4. La llamada “crisis del petróleo” y su consecuencia: la formación de un ejército permanente de desocupados.

Desde fines de la década de los sesenta, la sobrevaluación artificial del dólar por emisión monetaria inflacionaria y fraudulenta de la Reserva Federal durante el gobierno de Nixon, había venido favoreciendo a la burguesía norteamericana que así pudo importar materias primas y bienes de consumo final por el equivalente a 11,4 veces menos de su valor real, (el -1.143%). Esto le permitió incrementar ganancias comprando insumos industriales y mano de obra por debajo de su valor, retardando así el descenso de la Tasa General de Ganancia Media en ese país. Hasta que, en abril de 1971, los europeos —encabezados por Francia— exigieron que sus altos superávits comerciales con EE.UU., fueran cancelados por ese país deudor con oro en lugar de dólares fiduciarios, lo cual precipitó el sinceramiento económico del Estado norteamericano el 15 de agosto de 1971, al declarar la inconvertibilidad del dólar, provocando la debacle del llamado “patrón cambio oro” —que había sido fijado en 1944 a 35 dólares la onza troy—, desencadenando la consecuente crisis internacional que, en 1973, los intelectuales orgánicos e inorgánicos del sistema —confundiendo la causa con su efecto— atribuyeron exclusivamente al alza especulativa del precio de los carburantes[ [4] ] .

Durante la recesión de 1970-71 hubo diez millones de parados oficialmente registrados en los países imperialistas. En el momento más crítico de la recesión de 1974-75, había 16,5 millones. A finales de 1980 ascendió a poco más de 20 millones. En la Europa capitalista se puede hablar de una recesión generalizada a partir de mediados de 1980, momento en que los principales países imperialistas (la RFA, Francia, Gran Bretaña e Italia), se vieron arrastrados a la crisis.

La primera en verse afectada sufriendo el golpe más duro, fue la economía británica. La producción industrial disminuyó desde principios de 1979. A final de 1980 había caído al nivel más bajo desde hacía 13 años: un 15% menos respecto de 1979. El número de parados en el cuarto trimestre de 1980 alcanzó oficialmente los 2,3 millones, llegando a los 3 millones durante el invierno 1980-81. (Wilfried Wolf: Revista “Inprecor” Nº 20 Marzo-1981)

En cuanto a la industria francesa, también se caracterizó por la tendencia descendente de la producción industrial desde 1980 cercana al 4,55%. Giscar D’Estaing no vaciló en hablar de la “crisis económica mundial más grave desde 1929”. A finales de ese año, el paro oficialmente reconocido alcanzó a 1,6 millones de asalariados. (Op. Cit)

En Alemania Federal, a partir del segundo trimestre de 1980 el retroceso de la producción industrial fue pronunciado, bajando a un nivel superior al 5% respecto del registrado a finales de 1978. El número de parados, que contrariamente a la mayoría de países imperialistas europeos disminuyó ligeramente durante los años previos a 1980, traspasó a finales de ese año el umbral del millón, al tiempo que la tasa de utilización de su capacidad industrial instalada descendía por debajo del 80%. (Ibíd)

En España, el período entre los años 1976-1980, se caracterizó por la presencia dominante del desempleo creciente, en medio de la transformación estructural y modernización de las Empresas. Con una población activa prácticamente constante, el número de ocupados experimentó una rápida caída, descendiendo en seiscientos mil entre finales de 1976 y finales de 1979. Esta cifra se incrementó hasta el millón a fines de 1980, mientras los ocupados pasaban desde los 12.432.610 en diciembre de 1976, hasta los 11.434.430 en 1980, y el número de parados crecía en forma constante y geométrica: 615.240 en 1976; 744.410 en 1977; 994.280 en 1978; 1.235.400 en 1979 y 1.625.090 en 1980). La tasa de paro creció en casi ocho puntos, pasando del 4.72% en 1976, al 12.44% en 1980.

Respecto de los jóvenes de ambos sexos menores de 25 años, la tasa de ocupación cayó 13 puntos, desde el 51.53% en 1976 al 38.24% en 1980; y la tasa de paro aumentó 18 puntos, pasando del 10,38% en 1976 al 28,39% en 1980, lo cual provocó la paradójica situación de que un sector de esta población española, registró tasas de actividad superiores al promedio[ [5] ], pero contrariamente, triplicó casi la tasa nacional media de paro. (Op. Cit)

O sea, que el capital constante en funciones (medios de producción) y la productividad del trabajo, crecieron más rápidamente que la población explotada (de modo que un menor número de asalariados muevan más medios de trabajo para procesar un mayor valor y volumen de materias primas por unidad de tiempo), incrementando así el plusvalor y, al mismo tiempo, el ejército industrial de reserva o población “sobrante”, obligada a alternar entre el paro absoluto y el trabajo precario:

<<En consecuencia, el mismo desarrollo de la fuerza productiva social del trabajo se expresa, al progresar el modo capitalista de producción, por una parte en la tendencia a la baja progresiva de la tasa de ganancia, y por la otra en el constante crecimiento de la masa absoluta del plusvalor o ganancia apropiada; de modo que, en general, a la disminución relativa del capital variable (respecto del capital constante) y de la ganancia le corresponde un aumento absoluto de ambos. Como ya se ha demostrado, este efecto dual solo puede representarse en un crecimiento del capital global en una progresión más veloz que la progresión en la cual disminuye la tasa de ganancia. Para emplear con una composición más alta o un aumento relativo más intenso de capital constante, un capital variable aumentado en términos absolutos, el capital global deberá aumentar no solo en la proporción de la composición más alta, sino con mayor celeridad aun. Se desprende de ello que, cuanto más se desarrolla el modo capitalista de producción (cuanto más haya crecido el capital acumulado), se necesita una cantidad cada vez mayor para ocupar la misma fuerza de trabajo (o número de asalariados) y más aun, para ocupar una fuerza de trabajo en aumento. Por consiguiente, sobre una base (económica) capitalista, la fuerza productiva creciente del trabajo genera necesariamente una aparente sobrepoblación obrera permanente (porque el capital acumulado disponible crece más rápido que la población explotable. Y esta es la causa del descenso tendencial secular o a largo plazo de la Tasa de Ganancia)>>. (K. Marx: “El Capital” Libro III Cap. XIII. Lo entre paréntesis y el subrayado nuestros)

En esta cita subrayamos el adjetivo “aparente” (en alemán: “vorgeben”, que significa simular o “scheinen”, cuyo significado es “parecer”) como contrapuesto a lo real. En este pasaje, Marx ha utilizado la expresión “aparente” no para significar que la sobrepoblación obrera permanente es irreal, sino para decir que esa población, en realidad no sobra, sino que se produce porque la Ley del valor fija o determina una composición orgánica y una tasa de ganancia que, desde el punto de vista enajenado del capitalismo, no justifica su empleo. En rigor de verdad, pues, “lo real” es que se trata de una población “sobrante” desde el punto de vista burgués o de la relación de producción capitalista dominante; por tanto, lo que en realidad está sobrando desde el punto de vista humano, es el capital, dada su evidente incapacidad para emplear esa población. Esto es lo que, a nuestro juicio, quiso decir Marx en el contexto de ese pasaje de su obra al colocar allí el vocablo alemán “scheinen” que significa “aparente” por contraposición a lo real. Y está claro que un parado no puede aportar al fondo de pensiones, porque no trabaja.

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[4] La obligada decisión americana, indujo a que el dólar súbitamente "saltara" de los $35 a los $400 dólares por onza troy de oro. Es decir, el "sinceramiento" del valor real del dólar, implicó reconocer que el valor de la moneda americana "respaldada" en oro, no era en realidad de 1\35 = 0,02857 sino de 1\400 = 0,0025; es decir, 11,4 veces menos. En 1980, la cotización de la onza troy de oro alcanzó los $800 dólares.

[5] La tasa de actividad es la relación que existe, entre la población activa en edad legal de trabajar y la población total de esa misma edad. Dicho de otra forma, es la relación entre la población explotada y la población explotable.