la sociedad civil de la esclavitud constituía el fundamento sobre el que descansaba el Estado antiguo>> K. Marx: "Glosas críticas al artículo 'El Rey de Prusia y la reforma social. Por un Prusiano'")....,
....sino porque, convertidos en la total pérdida de su ser "algo" en esta comunidad humana enajenada en la propiedad privada capitalista, los asalariados no tienen nada que perder en ella y todo para ganar fuera de ella, de modo que al ser impulsados a luchar por su emancipación humana, no lo hacen ya por la recuperación de su esencia para volver a su condición originaria como libres propietarios privados de sus condiciones objetivas de producción, sino que al mismo tiempo que se emancipan de la propiedad capitalista, emancipan al resto de la sociedad de toda propiedad, de toda condición de clase, de toda enajenación social en la futura sociedad comunista.
Esta obra fue escrita en julio de 1844. Habían pasado sólo dos meses desde la insurrección de los obreros industriales en Silesia. ¿Qué vio, pues, Marx en aquellos hechos, el comunismo? Lo que vio fue la necesaria consecuencia política, de la consecuencia social provocada por el aislamiento en que se mantenía a losobreros como individuos respecto de su esencia (su trabajo social), en tanto comunidad humana, lo cual les impide resolver nada respecto de sus vidas, tanto en el aspecto físico y espiritual como en el moral.
Como se ve, Marx apuntaba no a la forma de manifestación de las contradicciones sociales, esto es, a la lucha de clases, sino a las contradicciones mismas, a su fundamento. Y a quienes desde el poder, para justificarse decían que aquella había sido la consecuencia del aislamiento en que se mantienen las clases subalternas por sí mismas respecto de las instituciones de la comunidad política (Estado), Marx les replicaba a Ruge, que no se trataba de ese aislamiento, porque el aislamiento respecto de la comunidad social, el aislamiento del proletariado en la sociedad civil, en los lugares de trabajo (donde reina el despotismo patronal más absoluto en cuanto a qué se hace, cuanto y cómo) es mucho más auténtico, originario y esencial (infinito en términos feüerbachianos) al ser humano, que cualquier aislamiento respecto de la comunidad política o Estado por todo lo perfecta y poderosa que se la pueda imaginar.
Por tanto, una insurrección industrial, aunque sólo sea en una fábrica, será más esencial a la vida humana que la más poderosa y amplia insurrección política. Porque la primera afecta a los fundamentos de la sociedad en su conjunto, mientras que la segunda, sólo a un gobierno o a un reinado; sin una insurrección en la sociedad civil, la insurrección política no puede ir más allá de una (estrecha) reforma de su organización (política). Tal como acabó sucediendo en Argentina hace poco:
<<Y así como el irremediable aislamiento (del ser humano) con respecto a esta esencia (a la comunidad social y, por tanto, a su ser aun hurtado a su conciencia, como clase revolucionaria fundamental) es incomprensiblemente más total, más insoportable, más espantoso y más contradictorio, que el aislamiento con respecto a la comunidad política, así también la superación de este aislamiento, e incluso una reacción parcial ante él , constituye una sublevación en contra de él mucho más infinita (esencial), lo mismo que el ser humano es más infinito que el ciudadano y la vida humana más infinita que la vida política. Así, pues, por parcial que sea una insurrección industrial, encerrará siempre un alma universal, mientras que, por universal que sea una insurrección política, albergará siempre, bajo la más colosal de las formas, un espíritu estrecho>> (Op. Cit.)
Con esto Marx estaba diciendo que con su insurrección, aun inconscientemente los obreros textiles de Silesia estaban yendo más allá de querer emanciparse de la Corona prusiana, más allá de hacer una revolución política burguesa; estaban objetivamente luchando por su emancipación humana, a través de un proceso que en 1850 llegó a la conclusión que era de revolución social permanente, que acabaría sin solución de continuidad con la nobleza y con la burguesía. Sin embargo, todo esto contenido en la expresión "emancipación humana" estaba solo "en sí", todavía no expreso o "ante sí". Por eso en esta obra, Marx se limitó a ajustar cuentas con su radicalismo liberal-demócrata que le habían inspirado los ideales de la Revolución Francesa. Procediendo como cuando en carta a su padre anunció su paso del romanticismo al hegelianismo y, más tarde, cuando escribiendo su "Tesis doctoral" "Acerca de las diferencias entre la filosofía de demócrito y Epicuro", desbrozó ahora el camino que recorrió, de la crítica de la filosofía a la crítica de la política. Pero sin orientarse todavía --como ya lo había hecho Engels-- hacia el comunismo. Engels parece haber acompañado al movimiento intelectual de algunos jóvenes hegelianos de izquierda que, en agosto de 1842, inspirados sobre todo en los escritos de M. Hess, declararon que la reforma política del Estado era insuficiente, y que sólo una revolución social basada en la propiedad colectiva podía responder a "sus concepciones teóricas".
Por su parte, aun cuando confesaba sentirse más cerca de estos difusores de las ideas comunistas, Marx pensaba que entre todos ellos había mucha confusión, producto de que carecían de los fundamentos necesarios, vacío teórico que se propuso llenar y que comenzaría de inmediato una vez instalado en su exilio de París, por el estudio de la economía política clásica. Así es como en septiembre de 1843 escribía a Arnold Ruge, quien en ese momento impulsaba el proyecto de una nueva revista e invitaba insistentemente a Marx a participar en ella:
<<Si no hay duda alguna de dónde venimos respecto del pasado, grande es la confusión cuando se trata de definir el objetivo que deseamos. No sólo reina una anarquía general entre los reformadores, sino que cada uno tiene que confesarse que no posee una visión clara de lo que debe hacerse...>> (K. Marx: Mega, I T. I1, Pp. 573. Citado por A. Cornu: Op. Cit.)
Para él, lo bueno de esta incertidumbre doctrinaria por falta de fundamentos para la elaboración de un plan de acción en el terreno de la propaganda o de la acción política directa, es que abre la conciencia a la idea de que todo trabajo, para ser verdaderamente productivo, debe ser una síntesis de teoría y práctica, al mismo tiempo que estimula el esfuerzo insustituible de investigación por hacerse con esos fundamentos, y previene contra el dogmatismo político de lanzarse a la acción tras dos o tres ideas preconcebidas, espontáneamente hilvanadas por una "mano invisible" que invita a fijar en la conciencia negativa el simple reflejo en la mente de unos acontecimientos que repugnan, lo cual supone consagrar la unilateralidad de la práctica, su irracional e inconducente separación respecto de la teoría. Si se trata de asumir el papel de vanguardia revolucionaria, que sepa garantizar la continuidad de los principios que deben regir la acción revolucionaria dentro de la necesaria discontinuidad de la lucha de clases elemental, esto es:
1) que no retroceda o defeccione ideológicamente ante las inevitables derrotas del movimiento;
2) que en su momento conduzca las luchas hacia la efectiva toma del poder; y,
3) que inmediatamente después, sepa cómo orientar los primeros pasos en la transición hacia la nueva sociedad, en medio de la resistencia que, seguramente, ofrecerán las fuerzas retrógradas remanentes.
Para esto, antes de intentar ponerse al frente de las masas para construir el futuro de la sociedad, se impone como condición previa reemplazar la pura negación de la crítica filosófica, por la crítica científica positiva, teóricamente superadora, como guía de la acción política hasta donde las condiciones objetivas lo permitan. Lo contrario supone "plantar una bandera dogmática" en la proa de un barco sin timón:
<<(...) Es difícil --sigue diciendo Marx a Ruge en la misma carta-- fijar a priori el plan y el carácter de la nueva revista, porque, si bien estamos de acuerdo en condenar el estado de cosas actual, no lo estamos tanto cuando se trata de precisar las reformas necesarias para transformarlo. Cada reformador está, en efecto, obligado a confesar que no tiene una visión muy clara del objetivo que desea alcanzar.
La ventaja de esta nueva orientación no es anticipar dogmáticamente la marcha del mundo y extraer el mundo nuevo sólo de la crítica del antiguo. Hasta ahora, los filósofos tenían en sus mesas de trabajo la solución de todos los problemas, y la humanidad ignorante, no iniciada en la filosofía, no tenía más que abrir la boca para que entraran volando en ella las palomas asadas de la ciencia absoluta (...)
Si nuestro papel no consiste en construir el futuro estableciendo un sistema valedero para la eternidad (sino para revolucionar el sistema vigente hasta donde las condiciones presentes lo exijan y permitan), tanto más clara resulta la tarea que debemos realizar ahora (y esta tarea). Es la crítica desprejuiciada (científica, positiva) del estado de cosas existente, crítica que no debe retroceder ni ante sus resultados, ni ante los conflictos con las potencias establecidas. No pienso que debemos plantar una bandera dogmática; por el contrario, debemos ayudar a los dogmáticos a que tengan una idea clara de sus propios principios.>> (Ibíd. Lo entre paréntesis es nuestro)
Y el problema de quienes aspiramos a contribuir en la tarea de orientar el movimiento en sentido efectivamente revolucionario, es que hay entre nosotros muchos filósofos políticos y muy pocos científicos sociales, algunos más de los seres humanos de verdad que no pudo encontrar Diógenes en su vida buscando a plena luz del día con una linterna.
Científicos como Marx, quien todavía en septiembre de 1843 pensaba que el comunismo era un dogma, como cualquier creencia religiosa. Y es que, en ese momento, el único comunismo realmente existente, era el comunismo utópico, salido de la imaginación de precursores como Cabet, Dézamy o Weithling. Nada más. Hasta qué extremo de prudencia llegaba el rigor científico todavía contenido y no desplegado en la conciencia de Marx, lo demuestra en esa misma carta de septiembre a Ruge, donde le señalaba hacia la altura en que la sociedad actual (la de entonces) había puesto el listón sobre el que, supuestamente, la humanidad estaría en condiciones de realizar ese salto histórico. Y ese listón estaba bastante más arriba de la situación económico social en que los habían puesto los "comunistas".
Marx seguía diciendo a Ruge, que el error de los comunistas consistía en que, habiendo dado un salto sobre las condiciones históricas del estado de cosas en aquella época, proponían que la humanidad ensayara ese mismo salto en la realidad para ubicarse sobre las nuevas condiciones imaginadas por ellos, y eso era utópico. Al estado real de cosas actual, decía Marx, los comunistas "vulgares" se limitaban a contraponerle un estado ideal abstracto, presuntamente superador, sin advertir que el estado ideal concreto de cosas futuro, está idealmente contenido en el estado real de cosas actual, como condición a superar, y que, sin descubrir teóricamente como concreto pensado ese contenido ideal es imposible proyectar en la conciencia colectiva la forma social que lo comprenda, como premisa subjetiva para este estado real de cosas actual pueda ser realmente superado. Finalmente, Marx pensaba que esa previsión científica como concreto pensado debe tener en cuenta no sólo el estado actual de cosas real en la base económico-social, sino también en la superestructura religiosa y política, porque hasta tanto no existan las premisas o condiciones materiales, económicas que permitan superar --además de la propiedad privada-- las formas religiosas, políticas y sociológicas de la sociedad anterior, no se puede hablar de comunismo como un estado de cosas realmente existente.
Por lo tanto, todas las ideas sobre el comunismo que no se fundamenten sobre determinadas condiciones materiales y espirituales --el espíritu objetivo de que hablaba Hegel-- que lo hagan realmente posible, son igualmente legítimas y al mismo tiempo falsas, decía Marx. Legítimas desde el punto de vista moral; falsas desde el punto de vista político. E insistía en que las condiciones de cada objeto, de cada realidad necesariamente contradictoria, están contenidas idealmente en tales realidades; y que son las formas del pensamiento ajustadas a esas contradicciones reales, las que permiten explicar dialécticamente su necesario desarrollo y prever su resultado trascendente. Pero esas formas sólo pueden aflorar a la conciencia colectiva por mediación de la "crítica", esto es, de la práctica teórica científica. Así lo expresaba:
<<...Ese comunismo (vulgar o utópico) no es sino una manifestación parcial del principio humanista determinado por su contrario: la propiedad privada. Comunismo y supresión de la propiedad privada no son, por tanto, de ninguna manera idénticos. No por casualidad el comunismo ha visto levantarse en su contra otras doctrinas socialistas como las de Fourier o las de Proudhon (que ni siquiera preconizan la supresión de la propiedad privada). [...]
Todo el principio socialista (el de las doctrinas conocidas) llega sólo a un aspecto de la verdadera realidad de la esencia humana. Debemos preocuparnos también del otro aspecto, de la existencia teórica de los seres humanos, y hacer de la religión, de la ciencia, etc., el objeto de nuestra crítica (antes que nada teórica). [...] El problema que se plantea consiste en saber cómo (con qué método) podemos hacerlo. [...] La crítica puede partir de cualquier forma de la conciencia teórica y práctica (de la propiedad, de la religión, de la política, del arte, de la filosofía, de la moral, etc.), y extraer de la forma particular de la realidad, la realidad auténtica que constituye su objetivo y su fin. Para atenernos a la vida real, el Estado político, aun cuando no esté conscientemente compenetrado de las exigencias socialistas [...] contiene en todas sus formas modernas las exigencias de la razón (como exigencia de la conciencia positiva del futuro [...] Supone (virtualmente) en todo la razón realizada, y por ello entra siempre, por sus determinaciones ideales (descubiertas teóricamente), en conflicto con sus determinaciones reales. De este conflicto del Estado político consigo mismo se puede desarrollar en todas partes la verdad social. Así como la religión constituye (y tiende a suplantar) los combates teóricos de la humanidad, lo mismo sucede con el Estado político. Por tal motivo expresa, bajo su forma particular [...] todos los combates, todas las necesidades (que plantean sus contradicciones) y todas las verdades sociales (resultantes de esos combates por conflictos de intereses). Resulta así completamente a la altura de los revolucionarios, hacer objeto de crítica (primordialmente teórica) a los problemas políticos especiales, por ejemplo, la diferencia entre el sistema de los "estados" (en la sociedad feudal) y el sistema representativo[17], porque este problema no hace sino expresar, bajo una forma política, la diferencia entre el dominio de los seres humanos y el dominio (natural) de la propiedad privada. Así, la crítica no solo puede sino que debe tratar estos problemas políticos que, en opinión de los socialistas vulgares (o utópicos, quienes al sistema político realmente existente oponen el dogma de un sistema inventado), son indignos de los grandes principios.>> (K. Marx: Op.cit. Lo entre paréntesis es nuestro)
Entre fines de 1843 (en noviembre se trasladó a París) y principios de 1844, Marx acabó la redacción de su "Crítica de la filosofía hegeliana del derecho estatal" En marzo de 1844 se produjo la insurrección alemana de los asalariados textiles en Silesia.
Como puede comprenderse a través de esta explicación, el itinerario intelectual de Marx, el desarrollo de su conciencia política, no discurrió desde y por donde piensan los compañeros del C.I.S., sino desde una premisa práctica diferente. No desde la premisa de la práctica política empírica, sino desde la premisa de la práctica teórica científica No fue la lucha de clases lo que indujo a Marx abrazar el comunismo, sino la íntima convicción --científicamente fundada-- de la necesidad histórica objetiva contenida en el capitalismo. Cfr.: http://www.nodo50.org\gpm\bipr\17.htm
El carácter de las disciplinas del pensamiento que tienen por objeto a la sociedad
En el apartado anterior quedó sin observar la siguiente inquietud de los compañeros del CIS, que parece estar en el centro de todo lo demás pasible de observar en su documento. Los párrafos en cuestión son los siguientes:
<<Aun acordando en que el marxismo es una ciencia social, el problema no está todavía resuelto. ¿Que queremos decir con ciencia? Es cierto que la característica distintiva de la ciencia es que reconoce a la realidad tal y como es. Pero esto se refiere exclusivamente a las ciencias naturales. ¿Pero, como se llega a ese reconocimiento desde una perspectiva social? (...)
En el marxismo hay muchos debates alrededor de este punto y la discusión continuará inevitablemente. En nuestra opinión la única manera de empezar este debate es con la vuelta al mismo Marx. (...)
(...) Lo que sí era importante para él, era el entender de manera realista las actividades de los seres humanos específicos (el sujeto) en sus condiciones socio-históricas especificas y no el crear una ideología nueva. El veía a la conciencia humana y su concepción de su situación y la del mundo exterior no como un reflejo pasivo de la materia sino como el resultado directo de su práctica histórico-social para cambiar su situación y la del resto del mundo y su comprensión de esa práctica. No cabe duda de que más allá de la mente de este individuo hay un mundo material independiente. Pero un mundo que no ocurrió en la experiencia humana tampoco puede reflejarse en la mente humana, y el mundo que cubriera esta experiencia no sería ya mas un mundo independiente de la mente. La dialéctica de Marx mantuvo el reconocimiento del vinculo -de la interrelación- práctico dialéctico, entre las condiciones subjetivas y objetivas como punto central en la teoría de la conciencia. No es una coincidencia que todas las tendencias reformistas traten de menospreciar este papel central de la praxis.
En fin, Marx “invirtió” la relación sujeto/objeto, dialécticamente, poniendo al sujeto de pié sobre el objeto.
Si se niega la importancia de la practica revolucionaria critica, esta ciencia liberadora se convierte en un sistema anticuado y cerrado de creencias dogmáticas y semi-religiosas usado principalmente para justificar las medidas conservadoras y contrarrevolucionarias de capas no proletarias.>> (CIS: Op. Cit: “Algunos aspectos de la teoría revolucionaria”)
Habíamos dicho, que, en general, podíamos estar con esto de acuerdo, porque, para estarlo en particular con que “Marx ‘invirtió’ la relación sujeto/objeto dialécticamente, poniendo al sujeto de pie sobre el objeto”, es condición necesaria que el sujeto deba pasar antes por considerar la realidad del objeto, cualquiera sea, empezando por su esencia o “ser en sí”, para apoderarse de ella con el pensamiento antes de transformarla ejecutando un plan de trabajo con fines precisos.
a) Acerca de si la materia tiene existencia independientemente del sujeto humano
El problema que plantean los compañeros, es sobre el presunto carácter acientífico o no científico del pensamiento o práctica social teórica aplicad@ a la sociedad. Es necesario recordar aquí, que el agnosticismo fideísta del que se ha nutrido siempre el idealismo metafísico, es un parásito que se alimenta de las crisis intermitentes del pensamiento humano aplicado, intrínsecas al desarrollo de las fuerzas sociales productivas, lo cual confirma uno de los principios fundamentales del materialismo dialéctico, cual es, el del relativismo histórico de las distintas formas con las que el ser humano progresa en el conocimiento sobre sus propias condiciones —naturales y sociales─ de existencia, desde los mitos más primitivos hasta la ciencia natural y social más moderna. Lo único que permanece inmutable para el ser humano, es la realidad exterior a él, independientemente de él:
<<Ninguna otra “inmutabilidad”, ninguna otra “esencia”, ninguna “sustancia absoluta”, en el sentido en que ha expuesto estos conceptos la inútil filosofía profesoral, existe para Marx y Engels. La “esencia” de las cosas o la “sustancia”, también son relativas; no expresan más que la profundización del conocimiento que el ser humano tiene de los objetos; y si esta profundización no fue ayer más allá del átomo y hoy no pasa del electrón o del eter, el materialismo dialéctico insiste, empero, en el carácter temporal, relativo, aproximado, de todos esos jalones del conocimiento de la naturaleza (y de la sociedad) por la ciencia humana en progreso. El electrón es tan inagotable como el átomo, la naturaleza es infinita, pero existe infinitamente; y este reconocimiento –que es el único categórico, el único incondicional— de su existencia fuera de la conciencia y de las sensaciones del ser humano, es precisamente lo que distingue al Materialismo Dialéctico del agnosticismo relativista y del idealismo.>> (V.I. Lenin: “Materialismo y empiriocriticismo” Septiembre de 1908. Cap. V)
Una de esascrisis data de principio de siglo, provocada por el descubrimiento y aplicación del fluido eléctrico, de apariencia material en ese momento misteriosamente imponderable. La física clásica, consideraba la materia y la energía como dos conceptos diferentes que estaban detrás de todos los fenómenos físicos. Fue en esa instancia histórica del conocimiento humano sobre el objeto de la Física, cuando el electromagnetismo de Faraday y Maxwell comenzó a ser utilizado en la iluminación eléctrica. Este descubrimiento trastornó toda la concepción tradicional sobre la materia. El famoso físico, Henri Poincaré, declaró que la humanidad estaba ante una “hecatombe general de los principios” de la física mecánica, y los filósofos idealistas se apresuraron a reafirmarse en que el “ser en sí” o esencia de la materia como objeto independiente de la experiencia y el pensamiento humanos, con sus propias leyes naturales, no existe:
<<”La materia ha desaparecido”: con tales palabras se puede expresar la dificultad fundamental y típica, respecto de muchas cuestiones particulares que dio origen a esa crisis.>> (Op. Cit.)
En efecto, hasta ese momento, la física se cohesionaba como ciencia en torno a los principios del materialismo metafísico, que entendía propiedades de la materia consideradas absolutas o inmutables, como la inercia, la conservación, o la masa. Ante la aparente ausencia en el electrón de cualquier otra masa que no sea el fluido electromagnético, esto es, ante el cambio de las propiedades de la materia en magnitudes infinitesimales o cuánticas, los físicos tradicionales, desconcertados, corrieron a refugiarse bajo el ala del fideísmo, que es el núcleo religioso del idealismo metafísico, como si el relativismo de las leyes de la física y de las propiedades de su objeto bajo condiciones de existencia distintas, o, para decirlo en términos einsteinianos, en distintos sistemas de referencia, autorizara a pensar que la materia, como realidad independiente de la conciencia humana no existe. Para los idealistas, la electricidad, a la que dieron el nombre apropiado de “energética”, había demostrado que la materia se reducía a pura fuerza, y que la fuerza creadora más poderosa era la del pensamiento “a priori”, absoluto o divino.
Idealistas neokantianos como Hermann Cohen, se aprovecharon de lo poco que se sabía a fines del siglo XIXsobre los fundamentos científicos de la electricidad, para apresurarse a convertir ese fenómeno en un aliado estratégico del idealismo, creyendo haberse tomado la revancha definitiva contra los materialistas, especialmente contra el aserto Materialista Dialéctico formulado por Engels en su “Antidühring” –escrito en colaboración con Marx— en el sentido de que:
<<El movimiento es el modo de existencia de la materia. Jamás en ningún lugar, ha habido materia sin movimiento, ni puede haberla. Movimiento en el espacio cósmico, movimiento mecánico de masas menores en cada cuerpo celeste, vibraciones moleculares, como calor, o como corriente eléctrica o magnética, descomposición y composición químicas, vida orgánica: todo átomo de materia del mundo y en cada momento dado, se encuentra en una u otra de esas formas de movimiento. Todo reposo, todo equilibrio es exclusivamente relativo, y no tiene sentido más que respecto de tal o cual forma determinada de movimiento>> Op. Cit. Sección I Cap. VI. Julio de 1877)
El descubrimiento de la estructura material interna del átomo, que dio nacimiento a la más moderna física cuántica o de las partículas subatómicas elementales, iría a poner la relación entre materia y movimiento, esencialmente tal como fue definida por los creadores del Materialismo Dialéctico. En efecto, la Física moderna demostró que la energía se define como la capacidad de un sistema físico para realizar trabajo, y que, por tanto, la materia posee energía como resultado de su movimiento o de su posición en relación con las fuerzas que actúan sobre ella. Respecto de los efectos eléctricos y magnéticos, dependen de la posición y movimiento relativos de las partículas de materia de composición química determinada, con carga neutra positiva o negativa. La electricidad comprende las partículas cargadas positivamente, como los protones, que se repelen mutuamente, y de las partículas cargadas negativamente, como los electrones. Por su parte, la radiación electromagnética posee energía que depende de su frecuencia y, por tanto, de su longitud de onda. Esta energía se comunica a la materia cuando absorbe radiación y se recibe de la materia cuando emite radiación. Ergo: la generación energía no se puede concebir sin materia, del mismo modo que la producción de pensamiento humano es inconcebible disociado de la masa cerebral y del sistema nervioso. Finalmente, la Física moderna ha demostrado que es posible transformar la materia en energía y viceversa, lo que acabó dando al traste con la desvinculación clásica entre ambos conceptos. Desde entonces el idealismo metafísico ha sido relegado al rincón de la noche de los tiempos.
b) El “principio de incertidumbre” en la Física y las ciencias sociales
Hablar de determinismo materialista para definir la concepción del mundo y la metodología de Marx, Engels y Lenin, siempre fue motivo de escándalo para buena parte de quienes se declaraban -y aun se declaran- partidarios del marxismo. Sin embargo, para alguien con auténtica vocación científica y suficientes conocimientos, el concepto de determinismo no constituye ningún tabú. Al contrario, es algo que todo investigador con genuina intencionalidad de certeza vive y persigue con tanta tenacidad como inteligencia ante el objeto de estudio. Salvo para los materialistas e idealistas metafísicos, determinismo es sinónimo de previsibilidad.
Para despojarse de todo prejuicio en torno a estos términos habría que empezar por contestar esta pregunta: ¿Qué significación han tenido en la historia la capacidad humana de prever? La contestación es muy simple: lejos de ser una extravagancia de los científicos, toda capacidad de prever fue siempre una exigencia primaria en la lucha por la supervivencia y el progreso humano. Un buen pescador, es aquél que puede predecir en qué condiciones, donde y cuando, determinada especie de peces morderán el anzuelo. Predicciones tan sencillas como ésta constituyen el pedestal común de los grandes monumentos científicos modernos. En medio de la consagración de la crítica científica a este postulado, hizo su aparición "El Capital".
Pero como ya lo advirtiera Marx al presentar esta obra cumbre de su pensamiento a la comunidad científica de su tiempo:
<<En el dominio de la economía política, la investigación científica libre no solamente enfrenta al mismo enemigo que en todos los demás campos. La naturaleza peculiar de su objeto convoca a la lid contra ella a las más violentas, mezquinas y aborrecibles pasiones del corazón humano: las furias del interés privado.>> (K. Marx: “El Capital” Prólogo a la primera edición)
Tan es así, que uno de los mayores y más incisivos ataques al determinismo económico marxista, no vendría precisamente del ámbito de las llamadas ciencias sociales, sino de una disciplina tan insospechada de instrumentación ideológica como la microfísica, más conocida como mecánica cuántica. Todo sucedió a partir del momento en que se llegó a confirmar la imposibilidad de predecir el comportamiento de los objetos físicos de masa pequeña, como el electrón.
Según hemos visto, la ciencia de la Física comenzó su andadura fijando su atención en los objetos observables a simple vista: estrellas, planetas, balas de cañón, péndulos, etc. Fue ésta la llamada "edad clásica de la física"[18]. Un modelo -entre otros- de predicción típica de la física clásica, consiste en calcular la distancia recorrida por una bala en, por ejemplo, tres milisegundos. Haciendo abstracción de la multitud de interferencias en el recorrido, como puede ser la resistencia del aire, la caída provocada por la gravedad, etc. quedamos ante la situación más simple posible. El modelo matemático para esta situación es la fórmula d=vt que nos dice que la distancia prevista "d" se encuentra multiplicando la velocidad "v" por la duración del vuelo "t". Supongamos que el número correspondiente a la duración del vuelo, se obtenga mediante un reloj adecuadamente previsto, y la velocidad fotografiando la bala en movimiento: dos disparos muy breves, con un milisegundo de intervalo entre ellos, proporcionarán una fotografía que muestre la bala en dos posiciones; la distancia entre ellas determinará la velocidad en ese lapso de tiempo.[19]
La situación correspondiente a la física cuántica es la siguiente: un electrón es emitido por un "disparador de electrones" y se quiere predecir hasta dónde viajará en tres milisegundos. Se utiliza el mismo procedimiento experimental que en el caso de la bala. Pero aquí se observa que las curvas de distribución son mucho más amplias que las correspondientes a la bala. Como el electrón tiene una masa tan pequeña, la luz que se refleja en él al fotografiarlo, lo empuja violentamente hacia otra posición, perturba su curso y cambia su velocidad. La luz reflejada nos dice dónde estaba el electrón hace un momento, pero ya no está ahí y no se puede calcular con exactitud dónde está o qué hace.Los intentos por aumentar la exactitud de las mediciones de localización, siempre hacen que disminuya la exactitud de las mediciones de velocidad, cantidad de movimiento y viceversa. Esta "conspiración de la naturaleza" en contra del determinismo de la ciencia, fue expresada en 1927 bajo la forma de una ley natural por Werner Heisenberg, que se conoce desde entonces como"principio de incertidumbre".
Si consideramos que cada uno de nosotros es un cuerpo social de "masa pequeña", la imprevisibilidad de nuestros comportamientos individuales puede llevar a inferir el correlato notable entre los modelos del mundo físico y los del mundo social. "Lamicroestructurade la historia también se desconoce --dice Marshall Walker-- no porque no sea mensurable, sino porque no se puede establecer la forma en que tienen lugar los aspectos singulares de los acontecimientos históricos con la misma confianza (regularidad) con que se pueden establecer los aspectos repetibles de los acontecimientos físicos".[20]
Como destacara el prestigioso físico John D. Bernal, pionero en la determinación de estructuras moleculares por cristalografía de rayos X:
<<Debido a la supuesta indeterminación del electrón se ha pretendido que éste posee, en cierto sentido, libre arbitrio; de tal manera que, en un momento dado, podría hacer o dejar de hacer una cosa u otra. Y, entonces, si el electrón tiene libre arbitrio, ¿se puede negar que el hombre también lo tiene? ¿Y esto, acaso no significa el derrumbe de la estructura entera del determinismo científico y, en consecuencia, su sustitución por un caos de indeterminación?.>> John D. Bernal "La Ciencia en Nuestro Tiempo" Ed. "Nueva Imagen"- Méjico/79 T.II Pp.55)
La contestación es rotunda: ¡No!. Así como está demostrado que el comportamiento de un cuerpo de gran masa no es afectado por el movimiento de un electrón, del mismo modo es posible demostrar que los imprevisibles comportamientos personales no interfieren en la regularidad medible de los hechos económicos de magnitud. Por ejemplo, aunque se tuviera todo preparado minuciosamente para detectarlo, sería imposible prever cuando el supermercado "tal" atendería al consumidor "cual". El universo de decisiones individuales parece conspirar contra la determinación precisa de una de ellas.Pero ni el supermercado "tal" puede dejar de vender, ni el consumidor "cual" puede dejar de comprar. Los comportamientos de "tal" y "cual" entran así, perfectamente, en la regularidad de hechos más que de actos sociales que definen el proceso de circulación del capital para la determinación mensurable de la tasa media general de ganancia. Así como no es el burgués productor “tal” de una mercancía determinada X quien la lleva al mercado, sino que la mercancía le lleva a él, del mismo modo no es el consumidor “cual” quien lleva su dinero a la compra, sino que su dinero le lleva a él a la compra.
En semejante extrapolación falaz de la microfísica a la historia, el profesor Bernal ha visto la intención por parte de los intelectuales idealistas al servicio de la burguesía, de introducir “la interferencia de Dios en los asuntos del universo en detalle”. Se trata, una vez más, de las "violentas, mezquinas y aborrecibles pasiones" del interés privado en contra de la racionalidad científica, llegadas al ridículo de emparentar la función de Dios, con el caos de lo simplemente aleatorio.[21]
De este modo, la dificultad originaria de la microfísica, expresada en el principio de incertidumbre, fue manipulada por las fuerzas sociales que tienen a la indeterminación de lo real por principio de su pensamiento y de su acción, con deliberados fines de control social y político de los explotados. De la misma forma en que han tratado siempre de impedir el triunfo de la razón científica en el terreno económico social, así proceden en el campo de la política internacional. Induciendo el caos económico, el apocalipsis social y, en bastantes áreas ya, la barbarie bélica. Así han procedido en los países del otrora llamado "bloque del Este" y su área de influencia en el mundo, con la carrera armamentista, las sucesivas intervenciones armadas y guerras de baja intensidad tras la Segunda Guerra Mundial, como en Cuba, Guatemala, Santo Domingo, El Chad, Sudán, Argelia, El Congo, Vietnam, Egipto y Palestina en la década de los cincuenta y sesenta del siglo pasado; y en Nicaragua, El Salvador, Guatemala, Vietnam, Camboya, Indonesia, Angola, Palestina, Madagascar, Colombia, Panamá, Argentina, Chile, Uruguay, Bolivia, Afganistán o Turquía en la s décadas de los setenta y ochenta, que culminó con la caída de ese “bloque histórico”, tratando de alzar todavía mayores obstáculos que retarden dolorosamente el inevitable triunfo de la razón histórica en el mundo. Las palabras de Manfred Wöerner ante el derruido muro de Berlín en noviembre del 89 resultan patéticas y categóricas: "La comadrona de toda esta situación ha sido la OTAN".[22] Y ahora, la historia se repite con la provocación deliberada de los hechos del 11-S para justificar la nueva intervención en Afganistán e Irak.
Que duda cabe de que, incluso, muchos autoproclamados marxistas "antideterministas" se apuntarían a estas teorías reaccionarias sobre el "libre albedrío" de los electrones, como fundamento de la independencia absoluta de los individuos respecto del todo orgánico-social en que viven, para sacar la conclusión de que la sociedad es un objeto cuyo contenido, esencia, o “ser en sí” kantiano, escapa a la comprensión humana, como tal parece que piensan --de acuerdo con el movimiento intelectual y político presidido por el pensamiento neokantiano-- los compañeros del CIS. Si esto es así, a lo más que podemos aspirar los seres humanos en la sociedad, es atenernos a las formas políticas que permitan garantizar el ejercicio irrestricto del libre albedrío individual, según el principio dimanante de las “almas propietarias” que disponen de lo que essuyo.
En marzo de 1981, con motivo de cumplirse doscientos años desde que el “genio de Köenisberg” presentara al mundo su “Crítica de la razón pura”, la socialdemocracia alemana creyó oportuno rendir homenaje a agnosticismo kantiano. Dicho homenaje consistió en un foro sobre aquella obra y su autor, organizado por la “Fundación Friedrich Ebert”. En ese encuentro, además de filósofos kantianos, participó el por entonces Canciller de la es RFA Helmut Schmidt, quien citando a Ebert, afirmó:
<<La República Federal Alemana nació bajo el signo kantiano del concepto de libertad. Nosotros queremos aportar nuestra parte para que así siga.>> “El País” 31/03/981
Para el materialismo histórico, en cambio, si bien los hechos históricos no son un reflejo automático y directo de los hechos económicos, tampoco son entendidos como absolutamente abiertos a múltiples alternativas imprevisibles. Lo subjetivo, lo imprevisible, y hasta incluso el puro azar, constituyen el material de la historia. Pero en modo alguno la explican ni dan sentido a su devenir. La historia no se rige por las ideas abstractas o por las luchas, ni lleva en la frente escrito hacia dónde va; no puede ser explicada contemplativamente, ni se explica por sí misma. En el contexto del materialismo histórico, la historia no es más que la forma de manifestación de fuerzas materiales internas que pugnan por sintetizarse en un resultado. La inteligibilidad de los hechos históricos no está en las formas económicas y políticas manifiestas, sino en sus contenidos materiales ocultos bajo esas formas de manifestación, en sus leyes internas, objetivas, que hacen gravitar la vida social en determinada dirección histórica y con determinado sentido económico cada vez más incompatible con el orden social vigente.
El cometido de la ciencia social consiste en descubrir esas leyes económicas internas que tienden a dar sentido y dirección política superadora a los hechos históricos. "La historia es la historia de la lucha de clases", pero el sentido de esa lucha y el signo de su necesario desenlace está en las contradicciones materiales de cada sociedad, en las leyes internas que rigen su desarrollo. Los que pretendan, por ejemplo, que, con la caída del llamado "socialismo real", el vector socialista de la historia ha perdido definitivamente su rumbo para la humanidad, tendrían que demostrar que la naturaleza económica y social del capitalismo ha cambiado. Frente a esta pretensión se erige el poderoso arsenal científico del materialismo histórico comprendido en "El Capital"[23], que reintegra el conocimiento al círculo de lo concreto pensado en que se comprende plenamente la realidad del capitalismo, toda vez que las “furias del interés privado” inducen a salirse de él por las ya innumerables tangentes que se han inventado e inventan.
c) Lógica e historia
Es sabido que los economistas burgueses explican la ganancia por los avatares de la competencia. Es decir, el capital por su historia. Pero la competencia --como la historia— en si y por sí no explica nada, sino que, como demuestra Marx:
<<...es el fenómeno de la competencia lo que tiene que ser explicado (...) Todas las concepciones superficiales y erróneas del proceso global de la reproducción han sido deducidas del examen del capital comercial y de las ideas que suscitan sus movimientos peculiares en las mentes de los agentes de la circulación>>. (K. Marx: "El Capital" Libro III Cap. L)
La competencia -‑incluida la lucha por el salario‑- es la historia de la plusvalía. Pero su principio, su fuerza, su lógica, no está ahí sino en la ley del valor. Ambas categorías (historia y lógica) en relación dialéctica inescindible, son objeto para la ciencia de la economía política. Tal como el principio activo de la fotosíntesis se impone a través del proceso químico de la transformación de anhídrido carbónico en azúcar, la lógica del valor se impone a través del metabolismo social que convierte trabajo vivo en capital. Pero ni uno ni otro proceso se muestran directamente al observador. Y en el caso del capital, parece como si lo generara la competencia entre las distintas fracciones burguesas y, de estas con sus respectivos asalariados, a instancias de los precios del mercado. Pero ni el principio de la vida vegetal se explica por la transformación química de sus elementos, ni la explicación de la ganancia se agota en el comportamiento de los precios. Por eso es que, para la determinación de la naturaleza del valor y del plusvalor o, lo que es lo mismo, del capital, Marx hace abstracción de la competencia, esto es, del movimiento de la materia, de la historia del capital -‑incluso de la lucha de clases‑- para quedarse con su fuerza interna, con los elementos puros de su lógica. Para ello, supone una situación de equilibrio en el que la oferta y la demanda coinciden y, por tanto se anulan. Sólo en éste punto es posible hallar el secreto de la explotación capitalista y los vectores de su historia:
<<Cuando la oferta y la demanda se anulan mutuamente dejan de explicar nada, no actúan sobre el valor de mercado, y con más razón aun nos dejan a oscuras en cuanto a por qué el valor de mercado se expresa precisamente en esa suma de dinero y no en otra. Las leyes internas reales de la producción capitalista obviamente no pueden explicarse a través de la interacción de la oferta y la demanda (...) ya que esas leyes sólo aparecen concretadas en su forma pura en cuanto la oferta y la demanda cesan de actuar, es decir, cuando coinciden.>> (K.Marx: “El Capital” Libro III Cap. X)
En suma, la competencia sólo permite ver la interacción entre las diversas fracciones del capital, cuando de lo que se trata es de descubrir y explicar el comportamiento del capital social global, del capital como totalidad estructurada.
Ontológicamente hablando, fenómenos como los precios, las huelgas y las guerras, se encuentran comprendidos en la realidad social como formas de manifestaciónsuya. En este sentido "coinciden" o "concurren" con ella, constituyen una unidad. Pero desde el punto de vista lógico son su antítesis o negación aparente. El principio lógico de un objeto cualquiera, está en la esencia de su materia, en su fuerza, en su razón de ser, en tanto que su forma de manifestación, "corriendo siempre por delante" de su razón, aunque parezca negarle en su mera tangibilidad deja, sin embargo, enigmáticamente, la señal de su devenir necesario. En menos palabras, la materialidad o forma en que la realidad se muestra, no es más que el devenir de su logos íntimo tendiendo a su realización. Así como el síndrome de Down tiene su principio activo en la existencia de un cromosoma 21 que sobra, el síndrome del capitalismo tiene su principio activo en el doble carácter del trabajo, o lo que es lo mismo, en la existencia de una clase que sobra. Es tarea de la ciencia social hacer abstracción de todos los "influjos perturbadores" que puedan oscurecer la naturaleza del objeto investigado.
El término "síndrome" está tomado del griego "syndromé" que significa <<concurso>>, <<acción de juntarse>>. Etimológicamente, este vocablo aparece emparentado con el latino "dromedarius": <<corredor>>, derivado, del griego "dromás" y éste de "édramon": <<yo corrí>>. De ahí deriva "pródromo": <<que corre por delante, que precede>>; es sinónimo de "síntoma" derivado del griego "symptoma", que propiamente significa <<coincidencia>>, que, a su vez deriva de "sympipto": <<yo coincido>>; propiamente: <<caigo juntamente>> (de pipto: <<caigo>>). Por otra parte, la palabra "existencia" proviene de la voz griega"ex": <<salir de>>, <<nacer>>, <<aparecer>> y del latín "sistere": <<asistir>>, <<colocar en su sitio>>, <<sostener lo que se cae>>.
Como puede observarse, la dialéctica palpita vigorosamente hasta en el lenguaje más originario. Esta palabra es algo que muchos jamás comprendieron y que hoy tratan de borrar de su léxico porque molesta, porque no vale para <<salir>> al encuentro de la masa. El logos, la teoría, <<coloca en su sitio>>lo que <<se sale>>, o sostiene lo que <<se cae>>. Por lo visto, desde los tiempos de Sartre en "La Náusea" ‑tras la segunda gran guerra‑ nunca se había caído tan bajo. Como ya ocurrió en vida de Rosa Luxemburgo, los oportunistas ‑con su culto por la "práctica"‑ huyen de la teoría como de la peste. Porque el logos contradice casi siempre a la <<doxa>> (opinión) de andar por casa.
Tal como ocurre con la evolución de los precios en economía política,las marchas y contramarchas de la lucha de clases tampoco explican nada, sino que son esos hechos, precisamente, los que necesitan ser explicados. Los historiadores al uso, sólo aciertan a ver la historia como un proceso dinamizado por los actos políticos, religiosos, culturales, raciales, etc.:
<<Por ejemplo, si una época se imagina que se mueve por motivos “políticos” o “religiosos”, a pesar de que la “religión” o la “política” son simplemente las formas de sus motivos reales (del mismo modo que, según hemos visto, el movimiento es una forma de manifestación de la materia. Así mismo) el historiador de la época de que se trate acepta sin más tales opiniones. Lo queestos determinados hombres se “figuran”, se “imaginan” acerca de su práctica real, se convierte en la única potencia determinante y activa que domina y determina la práctica de estos hombres. Y así, cuando la forma tosca con que se presenta la división del trabajo entre los indios y los egipcios provoca en estos pueblos el régimen de castas propio de su Estado y de su religión, el historiador cree que el régimen de castas fue la fuerza que engendró aquella forma social.>> (K.Marx-F.Engels: “La ideología Alemana” Cap. II aptdo. 8. Lo entre paréntesis es nuestro)
Del mismo modo, la forma política tosca ‑-nunca mejor dicho‑ con que se ha producido la bancarrota del stalinismo, hace creer a los historiadores al uso, que el capitalismo es un sistema de vida eterno. Hoy, no nos puede llamar la atención que la historiografía burguesa siga abrazada a semejantes hipóstasis. Lo que sí puede sorprender a muchos en el contexto de las presentes observaciones al CIS, es comprobar este tipo de vulgaridades teóricas en quienes pasan por ser calificados investigadores autoproclamados y reconocidos como marxistas. En el número 173 de la revista "New Left Review" Eric Hobswawn señala a propósito de la actual coyuntura histórica, que:
<<El cordón umbilical que durante un tiempo unía al movimiento obrero con la revolución social y la ideología socialista ha sido cortado>> (E.H. Op.Cit)
Y atribuye esta presunta ruptura histórica a hechos como la "desaparición paulatina de la solidaridad de clase"; la detención del proceso de formación de nuevos partidos comunistas a partir de la segunda guerra mundial y el transfuguismo en masa del voto obrero hacialosconservadoresen las anteriores elecciones inglesas. Por su parte, Sweezy se identifica con "los muchos"--incluidos los "no pocos que se autodefinen esencialmente marxistas"-- en el sentido de que:
<<El proletariado inglés y otros proletariados de Europa occidental, a los que Marx consideraba la vanguardia del movimiento revolucionario internacional, se han convertido de hecho en fuerzas reformistas que, al aceptar los presupuestos básicos del capitalismo, de hecho lo refuerzan, (...) y que el proletariado del (...) país más avanzado y poderoso, los EE.UU., nunca ha desarrollado un liderazgo o movimiento revolucionario significativo, y da hoy menos muestras de hacerlo que en cualquier otro momento de la historia". (...) No creo que las observaciones empíricas en que se apoyan este tipo de críticas puedan ser recusadas seriamente>> P.M. Sweezy: “Marx y el proletariado”, citado por Richard Edwards: en: "Repensar a Marx" Ed. Revolución Pp. 78)
Basándose en la evidencia empírica de determinados comportamientos políticos epocales, "marxistas" como Hobswawn y Sweezy proceden con la historia como los ideólogos burgueses con la plusvalía. Así como el fenómeno de la competencia permite el arbitrio teórico de independizar a losprecios del valor, la lucha de clases en sus momentos de calma sugiere un divorcio del proletariado con la revolución. Pero con la misma violencia que la crisis general del sistema revela al burgués práctico la ley del valor, el movimiento contradictorio de la sociedad capitalista empuja a las masas hacia la revolución destrozando todos los prejuicios políticos que en los períodos de retroceso oscurecen el sentido de la historia. Para ver de qué modo han calados estos infundios neomarxistas en la vanguardia autoproclamada del proletariado, nuestro website presenta un claro ejemplo de ello en el debate con unos “camaradas anónimos” –que luego resultaron ser los “Comunistes de Catalunya”. Ver en: http://www.nodo50.org/gpm/yugoslavia\07.htm, sucomunicación del 12 de mayo de 1999 seguida de nuestra réplica.
Lo que muchos -‑como Hobswawn y Sweezy-- hacen pasar por ciencia social en nombre del marxismo, es la demostración por el ridículo, de la autonomía relativa de las superestructuras (ideológica, jurídica, política, etc.). Si la razón histórica se elevara directamente desde el subsuelo social a la cabeza de los hombres, la ciencia carecería de sentido, e ideólogos como Hobswawn y Sweezy dejarían de vivir de semejantes embelecos, a expensas del bolsillo y la falsa conciencia de los asalariados que, inducidos por la universidades y la industria editorial del sistema, reemplazan a los clásicos del marxismo por estos falsos representantes suyos.
Uno de los problemas políticos de primer orden ‑más aún en los tiempos que corren‑ es que entre la militancia de izquierdas nunca se ha sabido bien para qué sirve "El Capital". Pero lo más penoso y dramático del caso, es que a fuerza de no saber bien para qué sirve, se haya concluido inconfesadamente de que no sirve para nada y se lo excluye como guía para la acción. La prueba está en que no se lee y menos aun se estudia. Tal es el grado de estupidez ideológica alcanzado por el movimiento de las izquierdas, cuyos resultados políticos están hoy a la vista.
Cabe preguntarse, pues, para qué fue escrito "El Capital". Marx da ya la pauta en 1843. En su introducción a la Crítica de la Filosofía Hegeliana del Derecho Estatal, dice expresamente que "el arma de la crítica no puede reemplazar a la crítica de las armas, pero se hace revolucionaria cuando se apodera de las masas". En el prólogo a la primera edición alemana de “El Capital”, precisará aun más este concepto:
<<Aunque una sociedad haya descubierto la ley natural que preside su propio movimiento --y el objetivo último de esta obra es, en definitiva, sacar a la luz la ley económica que rige el movimiento de la sociedad moderna‑-, no puede saltarse fases naturales de desarrollo ni abolirlas por decreto. Pero puede abreviar y mitigar los dolores del parto.>> K.Marx: “El Capital” Prólogo a la primera edición.)
Plenamente consciente de haber previsto la caducidad histórica del capitalismo, Marx entiende su obra como nexo teórico entre la necesidad objetiva y la libertad subjetiva. ¿En qué se basa para hablar de modo tan categórico y terminante sobre el carácter históricamente transitorio de la sociedad burguesa? Para contestar a esta pregunta, se hace necesario deslindar en ella los elementos de juicio que han permitido llegar a tal conclusión. Ya se vio más arriba que "El Capital" es una obra cuyo objeto de conocimiento no es precisamente la lucha de clases y que este fenómeno es descartado expresamente por Marx del análisis, a efectos estrictamente científicos:
<<En sí y para sí, no se trata aquí del mayor o menor grado alcanzado en su desarrollo por los antagonismos sociales que resultan de la leyes naturales de la producción capitalista. Se trata de estas leyes mismas, de estas tendencias que operan y se imponen con férrea necesidad>> (Op. Cit.)
Pues bien, del despliegue de las leyes puras que rigen el movimiento del capital, Marx llegó a la conclusión de que el desarrollo del capitalismo llevado hasta los límites teóricos de su desarrollo, desemboca necesariamente en su derrumbe económico automático. El desarrollo sistemático de esta idea, aparece ya en sus "Grundrisse" (fundamentos), donde Marx da a entender que la Ley de la caída tendencial de la Tasa de Ganancia, es la conclusión más importante de toda su obra:
<<...es, en todo respecto ‑dice‑ la ley más importante de la moderna economía política..... que pese a su simplicidad, hasta ahora nunca ha sido comprendida y, menos aún, explicada "...Es, desde el punto de vista histórico la ley más importante...>> K.Marx: "Elementos Fundamentales para la Crítica de la Economía Política" (Grundrisse) l857‑l858 Ed.Siglo XXI‑México /l977 Pp. 634. Subrayado nuestro).
Si para Marx, el motor de la historia es la lucha de clases, y, al ponderar esta Ley de la caída tendencial de la tasa de ganancia, lo hace expresamente "desde el punto de vista histórico", está claro que el principio mecánico activo de ese motor, está en la tendencia al derrumbe económico del sistema, del mismo modo que el principio activo del motor a explosión está en la segunda ley física de la termodinámica. Más adelante, en el mismo pasaje, anticipa las consecuencias históricas de esta ley:
<<A partir de cierto momento, el desenvolvimiento de las fuerzas productivas se vuelve un obstáculo para el capital; por tanto, la relación del capital se torna en una barrera para el desarrollo de las fuerzas productivas del trabajo. El capital, es decir, el trabajo asalariado, llegado a este punto entra en la misma relación con el desarrollo de lariqueza social y de las fuerzas productivas que el sistema corporativo la servidumbre de la gleba y la esclavitud, y, en su calidad de traba, se la elimina necesariamente ...Las condiciones materiales y espirituales para la negación del trabajoasalariadoy del capital, las cuales son ya la negación de formasprecedentes de la producción social que no es libre, son a su vez resultados del proceso de producción característico del capital. En agudas contradicciones, crisis, convulsiones, se expresa la crecienteinadecuación del desarrollo productivo de la sociedad a sus relaciones de producción hasta hoy vigentes. La violenta aniquilación de capital, no por circunstancias ajenas al mismo, sino como condición de su autoconservación, es la forma más contundente en que se le da el consejo de que se vaya y deje lugar a un estadiosuperiordeproducciónsocial...>> (K.Marx:: Op. Cit. Pp. 635/36. Subrayado nuestro).
Y en "El Capital," vuelve sobre este pronóstico dederrumbe que entiende como el resultado lógico de las leyes de la acumulación:
<<La centralizaciónde los medios de producción y la socialización del trabajo alcanzan un punto en que son incompatibles con su corteza capitalista. Se la hace saltar. Suena la hora postrera de la propiedad privada capitalista. Los expropiadores son expropiados (...) la negación de la producción capitalista se produce por si misma, con la necesidad de unprocesonatural>> (K. Marx: Op. Cit Libro I Cap. XXIV Punto 7).
Por supuesto que, al decir que la negación del proceso histórico-natural del capitalismo se cumple “con la necesidad de un proceso natural”, lo que estas palabras de Marx significan, es que, entre el momento de la expropiación de los expropiadores y el momento en que se consuma efectivamente la negación socialista de la negación capitalista del trabajo en condiciones de propiedad individual libre sobre los propios medios de producción, se interpone el proceso histórico de la transición entre la vieja sociedad y la nueva, donde todavía rige la ley del valor; de modo que, con la expropiación de los expropiadores, la negación del capitalismo es todavía, en parte, abstracta, posible, pero todavía no probable, porque no están dadas aun las condiciones para ello. La negación del capitalismo debe, pues, ejecutarse por medio de la dictadura del proletariado, pero no por decreto, sino respetando la ley del valor hasta donde todavía sea históricamente necesario que subsista.
Esta conclusión ha sido el resultado de un trabajo científico consistente en el uso de la abstracción para aislar y desarrollar el principio activo del modo de producción capitalista; la tendencia (vocabloque significa acción con sentido definido). En semejantes términos pensaba Dietzgen, obrero curtidor, uno de los propagandistas más destacados del marxismo en sus años:
<<Lo que interesaa laciencia -‑decía‑- no son tanto los hechos sino más bien su EXPLICACIÓN, no es tanto la materia sino más bien la fuerza...Aún cuando en la realidad, fuerza y materia son idénticas, no por eso es menos legítimo distinguirlas, separarlo particular de lo general. “La fuerza es invisible”, sin duda, pero la vista en sí y lo que vemos no son sino mera fuerza; sin duda, no vemos las cosas “en sí” sino únicamente su efecto sobre nuestros ojos...>> (Joseph Dietzgen: Carta a Marx 07/10/868)[24]
¿Y en qué consiste esa fuerza que motoriza al capital? Para Marx, en sentido estricto, consiste en su doble y contradictoria tendencia a apoderarse de la mayor cantidad de trabajo necesario, para transformar su mayor parte posible en excedente para los fines de su valorización. Esta es la abstracción determinada cuyo despliegue lógico implícito llevó a Marx a prever el capitalismo como un sistema de vidatransitorio en la historia de la humanidad.
En su Prólogo a la primera edición de "El Capital", Marx compara este método de las “abstracciones determinadas” con la función del microscopio o los reactivos químicos en las ciencias experimentales, y lo contrapone a la arbitrariedad teórica de las “determinaciónes abstractas” o “abstracciones indeterminadas” que desnaturalizan el objeto de estudio. Así, esta doble tendencia del capital con respecto al trabajo es una abstracción, la fuerza interna no directamente manifiesta o que no se ve, que permite separar para estudiar esta función sustantiva del capital respecto de la multiplicidad de funciones en que se muestra o aparece. Y es determinada, porque hace a su especificidad o naturaleza, porque en ella está su resultado lógico necesario antes de que se demuestre históricamente; se trata de la fuerza irresistible que le impele a actuar CONSTANTEMENTE en ese determinado sentido. La misma fuerzacontenida en la relación entre la luz solar y la clorofila que opera la fotosíntesis en los vegetales.
Por el contrario, una determinación abstracta o, lo que es lo mismo, una abstracción indeterminada, sería escoger entre las múltiples funciones contingentes del capital, como hicieron los clásicos y más de un economista vulgar de un modo fetichista, entendiéndolo como una desagregación del concepto de "riqueza". Por ejemplo, para David Ricardo:
<<Capital es aquella parte de la riqueza de un país que se emplea en la producción>> ("Principios de economía política y tributación" Cap. 5),
o segúnJ.S.Mil, para quien:
<<La función que el capital desempeña en la producción, es proporcionar albergue, seguridad, herramientas y materiales que la obra requiere, y alimentar y sostener a los trabajadores durante el proceso de la producción...todo cuanto se destina para ese uso...es capital>> (Libro I cap..4).>>
Al decir que "Marx no agregó nada a este concepto", Schumpeter demostró no haber leído debidamente a Marx, además de sus propias limitaciones de clase que le impidieron entender la categoría de capital como una relación social y no como un conjunto de cosas afectadas al proceso productivo.[25] El concebir al capital simplemente desde su lado material, en cuanto instrumento de producción, prescindiendo por completo de la forma económica o relación social histórica específica, "enreda a los economistas en toda clase de dificultades", dice Marx en los “Grundrisse”. La mayor de esas dificultades está en que por esta vía de razonamiento, los instrumentos de la edad de piedra hacían de los salvajes paleolíticos unos perfectos burgueses.[26]
Un individuo tiene cierto grado de comprensión sobre un automóvil cuando prevé su funcionamiento al manejarlo, un grado más alto de comprensión cuando prevé que volverá a funcionar al repararlo y un grado de comprensión aúnmás elevado cuandopuede prever que funcionará mejor que los hasta ese momento existentes al diseñar y fabricar uno nuevo. Si es correcto, pues, afirmar que toda comprensión supone predicción o previsión, más propio es suponerlo respecto del conocimiento científico. A esto se le llama determinismo.
Ahora bien, Marx comprendió el capitalismo, no como un automovilista ni como un mecánico. Tampoco tuvo la comprensión que inspira el afán perfeccionista de un innovador, ni siquiera se inventó el socialismo, como los socialistas utópicos. Simplemente se le impuso por vía de la práctica social teórica al descubrir la ley que rige el movimiento de la sociedad capitalista. Tal es el principio del socialismo científico que fundamenta lanecesidad histórica objetiva de la Dictadura del Proletariado. Y cuando en este contexto se habla de Dictadura del Proletariado, está claro que lo que se está diciendo, con Marx, es que el capitalismo nose cae solo, como una pera madura. Niaun bastante después de la toma del poder por la clase obrera.
No es el caso, pues, de que para hacer la revolución, los asalariados tengan que esperar paciente y tranquilamente a que se cumplan las previsiones teóricas de "El Capital". El concepto de necesidad objetiva, no supone ningún automatismo economicista del cambio revolucionario. Quienes acusan al marxismo de esta simplicidad doctrinaria, ignoran la naturaleza del capital descubierta por Marx, y omiten considerar el papel central que Marx confiere a la luchapolítica de clases como condición suficiente para la superación histórica de las contradicciones del capitalismo, así como la nítida distinción entre teoría y práctica, entre necesidad y posibilidad. El determinismo histórico no es más que una previsión teórica científica como guía para la acción política. Tan decisiva es una como la otra. La sínteis entre teoría y práctica sólo es probable que se produzca cuando la acción política sigue al determinismo histórico de la moderna ciencia social.
Tanto en “Las luchas de clases en Francia” y en "El l8 Brumario de Luis Bonaparte", comoen sus escritos sobre "Revolución y Contrarrevolución en Alemania" o "La Guerra Civil en Francia", Marx desmiente el presunto mecanicismo que se le atribuye, totalmente ajeno s su pensamiento. Para Marx –como para Engels, Lenin y Trotsky-- la acción política demuestra que los distintos reflejos ideológicos de la estructura en función de intereses de clase, vuelven sobre ella paraacelerar o retrasar la dinámica de su tendencia inmanente al derrumbe, cuyo horizonte la burguesía sólo puede alejar momentáneamente durante cada crisis periódica, pero que se vuelve a acercar cada vez más peligrosamente en la próxima, tanto más, cuanto más le cuesta necesariamente superar esos, los propios obstáculos que el capital se pone a sí mismo según aumenta su masa.
Que esta tendencia necesaria se concrete, es algo que depende de las fuerzas sociales en pugna. Para decirlo en términos de la definición magistral de Disraeli, "la política es el arte de hacer posible lo necesario". La diferencia del marxismo con Disraeli, está en que, para burgueses como él, la necesidad no es producto de la racionalidad científica sino de la mera subjetividad cautiva del inmediatismo de sus intereses de clase sin perspectiva histórica.
El caso es que la necesidad del socialismo cobra actualidad y pugna por realizarse, mucho antes de que el sistema se acerque a sus límites previstos teóricamente. En este sentido, el derrumbe automático es tan imposible, como concebir que la burguesía pueda transformar todo el trabajo disponible en plusvalía. Para Marx, el destino de la sociedad burguesa se resuelve, pues, en la lucha política de clases. Aun cuando la "razón" y la "causa" de esalucha, esté enel principio activo del capital, esto es, en la lógica necesidad del derrumbe automático del sistema. Sólo en este marco brilla en su plenitud significante la noción marxista de libertad como conciencia de la necesidad.
Lo que se quiere dejar claro aquí, es que la teoría del derrumbe en modo alguno es una concepción económica determinista de la revolución, sino su justificación política y su necesidad histórica. Es precisamente el resultado de las investigaciones explicitadas en "El Capital" lo que ha permitido rescatar el concepto de lucha de clases del ámbito de la pura voluntad política y del reino nebuloso de la utopía social, para ponerlo en el terreno firme de la ciencia, dándole un sentido histórico preciso y una finalidad política específica definida como DICTADURA DEL PROLETARIADO. Y esto tiene una importancia decisiva como reserva ideológica y como arma para la lucha contra el oportunismo y el voluntarismo en el seno del movimiento revolucionario.
Que esta cuestión decisiva no este clara todavía para muchos, no puede sorprender cuando se ha hecho toda una ya añeja tradición de ella. Creyendo ver tanto en Rosa Luxemburgo como en Henrik Grossmann un menosprecio teórico de la lucha de clases,Anton Pannekoek llegó a meter "el pensamiento, la voluntad y la acción humana" dentro del mismo concepto de "ley natural" junto a los hechos económicos objetivos. Así, “la acumulación del capital, las crisis, la pauperización relativa y absoluta, la revolución proletaria, la toma de posesión del poder por la clase obrera, forman juntas una unidad indivisible que actúa como ley natural: el derrumbe del capitalismo.”[27]
La lucha política de la vanguardia revolucionaria del proletariado, su pugna secular por hacer prevalecer en la conciencia de las masas la racionalidad revolucionaria específica contenida en la lógica del capitalismo y explicitada en el marco científico de la teoría del derrumbe, es lo que distingue al marxismo tanto de las precedentes concepciones utópicas delsocialismo, como del revisionismo reformista. Y desde la aparición de "El Capital" hasta nuestros días, la historia no ha hecho sino confirmar punto porpunto estas premisas fundamentales. Pero esa teoría, que permite anticipar QUÉ sociedad surgirá de las entrañas del capitalismo, no nos dice CÓMO y menos aún CUANDO. El cómo y el cuando es un problema político que depende de las condiciones históricas en que proletariado se hace cargo del poder político. Los dramáticos acontecimientos quetuvieronpor escenario a los países del llamado "socialismo real", tornan aun más perentorio el ajuste de cuentas teórico con las maniobras de ocultación, mutilación y falsificación de que ha sido objeto el Materialismo Histórico en los últimos setenta años, y una vuelta a sus fuentes originarias.
La bancarrota de la gestión stalinista esta siendo utilizada por la burguesía internacional, para convencer a los explotados de que no hay opción política posible frente a su sistema de vida. Lo singular es que se valen del criterio de la praxis tal y como ha sido tradicionalmente entendido por nuestra intelectualidad orgánica de izquierdas. ¿Es que la burguesía se ha vuelto marxista? No. Es que la intelectualidad de izquierdas sufre de “transformismo” burgués desde hace más de setenta años, y no es la primera vez en la historia moderna.
El término “transformismo” fue acuñado por Gramsci para describir durante la etapa del llamado “Risorgimento” en la Italia de 1815 en adelante, cómo la burguesía italiana influyó sobre los intelectuales orgánicos de la aristocracia que así se adscribieron al “partido burgués de los moderados” --dirigido por Cavour y Vittorio Emmanuele II— para decapitar políticamente a las clases subalternas practicando el “transformismo” ideológico sobre sus intelectuales inorgánicos, organizados en torno al “partido burgués de la acción”, dirigido por Mazzini y Garibaldi, para neutralizar las tendencias jacobinas actuantes en el movimiento, inducidas por las legítimas aspiraciones populares postergadas.[28]:
<<Si estudiamos la historia italiana a partir de 1815, veremos que un pequeño gupo (de intelectuales orgánicos) dirigente (de las clases fundamentales dominantes), logró encerrar metódicamente en su círculo (de poder) a todo elemento político puesto de manifiesto por los movimientos de masa de tendencia subversiva. (A. Gramsci: “Il Risorgimento”. Citado porHugues Portelli en: “Gramsci y el Bloque Histórico” Cap. IV)
<<El criterio histórico-político en que debe basarse la investigación es éste: que una clase es dominante de dos maneras, esto es, es dirigente de las clases aliadas, es dominante de las clases adversarias (que no puede integrar y hegemonizar consensualmente). Por ello, una clase ya antes de subir al poder puede ser “dirigente” [y debe serlo]; cuando está en el poder, se vuelve dominante pero sigue siendo también dirigente. Los moderados siguieron dirigiendo el Partido de la Acción incluso después del 70, y el “transformismo” es la expresión política de esta acción de dirección. Toda la política italiana, desde el 70 hasta hoy, se caracteriza por el “transformismo”, o sea, por la elaboración de una clase dirigente en los cuadros fijados por los moderados después del 48, con la absorción de los elementos activos surgidos de las clases aliadas, e incluso de las enemigas. La dirección política se convierte en un aspecto del dominio, en la medida en que la absorción de las élites de las clases enemigas, conduce a la decapitación de éstas y a su impotencia.>>(A. Gramsci: “Cuadernos de la Cárcel” I § <44> 1929-1930)[29]
No deja de ser llamativo que, desde Kautsky, haya quienes en nombre del marxismo, sigan negando que Marx jamás sostuvo algo parecido a la idea del derrumbe económico del sistema. Pero lo más sorprendente, es el silencio o ‑lo que es más lamentable‑ la ambigüedad, de quienes se supone deben ser los garantes orgánicos del mantenimiento yproyección de los principios políticos del proletariado. Me refiero a teóricos marxistas contemporáneos notorios, así como a las direcciones de organizaciones autoproclamadas revolucionarias. Y ni que hablar, naturalmente, de la ignorancia o el desprecio de sus bases sobre el particular.
Lo más paradójicamente sorprende es que quienes niegan, silencian o confunden el verdadero sentido de la obra de Marx, al mismo tiempo pregonen su carácter científico. Las consecuencias de toda esta insensata manipulación, --consciente por parte de una relativa minoría, e inconsciente por la mayoría del movimiento— están a la vista. Si en Marx no hay una teoría del derrumbe automático y si la verdades científicas de la historia solo obtienen la prueba de su veracidad en la práctica social y política, entonces la burguesía lleva razón y a los revolucionarios no nos queda otra que enterrar el hacha de la lucha de clases y convertirnos en algo parecido a los "testigos de Jehová".
Afortunadamente, las cosas son del todo diversas. Los resultados científicos en el ámbito de la historia, sólo tienen valor en cuanto a su capacidad de prever. No los detalles ni las formas ni las secuencias precisas de la historia, porque éstas son circunstancias imposibles de anticipar, ya que quedan a cargo de las fuerzas en pugna:
<<...En realidad se puede prever “científicamente” solo la lucha,pero no los momentos concretos de ésta, que no pueden sino ser el resultado de fuerzas contrastantes encontinuomovimiento, no reductibles nunca a cantidades fijas, como el “valor”, el “plusvalor”, la “composición orgánica del capital” o la “tasa de ganancia”, porque en esas luchas la cantidad se convierte continuamente en calidad. En política realmente se prevé en la medida en que se actúa, en que se aplica un esfuerzo voluntario y con ello contribuye concretamente a crear el resultado “previsto”. La previsión, en política, se revela, pues, no como un acto científico de conocimiento sino como la expresiónabstracta del esfuerzo que se hace, el modo práctico de crear una voluntad colectiva...>> (Antonio Gramsci: “Cuadernos de la Cárcel” XXI § <15> 1934-1935).
Pero lo que si puede hacer la ciencia de la economía política, es prever, entanto descubre las leyes inmanentes del desarrollo social que actúan en su base material y empujan necesaria e irresistiblemente el proceso "histórico‑natural" hacia la superación de sus contradicciones. Siguiendo a Gramsci y a Bunge, sólo se puede "prever" científicamente en el ámbito de las ciencias formales. [30] Esto no es contradictorio con el objeto de "El Capital", ya que la economía política –aunque no es propiamente una ciencia formal, sino que más bien se asimila a las ciencias de la naturaleza-- trata con categorías reales de cuyo contenido, en la sociedad moderna, sólo es posible abstraerse mediante la imaginación, como es el caso de las categorías de “necesidad humana”, “mercancía”, “valor de uso”, “valor de cambio”, “trabajo”, “tiempo de trabajo”, “salario”, “plusvalor” y “dinero”, cuyas relaciones están regidas por leyes objetivas independientes de la voluntad de los seres humanos comprometidos en ellas y que, por tanto, pueden ser estudiadas con el rigor propio de las ciencias de la naturaleza. Por eso Marx dice que el movimiento de la sociedad burguesa es un proceso “histórico-natural”: histórico, porque esas categorías económicas y su movimiento contradictorio comprometen involuntariamente a los seres humanos, los únicos seres que tienen historia; natural, porque esas categorías y contradicciones no han sido producto de la voluntad de nadie sino que “se imponen con férrea necesidad”, como la ley que rige la caída de los cuerpos en el sistema físico de referencia terráqueo.
En este sentido, la ciencia de la economía política, como las ciencias formales, no necesita recurrir a la prueba empírica de los hechos para demostrar la veracidad de susresultados. Porque tal veracidad está ya demostrada por el despliegue de la lógica contenida en la significación científicamente determinada, de las categorías que constituyen su objeto de estudio. El adalid del reformismo socialdemócrata, Eduard Bernstein, cometió la misma torpeza teórica de aquellos “científicos” que, cien años después que Copérnico demostrara matemáticamente la teoría heliocé