02 - ¿Lo que mueve al capitalismo y a los capitalistas es la ley de la oferta y la demanda o la ley de la tasa de ganancia?

En su primera observación comenzó Ud. por decir lo siguiente:

<<Lo que no termino de comprender es por qué la destrucción de una parte del capital deprecia el capital remanente cuando debiera suceder lo contrario>>.

Nosotros no razonamos tal como Ud. parece haber entendido al capitalismo, es decir, como un totum revolutum entre lo que sucede en el ámbito de la producción y lo que pasa en el mercado, cualesquiera sean las circunstancias o condiciones por las que atraviesa el sistema en su conjunto. Como si no existiera un principio activo que da sentido y mueve al sistema. Lo que hemos dicho, siguiendo a Marx, es que toda crisis de superproducción de capital, ocurre cuando el incremento de plusvalor obtenido por un capital dado, resulta ser menor respecto de lo que cuesta producirlo. Y este fenómeno periódico típico del capitalismo, que Marx dio en llamar superproducción de capital, sólo se supera mediante la desvalorización y/o destrucción física del capital excedentario —incluyendo el correspondiente a salarios. Porque el plusvalor o masa de ganancia que se pudiera obtener con ese capital global disponible, resulta ser insuficiente, es decir, deficitario, que no justifica el hecho de invertirlo productivamente. Este último razonamiento significa inequívocamente, que el ámbito determinante del TODO lo que sucede en el proceso económico bajo el capitalismo en cualquier momento de su desarrollo histórico, no es la oferta y la demanda; no es el proceso de circulación del capital. No es lo que pasa en el mercado. El ámbito más propio de actuación que rige el comportamiento de la burguesía no es ese sino el proceso de producción presidido por la ganancia. El modo de producción capitalista se distingue de los anteriores en que no consiste en producir riqueza sino valor; y no solo valor sino primordialmente plusvalor. Tal es el motor y la directriz objetivamente determinada por el capitalismo como específico sistema de vida. Subrepticiamente inducido por el pensamiento dominante, ha invertido Ud. esa prelación entre circulación y producción de riqueza. He aquí su error.

Para comprender que lo pensado por Ud. no es como Marx lo explica sino al contrario, atienda por favor al siguiente planteo del problema, suponiendo que la economía de un país llamado “Ramiro”, funcionara en condiciones normales con un capital constante (edificios, maquinas, mobiliario, etc.) de 100.000 € y 5.000 en capital variable (mano de obra), cuya suma de 105.000 generara un plusvalor de 2.500, es decir, a una tasa de explotación del 50% calculada en base a lo invertido en salarios. La tasa de ganancia será, pues, del 2,38% como resultado de dividir los 2.500 € del plusvalor obtenido, por el capital total de 105.000 €, invertido y realizado en el mercado durante un determinado período.

Ahora, para abreviar los cálculos, imaginemos que los habitantes de ese país pueden vivir del aire y que, bajo tales condiciones, en la siguiente rotación —con un capital global incrementado de 107.500 €— en ese imaginario país ocurre un terremoto que destruye capital constante por un valor de 500 €, y 100 € en capital variable. Dado que en el relativamente breve período de una rotación las cosas no suelen variar demasiado, suponga Ud. que la composición orgánica —como proporción reinvertida en capital constante respecto del variable (salarios)— se mantenga inalterada en 20 partes de valor invertida en capital constante por cada unidad de valor invertida en capital variable, con la misma tasa de explotación del 50%. Hay que considerar aquí dos datos de la realidad: 1) que en términos de valor económico, estadísticamente las catástrofes naturales y las guerras siempre destruyen mucho más capital físico que humano (Ver Pp. 21 y 22 del "Informe ONU") y, 2) que bajo el capitalismo tardío, aun en condiciones normales, el ejército asalariado de reserva permanente (en paro forzoso), no deja de aumentar. Pero por efecto del desarrollo tecnológico que desplaza mano de obra por cada unidad de capital físico invertido, buena parte de los asalariados activos, pasan a engrosar las filas del trabajo eventual o precario.

Sobre esta nueva estructura económico-social, en nuestro ejemplo quedan 106.900 para reinvertir. De esta realidad resulta que, del capital global acumulado equivalente a 106.900€ se reinvertirían 101.555 en capital constante y 5.345 en salarios. La masa de plusvalor resultante sería entonces de 2.672,50 € y la tasa de ganancia como relación entre el capital invertido y el plusvalor obtenido pasaría del 2,38% a ser del 2,5%, o sea, 12 décimas porcentuales más que antes del siniestro. De aquí se infiere que, contablemente y como no puede ser de otra manera, aun cuando los directamente afectados se vean perjucidados toda destrucción física de capital vivifica el sistema, independientemente de la fase del ciclo por la cual atraviesa su economía global. Por tanto, bajo condiciones de recesión contribuye a recuperarla, porque la tasa de ganancia aumenta. Para demostrar este extremo sin menoscabo de su veracidad científica, hemos supuesto constante la tasa de explotación y la composición orgánica del capital. Y aun así el fenómeno se se ve confirmado matemáticamente, dado que la tasa de ganancia resulta de dividir el plusvalor obtenido por el capital invertido para producirlo, de modo tal que la disminución relativa del denominador en términos globales, tiende a aumentar el cociente como producto de valor a repartir entre la clase de los capitalistas, incentivando así la inversión productiva.

Esta dinámica objetiva precisamente explica, que las catástrofes naturales y las guerras, aunque desde la perspectiva que Ud. lo ha entendido no lo parezca (y no es lo mismo entender que comprender), en realidad bajo condiciones normales, la destrucciones de capital apalancan la expansión de los negocios, así como en épocas de crisis contribuyen a la recuperación de la inversión productiva (de plusvalor) más rápidamente. En cualquier caso, naturalmente que los afectados por esos siniestros entran en pérdida y no pocos de ellos desaparecen. Pero lejos de debilitarse, el sistema capitalista en su conjunto se fortalece y preserva, al tiempo que todos los explotadores residuales al interior del sistema se afirman y fortalecen como clase dominante. Porque la sangría en riqueza y vidas humanas —consideradas como capital constante y variable— retrotrae la sociedad civil a las condiciones de la acumulación, existentes en un pasado económico y demográfico que parecía superado. Desahogan el aparato productivo de la plétora de capital global supernumerario. Es el jueguito irracional, anacrónico y perverso, de producir para destruir. Una dinámica recurrente y consustancial propia del sistema.

Seguidamente y dentro de este mismo apartado, intentó explicar Ud. por qué le resulta incomprensible, pensar que bajo condiciones de crisis de superproducción de capital, la parte que se destruye físicamente contribuye a relanzar un nuevo proceso de acumulación. Su explicación en contrario refiriéndose a los medios de producción fue la siguiente:

<<Si hay 100 fabricas de maquinaria de hilado para la industria textil y se destruyen la mitad, más que depreciarse el precio de las maquinas individuales pasarían a apreciarse ante el faltante de ellas. Es lo contrario al exceso de stock>>

Y respecto de la fuerza e trabajo también “razonó” Ud. incurriendo en el mismo desliz involuntario, al que la burguesía nos tiene acostumbrados con toda la intencionalidad del mundo, desde que aprendemos las cuatro operaciones matemáticas elementales y la dinámica más engañosa de “los mercados”, según el concepto utilitarista de la escasez y la abundancia. Cabalgando sobre semejante confusión basada en el supuesto "principio" de la oferta y la demanda, afirmó Ud.:

<<Más aun en el caso del capital variable. Si se elimina una porción significativa del ejército de reserva y de la clase obrera activa va a haber una faltante de mano de obra (déficit de oferta de trabajo respecto de la demanda) y mal puede la burguesía (bajo tales condiciones) extorsionar a la clase obrera con el paro (Lo entre paréntesis nuestro) >>.

Y seguidamente agregó:

<<Una cosa es la sangría de valor o destrucción de valor al tener que vender el capital constante por debajo de su valor y otra la destrucción física de una porción de este>>. (El subrayado nuestro)

Sí. Pero ha omitido Ud. pensar en que, bajo condiciones de crisis, el capital físico y humano que se destruye desaparece y no cuenta, como que 4-2 = 2, o sea, que disminuye el valor del capital remanente que todavía funciona. Y esto es así, tal como sucede con cualquier conductor que sufre un accidente y fallece, dejando a su vehículo en condiciones de siniestro total. Por tanto, a los fines de calcular lo que costaría obtener una determinada ganancia con un capital que se destruye —para saber si es rentable o no emplearlo en producirla—, es obvio que resulta ocioso siquiera planteárselo. Sin embargo, esa destrucción de capital sí que es relevante desde el punto de vista del capital restante que sigue en funciones, y por el que hay que dividir la masa de plusvalor obtenido con él, para saber cuánta ganancia resulta por unidad de capital empleado en producirla y, por tanto, concluir si la inversión es rentable o no. Y el caso es que ese capital físico y humano remanente disminuye, de modo tal que matemática y contablemente incrementa la relación entre lo que se produce y lo que cuesta producirlo, actando así como causa que contrarresta los efectos de la crisis. Y es que todo siniestro que afecta a los componentes del capital invertido, devalúa la masa de capital total empleado en la producción de ganancia y, por ende, aumenta proporcionalmente ese rédito a repartir entre los miembros de la clase capitalista, lo cual favorece y acelera en el tiempo la recuperación del sistema, en tanto y cuanto incentiva la inversión del capital disponible. Lo activa sacándolo de su condición improductiva como capital ocioso.

Estas razones demuestran que, por costumbre dogmática falaz deliberadamente inducida desde fuera de su propia inteligencia ideológicamente distorsionada por la burguesía, omitió Ud. considerar bajo qué condiciones puede efectivamente la demanda solvente elevar el precio de la maquinaria y los salarios —remanentes que no se destruyen— y bajo qué otras condiciones causar el efecto contrario.

Y esto es decisivo para comprender las consecuencias de una crisis de superproducción. Porque bajo semejantes circunstancias o condiciones, la demanda (de medios de trabajo, salarios y materia prima) DEJA DE ACTUAR, en tanto y cuanto desaparece el acicate de la ganancia que induce a incrementar la producción de plusvalor, dado que bajo tales condiciones de crisis, dicha ganancia esperada (del capital social adicional acumulado disponible para inversión), resulta insuficiente respecto de lo que cuesta producirla. Ésta y no otra es la causa eficiente de las crisis. Por tanto, en tales condiciones la demanda no influye en el sentido (burgués) que Ud. lo ha pensado (según la escasez) sino al contrario. Ningún capitalista está dispuesto a ampliar la escala de su producción demandando la compra de más instrumentos, materia prima y fuerza de trabajo para ampliar la producción de plusvalor, si no es en condiciones objetivas redituables que justifiquen su inversión para incrementar la producción a escala de su negocio, es decir, si no es con ganancias crecientes a menores costes. Y el caso es que las crisis suponen justamente la situación inversa respecto de la cual Ud. ha “razonado” por el revés de la trama, suponiendo una demanda incrementada en realidad inexistente. Pensar que la demanda sigue actuando en condiciones de crisis como en condiciones de expansión, es tanto como suponer —contradiciendo la primera Ley física de Newton— que la inercia de un cuerpo en movimiento es la misma que bajo condiciones de reposo.

Una vez ocurrido el estallido de la crisis, las condiciones de la producción y del mercado ya no son las mismas supuestas por Ud. en su segundo razonamiento, sino justamente al contrario. Porque bajo tales circunstancias, la demanda para inversión en nuevos medios de trabajo, materias primas y empleo asalariado —tanto en el sector I como en el sector II de la economía real— se desploma, poniendo en evidencia la superproducción absoluta del capital en funciones, es decir, un exceso de oferta ante una ganancia en descenso que desalienta seguir invirtiendo en el sector productivo de la economía capitalista. Y esta situación se prolonga y agrava irremediablemente, hasta el momento en el que ese capital supernumerario o remanente —incluido el capital variable— se desvalorice y/o destruya lo suficiente, como para que la ganancia que pueda obtenerse aumentando la producción, se recupere y justifique contablemente producirla.

Su error ha consistido en sacar conclusiones pensando las crisis de superproducción de capital, bajo el supuesto de condiciones normales, es decir, como si la demanda de medios de producción siguiera presionando sobre la oferta, y el proceso de acumulación estuviera cursando la fase expansiva del ciclo, donde las ganancias crecientes estimulan la expansión de la economía global y, consecuentemente, la demanda general de medios de producción prevalece sobre la oferta.

Hablar de una crisis de superproducción de capital (en medios de producción y fuerza de trabajo), significa reconocer la evidencia de que en esos dos mercados fundamentales o directrices, no solo se genera una brusca y aguda disminución relativa de la demanda respecto de la oferta existente que así resulta supernumeraria, sino que esa demanda se torna prácticamente nula. Y esto explica que los almacenes de los intermediarios comerciales dedicados a la venta de maquinaria y materias primas permanezcan abarrotados y las filas del paro en todas las oficinas de empleo se prolonguen día que pasa.

<<En tiempos de crisis (…) la tasa de ganancia (como relación entre la masa de ganancia y lo que cuesta producirla) y, con ella, la demanda de capital industrial, han desaparecido…>>. (K. Marx: “El Capital” Cap. XXXI Aptdo. 1. Lo entre paréntesis y el subrayado nuestros)

Esto significa desinversión productiva, regresión económica, desvalorización del capital físico, paro asalariado, baja de salarios y aumento de la tasa de explotación. Todo ello por exceso de oferta sobre la demanda en general. Y Marx aclara que esta desinversión no sucede por falta de poder adquisitivo, sino porque invertir para expandir la producción con fines lucrativos resulta no rentable, es decir, porque el incremento del rédito es proporcionalmente menor de lo que cuesta obtenerlo. Y este hecho verificable se explica por el corrimiento del capital dinerario excedente desde la esfera de la producción a la esfera de la especulación.

Por tanto, bajo tales condiciones de sobreoferta en medios de producción y mano de obra, los precios de esas tres mercancías (medios de trabajo, materias primas y salarios) tienden a bajar y no al revés como Ud. ha pensado. Para eso no hay más que ver el sube y baja de sentido histórico descendente —como en dientes de sierra— que registra la bolsa de valores. Esto es lo que la intelectualidad burguesa ha venido omitiendo deliberadamente impartir desde hace ya más de doscientos años en todos los institutos de enseñanza media y superior del mundo. Porque conviene a sus intereses de clase dominante. La burguesía no se rige por la verdad científica. Siente la necesidad imperiosa de falsificarla para sobrevivir como tal ante sus explotados.

De aquí se infiere su error que, en última instancia, ha consistido en pensar las crisis de superproducción de capital como si no incidieran para nada en la “lógica” del mercado, como si no trastocaran la relación entre oferta y demanda de esas tres mercancías fundamentales que constituyen el capital productivo, en torno a cuyo movimiento gravitan las fuerzas del mercado y no al revés señor Ramiro. Más precisamente cabe decir, que el equívoco suyo radica en haber invertido la prelación que realmente existe entre la producción y la circulación de la riqueza, o sea, cuál de estas dos categorías explica y determina el comportamiento de la otra. Y en esto radica el “quid” de la cuestión en materia de economía política.

Fíjese: el pensamiento económico dominante machacó sobre lo que la vida diaria acabó considerando como un dogma —porque parece ser algo de cascote— que no necesita demostración alguna, y es que los precios de las mercancías están determinados en todo momento por las fuerzas del mercado que incondicionalmente mueven la oferta y la demanda. Las cuales, a su vez, mueven los precios, haciéndolos oscilar por encima o por debajo de determinada magnitud según las circunstancias. Pero el despiste ante semejante impacto de lo que solo parece ser incontrovertible, impide razonar bajo condiciones excepcionales en las cuales la oferta y la demanda coinciden. Y el caso es que cuando esto sucede, esas dos fuerzas (oferta y demanda) se anulan mutuamente y, por tanto, dejan de explicar por qué causa el precio de una mercancía, por ejemplo, la fuerza de trabajo, es de una determinada magnitud y no de otra cualquiera. De esta situación Marx sacó la siguiente conclusión:

<<…la oferta y la demanda ya no explican nada. El precio del trabajo, suponiendo que la oferta y la demanda se equilibren, es su precio natural (o valor, equivalente a lo que los obreros necesitan para reproducir su fuerza de trabajo en condiciones óptimas para sus patrones), precio cuya determinación es independiente de las relaciones de la oferta y la demanda y sobre el cual debe, por tanto, recaer nuestra investigación>>. (“El Capital” Libro I Cap. XVII. Lo entre paréntesis y el subrayado nuestros)

Dejándose llevar por este hilo esencial conductor del pensamiento científico, y haciendo por completo abstracción de los contingentes movimientos de la oferta y la demanda, Marx llegó a precisar la naturaleza del valor contenido en las mercancías, según el tiempo de trabajo necesario insumido en producirlas. Ud., por el contrario, ha procedido a sacar conclusiones equivocadas sin quererlo, atendiendo a los precios como forma de manifestación y no asus respectivos valores que son su fundamento. Dndo por cierto el pensamiento económico burgués dominante según el cual, la circulación prevalece sobre la producción, es decir, que la ley de la oferta y la demanda —en el ámbito de los intercambios donde la riqueza social circula— se cumple siempre y con absoluta independencia de lo que sucede en el proceso de producción. Y este “razonamiento” le ha inducido a concluir que la circulación no solo determina la producción, sino que también la explica. Y en realidad es justamente al revés. Por eso ha descartado Ud. de su pensamento, a la Ley de la tendencia históricamente decreciente de la Tasa Media de Ganancia, que Marx no casualmente ponderó como la Ley determinante de las relaciones entre las distintas categorías económicas bajo el capitalismo y de su necesario desarrollo. Y así fue como pudo sacar la conclusión de que la vigencia de este sistema de vida no es eterna sino históricamente transitoria:

<<Esta ley es, en todo respecto, la ley más importante de la moderna economía política (...) que pese a su simplicidad, hasta ahora nunca ha sido comprendida y, menos aún, explicada (...) Es, desde el punto de vista histórico la ley más importante…>> (K. Marx: "Elementos Fundamentales para la Crítica de la Economía Política" (Grundrisse) l857/l858 Ed. Siglo XXI México /l977 Pp. 634. El subrayado nuestro).

El capitalismo —y naturalmente su clase dominante: la burguesía— no se rige por la Ley de la oferta y la demanda sino por la ganancia esperada respecto de lo que cuesta producirla, señor Ramiro. Y esperada quiere decir no según el deseo de quien juega un décimo a la lotería, sino después de hacer un previo cálculo preciso según los datos de la realidad disponibles en cada empresa. Pero a nosotros, los explotados, se nos ha venido contando otra historia, ¿comprende?.

 

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